jueves, 23 de mayo de 2019

JULIET, DESNUDA

Nick Hornby es un escritor británico cuyas oras suelen tener una dulzura peculiar, habiéndose especializado en historias sobre hombres y mujeres atrapados en sus sueños de la infancia o en busca de su propia identidad. Hollywood tiene una eficaz historia de amor con Horby, habiendo adaptado varias de sus obras, como en Niño grandeMejor otro día o Amor en juego, o incluso permitiéndole escribir sus propios guiones, caso de An education o Brooklyn, aunque seguramente la película más representativa de su obra sea, precisamente, la que más puntos en común tiene con Juliet, desnuda. Me refiero, claro está a Alta fidelidad, de Stephen Frears.
Como en aquella, también Juliet, desnuda versa en torno al mundillo de la música, con un melómano empedernido como protagonista. La diferencia radica en que no es sobre este sobre quien recae el peso de la acción, sino que el personaje al que da vida con solvencia Chris O’Down es más bien el percutor de la misma.
Duncan y Annie son pareja en un tranquilo pueblo británico donde prácticamente no tienen nada mejor que hacer que ser pareja. Es decir, que están juntos casi por conformismo. Son felices a su manera, él alimentando su pasión por un cantante maldito desaparecido del mapa apena empezar su carrera, llamado Tucker Crowe y que, por vicisitudes de la vida, termina convirtiéndose en amigo de ella. Y ahora es cuando sabemos más sobre el artista, sobre sus problemas para asumir la paternidad y su huida del mundo musical.
Juliet es el nombre de su mayor éxito, y Juliet, desnuda, una maqueta sin pulir del mismo, precisamente la canción que originará que Annie y Tucker se lleguen a conocer, coincidiendo con las horas más bajas de la pareja. Y esto es, en el fondo, Juliet, desnuda, una canción a medio pulir, una maqueta de lo que podría ser una gran película (los actores son de lo mejor del film) pero que se queda a medio camino. Resultona y de estribillo agradable, capaz de hacer sonreír y conmover (es una de esas comedias románticas más lacrimógenas que divertida, nada que ver, por ejemplo, con Casi imposible, aunque se agradece, al menos, que no se edulcore en exceso su final), que con el paso del tiempo se puede llegar a recordar con agrado, como cuando se tararea una melodía pegadiza, pero de la que seremos incapaz de recordar su letra.
Efectiva y simpática, funciona con la suficiente corrección como para hacer pasar un buen rato, pero deja la sensación de que se desaprovecha a sus actores y que la cosa habría dado para mucho más. Quizá habrían tenido que pulir más la maqueta antes de lanzarla al mercado.

Valoración: Seis sobre diez.

BORDER

Quizá a bote pronto el nombre de John Ajvide Lindqvist puede que no nos diga nada, pero si lo relacionamos con su primera novela, Déjame entrar, ya la cosa cambia. Tras haberse encargado de escribir el guion de la adaptación sueca de su obra vampírica, ha vuelto a repetir como guionista en Border para adaptar a la pantalla grande su relato corto Gräns.
Es importante comenzar hablando del autor para entender lo enfermiza que puede llegar a ser esta película, un título que, por otro lado, parte de una premisa original y que para nada se prevé pueda llevar al espectador hasta donde lo lleva.
Tina es una mujer físicamente muy desagradable que trabaja en el departamento de policía gracias, sobre todo, a una curiosa habilidad: es capaz de reconocer los sentimientos de la gente a través de su olfato, lo que le es muy útil cuando se encuentra en el puerto fronterizo entre Suecia y Finlandia. Vive con un hombre en una cabaña aislada en medio del bosque, y aunque su apática vida parece sencilla, todo cambiará para ella cuando conozca a una persona bastante más parecido a ella de lo que podría imaginar.
Poco más se puede contar sobre esta película que va transformándose a medida que avanza la acción (lenta y angustiante), mutando de un género a otro y sorprendiendo (y desconcertando) con cada nuevo giro del guion. Es, eso queda patente desde el primer momento, una fábula sobre la soledad y el aislamiento, ya sea por causas físicas como morales, pero también sobre la degradación de la sociedad. Border es, en primera instancia, un canto por la libertad, pero con la advertencia de que esa libertad también tiene un precio.
Pese a estar catalogada dentro del género fantástico, casi con toques de terror, Border no es una película para todos los gustos. Su planteamiento, hipnótico por lo atrayente de su trama, es a la vez desagradable, haciendo gala de una fealdad incómoda (magnífico el maquillaje de los dos protagonistas) y camina hacia unos derroteros ciertamente sombríos.
La mejor baza de Border es que, tras el puñetazo en el estómago en que puede convertirse su visionado, deja un poso en el espectador que hace que la película permanezca con él, para bien o para mal, durante mucho tiempo. Y ello es un mérito del director, el desconocido Ali Abbasi, que arriesga lo suficiente como para componer una película desagradable y hermosa a la vez.


Valoración: Siete sobre diez.

DE LA INDIA A PARÍS EN UN ARMARIO DE IKEA

De la India a París en un armario de Ikea es la curiosa traducción que se ha dado en España a la película The Extraordinary Journey of the Fakir, acercándose más así al título original de la novela, El increíble viaje del faquir que se quedó atrapado en un armario de Ikea del autor francés Romain Puértolas, también responsable del libreto del film.
Dirigida por el canadiense Ken Scott, la película es de esas feel-good movie cargada de simpatía y buenas intenciones que apuesta más por el mensaje que por el contenido. Suele ocurrir en este tipo de historias: todo es tan almibarado y repleto de buenas intenciones que al final suele resultar artificial y hasta mecánico.
La película, amalgama de estilos e influencias, narra las aventuras de Ajatashatru Lavash Patel, ajá para los amigos, en el periplo que lo lleva desde su India natal hasta París, haciendo escala en Londres, Barcelona, Roma y hasta Siria, como si de un Phileas Fogg cualquiera se tratase. Se podría decir que va en busca del amor, en busca de una nueva vida o, incluso, en busca de libertad, pero la realidad pura y dura es que lo que de verdad mueve a Ajá es el dinero. Y ese es el punto con el que más me cuesta conectar con el film. Nos venden que el prota (cuya historia está contada por el mismo en primera persona) era de niño un simpático pícaro que debía buscarse la vida para ahorrar y llevar a su madre enferma a parís, pero lo que vemos en realidad es a un ladrón sin escrúpulos que lo mismo desvalija a turistas como estafa a sus propios socios. Si debo empatizar con alguien que roba las carteras y los teléfonos móviles a inocentes turistas, empezamos mal. Y que, insisto, se pasa media película diciendo que lo único que le interesa es el dinero.
Cierto es que el magnetismo del actor Dhanush, toda una celebridad en la India, ayuda a empatizar con el personaje. Él sí que, por encima de lo que diga el guion, se esfuerza por hacernos creer que es un granujilla sin malas intenciones, haciendo más creíble el previsible cambio de valores (aunque me hace mucha gracia la indignación cuando el robado es él) que propicia el gran mensaje de la película: el karma lo es todo. La vida aquí es tan sencilla que, si haces el bien, serás recompensado, como si no contara que, cuando hacer el bien con la mera intención de que el karma te va a compensar, ya no estás haciendo un gesto altruista, con lo que el concepto del bien y del mal queda levemente difuso.
Con todo y eso, y dejando de lado los esfuerzos que hay que hacer para poderse creer cualquier cosa de lo que sucede en pantalla (tampoco alcanza a los niveles de fantasía propios del Jean-Pierre Jeunet al que Scott parece querer imitar), el reparto internacional que decora  el film (se pasan por ahí Bérénice Bejo, Barkhad Abdi o Ben Miller, por nombrar algunos de los rostros más conocidos)  y el mensaje de positivismo y buenos deseos invitan a salir del cine con una sonrisa y que, pese a ser conscientes de que nos han querido vender una moto durante una hora y media (el ultimísimo giro final de los acontecimientos me parece ya de traca), seamos capaces de perdonarlo a cambio de la sonrisa que nos propicia.
Al menos, por una vez, el cine francés a sido capaz de mirar más allá de su propio ombligo, lo cual también constituye toda una novedad.


Valoración: Seis sobre diez.

martes, 21 de mayo de 2019

MCU: ¿Y AHORA QUÉ?

Aunque ya se ha apagado el fuego inicial (y con Juego de Tronos y John Wick 3 recopilando todas las miradas), las brasas de la gran epopeya fílmica que supuso Vengadores: Endgame sigue viva. La película es ya la segunda más taquillera de la historia (felicitaciones de James Cameron tras “hundir” a su Titanic incluidas) y tiene el primer puesto a tiro de piedra, posiblemente durante el próximo fin de semana.
Así pues, llega la hora de mirar hacia delante y pensar en el futuro. Porque, más allá de lo que nos pudiéramos emocionar con la angustia y soledad de los héroes, de lo que disfrutáramos con el regreso de los desaparecidos o de las lágrimas que derramáramos por las muertes de Natasha y Tony y el envejecimiento de Steve, la gran sensación de vacío y desconcierto que nos dejó el final de esta tercera fase (con el consuelo de que aún queda por ahí el epílogo en forma de Spiderman: lejos de casa) se puede resumir en una pregunta tan simple como aterradora:
¿Y ahora qué?
Sabemos que hay planes de futuro, que Kevin Feige sigue al frente de todo con la misma ilusión y energía que hasta ahora y que por lo menos habrá películas (¿fases cuatro y cinco?) hasta 2025. Algunas de ellas incluso confirmadas, como Black Window, Celestiales o Guardianes de la Galaxia Volumen 3 y otras que se dan por hechas, como Black Panther 2, Dr. Strange 2 o Capitana Marvel 2. Y tenemos también las series de Disney+, con Loki haciendo de nuevo de las suyas, Wanda y Visión juntos de nuevo y Falcon y Soldado de invierno mantenido vivo el legado de Steve Rogers. Pero más allá de eso, nada. Silencio. Dudas. Desconcierto.
Hace ahora un año exacto, tras la monumental Infinity War,  escribí un post especulando sobre lo que nos podría depararlo que por entonces solo conocíamos como Vengadores4. Ahí tuve algunos aciertos, bastante obvios, por cierto, pero también patinazos, como la resurrección de Gamora o el retorno de Visión, aunque la teoría de una posible invasión Secreta no está cerrada, recordando que los Skrulls vistos en Capitana Marvel no tienen porqué representar a toda su raza, sino a un pequeño grupo de exiliados, por lo que no habría problema en seguir viendo a estos como a una amenaza.
La inclusión de una película sobre los Celestiales ya implica que Marvel va a seguir explorando su lado más cósmico, cosa que se podría incrementar más aún cuando aterricen en el MCU Los Cuatro Fantásticos y, en menor medida, los X Men, pero no sabemos por donde van a ir los tiros exactamente. ¿Quizá con Adam Warlock por en medio, como se anunciaba en una de las escenas postcréditos de Guardianes de la Galaxia, Vol. 2? ¿Recuperaremos para el cine a Galactus, esta vez bien hecho? ¿o será el momento de conocer al Imperio Shi’Ar?
Algo que sí sabemos de forma más o menos oficial (y recalco lo de más o menos porque estando por medio un personaje como misterio no hay verdades absolutas) es que tras Endgame se abrió la puerta del multiverso, algo de lo que ya se habló en Spiderman: un nuevo Universo (en principio fuera del MCU, aunque tampoco descarto nada) y que se confirmará en Spiderman: lejos de casa. Así que pese a tener las Gemas del Infinito destruidas, sus repercusiones van a seguir notándose en el cine.
Quizá, más allá de pensar en futuras sagas o películas, convendría analizar a los protagonistas que tenemos hasta ahora y fantasear con lo que va a ser de ellos. Vamos a ver:
Sobre Tony Stark y Steve Rogers no hay mucha duda. Iron Man está muerto y Capitán América es un anciano. No es imposible que regresen de alguna manera, aunque sí poco probable. De hacerlo, apuesto a que Stark lo haría a modo de I.A. (de esa manera Robert Downey Jr. solo tendría que prestar su voz) y Rogers a través del multiverso, pero insisto en que es poco probable, ya que sus despedidas fueron suficientemente emotivas como para no empañarlas. Otra cosa es que aparezcan en algún cameo a modo flashback.
¿Desaparecerán los personajes entonces? No necesariamente. En los comics, Iron Man fue sustituido durante un tiempo por Iron Hearth, una joven muy inteligente con armadura. Aunque dicho personaje no existe en el MCU, su rol bien podría recaer en Shuri, hermana de Black Panther. Parece la indiada para ello. Por otro lado, el Capi parece tener heredero en Falcon, tal y como se nos dice en la propia Endgame. Mi apuesta es que sobre ello tratará la serie que protagonizará junto a Soldado de Invierno. Es cierto que en el título que se conoce hasta ahora siguen definiéndolo como Falcon, pero la serie bien podría tratar de como entre ambos aprenden a asumir la ausencia de Steve y solo al final de la misma aceptar Falcon su puesto como nuevo Capitán américa. Una buena noticia es el rumor de que para esta serie se recuperarán los personajes de Zemo y Agente 13, con lo que alguno de los cabos sueltos que me quedaban de la Fase Tres será reconducido.
Ya he hablado de que erré en mi apuesta de que iban a resucitar fácilmente a Visión. Mi idea sigue siendo válida, pero supongo que me equivoqué en los tiempos. Visión tiene serie propia junto a Wanda, así que lo van a resucitar sí o sí. Otra cosa es ver si es la misma Visión o con los parámetros cambiados. Se dice que la serie estará ambientada en los años cincuenta, así que parece que alguien va a desempolvar la máquina del tiempo y viajar por él en busca de un lugar más tranquilo donde lamerse las heridas.
Thor plantea una de las grandes incógnitas. Era de los que entraban en las apuestas para morir en Endgame, pero no solo sobrevive, sino que anticipa su integración en Guardianes de la Galaxia. Eso sí, tras las idas y venidas de James Gunn como director y guionista del Volumen tres, no queda claro si esto de sumar al asgardiano al equipo es idea suya o si ese Volumen tres se situará antes de los acontecimientos de Endgame. De ello depende también la presencia de Gamora, ya sea la que se enamoró de Peter Quill o su versión del pasado.
Y siguiendo con los asgardianos, ¿qué ha pasado con Loki? El verdadero, el nuestro, el que terminó por redimirse, parece muerto y bien muerto, pero hay que recordar que cuando logra escapar con el treseractor en 2012 se creó una nueva línea temporal, así que en algún lugar hay un Loki vivito y coleando y, además, con una gema del Infinito en su poder. ¿Irá sobre eso su serie? Es más probable que el rumor inicial que proponía una especie de “reatos de Asgard” ambientada en el pasado, menos complicado argumentalmente pero más caro de producir.
El lío de los derechos provoca que sigan sin haber planes para Hulk, aunque ya se habló hace tiempo de repetir la fórmula de Thor Ragnarok y convertir sus apariciones en una especie de team up con otro héroe. No se sabe nada al respecto, pero Kevin Feige ha dicho que hay planes para él y que Mark Ruffalo está muy implicado en ello, así que habrá Hulk en el futuro. Falta saber el cuando y el grado de inteligencia que logre mantener.
La gran puñalada en el corazón de Endgame fue la muerte de Natasha. Nadie lo vio venir y ahora todo son preguntas acerca de su futuro. ¿Está realmente muerta? Hay una película en camino, y se rumorea que estará ambientada en la época de Civil War, pero el hecho de que no se haya visto su funeral en Endgame y el comentario de Hulk acerca de que intentó traerla de vuelta abre las puertas a una posible resurrección, aunque según la fórmula usada para ello quizá debería afectar indirectamente a Gamora, ya que ambas fallecen en el mismo lugar y por el mismo motivo.
Y me queda por último el Doctor Strange. Una de las características principales del personaje es el “ojo de Agamotto”, pieza fundamental en los comics que en cine se reveló como una de las Gemas del Infinito, la del tiempo, concretamente. ¿Veremos en su película a un Strange sin su amuleto? Puede parecer trivial, pero es otra de las dudas que hay en el ambiente, junto con si recuperará alguna vez Thor su martillo.
Sobre el resto de personajes no hay mucho donde rascar. Black Panther, Capitana Marvel, Ant Man o Spiderman pueden seguir teniendo películas en solitario sin que les afecte demasiado los acontecimientos de Endgame, y Ojo de Halcón siempre ha sido un poco paria (aunque su personaje sale muy fortalecido de Endgame).
Partiendo de estas premisas, la otra duda que quedaría por resolver es cuando van a entrar en el MCU las nuevas incorporaciones. Ya he mencionado un poco más arriba a los mutantes y a Los Cuatro Fantásticos, que una vez efectiva la adquisición de Fox por parte de Disney vuelven a ser propiedad de Marvel. Por otro lado, con la creación del canal de Disney+ y la cancelación de los acuerdos entre Marvel y Netflix, será interesante comprobar si Daredevil y el resto de Defensores tienen continuidad en esa plataforma y si, con ello, entran definitivamente en el MCU. Por mi parte, espero que sí, no se me ocurre ahora mismo mejor Daredevil que este. Y lo mismo podría valer para el Punisher.
Lo que es seguro es que Endgame ha marcado el final de una era. A partir de ahora ya nada volverá a ser lo mismo. Pero la maquinaria no se detiene. Como diría Queen: “the show must go on”. Y Feige parece estar de acuerdo con ello. ¿será Galactus el próximo gran vilano? ¿Habrá una dinastía de M? ¿Unas Secret Wars? ¿Los Skrulls? ¿Volverá el Mandarín (Feige no lo ha descartado)? ¿O se construirá todo el futuro en base a dos iconos ya vistos con anterioridad en el cine, pero no a su máximo exponente, como son el Dr. Muerte o Norman Osborn?
Espero que, tras el estreno de Spiderman: Lejos de casa y con el carpetazo, más o menos definitivo, a la saga del Infinito, desde la casa de las ideas nos vayan aclarando un poco el panorama.
La fiesta no puede parar. Ni lo va a hacer…

lunes, 20 de mayo de 2019

Análisis: ¿ESTÁN PERDIDOS LOS DE JUEGO DE TRONOS?

Este 2019 es un año especialmente duro para el fandom. Glorioso, pero duro. Hace apenas unas semanas contemplamos el final de una era cinematográfica con Vengadores: Endgame, película que hacía de colofón (a falta de esa especie de epílogo que será Spiderman: lejos de casa, en poco más de un mes) a una saga que ya ha hecho historia en el mundo del cine. Este mismo fin de semana concluía, tras doce temporadas algo irregulares, The Big Bang theory. Y a final de año, El ascenso de Skywalker pondrá punto y final a una serie de películas míticas, tres trilogías que, desde su inicio, en un muy lejano 1977, marcaron una nueva manera de entender el cine.
Pero para muchos, todo eso se queda corto al lado de la emisión del capítulo final, esta misma madrugada, de la serie Juego de Tronos. Y es tal el apocalipsis que ha desatado (toda la última temporada, en general), que he decidido resucitar momentáneamente aquella sección de “reflexiones catódicas” para hablar un poco sobre mi punto de vista. Unas reflexiones que, como no podrían ser de otra manera, contienen spoilers, así que ya sabéis… Si no habéis visto el episodio aún, ya estáis tardando.
Los que me conocen saben que he sido y seré un gran defensor de Perdidos (Lost). A día de hoy sigo creyendo que fue una serie pionera que revolucionó el mundo televisivo y dio el pistoletazo de salida a esta era dorada de la televisión. Es cierto que en su momento puede que hubiese series de mayor calidad, como Los Soprano, sin ir más lejos, y que también otros momentos cumbre detuvieron a millones de espectadores frente al televisor (el final de Friends, por ejemplo, apenas unos meses antes de que comenzara Perdidos), pero no se puede negar que con la serie que nació de J.J. Abrams cambiaron muchas cosas. Nunca hasta entonces Internet había sido tan decisivo para el éxito o el fracaso de un producto audiovisual, fue casi la que creó el pánico a los spoilers, quien propició que surgiera teólogos y conspiranoides alrededor de sus mensajes ocultos, impulsaron el concepto de los podcasts, vehículo donde al fin el fan tenía voz y la red se llenó de miles de horas de registros sonoros especulando sobre posibles finales. Con Perdidos nacieron los haters, aprendimos a ver series en versión original y las televisiones locales se pusieron al fin las pilas al entender que debían hacer llegar los productos americanos con una inmediatez máxima, aunque posiblemente ya fuese tarde. Internet era el principal proveedor de la serie y la piratería se convirtió, más que en un delito, en una necesidad.
Con estas, parecía imposible que la serie tuviese un final que gustara a todo el mundo. Con Abrams ya fuera del producto, fueron Damon Lindelof y Carlton Cuse (los verdaderos creadores de la serie) quienes arriesgaron al apostar por dar un cierre perfecto a los personajes a cambio de sacrificar muchas de las respuestas imposibles que la gente anhelaba. Eso propició que el final de la serie fuese uno de los más polémicos de la historia de la televisión (“me han robado siete años de mi vida”, era uno de los comentarios más repetidos) pese a que el verdadero problema es que hubo quien, en su ceguera provocada por el haterismo, no llegaran siquiera a entender ese final (¡que no estaban muertos desde el principio, leñe!). El caso es que, en debates con amistades en los que me enzarzo siempre que puedo, llevo ya un par de años que, cuando alguien me vuelve a sacar el tema del final de Perdidos les giro la tortilla con una advertencia: “Esperaos vosotros al final de Juego de Tronos”.

Y es que cuando una serie alcanza un nivel de popularidad tal y hay tantas teorías y especulaciones sobre lo que va a suceder, es imposible contentar a todos, más si cae en el error de Lindelof y Cuse de ir cambiando sobre la marcha con la obligación de sorprender a los fans (algo que pasó en cine, por ejemplo, con la polémica Los últimos Jedi y de lo que rehúye, precisamente, Endgame). David Benioff y D.B. Weiss, los guionistas de la serie (y que se van a encargar del futuro cinematográfico de Star Wars, si es que todo está conectado…) son ahora mismo las dos personas más odiadas en Internet: sus nombres son los primeros que aparecen cuando pones en el buscador de Google: “los peores guionistas” y hay recogidas de firmas para que se rehaga la última temporada por completo (si es que tontos hay en todas partes). Y es que no, el final no ha sido el de Ned Stark despertándose y desvelando que todo ha sido un sueño. Pero, ¿realmente es tan malo este final para levantar tanto odio, más allá de discursos casi republicanos y declaraciones unilaterales de independencia?
Yo, por mi parte, no voy a valorar la coherencia de la trama en sí. Siempre he tratado de respetar al máximo el trabajo de un creador y, una vez la serie superó en cronología a las novelas de George R.R. Martin y anunció que iba a seguir a su aire, ya cualquier cosa podría pasar. Al final, esto es como una competición de fútbol. Cada uno tiene a su equipo favorito, pero al final la Champions solo la puede ganar uno. Y el resto, claro, a protestar del árbitro, del VAR, de la mala suerte o de lo que sea menester.
Con JdT pasa más o menos lo mismo, que cada uno tenía a su rey (o reina) en mente y ya se intuía que las cosas no iban a ir por buenos derroteros desde hace varios episodios, pero, insisto, esa es una decisión que deben tomar sus creadores y o merecen ser discutidos por ellos. A quien no le haya gustado que (y aquí empiezan ya los spoilers, aviso de nuevo), Bran sea el Rey de los Seis Reinos, pues ajo y agua. En lugar de pensar que es un mal final, que piense que la serie acaba mal y punto. Tal y como en la vida real. ¿O acaso gobierna siempre el político que más nos gusta? Ese no es, a mi entender, el problema. Para mí, el problema es que Benioff y Weiss han tomado el camino completamente inverso al de Lindelof y Cuse, y ese tampoco parece haber sido un gran acierto.
En el final de Juego de Tronos no hay preguntas sin respuestas, eso es cierto, y todas las tramas quedan más o menos cerradas. ¿Cuál es el problema, pues? El desarrollo de personajes. Y no porque no tengan un buen final (hay aquí más finales que en Endgame y El retorno del Rey juntos, para que luego digan), sino porque sus evoluciones no han sido del todo satisfactorias.
Más allá de elementos narrativos discutibles (las pésimas decisiones estratégicas, la anticlimática batalla conta los caminantes blancos…), deficiencias presupuestarias (esas batallas tan oscuras) o errores inevitables (nunca una taza de café ha sido tan famosa), lo que más me ha decepcionado de Juego de Tronos es lo que han hecho con unos personajes que, tras convivir durante ocho años con ellos, han terminado siendo meras caricaturas.
Repasémoslos un momento:
Cersei es la gran villana de la serie. Hasta el momento, era cruel e impasible, pero también inteligente y protectora hacia los suyos. Hasta ahora. En la última temporada comete la estrategia más estúpida del mundo: traiciona a Daenerys tras pactar una alianza con ella (si no pensaba cumplir su parte del plan, ¿porqué no mata a la madre de dragones en el mismo momento de la reunión?) para después “vender” a todo su pueblo, utilizándolos absurdamente como escudos humanos. No logro entender su táctica. Si los muertos hubiesen ganado la batalla, ella habría tenido que enfrentarse a ellos sin las defensas de los dragones. Si ganaban los vivos… bueno, pues pasaba lo que ha pasado. Para colmo, su muerte, aún con el bonito momento del reencuentro con Jaime, es bastante decepcionante. No se puede mantener a un personaje como el villano a batir y que luego lo liquiden con un derrumbamiento, sin ningún duelo final ni nada. ¿O es que al final va a resultar que no era la villana, después de todo?
Lo de Daenerys también es de traca. Y no es que no se le viese venir un poco, pero convertirla de rompedora de cadenas a genocida es mucho cambio, ¿no? Que le pregunten si no a los miles de padres que se deben estar rasgando las vestiduras tras haberles puesto el nombre de Daenerys a sus hijas. Y la muerte… otra que tal. ¿recuerdan a los que criticaban al de Han Solo en El despertar de la Fuerza? Pues un calco, oigan.
Tyrion era el personaje favorito de muchos. Quizá gracias a lo gran actor que es Peter Dinklage o a la sabiduría que había siempre tras sus ácidas palabras, pero en las dos últimas temporadas ha pasado de sabio a bufón. Todas y cada una de sus decisiones han sido equivocadas. Como estratega, es nefasto. Como analista de personas, peor aún. Y aún le siguen confiando el puesto de Mano del Rey. Con él al lado, poco va a durar Bran en el trono…
Otro que involuciona de nuevo es Jon Nieve. De ser un secundario más fue ganando enteros hasta llegar a ser el verdadero heredero al trono, pero por alguna razón lo convierten en un calzonazo pagafantas que besa el suelo por el que pisa su reina y, cuando al fin ve la luz, la mata de forma bastante traicionera. Además, o no vio la cámara de seguridad que lo estaba grabando o es que el dragón es un chivatillo, porque de alguna manera todo el mundo se entera de lo que ha hecho. Al final, pasa de rey a despojo en cuestión de segundos, Y gracias. Es que son malos tiempos para los héroes…
Y esto por analizar solo a los cuatro grandes. Algo parecido pasa con la mayoría, haciendo que los personajes más memorables fuesen los que han ido muriendo en temporadas anteriores. Más allá de los dragones y los muertos vivientes, todo el tema mágico me ha sabido a poco (en realidad, ¿ha servido para algo todo el rollo del cuervo de tres ojos? ¿Y se acuerda Arya del truquito de las caras o ya forma también parte del pasado?). Hay personajes a los que han querido destacar a última hora (supongo que porque los interesantes ya están todos muertos) y tampoco han dado para mucho, como Brienne (de guerrera a abandonada), Gendry (¿tanto rollo para nada?) o Bronn (¿de verdad este está entre los consejeros de Bran?).
Quizá los únicos que han seguido su curso natural han sido Jaime (siempre fue un poco a remolque de su amante/hermana/reina y así ha sido hasta el final, aunque me hubiera gustado un momento más épico en el desenlace), mientras que Anya y Sansa terminan más o menos como se esperaba. Eso sí, Gusano Gris es el primer personaje de la saga en saborear lo que es un contrato basura. Lo de comandante de los ejércitos de Daenerys le dura un suspiro.
Como conclusión, se podría decir que el verdadero héroe de la historia es Drogon, al que tiene las escenas mas espectaculares y el único que muestra sentimientos y actúa con coherencia tras la muerte de Daenerys, aunque vistos los memes de las redes sociales, parece que quien sale más fortalecido del final de la serie es Fantasma, el lobo de Jon.
En fin, que este desdibujo de los personajes, que no han terminado pareciéndose a los que conocimos, creo que ha sido el gran fallo de la serie que, por otro lado, y como ya sucediera con Perdidos, me ha hecho disfrutar durante estas ocho temporadas y, en realidad, eso es lo que cuenta. Podemos criticarla, podemos insultarla y podemos condenarla, pero lo que nadie puede poner en duda es que la echaremos en falta.
Ha sido un buen viaje. El invierno, ahora, es ya cosa del pasado.

domingo, 19 de mayo de 2019

EL AÑO DE LA PLAGA

Siempre he aplaudido los intentos del cine español por hacer algo diferente y arriesgado a lo que suele esperarse de él, pero para ser merecedor de dicho aplauso el intento debe completarse con unos mínimos de calidad.
No es que El año de la plaga sea desastrosa, pero desde luego está muy por debajo de la novela de Marc Pastor que pretende adaptar o, por compararla a algo más razonable, la otra película postapocalíptica en Barcelona que a uno se le viene a la mente al ver este film, Los últimos días, de los hermanos Pastor.
El principal error, más allá de la necesidad de lidiar con u presupuesto muy ajustado, es el de mezclar diferentes géneros como si de un extraño cóctel se tratara, variando entre el drama, el terror y la comedia sin demasiado sentido. Cierto es que la película es autoconsciente de sus limitaciones, y emplea para ello un metalenguaje tal que se demuestra en su primera escena (un spoiler en toda regla) y en las constantes referencias a La invasión de los Ultracuerpos. Sin embargo, esa referencia no es suficiente para llegar a ser un homenaje en lugar de una mala copia, mientras que el humor a duras pena funciona en la película (todos los diálogos de Silvia Abril son, sencillamente, irritantes).
Por ello, debemos conformarnos con el relato fantástico sobre una especia de invasión extraterrestre que sustituye a los humanos en copias idénticas, pero de nuevo nos topamos con otro obstáculo: los personajes protagonistas, discretamente interpretados, pero terriblemente mal escritos. Cambios de parecer sin sentido, alternancias entre ser un cobarde y un líder, descubrimientos sacados de la manga y un sinfín de situaciones que no hacen más que torpedear a la narrativa del film, haciendo que resulte totalmente inverosímil y, por momentos, ridícula.
Así pues, solo queda agarrarse a la intriga y a los ligeros toques de concienciación social (impostado discurso sobre lo que es la humanidad) para poder aceptar, de manera muy justita, el visionado de una película de dirección plana y recursos casi televisivos.


Valoración: Cinco sobre diez.

CASI IMPOSIBLE

Uno de los principales problemas de las comedias románticas es que se trata de un subgénero tan definido que es casi imposible romper unos esquemas básicos sobre los que se sustenta la historia. Esto hace que resulten demasiado predecible y, por consiguiente, hasta aburridas, ya que casi aparece telegrafiado el momento en el que uno debe reír, llorar o emocionarse.

No es que el caso de Casi imposible sea diferente, y desde luego sigue la línea del chico conoce a chica, chico se enamora de chica, chico se distancia de chica y final feliz. La diferencia con el resto de películas de su generación (recordemos que el gran momento de las comedias románticas fue a finales de los ochenta, cuando estaban lideradas por Meg Ryan, Julia Roberts o, ya dando sus últimos coletazos, por Sandra Bullock, aunque tuvo un ligero despunte gracias al buen hacer del británico Richard Curtis) es que sabe apostar sus cartas por una comedia bien definida e incluso algo gamberra, de manera que, por mucho que pueda pesar la historia de amor, resulta en todo momento sumamente divertida, sin abusar del melodrama lacrimógeno que suele empañar estas producciones.
Ello se puede deber en parte a la presencia de Seth Rogen en el plantel protagonista, un cómico más dado al cine burdo y desfasado que a las historias románticas, que demuestra tener una química impecable con una magnífica Charlize Theron, y encabeza un film donde se demuestra que un guion ingenioso e inteligente es la base de toda buena obra. El libreto de Dan Sterling y Liz Hannah, bien conducido por un Jonathan Levine que ya me convenció con su propósito de acercar al terreno de la comedia romántica al género zombie con Memorias de un zombie adolescente (aunque su siguiente película, Descontroladas, fuese un claro retroceso), sin pretender resultar moralista ni extremadamente ácido, se basa de la comedia para poner su granito de arena en el empoderamiento femenino (¿una mujer como Presidente de los Estados Unidos?), hacer burla de la corrupción política y sus intereses económicos y reivindicar el periodismo de antaño, íntegro y deseoso de luchar por la verdad por encima de todo. Esto no son más que, insisto, detalles secundarios en una trama donde, amores (casi) imposibles mediante, lo importante es pasárselo bien y reírse mucho con una serie de gags muy generacional (si no están al día de Juego de Tronos ya aviso que hay spoilers), cuya moraleja podría ser que hasta los frikis seguidores del Universo Cinematográfico Marvel puede aspirar a seducir algún día a alguien como Charlize Theron, diosa de la belleza, pero, además, una mujer inteligente e íntegra. Y con poder.
Es por ello muy significativo que sea precisamente la Theron quien de vida a la protagonista femenina. Al fin y al cabo, aun siendo una gran actriz, ha tenido que renunciar a su belleza y “restregarse por el barro” para conseguir ser tenida en cuenta como algo más que una cara bonita. En la película parece sacarse la espinita y vengarse interpretando a una mujer de gran belleza que, pese a que parece ser juzgada solo por sus atributos femeninos, consigue imponerse a tópicos y machismos y ser la reina del mundo. O de los Estados unidos, que para ellos es más o menos lo mismo.
En resumen, una comedia suficientemente gamberra como para romper algunos moldes (ha sido calificada para adultos en los USA), pero suficientemente blanca también como para ofender demasiado, con dos grandes interpretaciones y algunos momentos verdaderamente tronchantes. Y, lo más importante, a partir de una construcción de personajes cuya evolución permite que todo lo que ves en pantalla resulte creíble y hasta probable.

Valoración: Ocho sobre diez.

viernes, 17 de mayo de 2019

TIMADORAS COMPULSIVAS

Timadoras compulsivas (otra muestra del talento de los traductores de títulos de este país) es una película ideal para reabrir el debate sobre los remakes (y que se preparen los haters cuando legue el West side story de Spielberg). Y es que no es lo mismo valorar a esta película por separado que comparándola con ese pequeño clásico que fue Un par de seductores, de Frank Oz, y a quien aquí versionan, cambiando el género de sus protagonistas.
Efectivamente, de Michael Caine y Steve Martin pasamos a Anne Hathaway y Rebel Wilson, representando a dos timadoras, rivales en algunos momentos y aliadas en otros, que se dedican a desplumar a millonarios incautos con la Costa Azul como telón de fondo (aunque en realidad se halla rodado en Mallorca).
Con semejante elenco de protagonistas estaba claro que la química iba a funcionar, y lo cierto es que ellas lo dan todo para que la película resulte divertida. De hecho, no puede juzgársela como aburrida en ningún momento, y contiene algunos gags realmente muy divertidos.
El problema está en que su base argumental es muy pobre. Una vez presentadas las cartas, la acción se desarrolla por derroteros demasiado comunes, sin arriesgar en ningún momento ni proponer nada que se salga de lo habitual, con lo que a la postre termina resultando algo plana y simplona y en la que se echa de menos algo más de sátira social o profundidad en sus esquemas.
En manos del actor Chris Addison, metido ahora a director, la película resulta un aceptable entretenimiento, quedando casi todo en manos e la afinidad o simpatía que cada espectador pueda sentir hacia las protagonistas y las ganas que tenga uno de dejarse engañar por un juego que engaña más bien poco.

Valoración: Seis sobre diez.

POKÉMON. DETECTIVE PIKACHU

Resulta difícil entra a valorar una película de este tipo que va dirigida a un público muy concreto, aunque puede que precisamente ahí radica uno de sus principales méritos: no hay que ser un gran conocedor de la cultura Pokémon para poder entender la película. Yo mismo no he jugado nunca ni he visto un solo capítulo de los dibujos animados y no tuve problemas en seguir una trama bien explicada e, incluso, intuir cuando estaban haciendo algún guiño a los fans.
Sin embargo, esa intencionalidad de querer llegar a todo tipo de público hace que la película navegue siempre entre dos aguas, incapaz de definirse por un estilo concreto. Por un lado, quiere tener ese toque gamberro y descarado que podrían recordar a Ted o incluso (con la aportación de Ryan Reynols en el doblaje) a Deadpool, pero en una versión muy infantilizada, con lo que no se llega a sacar el partido suficiente a la socarronería que podría aspirar.
También a nivel narrativo avanza a medias tintas. En su arranque, repite la fórmula de otras películas de éxito que exploran la relación entre un  humano y… bueno, ora cosa, como ¿Quién engañó a Roger Rabbit? o ¿Quién está matando a los moñecos?, proponiendo una trama propia del cine negro, con todos sus tópicos (el detective, el amnésico, la femme fatalle…), jugada que ya funcionaba muy bien también en Zootrópolis, pero mientras que en las mencionadas producciones Disney (dejemos la horrible de los Moñecos aparte) se incluía un subtexto bastante adulto, poco de ello se puede ver en esta Pokémon: Detective Pikachu. Además, una vez asentadas las bases, la cosa se transforma para da al espectador un espectáculo propio de los tiempos que corren, y toda la intriga pasa a un segundo plano para pasar a la acción pura y dura, con sus explosiones y amenazas habituales, lo que deriva en un cierto aburrimiento en su previsibilidad.
Con todo, hay que reconocerle los méritos de unos efectos visuales muy logrados, haciendo bastante efectiva la aportación de este Pikachu que, viendo como termina la película, no sé si tendrá un largo recorrido, y consiguiendo ser tierna y divertida en muchos momentos.
Una recreación, en fin, bastante acertada para los más pequeños, pero a la que los espectadores más alejados de los bichos que digievolucionan deberíamos exigir un toque más gamberro.


Valoración: Seis sobre diez.

lunes, 13 de mayo de 2019

LOS HERMANOS SISTERS

Los hermanos Sisters es la adaptación de una novela de Patrick DeWitt en manos del director Jacques Audiard a cuatro manos junto a su colaborador habitual Thomas Bidegain. Con este realizador por en medio, es evidente que no nos vamos a encontrar ante una película convencional.
Los hermanos Sisters es un western, pero, aunque tiene muchos elementos que rememoran al cine del oeste más clásico, sabe a la vez romper los esquemas para resultar tan sorprendente como revitalizante, siendo a la vez un relato sórdido y desagradable como luminoso y colorido.
Pese a ser una producción pequeña (de esas que van a quedar apagadas a la sombra de Endgame), con hasta veinte productoras metiendo mano en el asunto, algunas de ellas españolas, una de sus mejores bazas es su impresionante reparto, con unos John C. Reilly, Joaquin Phoenix y Jake Gyllenhaal absolutamente brillantes y un Riz Ahmed que sabe estar a la altura (amén de un bree cameo de Rutger Hauer).
Como el propio título indica, la historia versa sobre dos hermanos que, a las órdenes de un comodoro, deben perseguir y matar a un buscador de oro que, junto a un químico, ha encontrado una forma revolucionaria para sacar el valioso metal del río.
Una de las virtudes de la película, aparte de su magnífico tratamiento de personajes, está en los desvaríos de un argumento que nunca parece discurrir por el camino previsto, lo que consigue que el interés se mantenga en todo momento pese a su aparente ritmo lento. No obstante, teniendo en cuenta que es Audiard quien está a los mandos (y no parece haberse domesticado por el reparto de estrellas que le han conseguido), es evidente que la película no es apropiada para todo tipo de público.
Es, además, conscientemente amarga e incluso antipática, reflejando una época que ya empezaba a agonizar y daba paso a una modernidad aquí representada en la ciudad de san Francisco.

Valoración; Siete sobre diez.

KEEPERS, EL MISTERIO DEL FARO

Ya he comentado en alguna ocasión el peligro de que un actor tan solvente como Gerard Butler se encasille en productos de acción bastante ligeros que, en algunos casos, rozan la serie B, como eran los casos de Geostorm Hunter killer, por lo que hay que aplaudir que de vez en cuando se decida a hacer algún producto más arriesgado y de mayor valor interpretativo como la Keepers que nos ocupa.
Por otro lado, Keepers es una de esas películas trampa que se supone que está basada en una historia real cuando lo que propone es una simple especulación. Me explico: la película trata sobre el misterio de la isla de Flannan, cuando en 1900 los tres vigilantes el faro ubicado en la isla escocesa de Eilean Mor desaparecieron sin dejar el más mínimo rastro. A partir de ahí, la película propone una historia sobre lo que podría haber sucedido, una ficción que, gracias al buen trabajo del realizador curtido en la televisión Kristoffer Nyholm y al intento de dotar de un gran realismo, sucio y malsano por momentos, a su versión de la historia.
La película trata sobre la soledad, la incomunicación (más allá de estar acompañado de más gente) y la persecución de los fantasmas del pasado, tres elementos que atormentan a los protagonistas y, cuando entra la codicia (y puede ser que los desvaríos provocados por la intoxicación por mercurio) en juego deviene en una espiral de violencia desagradable y cruel.
Es por ese buscado realismo que el film tiene un ritmo muy lento, casi letárgico, que deja el tema del misterio en segundo plano para centrarse más en la historia intimista alrededor de los tres protagonistas (brillantemente interpretados) y a la aridez que la propia isla provoca, algo que recuerda, aunque con menos efectismos, a la historia de La piel fría.
Cocinada a fuego lento, con un punto de sordidez y una fotografía muy destacable, la película es en el fondo una propuesta muy pequeña pero que cumple a la perfección como retrato de la vileza humana sin menospreciar el motivo del misterio en sí.

Valoración: Siete sobre diez.

viernes, 10 de mayo de 2019

THE SILENCE

The silence es la nueva producción de Netflix con la que intenta repetir uno de los mayores éxitos del año pasado, como fue A ciegas. De hecho, no es simplificar mucho el asegurar que la película mezcla y copia con descaro la película que protagonizó Sandra Bullock con Un lugar tranquilo, uno de los mayores éxitos en cine del pasado ejercicio.
The silence cuenta como tras un hallazgo arqueológico unos seres alados de la prehistoria provocan una invasión que deriva en una especie de apocalipsis como la vista en mil y una películas. La curiosidad, en este caso, que los bichos son ciegos y solo se guían por el sonido, con lo que la familia protagonista deberá embarcarse en un viaje en busca de un lugar más seguro tratando de hacer el menos ruido posible. Podría ser de ayuda, aunque al final no aporta nada relevante al film, que la hija sufriera un accidente hace unos años que la volviese sorda, por lo que saben expresarse mediante el lenguaje de signos.
Con un reparto tan interesante como desaprovechado, con un Stanley Tucci a la cabeza que aún debe estar preguntándose quién lo ha engañado para semejante tontería, acompañado por dos de las protagonistas principales de Las escalofriantes aventuras de Sabrina (quizá hacer esta película sea una buena manera de sacarse un dinerillo en el descanso entre una temporada y otra sin moverse demasiado de casa), es decir:  Kiernan Shipka y Miranda Otto, The silence ha sido dirigida por John R. Leonetti, uno de los protegidos de James Wan y que ya pertrechó una mediocridad con la insulsa Annabelle.
Teniendo como único valor la visualización clara de los bichos en cuestión, una suerte de murciélagos prehistóricos, cuyas limitaciones presupuestarias la convierten en un producto de serie B que provoca un mínimo de simpatía, y de algún momento algo más extremo en cuanto a sangre y violencia que sus dos referentes ya mencionados, poco más se puede destacar de un film que resulta tan plano como previsible, que se desvía hacia la clásica moralina de “el hombre es un lobo para el hombre” haciendo que el resto de supervivientes sean tan o más peligrosos que los propios monstruos, con escenas mal filmadas (ese horrible uso e la cámara lenta en las situaciones dramáticas), sin la suficiente tensión ni los sustos adecuados y que, y este es su mayor mal, resulta sumamente aburrida. De hecho, es tan simple su trama que parece más un capítulo de un serial televisivo del estilo The walking dead que una película con identidad propia.
En definitiva, una de las peores películas de Netflix, totalmente prescindible, y que solo sirve para reivindicar aún más, si cabe, la gran obra de John Krasinski, de la que ya hay secuela en camino.

Valoración: Tres sobre diez.

jueves, 2 de mayo de 2019

LA LLORONA

Ayer por la noche se disputó en Barcelona un gran partido de fútbol, uno de esos en los que cualquier amante del deporte, independientemente del equipo que sea, debería disfrutar. Al final, el F. C. Barcelona se llevó la victoria sobre el Liverpool por 3 a 0, pero las cosas no fueron tan sencillas como el marcador parece indicar. Hubo momentos de gran sufrimiento. Primero, porque visto el gran juego del Liverpool, el resultado posiblemente fue dolorosamente cruel para ellos. Segundo, porque hubo varias paradas vitales del portero culé que mantuvo en vilo al Camp Nou hasta el último minuto de juego.
Comienzo esta entrada con un comentario futbolero porque, tras ver el partido, apenas pitó el árbitro el final, entré a una sala del cine a ver La Llorona, la última propuesta de terror de James Wan para su Warrenverso. Y, sinceramente, el recuerdo del partido y de lo que en él se vivió es lo único aterrador que viví en la oscuridad del cine, ante el aburrimiento y la sensación de dejadez argumental que la película que firma un tal Michael chaves (que por aquello del encasillamiento está filmando ahora The Conjuring 3). Y eso que la cosa empieza bien: un niño juega en el campo con su madre y su hermano, pero, cuando apenas aparta la mirada un momento de ellos, estos desaparecen, quedando el crío solo y desconcertado. Pero no, no es otra baja más del chasquido de Thanos, ni esto tiene nada que ver con Endgame, por más que le coja prestada a Linda Cardellini (la esposa de Barton en el MCU) y que estemos en un Universo compartido (muy forzada, por cierto, la relación con Annabelle por medio del personaje del padre Perez).
No es que la película sea un desastre total (pese a algunas interpretaciones espantosas, como la del inexpresivo Raymond Cruz), sino que se trata, simplemente, de más de lo mismo. Con un argumento mínimo e irrisorio, se limita a hacer primeros planos bruscos a ritmo de jump scare, a meter en situaciones incómodas a niños pequeños y a buscar una resolución fácil y nada trabajada. Además, los principales sustos (por llamarlos de alguna manera) no solo son previsibles, sino que venían ya spoileados en el tráiler previo, con lo que poco se puede rascar de esta pobre producción que, de nuevo, ignora cualquier propósito de hacer cine para seguir con la terrible premisa de fotocopiar películas por cuatro duros y, a poco que recauden, disfrazarlas como si de un gran éxito se tratara.
Ya se intuía con La Monja y se confirma ahora. el Warrenverso no da para más. Y si encima en la tercera película de los propios Warren ni siquiera va a estar Wan tras las cámaras, mejor apaga y vámonos.
En resumen, una pérdida de tiempo más, plana y aburrida, que solo entretendrá a los más fieles (y menos exigentes) del género.

Valoración: Cuatro sobre diez.

domingo, 28 de abril de 2019

VENGADORES: ENDGAME

En el primer tráiler de Vengadores: Endgame, Tony Stark dice algo que luego serviría como serviría como frase promocional para el poster: “una parte del viaje es el final”.
Me resulta difícil imaginar una definición mejor para esta película, una película que podría dar miedo de antemano, pues si bien el éxito lo tenía asegurado de antemano, el gran hype que producía podría haber jugado en su contra.
Efectivamente, esto no es solo una película. Esto es el final de un viaje. Un viaje que se inició hace once años con Iron Man y que ni siquiera tras la gloriosa Los Vengadores de Joss Whedon podríamos imaginar que alcanzaría un nivel narrativo y emocional como el que ha conseguido en su tramo final.
Ya está, se terminó. Hemos disfrutado, amado, llorado, gritado y luchado durante una larga lista de películas, alguna mejor que otra, alguna mítica y otra casi olvidable, y solo nos queda ese último momento de recoger el equipaje y volver del aeropuerto, que es lo que supone, tras Endgame, el saber que el fin definitivo de la Fase Tres del MCU es, en realidad, Spiderman: Lejos de casa.
¿Y qué es lo que nos han dado los hermanos Russo para cerrar esta parte de la historia del cine? Pues ni más ni menos que un hito, una obra que trasciende lo puramente cinematográfico. Más allá de sus cualidades técnicas (que las tiene, y enseguida hablaré sobre ello), Vengdores: Endgame supone, tal y como ya pasaba con Infinity War, un antes y un después para el séptimo arte. No solo va a arrasar en taquilla, sino que va a ser un film referencial para generaciones futuras que va a cambiar la concepción del propio cine (en una época en la que parecía que el futuro estaba en manos de plataformas tipo Netflix) y que demuestra que ls grandes películas deben disfrutarse en grandes pantallas, con cientos de desconocidos emocionándose a la vez, con risas y aplausos y esa sensación palpable en el ambiente de que todos nos estamos emocionando como si de un solo corazón se tratase.
Hay algunos nombres que deben considerarse pilares fundamentales del MCU (centrándonos en el plano artístico, si miramos hacia los despachos quienes merecen sendas estatuas en la entrada de Marvel Studios son Kevin Feige y Sarah Finn): John Favreau, el que lo empezó todo, Joss Whedon, el que le dio forma, y los hermanos Russo, quienes lo elevaron a las alturas. Tras dar forma definitiva a la imagen del Capitán América y demostrar que no todo son risas y colores en el MCU con las fantásticas El Soldado de Invierno y Civil War (y aquí hay que nombrar también a los guionistas Christopher Markus y Stephen McFeely, que ya firmaron el libreto de El primer vengador y han seguido escribiendo al Capi hasta este glorioso final), ellos se han encargado de culminar la mastodóntica saga del Infinito y, incluso, asentar las bases de lo que está por venir. Lo han hecho, además con valentía y coherencia, algo que se contrapone con la otra gran saga cinematográfica que culmina también este año (sumémosle eso al final de Juego de Tronos y resultará que el 2019 es un año amargo para el fandom). Y es que, si siempre es tentador comparar los éxitos de Marvel con el errático camino cinematográfico de su competidora comiquera de DC, en esta ocasión me parece más interesante mirarlos en el reflejo de Star Wars, que al fin y al cabo pertenecen a la misma madre, aunque no lo parezca. Y es que en cuestiones de hype el año pasado la cosa estaba muy igualada, con los fans haciendo cientos de teorías de lo que iba a suceder con sus héroes preferidos y tratando de averiguar (destripar) guiones que se guardaban con un secretismo absoluto. Pero mientras la locura argumental ha dominado el camino galáctico hasta el punto de que Los últimos Jedi parecían más pendientes de contradecir las teorías de Internet que de contar sus propias historias (hasta el punto de que Joe Johnson puede ser el principal culpable de todo lo malo que vaya a tener El ascenso de Skywalker), los Russo han optado por la coherencia, sin salirse de un plan determinado. Su Endgame se ha rodeado de mucho secretismo, es cierto, y ellos son los primeros que han jugado con el espectador para mantener sus cartas bien ocultas, pero eso no implica que se hayan obsesionado hasta tal punto como para traicionar su propia historia.
Así, en el lado argumental, se podría decir que Endgame es completamente previsible. Una de las teorías más difundidas sobre la manera de derrotar a Thanos era la de los viajes en el tiempo (algo que finalmente se terminó por insinuar claramente en Ant Man y la Avispa), y se especulaba con que gran parte de la película fuese sobre los Vengadores tratando de recuperar las dichosas gemas en diversos momentos del tiempo. Y así ha sido, sin sorpresas ni cambios absurdos de guion de última hora. En lugar de eso, los Russo han desarrollado una trama inteligente y llena de giros y golpes de efecto que permiten que, aun sabiendo que la cosa iba de lo que ya se sabía que iba, cada escena fuese una emoción diferente, cada plano ofreciera una sorpresa nueva y la magia volviera a impactarnos tal y como sucediera ya en Infinity War.
Cierto que las emociones aquí son diferentes. No tenemos ese impacto final que supuso ver a la mitad de la humanidad (héroes incluidos) desapareciendo, pero eso no significa que ver las consecuencias de aquello y como los supervivientes han sabido enfrentarse a sus propios temores sea menos intenso y doloroso. Incluso el final, donde no había duda alguna de que los héroes volverían (hay películas confirmadas de la mayoría de ellos) y que Thanos sería derrotado, es tan impactante y emotivo como para que, de nuevo, las lágrimas amenacen con aflorar.
Y todo ello con una película que, para ser un blockbuster de tres horas de duración (que pasan en un suspiro, todo sea dicho), tiene posiblemente menos acción de lo esperado. Hay más momentos intimistas y de conversaciones de lo que cabría esperar, pero funcionan perfectamente bien y no hay un solo minuto que parezca estar de más, que reste interés a la obra. Una obra, eso sí, que vuelve a ser tan heredera de esas veintiuna películas anteriores que no es muy recomendable ver Endgame si no se conocen bien las bases sobre las que se sostiene, siendo, para sorpresa de muchos, la historia de Ant man más importante que, por ejemplo, la de La Capitana Marvel.
Además, los Russo han hecho quizá su mejor trabajo como realizadores, no ya por la pericia visual que ya demostraron sobradamente en El soldado de Invierno, con unas escenas de lucha impactantes (cabe destacar cierto plano secuencia realmente espectacular), sino por saber marcar un  ritmo preciso, aportando más humor que en sus tres trabajos anteriores sin que este desentone en ningún momento, consiguiendo que personajes que podrían parecer ridículos tengan en realidad una profunda carga dramática (cada uno se enfrenta al dolor y al fracaso de una manera diferente)  y midiendo el tempo con precisión de relojero.
A ello ayuda también la simbiosis perfecta que se da entre los actores y sus personajes. Resulta ya casi imposible imaginar a ningún héroe Marvel con un rostro diferente al del actor que lo interpreta, y es tal el nivel de compromiso que la productora ha conseguido con ellos (y esto es algo que va más allá de los generosos cheques que puedan ofrecerles) que la película se convierte en un quien es quien del MCU, con la presencia de actores (aunque sea en escenas de apenas unos segundos) del pasado y que consiguen que este sea realmente un fin de fiesta.
Y, como debería suceder, algo de amargura queda al terminar una fiesta. Es por ello que, pese a que la película se dedique a contrarrestar los acontecimientos traumáticos de Infinity War, un deje de amargura quede tras los créditos finales (sin escena postcréditos esta vez, como para subrayar que la cosa va en serio). Y es que, por hermoso que sea un viaje, las despedidas siempre son tristes. Y esta película es, toda en sí, una gran despedida. Hermosa, emotiva, nostálgica y apasionante, pero despedida, al fin y al cabo.
Los héroes (algunos de ellos, al menos), volverán, pero parece evidente que las cosas ya nunca volverán a ser lo mismo. Es difícil que una película cierre una saga millonaria (de la que se sabe que habrá continuación) con la sensación de que algo va a cambiar para siempre. Endgame lo ha conseguido.
Este es otro mérito más de la que, posiblemente, y vista en conjunto con Infinity War (¿acaso no son ambas una sola película de más de cinco horas de duración?) sea la película más importante de la década, sino del siglo. Una película que cambia las reglas del juego y que sienta unos precedentes que, por otro lado, son casi imposibles de imitar.
Sin duda, no todo es perfecto, y habrá quien pueda reprocharle algo al film, como el uso de algunos personajes, la poca presencia de otros o algún as de la manga que huele a truco de guion más que a otra cosa, pero al final esto corresponde más a decisiones creativas que a fallos cinematográficos, lo cual es algo siempre subjetivo. Para el que esto escribe, resulta impensable hacerlo mejor. Allá donde esté, Stan Lee se sentiría orgulloso.
Nuff Said!

Valoración: Nueve y medio sobre diez.