La principal obligación, puede que incluso necesidad, de un creador es la de crear. Y dejar de hacerlo puede ser tan doloroso como la peor de las enfermedades. Siempre he dicho que yo no soy un escritor, sino un contador de historias, y nunca me ha importado el género en el que me debía mover. Así, con mejor o peor suerte, he escrito novelas, relatos, micro-relatos, poesías y guiones que de una u otra manera han llegado a ver la luz.
Ahora que el tiempo se ha convertido para mí en un bien escaso y que las tres novelas que tengo en desarrollo siguen esperando turno en mi lista de prioridades (ya les tengo asignadas fechas en mi mente, pero no me atrevo a revelarlas aquí por no decepcionaros –ni decepcionarme a mí mismo- una vez más), la escritura de canciones se ha convertido en mi nuevo pasatiempo, impulsado además con el detalle de que gracias a la IA es posible comprobar cómo quedarían esas canciones si hubiesen traspasado mi libreta hasta llegar a un micrófono.
Puedo imaginar algunas de vuestras reacciones: ¿IA? ¡Dios mío, que horror! En otras condiciones estaría de acuerdo. Agradezco la existencia de la IA como herramienta de ayuda, valorando la facilidad con la que me permite conseguir información para una novela o para algún ejercicio práctico de la vida cotidiana, nunca como sustituto de la intervención de un profesional de verdad, y dejando de lado las implicaciones industriales y la posible pérdida de puestos de trabajo (debate que no tiene cabida en este post), pero su uso en el mundo del arte (y perdonad la presunción de llamar arte a esto que yo hago), puede rozar lo obsceno. Una máquina no puede (o no debe, al menos) sustituir al talento humano, a la creatividad, a la genialidad. Jamás publicaré una novela o relato escrita por IA, y mucho menos haciéndola pasar como propia. Y lo mismo sirve para cualquier otro ámbito artístico. Me ofendo cuando descubro una canción, un vídeo, un texto, creado artificialmente y tratando de ser camuflado. Por eso yo, en este nuevo proyecto que trato de presentaros, quiero ir con la verdad por delante y dejar las cosas bien claras.
Yo no soy productor musical. No tengo, más allá del mencionado Abreu o del también compositor Xavi Artero, conocidos dentro del mundo musical. No quiero vender mis letras a terceros ni ganar dinero con mis temas. Solo quiero, como ya he dicho, crear. Y la mejor manera de crear, desde la humildad y la modestia, y cumplir el capricho de ver como sonarían mis letras con una buena voz e instrumentalización, es con ayuda de la IA.
El proceso es relativamente sencillo, pero no tanto como apretar simplemente un botón, como se pudiera pensar (aunque se escuchan canciones que quizá sí estén realizadas con esa sencillez). Tras la escritura de la letra debo acceder a un programa de IA para que componga la música. Para ello le doy una serie de instrucciones precisas, cuyo resultado no suele coincidir con lo que tengo en mente, Por ello es necesario realizar correcciones, hacer arreglos, buscar planteamientos nuevos, pedir cambios de instrumentos, experimentar con géneros, unificar voces... Después, toca una pequeña labor de producción, sin ningún parecido con al profesional, por descontado, pero que implica remasterizar los temas, eliminar espacios en blanco, nivelar volúmenes tema por tema... decidir títulos, crear portadas (de nuevo la ayuda de la IA es de agradecer, pero las ideas deben estar ahí), y por fin, conseguir un puñado de canciones que den forma a lo que se podría llamar un primer álbum.
Voy a ser franco. Mi idea inicial era, simplemente, regalarle una canción a Arelys, mi esposa, por su cumpleaños. Pero ya me conocéis: cuando me meto con algo no se parar, y al final he terminado, casi sin darme cuenta, con cerca de medio centenar de canciones que han terminado por gustarme más que la mayoría de las cosas que se escuchan por las radios más comerciales. No digo con esto que sean mejores (aunque el claxon del coche de atrás cuando el semáforo se pone en verde ya puede ser mejor que muchas de las canciones de ahora), sino que, por algún motivo (y no creo que sea simple onanismo), a mí me gustan más. Y dado que la poca gente que ha tenido la ocasión de escucharlas me ha transmitido sensaciones positivas, me he decidido a ir más allá y convertirlas en mi nuevo proyecto (sin que eso signifique que vaya a abandonar la escritura, eso que quede claro) y compartirlas con vosotros por si, como poco, os apetece echaros unas risas con ellas.
Dato importante: como mi intención a día de hoy es la de publicar en plataformas varios discos (tengo de momento material para cuatro), he decidido hacer un juego con los títulos de manera que, como ofrenda de paz y muestra de mi sinceridad, todos ellos contengan las letras IA resaltadas en rojo. Más claro, imposible.
Por cierto, que para este nuevo entretenimiento he apostado por un nombre diferente (no sé si lo de artístico sea correcto). Como ya he explicado en alguna ocasión, el hecho de firmar mis libros como David Medina B. es porque en muchas plataformas (Amazon sin ir más lejos), el uso del segundo apellido puede llevar a confusión, interpretando el sistema que mi primer apellido es, en realidad, mi segundo nombre, al estilo americano. Por ello, y para rendir tributo a mis raíces maternas, mis composiciones llevarán la siguiente firma: Botija. Espero que os guste la idea.
En fin, que tras mucho tiempo sin escribir por aquí quería hacer una entrada para anunciaros este nuevo juguete, por s a alguien le apeteciera degustarlo, que estará disponible en Spotify y otras plataformas musicales a partir del de agosto y que, en esta primera ocasión, es un homenaje a mi familia, a todo aquello que me da fuerzas en el día a día (y algún quebradero de cabeza, ¿por qué no decirlo?).
Si os apetece, estaré encantado de conocer vuestras reacciones. Si no, no os preocupéis. Tarde o temprano espero poder anunciar novedades editoriales.
Nos leemos (y ahora también escuchamos), pronto.
