Bueno, pues ya lo tenemos aquí. Un día más tarde de lo previsto (en realidad ayer a última hora ya estaba disponible, pero mejor hacer las cosas con calma), el segundo disco de Botija ya se puede escuchar en Spotify y en cualquier método de distribución musical que utilicéis. Incluso si lo queréis comprar, por supuesto, ya sea completo o por canciones.
Artillería Pesada es una colección de canciones más libre que el conjunto de Sagrada familia. Aquí no hay homenajes tan directos, no estoy anclado a satisfacer mis necesidades privadas de referenciar a mis seres queridos y, aunque contiene temas muy íntimos y personajes, está abierto a un pop rock más convencional, buscando ampliar horizontes y sin obligar al oyente a hacer dobles lecturas ni tratar de adivinar quiénes son los protagonistas de cada historia.
Guerra, la canción que abre el disco y podría perfectamente haber sido el primer sencillo si esto fuese un disco convencional, habla de la relación de pareja en general, con sus luchas y sus sacrificios, sin que nadie deba buscar reflexiones sobre ninguna relación personal concreta.
Es un disco cargado de rock, con alguna balada triste y desgarradora, y que en breve iré desgranando como ya hiciera con Sagrada familia. Un pedacito más de mí, una nueva manera de contar historias y seguir creando, aunque con ayuda artificial, ese mundo paralelo e inabarcable al que llamo imaginación.
Por último, un aviso que espero que pronto sea innecesario. En la subida de ayer hubo ciertos problemas técnicos que obligaron a eliminar la edición del disco y reprogramarlo todo, motivo que retrasó unas horas el lanzamiento. Ya está solucionado y podéis escuchar cualquier canción de Artillería Pesada sin problemas, pero es posible que encontréis en paralelo restos de la primera versión, es decir, un disco “fantasma” con su portada y todo pero que no contiene ningún audio reproducible. Es cuestión de horas que desaparezca de las plataformas, pero mientras, buscar en mi perfil la versión correcta. Creo que os merecerá la pena.
Y eso es todo. En un rato comparto los enlaces para que os resulte más cómodo oirlo.
Espero que lo disfrutéis. Y déjame todos los comentarios que queráis, por supuesto. Estoy deseando saber cuáles son vuestras canciones preferidas.
Si alguno de vosotros tenéis hijos pequeños, creo que no hace falta explicar mucho esta canción. Los niños son regalos de dios, son una maravillo, se les quiere con locura, pero... ¡están aquí para robarnos horas de sueño! Y que nadie intente convencerme de lo contrario.
Después de tanta intensidad y tanta carga emocional, quise terminar el disco con una canción divertida, desenfadada y al ritmo de rockabilly, con cierto aire a Los Rebeldes y buscando inspiración en su mítica Rebeca.
Una canción desenfrenada para poder bailar y con la que pongo punto final a este mi primer álbum. Y aunque quizá no os lo creáis, os voy a hacer una confidencia: escribo estas líneas a la una de la madrugada en una noche en la que estoy solo en casa, así que en cuanto termine este párrafo y adjunte la letra completa de la canción, me voy a la cama.
Y llegó el turno del niño. Joffre David, que por siempre será Junior (Yuyi para los íntimos) tuvo un momento complicado en plena adolescencia. No es sencillo que tu madre te diga que se va a vivir de Madrid a Barcelona y que te pida que te vayas con ella, así que durante un tiempo lo vi perdido, sin saber muy bien qué hacer con su vida. Quizá nuestra relación no tuviera nada que ver. Quizá la mayoría de los chavales de esta generación pasan crisis similares, perdidos ante la llegada de un futuro en constante cambio, sin saber cómo enfrentarte a él. Los niños que antes soñaban con se policías o astronautas ahora aspiran a youtubers y a enriquecerse con criptomonedas o creando con IA una app que vender a algún holding internacional, y cualquier chaval con dos dedos de frente se sentiría desolado ante tal panorama.
Yuyi no era tonto, y sabía que tenía que hacer algo con su vida. Pero no sabía qué. Y por un tiempo nos tenía muy preocupados a su madre y a mí. Porque estaba claro que ese curro que encontró gracias a un amigo como camarero no era algo serio... ¿o sí?
Pues casi sin darnos cuenta, de la noche a la mañana, ese niño algo tímido y reservado, que parecía falto de expectativas y estímulos, irrumpió con fuerza en el mundo de los restaurantes de lujo, hizo cursos de sumiller, y empezó a crearse un nombre en el mundillo. Y aunque yo no sea su padre biológico, quiero que sepa, al menos con esta canción, lo orgulloso que me siento de él.
Va por ti, hijo.
Cuando la pizza barbacoa era todo tu mundo
Y cualquier plato con arroz el mejor manjar
Te cerrabas a probar sabores exóticos
Huyendo de los placeres que brinda el yantar.
Pero te hiciste un hombre, echaste a volar
Y nuevos mundos te atreviste a pisar
Ahora decantas vino y haces de juglar
En restaurantes que antes ni sabias pronunciar.
Amor,
El niño se nos ha vuelto fino
Ahora solo come a la carta
Platos que no entiendo un pijo
Amor,
Qué lo que antes le parecía horroroso
Ahora es una delicatesen
Y yo ...
Y yo…
Me siento orgulloso.
Sopa con mortadela, jengibre frito,
Alioli negro, castañas de agua,
Espardenyas a la brasa, de esto repito,
Tortilla deconstruida con sales del Himalaya.
Menús líquidos que cuestan un riñón
Hamburguesas con oro, sorbete de vapor
Ponme un vino de quinientos euros pá pillar un buen cebollón
Y llegamos al punto más emotivo del disco. Cuando empecé a escribir canciones, antes incluso de saber que iba a terminar completando un álbum dedicado a mi familia, sabía que tenía que hacer un homenaje a mis padres, un recuerdo que, en el caso de mi madre, no he conseguido hacer aún en formato de novela (mi padre tiene la presencia y el espíritu impregnado en cada una de las páginas de El hombre de trapo mataba por amor).
La canción para papá era descriptiva, pero para mamá quería algo diferente, algo alegre, que es lo que creo que ella me habría pedido. De lo muchos recuerdos que tengo con ella quizá los mejores estén relacionados con nuestra tradición de ir juntos una vez por semana al cine, cuando los cines buenos estaban en el centro de Barcelona y no en los Centros Comerciales de la periferia, y construí todo ese homenaje, todo ese recuerdo, alrededor de una de nuestras típicas salidas nocturnas, con parada obligatoria para una merienda cena en el Bocata d'Or o la pizzería Chicago y debatir, a la hora del regreso, si esperábamos el nitbus o llegaríamos antes andando.
Para la muisca, consideré que un ragtime casaría a la perfección con la temática y el tono que quería imprimir, aunque hay espacio para mencionar a John Barry, que con su melodía para Memorias de África puso banda sonora a Maria Teresa Botija Rodríguez.
Al final he encontrado un tono agradable y pomposo que creo que le habría gustado (pese a la sorpresa de descubrir que ahora voy con otra persona al cine y ella, en lugar de ser mi pareja, me observa desde la pantalla), que sin embargo me hace derrumbarme cuando llega el momento de desear que "en tu nuevo hogar haya un cine bien cuidado donde repongan las pelis que en vida te han emocionado".
Seguro que lo hay. ¿Verdad, mamá?
Aquí tenéis toda la letra:
Miércoles tarde bajo un cielo ceniza
Cena para dos, con algo de prisa,
Que la cola llega hasta la esquina
Y todavía falta comprar las palomitas.
En un cine de barrio, día del espectador,
Tras los tráileres da comienzo la sesión
Echando de menos la subida del telón
La sala se estremece cuando empieza la función
Suena John Barry y la pantalla se ilumina
Con postales de paisajes de ciudades perdidas
Desiertos rocosos o de arenas finas
Playas exóticas, cascadas cristalinas
Y en pantalla tú... tú... tú
Saludando con la mano
Recordando que hoy es otra
La que se sienta a mi lado.
Y de pronto tú... tú... tú
Qué no habías olvidado
Qué es la última sesión
Y contigo había quedado
Aroma a palomitas, Coca-Cola y caramelo
Por si refresca he traído una rebeca para luego
Corremos a la parada y pillamos el bus a tiempo
Y en casa papá espera con una tortilla en el fuego
Anotas en tu libreta si le peli te ha gustado
Te quejas de la butaca: la espalda me está matando
La próxima la eliges tú, que te he visto bostezando
De todas las de los tráileres alguna me he apuntado
Qué pena cuando pienso que por unos pocos años
No has pillado las de Marvel, que te habrían alucinado
Espero que en tu nuevo hogar haya un cine bien cuidado
Donde repongan las pelis que en vida te han emocionado.
Y en pantalla tú... tú... tú
Saludando con la mano
Recordando que hoy es otra
La que se sienta a mi lado.
Y de pronto tú... tú... tú
Qué no habías olvidado
Qué es la última sesión
Y contigo había quedado
Al Pacino protestaba: no me confundas con DeNiro
Seagal no se despeinaba machacando enemigos
Richard Gere te evocaba A una época pasada
Con los dramas no llorabas Preferías las carcajadas.
Después de Matando dragones, ¿cómo no iba a escribir una canción a mi muñequita? El problema es que había quedado muy contento con el tema dedicado a Noah y era difícil repetir la jugada, ya que en aquellos momentos Chloe era demasiado bebé como para saber ya sus gustos y aficiones, como para definirla como persona en una canción. Así que opté por darle un tono de nana, una canción de cuna a ritmo de piano, con aires a Miguel Poveda, que más que centrarse en ella hablase de los sentimientos que desprende, en cómo me hace sentir a mí al tenerla en mis brazos, al verla dormir, al quererla con intensamente.
Otra de esas canciones "menores" que mencionaba hace unos días. Y, además, desfasada. Se trata de un poema que le escribí a Arelys para su 42 cumpleaños. Quizá lo más divertido de la letra sea que alguien que no reparó en la edad actual de Arelys, tras escuchar lo de las joyas y "otra que está en camino" se asustó pensando que íbamos a por la familia numerosa. ¡No, por Dios!
Una canción bonita, pero de ritmo sencillo, romántica sin más, que se siente algo lastrada por no tener una letra creada expresamente para ser canción.
Un género que le gusta especialmente a Arelys es el de la rumba, principalmente en su vertiente más popera, como es el caso de El Arrebato o Melendi, así que no pude resistirme a la tentación de probar fortuna en el género. Para ello, he elegido un toco algo macarra, muy de Estopa, en el que vuelvo a temas recurrentes como nuestro viaje a Croacia o detalles íntimos de nuestra primera cita.
Me permito, eso sí, una licencia poética que falsea un poco la realidad. Cuando nos estábamos conociendo, en largas conversaciones telefónicas, ella tuvo la ocurrencia, ante alguna salida ingeniosa por mi parte que ya ni recuerdo, de decirme una frase muy suya que es "te como la cara". Por supuesto, cuando pudimos dejar de tener distancia de por medio, se lo recordé, exigiéndole que cumpliera la promesa. Para la canción, consideré más canalla y de mejor rima que lo que me dijera fuese que "me iba a comer la boca". Una expresión más atrevida pero igualmente una ocurrencia sin maldad que yo, con picardía, decido tomármelo Al pie de la letra.
¡Ay, la niña, la niña! ¿Quién me iba a decir, cuando conocí a Arelys, ya rozando los cincuenta, que aún está a tiempo de ser padre? ¿Y quién me iba a decir a mí que con Noah no tendría suficiente? Ni con Chloe. Pues no. Casi como fuésemos los Serrano resultó que uno más uno sumaba, en este caso, seis. Y es que desde el primer momento Mela y Yuyi, los hijos de Arelys de una relación anterior han sido como mis propios hijos. Y más en el caso de Mela que abandonó su Madrid adorado para vivir un tiempo con nosotros.
La niña, por cierto, se hizo mujer en un abrir y cerrar de ojos, y si bien he disfrutado (y sufrido) su faceta de Young adult, como se dice ahora, lamento no haber conocido apenas a la chiquilla que fue, haber podido discutir con ella sobre si mola más el anime o el comic americano, haberla acompañado a ver sus primeras películas de Harry Potter al cine, haberla tenido que ir a buscar a altas horas de la madrugada a la puerta de la discoteca (mentira, eso sí me ha tocado hacerlo), discutir para tratar de hacerle entender que el K-pop no es más que una traslación de las boybands británicas de hace unos años o haber debatido acaloradamente sobre su decisión de volverse vegana.
No he vivido esas experiencias con ella, pero la he conocido suficientemente a fondo, con un grado de intimidad como solo un padre puede hacer, que es como si los hubiese vivido, como si hubiese estado presente el día que se cayó patinando, tras aquella pelea en clase o despidiéndola en el aeropuerto antes de iniciar su aventura como upper en Irlanda.
Por eso, mi homenaje es un recorrido por todo aquello que le gusta y que siente, por todo lo que la hacer ser como es. Mi niña. Mi muñeca de papel.