lunes, 13 de septiembre de 2021

Netflix: NO SE PUEDE HUIR DEL AMOR

Dentro del amplio y variado catálogo de Netflix hay dos temas que se le da especialmente bien: el terror y la comedia romántica, imagino que tratando de contentar (siempre aceptando como reales ciertos tópicos) tanto al público masculino como al femenino.

No se puede huir del amor (aunque mucho más conciso es el título original de Resort to love) se engloba en el segundo grupo y narra las vicisitudes de una aspirante a cantante que, en pleno bache profesional y emocional, decide aceptar un empleo en un resort de Isla Mauricio, sin esperar que su pasado la vaya a perseguir.

No hay nada nuevo bajo el sol, y con un reparto básicamente afroamericano (salvo el habitual recurso romántico), parece como si estuviéramos ante una versión de color de la clásica película de Adam Sandler y Jennifer Aniston (me vino a la memoria Sígueme el rollo). Desde ese punto de vista, la película es tan plana y previsible como cabría esperar, resultando efectivo como pasatiempo veraniego por sus bellos paisajes y sus pegadizas canciones, las cuales fueron interpretadas realmente por la protagonista Christina Millian. Haciendo un juego de palabras con su título en inglés, parece que se disfruta más del concepto Resort que del Love, sacándose buen partido de las localizaciones y sirviendo como publirreportaje publicitario para invitarnos a plantearnos ese destino turístico de cara a las próximas vacaciones.

Esta película, como casi todas las del género, es totalmente previsible, y no hay mucha duda de cómo va a concluir, pero al menos los momentos cómicos funcionan más o menos bien, ayudando a digerirla mejor. No va a cambiarnos nuestras vidas, pero puede ser una manera refrescante de despedirnos de la temporada veraniega.

 

Valoración: Cinco sobre diez.

Cine: SHANG-CHI Y LA LEYENDA DE LOS DIEZ ANILLOS

Después de la bajona que para muchos supuso la inauguración de la Fase Cuatro del MCU mediante Viuda Negra (cosa que comprendo, pese a continuar defendiendo la película de Scarlett Johansson), y dejando de lado (de momento) el tema de las series, todas las miradas estaban puestas en Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos, como si del éxito o fracaso de esta fuese a depender el futuro cinematográfico de Marvel.

La cosa no era para tanto, pues a priori la película parecía ser una obra de las consideradas menores y la escasa popularidad del personaje no es que generara grandes expectativas, pero lo cierto es que la obra ofrecida por Destin Daniel Cretton está más que a la altura, consiguiendo que su Shang-Chi supere de sobras la clase media de héroes de Marvel (donde podríamos situar, por ejemplo, a Black Panther o Capitana Marvel), quedando solo un pasito por detrás de los pesos pesados que son Iron Man y Capitán América.

Un vistazo rápido podría hacernos pensar que la Fórmula Marvel continúa funcionando, alternando escenas de acción espectacular con un humor simpático y a veces cargante, pero lo cierto es que la película protagonizada por Smu Liu consigue tener una personalidad propia, siendo, quizá, de las más alejadas al Universo Marvel. Y eso que no faltan los cameos dignos de provocar aplausos entre los más fanáticos de la casa, pero estos nunca entorpecen el curso de la historia ni dan la sensación (como pasaba, por ejemplo, con la primera de Ant-Man y la escena en la base de Los Vengadores) de ser lastrada por la necesidad de tenerlo todo atado y bien atado. Es como si fuese capaz de ir por libre, al menos hasta el momento de las escenas postcréditos que nos recuerda dónde estamos y qué se espera de esto en el futuro.

La trama no arranca con excesiva originalidad, siendo la clásica historia de orígenes que puede abusar algo de los flashbacks pero sin que estos lleguen a molestar. La historia de Shang-Chi parte en realidad con la historia de su villano, su propio padre, un remiendo del personaje que en los comics era llamado El mandarín (en realidad, en las viñetas Shang-Chi era hijo de Fu Manchú, pero eso no se ha podido repetir aquí por temas de derechos) y que entronca parte de la trama con Iron Man 3 (quizá la única película que sería interesante haber visto antes de enfrentarse a esta).

Shang-Chi es presentado casi como un anti-héroe, un personaje que huye de su pasado y reniega de sus aptitudes, que a priori poco o nada tienen de sobrenatural, pero ya se sabe eso de que el pasado siempre tiende a volver y pronto él y su mejor amiga (dejemos los rollos románticos para otro día) se verán enfrascados en algo más grande de lo que pueden afrontar ellos solos.

Con una planificación visual impecable, que recuerda al estilo chino llamado Wuxia (ahí está, por ejemplo, La casa de las Dagas Voladoras), que sabe recrear la cultura y el folclore chino con mucha más pericia que, por ejemplo, la decepcionante live-action de Mulán, y cuyo único pero se encuentra en un final que podría recordar algo al visto recientemente en esa otra maravilla que es Raya y el último dragón.

Ya he comentado que pese a esos cameos y esas reminiscencias a Iron man 3Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos parece querer volar sola, lejos de la influencia de Marvel. Tanto es así, que durante muchos minutos del metraje casi podríamos creer que estamos disfrutando de algún clásico de Jackie Chan o Jet Li, aunque filmada con más brío. Incluso el facto cómico funciona mucho mejor que en otros títulos de la franquicia, quizá por la impagable química entre Simu Liu y Awkwafina, demostrando una vez más el gran potencial cómico de esta última (y me dejo en el tintero el otro recurso cómico del film por no desvelar la sorpresa).

Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos es, pues, una trepidante aventura, divertida y emocionante, que quizá podría mejorar con respecto al CGI, algo plano y funcional, pero que brilla en el resto de sus facetas, resultando ser una sorpresa muy grata y provocando que tenga ganas de volver a ver a Shang-Chi en otro proyecto, algo que sin duda será realidad a tenor de las críticas y el respaldo del público (esta vez sin que Disney+ se haya metido por medio) que está teniendo.

Ahora sí que, precuelas aparte, la Fase Cuatro queda completamente inaugurada, empezándose a sentar las bases de las amenazas futuras que pueden estar por venir. Y completando un comentario que hice hace unos días por redes, y sin desmerecer a la fabulosa Free Guy: sí, definitivamente, Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos es la película del verano.

 

Valoración: Ocho sobre diez.

Visto en Netflix: LA FIESTA DEL MÁS ALLÁ

Entre los estrenos menos sonados de las últimas semanas en Netflix se encuentra La fiesta del más allá, una simpática película que da lo que promete pero tampoco se atreve a ir mucho más allá.

Cuenta la historia de Cassie, una joven más preocupada de vivir en una continua fiesta que en cuidar sus relaciones personales y preocuparse por su futuro a la que, tras un accidente mortal, se le concede una segunda oportunidad para enmendar sus errores.

Viendo el poster de la película, con esos neones tan chillones dando forma a unas alas celestiales nada convencionales, uno podría esperar algo más gamberro y desmadrado. De hecho, el punto de partida me recordó vagamente a Feliz día de tu muerte, y pese a que no esperaba ver por aquí asesinos en serie ni bucles temporales, si habría deseado que se repitiese un poco el tono de aquella.

Sin embargo, Stephen Herek, director casi de culto a finales de los ochenta y principio de los noventa con títulos como Critters, Las alucinantes aventuras de Bill y Ted, Somos los mejores o Los tres mosqueteros, opta por un enfoque demasiado convencional para salir del ostracismo televisivo en el que había caído su carrera. Corriendo cero riesgos, La fiesta del más allá es todo lo previsible y plana que puede llegar a ser, limitándose a mostrar una cara simpática e inofensiva que bien podría haberse disfrazado de fábula navideña.

En fin, caras monas, historia amable, mensaje moralista y algo de almíbar en un producto cuyo ritmo es correcto y no llega a resultar cansina, unos mínimos con los que hay que conformarse.

 

Valoración: Cinco sobre diez.

Visto en Amazon: CENICIENTA

Concebida por Jay Cannon con el frustrado deseo de ser estrenada en cines, Cenicienta no es más que una nueva versión del cuento adaptada (espiritualmente, no visualmente) a los tiempos modernos y en clave de musical.

¿Qué quiero decir con esto? Pues que pese a estar ambientada en una época de reyes majestuosos y príncipes que organizan bailes para buscar esposas, la Cenicienta de esta versión encarna a la mujer moderna, que antepone su trabajo a sus deseos de encontrar pareja, segura de sí misma, emprendedora y desafiante.

Esta es prácticamente la única diferencia con cualquier otra versión del popular cuento que se haya podido hacer, siendo su faceta musical un detalle agradable pero que tampoco deja ningún tema digno de pasar a la historia. Quizá, si el deseo de Cannon era el de modernizar la historia, no debería haberse conformado con disfrazarlo de proclama feminista y cambar el aspecto de la hada madrina, debiendo ir más allá para poder diferenciarse de la relativamente reciente versión de Kenneth Brannagh, muy superior a esta aunque solo sea por su notable aspecto visual.

Con una entregada Camila Cabello que hace todo lo posible por iluminar la pantalla con su presencia y un divertido Pierce Brosnan que sobresale como parodia burda pero también entrañable de la monarquía, poco más hay que rascar en una película que cumple pero sin saber destacar en nada, quedando en una mediocridad algo simple, cosa triste cuando hablamos de un musical con aspiraciones.

Tampoco ayuda (y esto lo digo a modo de aporte extra, que no es culpa de la película) que Amazon se “olvidara” de usar subtítulos para las canciones, obligando a sus suscriptores a no enterarse de los diálogos o tragarse el film entero subtitulado. Existe la opción de verlo todo en versión original subtitulado, pero eso ya es un debate viejo que queda para otro día.

En fin, musical más bien flojo para contar lo de siempre, con una Cenicienta más peleona pero que tampoco llega a romper tantas cadenas como se le presupone.

 

Valoración: Cinco sobre diez.

domingo, 5 de septiembre de 2021

Visto en Netflix: EL MÉTODO KOMINSKY T3

Debo confesar que cuando me enteré de que Alan Arkin desaparecía de la ecuación en la tercera temporada de El método Kominsky no pude evitar fruncir el ceño y esperarme lo peor. Al fin y al cabo, la serie hasta ahora no versaba solo de un actor veterano y su academia de interpretación,  sino que se centraba más en la relación de amistad entre dos personas (el actor y un agente retirado) y su manera de enfrentarse a la vejez, siendo esta una comedia muy otoñal tan sensible cómo cínica.

Sin embargo, pese a la ausencia de este gran actor, dejando todo el peso en las capaces espaldas de Michael Douglas, el programa no solo ha mantenido el nivel, sino que posiblemente vaya a despedirse con la que ha sido su temporada más redonda.

Esto se debe, sobre todo, a que la ausencia del personaje de Norman Newlander no implica que su espíritu haya desaparecido también. Todo lo contrario. Tras conocer su fallecimiento en el primer episodio, Sandy Kominsky deberá enfrentarse no solo al dolor por la pérdida y a su propia soledad sino también a los problemas que su marcha le acarrea, principalmente por ser uno de sus herederos aparte de haber sido designado albacea de la parte correspondiente a su descarrilada hija e insufrible nieto.

Continúan tramas herederas de la sesión anterior, por supuesto, tales como su deseo por conseguir dar un buen futuro a sus estudiantes o la relación sentimental entre su hija Mindy con un hombre mucho mayor, planes de boda incluidos, lo que permite un divertido ejercicio de metalenguaje con la incorporación al elenco de Katherine Turner, la que fuese interés romántico de Douglas en Tras el Corazón Verde y La joya del Nilo para enfrentarse a él  en un divorcio que podría haber sido el de los propios Kominsky en La guerra de los Rose, hace ya la friolera de treinta y dos años, demostrando además, si se me permite el comentario, que el tiempo no trata a todos por igual.

Siento tristeza por tener que despedirme de El método Kominsky en tan buen momento, pero también me alegro de que haya sabido escapar del temible estiramiento de chicle de otras ficciones. Con un desenlace emotivo y a la altura de las circunstancias, El método Kominsky se marcha en todo lo alto, dejando a su protagonista donde se merece, y aunque me habría gustado saber más del futuro (a todas luces desastroso) del personaje encarnado por Haley Joel Osment, no puedo más que aplaudir este cierre y confiar en que Chuck Lorre vuelva a dar en la tecla con su siguiente invento. Estaré expectante.

Reflexiones: ¿LA PELÍCULA ADULTA DE SUPERHÉROES DEFINITIVA?

Llevaba tiempo con ganas de analizar un poco más a fondo la que se suponía iba a ser la película del verano (si me seguís, ya sabréis que yo me quedo con Free Guy), al menos según una parte de la crítica especializada, ya que si por lo que a taquilla respecta, nada parece hacerle sombra (hasta ver qué pasa con Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos) a F9 (de la que tengo pendiente hablar). Estoy hablando, por descontado, de El Escuadrón Suicida, de James Gunn.

Mucho están machacando desde algunos medios de comunicación para hacernos creer que estamos ante la película de superhéroes definitiva, la demostración de que se podía hacer cine para adultos con material surgido de las viñetas y que en DC le estaban dando una bofetada en toda la cara a Marvel y su estilo de hacer cine carente de riesgos. Y aunque lo cierto es que la película me gustó bastante, críticas tan desproporcionadas han terminado por agotarme hasta el punto de tener que rebelarme en su contra, ya que desde luego no da para tanto la cosa. Y si bien no me alegro de su fracaso en taquilla, si me demuestra que a veces las cosas no ocurren por casualidad, por más que se puedan buscar excusas como el estreno simultaneo en HBO Max (para nada comparable a lo sucedido con Viuda Negra, pues ni HBO Max está tan extendido como Disney+ ni la película ha aparecido disponible en torrent hasta ahora), la pandemia (como si F9 no se hubiera estrenado en la misma época) y cosas así.

Se ha definido a El Escuadrón Suicida como una película adulta de superhéroes, como si las de Marvel no lo fueran. Para justificarlo, me gustaría preguntar a qué corresponde la definición de adulto. ¿Vamos a retroceder en el tiempo hasta esa época en la que el friki era el tipo de cuarenta años que vivía recluido en un sótano en casa de sus padres, viviendo de los videojuegos y las pizzas a domicilio y sin nada de vida social? Porque si hablamos de adultos de verdad, ¿quieren que les haga una lista e cuantos adultos conozco (y me refiero a adultos de verdad, con los cincuenta y los sesenta ya superados) que han disfrutado con todas y cada una de las películas de la saga Marvel y que, sin embargo, han abandonado El Escuadrón Suicida a media película? Porque no creo que a estas alturas definir algo como adulto se limite a poner en los diálogos chistes de penes y a reventar cabezas y tripas a cascoporro.

Recientemente he tenido la oportunidad de ver la película por segunda vez, con la esperanza de que un segundo visionado me hiciera ver las maravillas que otros han sabido descubrir en ella, pero las sensaciones han sido exactamente las mismas. Un poco de jajaja, otro tanto de jijiji y acción más o menos buena. Sí le reconozco el desconcierto que produce el no saber (más o menos) quién va a morir y quien no, sobre todo a raíz de ese arranque con un primer escuadrón (recordad que esto va ya con spoilers) que es prácticamente una masacre, incluyendo a alguno de los protagonistas de la primera entrega. Porque sí, por mucho que le han estado dando vueltas y revirtiendo títulos, esto es claramente una secuela, nada de reboot  o reinvención. Pongo en duda, eso sí, el detalle del factor sorpresa porque ya desde el principio me habría extrañado mucho que el personaje de Idris Elba hubiese muerto, ya que es el que más mola (pese a ser un clon del de Will Smith en la primera entrega, con motivación infantil incluida), lo del Pacificador ya se sabía porque hay una serie ya confirmada sobre él y que Harley Quinn no moría lo sabían hasta los más desconocedores del género. Así que al final, teniendo en cuenta que el propio director había prometido muchas muertes, pues sorpresas las justas. Eso sí, cada una de las muertes resulta impactante, y ese es un mérito que no le puedo negar al señor Gunn.

Pero estaba meditando sobre lo adulta que es la película, y por ahí sí que sigo sin pasar. Teniendo en cuenta que estamos hablando de ficción superheróica (es decir, de tipos que vuelan y van con pijamas y capas combatiendo al crimen), considero que El Soldado de Invierno sí podría ser considerada una película adulta. Quizá también Civil War, ambas por las subtramas políticas que contienen y los toques de thriller alejados del simple espectáculo pirotécnico habitual. También lo sería Logan, por su tono crepuscular y desangelado. Y podría incluir en esta lista también a Joker, si no fuera porque no la considero una película de superhéroes. De hecho, ni siquiera la considero una película sobre el Joker, pero de eso ya hablé en su momento.

Pero El Escuadrón Suicida no tiene nada de adulta. Su público objetivo es aquel que va justo en la línea de su clasificación R, pero no por su trasfondo ni profundidad, sino por las salvajadas que se muestran en pantalla (curioso como a día de hoy seguimos pudiendo ver desmembramientos y amputaciones, pero ni el transgresor de Gunn se atreve con el sexo). Es una película descerebrada enfocada principalmente a un público descerebrado que va a aplaudir cada vez que revienta una cabeza o destripan a alguien, algo más propio de las producciones B que se pueden ver en el Festival de Sitges que de una superproducción de Hollywood que, ¿de verdad ha extrañado a alguien su batacazo en taquilla? Y ¡ojo! No me estoy metiendo con la película, que lo de ser descerebrada, si es de manera consciente, no tiene nada de malo, y ya he dicho por adelantado que yo disfruté mucho con ella. Mi crítica es más bien hacia aquellos que se empeñan en ensalzarla como obra maestra, queriendo ver en ella algo que no existe.

De hecho, hay muy poco de original en la propuesta, pues Gunn no hace más que copiarse a sí mismo y repetir la fórmula de Los Guardianes de la Galaxia pasándolos por un tono de incorrección política que se asemeja bastante al de Deadpool, aunque en mi opinión sin la misma gracia.

¿Y por qué ha pasado esto? A mi modo de ver, por venganza. Simple y llanamente. Y por querer demostrar el director que a él no le tose nadie y la tiene más larga que los demás. Y es que para entender la existencia de una película tan poco comercial pero con un presupuesto tan exagerado hay que fijarse en dos factores determinantes en su creación: Primero, la condena y posterior expulsión de James Gunn de Disney (conviene diferenciar siempre, tal y como muy sabiamente ha hecho Scarlett Johansson en su demanda, entre Marvel y Disney) por unos tweets del pasado que lo dejaron sin poder hacer Los Guardianes de la Galaxia, Volumen 3 (más tarde la situación se recondujo, pero eso ya es otra historia). Segundo, la sucesión de fracasos que iba encadenando el Universo Compartido de DC, con sus dos pilares básicos, Batman y Superman, defenestrados, sus actores principales repudiados y el rumbo a seguir totalmente incierto. Era un momento en que ni siquiera la niña bonita de la compañía, Harley Quinn, funcionaba en taquilla (lo cual no ha sido impedimento para que fuese el único personaje impuesto a Gunn para esta película), con Wonder Woman y Aquaman como pequeñas balsas en pleno océano a las que aferrarse. Me estoy refiriendo a una época en la que el futuro pasaba por cosillas como Shazam mientras en la acera de enfrente hacían EndGame. Así que era el momento idóneo para que la compañía diera un manotazo sobre la mesa, presumiera de robarle a Disney uno de sus autores estrella y le diera carta blanca para hacer lo que le viniera en gana.

Así, James Gunn ha sabido aprovecharse de estos dos factores, vengándose de Disney haciendo una revisión de sus Guardianes de la Galaxia (hay que recordar que, visto el pobre bagaje en comics que los personajes tenían en aquel momento, Gunn prácticamente los construyó de la nada) pero poniendo todas las salvajadas que habría sido imposible que le dejaran poner en Disney. Ha sido como lanzar un mensaje, diciendo: «mirad, mojigatos, aquí tengo la libertad que nunca habría tenido con vosotros». Esto ha propiciado momentos muy divertidos, pero también otros pasados de vueltas que son fruto más del simple deseo de provocar por provocar que de una serie de decisiones artísticas correctas. En resumen, que James Gunn no ha hecho esta película porque ha querido, sino porque ha podido. Y en Warner, mientras tanto, posiblemente nadie se ha atrevido a pasarse ni un solo día por el set de rodaje, no sea que se fuesen a asustar, que bastante tienen ya con las versiones recortadas y redirigidas de las películas de Zack Snyder y David Ayer como para tropezar por tercera vez en la misma piedra.

En resumen, que cada vez que alguien me pregunta qué tal la película (y es que os prometo que no tengo a nadie en mi entorno que se haya decidido a pagar por verla), no tengo claro qué contestar. A mí me ha gustado, ya lo dejé claro en mi reseña, pero entiendo que no es apta para todos los estómagos. Y, como ya dije en su momento, ni tengo claro que sea la mejor película del Universo DC ni es tampoco la mejor de James Gunn. Yo, de momento, me quedo con sus Guardianes, si no es que son estos mismos con un disfraz diferente tras una mala noche de borrachera. Al fin y al cabo, supe ver cosas de Groot y Drax en la personalidad de Nanaue, mientras que apenas reconocí en su Harley Quinn a la del primer Escuadrón Suicida o Aves de Presa, sobre todo en lo que escenas de acción se refiere.

Por cierto, que estoy analizando si esto es realmente la película de superhéroes adulta definitiva y eso me lleva a otra reflexión. ¿Es siquiera una película de superhéroes? Y no ya solo porque los protagonistas sean antihéroes, lo que les da el mismo derecho a entrar en la categoría que podría tener Venom, Punisher o Blade, sino al hecho de que el cine de superhéroes (el «adulto» sobretodo) se debe a una cierta época regida, forzosamente, a un punto de realismo. Y el despiporre del villano final, esa estrella de mar gigante, puede que funcione en las viñetas, pero en una película es de un ridículo superlativo. ¿Conocen la historia de los calamares extraterrestres gigantes que aparecen al final del comic de Watchmen y que Zack Snyder eliminó en su versión fílmica? Pues sigo creyendo que fue un gran acierto, y esta película me lo demuestra. No todo vale, y el propio Gunn parecía entenderlo cuando humanizo a Ego, el planeta viviente, para Los Guardianes de la Galaxia, Volumen 2, dándole el rostro de Kurt Russell y limitándose la referencia comiquera a un breve pero glorioso plano del planeta muy aislado. Pero claro, como ahora vale todo, ¿para qué cortarse?

sábado, 4 de septiembre de 2021

Visto en Netflix: SWEET GIRL

Si nos quedamos simplemente con la sinopsis oficial de Sweet girl, la última producción de Netflix sobre un cabeza de familia que emprende una cruzada contra una empresa farmacéutica por considerarla culpable de la muerte de su esposa, podríamos pensar que estamos ante la clásica película de denuncia de esas que tanto gustan a Steve Soderbergh. Sin embargo, el hecho de que el papel protagonista recaiga sobre Jason Momoa indica que los tiros van por otro lado, y muy pronto tenemos la primera escena de acción que nos indica que estamos, en realidad,  ante una historia de venganza.

El debutante Brian Andrew Mendoza, no contento con ello, pretende ahondar en el drama familiar acompañando la acción con la complicada relación entre el padre y la hija, para terminar rizando el rizo con una carambola de guion que puede terminar de sacar de la película a muchos espectadores.

El principal problema radica en que Mendoza no es lo suficientemente hábil para las secuencias de acción, abusando de planos oscuros y un montaje atropellado. Ello provoca que, más allá del comentado giro que tampoco llega a enriquecer lo suficiente la película, las sensaciones vayan cayendo en picado, terminando por volverse un film rutinario que aporta mucho menos de lo que prometía en un momento y a la que, por una vez, el convencionalismo habría sentado mucho mejor. Hay, además, muchas escenas en principio incomprensibles, así como reacciones ilógicas de ciertos personajes que pueden llegar a comprenderse tras la revelación en la que la película lo apuesta todo, pero que cuando llega, el desinterés ya se ha apoderado del espectador, resultando ya tarde para una posible redención.

Por contra, sí se agradece el gran trabajo de Isabela Merced, de lejos lo mejor del film, llegándose a lamentar que el guion no sea más generoso con ella. Estamos ante una actriz de gran potencial, y ya deslumbró en su primer papel protagonista, siendo su presencia justificación suficiente para ver algo del tipo Dora, la exploradora.

En fin, película del montón, que va de más a menos, que fracasa en apostarlo todo a la carta de la sorpresa sin que esta funcione como debe ser.

 

Valoración: Cinco sobre diez.

Cine: FREE GUY

Dirigida por Shawn Levy (un habitual de la comedia hasta que se cruzó en el camino de Stranger things) y concebida (aparentemente) como vehículo de lucimiento para Ryan Reynols, es muy tentador equiparar Free Guy (tal y como han hecho muchos medios) como una especie de El show de Truman pero con videojuegos.

Es cierto que el referente es claro, pero puestos a comparar yo me acordé antes de El último gran héroe,  donde el protagonista descubría que en realidad era un personaje de ficción cinematográfico que en cierto momento llegaba a interactuar con su yo real, brillante Schwarzenegger. Obviando el inteligente (e incomprendido) metalenguaje del film de John McTiernan, Free Guy juega a algo parecido, acariciando también otros referentes como pueden ser Rompe Ralph o La Lego película, siendo otra más que emplea el truco ya clásico del bucle temporal de Atrapado en el tiempo de Harold Ramis.

Con tanta mezcla de referencias y evidenciando un tono visual bastante cercano a las Deadpool que protagoniza el propio Reynols, sería fácil pensar que estamos ante otro batiburrillo de referencias nerds dignas de Ready Player One con un exceso de efectos visuales agotador.

Nada más lejos de la realidad: Free Guy, con Matt Lieberman y Zak Penn firmando el libreto, demuestran que también el blockbuster sin más finalidad que la de entretener merece un buen guion. Y es que todo lo que estos dos señores proponen termina por traducirse en un acierto tras otro.

Por un lado,  tenemos un personaje protagonista que podría resultar cargante, pero cuya escritura y la aportación de Reynols lo convierten en alguien con quien se empatiza desde el primer momento. Además,  no es tan omnipresente como se podría imaginar y el coprotagonismo de Jodie Comer así como el uso en roles secundarios de Lil Rel Howery, Joe Keery y Utkarsh Ambudkar permite ampliar la aventura hacia la crítica social, la conspiración empresarial, los influencers gammers, el drama y hasta da cabida a una trama romántica muy sencilla pero encantadora.

Pero esto de lo que realmente va es de pasárselo bien, y desde luego que Free Guy lo consigue, creando una emocionante aventura en la que los protagonistas deberán salvar la propia existencia de un mundo que toma muchas cosas prestadas a Grand Theft Auto con un sentido del humor desternillante. Son muchos los cameos de famosetes que animan el cotarro, pero la última gran baza del film es la presencia de Taika Waitiki en el papel de villano.

Sumémosle a esto unos FX de primera que saben estar al servicio de la historia, apabullantes pero sin llegar a agotar nunca y un clímax final mucho menos descontrolado de lo que cabría esperar,  y el resultado es que estamos ante la propuesta más divertida, refrescante y aconsejable del verano.

 

Valoración: Ocho sobre diez.

Visto en Netflix: NUEVO SABOR A CEREZA

No voy a negar que es muy sencillo encontrar las virtudes de la nueva serie que está triunfando en Netflix, pues Nuevo sabor a cereza, la extraña y arriesgada propuesta de Nick Antosca y Lenore Zion a partir de una novela de Todd Grimson, es tan extraña, aterradora y adictiva que resulta difícil, de entrada, no quedar atrapado en sus redes.

Con el Hollywood de los años noventa como telón de fondo, la serie sigue la historia de Liza Nova (Rosa Zalazar), que tras filmar un impactante y sorpresivo corto se encuentra ante la oportunidad de convertir su idea en una película.

No conviene desvelar mucho más de su argumento, pues los giros y las sorpresas son claves en la producción, pero conviene destacar que el submundo creado por Antosca y Zion abre las puertas a un sinfín de referencias cinematográficas que harán las delicias de los más entendidos. Con claras reminiscencias a las peores consecuencias del movimiento #metoo, estamos ante el Hollywood de los Coen y De Palma, con ecos tan evidentes como enfermizos del Cronenberg más retorcido y con cabida para homenajes tan dispares como al añorado George Romero. Es, sin embargo, el toque surrealista e incluso absurdo de David Linch el que ejerce de pegamento de la función, como si el autor de Mulholand Drive o Carretera Perdida fuese un maestro de ceremonias invisible pero omnipresente.

A esto hay que añadir el desconcierto que generan los giros de un guion que, más allá del tema de la venganza y el empoderamiento, no se sabe muy bien nunca hacia dónde va.

Sin embargo, partir de unos buenos elementos de base no siempre es garantía de éxito, y Nuevo sabor a cereza es un claro ejemplo. Sus ocho episodios se me antojan excesivos para lo que desea contar (me habría encajado más un formato miniserie de apenas tres o cuatro capítulos), y la necesidad de reinventarse en cada giro termina provocando un agotamiento que deriva en una peligrosa indiferencia hacía lo que el destino prepare a la protagonista (excelente Salazar, por cierto), más cuando determinadas acciones restan dramatismo a las consecuencias del mismo.

No puedo poner muchos ejemplos de detalles que han terminado por generar esta apatía en mi por no caer en el spoiler, pero puedo poner como ejemplo el uso de la casa donde vive la antagonista de la historia, al principio un lugar de pesadilla que invita al desasosiego pero que según avanza la serie, por una simple cuestión de abuso, se convierte casi en un chiste, con infinidad de personajes entrando y saliendo de ella como Pedro por su casa, cual vodevil del tres al cuarto.

No me voy a quejar del final abierto o de los detalles que quedan sin explicar, pues forman parte del juego, pero sí de ciertas decisiones relativamente arriesgadas de guion  que terminan por caer en saco roto, desafiando aún más la paciencia del espectador.

En resumen, una propuesta diferente, extraña y arriesgada, pero que en mi caso fue de más a menos para rozar la desidia en su tramo final, obligando a ver los últimos episodios más por completar la historia que por verdadera necesidad.

domingo, 15 de agosto de 2021

Artículo: DE VUELTA AL TRABAJO

Llevo ya demasiado tiempo sin actualizar mi estado ni comentar por aquí nada relacionado con mi faceta como escritor. Es cierto que a las vacaciones veraniegas (que hoy mismo empiezo) se le ha sumado mi permiso de paternidad, lo que si bien me ha dado un montón de tiempo libre, a cambio… Bueno, soy padre primerizo, ¿qué os voy a contar?

Por si fuera poco, en este tiempo ha habido algún que otro sustito con ingreso hospitalario por medio, mudanzas, obras en casa… Eso por no contar con los retrasos en los quehaceres diversos provocados por los confinamientos comarcales de final de primavera.

Y luego está sacar algo de tiempo para el blog, por supuesto, que no os puedo dejar abandonados sin más…

Pero el que no hayáis tenido noticias mías desde el día de la presentación de Sanguijuelas no significa que no haya ido trabajando a mayor o menor ritmo. Los que me seguís por redes ya habéis tenido algún adelanto, pero prefiero resumir las novedades que hay (de momento) de cara a la próxima temporada en esta entrada para satisfacer a curiosos.

Por un lado, las ventas de Sanguijuelas van relativamente bien, teniendo en cuenta que se trataba de una reedición de una historia que ya auto publiqué en Amazon. Además, algunas bibliotecas de la zona (más concretamente de Badalona) me lo han comprado y parece que la acogida entre los lectores ha sido muy buena, teniendo incluso lista de espera de hasta dos meses para poderlo llevar en préstamo.

Será Sanguijuelas la novela principal a llevar a la Feria del Libro de Madrid, que se celebra entre el 10 y el 26 de setiembre. Célebre Editorial tendrá un stand compartido con la editorial Maluma, concretamente el 306, y yo no podía perdérmelo. Allí estaré, firmando libros, los días 23 de septiembre (jueves) de seis a siete de la tarde y 26 de septiembre (domingo), de dos a tres del mediodía. Como digo, allí me presentaré con Sanguijuelas bajo el brazo, pero por supuesto que también habrá ejemplares de Mundo Muerto por si alguien quiere recuperarlo, que con lo que se está alargando esta pandemia, sigue de rabiosa actualidad. ¿Habéis escuchado las teorías de los conspiranoicos americanos según la cual las vacunas van a derivar en un virus zombi? Ellos ponen como ejemplo la fabulosa historia de Richard Matherson (aunque en realidad se trata más bien de vampiros) Soy Leyenda, y hasta el guionista de la versión cinematográfica ha tenido que desmentir tal posibilidad a través de twitter. Sí, es algo muy ridículo, pero yo por si acaso me leería Mundo Muerto, no vaya a ser que…

Existe una tercera posibilidad, aunque a día de hoy es algo muy remoto. Se trata de mi nuevo trabajo, la primera novela completamente inédita publicada por Célebre Editorial que tiene el evocador título de El hombre de trapo mataba por amor. Ya están hechas las correcciones finales y solo falta ultimar un par de detalles de la portada para enviarla a imprenta. Si va a estar a tiempo para Madrid es una incógnita, aunque me consta que desde la editorial están haciendo todo lo posible. Sea como sea, cuando sí está previsto que esté recién salida del horno es el día Uno de Octubre, cuando se haga la presentación oficial de la obra, nada más u nada menos que en la librería Alibrí, en pleno corazón de la ciudad condal. Además, será una presentación especialmente emotiva, pero ya habrá tiempo para hablar de ello.

El caso es que una de las preguntas que más me hacéis es sobre la segunda entrega de Guerras de Sangre, la saga que inauguré con Sanguijuelas. Como ya he comentado muchas veces, El hombre de trapo mataba por amor no pertenece a esa saga, ni se engloba en el terreno más aterrador y sobrenatural de mis dos primeras obras, pero no os preocupéis. La continuación de la saga está más cerca de lo que podáis pensar.

Tanto, que ya puedo adelantaros que llevo bastante adelantada la novela, y espero que 2022 vuelva a ser un año vampírico. De regalo, os dejo una imagen de cómo me estoy documentando para la novela, para que podáis empezar a jugar a las especulaciones.

Y esas son todas las novedades por ahora. Pronto habrá cosas nuevas, como la edición de Mundo Muerto en formato eBook y otras iniciativas igualmente interesantes, pero ya os lo iré comentando a medida que llegue el momento.

Aquí lo dejo. Voy a regresar un rato a mi mundo de chupasangres durante los pocos momentos en los que sea capaz de renunciar a disfrutar de mi pequeñajo y mi preciosa mujer. Que al final, aunque no lo parezca, las vacaciones pasan en un suspiro…

sábado, 14 de agosto de 2021

Visto en Netflix: KINGDOM: LA HISTORIA DE ASHIN

Con tan solo dos cortas temporadas, Kingdom es una de las series más interesantes y prestigiosas de Netflix. Esa combinación entre la Corea feudal (concretamente durante la Dinastía de Joseon) y apocalipsis zombi, con intrigas palaciegas de por medio, es una garantía de éxito, y aunque la historia principal quedaba más o menos cerrada al finalizar la segunda temporada, la aparición de un nuevo personaje en el tramo final dejaba las puertas abiertas para más historias alrededor de las resurrecciones provocadas por la planta reminiscente con la aparición de un nuevo personaje femenino.

Ahora, a modo de regalo inesperado (y espero que anunciando la llegada de una tercera temporada), Netflix ha estrenado un episodio especial de más de hora y media de duración en la que se nos explicará toda la historia de esa muchacha, llamada Ashin.

Así, Kingdom: la historia de Ashim, es un spin-off que funciona casi como película independiente, donde durante mucho tiempo los conflictos políticos pesan más que la propia epidemia zombi, a la vez que el personaje de Ashim, al que conocemos desde que era niña, emprende una venganza personal que marcará, y mucho, los acontecimientos de esa ansiada tercera temporada.

Uno de los méritos principales de la propuesta consiste en que funciona de manera perfecta sin necesidad de haber visto la serie completa, mientras que el diseño de producción esta tan cuidado o más que en la serie principal.

Puede que en algún momento se pueda echar en falta algo más de acción, sobretodo en el primer tercio de película, pero es el peaje que se debe pagar por conocer con profundidad los entresijos de este mundo que aún no ha oído hablar de la epidemia provocada por la dichosa planta.

El resultado es una hora y media de entretenimiento de primer nivel, con Jun Ji-hyun llevando todo el peso de la acción y prometiendo muchas más sorpresas para el futuro.