domingo, 18 de octubre de 2026

DECONSTRUYENDO SAGRADA FAMILIA: MAGIA

Estamos ante las que considero una de las canciones "menores" del disco. No porque no le tenga el mismo cariño que a las demás, sino porque, en un momento en el que no imaginé que fuese a escribir tantos temas con los que sentirme satisfecho, busqué por los cajones hasta encontrar alguno de esos poemas que os comentaba el otro día que le escribía a Arelys en ocasiones especiales y darle forma de canción. 

Es por eso por lo que Magia es un tema breve, sin estribillo, al que, por aquello de juguetear un poco, he querido darle forma de balada heavy. Otra pincelada del amor que siento por mi esposa. 



Aquí tenéis la letra: 


Magia no es acertar una carta de tu baraja 

ni partir a una dama por la mitad 

no es sacar un conejo de la chistera 

Magia es contemplarte cada despertar. 


Belleza no es un paisaje en primavera 

ni admirar al sol de madrugada clarear 

no son las curvas de ninguna mujer 

Belleza es contemplar tu pupila al brillar. 


Amor no es escribir una canción 

ni comprar flores en Navidad 

no es el juego de los besos y el sudor 

Amor es tenerte por siempre jamás. 

sábado, 17 de octubre de 2026

DECONSTRUYENDO SAGRADA FAMILIA: EL HOMBRE DEL BIGOTE NEGRO.

Cualquiera que conozca a mi familia de cerca no necesitará más que este título para identificar al personaje. El hombre del bigote negro es una oda a mi padre, a Benito Medina Merino, ese muchacho que se fue de su Bañuelos natal a buscarse las castañas a Barcelona y, sin nada más que sus ganas de trabajar y su confianza, logró labrarse una vida maravillosa al lado de la mujer que lo amo hasta el día en que murió y a su hijo que no tenía más deseo que hacer que se sintiera orgulloso.  

Un recorrido por su vida y sus haceres, un retrato fiel y cariñoso a un buen hombre, tozudo y cariñoso, cuya imagen irá siempre unida a la de su bigote, al cigarro a medias en el cenicero, a la crónica del partido de futbol en el Sport, a las conservas que vendía (Conservas Pay Pay, mejores no hay) o al huerto que cuidaba con mimo.  

La vida nos lo arrebató, pero ahora está junto a la mujer por la que habría dado su vida y esta canción tiene el capricho de que su historia sea ahora eterna.  

Como reza la última estrofa: "Siempre te querré, papá". 




La letra:  


Te burlabas del maestro de escuela  

La vida era tu universidad  

Das siempre más de lo que esperas 

Nunca corres si no hay necesidad  

El pueblo se te hizo pequeño  

Y emigraste a la gran ciudad  

Con una maleta y un sueño,  

Equipaje de usar y tirar 


Y así fue como ese niño que jugaba a ser mayor  

Creó todo un imperio forjado en el amor.  


Tu familia, tu fortaleza,  

Tu manera de vivir  

Tu honradez, tu entereza,  

Tu Fe para resistir.  

Tu espíritu de sacrificio  

Tu amor incondicional  

La rebeldía era tu vicio  

Tu voluntad era tu libertad. 


Sembrabas tus propios vientos  

Sin cosechar tempestad  

Que no te vengan con cuentos  

Terca es tu voluntad.  

Te construyeste tu vida  

Según tu propio guión  

Tú mujer, la más querida,  

Tu hijo era tu ilusión. 


Y así fue como ese chico que jugaba a ser mayor  

A su modo fue un triunfador  


Tu familia, tu fortaleza,  

Tu manera de vivir  

Tu honradez, tu entereza,  

Tu Fe para resistir.  

Tu espíritu de sacrificio  

Tu amor incondicional  

La rebeldía era tu vicio  

Tu voluntad era tu libertad. 


Adicto a la carretera  

Gurú del mundo conservero  

Un bar de gasolinera  

Y un debate futbolero  

Bigote negro, gafas de sol  

Cigarro a medio fumar  

Un cubata de ron  

Un huerto para cuidar. 


Y así fue como ese señor que jugaba a ser mayor  

Un día, sin previo aviso, nos dijo adiós.  


Tu familia, tu fortaleza,  

Tu manera de vivir  

Tu honradez, tu entereza,  

Tu Fe para resistir.  

Tu espíritu de sacrificio  

Tu amor incondicional  

La rebeldía era tu vicio  

tu voluntad era tu libertad. 


Fuiste nuestro beneficio 

Siempre te querré… papá 

miércoles, 14 de octubre de 2026

DECONSTRUYENDO SAGRADA FAMILIA: CONTIGO APRENDÍ.

Si este hubiese sido un disco comercial convencional, Contigo aprendí sin duda habría sido el single de presentación. No solo reúne los valores y el espíritu del álbum, sino que es su verdadera razón de ser.

Yo acostumbro a escribir algunas líneas a mi pareja, Arelys, en momentos especiales, como un cumpleaños o alguna fecha significativa, algunas veces en forma de poema. Este año, sabiendo que existen herramientas para ello, pero desconociéndolas por completo, se me ocurrió la idea de la canción. Indagando por el mundo de la IA descubrí la manera de hacerlo, no dictando simples ordenes, sino logrando un mínimo de involucración en el momento de la construcción musical, y así fue como le regalé la canción Contigo aprendí, una canción que resumía nuestra historia juntos. Y me gustó tanto el juego que me motivó a seguir componiendo letras de canciones y a darles forma. Y el resto, como se suele decir, es historia.




Aquí tenéis la letra:


La luna llena de septiembre

Iluminaba tu sonrisa

Yo no buscaba nada

Y te encontré junto a mi almohada

El roce de tus labios

Era una cálida brisa

Yo te dije: te quiero

Embriagado por tu mirada


Los calores del verano

Siempre vienen con tormentas

Pero después de la resaca

Llega el sol de madrugada

Me declaré con un anillo

Dos tesoros me regalaste

Seis fue la suma de dos

Caminando por la hondonada


Contigo aprendí

Qué es posible volver a ser feliz

Que nunca hay que renunciar

A las cosas bellas de la vida

A ganarle la partida

A mí oscuro corazón


Y compramos una casa

A dos pasitos del cielo

Con un jardín que regamos

Con lágrimas de felicidad

Recordamos que los celos

Solo envenenan el alma

Y los cambiamos por momentos

De simple complicidad


Contigo aprendí

Qué no veía más allá de mi nariz

Que nunca hay que renunciar

A dar la vuelta a la tortilla

A poner la otra mejilla

Y creer en el amor.

lunes, 12 de octubre de 2026

SEGUIMOS SUMANDO

Ya ha pasado casi un mes y medio desde el lanzamiento de Sagrada Familia y la acogida ha sido muy positiva. Gracias a todos los que le habéis dado una oportunidad al disco.

Como prometí, pronto habrá novedades, pero antes es hora de quemar los últimos cartuchos. Por eso, en los próximos días haré un análisis de todas las canciones, incluyendo un enlace a youtube (de momento no hay video clip como tal, sorry), para que podáis escucharlas sin limitaciones de suscripciones.

Aprovecho para recordaros que, aunque Spotify siga siendo la reina de la fiesta, las canciones de Sagrada Familia están disponibles también en Amazon Music, iTunes y Apple Music, aparte de en otras plataformas menos habituales como YouTube Music, Deezer, Tidal, Pandora, Qobuz, Napster o iHeartRadio. Aparte de eso, las canciones están disponibles en Instagram y Facebook para utilizarlas en reels o Stories, en Tik Tok y Resso para usar como fondo de videos y en Snapchat, en su biblioteca de sonidos. Y se pueden identificar en plataformas como Shazam, Tencent Music (QQ Music, Kugou, Kuwo), NetEase Cloud Music, Boomplay y Peloton/TouchTunes. Como vereis, más variedad, imposible.

Así que ya sabéis, en espera a las inminentes novedades... ¡no dejéis de darle al play!

domingo, 30 de agosto de 2026

DÍA DE ESTRENO

 Pues sí, hoy es 30 de agosto. Al fin llegó el día.

En estos momentos mi primer álbum musical, firmado bajo el nombre de Botija, está disponible en las principales plataformas musicales. 

Recordad que se trata de un álbum repleto de canciones con mis letras y cuya composición musical he creado mediante tecnología IA. Un simple divertimento para poder escuchar como sonarían mis composiciones en boca de ¿otros? que, de paso, me sirve para homenajear desde el corazín a mi familia.

Un disco que, pese a la parte artística que le resta la tecnología, está hecho desde el corazón, y quye deseo de corazón que os guste.

https://open.spotify.com/album/614gQ8VlPp4OnoRtjfHvAb

Si os gusta, os agradecería compartáis el enlace en vuestras redes sociales. Cuanto más gente lo conozca, más podrán disfrutarlo. O no, ya se verá.

Espero vuestras reacciones.

miércoles, 26 de agosto de 2026

HABEMUS CARÁTULA

Llegó el momento de desvelar el misterio: 

Os presento la carátula de SAGRADA FAMILIA, el primer disco firmado bajo el nombre de Botija.

La imagen de portada, con una evidente referencia al arte cristiano, resume lo que se condensa en mis canciones, una serie de poemas de amor, dolorosos algunos, sobre lo que para mí es lo más sagrado: la familia, agrupada en su círculo más íntimo (todos los demás estáis siempore presentes, no lo dudeis), en mi mujer y mis hijos. Y con la presencia, cómo no, de esos dos ángeles que velan por nosotros desde el cielo.

Una imagen con la que he querido aunar misticismo y devoción con un toque artístico y elegante que espero que os guste.

Y no paseis por alto el detalle de las dos letras resaltadas en rojo. Como ya dije en su momento, la sinceridad ante todo.

El día 30 de agosto, si no hay ninguna incidéncia técnica, espero confirmaros ya la presencia de mis canciones en las principales plataformas, en un disco con doce temas y un bonus track auspiciado por el sello Tekiero3000 Rekords que deseo sea de vuestro agrado.

Está creado, os lo garantizo, desde el corazón. Espero que se me note.

domingo, 16 de agosto de 2026

NOVEDADES CALENTITAS (Y MUSICALES)

La principal obligación, puede que incluso necesidad, de un creador es la de crear. Y dejar de hacerlo puede ser tan doloroso como la peor de las enfermedades. Siempre he dicho que yo no soy un escritor, sino un contador de historias, y nunca me ha importado el género en el que me debía mover. Así, con mejor o peor suerte, he escrito novelas, relatos, micro-relatos, poesías y guiones que de una u otra manera han llegado a ver la luz.

Hay otra temática con la que alguna vez había coqueteado, pero que nunca llegó a salir de mis cajones: la música. No sé componer, ni mucho menos cantar, e incluso a la hora de bailar, como dice la canción del gran Fito, soy sordo de un pie. Pero siempre he tenido el gusanillo de escribir textos destinados a convertirse en canción y, aunque hubo un tiempo, décadas atrás, en las que en complicidad con mi gran amigo (aparte de escritor y compositor) Carlos Abreu, tanteamos la posibilidad de trabajar en una especie de maqueta juntos, la realidad se impuso y el juguete no salió hacia delante.

Ahora que el tiempo se ha convertido para mí en un bien escaso y que las tres novelas que tengo en desarrollo siguen esperando turno en mi lista de prioridades (ya les tengo asignadas fechas en mi mente, pero no me atrevo a revelarlas aquí por no decepcionaros –ni decepcionarme a mí mismo- una vez más), la escritura de canciones se ha convertido en mi nuevo pasatiempo, impulsado además con el detalle de que gracias a la IA es posible comprobar cómo quedarían esas canciones si hubiesen traspasado mi libreta hasta llegar a un micrófono.

Puedo imaginar algunas de vuestras reacciones: ¿IA? ¡Dios mío, que horror! En otras condiciones estaría de acuerdo. Agradezco la existencia de la IA como herramienta de ayuda, valorando la facilidad con la que me permite conseguir información para una novela o para algún ejercicio práctico de la vida cotidiana, nunca como sustituto de la intervención de un profesional de verdad, y dejando de lado las implicaciones industriales y la posible pérdida de puestos de trabajo (debate que no tiene cabida en este post), pero su uso en el mundo del arte (y perdonad la presunción de llamar arte a esto que yo hago), puede rozar lo obsceno. Una máquina no puede (o no debe, al menos) sustituir al talento humano, a la creatividad, a la genialidad. Jamás publicaré una novela o relato escrita por IA, y mucho menos haciéndola pasar como propia. Y lo mismo sirve para cualquier otro ámbito artístico. Me ofendo cuando descubro una canción, un vídeo, un texto, creado artificialmente y tratando de ser camuflado. Por eso yo, en este nuevo proyecto que trato de presentaros, quiero ir con la verdad por delante y dejar las cosas bien claras.

Yo no soy productor musical. No tengo, más allá del mencionado Abreu o del también compositor Xavi Artero, conocidos dentro del mundo musical. No quiero vender mis letras a terceros ni ganar dinero con mis temas. Solo quiero, como ya he dicho, crear. Y la mejor manera de crear, desde la humildad y la modestia, y cumplir el capricho de ver como sonarían mis letras con una buena voz e instrumentalización, es con ayuda de la IA.

El proceso es relativamente sencillo, pero no tanto como apretar simplemente un botón, como se pudiera pensar (aunque se escuchan canciones que quizá sí estén realizadas con esa sencillez). Tras la escritura de la letra debo acceder a un programa de IA para que componga la música. Para ello le doy una serie de instrucciones precisas, cuyo resultado no suele coincidir con lo que tengo en mente, Por ello es necesario realizar correcciones, hacer arreglos, buscar planteamientos nuevos, pedir cambios de instrumentos, experimentar con géneros, unificar voces... Después, toca una pequeña labor de producción, sin ningún parecido con al profesional, por descontado, pero que implica remasterizar los temas, eliminar espacios en blanco, nivelar volúmenes tema por tema... decidir títulos, crear portadas (de nuevo la ayuda de la IA es de agradecer, pero las ideas deben estar ahí), y por fin, conseguir un puñado de canciones que den forma a lo que se podría llamar un primer álbum.

Voy a ser franco. Mi idea inicial era, simplemente, regalarle una canción a Arelys, mi esposa, por su cumpleaños. Pero ya me conocéis: cuando me meto con algo no se parar, y al final he terminado, casi sin darme cuenta, con cerca de medio centenar de canciones que han terminado por gustarme más que la mayoría de las cosas que se escuchan por las radios más comerciales. No digo con esto que sean mejores (aunque el claxon del coche de atrás cuando el semáforo se pone en verde ya puede ser mejor que muchas de las canciones de ahora), sino que, por algún motivo (y no creo que sea simple onanismo), a mí me gustan más. Y dado que la poca gente que ha tenido la ocasión de escucharlas me ha transmitido sensaciones positivas, me he decidido a ir más allá y convertirlas en mi nuevo proyecto (sin que eso signifique que vaya a abandonar la escritura, eso que quede claro) y compartirlas con vosotros por si, como poco, os apetece echaros unas risas con ellas.

Dato importante: como mi intención a día de hoy es la de publicar en plataformas varios discos (tengo de momento material para cuatro), he decidido hacer un juego con los títulos de manera que, como ofrenda de paz y muestra de mi sinceridad, todos ellos contengan las letras IA resaltadas en rojo. Más claro, imposible.

Por cierto, que para este nuevo entretenimiento he apostado por un nombre diferente (no sé si lo de artístico sea correcto). Como ya he explicado en alguna ocasión, el hecho de firmar mis libros como David Medina B. es porque en muchas plataformas (Amazon sin ir más lejos), el uso del segundo apellido puede llevar a confusión, interpretando el sistema que mi primer apellido es, en realidad, mi segundo nombre, al estilo americano. Por ello, y para rendir tributo a mis raíces maternas, mis composiciones llevarán la siguiente firma: Botija. Espero que os guste la idea.

En fin, que tras mucho tiempo sin escribir por aquí quería hacer una entrada para anunciaros este nuevo juguete, por s a alguien le apeteciera degustarlo, que estará disponible en Spotify y otras plataformas musicales a partir del de agosto y que, en esta primera ocasión, es un homenaje a mi familia, a todo aquello que me da fuerzas en el día a día (y algún quebradero de cabeza, ¿por qué no decirlo?).

Si os apetece, estaré encantado de conocer vuestras reacciones. Si no, no os preocupéis. Tarde o temprano espero poder anunciar novedades editoriales.

Nos leemos (y ahora también escuchamos), pronto.

miércoles, 23 de octubre de 2024

El Vals más triste del mundo es también el último.

La estrofa de uno de los clásicos de Sabina, incluido en su disco más extraño y de premonitorio título, Enemigos íntimos, rezaba así: «El primero en sacarte a bailar un vals, el vals de la tristeza más triste del mundo».

Eso fue en 1998, un año antes de que, con cuarenta y diez años, escribiera una canción donde detallaba su funeral y testamento. Aclaraba, eso sí, que lo hacía sin prisas, y «que el traje de madera, que estrenaré no está siquiera plantado». Después de eso, aún tendrían que llegar más discos, una depresión, otra colaboración (esta vez con final feliz) junto a «su primo, el Nano», una aparatosa caída, muchos conciertos y continuas demostraciones de su «mala salud de hierro».

Hasta ahora.


Esta semana, en la que parecía que todo iba a girar alrededor de la ruptura entre Leyre y el resto de componentes de La Oreja de Van Gogh  (creando un debate casi violento entre los defensores de Leyre y los de Amaia Montero que a punto estuvo en dividir a las dos Españas, un enfrentamiento a la altura del que hay entre seguidores de La Revuelta y El Hormiguero), va el bueno de Don Joaquín y nos obsequia por sorpresa con un tema nuevo, presentado en forma de videoclip que, según ha asegurado, va a ser el último de su carrera. No solo eso. Además, va acompañado por la noticia de que va a iniciar una potente gira llamada «Hola y… Adiós» que supondrá su despedida definitiva de los escenarios.

Sería fácil pensar que Sabina iba a ser uno de esos artistas que no se iba a retirar nunca (y estoy convencido de que como compositor no lo podrá hacer, aunque lo pretenda) pero el genio de Úbeda se ha propuesto marcarse su propio destino y decidir cuándo y cómo despedirse de su gente. Y lo ha hecho por lo grande, con una maestría en forma de canción de despedida que, junto con unas imágenes maravillosamente filmadas por Fernando León de Aranoa (quien ya llevara parte de la historia de Joaquín a los cines con su documental Sintiéndolo Mucho), logran emocionar hasta límites insospechados.

En El último vals, Sabina habla, con el corazón en la mano, directamente a su público, mirándolo a los ojos y haciendo un rápido balance de su historia, disfrazándolo todo en forma de conversación de bar (¿qué mejor lugar para despedirse de la música o, en definitiva, de la vida?) y rodeado por algunos de los amigos que han marcado sus últimos años.

Sabina ha querido imaginarse, posiblemente, como podría ser su propio funeral y ha invitado a aquellos que sabe que no van a faltar a que se despidan de él en vida. Momentos como el de Leyva mirando desde un lateral mientras por el opuesto aparece Serrat para darle un  afectuoso beso a Joaquín, justo antes de que este les dedique su ripio más agradecido («Tú, que corriste a rescatarme de las llamas, tú, que pusiste paz en mi ciudad sin ley, tú, que aprendiste en mis electrocardiogramas que hace tiempo que no sigo siendo el rey») ponen la carne de gallina, y la sucesiva aparición de amigos, abrazándose entre sí como si se tratara de un ansiado reencuentro largo tiempo pospuesto invitan a pensar si el Sabina del videoclip no es ya un fantasma del pasado, un fantasma de una vida de excesos y descontrol pero también de genialidad y buenos amigos. El bar que Aranoa nos presenta es el lugar ideal para esa reunión de amigos y familiares (no faltan tampoco «la viuda» Jimena o las dos «huérfanas», Carmela y Rocío) en una despedida en la que el fantasma del difunto (nótese el juego de planos que ofrece Aranoa, alternando los momentos en los que Sabina está rodeado «de los de siempre» con aquellos en los que está en completa soledad, más allá de un barman que bien podría ser su Caronte ideal) se sorprende, con alegría, al encontrarse con su alma gemela de sus comienzos, un Javier Krahe que nos dejó hace ya casi diez años sin tiempo para tan magistral epitafio.

La canción, pausada en su arranque, va ganando fuerza y rabia conforme avanza, desprendiéndose de la melancolía inicial para mutar en una declaración de intenciones. Sabina no canta a sus amigos, solo los disfruta. Sabina canta, en el fondo, como siempre lo ha hecho, a sus fans, a sus seguidores, a sus acólitos. Nos apunta directamente con el dedo y nos lanza una última advertencia llena de esperanza: «Aún guardo un último vals para ti».

El último vals no es, en fin, una canción triste, sino un inventario de recuerdos y sentimientos que da una lección de vida a todo aquel que la escucha. Lo triste no es envejecer y morir. Lo triste es no saber cómo enfrentarse a ello. Sabina ya ha bailado varias veces con «la pálida dama» y sabe que no debe temer nada de ella. Es mejor, en su lugar, coger el toro por los cuernos y decirle a la cara que cuando «se encapriche con él y lo lleve a dormir siempre con ella» no estará solo. Y es por ello por lo que vivirá por siempre en nuestros recuerdos y en el de sus grandiosas, insuperables canciones.

Ya lo dijo en sus comienzos. « Aquí he vivido, aquí quiero quedarme». Pues eso, maestro, aquí te quedarás para siempre. No en Madrid, sino en nuestros corazones, que es mejor lugar que «a mitad de camino entre el infierno y el cielo».

viernes, 8 de marzo de 2024

CASI UNA EXPERIENCIA RELIGIOSA...

Los que me conocen podrían confirmar que soy un hombre al que le gusta el comer. El buen comer, añadiría yo. Eso se traduce en que tengo unos baremos de exigencia razonables, aunque no necesariamente exquisitos. El otro día, sin ir más lejos, callejeando por Madrid, caí en un restaurante de menú donde me sirvieron un solomillo con salsa de cabrales para chuparse los dedos. Una delicia, vamos, que hace que se me salten las lágrimas solo con recordarlo.

Paralelamente, siempre he desconfiado de la alta cocina, siendo uno más en sumarme al descrédito que para mucho merecen esos platos tan elaborados que se podrían describir como una pulguita comestible en medio de una vajilla inmensa, convenientemente decorada con una pincelada de algún sirope o vinagreta. Platos de diseño que, en apariencia, no podrían aspirar jamás a saciar el apetito pero sí a vaciar el bolsillo del desprevenido comensal. Bueno, desprevenido tampoco, que quien va a un sitio de estos que presumen de estrellas Michelín en sus puertas ya sabe a lo que va.

Siempre he desconfiado (me he burlado, incluso) de lo que yo llamaba cocina de postureo. 

Hasta la semana pasada...

Quisieron las circunstancias que, sin comerlo ni beberlo, me encontrase yo a las puertas del Ravioxo, que con una estrella Michelín es uno de los restaurantes del designado por dos años consecutivos como mejor cocinero del mundo Dabiz Muñoz. Iba alertado ya de las virtudes del lugar, pero ello no impedía que un deje de desconfianza me acompañara en mi primera visita a un local de alto standing. Ubicado en una zona gourmet de unos populares grandes almacenes, el espacio es relativamente pequeño, aunque con unos juegos de espejos que evitan cualquier sensación de claustrofobia, mientras que la cocina abierta, junto a una elegante barra de bar donde se preparan los cócteles, ayuda a dar una confortable sensación de amplitud. El personal, como cabría esperar, es muy amable y atento y hay una continua sucesión de camareros que presentan con detalle los platos, aderezándolos con valiosos consejos sobre el orden de pedir los platos o incluso la forma de degustarlo. Todo muy bien, pero a la hora de la verdad lo que cuenta es la comida. Y eso es lo que estaba yo esperando.

Pues resulta que la comida me dio, directamente, una bofetada en la boca, y aquellos a los que consideraba yo pomposos y abusivos con las florituras son los que me dieron una completa cura de humildad que invita a que, a partir de ahora, vea de forma diferente a este tipo de establecimientos.

Debo empezar diciendo que el cheff Dabiz Muñoz es, literalmente, un mago. Sus platos se basan en una composición imposible de ingredientes de diversas culturas (en Ravioxo predomina la pasta oriental) que de forma milagrosa casan con un virtuosismo asombroso. 

Es fácil pensar que pueda tener un plato estrella (de hecho, su postre de pastel fluido con chocolate blanco bien merecería serlo), pero tras una degustación de casi quince platos me resultaría imposible quedarme solo con uno. Pasta de la resaca con pollo frito, ravioli frío escabechado, cocido Hong Kong Madriz… Delicias diversas que explotan en la boca produciendo una mescolanza de sabores y sensaciones que hacen de la jornada gastronómica toda una experiencia. Tal es el desconcierto placentero que producen los platos que obligan a forzar, ya superada la sorpresa, una segunda visita para disfrutar sin limitaciones de las creaciones de Muñoz que tan bien saben reproducir (no les restemos nada de mérito) los fabulosos cocineros del local. Tal es la maravilla de la propuesta que incluso algo tan básico como el pan para acompañar las salsas se convierte aquí en una deliciosa dona frita china que emparejada a un pan de gambas y una salsa de guacamole con toques lácteos, se convierte en pieza indispensable para saborear cada plato hasta dejar el plato reluciente.

Y para beber, olvidaos de vinos caros ni, por supuesto, agua, que es necesaria pero no para saciar la sed sino para limpiar el paladar tras cada plato y así degustar sin inconvenientes el siguiente. Y es que casi al mismo nivel de genialidad que la comida se encuentran los cócteles, también creaciones del galardonado cheff, que enmascara de genialidad bebidas clásicas, como la Kaipirinha bola de nieve, o reinventa el propio concepto de bebida, como Bola de Dragón Z, sin olvidar sabores imposibles como el cóctel Melón con Jamón.

Una vez sentados a la mesa y rendidos ya al arte del creador, es hora de disfrutar del arte de los camareros, de la presentación de los platos, de la exclusividad del hielo de las bebidas (ejemplo sencillo de cómo se cuida hasta el último detalle) y del descubrimiento de algún que otro secreto, como el tiempo de elaboración de algún plato (que puede llegar a ser de varios días) o las veces que se ha cocinado determinada carne para encontrar el punto exacto de ternura.

Como cantaría Enrique Iglesias, la visita a Ravioxo fue casi una experiencia religiosa, y como tal lo quería reflejar aquí, en homenaje a todos los implicados en el local que tanto me hicieron disfrutar a la par que me abrieron los ojos ante un mundo nuevo al que tenía muy estigmatizado.

Cierto es que la cuenta no está al alcance de todos los bolsillos (aunque tampoco es algo exagerado, menos en proporción a lo que ofrecen), pero es una experiencia que recomiendo a todo el mundo, algo que debe probarse al menos una vez en la vida. Yo soy de esos que ni siquiera sabría decidirme si alguien me preguntara por mi comida favorita, aunque podría recordar algún plato concreto que me haya marcado a lo largo de mi vida (que puede ser desde algo tan básico como una taza de consomé en un una refugio de montaña en medio de la nieve, los nachos con carne de mi amada esposa o el solomillo con cabrales que mencioné al principio de mi escrito), pero si hablásemos de una comida en general, desde la bebida que hacía de aperitivo hasta el último postre, no creo exagerar si digo que la de Ravioxo fue la mejor comida de mi vida. Así de rotundo me muestro: La mejor comida de mi vida. Y así lo quería transmitir aquí, como modesta forma de agradecer a los culpables de semejante deleite su dedicación.

Si algún día soy condenado a muerte, ya sé a quien encargaré mi última cena.

Buen provecho.

miércoles, 1 de noviembre de 2023

Simplemente... Chloe

 Siendo yo erudito de la literatura de terror, desde el clasicismo de Poe al hiperactivismo de King, pasando por las demencias alucinógenas de Lovecaft, y a fin de cuentas de que mi primogénito ya me había obsequiado concediéndome el capricho de nacer precisamente en el día del libro, se me vino el antojo carpenterniano de que para mi segundo vástago la noche de Halloween sería la más idónea. Quiso, por tenerme contento más que nada, la buena de la madre sufrir sus primeras contracciones reales en tan alegre fecha, mas el parto no se concretó hasta entrada la ya mañana. Así fue como mi pequeña, frágil, delicada Chloe me dio mi primera lección de vida, rechazando la artificiosidad de un evento hollywoodense que mancillaba una tradición de origen celta para sustituirla por el mucho más patrio día de Todos los santos ( que precede a la noche de difuntos), haciéndome rememorar aquella adolescencia injustamente olvidada en la que bebía los vientos (o me cortaba las venas, según correspondiese) por los textos de Becker.


Así, cambiando los machetes de Michael Myers por los espectros del monte de las animas y las calabazas macabras por las castañas y boniatos humeantes, mi muñequita le ha llorado por primera vez al mundo un uno de noviembre a las ocho y treinta y seis minutos, con casi tres kilos con seiscientos gramos de peso y una estatura de cincuenta centímetros. Rebosante de salud, es un nuevo ángel en mi inmerecido séquito, una musa más dispuesta a guiar mis textos pese a mi absoluta vagancia literaria.

Chloe es hija del deseo, del amor y de la ilusión, y la bendición que supone tenerla ya conmigo es tan solo equiparable al regalo que recibí hace apenas treinta meses con su hermano Noah o unos años atrás con la llegada de su madre, mi musa primigenia.

Y con ellos, y gracias a ellos, puedo comprobar también el regalo que supone los amigos y la familia que tengo alrededor. Y eso me convence de que, pese a todo, este mundo al que Chloe acaba de llegar puede ser maravilloso.


sábado, 26 de agosto de 2023

DE MACHIRULOS Y FEMINAZIS...

Está a punto de cumplirse una semana exacta de lo que debería haber sido un acontecimiento inolvidable, algo digno de celebrar y recordar con los años y por lo que, ¿por qué no?, presumir al salir de nuestras fronteras. Y en lugar de eso, tenemos otro episodio de vergüenza ajena, con el mundo entero mirándonos con un dedo acusador en una mano mientras con la otra tratan de ocultar una mal disimulada sonrisa de sorna.

Me refiero a todo lo del asunto Rubiales, por supuesto, pero no solo a eso. Y es que todo lo que rodea a la consecución de nuestro primer mundial de futbol femenino (repito y recalco en mayúsculas por si alguien lo había olvidado ya: MUNDIAL) me está dando mucho asco. Un Mundial que más de uno estará pensando ya que ojala no lo hubiéramos ganado. A eso estamos llegando…

Sé que mis opiniones pueden resultar polémicas y que a lo mejor me gano algún que otro enemigo con ellas, pero a estas alturas poco me importa ya. No voy a meterme, eso sí, en el charco de criticar o defender al señor Rubiales. Lo que hizo me pareció feo y su reacción más fea todavía, pero es que este hombre carga con un currículo detrás que poco nos puede sorprender ya. Por otro lado, los cambios de opinión de Jenni Hermoso tampoco me parecen muy sensatos, mientras que definir lo que pasó (muy reprobable, insisto) como agresión me parece algo exagerado. Su reacción en el momento, al menos, no tuvo punto de comparación a la cara de incredulidad y asco de Halle Berry tras la entrega del Oscar a Adrien Brody. Aquello si habría sido un escándalo de haber sucedido en esta época. Pero insisto, no quiero opinar más sobre el tema porque nadie más que la implicada sabe lo violento que le resultó o no, y cada minuto que pasa hay declaraciones o acusaciones nuevas que dan giros propios de una peli mala inspirada en Agatha Christie.

Inciso: ¿Qué pasaría si alguna jugadora de sentimientos republicanos o independentistas se hubiese sentido violentada por los efusivos abrazos no consensuados de la Reina de España? ¿Sería más o menos lo mismo?. Fin del inciso.

El caso es que, más allá del beso, todo lo que vino después del levantamiento de la copa me dio mucho asco, desde las feminazis sacando pecho por méritos ajenos hasta los machirulos que van a aprovecharse de todo esto para sacar los colores a los que de verdad luchan por la igualdad.

Me explico: lo de Rubiales pudo estar mal, muy mal, ser delito incluso. Pero, ¿había tanta prisa por condenarlo y ejecutarlo? (¿sospechas de que tiene muchos enemigos en las sombras afilándose los dientes?). En Tailandia todavía están buscando celda para Daniel Sancho y aquí ya se ha dictado veredicto. Así, tras cinco minutos hablando de deporte, todos los telediarios (cada vez más parecidos a programas del corazón) se han volcado en ondear banderas feministas y machacar al agresor, olvidando a quién deberían apuntar los focos. Casi desde el minuto uno personajes como Irene Montero han errado el tiro y han empezado a aprovecharse de la situación para colgarse una medallita a todas las mujeres y una condena a todos los hombres muy fuera de lugar. Y luego, viviendo en tiempos de un correccionismo político absurdo, han salido cientos de palmeros acusando al villano, indignados y heridos en su honor, aunque apuesto a que hasta anteayer no sabían ni quien era la Hermoso en cuestión.

Ojo, que nadie me malinterprete. Apoyo el feminismo como el que más, si es que esto se traduce en luchar por una igualdad salarial y laboral y luchar por defender unos derechos que no deberían  distinguir entre sexos, razas o religiones. Pero no el feminazimo en el que todo vale por el bien de la causa. Lo del domingo, lo miren por donde lo miren, no fue un éxito del feminismo. Fue un éxito de un equipo de fútbol (femenino en este caso) que ha ganado muy merecidamente un campeonato. Recuerdo, por si alguien lo había olvidado, que ganase quien ganase el título lo iban a levantar unas mujeres, ¿o es que las inglesas no tenían derecho a demostrar su feminismo? Otra cosa es que con el título se aproveche para dar más visibilidad al fútbol femenino y dar un paso más para echar del mundo del fútbol (por algo se empieza) a esos energúmenos que iban a los campos solo a insultar. Mucho se ha avanzado desde la época del mítico anuncio de Guaraná, ¿lo recordáis? Y aún queda camino por recorrer.

¿Y por qué me molesta que sean las mujeres y su empoderamiento quienes se estén llevando todos los méritos y elogios? Os daré once razones: Cata Coll, Ona Batlle, Irene Paredes, Laia Codina, Olga Carmona, Aitana Bonmatí, Teresa Abelleira, Jenni Hermoso, Alba Redondo, Salma Paralluelo y Mariona Caldentey. ¿Queréis más razones? Ahí van alguna más: Misa Rodríguez, Enith Salón, Ivana Sanz, Oihane Hernandez, Rocío Gálvez, Irene Guerrero, Alexia Putellas, María Pérez, Claudia Zorzona, Esther González, Eva Navarro y Athenea del Castillo. ¿Os suenan? Las once titulares y las suplentes que el domingo ganaron la copa del Mundo de Fútbol y de las que poco o nada se habla ya. Y no, no me las quiero dar de listo. Yo, como la mayoría de vosotros, no conocía a casi ninguna. Pero lo triste es que va a seguir siendo así. Era inevitable que su gloria durase un puñado de días. O hasta que a Barça y Madrid les tocase jugar sus partidos de liga, pero gracias a las feminazis y los machirulos ni siquiera eso se han podido llevar. Un día, a lo sumo, duraron las alabanzas. Los medios las han vuelto a condenar al ostracismo. Y todo por no saber disfrutar, por una vez, de una sufrida y meritoria victoria y, una vez homenajeadas como es debido, ponerse a limpiar la casa. Y entonces sí habría aplaudido a quien quisiera ejecutar a Rubiales, si es lo que al final merece.

Porque a la postre, lo que han conseguido Irene Montero y compañía, en su absurda exaltación del feminismo y la justicia, es que tras la victoria más grande de la historia de un grupo de mujeres sólo se hable de un hombre.

Y así no vamos bien.