En
ningún momento ha tratado el director Álvaro Díaz Lorenzo de disimular la
influencia de comedias familiares francesas como Dios mío, pero ¿qué te hemos hecho? para la confección de Señor, dame paciencia, pero también se
notan demasiado las sombras de las chanzas sobre tópicos regionales propios de Ocho apellidos vascos y su secuela o el
conflicto intergeneracional entre padres y yernos que tan bien funcionaba en la
reciente Es por tu bien.

María,
la madre, es el pegamento de esta familia en frágil equilibrio, y tras su
muerte todo podría romperse definitivamente si no fuese por su última voluntad
de ser incinerada y que sus cenizas se arrojen en Sanlúcar de Barrameda en
compañía de todos los integrantes del hogar familiar.

Al
final, Señor, dame paciencia no es más que una sucesión de caras bonitas,
paisajes más bonitos aún y música resultona. No hay nada en la película de
Álvaro Díaz Lorenzo que resulte ingenioso ni novedoso y, como en tantas otras
comedias del montón, los mejores (y casi únicos) gags cabe encontrarlos en el
mismo tráiler. Tampoco es que las interpretaciones ayuden demasiado, no sé si
por falta de calidad o por falta de convicción, aunque el recurso de utilizar a
David Guapo para un papel relativamente protagonista en un intento de repetir
la carambola de Dani Rovira les ha salido rana.
En
fin, comedia de verano, aunque demasiado triste y amarga que se puede disfrutar
como postal vacacional de Sanlúcar y poco más. Se pueden ver las buenas
intenciones y el intento de contagiar el buen rollo (que no debería haberlo, ya
he dicho que es todo demasiado blanco) al espectador, pero con buenos propósitos
no se rellena una película.
Valoración:
Cinco sobre diez.
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