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domingo, 10 de abril de 2016

HERMANÍSIMAS: Comedia gamberra en baja forma

Amy Poehler y Tina Fey son dos reconocidas humorísticas en los Estados Unidos además de muy buenas amigas y no es Hermanísimas su primera colaboración cinematográfica juntas, aunque posiblemente sí la más relevante. No son, sin embargo, grandes reconocidas en nuestro país, y por ello que la película haya pasado bastante desapercibida en nuestras carteleras.
Hermanísimas es la clásica historia sobre el síndrome de Peter Pan, esta ver representado en dos hermanas que, aprovechando la venta de la casa en la que se criaron, deciden montar una fiesta en la que recordar us años de juventud, intercalando de paso sus roles de antaño: la divertida y alocada por un lado y la responsable y formal por el otro.
En la línea de las clásicas gamberradas americanas, se agradece que la escatología y vulgaridad que parece obligatoria en estas crónicas se haya rebajado hasta convertirla casi en una comedia familiar, más en comparación con algunas “cosas” estrenadas recientemente, pero se le hecha en menos, en cambio, un poco más de mala baba, de acidez en sus gags y de originalidad en su planteamiento.  Hermanísimas carece de la garra y la fuerza necesaria para merecer ser recordada más allá de su salida de las salas de cine, no pasando de ser una comedia simpática y agradable de ver, algo ñoña en su moralina final y cuyas únicas bazas reales son la química entre las dos protagonistas y la presencia de dos ilustres veteranos como James Brolin y Dianne Wiest.
Por ahí, haciendo el canelo, deambula también alguna que otra cara reconocible, tales como John Leguizamo, John Cena o Maya Rudolph y con Ike Barinholtz como interés romántico.
Cine de consumo, para ver y olvidar, adecuada para una tarde de domingo lluviosa pero poco más. No será, desde luego, el trabajo por la que serán recordadas estas dos artistas del Saturday Night Live y otros productos televisivos.

Valoración: cinco sobre diez.

domingo, 21 de diciembre de 2014

AHÍ OS QUEDÁIS * (5d10)

Esta es una de esas películas que a simple vista se podría catalogar como de comedia romántica, pero que tras un rápido vistazo se descubre que el fondo es mucho más dramática que cómica, por lo que encajaría perfectamente en ese género no oficial acuñado sobre todo por comunicadores del postcasting que es la dramedia.
Partiendo de la premisa, no demasiado original, de la muerte del padre, la familia vuelve a verse las caras para el funeral, sin saber que la última voluntad del difunto era la de que sus allegados celebren en su honor el shivá (un velatorio judío pese a que la mayoría de ellos no comulguen con esa práctica), lo que los obligará a pasar más días de los esperados juntos, con los consabidos enfrentamientos y revelaciones de trapos sucios varios.
Capitaneados por la siempre espectacular (y visiblemente artificial) Jane Fonda, la película pretende ser una reflexión intimista sobre los lazos familiares, resultando simpática y entrañable y provocando ocasionalmente alguna sonrisa sana (y e que siempre es sano reírse cuando los problemas son de los demás).
Algo flojea, sin embargo, en esta producción aleccionadora sobre la vida y la muerte que tiene como protagonista a un acartonado Jason Bateman, un tipo acostumbrado a las comedias pero con una expresión demasiado amarga para soportar el peso de las mismas. Esta genial como hombre atribulado al que la vida maltrata con sorna, pero necesita alguien a su lado para elevar el tono cómico, como le sucedía con Melissa McCarthy en Por la cara o con Jennifer Aniston, Jason Sudeikis y compañía en Cómo acabar con tu jefe. Y la presencia en el reparto de nombres como Tina Fey o Rose Byrne no es ayuda suficiente si el guion no les da la oportunidad de apoyar el trabajo de Bateman como sería necesario.
Quizá la falta de convicción en su banda sonora, otro elemento imprescindible en este tipo de comedias, tampoco ayude a consolidar el ritmo de la narración, echándose de menos algún momento videoclipero donde la balada de turno proporcione la emotividad allá donde las interpretaciones de sus actores no alcanzan a hacerlo.
Se trata, por supuesto, de una comedia muy blanca, lo cual es de agradecer, huyendo conscientemente del humor zafio y vulgar de los Farrelly o Apatow de turno, aunque al buscar una profundidad poco dada en su filmografía el director Shawn Levy renuncia también a su propio estilo más visual y absurdo que tan buenos resultados le ha dado en la saga, por poner un ejemplo de su extensa filmografía, de Noche en el museo, tratando de acercarse más a la escuela de Richard Curtis
No es una mala película. Entretiene y por momentos divierte, pero falla en su ritmo, proporcionando una sensación de vacío en algunos momentos del metraje. No deja de ser, en definitiva, una comedia americana tratando de emular a las comedias británicas, y eso propicia que el resultado final se asemeje a la copia de algo que no terminan de saber llevar a buen puerto.
O quizá todo se deba, ya conocéis todos mis fobias, a no haber podido disfrutarla como corresponde, en pantalla grande.