Mostrando entradas con la etiqueta Nicolas Winding Refn. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nicolas Winding Refn. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de octubre de 2016

Sitges 2016: THE NEON DEMON

Si ya es difícil enfrentarse a una película de Nicolas Winding Refn como espectador, reflexionar sus trabajos y plasmar una opinión en papel (o en digital, como es el caso) es casi un atrevimiento demencial.
Recordado siempre por la publicidad como “el director de Drive”, ya que esa es su película más comercial (y ya tiene narices llamar comercial a Drive), The neon demon está más cerca de la locura visual y estética de Sólo Dios perdona, aquel exceso de imágenes hipnóticas y argumento imposible. No soy muy fan de esa anterior película (todavía tengo pesadillas con el policía cantando en el karaoke), por más que quedé prendado de su fotografía y por la interpretación de Kristin Scott Thomas, y The neon demon va por el mismo camino, por más que hay algo en su ritmo y en la estructura narrativa que me convence más que Sólo Dios perdona.
La historia de la chica humilde que lo deja todo por perseguir un sueño es un argumento muy manido ya pero que no por ello ha dejado de seducir a grandes directores de la historia. Adrian Lyne hizo Flashdance, Paul Verhoeven lo endureció en Showgirls y Darren Aronofsky lo llevó al extremo en Cisne negro. Precisamente en la magnífica película con Natalie Portman y Mila Kunis la metáfora de la rivalidad entre aspirantes al trono de la fama se transformaba en realidad en una espeluznante escena en la que la Portman mutaba literalmente en el Cisne de su obra, y eso es lo que ha hecho Nicolas Winding Refn en The neon demon, llevando esa metáfora a extremos inimaginables y superando todos los límites que uno se pueda imaginar.
The neon demon es, por supuesto, una película muy compleja, de esas que hay que visionar dos o hasta tres veces para aspirar siquiera a comprenderla. Es un compendio de ideas alrededor del mundo de la moda y de las top models incómodo y desagradable, con subtramas retorcidas que engrandecen el conflicto a la par que confunden al espectador.
Toda la película es en sí un delirio visual, un coctel de ideas que no siempre funcionan individualmente pero que desgarran el alma e inquietan el espíritu vistas en su conjunto. No es una película perfecta ni se espera (yo no lo espero, al menos) una película perfecta de NWR (como él mismo firma), pero sí alimenta la imaginación más de lo que lo hiciera Sólo Dios perdona. Es habitual que este tipo de producciones genero odios y pasiones, y las críticas llegadas hasta ahora van en esa línea: desde dieces absolutos a ceros catastróficos. Yo, como suele sucederme, me encuentro en un camino algo más intermedio, reconociendo el tedio que aflora en algún momento de la historia y el desconcierto de su trama, pero esta vez he conseguido dejarme llevar por la demencia musical y colorista de NWR y he aceptado coger de la mano a Elle Fanning y acompañarla en su descenso a los infiernos, a descubrir la cara amarga de la fama y la gloria, las envidias, la sordidez y la soledad que esta atrae y la corrupción de su propia alma.
No acostumbro a aceptar las películas que no logro entender, y más allá de la metáfora salvaje que desemboca en un final estremecedor, es posible que muchas de las tramas se pierdan en un guion que de tan complejo que pretenda ser termina por volverse confuso y complicado, pero por una vez acepto el reto y me limito a dejarme llevar. Esta vez, no importa lo que me cuentan, sino el cómo. Al final, la historia ya la conocemos de sobras. Y NWR consigue que la despiadada crítica al mundo de la moda que hiciera Robert Altman en Pret-a-porter parezca una película Disney al lado de lo que aquí se muestra. La obsesión por la belleza eterna, convirtiendo al bisturí en la nueva herramienta de la fe, tiene algo del humor negro de La muerte os sienta tan bien, pero alcanzando límites insospechados que la convierten en algo único y extraño.
The neon demon es desagradable, oscura, incómoda, cruel y salvaje, pero también absorbente, adictiva y enfermizamente bella.

Valoración: Siete sobre diez.


domingo, 17 de noviembre de 2013

SÓLO DIOS PERDONA (5d10)

Antes de empezar a analizar esta película permitídme divagar unos instantes sobre la ética que siguen las distribuidoras a la hora de publicitar sus estrenos. Entiendo y comparto que para ellas lo primero es recaudar el máximo posible, pero ¿a cualquier precio? ¿Incluso atrayendo al cine a gente a la que no le va a interesar nada su película? Digo esto por cómo se ha anunciado Sólo Dios perdona, resaltando a Ryan Gosling en el cartel, alejado de florituras y excesos visuales lumínicos y de color como en el original, y vendiéndola como “la nueva película del director de Drive”, buscando así a todo aquel que disfrutó de aquella magnífica película.
Y sin ser nada de ello falso, lo cierto es que muchos son los que se han sentido engañados con la nueva obra de Nicolas Winding Refn, llegando muchos incluso a abandonar las salas de cine a mitad de la proyección, aunque para ser justos tantos otros son los que la ensalzan como a una obra maestra.
Dicen de Nicolas Winding Refn que es el nuevo David Lynch, y a juzgar por Sólo dios perdona podría parecerse mucho, con lo que ya para empezar no va a conseguir atraerme. Cierto es que se trata del director de Drive, pero nada tiene que ver esta película con aquella, aparte de su protagonista, y no porque el realizador haya decidido dar un cambio de estilo, sino porque era precisamente en Drive donde abandonó alguno de sus tics habituales, volviendo en Sólo dios perdona a sus fobias particulares.
Pero eso no lo avisa el cartel.
Sólo dios perdona es una fábula sobre la venganza, repleta de sexo (sugerido) y violencia (explícita) en una enfermiza ciudad de Shangay, que explica como Billy viola y mata a una adolescente sin motivo alguno y el comisario de policía Chang incita al padre a que se cobre la justicia por su mano para después castigarlo también a él. Cuando la madre de Billy entra en escena (deslumbrante y odiosa Kristin Scott Thomas) obliga a su otro hijo Julian (Ryan Gosling) a que vengue a su hermano, iniciando entonces una reacción en cadena de sangre y vísceras.
Interesante historia que en manos de cualquier director más convencional (y no me refiero ya a taranti8no, sino a cualquiera de sus imitadores) sería un exceso de violencia sin más, pero que Nicolas Winding Refn convierte en un álbum fotográfico de pasillos interminables, luces de neón y planos de Gosling (el actor que hizo de la mirada perdida un arte del cual ya comenzamos a estar cansados), logrando hastiar al espectador con su pasividad, eso sí, hipnótica.
Difícil de definir, es una película a la que puedes odiar o amar, aunque yo he conseguido encontrar el camino intermedio, pues la encuentro tan aburrida rítmicamente como visualmente hermosa. Una de esas películas que todo buen aficionado debería ver, aunque solo sea para poder echar después pestes de ella.

Y odiar un poco más el karaoke.