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sábado, 19 de agosto de 2017

LA TORRE OSCURA, soportable como película, horrible como adaptación

La Torre Oscura es la más ambiciosa obra del escritor Stephen King. Una saga compuesta originariamente por siete volúmenes escritos entre 1982 y 2004 al que siguió un cuarto libro publicado en el 2012 además de un relato corto incluido en el compendio Todo es eventual y una serie de comics guionizados por Peter David con supervisión y aprobación del propio King.
Cuento esto para que se pueda entender el basto alcance de esta obra literaria, más de 4.200 páginas que Nikolaj Arcel y Akiva Goldsman pretenden condensar en apenas 95 minutos, algo casi ridículo para un blockbuster actual (prácticamente la mitad que otros títulos de este verano como Transformers:el último caballero o Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas). Pero, ¿es realmente La Torre Oscura una adaptación de la saga de King?
Volviendo a El viento por la cerradura, esa novela con la que King recuperó a sus personajes ocho años después de concluir la saga, o a Las hermanitas de Eluria, historia auto conclusiva sobre Roland, la película protagonizada (es un decir) por Idris Elba parece eso, una narración aislada englobada en ese mundo fantástico a medio camino entre Tolkien y Sergio Leone (entre otras muchas referencias reconocidas), incoherente si no se conoce a la perfección el universo que lo rodea.
Analizada simplemente como película, obviando la fuente en la que se inspira, La Torre Oscura es una obra entretenida, con buenas interpretaciones (Elba está muy bien en su papel de Pistolero mientras que Matthew McConaughey parece pasárselo en grande con su rol de villano). No hay, sin embargo, un desarrollo de personajes o una base argumental sólida para comprender de qué se está hablando. El espectador puede disfrutar de la película como un niño de cinco años disfruta de Del Revés (Inside out), por ejemplo, pudiendo entretenerse e incluso divertirse, pero sin entender nada de lo que está pasando. De igual manera, aquí no se acaba de comprender quienes son los Pistoleros, no hay razón para la villanía del Hombre de Negro ni se sabe de dónde salen esas bases secretas que tiene, se menciona a un Rey Carmesí sin dar más datos… De hecho, ni siquiera se explica qué demonios es La Torre Oscura. Todo esto en un film que, más allá de sus ambiciones iniciales, no tiene forma de inicio de saga, quedando su final aparentemente bien cerrado. Si han querido dejar preguntas al aire (como de hecho sucedía en la primera novela de King), no lo parece.
Analizada como una adaptación cinematográfica (y así habría que hacerlo, ya que la campaña publicitaria se ha encargado de resaltar mucho más el nombre de Stephen King que el de los propios Elba o McConaughey), la película es un verdadero desastre. No hay aquí nada de la complejidad que se encontraba en las novelas, ni argumentalmente ni en cuanto a sus personajes. No tiene la épica que ocultan los libros, pero tampoco el drama, el humor o la crueldad que habita en ellos. Nikolaj Arcel combina, eso sí, elementos de acción y comedia (e incluso sutiles toques de terror), pero lo hace de manera confusa y aleatoria, y su respeto hacia el maestro del terror parece limitarse a las múltiples referencias (master eggs se llaman ahora) que pululan por el film. El primer error, a mi entender, es el simple hecho de dar más protagonismo al personaje de Jake Chambers (correcto Tom Taylor) que al propio pistolero, a la par que abusar de las escenas en Nueva York (que en los libros no aparece hasta la segunda novela). Si de verdad se pensaba hacer una saga cinematográfica (y esos eran los planes iniciales, cuando Ron Howard estaba al frente y Javier Bardem era firme candidato como actor), habría sido más sencillo limitarse a adaptar solo la primera novela (también la más sencilla de convertir en película) y dedicarse a presentar a unos personajes (sobre todo el de Roland de Gilead) con calma y profundidad.
La Torre Oscura no es, al fin, el desastre absoluto que se decía por ahí, pero sí una gran decepción y una película anodina y simplona, bien filmada, pero sin apenas momentos verdaderamente meritorios (quizá la escena en la que Roland dispara a ciegas es la más lograda, totalmente desvelada antes de tiempo en el tráiler). Y eso que el apartado visual lo tenía fácil para destacar, teniendo en cuenta que algo que enriquece mucho las novelas de King son las ilustraciones de Michael Whelan o Phil Hale, que bien podrían haber servido directamente como concept art al film.
Y aunque siempre es complicado adaptar una saga literaria (más cuando cuenta con una legión de fans tan grande como esta), podrían haber tomado como base lo que se hizo en su momento con El Señor de los Anillos o Harry Potter, que supieron arriesgar y desde el primer momento sabían lo que querían hacer y cómo, en lugar de querer condensar en una sola película elementos de todas las novelas, añadiendo además personajes nuevos y transformando tramas a placer.
En fin, habrá que ver si la baja taquilla y las malas críticas impiden las supuestas continuaciones. De momento, la serie televisiva (donde también aparecerá Idris Elba) sigue en marcha.
Yo, por mi parte, con lo de moda que está esto de hacer reboots de sagas de manera casi instantánea, firmo ya por el reinicio de esta.

Valoración: cinco sobre diez.


viernes, 9 de diciembre de 2016

FIESTA DE EMPRESA: otro desmadre descafeinado

Fiesta de empresa llega con el propósito de convertirse en la comedia gamberra de estas navidades, un repertorio de locuras a cuál más extrema que puede parecer una unión entre Como acabar con tu jefe (por aquello del tema laboral como telón de fondo y por contar ambas con Jason Bateman y Jennifer Aniston en sus filas) y la trilogía de Resacón en las Vegas.
Y digo propósito porque, aun a expensas de saber qué otros estrenos nos esperan de aquí a final de año, lo cierto es que ni resulta tan gamberra ni mucho menos es lo loca que se cree.
Todo arranca con la amenaza de recortes (o incluso cierre) de la sucursal de una empresa de productor informáticos dirigida por Clay (el hijo del fallecido fundador de la misma) amenazado por la directora ejecutiva, que para colmo es su propia hermana, cargada de ira y traumas infantiles por haber sido Clay el favorito de papá. Para tratar de salvar la empresa, Clay, con la ayuda un tanto forzada de Josh y Tracey, dos de sus mejores empleados, a la par que amigos, decide organizar una fiesta navideña antológica con la intención de convencer a un potencial cliente para que trabaje con ellos. Naturalmente, las cosas se irán de madre y el descontrol será casi legendario.
Ya el tráiler nos anticipaba cómo iba a terminar la cosa, un caos destructivo que, insisto, recuerda mucho al arranque de Resacón en Las Vegas, por lo que la única gracia de la historia es saber cómo se ha llegado a ello (ya que la conclusión final de la trama empresarial es fácil de adivinar). Con Jason Bateman (en su clásico papel de contrapunto del personaje cómico, un tipo formal e incapaz de tomar riesgos y saber divertirse) y Olivia Muun como principales motores de la acción, la película se completa con una serie de caras conocidas que son referentes importantes del mundo de la comedia. Pero, por esta vez, eso parece jugar más en contra de la película que en favor, ya que como sucediera con la española Villaviciosa de al lado, da la sensación de que todos son conscientes de que la fuerza del film está en sus actores y se menosprecia totalmente el apartado de guion.
No es que la historia sea mala, que tampoco es eso, pero estamos ya tan acostumbrados a ver fiestas que se van de las manos, desmadres y todo tipo de excesos en las comedias americanas (y últimamente incluso españolas) que es difícil sorprender, y los chistes no son tan ingeniosos ni divertidos como para sostener una película que, al final, solo se agarra a alguno de sus actores para mantener el interés. La película no es en ningún momento aburrida, llegando por momentos a ser incluso algo emocionante, pero reír lo que se dice reír… bien poquito, la verdad. Sí invita a la sonrisa constante y se puede llegar a encontrar a algún personaje más o menos entrañable, pero de ahí al cachondeo que se anunciaba dista un mundo.
Y de nuevo, como en Como acabar con tu jefe, es el personaje de Jennifer Aniston (o precisamente por el hecho de ser de Jennifer Aniston) quien, pese a su condición de secundario, mejores momentos se lleva.
Sin la acidez corrosiva que necesita una comedia gamberra, pero tampoco conteniendo ninguna moraleja a la que agarrarse como buena comedia blanca, la cosa está en tierra de nadie, quedándose a medio camino sin que se sepa muy bien qué pretendían contarnos sus directores. Es como si se limitaran a empalmar gags uno tras otros, intentando hacer gracia por el simple hecho de apabullar con sus despropósitos y olvidando que normalmente, y este es un claro ejemplo, más es igual a menos.
Si este es el nivel de las películas navideñas de este año… cuanto vamos a echar de menos a John Hughes.

Valoración: Cinco sobre diez.

jueves, 20 de octubre de 2016

Sitges 2016: THE NEON DEMON

Si ya es difícil enfrentarse a una película de Nicolas Winding Refn como espectador, reflexionar sus trabajos y plasmar una opinión en papel (o en digital, como es el caso) es casi un atrevimiento demencial.
Recordado siempre por la publicidad como “el director de Drive”, ya que esa es su película más comercial (y ya tiene narices llamar comercial a Drive), The neon demon está más cerca de la locura visual y estética de Sólo Dios perdona, aquel exceso de imágenes hipnóticas y argumento imposible. No soy muy fan de esa anterior película (todavía tengo pesadillas con el policía cantando en el karaoke), por más que quedé prendado de su fotografía y por la interpretación de Kristin Scott Thomas, y The neon demon va por el mismo camino, por más que hay algo en su ritmo y en la estructura narrativa que me convence más que Sólo Dios perdona.
La historia de la chica humilde que lo deja todo por perseguir un sueño es un argumento muy manido ya pero que no por ello ha dejado de seducir a grandes directores de la historia. Adrian Lyne hizo Flashdance, Paul Verhoeven lo endureció en Showgirls y Darren Aronofsky lo llevó al extremo en Cisne negro. Precisamente en la magnífica película con Natalie Portman y Mila Kunis la metáfora de la rivalidad entre aspirantes al trono de la fama se transformaba en realidad en una espeluznante escena en la que la Portman mutaba literalmente en el Cisne de su obra, y eso es lo que ha hecho Nicolas Winding Refn en The neon demon, llevando esa metáfora a extremos inimaginables y superando todos los límites que uno se pueda imaginar.
The neon demon es, por supuesto, una película muy compleja, de esas que hay que visionar dos o hasta tres veces para aspirar siquiera a comprenderla. Es un compendio de ideas alrededor del mundo de la moda y de las top models incómodo y desagradable, con subtramas retorcidas que engrandecen el conflicto a la par que confunden al espectador.
Toda la película es en sí un delirio visual, un coctel de ideas que no siempre funcionan individualmente pero que desgarran el alma e inquietan el espíritu vistas en su conjunto. No es una película perfecta ni se espera (yo no lo espero, al menos) una película perfecta de NWR (como él mismo firma), pero sí alimenta la imaginación más de lo que lo hiciera Sólo Dios perdona. Es habitual que este tipo de producciones genero odios y pasiones, y las críticas llegadas hasta ahora van en esa línea: desde dieces absolutos a ceros catastróficos. Yo, como suele sucederme, me encuentro en un camino algo más intermedio, reconociendo el tedio que aflora en algún momento de la historia y el desconcierto de su trama, pero esta vez he conseguido dejarme llevar por la demencia musical y colorista de NWR y he aceptado coger de la mano a Elle Fanning y acompañarla en su descenso a los infiernos, a descubrir la cara amarga de la fama y la gloria, las envidias, la sordidez y la soledad que esta atrae y la corrupción de su propia alma.
No acostumbro a aceptar las películas que no logro entender, y más allá de la metáfora salvaje que desemboca en un final estremecedor, es posible que muchas de las tramas se pierdan en un guion que de tan complejo que pretenda ser termina por volverse confuso y complicado, pero por una vez acepto el reto y me limito a dejarme llevar. Esta vez, no importa lo que me cuentan, sino el cómo. Al final, la historia ya la conocemos de sobras. Y NWR consigue que la despiadada crítica al mundo de la moda que hiciera Robert Altman en Pret-a-porter parezca una película Disney al lado de lo que aquí se muestra. La obsesión por la belleza eterna, convirtiendo al bisturí en la nueva herramienta de la fe, tiene algo del humor negro de La muerte os sienta tan bien, pero alcanzando límites insospechados que la convierten en algo único y extraño.
The neon demon es desagradable, oscura, incómoda, cruel y salvaje, pero también absorbente, adictiva y enfermizamente bella.

Valoración: Siete sobre diez.