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domingo, 23 de junio de 2019

CRIMINALES EN EL MAR

Parece ser que el binomio formado por Adam Sandler y Netflix va para largo, y en vista de los buenos resultados cosechados no es de extrañar. Su última película juntos, Criminales en el mar, ha batido récords de descargas en su primer fin de semana y es ya un título referente entro de la plataforma de streaming.
Ya sabéis que no soy especialmente defensor del humor de Sandler, habitualmente zafio y chabacano, pero debo reconocer que en esta película está mucho más comedido que de costumbre, adoptando un tono blanco y sutil que sin duda decepcionara a los fans de su faceta más gamberra pero que permite conectar con un público mucho más amplio (polémicas nacionalistas aparte que no voy a tratar aquí por lo ridículas que me parecen).
Como evidente homenaje a las historias detectivescas de Agatha Christie, Criminales en el mar sitúa a un matrimonio americano de clase media y plena crisis existencial (que ni ellos mismos han sabido identificar) en medio de un yate de lujo paseando por el Mediterráneo donde se está orquestando una gran tragedia familiar entre un millonario y sus ricos herederos. Como ya sabe bien el aficionado a este tipo de historias, untar a gente adinerada alrededor de un testamento no suele ser buena idea y alguien va a morir, dejando al resto como firmes sospechosos, incluyendo a ese matrimonio tan fuera de lugar que harán las veces de investigadores (versión torpe de Poirot o Marple) como de principales sospechosos.
Al final todo deriva en un batiburrillo de situaciones bastante bien llevadas, un juego del Cluedo que rememora el Asesinato en el Orient Express (homenaje final incluido) y donde no pueden faltar un montón de figuras de renombre apoyando a Sandler, que aquí no es tanto el centro de atención como en otras ocasiones y reparte contino los focos, en especial quien ya fuera su pareja ficticia en Sígueme el rollo, una Jennifer Aniston que estaba perdiendo ya parte de su magia como reina de la comedia americana. Junto a ellos, grandes actores que parecen pasárselo aquí realmente bien, como Luke Evans, Gemma Arterton, Dany Boon o Terence Stamp, demostrando que, pese a hablar de una comedieta de Netflix, estamos ante un producto bien trabajado. Ya su director, Kyle Newacheck, había destacado en ¡Game over, tío!, la música es de Rupert Gregson-Williams, habitual del cine de Sandler, pero también autor de las composiciones de AquamanWonder Woman o Hasta el último hombre, y el guionista es nada más ni nada menos que James Vanderbilt, autor del libreto de ZodiacThe amazing Spiderman o La Verdad, su interesante debut como director.
En fin, que estamos ante una comedia de situación con muchos enredos, paisajes de postal, lujos envidiables y tontadas varias que se entremezclan con diálogos inteligentes y logra que la mezcla entre el absurdo y la efectividad brille, permitiendo que el invento funcione y se consiga un estimable entretenimiento al que tampoco hay que pedirle demasiado.
Cine de evasión cumplidor y ameno y apto para ver en familia. ¿Para qué pedir más?


Valoración: Seis sobre diez.

viernes, 9 de diciembre de 2016

FIESTA DE EMPRESA: otro desmadre descafeinado

Fiesta de empresa llega con el propósito de convertirse en la comedia gamberra de estas navidades, un repertorio de locuras a cuál más extrema que puede parecer una unión entre Como acabar con tu jefe (por aquello del tema laboral como telón de fondo y por contar ambas con Jason Bateman y Jennifer Aniston en sus filas) y la trilogía de Resacón en las Vegas.
Y digo propósito porque, aun a expensas de saber qué otros estrenos nos esperan de aquí a final de año, lo cierto es que ni resulta tan gamberra ni mucho menos es lo loca que se cree.
Todo arranca con la amenaza de recortes (o incluso cierre) de la sucursal de una empresa de productor informáticos dirigida por Clay (el hijo del fallecido fundador de la misma) amenazado por la directora ejecutiva, que para colmo es su propia hermana, cargada de ira y traumas infantiles por haber sido Clay el favorito de papá. Para tratar de salvar la empresa, Clay, con la ayuda un tanto forzada de Josh y Tracey, dos de sus mejores empleados, a la par que amigos, decide organizar una fiesta navideña antológica con la intención de convencer a un potencial cliente para que trabaje con ellos. Naturalmente, las cosas se irán de madre y el descontrol será casi legendario.
Ya el tráiler nos anticipaba cómo iba a terminar la cosa, un caos destructivo que, insisto, recuerda mucho al arranque de Resacón en Las Vegas, por lo que la única gracia de la historia es saber cómo se ha llegado a ello (ya que la conclusión final de la trama empresarial es fácil de adivinar). Con Jason Bateman (en su clásico papel de contrapunto del personaje cómico, un tipo formal e incapaz de tomar riesgos y saber divertirse) y Olivia Muun como principales motores de la acción, la película se completa con una serie de caras conocidas que son referentes importantes del mundo de la comedia. Pero, por esta vez, eso parece jugar más en contra de la película que en favor, ya que como sucediera con la española Villaviciosa de al lado, da la sensación de que todos son conscientes de que la fuerza del film está en sus actores y se menosprecia totalmente el apartado de guion.
No es que la historia sea mala, que tampoco es eso, pero estamos ya tan acostumbrados a ver fiestas que se van de las manos, desmadres y todo tipo de excesos en las comedias americanas (y últimamente incluso españolas) que es difícil sorprender, y los chistes no son tan ingeniosos ni divertidos como para sostener una película que, al final, solo se agarra a alguno de sus actores para mantener el interés. La película no es en ningún momento aburrida, llegando por momentos a ser incluso algo emocionante, pero reír lo que se dice reír… bien poquito, la verdad. Sí invita a la sonrisa constante y se puede llegar a encontrar a algún personaje más o menos entrañable, pero de ahí al cachondeo que se anunciaba dista un mundo.
Y de nuevo, como en Como acabar con tu jefe, es el personaje de Jennifer Aniston (o precisamente por el hecho de ser de Jennifer Aniston) quien, pese a su condición de secundario, mejores momentos se lleva.
Sin la acidez corrosiva que necesita una comedia gamberra, pero tampoco conteniendo ninguna moraleja a la que agarrarse como buena comedia blanca, la cosa está en tierra de nadie, quedándose a medio camino sin que se sepa muy bien qué pretendían contarnos sus directores. Es como si se limitaran a empalmar gags uno tras otros, intentando hacer gracia por el simple hecho de apabullar con sus despropósitos y olvidando que normalmente, y este es un claro ejemplo, más es igual a menos.
Si este es el nivel de las películas navideñas de este año… cuanto vamos a echar de menos a John Hughes.

Valoración: Cinco sobre diez.

lunes, 2 de mayo de 2016

FELIZ DÍA DE LA MADRE: Insulsería romántica.

Con esta voy a ir rápido.
Feliz día de la madre es una soberana tontería, un intento más del olvidado Garry Marshall de hacer un recorrido por todas las celebraciones del calendario (más le valdría verse varias veces la genial escena erótico-festiva de Deadpool). 
Tras Historias de San Valentín y Noche de fin de año el director y la protagonista de Pretty Woman se reencuentran para mostrarnos uns insípida colección de historias ambientadas alrededor del día de la madre.
La cosa parece ser que va de una comedia romántica con toques familiares, pero alguien olvidó el detalle de que para ser comedia tiene que hacer gracia, y más allá de reconocer al extenso surtido de caras populares que pasean por ahí sin ton ni son la cosa no da para más. Situaciones completamente previsibles, sentimentalismo barato y un catálogo de recursos bastante limitado que no logra levantar cabeza en  ningún momento. Ni siquiera el chiste autoreferencial que comparten Julia Roberts y Hector Elizondo sobre Pretty Woman logra despertar una ligera sonrisa. Sólo les falta detenerse y mirar a cámara en espera de un aplauso, al más puro estilo de sitcom americana.
Floja, superflua e intrascendente, sirva como muestra que puede “disfrutarla” el mismísimo día de la madre, un festivo en la sesión de noche, y que en una sala de 191 butacas yo era el único espectador. Dicho queda.
En fin, imagino que habrá por ahí un surtido de incondicionales a estas apuestas que puedan llegar a disfrutar con las tonterías de Jennifer Aniston, Kate Hudson y compañía, y tampoco se le puede negar a la película que prometa algo que no ofrece. La previsibilidad comienza antes de entrar a la sala, y no creo que nadie vaya a ver esto esperando otra cosa. Aun así, tan poco esfuerzo imaginativo no merece ser recompensado.
Eso sí, allá cada uno, que para gustos, los colores…

Valoración: Cuatro sobre diez. 

viernes, 28 de agosto de 2015

LÍO EN BROADWAY * (7d10)

Por fin he conseguido ver esta película a la que le tenía muchas ganas desde su estreno y por la que he tenido que recurrir a métodos “poco convencionales”. O quizá debería reconocer que hoy en día, por desgracia, esto es lo convencional e ir al cine es lo raro para muchos.
Escrita y dirigida por Peter Bogdanovich (realizador, entre otras, de ¿Qué me pasa, doctor? O Luna de papel) la película es una muestra más de esta corriente tan de moda últimamente de reflejar las interioridades del mundillo teatral neoyorquino. Pero mientras Birdman, La sombra del actor o (a más distancia) Viaje a Sils Marie tenían una mirada crítica, Lío en Broadway apuesta abiertamente por la comedia al más puro estilo vodevil, con personajes que entran y salen constantemente de plano, puertas que se abren y los clásicos (y en ocasiones exageradamente forzados) enredos y malentendidos. Eso sin renunciar a algunos elementos de las películas citadas anteriormente como la dualidad entre cine y teatro o la mención satírica a la mal llamada burbuja del cine de superhéroes.
Arnold Albertson es un director teatral a dos meses de estrenar su última obra que tiene una peculiar obsesión: quedar con prostitutas jóvenes y ofrecerle generosas cantidades de dinero para ayudarles a dejar el oficio y empezar una nueva vida. Como no puede ser de otra manera, todo se complicará cuando la última chica alegre a la que ayuda termine siendo seleccionada como protagonista de su obra, en la que también interviene su propia esposa.
No tan similar como se podría creer a su otra película sobre el tema, ¡Qué ruina de función!, Lío en Broadway (como debió pensar la distribuidora cuando destacó al barrio neoyorquino en la traducción del título, cuyo original es algo así como Ella es graciosa, o algo parecido) bebe directamente del estilo de Woody Allen, siendo un fiel reflejo de las neuras y tics del genial autor de Manhattan y cuya mayor evidencia se encuentra en la forma de narrar la película, mediante una serie de flashbacks conducidos por la protagonista a lo largo de lo que parece ser una especie de entrevista (Allen habría utilizado un psicoanalista, probablemente, pero es que aquí la psicoanalista que aparece forma parte del meollo de la historia). 
En este sentido, cabe destacar el buen hacer de Imogen Poots, una cara bonita con algún papel interesante en su carrera como el de Mejor otro día junto a otros de puro adorno como Need for speed, a la que no creía capaz de sostener por sí sola una película, proeza de la que sale airosa en este film en el que debe lidiar con muchos primeros planos conformados simplemente por su cara y sus frases.
A su alrededor se encuentra Owen Wilson (al que más le valdría limitarse a hacer comedias serias como esta o, precisamente, el Midnight in Paris de Allen, en lugar de sus típicas payasadas de brocha gorda), Rhys Ifans, Will Forte, Jennifer Aniston, Debi Mazar y Kathryn Hahn, además de los veteranos Austin Pendleton y Graydon Carter y las colaboraciones de Richard Lewis y Cybill Shepherd. Bueno, y con una sorpresa final que no voy a desvelar.
 Lio en Broadway es una divertida pieza a la que hay que perdonarle los continuos actos de fe a los que obliga al espectador (demasiadas casualidades pueden llegar a sacarte un poco de la historia), muy disfrutable que sabe esquivar con su acertado ritmo las limitaciones de algunos personajes algo caricaturescos.

sábado, 3 de enero de 2015

COMO ACABAR SIN TU JEFE 2 (6d10)

Hace ya cuatro años Seth Gordon, directos básicamente dedicado a las comedias de televisión, consiguió un razonable taquillazo con la gamberra comedia Como acabar con tu jefe, en la que tres empleados machacados continuamente por sus respectivos jefes tramaban un descabellado plan para liquidarlos.
Pese a lo divertida que pudiera ser, la clave del éxito habría que buscarla, sobre todo, en su atractivo reparto y claro, en Hollywood el refrán popular que reza: cuando una cosa funciona, ¿para qué cambiarla? suele llevarse a rajatabla. Así, con el director como único cambio de cromos, se estrena la secuela de aquel simpático éxito que repite casting y esquema con eficacia.
De esta manera, nos volvemos a encontrar con Jason Bateman, Jason Sudeikis y Charlie Day repitiendo como el patoso trío de amigos que se ven abocados a la vía delictiva para solucionar sus problemas laborales. Y eso que esta vez parecían haber dado con la solución perfecta: ser sus propios jefes. Pero la cosa, por descontado, no podía salir bien, y cuando son estafados y quedan en la ruina sólo se les ocurre secuestrar al hijo del empresario que los ha hundido en la miseria para resarcirse. Las cosas, claro está, no saldrán según lo previsto y los disparates se van a suceder uno detrás de otro.
Pese a la premisa argumental que parte del pretexto completamente antagónico de la primera entrega (de ahí que en el título en español se sustituya la palabra “con” por “sin”), la fórmula se copia de forma tan milimétrica que repiten los mismos secundarios: Jennifer Alliston, Kevin Spacey y Jamie Foxx, sustituyendo a los difuntos (en la ficción) Donald Sutherland y Colin Farrell por Christoph Waltz y Chris Pine, que para que nadie note mucha diferencia también interpretan a un padre y un hijo.
La silla de dirección, en esta ocasión, la ocupa  Sean Anders, prolífico guionista de comedias en los últimos años pero de escasa repercusión hasta ahora como director. Da lo mismo. Igual podían haber dejado el puesto vacante. La película es de esas que se filman con el piloto automático puesto, en el que los actores se han hecho ya a los personajes y los desarrollan con una sana sensación de colegueo, contando con la simpatía de un público que tiene que ser fan de la primera película para que esta les funcione y dejando la necesidad de arriesgar para otra ocasión.
Si uno es poco exigente y acepta la premisa la película funciona bien, siendo en algunos momentos incluso más divertida que la primera. Y de eso se trata, de pasárselo bien sin buscar segundas lecturas, moralejas complejas ni diálogos excesivamente brillantes. Es, ni más ni menos, un culto a la estupidez. Y como tal, provoca las suficientes risas como para merecer su aprobado.
No es una genialidad. Ni lo pretende ni la mayoría de sus participantes aspiraría nunca a nada semejante, pero consigue una complicidad que hace que nos sintamos como uno más del grupo, dejándonos incluso con ganas de ver qué tontería se les ocurre para la tercera entrega.
A veces es sano ir al cine a reírse un rato sin más. Y esa es una de esas veces.

sábado, 16 de noviembre de 2013

SOMOS LOS MILLER (6d10)

Pues aquí estamos otra vez ante una de esas comedias sin más pretensiones que hacernos pasar un buen rato y -¿será por los tiempos que corren?- habiendo sido número uno en la taquilla americana. Está claro que, hoy por hoy lo que mejor funciona son las comedias simples y las películas de terror más simples aún, aunque haya demasiadas comedias que den miedo y demasiadas películas de miedo que den risa.
En este caso, sin embargo, la propuesta está un poco por encima de lo esperado, por más que empieza a cansar ya el temita de que Jennifer Aniston se haya empeñado en destacar su faceta más sexual en todas sus películas (desde Cómo acabar con tu jefe parece que imponga por contrato aparecer ala menos una vez en ropa interior), aunque que se confundan sus escenas eróticas con escenas cómicas no debería decir mucho en su favor.
Sea como sea, Aniston aparte, Somos los Miller se presenta como una comedia loca, divertida y repleta de gags que, por mucho que deriven a un final previsible e inevitable, funcionan en la mayoría de las veces, apoyándose sobre todo en la vis cómica de sus intérpretes y en un surrealismo delirante en ocasiones (esa pecera gigante con una orca asesina dentro) pero con las convenientes dosis de acción para hacer de esta road movie familiar un producto de puro entretenimiento.
No nos engañemos, no estamos hablando ni de lejos de la reencarnación de Billy Wilder, pero es que el panorama humorístico tiene unos niveles tan bajos que cualquier peliculilla como esta que te permita soltar cuatro o cinco carcajadas ya merece un aplauso.
Y eso y poco más es lo que debemos pedirle a Somos los Miller. Pasar un buen rato riendo y olvidando los problemas de la vida real con una serie de tontadas mejor o peor contadas y con unos intérpretes que se mueven como pez en el agua en este tipo de producciones. Dirigida por Rawson Marshall Thurber, cuya obra más destacada hasta la fecha era Cuestión de pelotas, cuenta en su reparto con Jason Sudeikis, visto en Carta Blanca, Cómo acabar con tu jefe y en diversas comedias televisivas, Ed Helms, para siempre el más desgraciadico de Resacón en las Vegas, y los jóvenes Emma Roberts (sobrina de Julia) y Will Poulter (que se dejaba ver por alguna de las Crónicas de Narnia).
La historia es tan absurda como que un camello del tres al cuarto debe convertirse en narcotraficante internacional a la fuerza y no tiene mejor idea para cruzar sin problemas la frontera mejicana que aliarse con un grupo de semidesconocidos para fingir ser una familia feliz y empalagosa que pasa las vacaciones a bordo de una monstruosa auto caravana.
Evidentemente, por muy gamberra que quiera ser la película (se trata de un camello, una stripper, una sin techo y un pardillo aún virgen) todo tendrá un final con moralina y resaltando los valores familiares, pero aun así y todo el mensaje no se hace lo suficientemente empalagoso para llegar a molestar tanto como se podría esperar, mientras que por el otro lado, el humor es más sutil y blanco de lo que pretende mostrar el tráiler, donde se han condensado todos los chistes zafios como dirigiendo –equivocadamente- el producto hacia un público demasiado descerebrado para entender ningún chiste que no sea de cacaculopedopis.

No sé, quizá es que con los años me esté volviendo muy conformista, pero yo conseguí reírme casi todo el rato. Y a eso iba. ¿Para qué pedir más?