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sábado, 26 de noviembre de 2016

MAREA NEGRA, trágica realidad

En muchas ocasiones, por desgracia en demasiadas, la realidad supera a la ficción. Este es más o menos el caso de Marea Negra, la última película de Peter Berg, que describe el desastre ecológico más importante hasta la fecha en la historia de los Estados Unidos.
Diseñada como si de un film fantástico de catástrofes al uso se tratase, Berg sabe medir con temple el ritmo de la historia presentando con calma a los personajes que a la postre van a ser los héroes de la historia sin que ello signifique enfrentarnos a una mitad inicial aburrida. Al contrario, la sensación de amenaza latente que esos planos marinos producen hacen que el interés por los protagonistas (a los cuales tampoco vamos a conocer más de lo necesario, ni falta que hace) sea suficiente justificación para esperar con ansia y temor la catástrofe que está punto de suceder.
Marea Negra describe con impactante eficacia el incidente que tuvo lugar en 2010 en la torre petrolífera DeepWater Horizon, que provocó diversas muertes (no entraré en detalle para no caer en el spoiler, aunque hay que recordar que se trata de un caso real) y un catastrófico vertido de en el golfo de México durante más de ochenta días. No es, como pudiera parecer, un film de denuncia contra las petroleras en general (de hecho, la despedida de “tierra firme” se produce con una serie de imágenes que recuerdan lo fundamental que es el fuel para nuestras vidas a día de hoy), sino más bien contra la avaricia individual, donde los intereses de unos pocos invitan a tomar riesgos aun a costa de unos muchos.
Pese a todo, la denuncia simplemente está ahí, de telón de fondo, dejando que el protagonismo se lo lleve la acción y la espectacularidad de las escenas de explosiones y derrumbes, demostrando que Berg es un virtuoso con la cámara y donde, como ya hiciera en El único superviviente, juegue tanto con la imagen como con el sonido, creando una atmósfera opresiva y angustiante que puede recordar en ciertos momentos al Titanic de James Cameron.
Esta es, como la reciente Sully, una película que mantiene sus influencias post 11S, lo cual hace que la presencia rápida y eficaz de los equipos de rescate queden bien retratados. Pero, por encima de todo, es una película de héroes, de tipos corrientes, con sus familias y sus temores, que luchan por la supervivencia así como por la de los demás. Y para un personaje como este, el héroe corriente, nadie mejor que Mark  Wahlberg, que ya ha interpretado personajes similares en títulos como Transformerso El Incidente, y buen amigo del director, con quien ya colaboró en El único superviviente y con quien repetirá en breve en Día de Patriotas. Junto a él, la magnífica veteranía de un grande, Kurt Russell, que tras el aparente retorno a la popularidad que le supuso Los odiosos ocho parece dispuesto a vivir una segunda juventud hollywoodiana y el también inmenso John Malkovich, trío de auténtico lujo a los que acompañan Kate Hudson (curiosamente hijastra de Russell en la vida real), Gina Rodríguez, Dylan O’Brien y Brad Leland entre otros.
Trepidante película que da forma a un auténtico infierno donde quizá no se señala lo suficiente a los malos de la película (la empresa BP tuvo que pagar una de las multas más altas de la historia por lo sucedido) y que sirve como bonito homenaje a los que allí perdieron la vida, más allá de si la historia de los supervivientes refleja al detalle la realidad de lo que sucedió o es una adaptación demasiado libre.

Valoración: Siete sobre diez.

lunes, 2 de mayo de 2016

FELIZ DÍA DE LA MADRE: Insulsería romántica.

Con esta voy a ir rápido.
Feliz día de la madre es una soberana tontería, un intento más del olvidado Garry Marshall de hacer un recorrido por todas las celebraciones del calendario (más le valdría verse varias veces la genial escena erótico-festiva de Deadpool). 
Tras Historias de San Valentín y Noche de fin de año el director y la protagonista de Pretty Woman se reencuentran para mostrarnos uns insípida colección de historias ambientadas alrededor del día de la madre.
La cosa parece ser que va de una comedia romántica con toques familiares, pero alguien olvidó el detalle de que para ser comedia tiene que hacer gracia, y más allá de reconocer al extenso surtido de caras populares que pasean por ahí sin ton ni son la cosa no da para más. Situaciones completamente previsibles, sentimentalismo barato y un catálogo de recursos bastante limitado que no logra levantar cabeza en  ningún momento. Ni siquiera el chiste autoreferencial que comparten Julia Roberts y Hector Elizondo sobre Pretty Woman logra despertar una ligera sonrisa. Sólo les falta detenerse y mirar a cámara en espera de un aplauso, al más puro estilo de sitcom americana.
Floja, superflua e intrascendente, sirva como muestra que puede “disfrutarla” el mismísimo día de la madre, un festivo en la sesión de noche, y que en una sala de 191 butacas yo era el único espectador. Dicho queda.
En fin, imagino que habrá por ahí un surtido de incondicionales a estas apuestas que puedan llegar a disfrutar con las tonterías de Jennifer Aniston, Kate Hudson y compañía, y tampoco se le puede negar a la película que prometa algo que no ofrece. La previsibilidad comienza antes de entrar a la sala, y no creo que nadie vaya a ver esto esperando otra cosa. Aun así, tan poco esfuerzo imaginativo no merece ser recompensado.
Eso sí, allá cada uno, que para gustos, los colores…

Valoración: Cuatro sobre diez.