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sábado, 6 de octubre de 2018

MILLA 22

La colaboración entre el director Peter Berg y el actor Mark Wahlberg ha dado ya para cuatro películas: El último superviviente, Marea negra, Día de Patriotas y la que nos ocupa, Milla 22
Después de indagar en las tres anteriores en tres historias basadas en la realidad, Berg opta en esta ocasión para inventar un relato de tensión y derroche de adrenalina sobre un comando de tipos duros nada agradables (la antipatía que puede despertar algunos de los supuestos héroes recuerda en algo al Sabotage de David Ayer con Schwarzenegger) capitaneados por un Wahlberg con más cara de agrio de lo habitual. A su alrededor, alguna que otra cara conocida, como Lauren Cohan (Maggie en The Walking Dead), Ronda Rousey, John Malkovich (el más desaprovechado de todos) y un Iko Uwais que debe estar algo comedido para no robar todas las escenas de acción (baste con recordarlo en The Raid y su secuela).
Lo mejor de la película es su acción desenfrenada, que provoca momentos de verdadera tensión en una carrera contrarreloj con un desenlace a tiempo real y que es heredera de la última película de Richard Donner, 16 calles. Como en aquella, los protagonistas deben recorrer una distancia (las 22 millas del título) con un tipo al que deben proteger y que todo un país (de nombre indeterminado, no vayamos a ofender a alguien) quiere ver muerto.
En el lado negativo, hay que poner el escaso desarrollo de personajes, planos y arquetipos, al que unos diálogos pobres no ayudan tampoco en exceso. La trama, más allá de la idea de partida, tampoco es para tirar cohetes, siendo imposible darle muchas vueltas ni buscar segundas lecturas, ya sean sociales o políticas, aunque al menos se agradece un final que descoloca y huye de lo manido.
Así pues, Milla 22 es une espectáculo visual de acción muy bien filmada y muy trepidante, al que no hay que pedirle mucho más que las correspondientes hora y media de evasión y acción desmedida. Es una lástima que Berg, que no ha terminado de despegar en Hollywood todavía, no arriesguen un poco más. Aunque al menos ofrece algo sincero con lo que poder conformarse.

Valoración: Seis sobre diez.

sábado, 15 de julio de 2017

DÍA DE PATRIOTAS, dolorosa pero emotiva realidad

Después de El único superviviente y Marea negra, Día de patriotas es la tercera colaboración entre el actor reconvertido en director Peter Berg y Mark Wahlberg, basada, de nuevo, en un episodio real de la historia americana reciente.
Resulta curioso como las noticias que se nos antojan lejanas pueden caer fácilmente en el olvido. Seguramente todo el mundo recuerda los atentados en Boston, junto en la línea de meta de su popular maratón, pero sin duda serán solo unos pocos los que tengan conocimiento del acoso y derribo que sufrieron los terroristas hasta ser localizados y neutralizados, llegando a paralizarse todos los medios de transporte de la ciudad e indicando a los ciudadanos que permanezcan encerrados en sus casas hasta detener a los terroristas.
Aunque Tommy Saunders, el policía al que interpreta Wahlberg, es una invención resultante de unir detalles de varios agentes, todos los demás protagonistas de la historia son reales, así como muchas de las imágenes de archivo que Berg intercala con la ficción, dando una mayor sensación de realismo a la par que angustia.
Con el handycap de que la (supuesta) escena más espectacular (la del atentado) se produce al inicio del film, Berg sabe mantener la intensidad y la emoción durante las dos horas y cuarto que dura la película que, contra todo pronóstico, no se hacen nada excesivas. Para ello, Berg presenta a los protagonistas, víctimas, policías y terroristas, con breves pero firmes pinceladas, casi al estilo de las películas corales de catástrofes (ese ritmo de pelo de catástrofes ya lo tenía también en Marea negra), ayudando así a implicarse emocionalmente al espectador y sufrir tanto como los propios protagonistas.
Más allá del buen hacer de Berg y del brillante elenco reunido (junto a Wahlberg se encuentran también Kevin Bacon, John Goodman, Michelle Monaghan o J.K. Simmons), la película se nutre de ese dolor que le supone el ser un hecho real, un acto de violencia tan gratuito e injustificado y perpetrado, además, por dos tipos tan absolutamente imbéciles (insisto en el hecho de que es una historia real, de no ser así casi parecerían bufones) que provoca más miedo incluso que cuando los villanos son los clásicos asesinos fríos y calculadores.
Cierto es que en algunos momentos Berg, que ha contado también con la participación de supervivientes reales del atentado, busca provocar la sensibilidad del espectador con escenas de lágrima fácil y emoción desatada, y que el final puede atufarles a algunos de patriotismo propagandístico (aunque, si como se dice, fue así realmente, yo lo compro). Sin embargo, es justo señalar que toda esa exaltación patriótica no se realiza, por una vez, en nombre de los grandes y solidarios Estados unidos, sino que es de la unión entre los ciudadanos de Boston y su policía de lo que se presume. Y viendo cómo reaccionó Nueva York tras el 11S, no me cabe le menor duda de que fue así.
Esta es, quizá, la mejor lección que nos ofrece una película que, de otra manera, podría provocar miedo por lo indefensos que estamos ante la locura de unos pocos: que en casos de necesidad el ser humano sí es, pese a todo, solidario. Solo con ese consuelo podemos seguir siendo capaces de enfrentarnos al terror.

Valoración: Siete sobre diez

sábado, 26 de noviembre de 2016

MAREA NEGRA, trágica realidad

En muchas ocasiones, por desgracia en demasiadas, la realidad supera a la ficción. Este es más o menos el caso de Marea Negra, la última película de Peter Berg, que describe el desastre ecológico más importante hasta la fecha en la historia de los Estados Unidos.
Diseñada como si de un film fantástico de catástrofes al uso se tratase, Berg sabe medir con temple el ritmo de la historia presentando con calma a los personajes que a la postre van a ser los héroes de la historia sin que ello signifique enfrentarnos a una mitad inicial aburrida. Al contrario, la sensación de amenaza latente que esos planos marinos producen hacen que el interés por los protagonistas (a los cuales tampoco vamos a conocer más de lo necesario, ni falta que hace) sea suficiente justificación para esperar con ansia y temor la catástrofe que está punto de suceder.
Marea Negra describe con impactante eficacia el incidente que tuvo lugar en 2010 en la torre petrolífera DeepWater Horizon, que provocó diversas muertes (no entraré en detalle para no caer en el spoiler, aunque hay que recordar que se trata de un caso real) y un catastrófico vertido de en el golfo de México durante más de ochenta días. No es, como pudiera parecer, un film de denuncia contra las petroleras en general (de hecho, la despedida de “tierra firme” se produce con una serie de imágenes que recuerdan lo fundamental que es el fuel para nuestras vidas a día de hoy), sino más bien contra la avaricia individual, donde los intereses de unos pocos invitan a tomar riesgos aun a costa de unos muchos.
Pese a todo, la denuncia simplemente está ahí, de telón de fondo, dejando que el protagonismo se lo lleve la acción y la espectacularidad de las escenas de explosiones y derrumbes, demostrando que Berg es un virtuoso con la cámara y donde, como ya hiciera en El único superviviente, juegue tanto con la imagen como con el sonido, creando una atmósfera opresiva y angustiante que puede recordar en ciertos momentos al Titanic de James Cameron.
Esta es, como la reciente Sully, una película que mantiene sus influencias post 11S, lo cual hace que la presencia rápida y eficaz de los equipos de rescate queden bien retratados. Pero, por encima de todo, es una película de héroes, de tipos corrientes, con sus familias y sus temores, que luchan por la supervivencia así como por la de los demás. Y para un personaje como este, el héroe corriente, nadie mejor que Mark  Wahlberg, que ya ha interpretado personajes similares en títulos como Transformerso El Incidente, y buen amigo del director, con quien ya colaboró en El único superviviente y con quien repetirá en breve en Día de Patriotas. Junto a él, la magnífica veteranía de un grande, Kurt Russell, que tras el aparente retorno a la popularidad que le supuso Los odiosos ocho parece dispuesto a vivir una segunda juventud hollywoodiana y el también inmenso John Malkovich, trío de auténtico lujo a los que acompañan Kate Hudson (curiosamente hijastra de Russell en la vida real), Gina Rodríguez, Dylan O’Brien y Brad Leland entre otros.
Trepidante película que da forma a un auténtico infierno donde quizá no se señala lo suficiente a los malos de la película (la empresa BP tuvo que pagar una de las multas más altas de la historia por lo sucedido) y que sirve como bonito homenaje a los que allí perdieron la vida, más allá de si la historia de los supervivientes refleja al detalle la realidad de lo que sucedió o es una adaptación demasiado libre.

Valoración: Siete sobre diez.

domingo, 5 de enero de 2014

EL ÚNICO SUPERVIVIENTE (6d10)

Comienza la película y vemos a unos marines portando el cuerpo ensangrentado y maltrecho de Mark Wahlberg. Empiezan a realizarle transfusiones y operaciones y un monitor nos deja con la duda de si sus constancias vitales se recuperan o no cuando la cinta da un salto en el tiempo y vemos como empieza la acción un par de días antes, pretendiéndonos dejar en ascuas sobre el estado del pobre Mark y yo me pregunto: “Peter Berg, ¿recuerdas el nombre que le has puesto a la peli?”.
Llamándose El único superviviente no hay spoiler que valga. Es una película bélica y muere hasta el apuntador. Todos menos uno, claro está. Y esa primera escena nos quita la emoción de saber quién es porque podemos reconocer a Wahlberg, así que lo único que nos queda es saber qué ha pasado y cómo.
Con un planteamiento similar a Black Hawk, derrivado (basada en hechos reales, es la historia de un grupo de soldados que quedan abandonados en territorio hostil y deben ser rescatados), con quien comparte incluso uno de sus actores, Eris Bana, hay quien pretende ver en este film paralelismos también con Salvar al soldado Ryan, ese panfleto con una media hora inicial salvajemente apabullante y que luego se diluye sin remedio dirigida por el artista anteriormente conocido como Rey Midas de Hollywood, pero lo cierto es que lo único que comparte con el film de Spielberg es la creencia de que cuanto más sádica sea la imagen más dramática resulta la historia.
Peter Berg, un actor que acertó metiéndose a director  y que tras su debut con la gamberra y divertida Very bad thing nos ha regalado también El tesoro del Amazonas, Hancock y Battleship entre otras, apuesta aquí por un drama real que supongo que oculta un mensaje anti militar (o al menos queda muy bien decirlo en los pre-estrenos) pero se revela en realidad como una propaganda magnífica sobre lo buenos y duros que son los chicos de la armada estadounidense (en este caso le toca brillar a los SEAL).
Si somos capaces de ignorar todo esto y nos centramos en la acción pura y dura, El único superviviente es una película que funciona bien gracias, sobre todo, a la dureza de sus escenas y al magnífico sonido de la misma (somos capaces de escuchar cómo se rompe cada uno de los huesos de los protagonistas), logrando cierta empatía con los personajes e invitándonos a participar en el debate moral (que no voy a explicar aquí) que desencadena el drama. Berg se encuentra cómodo en el campo de la acción (por pastiche que fuera su Battleship pienso que le da cien patadas a los Transformers de Michael Bay al que parece imitar), mientras que los protagonistas tienen el suficiente carisma para que simpaticemos inicialmente con ellos y nos apenen sus respectivas muertes. Junto a Wahlberg y el ya mencionado Bana están Taylor Kitsch (ese guaperas que iba a ser el chico de moda en Hollywood gracias a John Carter y estuvo a punto de hundir a la Disney con esa peli –que pese a todo a mí me gustó-), Ben Foster y Emile Hirsch, que entre todos llevan a buen puerto una película con trazas de western (cambiando a los indios por talibanes) y cuyo trasfondo real permite incluso ofrecer un mensaje para explicar la diferencia entre ser afgano y ser talibán y que el tomar las decisiones correctas puede llegar a recompensarte.
Junto a esto un buen puñado de tópicos y una violencia rayando lo gore que en ocasiones puede resultar exagerada, llegando a invitar a pensar que el director no confía demasiado en sus propias artes para plasmar drama sin tener que recurrir a la sangre.

En definitiva, entretenida y emocionante. Y si a alguien le ayuda a reflexionar algo, pues mejor que mejor. Eso sí, de ahí a la obra maestra que algunos quieren ver…