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domingo, 14 de julio de 2019

YESTERDAY

Parece casi como si el panorama musical del mundo del cine estuviese dictado por las cuatro estaciones de Vivaldi. Así, tenemos que, de momento, invierno ha sido el año de Queen, primavera el de Elton John y verano debería ser el de los Beatles. Ya veremos que pasa en otoño...

Digo debería porque, en comparación, Yesterday va a ser una película que hará mucho menos ruido que Bohemian Rhapsody o Rocketman. Primero, porque no se trata de un biopic sobre los cuatro de Liverpool, sino que se basa en su leyenda para construir una bonita comedia romántica. Segundo, porque se trata de un grupo más prolífico en cines, y películas que se enriquezcan de sus canciones hay varias, como Across the UniverseLocos por ellosBackbeatI Wanna Hold Your Hand, o incluso la aproximación espiritual que aportaron a títulos como Vivir es fácil con los ojos cerrados o La desaparición de Eleanor Rigby.
Dirigida por Danny Boyle, un realizador correcto pero poco personal, capaz de obras tan dispares como Trainspotting y su secuelaSlumdog millionaire, 28 días despuésTrance Steve Jobs, el verdadero corazón de la película hay que buscarlo en la figura de su guionista, un Richard Curtis que demuestra, una vez más, que es el mejor autor actual en cuanto a lo que a comedias románticas se trata. Como muestra, ahí están Nothing Hill, El diario de Bridget JonesLove Actually o Una cuestión de tiempo.
Yesterday parte de una curiosa premisa: un incidente provoca que todo rastro de The Beatles desaparezca de la faz de la tierra. Nadie, excepto Jack Malik, un aspirante a cantante a punto de tirar la toalla, los recuerda, ni existe grabación o disco alguno que demuestre que alguna vez existieron. ¿La consecuencia? La más lógica: el muchacho decide adueñarse de esas canciones perdidas y hacerlas suyas para, al fin, triunfar y convertirse en el mayor artista de la historia. Junto a él, la sufrida Ellie, su mejor amiga, manager y fan principal, que bebe los vientos por él sin ser aparentemente correspondida.
Cabe destacar dos cosas sobre la película para evitar desengaños. Por un lado, que nadie espere una explicación, teoría cuántica mediante, sobre el suceso. No va de eso la cosa. Por otro, que esto es una comedia romántica pura, muy blanca, prácticamente una Feel Good en la que se puede intuir un cierto sarcasmo hacia la industria musical, pero sin que la sangre llegue nunca al río y donde el aparente conflicto que amenaza el segundo tramo del film no sea más que una sucesión de buenos sentimientos y palmaditas en la espalda. Y no digo esto como algo negativo, ni mucho menos. Yesterday es un tributo muy sentido a la banda de Liverpool y así debe entenderse, tanto por el uso de sus canciones como por las palabras de amor que en todo momento se les dedica.
John, Paul, Ringo y George no podrían estar más satisfechos de este homenaje (de hecho, los que siguen vivos así se lo han hecho saber al director y al protagonista) que no va a romper las taquillas (al final es una comedia muy británica, y en los USA nunca han terminado de entender bien a Curtis), pero que emociona gracias a su sencillez y a la inteligencia de su humor, cuyo acierto definitivo es ampliar esa misteriosa desaparición a otros elementos varios de la cultura popular que hace más real el increíble fenómeno.
Y, de regalo, la aparición de Ed Sheeran interpretándose a sí mismo, y con una Lily James tan angelical como de costumbre.
Todo un regalo de dulzor y buenas intenciones a la que se le podría exigir más (quizá si el propio Curtis la hubiese dirigido), pero que resulta difícil imaginar que a alguien pueda no llegar a gustarle.

Valoración: Ocho sobre diez.

domingo, 19 de agosto de 2018

EL ESPÍA QUE ME PLANTÓ

No es nada novedoso el querer mezclar comedia con cine de acción. Ya lo hizo estupendamente James Cameron en la magnífica Mentiras Arriesgadas y que algunos tipos como Rowan Atkinson lo hayan convertido en saga (en breve llegará la tercera entrega de Johnny English), y cada poco tiempo nos encontramos muestras de dicha mezcla de géneros (la divertida Un espía y medio, la horrenda Agente contraiteligente, la extraña Espías…).
El espía que me plantó es la nueva entrega del invento (la semana que viene llega esa cosa tan aparentemente absurda que aquí le han dado por llamar: ¿Quién está matando a los moñecos?, burda inspiración de ¿Quién engañó a Roger Rabitt?, otro ejemplo de magistral mezcla de géneros), que se apunta además a la moda de imponer protagonistas femeninas en roles tradicionalmente masculinos, como viene sucediendo con Cazafantasmas u Ocean’s 8), aunque eso no impida que sus personajes principales acaben teniendo el típico punto de histéricas rendidas a la evidencia de los tópicos del género (no saben conducir, rigen sus vidas desde el ámbito sentimental y Mila Kunis tiene un par de momentos escotazo inevitables).
Pero más allá del trasfondo social que le hayan querido poner (tras la realización hay también una mujer, Susanna Fogel, autora también del guion), la película funciona con bastante corrección en el apartado de comedia, aunque flojea bastante en lo que corresponde a su acción. No ya porque esté mal resuelta, que no está, sino porque ocupa quizá demasiado metraje y amenaza con hacer olvidar que esto es realmente una peli de chistes y tortazos.
Por ello, cuanto más en serio se toma a sí mismo la película, menos funciona. En el tramo final, sobre todo, la película roza el convencionalismo de las pelis de espías y acción, y teniendo tan recientes Misión Imposible: Fallout (hay aquí una escena de persecución por ciudad entre un coche y varias motos imposible de comparar) o The Equalizer 2 la cosa no termina de funcionar demasiado.
En la parte positiva de la balanza tenemos a sus dos actrices, con Mila Kunis cargando con el peso del argumento, pero con Kate McKinnon comiéndose la pantalla en los momentos de más humor. Entre las dos consiguen que la película sea un entretenimiento suficiente como para recordarla con agrado, aunque se habría agradecido que apostasen más por la parodia pura y dura y hubiesen tratado de ridiculizar el género de espías en lugar de homenajearlo y regarlo de algún que otro chiste que, en su tercer acto, casi brillan por su ausencia.


Valoración: Seis sobre diez.

miércoles, 26 de julio de 2017

UNA NOCHE FUERA DE CONTROL, divertida sin más

Parece que la última tendencia en Hollywood, para mal de algunos e insuficiencia de otros, sea la reivindicación femenina en papeles protagonistas. 
Lejos de querer alimentar este debate absurdo (ya dije todo lo que tenía que decir en mi análisis al éxito de Wonder Woman), si es cierto que parece que se esté poniendo de moda girar las tornas y reinventar películas estereotipadas como masculinas para mayor gloria del encanto femenino. Lo malo es que más allá del (exagerado) éxito de Wonder Woman, la cosa no está saliendo demasiado bien, y la versión femenina de Cazafantasmas (el ejemplo más claro de esta moda) no funcionó en taquilla como se esperaba (y merecía). Poco espero de ese Ocean’s Eight de lujoso reparto que está por llegar para versionar el Ocean’s Eleven de Soderberg y tampoco es que esta variante rosa de Very Bad Things que es Una noche fuera de control sea para tirar muchos cohetes.
Y es que sí, aunque no tengan el detalle de reconocerlo en los títulos de crédito, la última película de Scarlett Johansoon, que imagino estaría un poco saturada de tanta película de acción comiquera, es más deudora del film de Peter Berg que protagonizó en 1998 Christian Slater y Cameron Díaz que de otros títulos de los que también bebe, como pueda ser la saga de Resacón en Las Vegas.
Quizá la diferencia principal entre Una noche fuera de control y Cazafantasmas es que esta no solo está protagonizada por mujeres, sino que también ha sido escrita y dirigida por una, Lucia Aniello, con Paul W. Downs (quien interpreta al sufrido novio) ayudando en tareas de guion. Esto permite que no se caiga demasiado en tópicos femeninos, de manera que las mujeres, por el simple hecho de tener más protagonismo, resulten burdas caricaturas, una paródica copia de equívocos sexuales en un terreno tradicionalmente masculino. Eso es lo mejor de una película que busca un humor muy negro y gamberro pero que, en su deseo de ser relativamente convencional y rendir tributo a la amistad, termina deshinchándose. Al final, los personajes, por más que sus actrices se esfuercen de manera meritoria, son demasiado planos y lineales y todo queda reducido a lo que uno simpatice con los (inevitables) chistes de sal gruesa sobre sexo y las situaciones rocambolescas que la muerte accidental de un stripper en plena despedida de solteras pueda provocar.
La conclusión inevitable es que la película es muy flojita, rehúye de cualquier atisbo de inteligencia y resulta rápidamente olvidable, pero por lo menos consigue durante su visionado provocar más de una carcajada y, pese a la torpeza de la directora para mantener correctamente el ritmo narrativo, entretiene sin demasiado sacrificio.
En otras palabras, una tontada desmadrada y carente de ambición para degustar y pasar página pronto. Eso sí, volver a ver a Demi Moore (por retocada que esté) en pantalla, y haciendo equipo con Ty Burrell ya es un aliciente por sí solo.

Valoración: Cinco sobre diez.

martes, 10 de enero de 2017

DE-MENTES CRIMINALES, divertida aunque poco ambiciosa.

Tontaco juego de palabras el de De-mentes criminales que define en sí a la propia película, una gracieta del montón en la que un puñado de amiguetes de la comedia americana se junta para hacer lo de siempre (chistes tontorrones de pedos y vómitos) disfrazándola de peli de atracos. Lo curioso del caso es que en esta ocasión estamos ante una historia real, y es aquí donde, una vez más, la realidad supera a la ficción y consiguen llamar nuestra atención.
De-mentes criminales trata sobre un puñado de perdedores que logran robar diecisiete millones de dólares (está considerado como el segundo mayor atraco en la historia de los Estados Unidos) con un desgraciado conductor de furgones brindados como mano ejecutora y posterior cabeza de turco.
La historia, tan desquiciante que solo puede ser real, recuerda en su tono a otros biopics de tono cómico como la insulsa Juego de armas o, sobre todo, Sudor y dinero. No está De-mentes criminales a la altura de aquella epopeya igualmente increíble sobretodo porque Jared Hess, el director de esta, no es ni de lejos Michael Bay, pero está claro que es el espejo en que pretende mirarse.
La duda aquí está en saber qué parte de la historia es real y cuál está simplemente ficcionada. En Sudor y dinero Bay se esforzaba en recalcar en todo momento lo fiel que estaba siendo a los hechos auténticos, pero da la sensación de que Hess ha abusado demasiado de su propia imaginación para disfrazar la historia hasta convertirla en una comedia zafia más sin demasiada personalidad, aunque escarbando un poco, y poniéndole mucha voluntad, algo de crítica social y burla hacia el consumismo con esa sátira hacia los vulgarmente llamados “nuevos ricos” hay también.
Posiblemente la mejor arma de la película está en su reparto: Zach Galifianakis (que regresa a los registros que nos tenía acostumbrado tras la trilogía de Resacón en Las Vegas y que le funciona mucho mejor que en Las apariencias engañan) es el amo del cotarro, pero andan también por ahí Owen Wilson y Jason Sudeikis, mientras que en el apartado femenino vuelven a coincidir tres de las últimas cuatro Cazafantasmas: Kristen Wiig, Kate McKinnon y Leslie Jones.
Desde luego, no se saca todo el partido posible de este gran elenco de cómicos. Y las situaciones son demasiado surreales a veces como para darlas por ciertas, pero hay que reconocer que la película no aburre en ningún momento y se consigue cierta empatía con su protagonista, haciendo creíble que al final todo se resuma en una bonita historia de amor. No alcanza el nivel de desternillante, pero tiene varios momentos inspirados que la convierten en una propuesta bastante divertida y un ejemplo más de como el anhelado sueño americano se puede perseguir desde la estupidez más absoluta.

Valoración: Seis sobre diez.

viernes, 9 de diciembre de 2016

FIESTA DE EMPRESA: otro desmadre descafeinado

Fiesta de empresa llega con el propósito de convertirse en la comedia gamberra de estas navidades, un repertorio de locuras a cuál más extrema que puede parecer una unión entre Como acabar con tu jefe (por aquello del tema laboral como telón de fondo y por contar ambas con Jason Bateman y Jennifer Aniston en sus filas) y la trilogía de Resacón en las Vegas.
Y digo propósito porque, aun a expensas de saber qué otros estrenos nos esperan de aquí a final de año, lo cierto es que ni resulta tan gamberra ni mucho menos es lo loca que se cree.
Todo arranca con la amenaza de recortes (o incluso cierre) de la sucursal de una empresa de productor informáticos dirigida por Clay (el hijo del fallecido fundador de la misma) amenazado por la directora ejecutiva, que para colmo es su propia hermana, cargada de ira y traumas infantiles por haber sido Clay el favorito de papá. Para tratar de salvar la empresa, Clay, con la ayuda un tanto forzada de Josh y Tracey, dos de sus mejores empleados, a la par que amigos, decide organizar una fiesta navideña antológica con la intención de convencer a un potencial cliente para que trabaje con ellos. Naturalmente, las cosas se irán de madre y el descontrol será casi legendario.
Ya el tráiler nos anticipaba cómo iba a terminar la cosa, un caos destructivo que, insisto, recuerda mucho al arranque de Resacón en Las Vegas, por lo que la única gracia de la historia es saber cómo se ha llegado a ello (ya que la conclusión final de la trama empresarial es fácil de adivinar). Con Jason Bateman (en su clásico papel de contrapunto del personaje cómico, un tipo formal e incapaz de tomar riesgos y saber divertirse) y Olivia Muun como principales motores de la acción, la película se completa con una serie de caras conocidas que son referentes importantes del mundo de la comedia. Pero, por esta vez, eso parece jugar más en contra de la película que en favor, ya que como sucediera con la española Villaviciosa de al lado, da la sensación de que todos son conscientes de que la fuerza del film está en sus actores y se menosprecia totalmente el apartado de guion.
No es que la historia sea mala, que tampoco es eso, pero estamos ya tan acostumbrados a ver fiestas que se van de las manos, desmadres y todo tipo de excesos en las comedias americanas (y últimamente incluso españolas) que es difícil sorprender, y los chistes no son tan ingeniosos ni divertidos como para sostener una película que, al final, solo se agarra a alguno de sus actores para mantener el interés. La película no es en ningún momento aburrida, llegando por momentos a ser incluso algo emocionante, pero reír lo que se dice reír… bien poquito, la verdad. Sí invita a la sonrisa constante y se puede llegar a encontrar a algún personaje más o menos entrañable, pero de ahí al cachondeo que se anunciaba dista un mundo.
Y de nuevo, como en Como acabar con tu jefe, es el personaje de Jennifer Aniston (o precisamente por el hecho de ser de Jennifer Aniston) quien, pese a su condición de secundario, mejores momentos se lleva.
Sin la acidez corrosiva que necesita una comedia gamberra, pero tampoco conteniendo ninguna moraleja a la que agarrarse como buena comedia blanca, la cosa está en tierra de nadie, quedándose a medio camino sin que se sepa muy bien qué pretendían contarnos sus directores. Es como si se limitaran a empalmar gags uno tras otros, intentando hacer gracia por el simple hecho de apabullar con sus despropósitos y olvidando que normalmente, y este es un claro ejemplo, más es igual a menos.
Si este es el nivel de las películas navideñas de este año… cuanto vamos a echar de menos a John Hughes.

Valoración: Cinco sobre diez.

viernes, 26 de agosto de 2016

CAZAFANTASMAS: Risas (fantasmales) aseguradas

Lo primero que me llama la atención de este remake del clásico de 1984 es la fría acogida que ha recibido. Sin embargo, la película es perfectamente honesta tanto en su concepción como en su realización y ofrece justamente lo que prometía, recuperar el espíritu de la obra de Ivan Reitman sin enturbiar su recuerdo.
Y es que, seamos realistas, la Cazafantasmas original tampoco es que fuese una gran obra. Era una hija de su tiempo, un producto cien por cien ochentero que la nostalgia ha elevado a título de culto y que visto ahora con objetividad ha envejecido francamente mal. Pero el espíritu, la esencia, permanece intacta en la obra de Paul Feig, no en vano el propio Reiman junto a  Dan Aykroyd figuran como productores.
Paul Feig se mueve como pez en el agua en comedias de acción protagonizadas por mujeres, siendo Melissa McCarthy su actriz fetiche (han trabajado juntos en La boda de mi mejor amiga, Cuerpos especiales y Espías), por lo que parecía la opción más lógica para situarse al frente de este proyecto que versiona en femenino al equipo antaño formado por Bill Murray, Dan Aykroyd, Harold Ramis  y Ernie Hudson con los rostros de Kristen Wiig (otra vieja conocida de Feig), Kate McKinnon, Leslie Jones y la mencionada MCCarthy, todas ellas, por cierto, renombradas comediantes curtidas en el Saurday night. Para rizar el rizo, el papel de la secretaria torpe recae ahora en manos de Chris Hemsworth, burlándose del tópico de la chica sexy pero tonta y demostrando que, cuando no está salvando al mundo con las galas de Thor o del Cazador de Blancanieves es capaz de reírse de sí mismo como el que más, acaparando casi los mejores gags de la función.
Cazafantasmas es puro divertimento, dos horas del absurdo más total con fantasmas que sueltan mocos verdes, pistolas de protones, trampas contenedoras y posesiones demoníacas, donde no puede faltar, por supuesto, el tema musical de Ray Parker Jr.
Estamos ante una comedia bastante blanca y familiar, un pasatiempo al que sería un error pedirle más de lo ofrecido, un espectáculo pirotécnico con buenas interpretaciones, interesantes secundarios (por ahí andan también Andy García, Charles Dance o Michael McDonald) o los impagables cameos que no voy a revelar aquí y que hay que ir descubriendo en la pantalla grande. Cazafantasmas no pretende más que divertir a todo tipo de público y doy fe de que lo consigue, ya sea por la química entre sus protagonistas, por la estupidez del personaje de Hemsworth o porque los seres del inframundo, al fin y al cabo, siguen siendo unos cachondos. Sí es cierto que habría encontrado más simpática una secuela que un remake y que ya empiezo a aburrirme de películas cuyo clímax final de compone de un vórtice amenazando con arrasar la ciudad entera (esto no es spoiler, es el setenta por ciento de las pelis de acción actuales), pero todo se puede perdonar cuando lo importante es el humor y aquí el humor funciona tanto o incluso más que en la película original (o por lo menos muy por encima de la secuela de 1989).
Clásica película a la que las críticas más duras han llegado antes de sus primeros visionados y a los que muchos no han perdonado el cambio de género de sus protagonistas, pero que merece una oportunidad llegando incluso a suponer un pequeño oasis en la mediocridad de estrenos palomiteros de los últimos meses. Lástima que la taquilla nos vaya a impedir ver una secuela.

Valoración: Siete sobre diez.