Parece casi como si el panorama musical del mundo del cine estuviese dictado por las cuatro estaciones de Vivaldi. Así, tenemos que, de momento, invierno ha sido el año de Queen, primavera el de Elton John y verano debería ser el de los Beatles. Ya veremos que pasa en otoño...

Dirigida por Danny Boyle, un realizador correcto pero poco personal, capaz de obras tan dispares como Trainspotting y su secuela, Slumdog millionaire, 28 días después, Trance o Steve Jobs, el verdadero corazón de la película hay que buscarlo en la figura de su guionista, un Richard Curtis que demuestra, una vez más, que es el mejor autor actual en cuanto a lo que a comedias románticas se trata. Como muestra, ahí están Nothing Hill, El diario de Bridget Jones, Love Actually o Una cuestión de tiempo.
Yesterday parte de una curiosa premisa: un incidente provoca que todo rastro de The Beatles desaparezca de la faz de la tierra. Nadie, excepto Jack Malik, un aspirante a cantante a punto de tirar la toalla, los recuerda, ni existe grabación o disco alguno que demuestre que alguna vez existieron. ¿La consecuencia? La más lógica: el muchacho decide adueñarse de esas canciones perdidas y hacerlas suyas para, al fin, triunfar y convertirse en el mayor artista de la historia. Junto a él, la sufrida Ellie, su mejor amiga, manager y fan principal, que bebe los vientos por él sin ser aparentemente correspondida.

John, Paul, Ringo y George no podrían estar más satisfechos de este homenaje (de hecho, los que siguen vivos así se lo han hecho saber al director y al protagonista) que no va a romper las taquillas (al final es una comedia muy británica, y en los USA nunca han terminado de entender bien a Curtis), pero que emociona gracias a su sencillez y a la inteligencia de su humor, cuyo acierto definitivo es ampliar esa misteriosa desaparición a otros elementos varios de la cultura popular que hace más real el increíble fenómeno.
Y, de regalo, la aparición de Ed Sheeran interpretándose a sí mismo, y con una Lily James tan angelical como de costumbre.
Todo un regalo de dulzor y buenas intenciones a la que se le podría exigir más (quizá si el propio Curtis la hubiese dirigido), pero que resulta difícil imaginar que a alguien pueda no llegar a gustarle.
Valoración: Ocho sobre diez.
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