Dirigida
por Paul Feig, considerado uno de los nuevos gurús del cine de humor en los
Estados Unidos a raíz del éxito de La boda de mi mejor amiga, la película reúne
de nuevo al director con su estrella fetiche, la oronda Melissa McCarthy (a la
que también dirigió en Cuerpos Especiales, con Sandra Bullock), a la que
acompaña –por el lado femenino- Rose Byrne, vieja conocida también del
director.
Está
en el talento de este trío el secreto del éxito de esta comedia que pretende
ser una parodia del cine de espías al más puro estilo de James Bond mucho menos respetuosa que la reciente
Kingman, que roza la perfección en su faceta más humorística pero cuya
intensidad decae en la vertiente seria.

Lamentablemente,
no todo es perfecto en esta película en la que la trama de espías que se supone
debe ser el sustento de la historia es demasiado floja y carente de
originalidad, mientras que Feig flojea en las secuencias de acción, haciéndome pensar
que quizá el tono general del film le venga un poco grande. Prueba de sus
errores a la hora de repartir el ritmo de las escenas se puede encontrar en los
innecesarios 120 minutos de metraje para una película de estas características.
Brillante
e inspiradora en su parte de comedia, es con ello con lo que debemos quedarnos
para seguir apostando por Feig como un cineasta suficientemente elegante e
inteligente para saber hacer (y escribir) comedia sin necesidad de caer en la
escatología facilona o el complejo e Peter pan que tanto abunda e el cine, por
ejemplo, de Apatow.
Refrescante
apuesta veraniega para pasar un buen rato y no sacarle demasiada punta a su trama central, la historia de espías
que, en realidad, menos interesa.
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