jueves, 30 de julio de 2015

La recomendación del mes: NOCHE DE VINO Y COPAS

Debo reconocer que no había oído hablar para nada de este título hasta que mi buen amigo Javi me lo recomendó hace un par de meses. Posiblemente se trata de la película más reciente que he tratado en esta sección y, por lo que he podido indagar por ahí, parece que sí llegó a estrenarse en España, concretamente en abril del 2013, un par de años después de su realización. Y no obtuvo malas críticas, la verdad, habiendo incluso quien la proponía para los Oscars, cosa que me parece ya demasiado exagerado.
La película, una producción danesa-argentina, cuenta en clave de comedia amarga como Christian, propietario de una vinacoteca en Copenhague, está a punto de tocar fondo tras el abandono de su esposa hace unos meses y su insistencia ahora para que le firme los papeles del divorcio. Por lo visto la mujer, Anna, representante futbolística, reside ahora en Buenos Aires donde se ha enamorado de su cliente, Juan Diaz, una estrella en espera de un traspaso millonario. Ni corto ni perezoso, Christian decide viajar por sorpresa a la capital argentina junto al hijo adolescente de ambos, Oscar, para firmar la maldita documentación en persona, aunque en el fondo de su ser guarda aún la esperanza de recuperar al amor de su vida.
No hay nada novedoso en la historia de una ruptura que se convierte en triángulo amoroso cuando uno de los dos se niega a aceptar el final del amor. Quizá lo original es que la propuesta nos llegue desde un país tan frío como el danés, con una cultura cinematográfica sosegada y sobria, en contraposición a la sangre caliente y apasionada del mundo latino. Con varias historias entremezclándose que reflejan los diferentes aspectos del amor (una historia que termina, otra que comienza y una tercera que no pasa del fervor de una noche), Noche de vino y copas (horrenda traducción al español que parece querer hacer hincapié en los conocimientos enológicos del protagonista cuando el título original, Superclásico, tira más por el lado futbolístico) parece querer buscar el contraste entre ambas culturas, terminando por revelarse en una especie de declaración de amor hacia Buenos Aires, el tango, el fútbol (la historia prácticamente arranca con un partido entre Boca Juniors y River Plate) y la gastronomía bonaerense.
Con todo, y siendo un buen divertimento, reflexivo pero sin llegar a la pedantería, algo tiene este film que no termina de encajarme. Quizá porque en la contraposición cultural se olvida (imagino que por sentirla obvia al ser su identidad de origen) de mostrar algo más de la cultura danesa. Quizá porque alguna de las situaciones tengan un punto de surrealismo que no terminen de casar bien con la trama (esas alucinaciones del hijo con dos cucarachas bailando un tango, por ejemplo, o todo lo que rodea al personaje de Fernanda, Adriana Masciliano, el punto más ¿erótico? del film). Quizá porque el personaje de Anna, desde una mirada masculina (ya se sabe, entre hombres tenemos que apoyarnos), resulte totalmente odioso. O quizá por culpa de esa constante y agotadora voz en off que narra toda la película como si de un cuento se tratase, resultando en ocasiones demasiado reiterativa con lo que las propias imágenes nos ofrecen.
En fin, que no es una mala película. Entretiene e invita a conocer una ciudad sin duda más bella de lo que se ve en pantalla, pero que no terminó de seducirme como pretendía, posiblemente por su indefinición entre el drama y la comedia, aunque por lo menos debo agradecerle la coherencia de su final, algo que habría costado encontrar en una producción de Hollywood.

El comentario del mes: EL PRECIO DE LAS ENTRADAS DE CINE

Hace un par de meses dediqué mi comentario a analizar el precio de las entradas del cine, cansado de escuchar cono amigos míos defienden la piratería con la excusa de lo caro que es. Allí deje constancia de que todo es relativo, y lo que nos pueda parecer caro resulta barato si lo comparamos con otras actividades culturales o de ocio.
Hoy, sin embargo, quiero reflexionar sobre el precio de una entrada de cine comparándola con otra entrada de cine.
Me explico. Dándole vueltas al asunto he llegado a una conclusión que permitiría abaratar el precio de las entradas. De algunas de ellas, al menos. Naturalmente, se trata de una utopía imposible de llevar a la práctica, pero ahí va mi idea: Pagar en función de la película.
No podemos valorar su calidad, eso está claro. Que una película sea buena o mala es algo demasiado subjetivo para dejarlo en manos de los distribuidores. Ni siquiera el hecho de que ganen o sean nominadas al Oscar serviría como referencia, y como prueba baste ver cuantas películas con premio no consiguen ser estrenadas en España. , al menos, no como deberían estrenarse.
Pero yo me pregunto... ¿y si las valoramos por su presupuesto? El dinero que cuesta rodar una película no es sinónimo de calidad tampoco, desde luego, pero ¿qué duda cabe que cuanto más se gasten en la producción más vamos puede ofrecer una película?
Pondré un ejemplo muy reciente y que es el título que me dio la idea para este comentario: Eliminado.
La película de Levan Gabriadze que comenté hace un par de días tiene una duración de 82 minutos y un presupuesto, según Box Office Mojo de un millón de dólares. El film me agradó bastante, como ya sabéis, pero eso se debe en parte a que pago una tarifa plana por ir al cine. Es decir, que me cuesta lo mismo a final de mes ver Eliminado o saltarmela. Sentados unas filas por delante de mi había unos chicos que salían despotricando de la película. Y no porque no les hubiera gustado, sino porque consideraban que los nueve euros que habían pagado por la entrada eran excesivos por estar mirando una pantalla de ordenador menos de una hora y media. Y no les faltaba razón.
Así que mi razonamiento es: ¿no sería coherente pagar menos dinero por una película barata y más por una cara? Insisto, la calidad de un guion o unas interpretaciones no la hace el dinero, pero está claro que una súper producción como Jurassic World o los Vengadores va a tener una serie de alicientes, por lo menos visuales, que no podemos encontrar en una película pequeña de corte independiente.
Creo que una solución así no afectaría a las grandes productores, que mantendrían sus precios y, por lo tanto, a su público, mientras que podría beneficiar a esas pequeñas joyas independientes que muchas veces caen en el olvido de salas marginales de la periferia o condenadas a la exclusividad de la versión original que, con la excusa de las entradas más baratas podrían ganarse el derecho de una mejor distribución. Al final, el aumento de espectadores compensaría la rebaja de precio y daría, además, la oportunidad a que profesionales de calidad pero sin nombre pudiesen ser más reconocidos por el público más generalista.
A alguien sí perjudicaría esta medida, naturalmente. A esas productores que se dedican a hacer éxitos prefabricados de infumable calidad (sí, me refiero a las Paranormal Activity y familia) que son tan baratas que con que la vean cuatro flipados y sus resignadas novias a precios prohibitivos ya les basta para triplicar su presupuesto con las ganancias. Pero la verdad, estos son los que menos me preocupan.
Ya lo he dicho al principio, eso es un castillo en el aire, un órdago imposible de llevar a cabo pero, ¿de verdad creéis que sería tan mala idea?
Si no, dentro de poco, en lugar de decir si una película nos ha gustado o no las calificarnos diciendo si merecen que se paguen diez euros por ellas o no. Ya lo vereis...


miércoles, 29 de julio de 2015

SOLO QUÍMICA (5d10)

En ocasiones surgen películas que, sin saber muy bien cómo, rompen los moldes preestablecidos y consiguen demostrar que no todo está dicho en el mundo del cine. En otras ocasiones, sin embargo, es dolorosamente necesario enfrentarse a bodrios insufribles que son imposibles de aguantar y mucho menos de justificar. Y en ocasiones, también,  nos encontramos con cosas como esta…
Solo química navega por los mares de la nada más absoluta. Cuesta suspender esta película porque no está mal interpretada, no está mal dirigida y no carece de elementos que podrían llegar a resultar interesantes, pero todo lo que cuenta, todas las bazas con las que pretende ganarnos, son tan tediosamente previsibles, tan faltas de espíritu, fuerza u originalidad que cuesta también ponerle una buena nota.
Solo química empieza como un alegato en contra del amor como concepto romántico, con la historia de Oli, dependienta de una perfumería, enamorada de un galán televisivo, Eric Soto, sin darse cuenta de que quien bebe los vientos por ella es su compañero de piso, Carlos. Sólo con esta premisa ya pueden ustedes imaginar todo lo que va a suceder. Y todo lo que están imaginando, sin un solo cambio, sin una sola sorpresa, sucede.
Siempre se ha dicho que las comedias románticas están marcadas a fuego por unos esquemas inamovibles (aunque Marc Webb se saltó el esquema en (500) días juntos), pero seguirlos tan a rajatabla con una apatía tan descarada como hace Alfonso Albacete en esta película resulta espantosamente tedioso.
Y eso que, pese a la historia de amor prefabricada, Solo química podría tener argumentos para convencer gratamente, pero está plagada de elementos increíblemente desaprovechados, como la presencia estéril de Natalia de Molina en el reparto, la subtrama mal contada del gimnasio en bancarrota del padre de Oli y la posibilidad de hacer una crónica sobre el descenso a los infiernos de un actor cuando cae en desgracia. Esto último podría haber sido lo más inteligente y una buena manera de aprovechar la historia de Eric soto, el astro televisivo al que se le empieza a apagar su estrella y le toca disfrutar de la cara amarga del mundo del espectáculo. Y eso por no comentar la escena en la que la protagonista, la tímida e insegura Oli, se convierte en una especie de superheroína de acción. Una escena que te saca totalmente de la película.
Albacete, más que narrar una historia parece estar haciendo un publirreportaje, a medio camino entre el homenaje a la ciudad de Barcelona, la crónica rosa alrededor del mundillo del cine español y un anuncio de perfumes. Por eso, lo mejor de la película es su fotografía, sabiéndose aprovechar muy bien de la belleza de la ciudad condal, del glamour y el lujo de todo lo que rodea al afamado actor y del culto a su propio cuerpo. Porque si hay algo que destaque en la película, eso sí, es la belleza de un actor que no duda en salir sin camiseta siempre que puede para que Albacete le dedique recorridos en primer plano a cámara lenta, para regocijo de las féminas.
Al menos, para que nos sirva de consuelo, el director murciano ha sabido rodearse de un buen casting, pues junto al trío protagonista formado por Rodrigo Guirao Díaz, Ana Fernández y Alejo Sauras podemos reconocer por ahí también (algunos simples cameos, que concepto tan de moda últimamente) a José Coronado, Neus Asensi, Rossi de Palma, Silvia Marsó, Bibiana Fernández, María Esteve o Martina Klein.
Elementos para hacer algo interesante tiene, pero al final se queda en tierra de nadie, en una peli tonta del montón con chicos buenorros, chicas monas, canciones pegadizas y postales bonitas.
Ni chicha, ni limoná…

ETERNAL (6d10)

Antes de empezar mi comentario quiero dejar claro un tema: la mayoría de críticas de medios especializados que he escuchado/leído por ahí han puesto está película a caer de un burro. Pero siendo objetivos, no lo han hecho por su calidad, sino por el pequeño detalle de ser un remake y perder en comparación con respecto al original. Soy el primero en criticar ciertos remakes innecesarios que sabemos de antemano que van a ser inferiores al imitado (me vienen a las mente casos recientes como RoboCop, Poltergeist o la polémica que recorre la red últimamente ante el rumor -desmentido por el propio Zemeckis- de que se podría estar planeando una nueva saga de Regreso al futuro). Pero eso tiene cierta lógica cuando
se trata de auténticos clásicos (nadie en su sano juicio se atrevería a hacer un remake de Casablanca, Gus Van Sant lo intentó con Psicosis y así le fue) o de películas míticas como las mencionadas. Pero no creo que eso se de en el caso de Plan diabólico, el título del que se referencia Eternal. La película de John Frankenheimer es sin duda una gran obra, pero tampoco original, pues se basaba en una novela de David Ely, así que ¿por qué rasgarse las vestiduras comparando está peli con una de 1966 que tampoco es que forme parte de la historia más imprescindible del cine en lugar de disfrutar (o no) del trabajo de Tarsem Singh por sus propios méritos?
Y el caso es que la película no está nada mal, le pese a quien le pese. No es magnífica pero logra su propósito de entretener e intrigar durante un buen rato. Aunque arrastra un problema, eso hay que reconocérselo.
Al crear una historia, ya sea para cine o en novela, es relativamente fácil hallar una buena idea de base. El problema es saber desarrollarla. Es lo que pasaba en títulos a priori tan interesantes como La noche de las Bestias (The Purgue) o Tú eres el siguiente, cuyas premisas llamaban mucho la atención pero terminaban cayendo hacia la rutina a medida que avanzaba el metraje.
Así, el punto de partida es muy interesante. Un acaudalado empresario está próximo a morir y como medida desesperada para alcanzar la inmortalidad acepta realizar una intervención médica mediante la cual su conciencia pasará a ocupar un cuerpo más joven, creado artificialmente en un laboratorio. El problema es cuando se descubre que el nuevo cuerpo que ocupa no es tan artificial como le habían asegurado y los recuerdos de su anterior propietario comienza a mezclarse con los suyos propios. Como podéis ver, ciencia ficción sesuda y con dilema moral incluido que puede recordarnos a las historias clásicas de Philip K. Dick. Es una parte de la película, además, protagonizada por el siempre excelente Ben Kingsley.
Lo que sucede es que una vez descubierto el meollo nuestro protagonista, ahora interpretado por un correcto pero para nada genial Ryan Reynols, emprende una carrera contrarreloj por salvar su vida y la de los inocentes que lo acompañan (no daré más detalles, que para spoilers ya está el tráiler) que convierten la ciencia ficción del principio en algo anecdótico para convertirse en una peli de acción más, como si de un film del desaparecido Tony Scott se tratase. Aunque claro, Singh no es Scott, por desgracia.
Así, la película es correcta y funciona bien si la tomamos como un simple entretenimiento de acción, con persecuciones intensas bien ejecutadas y algunos rostros conocidos (Matthew Goode, Natalie Martinez y Victor Garber completan el quinteto protagonista), aunque puede decepcionar el que no se apostara más por la dualidad interna del protagonista como se intuía al principio.
Quien quiera buscar en Eternal algo más, como los señores a los que me refería al principio, se sentirán defraudados. Estafados incluso. Los que sepan que van a ver una simple peli de acción con giros de guion y algo de drama, se sentirán satisfechos. El problema es que a veces el espectador pretende decidir lo que quiere que le enseñen, en lugar de recordar que el cine consiste en disfrutar con lo que el director decide mostrarte. Y con un guion, por cierto, de los hermanos Pastor, que parecen afianzarse cada vez más en Hollywood.

ELIMINADO (6d10)

Posiblemente los lectores habituales de este Blog sabéis de sobra lo que opino sobre la de películas terror modernas, tonterías rodadas con cuatro duros y tres sustos con el único fin de ganar dinero fácil y firmadas por incompetentes que utilizan la excusa de la cámara en mano para ocultar sus evidentes carencias.
Sin embargo, debo reconocer que la premisa de esta película me ha sorprendido gratamente, consiguiendo de la forma más sencilla y absurda del mundo mantenerme enganchado durante su escasa hora y media de metraje.
Dos son las cualidades principales de este ¿film? ¿experimento? que me han inclinado favorablemente a su aceptación:
En primer lugar tenemos su formato. Cuando parecía que lo único que se sabía hacer era imitar el truco de El proyecto de la Bruja de Blair (y salvo el dúo Balagueró/Plaza pocos son los que lo han sabido hacer de forma meritoria), abusando de la cámara en mano, el estilo falso documental o incluso el plano fijo (cuánto daño al cine ha hecho Paranormal Activity) llegan estos tipos llamados Levan Gabriadze (director, mejor no busquéis su filmografía u os entrar la risa) y Nelson Greaves (guionista, esté ni tiene filmografía) y se inventan este nuevo formato. Eliminado no es, en el fondo, una película. Es, simplemente, el escritorio de un ordenador donde vemos únicamente las diversas ventanas que la protagonista va abriendo, cerrando, minimizando... Como si nosotros mismos estuviésemos en el lugar del personaje manejando nuestro propio ordenador. Más empatía con un protagonista es imposible
Vale, quizá esto no sea totalmente nuevo. Algo parecido hizo ya Nacho Villalongo en Open Windows, pero su exceso de ambición diferencia claramente su película de esta. Allí había cambios de escenarios, persecuciones, incendios... Y todo visto desde una pantalla de ordenador. Un ejercicio de malabarismos tan espectacular como complicado, por lo que pese a lo meritorio del tema era casi imposible no cometer errores o caer en situaciones absurdas. Aquí, sin embargo, las pretensiones son tan sencillas, es todo tan limitado, que se consigue una simpleza que termina por beneficiar a la obra. Este es un caso claro de que a veces, menos es más.
La trama gira alrededor de cinco amigos que se juntan para charlar por vídeo chat como cualquier otra noche. Pero es una noche especial. El aniversario de la muerte de una chica a la que conocían que se suicidó como consecuencia de la humillación sufrida por un vídeo que alguien subió de ella a la red. Algo que, por desgracia, es más frecuente de lo que nos podemos imaginar. Alguien más se une a la conversación, un usuario anónimo a quien no pueden eliminar y que envía mensajes a los chicos desde las cuentas de correo y de Facebook de la fallecida. Comienza así una espiral de desconcierto y miedo que terminará en un baño de sangre.
Y llevamos ahí al segundo elemento que me lleva a aplaudir la película. Su realismo.
De acuerdo, sé lo que estáis pensando. Esto, en el fondo, es una película de fantasmas y ya han aparecido expertos informáticos por ahí diciendo que hay cosillas en esta peli que no son reales. ¡Pues claro! Es una peli de miedo. El salto de fe hay que hacerlo sí o sí. Pero lo que cuenta, por muy fantástico que sea, lo hace de una forma muy coherente. No son cuatro descerebrados de hormonas alteradas metiéndose en lugares siniestros y abandonados. Son unos chicos normales y corrientes, con quienes cualquiera se podría identificar, conversando desde la seguridad de sus casas.
Además de ser una crítica (muy velada, no diré que no) a los peligros de Internet y al uso indiscriminado e irresponsable de las redes sociales me parece un análisis psicológico muy interesante sobre la amistad y el instinto de supervivencia. Si se tratase de un proyecto más "serio" y no una peli de terror de bajo (bajísimo) presupuesto sin duda serviría para detenerse a reflexionar sobre hasta dónde se puede uno llegar a sacrificar cuando lo que hay en juego es suficientemente importante, y cómo los secretos que uno guarda consciente de que pueden arruinar vidas salen a flote cuando el miedo, la envidia o los celos son sentimientos más dominantes que la amistad o la lealtad.
O quizá simplemente es que la peli me pilló en un día bueno (y justo después de ver la basura de Rey Gitano, que todo cuenta).
En fin, que quizá no sea una película maravillosa y revolucionaria, pero a mi logro interesarme con muy poquitos argumentos, demostrando que con algo de imaginación y un poco de honestidad también se pueden hacer bien las cosas, aun cuando el presupuesto sea limitado. Y como a los actores apenas se les ve, si son muy limitados  (poco conocidos, desde luego) pues ni nos enteramos.
Y una mención especial merece el trabajo de traducción en español, que se han dedicado a trasladar a nuestro idioma cualquier texto que aparecía en pantalla, ya sean enlaces de publicidad o parrafadas que sólo permanecían en plano un segundo escaso. Felicidades por el esfuerzo.
Lo que sí me da miedo de verdad es que la película funcione en taquilla y todo el mundo empiece a copiar este formato. Me lo veo venir...

ANT-MAN (7d10)

Que tras un breve prólogo (que ya de entrada sienta las bases de la continuidad del MCU) se de paso al ya clásico logotipo de Marvel a ritmo de salsa ya indica que esta película tiene algo de diferente con respecto a las demás.
Sí, vista desde la distancia, puede parecer más de lo mismo: un tipo con grandes poderes que se pone un disfraz colorido para salvar al mundo a base de tortas. De acuerdo, no lo voy a negar. Pero intentemos no ser tan simplistas, ¿os parece?
Ant-man, el Hombre Hormiga, ya nació con la pretensión de ser una película pequeña, más modesta en su producción que sus “hermanas mayores” y con ambiciones mucho más comedidas. Esto no quiere decir que Marvel no quiera ganar dinero con ella, por supuesto, pero si tenemos en cuenta que es la película con menos presupuesto de la saga se puede intuir por donde va la cosa.
Ant-man se mantiene en la línea de Marvel de querer ofrecer  cosas diferentes dentro de cada película. Si Los Guardianes de la Galaxia era una Space Opera y Capitán América: Soldado de Invierno era sobre todo un thriller político, Ant-man debe considerarse como una comedia de robos, muy en la línea de Oceans Eleven o Un golpe de altura, por ejemplo. Además, consigue una vez más el inmenso mérito de construir una historia notablemente diferente a su contrapartida en los comics sin que por ello los fans de toda la vida deban sentirse ofendidos (aunque ya se sabe que el fan acérrimo en ocasiones peca de forofismo).  Así, el Ant-man de la película no es el héroe original que fue miembro fundador de Los Vengadores, Henry Pym, ni está acompañado por su mujer Janet Van Dyne, sino una encarnación mucho más moderna, la que representó Scott Lang (aunque con algo del sentido del humor que definió la etapa de Eric O'Grady). 
En la película, sin embargo, se nos cuenta que Henry Pym es ya un héroe retirado (por lo que nunca llegó a luchar con Los Vengadores) y a Janet no llegamos ni a conocerla, aunque sí aparece una hija inexistente en las viñetas clásicas (aunque sí en un futuro alternativo que.. dejémoslo estar, es muy complicado para los no iniciados) que se supone asimilará el rol de Janet en futuras adaptaciones.
Las partículas Pym, el invento de Henry Pym que permite encogerse hasta el tamaño de una hormiga, está en manos de un empresario sin escrúpulos que no dudará en venderlos al mejor postor (y ya sabemos que Hydra, o lo que quede de ella, está siempre por ahí) y Pym debe encontrar a alguien que acepte su legado como Hombre Hormiga para recuperar su fórmula original y detener al villano de turno. Y para ello, el elegido es un ladronzuelo recién salido de prisión pero con grandes conocimientos tecnológicos.
Pese al trasfondo humorístico que mantiene el film en todo momento, hay mucha más profundidad en Ant-man de lo que cabría esperar. Sin pretender caer en el melodrama, ni mucho menos, la película trata en realidad sobre las segundas oportunidades y la redención, con héroes que tienen los pies de barro más que nunca y donde la reconciliación entre un padre y una hija (en un doble paralelismo entre la historia de Henry y la de Scott) es casi tan importante que cómo se detendrá al malo.
Con un guion ágil y divertido concebido por Edgar Wright y Joe Cornish la película no contiene demasiadas escenas de acción, aunque las que hay son suficientemente potentes como para llenar la película, mostrándonos además cosas diferentes a las vistas hasta ahora en cine, con impresionantes coreografías que juegan constantemente con los cambios de tamaño y que me recuerdan en esencia a aquella magistral escena de X-men 2 con Rondador Nocturno en la Casa Blanca. Marvel, además, ha vuelto a jugársela en la elección del director, apostando por Peyton Reed, un especialista en comedias románticas (suyas son Di que sí, con Jim Carrey, y Separados, con Jennifer Aniston) que consigue casi que nos olvidemos la decepción que supuso cuando Wright se cayó del proyecto, aunque su huella parece haber quedado a tenor de algunas escenas que parecen llevar su sello característico.
En el apartado interpretativo, Paul Rudd cumple con solvencia en el papel de simpático caradura, aunque sin llegar a alcanzar las cuotas de carisma y descaro que encumbró a Chris Pratt en Los Guardianes de la Galaxia. No ha sido, realmente, un descubrimiento, pero teniendo en cuenta que su carrera estaba prácticamente limitada a papeles de comedia ligera no desentona nada como futuro héroe de acción.
Junto a él, el veterano Michael Douglas aporta la dosis de elegancia y personalidad, llenando la pantalla cada vez que aparece como sucediera con Robert Redford en Capitán américa: Soldado de Invierno, mientras que el toque femenino lo compone Evangeline Lilly, posiblemente la única que ha sobrevivido al legado de Perdidos y que ya demostró en la trilogía de El Hobbit que aparte de ser una cara bonita puede mostrarse como una aguerrida luchadora. No es que tenga muchos momentos de acción en Ant-man, pero su futuro con Marvel puede ser de largo recorrido.
Completa el elenco protagonista Corey Stoll como el villano de la función, quizá el único pero que podría ponerle al film. Y no porque su interpretación no sea estimable o porque su Chaqueta Amarilla no mole en acción, sino porque la creación de un villano de nivel sigue siendo uno de los puntos débiles de la saga Marvel. Me cansa un poco el esquema de ver a un héroe luchar contra su reverso oscuro: Iron man es un tipo con armadura que se enfrenta en su primer film a un villano con armadura, Hulk es un tipo que se transforma en monstruo que se da de tortas contra un villano que se transforma en monstruo y Ant-man es un tipo que se encoje que debe lidiar contra un villano que se encoje. Todo demasiado repetido, me temo.
Pero quizá lo mejor haya que buscarlo en los secundarios de lujo, como ese trío calamitoso que ponen los toques de humor más absurdos y que están encabezados por Diego Luna, uno de los más agraciados del reparto. Mención especial se merece, en un rol muy secundario (por no decir terciario) Judy Greer. Su interpretación de la exmujer de Scott no es que sea muy destacable pero sí me resulta llamativo como esta actriz de Detroit, aun en intervenciones muy pequeñas, ha conseguido colarse en algunas de las películas más destacadas de los últimos años, como El amanecer del Planeta de los Simios, Tomorrowland o Jurassic World.
La historia de Marvel sigue creciendo. Con Ant-man se cierra la fase dos, y aunque no sea la película más grande ni la más importante de la saga sí es un capítulo interesante, una nueva película origen que dará sus frutos en el futuro, y cuyos dos epílogos (recordad quedaros todos hasta el final de los créditos) comienzan a enseñar lo que va a ser la Fase Tres. Y no voy a reventaros ninguna sorpresa soltando spoilers, ni mucho menos, pero si esperáis algún cameo directo con el resto de la saga... no sufráis: haberlo, haylo.
El Futuro ya está escrito. De momento, ya es oficial que Ant-man estará en Capitán América: Civil War. El Henry Pym de los comics fundó Los Vengadores. El Scott Lang del cine tendrá la oportunidad de unirse a ellos. Y a poco bien que vayan las cosas, seguro que lo hará.
Ant-man consigue ser una gran película, pese a su diminuto protagonista. Es diferente a lo que nos había acostumbrado Marvel, y esa diferencia la hace especial. No será un mega taquillazo, pero tampoco nació para ello. En una semana prácticamente ha recaudado su presupuesto. Y eso ya augura un nuevo éxito para la Casa de las Ideas.
Solo nos queda la espinita de fantasear cómo habría sido de diferente si al final la hubiese dirigido el genial realizador de Zombies Party, pero so es algo que ya nunca podremos averiguar. Una pena… ¿o no?

martes, 28 de julio de 2015

PIXELS (6d10)

Pocas cosas hay que me den más miedo que una peli protagonizada por Adam Sandler, que ni cuando ha querido ponerse serio (Hombres, mujeres & niños, por ejemplo) me ha convencido. Y que junto a él estén Kevin James (el Superpoli de las narices) y Josh Gad (aceptable en El gurú de las bodas, pero poco más) no sirve para ver el proyecto con más optimismo.
Sin embargo, te paras a mirar el resto del elenco y la cosa empieza a mejorar, dando esperanzas de que el film no sea un despropósito total como casi todas las comedias que estos tipejos suelen tirar juntos o por separado.
Empezamos por el director, un Chris Columbus a quien las nuevas generaciones conocen por sus dos Harry Potters y su Percy Jackson pero que se granjeó el título de clásico gracias a obras como Sólo en casa, Señora Doubfire o El hombre Bicentenario, aparte de haber escrito maravillas ochentas como Gremlins, Los Goonies o El secreto de la pirámide. Su presencia por si sola ya garantiza un mínimo de dignidad.
Seguimos con el resto del reparto, con el siempre genial Peter Dinklage (al que aquí le permiten estar mucho más pasado de vueltas que en Juego de tronos o X-men: días del futuro pasado), Michelle Monaghan(siempre brillante, aunque ahora se permite estar mucho más relegada que en True Detective) y las siempre intensas interpretaciones de Brian Cox y Sean Bean (lo de Dan Aykroyd, Serena Williams y Martha Stewart son simples pero celebrados cameos).
Por último, tenemos el Pixels de 2010, ese aplaudido corto de Patrick Jean que es la base de esta película y que contiene las mejores ideas del mismo.
¿Qué es lo que resulta de mezclar todos estos ingredientes? Pues la verdad es que una película sumamente entretenida, absurda y divertida a partes iguales, con claras influencias (¿o hay que llamarlos homenajes?) al cine de los ochenta, destacando lo mucho que el equipo protagonista recuerda a los Cazafantasmas en un momento concreto del film, aunque con reminiscencias al cine de caos y destrucción con ocasiones alienígenas que lideró el Independence Day de Roland Emmerich.
La trama es tan sencilla como estúpida. El Gobierno envía al espacio un vídeo con diversas imágenes de la vida en la tierra, incluyendo la final de un campeonato mundial de videojuegos y décadas después una raza alienígena interpreta el vídeo como una declaración de guerra y crea un ejército basado en esos videojuegos para combatirnos. Así comienza una lucha por la supervivencia contra enormes Pacmans, Donkey Kong, Tetris y demás seres de ocho bites caídos del cielo con todas las esperanzas puestas en los dos finalistas de aquel fatídico campeonato convertidos ahora en sendos fracasados (un instalador a domicilio y un presidiario) junto a los otros dos amigos de la infancia del prota, un amargado friki conspiranoico y… ¡¡el Presidente de los Estados Unidos!!
Si, ya me hago cargo que dicho así puede sonar a majadería. Y desde luego que lo es. Pero una majadería divertida y original, con acertados toques de nostalgia, la dosis justa (mínima) de romance y un sentido del humor bastante blanco, donde se nota que no han dejado a Sandler meter mano en el guion.
No romperá taquilla ni ganará premios, pero como entretenimiento estival sin demasiadas pretensiones ya vale. Y ver volar en pedazos de un disparo a un pitufo digital o a Pacman comiéndose la mano de su creador, no tiene precio. 

REY GITANO (2d10)

Voy a empezar mi comentario confesándoos una cosa. No he visto Airbag. Puede que sea la única persona de mi generación que no la haya visto (y reconozco que es una deuda pendiente que tengo), por lo que no voy a poder hacer las comparaciones obligadas entre este título y aquella comedia de culto gamberra y taquillera que quizá no sea la mejor película de Juanma Bajo Ulloa, pero sí la más exitosa.
Y digo esto porque desde la propia campaña de promoción se han asegurado de que todo el mundo que se sienta atraído por Rey Gitano lo haga teniendo la referencia de Airbag en la memoria. Y ya de entrada, que un film se promocione mediante paralelismos con una película de hace ya dieciocho años no es que sea un buen presagio. Claro que una vez visto el tráiler, pocas ganas quedaban de ver la peli por sus propios (y dudosos) méritos.
El caso es que, puestos a comparar, se podría decir que Rey Gitano combina la esencia de dos investigadores a cual más cafre dignos del mismísimo Ibáñez y los dejes malolientes y de dudoso gusto de los Torrente de Segura. Pero mientras que el dúo formado por Karra Alejaldre y Manuel Marquiña (sin llegar a ser Mortadelo y Filemón) son de lo poco salvable de la película (junto, quizá, a María León, que aunque continúe interpretando siempre al mismo personaje al menos logra que este siga teniendo algo de frescura y espontaneidad), las comparaciones con la creación de Santiago Segura (por cierto, presente en la película, aunque no en los créditos) son muy perjudiciales. Y es que, independientemente de que a cada uno pueda gustarle más o menos (ya se sabe que Torrente despierta amor y odio por igual) no se le puede negar a Santiago Segura una especie de genialidad única y muy particular.
Más allá de que uno pueda entrar o no en el humor zafio y escatológico o que alguien pueda sentirse ofendido por la falta de respeto y la burla hacia la Casa Real el verdadero problema de Rey Gitano es que es una comedia que no consigue hacer reír en ningún momento. Quitando un par de secuencias concretas y algún diálogo acertado entre Alejandre y Marquiña, el resto es sencillamente espantoso, demostrando que Juanma Bajo Ulloa (director, guionista y productor) está en momentos muy bajos, y que ese retorno a la comedia no va a ser, ni mucho menos, un camino de rosas. Quizá tendría que haber sido más descarado todavía y haber apostado directamente por un Airbag 2.
Resumiendo, la película es mala, desagradable, absurda y zafia, sin apenas chistes que merezcan ser celebrados y un guion ridículo, tanto en su concepción como en su narración, llenos de errores de continuidad y con escenas (una persecución en coches, por ejemplo) rematadamente mal filmadas. Bajo Ulloa ha pretendido hacer una sátira sobre la España actual, pero ha caído en el esperpento más bochornoso, con momentos de vergüenza ajena e interpretaciones (desde el “gitano” Arturo Valls hasta la otrora gran Rosa María Sardà, aunque si debemos analizar a los actores no hay ninguno salvo los tres nombrados que merezcan el más mínimo perdón) horrendas.
Rey Gitano es un despropósito de principio a fin, y la lástima que se pudiera sentir por los calvarios que ha sufrido el realizador para conseguir llevar a buen puerto su película parecen ahora una cuestión de justicia divina.
Quizá podría incluso rebajarme al mismo nivel de Juanma Bajo Ulloa y decir que su película es, simple y llanamente, una mierda. Lo creáis o no, de eso va la trama, de una mierda… real.

EL SÉQUITO (7d10)

Adaptación para la gran pantalla de una serie de televisión apenas conocía en España (lo que augura un escaso éxito a la película), El séquito sigue las andanzas por Hollywood de un exitoso actor, joven y guapo, y su cuadrilla, tres amigos de la infancia cuyos lazos no se han roto pese a la fama del primero. Todo lo contrario, son su mejor baza para mantener los pies en la tierra, ejerciendo tanto de amigos como de fieles escuderos. Para hacernos una idea de la lealtad del grupo baste como ejemplo el caso de Tortuga, que se hizo millonario gracias a montar una empresa de tequila y, pese a ello, sigue ejerciendo de chófer de la estrella, Vince.
El séquito es un recorrido por el tormentoso mundillo del cine, pero no desde el punto de vista dramático y decadente de películas recientes como Birdman ni irónica o corrosiva como fue El juego de Hollywood. Nada de eso. El séquito no pretende criticar los claroscuros de Hollywood ni revelar la doble moral de un sector totalmente alejado de la realidad del más común de los mortales. En lugar de eso, el director Doug Ellin, creador de la serie original, apuesta por hacer un retrato glamuroso y festivo, centrando su historia en un compendio de coches deportivos de lujo, chicas espectaculares y juergas hasta altas horas de la madrugada. No me parece un mal punto de vista cuando no se tiene ninguna pretensión más que la de hacer pasar un buen rato con un puñado de personajes a los que se coge cariño con facilidad (pese a pertenecer a un mundo tan lejano del nuestro), pero aun cuando debo confesar mi desconocimiento sobre el realismo que pueda haber tras esa imagen que ofrece sobre el famoso distrito de Los Ángeles (aunque me temo, y digo esto desde la envidia más sana, que debe tener bastante de cierto) se me antoja una visión algo blanda, demasiado amable como para creernos un guion muy "de película", no sé si me entienden, con un final extremadamente redondo y feliz.
Manteniendo el reparto original de la serie, quizá la historia de cómo Vince quiere dar el salto a la dirección pueda ofrecerles a los seguidores del formato televisivo como un episodio alargado sin más, pero para los que descubrimos a estos chicos ahora el producto final es ciertamente agradable, divertido y refrescante. Ellin juguetea constantemente con el exceso, pero sin llegar a recrearse con él.
No se trata tampoco de que la película esté completamente vacía. Hay una pequeña reflexión sobre el miedo al fracaso del autor, la envidia y el ego (curiosamente quienes muestran más defectos son dos personajes ajenos al propio Hollywood, un padre y un hijo tejanos que ejercen de productos de la película de Vince), pero está claro que no va de eso la cosa. Si queremos profundidad y reflexión debemos conformarnos con el espíritu de lealtad y amistad inquebrantable del grupo protagonista. Ni tiene ni pretende tener mucho más.
Cabe resaltar, finalmente, el reparto. Junto a los obligados (y poco conocidos más allá de la serie) Adrian Grenier, Kevin Connolly, Kevin Dillon, Jerry Ferrara  y Jeremy Piven podemos encontrar por aquí también a Billy Bob Thornton, Haley Joel Osment o Alan Dale, y la presencia en papeles destacados de Emily Ratajkowski y Ronda Rousey interpretándose a sí mismas, aunque, tal y como sucedía ya en la serie, el listado de cameos es interminable, empezando por Mark Wahlberg, que además es productor tanto de las película como de la serie. Reconocer o identificar a tanto famoso que simplemente pasan por ahí o son objeto de un chiste efímero es otro de los deleites del film.
En fin, un vehículo más para el lucimiento de ese mundo tan maravilloso como artificial que es Hollywood, edulcorado pero deslumbrante, que me ha sorprendido lo suficiente como para tentarme y adentrarme en la serie también.
Como en la propia Meca del cine, no es oro todo lo que reluce, pero hay ocasiones como está en la que es fácil contentarse con lo que reluce, por más que sepamos que en el fondo todo es cartón piedra.

DEL REVÉS (9d10)

Han sido tantas las veces que he leído referirse a esta película como “la nueva maravilla de Pixar” que no puedo evitar empezar precisamente así mi comentario.
Y es que, efectivamente, Del revés es una genialidad más de la productora que tantos éxitos de crítica y público cosechó hace unos años y que parecía estar en horas bajas tras sus decepcionantes estrenos más recientes. Así, Del revés, más que ser una nueva genialidad debería simbolizar mejor el regreso a la genialidad, a la altura de sus obras más recordadas como Wall.E o Up. Pero siendo realistas, Del revés puede que se sitúe incluso por encima de estas, pues si bien ambas contaban con sendos arranques impresionantes y difícilmente superables, el resto de la película comenzaba a desinflarse poco a poco, sobretodo en el caso de la casita de los globos, que terminaba siendo un producto de animación del montón, tópico y tontorrón.
Del revés no hace alardes de arranques profundos y reflexivos, ni de largas secuencias sin diálogos con tanta brillantez como pomposidad, tratando de demostrar a lo grande que un producto de animación puede estar destinado a un público adulto. Ni mucho menos. En este caso la sensación de reflexión y profundidad se extiende a lo largo de toda la película sin por ello tener que renunciar a una narrativa  clásica y de fácil acceso para los más pequeños. Otra cosa es que el tema de fondo que se trata en la película sea igual de accesible a los niños, cosa que personalmente dudo, pero para ello se han diseñado esos personajes tan peculiares y coloridos, para que donde no llegue la reflexión sea compensado con el derroche visual de la imaginación.
Y es que Del revés, más allá de la sencillez de su historia base (una familia que debe mudarse por cuestiones de trabajo, con todos los problemas que ello causa a la hija protagonista), es una propuesta arriesgada y casi hasta peliaguda que se atreve a analizar la profundidad de la psique humana (y hay mucho más detrás del chiste fácil que nos muestra el tráiler con el padre pensando en futbol y la madre en un brasileño buenorro), analizar el terremoto sentimental que produce el cambio de la niñez a la adolescencia e incluso adentrarse en conflictos como la soledad, la marginación y el abandono que puede terminar volcándose en la depresión.
Dicho así, la cosa parece tremebunda. Y en cierto modo, lo es. Del revés sacude las emociones y analiza a la perfección esos conflictos internos que, si bien reflejan el estado de ánimo de una niña, pueden traducirse a cualquier edad o género con el que nos podamos identificar. Así, podemos reír, estremecernos o incluso llorar al mismo ritmo que la protagonista, Riley, como si esas representaciones visuales de sus sentimientos (reducidos, por necesidades de agilidad y cohesión, a cinco: alegría, tristeza, miedo, asco e ira) estuviesen manipulando nuestros propios sentimientos.
Definitivamente, los niños no van a ser capaces de comprender en toda su magnitud esa representación física de la propia historia personal de cada uno en forma de islas, ni van a recordar conceptos como la memoria a largo plazo o los recuerdos esenciales, pero para ello Pixar, de la mano de Pete Docter y Ronaldo Del Carmen (co-guionistas y co-directores), han sabido dotar a la historia de un ritmo endiablado, chistes de gran nivel, personajes encantadores y deliciosos (ese amigo imaginario, sin ir más lejos) y, como ya he comentado, una explosión de color que hará las delicias de los más pequeños, por más que apenas vayan a ser capaces de rascar la superficie de todo lo que el film trata de decirnos, con un mensaje final tan cierto como incómodo: la necesidad de abrazar la tristeza para ser capaces de disfrutar de la alegría. El dolor y el sufrimiento (algo que tanto Pixar como Disney están acostumbrados a tratar) no solo no es malo, sino que a la larga resulta imprescindible para poder levantarnos de los golpes de la vida y seguir adelante con el ánimo intacto.
Del revés puede no ser una obra maestra perfecta, pero desde luego se le acerca mucho, con más alma y profundidad que muchas obras más pretensiosas y artificialmente adultas que esta.
Para compensar, la película cuenta (como es habitual en el binomio Disney-Pixar) con un cortometraje a modo de aperitivo. En esta ocasión se trata de Lava, una historia cantada sobre un volcán atormentado por su soledad. Visualmente hermosa y fascinante, la historia, así como la dichosa cancioncilla, es estúpida, casi insultante. Lava es, probablemente, el peor cortometraje Pixar hasta la fecha, provocando que los escasos segundos que transcurren entre el final del mismo y el comienzo de la película sea cierto personajillo de color rojo quien tome los mandos de mi cerebro.
Y es que no todo puede ser perfecto en la villa del Señor…

domingo, 12 de julio de 2015

TERMINATOR: GÉNESIS (8d10)

Una vez más, al acudir a una sala de cine a ver una secuela/remake/reboot de un clásico de nuestra infancia nos asalta la inevitable pregunta: ¿era necesario?
En el más puro sentido de la palabra la respuesta es un rotundo NO. Cuando una película es tan interesante y emocionante como Terminator y tiene una secuela absolutamente brutal y revolucionaria como Terminator 2: El juicio final, no hay ninguna necesidad de volver a remover las cenizas del pasado, aparte del hecho de que va a ser imposible estar a la altura (ya se intentó en dos ocasiones y una serie de televisión y no se logró).  Podría ser un caso parecido al de Jurassic World, imposible de estar a la altura de la primera pero mucho más entretenida que sus flojitas secuelas.
Pero, como con Jurassic World, hay una segunda respuesta válida: si de verdad hay que hacerlo, hagámoslo bien. Y conscientes de que no se va a repetir la magia ni la genialidad de las dos obras de James Cameron (no en vano es uno de los mejores cineastas de la historia) se han esforzado para hacer una historia coherente, acorde con el paso de los años y lleno de autoreferencias y homenajes a las películas de 1984 y 1991 respectivamente.
De algún modo se podría decir que los productores han aprendido de los errores anteriores. Si la primera película era tremendamente original, violenta y (por momentos) aterradora y la segunda era un espectáculo visual adrenalítico y sin dar un respiro al espectador, parecía que ya todo estaba dicho en un universo que ni Cameron ni el propio Schwarzenegger parecían interesados en recuperar. Cuando al fin se hizo Terminator 3: la rebelión de las máquinas en el 2003 se trató de avanzar algo en la historia, pero la película de Jonathan Mostow terminó siendo una simple historieta más de robots venidos del futuro con una T-X macizorra sustituyendo al T-1000 de  metal líquido y dejando a todo el mundo con las ganas de ver por fin la guerra del futuro que tan solo había insinuado brevemente Cameron. Tras el fiasco en taquilla hubo que esperar seis años más para ver por fin esa guerra del futuro, pero para ello se tuvo que renunciar a los dos pilares fundamentales de la franquicia: los viajes en el tiempo y el bueno de Arnie, liado en asuntos de política y al que solo se le ve digitalmente y de forma muy breve. Terminator: Salvation de McG fue la que peor funcionó en taquilla y obligaba o bien a finiquitar la saga o a replantearla de nuevo.
Tras el buen trabajo de J.J.Abrams en Star Trek y de Bryan Singer en X-men: días del futuro pasadoel camino a seguir parecía claro para el director Alan Taylor (recién salido de Thor: el mundo oscuro). Al fin y al cabo, si hay una saga con derecho a modificar su historia mediante viajes en el tiempo es esta, ¿no?
Así, la acción arranca tal y como lo hacía la primera, pero dando más detalles. En el futuro John Connor está a punto de derrotar a Skynet de manera que este hace un desesperado ataque final enviando a un T-800 a 1984 para asesinar a Sarah Connor, la madre de John, y evitar que el líder de los humanos llegue a nacer siquiera. Kyle Reese, el mejor amigo de John (y que todos menos él sabemos que es también su padre), deberá viajar tras el ciborg para salvar la vida de Sarah. Sin embargo, cuando llega a 1984 la historia, tal y como él la conocía, ha cambiado.
Me apasiona el tema de los viajes en el tiempo, considerando que, dentro de la ciencia ficción más fantasiosa, debe ser tomado como un simple divertimento. La opción de los guionistas Laeta Kalogridis    y Patrick Lussiern de crear diversas líneas temporales me resulta interesante, además de permitirnos ver (la magia del maquillaje y los efectos digitales) a tres Schwarzeneggers de distintas edades. Obviando (aunque tampoco creo que renegando, como se ha dicho por ahí) la tercera y cuarta parte de la saga el film de Taylor se compone de un complicado jeroglífico de  viajeros temporales que permite ver otra vez en acción al T-1000 (con otro actor, claro) y a un nuevo villano, aunque ni rastro de ningún T-X.  Lo malo de meterse en estos berenjenales es que las paradojas son casi inevitables (todo Terminator en sí es una gran paradoja, intencionada en un primer momento), y al final de la película se encuentra uno con demasiadas preguntas sin responder que pueden llegar a molestar, sobre todo por no saber si se deben a fallos de guion, vagueza de los guionistas o simples puertas abiertas de cara a futuras entregas.
En el apartado interpretativo, con un Schwarzenegger tan inmenso como siempre, podemos mirar con lupa a Emilia Clarke, que sale bien parada en su transformación en Sarah Connor. Aunque las comparaciones con Linda Hamilton sean odiosas hay que agradecer que su rol sea ligeramente diferente al de su predecesora para poderse distanciar un poco.
No funcionan mal los otros dos protagonistas, Jason Clarke y Jai Courtney, pese a que ninguno de los dos sean actores santos de mi devoción, de los cuales no hablaré demasiado por no entrar en spoilers (aunque la propia productora, incomprensiblemente, se ha empeñado en hacerlo, tanto en alguno de los posters –no los aquí reproducidos- como en el tráiler), aunque se echa en falta algo más de importancia en el papel del inmenso J.K. Simmons, recuperando al uno de los policías anónimos que sufrió el ataque del Terminator de la primera película.
En fin, que la historia, por más que se vuelve algo previsible hacia su final, es más que convincente, con todo lo que uno podría esperar de una secuela de Terminator y que no nos habían dado desde que Cameron dejó la franquicia. No es oro todo lo que reluce, por supuesto, y ni Taylor es Cameron ni su película está  a la altura de los dos primeros clásicos, pero la acción está bien filmada, no concede un respiro al espectador y está salpicada con ligeras dosis de humor como era menester. De nuevo en referencia a mi opinión de Jurassic World debo repetir que no tiene esta película (muy hija de su tiempo pese a todo) el alma ni la magia de aquellos primeros Terminators, pero como blockbuster veraniego cumple con creces.
Eso sí, para los que la vemos doblada, se echa mucho de menos el doblaje de Constantino Romero. Sin él, eso de “Volveré” no suena igual de bien.  




LO QUE HACEMOS EN LAS SOMBRAS (7d10)

Viago, Deacon, Vladislav y Petyr con cuatro vampiros de diferentes épocas que comparten piso en la Nueva Zelanda actual. Ante la proximidad de la festividad del Carnaval Profano una cadena de televisión ha conseguido los permisos para acceder a las intimidades y secretos de este variopinto cuarteto de no muertos.
Este es el punto de partida de Lo que hacemos en las sombras, original comedia que ya disfruté el año pasado en Sitges y que no he dudado en repetir tras su tardío y maltratado (aunque por otro lado previsible) estreno en salas comerciales. Con la excusa del falso documental, la película nos muestra las andanzas de estos cuatro amigos y sus relaciones con “el mundo exterior”: la inclusión de nuevos miembros en el grupo, la amistad con un humano vivo o la rivalidad con los hombres lobos son algunas de las subtramas que definen a estos seres de la noche que deben además lidiar con sus quehaceres diarios más rutinarios, como organizar las tareas del hogar, ir a la discoteca (lo cual no es sencillo, pues para entrar deben ser invitados, como todo el mundo sabe) o aprender a utilizar Internet.
Dirigida por  Jemaine Clement y Taika Waititi (quienes se reservan además dos de los papeles protagonistas), Lo que hacemos en las sombras es una película pequeña, de bajo presupuesto, pero que demuestra una inteligencia y un sentido del humor más trabajado que muchas producciones de envergadura. Incluida dentro de lo que podríamos denominar comedia de terror independiente  como fuese en su momento Braindead (tu madre se ha comido a mi perro), Posesión Infernal, Zombie Party, etc. aunque en este caso concreto la comedia es algo más sutil, buscando más la ironía y la sonrisa constante que la carcajada fácil.
Clement y Waititi consiguen que el formato elegido (el llamado mockumentary) funcione a la perfección, logrando que la cámara en mano no canse en ningún momento y  se mantenga con coherencia  dentro del argumento, ayudando a que los personajes ajenos al grupo rompan la cuarta pared con frecuencia.
Fresca, original y divertida, Lo que hacemos en las sombras no es, desde luego, para todos los gustos. Quizá peque de un exceso de frikismo que puede asustar al espectador más convencional, pero aquel dispuesto a dejarse llevar a ciegas por el reverso de las historias de vampiros (ton sus tópicos y convicciones) sin duda disfrutará de una pieza única que, si bien no hará mundialmente famosos a sus autores si cabe la esperanza (visto que ha triunfado en los festivales por los que ha pasado) de que les abra la puerta a producciones mayores.
Habrá que estar atentos a los pasos de estos dos jóvenes prometedores.

viernes, 10 de julio de 2015

ASESINOS INOCENTES (4d10)

Asesinos inocentes es la nueva apuesta patria por el cine de género, aunque esta vez la apuesta va más por el camino del thriller que del terror, pretendiendo esta ser una historia muy al estilo de El Cuerpo o Hijo de Caín. Protagonizada por un grupo de jóvenes actores, tan guapos como de dudosa calidad interpretativa la historia tiene un interesante planteamiento que se diluye fugazmente hasta caer en el ridículo más espantoso. Aunque tampoco es que el veterano de la función, Miguel Ángel Solà, esté muy a la altura de las circunstancias, desarrollando un personaje excesivo y caricaturesco.
La trama va sobre un profesor de psicología que angustiado por la culpa de haber provocado un accidente que causó la tetraplejia de su mujer decide pedir a uno de sus alumnos que lo maté para así cobrar el deber del seguro que permitirá a la esposa operarse en Estados Unidos. No será una decisión fácil de tomar por el chaval (que carga con sus propios problemas) que arrastrará en la aventura a tres compañeros de Universidad y a una enamorada amiga.
El director, Gonzalo Bendala, sabe conseguir una buena tensión, muy amparado en la banda sonora de Pablo Cervantes, pero el guion presenta una multitud de carencias tal que una vez las cartas sobre la mesa la situación se tienda totalmente inverosímil, con decisiones de los protagonistas absurdas y un desarrollo de los acontecimientos que roza el patetismo. Esto quizá demuestre, una vez más, uno de los problemas de base que tiene nuestro cine: la excesiva proliferación de “autores”. Quizá debería ser hora de aprender un poco y dejar que los directores dirijan y que de los libretos se hagan cargo los guionistas, ¿no?
Quizá el problema sea la pretensión de Bendalade tomarse demasiado en serio una historia que no hay por dónde agarrarla. En ocasiones, cuando he analizado una película de terror lamentable como Annabelle o Insidious capítulo tres, he comentado con sarcasmo que sólo se salva de ella su sentido de la comedia. Ironía aparte, es bien cierto que el guion de Bendala (con la colaboración de J.M. Asensio), sin necesidad de tocar una sola coma, podría haber desembocado en una estupenda comedia negra, pero el director evita ese camino, desaprovechando una buena ocasión para conseguir una película gamberra y macabra que sin duda habría funcionado mucho mejor que esta, que una vez superados los dos o tres primeros días en que las adolescentes que suspiren por Maxi Iglesias o aquellos que se dejen llevar por el tirón que tiene Aura Garrido gracias a El Ministerio del Tiempo hayan satisfecho su curiosidad caerá irremediablemente en un merecido olvido. Me gustaría saber si quizá las intenciones iniciales de Bendalano fuesen por este camino, dejándose tentar posteriormente en pos de una mayor comercialidad.
Como sea, con lo que nos encontramos finalmente es con una película de intriga bien hecha a nivel técnico pero muy mal interpretada, con una serie de giros argumentales absurdos y sin sentido, que la convierten en uno de los mayores despropósitos del cine español en lo que va de año.
No es absolutamente detestable, pero algo de lamentable sí que tiene.

LOS MINIONS (7d10)

Como recordaréis los seguidores más veteranos que leyeseis mi comentario sobre Gru, mi villano favorito 2 (lamento reconocer que no recuerdo si en su momento vi la primera, pero esta sería una buena excusa para recuperarla), esos pequeños seres amarillos casi idénticos entre sí, con evidentes similitudes con los Pitufos de Peyo y que no se sabía muy bien de donde habían salido (cosa más o menos aclarada en esta película) eran los que llevaban el peso cómico de la historia, dejando para el supuesto protagonista Gru el peso narrativo y debiendo conformarse con los gags de segunda que quedaban para él. 
Por ello, no resulta extraño que la Universal, mientras prepara la tercera parte de Gru para el 2017, haya recurrido a una aventura de estos ingenuos personajillos amarillos cuya única aspiración en la vida es la de servir al amo más malvado que puedan encontrar.
A priori, teniendo en cuenta el escaso (y difícilmente comprensible) vocabulario de los Minions, cabía esperar una simple sucesión de chistes con mayor o menor gracia pero sin una gran historia detrás que los unirse. Sin embargo el guionista Brian Lynch ha sabido dotar a la película de una trama con suficiente empaque como para no echar de menos a Gru (y hasta aquí puedo leer, no voy a soltar ningún Spoiler por más que la cosa se pueda adivinar en los propios títulos de crédito iniciales). Los Minions siguen pretendiendo rendir pleitesía al mal, encarnado en esta ocasión en la figura de Scarlett Overkill y su marido florero (y aprovecho la mención para aplaudir el trabajo de doblaje de Alexandra Jiménez y Quim Gutiérrez, ya que pocas veces actores alejados del doblaje están a la altura como es el caso), pero tal y como Gru pasaba de villano a héroe en sus propias películas ahora serán los mismísimos Minions (tres principalmente: Kevin, Stuart y Bob) los que de forma no exactamente consciente deban salvar la papeleta.

Sin embargo, los Minions no es una película perfecta. Aun contando con gags memorables, el principio es tan increíblemente bueno (la historia del origen de los Minions y su paso por diversas civilizaciones) que era evidente que no sería posible mantener el nivel. Quizá es que los Minions funcionan mejor como recurso cómico esporádico que soportando todo el peso de la trama, pero el caso es que la película se hace un poco larga e incluso cansina hacia su final, con un desenlace demasiado acomodado para el nivel de gamberrismo demostrado por estos diablillos amarillentos.
Con todo, la película (que funciona a modo de precuela con respecto a los films de Gru) tiene episodios tronchantes, consiguiendo incorporar a Gran Bretaña (y en concreto Londres) como si fuese un personaje más, con sus edificios emblemáticos y sus iconos principales, desde Los Beatles hasta la mismísima reina Isabel.
Y mención aparte merece esa frikada que es la VillanoCon de la que nos quedamos con las ganas de ver más, mucho más.
En resumen, un estupendo e ingenioso divertimento, quizá algo inferior a Gru, mi villano favorito 2 (aunque quizá el factor sorpresa actuó en favor de esta última) pero perfectamente disfrutable tanto para niños o mayores sin que el hecho de que se desinfle al final desmerezca el resultado final.
Una cosa es segura: los Minions tienen cuerda para rato.