viernes, 30 de agosto de 2013

EL LLANERO SOLITARIO (5d10)

A priori, juntar en una misma película a un productor como Jerry Bruckheimer, un director como Gore Verbinski, un actor como Johnny Deep y un compositor como Hans Zimmer debería ser toda una garantía de éxito. El problema es que los cuatro se encuentran en el momento más bajo de sus carreras, lo que se traduce en que una película que no aspira a nada más que ser un blockbuster veraniego y un gran éxito de taquilla tiene demasiadas carencias y defectos como para merecer una buena nota.
El primer defecto radica en la obsesión del Hollywood actual de hacer sagas en lugar de películas. Ello significa que El Llanero Solitario ha sido concebida como la primera de muchas, por lo que se pierde mucho tiempo en explicar los personajes y sus motivaciones en lugar de pasar directamente al espectáculo. Si estuviésemos ante una película de hora y media seguramente sería bastante correcta y entretenida, pero las dos horas y media de duración se traducen en una multitud de paja y escenas innecesarias que, en lugar de aportar, ralentizan y entorpecen a la historia.
El Llanero Solitario nace como una versión en el Oeste de Piratas del Caribe, y nadie se esfuerza por disimularlo, siendo la primera y más evidente muestra el detalle de que el protagonismo recaiga en el indio Toro (una extraña traducción del nombre original: Tonto), haciendo que nos preguntemos de donde viene lo de Solitario del título. La historia se mantiene fiel a la clásica, con el ranger John Reid sobreviviendo a una emboscada del malvado Butch Cavendish en la que fallece su hermano Dan. Con la ayuda del indio, John se oculta tras la máscara del Llanero Solitario para vengar a su hermano y luchar por la justicia. Esta es la historia que conocíamos del personaje y así nos la empiezan a contar, pero en lugar de contentarse con una película de aventuras con toques de humor, como era Piratas del Caribe, el trío calavera (Jerry, Gore, Johnny) apuestan por dar un toque místico a la historia acentuando el humor de una manera que no logro comprender demasiado. Escenas como la del caballo subido a la rama de un árbol, los conejos caníbales o el bandido travestido me resultan ridículas y ensucian lo que podría haber sido una buena película. Y es que realmente hay momentos en los que el espíritu de Piratas está ahí, la química entre los protagonistas funciona (aunque el protagonista Armie Hammer sea más soso que un nabo hervido) y las escenas de acción son trepidantes y están bien filmadas, por más que el final recuerde demasiado al Spielberg de su mejor época (las referencias a Indiana Jones y el Templo Maldito son evidentes) y, por más que sea una película fantástica, se permiten algunas licencias demasiado escandalosas, como la escena final que aunque no pienso spoilear sí diré que se pasa de construir las vías del ferrocarril a que de repente hayan diversas vías paralelas que corren una al lado de la otra, entrecruzándose como si de railes de una montaña rusa se tratase.
Sobre el tema actoral ya he comentado la total falta de carisma del protagonista, estando el valor de la película en sus villanos, el siempre efectivo Tom Wilkinson y el notable William Fichtner, al que ya pudimos odiar en Prison Break y al que tenemos también en cartel en Elysium (no menciono a Helena Bonham Carter porque simplemente pulula por ahí sin aportar demasiado ni que se expliquen las motivaciones de su personaje). Sobre Johnny Deep solo me queda comentar que debería volver a leer los guiones antes de aceptar protagonizarlos y decidirse por proyectos interesantes en lugar de primar solo la cantidad de maquillaje que requiera su personaje, a riesgo de convertirse en una simple caricatura al servicio de Tim Burton o el propio Verbinski.  ¿Dónde queda el excelente actor de Ed Wood, Dead Man, Miedo y asco en Las Vegas o Descubriendo Nunca Jamás? No vemos aquí ni siquiera sus muecas más características, ni es Tonto (perdón, Toro), un personaje a su medida como Jack Sparrow, pues no hay demasiados esfuerzos interpretativos por parte del otrora genial Eduardo Manostijeras.
No le vendrían mal a la película unos cuantos tijeretazos que elimine una hora de bostezos y convierta la película en una aceptable comedia de acción que, visto lo visto, no tengo muy claro que tenga continuidad.
Y, puestos a pedir, que eliminen también ese prólogo y epílogo tan absurdo como innecesario con el niño enmascarado y Tonto (digo, Toro) viejo.

Por cierto, la gota que colma el vaso de la desesperación es el afamado Hans Zimmer, otro grande caído en desgracia que solo sabe poner la mano para cobrar su cheque y que sean sus negros quienes le compongan la música, una música que como ya se demostró en El hombre de Acero no tiene ni la garra ni la pomposidad que cabe esperar en una película de estas características y que ayuda a aumentar la sensación anodina del film.

ELYSIUM (8d10)

Una vez más me veo obligado a comenzar una opinión recordando a mis queridos enemigos íntimos del CSI, a los cuales llevaba ya un tiempo sin mencionar por aquí y que si bien no han dejado esta película a bajar de un burro sí se han empeñado en proclamar a los cuatro vientos lo interior que es a Distrito 9 (Distrito 9, no District 9, que es como se tituló en España, por más que el incompetente que escribió la frase publicitaria en el cartel de la nueva película de Neill Blomkamp se empecine en lo contrario). 
Así que seamos rápidos y directos y pasemos a la primera pregunta: ¿Es Elysium peor película que Distrito 9? Pues la respuesta es que no. Elysium es una magnífica película, con un guion interesante a la vez que inteligente, unos actores de sobrada calidad y un director competente que, si bien abusa en ciertos momentos de la cámara en mano, sabe filmar con destreza y mantener la tensión en todo momento. El único argumento de los Críticos Sesudos Intelectuales es, y no seré yo quien los contradiga, que el factor moralista es en esta ocasión más débil que en su antecesora, aunque no inexistente. En Distrito 9 Blomkamp utilizaba la excusa de una incursión extraterrestre pacífica para condenar la política antinmigración de algunos países y proclamar la igualdad entre razas y culturas, llevando su metáfora hasta las últimas consecuencias en forma de transformación física y mental del personaje interpretado por Sharlto Copley en extraterrestre. En esta ocasión la denuncia social está puesta en la diferencia de clases entre ricos y pobres, entre norte y sur, pareciendo flojear esta reflexión hacia mitad del film para centrarse más en la acción pura y dura. Sin embargo, creo que si bien a priori la crítica parece más floja y apenas apuntada, si escarbamos un poco en los personajes descubriremos que las cosas no son lo que parecen. La diferencia estriba en que esta vez  Blomkamp ha querido ser más sutil, más retorcido, de manera que la metáfora no sea tan clara y contundente, ya que incluso el papel de Jodie Foster, la gran villana del film tiene su oportunidad de reflexionar sobre sus motivaciones, mientras lo que mueve a Matt Damon no es ni de lejos la lucha obrera o contra la opresión, sino el puro egoísmo ante su inminente muerte.
No obstante, si estuviésemos actuando de jurado en un concurso de cine social quizá sí deberíamos inclinar la cabeza en favor a Distrito 9, pero no es de eso de lo que se trata, sino de valorar una película por sí misma, por su calidad y oficio, y si en esas estamos no hay duda de que el mayor presupuesto conseguido por Elysium está plenamente justificado, su director ha sabido madurar y sus protagonistas son infinitamente superiores al por entonces novato y desconocido Copley.
Elysium nos presenta un futuro en el que los recursos del planeta Tierra están casi agotados y donde los humanos han buscado una alternativa donde vivir, al estilo de las recientes Oblivion y After Earth, aunque esta tierra prometida, el satélite que da nombre al film, sólo tiene cabida para aquellos que se lo puedan permitir. En la Tierra, por tanto, permanecen millones de personas en lamentables condiciones que trabajan con la esperanza de ganarse algún día su pedacito de cielo. En  semejante situación de halla Max (Matt Damon), un empleado en una fábrica que ha aceptado su destino con resignación hasta que un accidente laboral lo deja con escasos días de vida. Es entonces cuando se une a una fuerza revolucionaria que pretende asaltar Elysium con el fin de acabar con la lucha de clases y conseguir que todo el mundo tenga acceso a la misma, incluyendo sus milagrosas máquinas de curación. Para ello deberán enfrentarse al poder personificado en la figura de Delacourt (Jodie Foster) y a la fuerza militar que comanda Kruger (Sharlto Copley). Blomkamp sabe jugar con maestría sus cartas, consiguiendo una historia emocionante y épica, a la vez que manipula nuestros sentimientos con elementos adicionales, como el personaje de John Caryle (excelente William Fichtner) como representación de la corrupción política o las víctimas colaterales que suponen –o pueden suponer- Julio y Frey (Diego Luna y Alice Braga). Así, sin tiempo para la reflexión, todos tenemos claro quién es el bueno de la función y quién el villano, pero hay que prestar atención a las palabras de Celacourt cuando sus superiores cuestionan sus métodos. Los habitantes de Elysium, aunque millonarios, se presuponen que son honrados y han pagado el precio necesario para vivir en ese paraíso, así que si un inmigrante ilegal (que una vez más de eso se trata) aparece corriendo por sus jardines, amenazando la seguridad de sus hijos, ¿qué deben hacer? ¿Qué haría usted, amigo lector? Y tras la conclusión de la película, con un final totalmente cerrado y sin hueco a segundas lecturas, Blomkamp no nos obsequia con el típico epílogo que nos muestra el destino de la humanidad varios meses –o años- después. Eso queda para la imaginación del espectador, para que una vez haya abandonado la oscuridad de las salas del cine, confortado por saber que de nuevos ha ganado el bien, reflexione sobre lo que puede acontecer a esa sociedad liberada y se lo plantee de nuevo. ¿Han ganado los buenos? ¿Realmente ha ganado alguien? ¿Y a qué precio?

Señores y señoras, el debate queda abierto…

EXORCISMO EN GEORGIA (2d10)

Estamos ante otra de esas tonterías supuestamente basada en una historia real destinada a un público muy poco exigente que acude al cine a ver películas de terror con el único fin de sobar a sus novias con la excusa de abrazarlas fuerte para que no lo pasen mal. Pero ni para eso les va a servir este film.
Dirigida con notable incompetencia por Tom Elkins, un editor de cine que debuta con esta cosa mal llamada película y que bien debería ser también su última propuesta. Independientemente de que nos creamos la verosimilitud o no de la historia (si juntamos todas las pelis de terror basadas en hechos reales uno no logra entender cómo el Anticristo no domina claramente a la humanidad), lo cierto es que no solo la trama se desarrolla con insoportable lentitud y cientos de planos absurdos de relleno (un primer plano a un fregadero, a una puerta, a la ventana…) sino que el supuesto giro de guion que nos debe dejar con la mandíbula desencajada se ve venir a leguas de distancia, resultando incomprensible que los protagonistas sean tan estúpidos como para no enterarse de lo que está pasando.
La historia es la siguiente. Una familia caracterizada por la cualidad de ver espíritus (del matrimonio protagonista, la hija de estos y la hermana de ella solo el varón  del clan es normal) no tiene mejor ocurrencia que irse a vivir a una casa perdida en mitad de la nada con su obligado pasado truculento, en esta ocasión rememorando la época de la esclavitud americana, y las apariciones no tardan en hacer acto de presencia para advertir a nuestros protagonistas de algo que ellos se empeñan tozudamente en ignorar.
La primera tomadura de pelo está en el título, ya que no hay en toda la película un solo exorcismo ni va de eso la cosa (no hay posesiones tampoco, así que ya me dirán). La segunda señal de que vamos por el mal camino es la avalancha de tópicos con que el tal Elkins nos golpea apenas comenzar la película para intentar asustarnos por el camino fácil, con golpes de música, apariciones  sobre montadas, chillidos sin sentido…  Tal es la propia desconfianza que el director muestra en sí mismo que pretende apostar seguro en esto del terror de baratillo, pero tanto abusa del recurso fácil que las únicas bocas que consigue abrir son para bostezar, no para gritar. Quizá en manos más competentes la historia habría podido funcionar en un formato televisivo en aquellas series clásicas de Dimensión desconocida o Más allá de la realidad, pero no para una película de cine de más de noventa minutos y un mínimo de ocho euros la entrada.
Nada en esta tontada es aprovechable (guion, fotografía, montaje, música) excepto, tal vez, los actores, los únicos infelices que parecen tomarse en serio el asunto y que ponen de su parte para que haya algo de calidad, aunque en ocasiones la buena voluntad no es suficiente. Los poco conocidos Chad Michael Murray y Abigail Spencer cumplen como pareja joven y guapa y consiguen caer lo suficientemente bien como para que nos preocupe lo que les pase, Emily Alyn Lind está en la estela de otras niñas de películas de terror que consiguen, pese a su tierna edad, convencen sin problemas y Katee Sackhoff es la única que tiene un poco de bagaje gracias a su participación en Galáctica, estrella de combate.

Si tras hora y cuarenta de aburrimiento y simpleza esto es con lo único que nos podemos quedar no creo necesario hacer mucho más comentario. Con películas así no me extraña que haya quien eleve a los altares a mediocridades como Expediente Warren.

AVIONES (4d10)

Desde hace un tiempo la relación entre Disney y Pixar está un poco difusa. Inicialmente eran compañías diferentes que trabajaban al unísono. Más tarde parecía que una de ellas iba a absorber a la otra y ahora parece que ambas sean la misma cosa, pero tampoco exactamente. Asimismo, no se sabe bien las diferencias entre sus productos. Personalmente creo que cuando mejor funcionaban las cosas era cuando Disney se encargaba de la animación tradicional y Pixar de la digital, consiguiendo entre ambos los mejores productos de animación  del mundo, acaparando premios y éxito de taquilla y público. Pero parece claro que sus mejores años han quedado atrás para ambos, así como aquella época dorada en que derrochaban imaginación y originalidad (como prueba me remito a mi comentario sobre Monstruos University). Pero una cosa es bajar el listón (cosa casi inevitable cuando el nivel era tan alto) y otra muy diferentes llegar a ofrecer un producto realmente mediocre. Y, por desgracia, en esas estamos ahora.
Aviones no solo es una imitación de segunda de la premisa de Cars, sino que no tiene la más mínima gracia ni sentido. Llámenme falto de imaginación, si quieren, pero ya para empezar me parece estúpida la idea de un mundo donde los aviones hablan, sobre todo porque no existen límites y no se explica qué es real y qué no. Los aviones y coches son seres vivos, de acuerdo, ¿y los barcos no? ¿Estamos aparentemente en un mundo real, con sus paisajes y escenarios reconocibles y de repente Nueva York tiene una Estatua de la Libertad con forma de coche? De acuerdo, insisto en que esto igual es cosa mía y ya estoy muy mayor para películas de estas características, así que aceptemos pulpo como animal de compañía y prosigamos.
Estamos, obviamente, ante una película infantil. ¿O no? A mi entender, las películas infantiles no lo son solo porque sean de dibujos animados (que se lo explique si no a los creadores de Manga erótico tan prolífico en Japón), sino por tener una historia divertida y con mensaje acorde a sus edades. Y esta es la primera gran carencia en Aviones.
El mejor chiste de la historia está en su premisa argumentar: un avión con miedo a las alturas. Estúpido, pero divertido en su absurdidad. A partir de ahí, nada. NI chistes, ni gags ni puyas. No hay humor en esta película que es la traslación casi textual de cualquier película deportiva al mundo de la animación, con referencias evidentes a Rocky, Top Gun, Grand Prix o incluso Fast & Furious. Si no me creen, observen el esquema: se presentan los personajes, el protagonista parte con desventaja y se clasifica por los pelos, comienzan las diversas carreras, contra pronóstico el prota se pone el primero, hay un problema que lo deja al borde de la eliminación, se sobrepone y gana in extremis, casi recurriendo a la foto finish (¡uy, perdón!, les he contado el final, ruego me disculpen porque…  ¿de qué narices estamos hablando? Es una película Disney, nadie esperaba otro final, ¿no?). Así que de elemento sorpresa, ninguno. Y lo que si arrastra es el mismo problema que en el cine deportivo, que si no eres un apasionado del deporte en cuestión, te aburres soberanamente. Y ojo, que aquí no estoy particularizando demasiado la crítica, no vayan a pensar que tuve un mal día y la pago con los pobres avioncitos. Otra vez me voy a auto promocionar: ¿leyeron mi crítica de Gru, mi villano favorito, 2 donde les hablaba del ambiente que reinaba en la sala? Pues bien, de nuevo me encontraba en un cine repleto de chiquillos y aún estoy esperando la primera carcajada, la primera muestra de asombro, la primera emoción. ¡Cómo se aburrían los pobres muchachos ante una película lenta, soporífera y repetitiva! Además, el peso de lidiar con protagonistas mecánicos es un lastre importante a la hora de realizar un desarrollo de personajes. Fijémonos, por ejemplo, en el lado femenino. Un dibujo animado puede ser sexy (todos recordamos las curvas de Jessica Rabbit) y de eso en Disney saben lo suyo (y a las pruebas me remito con el polémico erotismo implícito de Esmeralda en El jorobado de Notre Damme), he incluso tenemos referencias de féminas sensuales no humanas, como la famosa Afrodita A. Pero de ahí a presentarnos un avión femenino sensual (el modelo indio) u otro apasionado (casi ninfómana) como el francés, pues… ¡Qué quieren que les diga! Además, es sonrojante y casi insultante el abuso de tópicos a la hora de dar personalidad a los diversos aparatos, siendo el colmo de los colmos el avión mexicano. Imposible ser más previsible.
La segunda gran carencia está en el apartado gráfico. Ya he dejado claro que no es Pixar, como su hermana Cars, sino Disney, y eso se nota demasiado. Sólo a la hora de reproducir paisajes hay cierta belleza en pantalla, cierta maestría, porque los diseños de los aviones son tan sencillos y planos que en ciertos momentos parece que nos encontremos con un producto televisivo de bajo presupuesto, siendo la expresividad de los protagonistas simple y facilona.
Tampoco encuentro, para finalizar, la necesaria moraleja, el mensaje final que aconseje llevar a los más pequeños de la casa a ver esta obra que, disfrazada de alegato en favor a la superación personal, nos termina mostrando a un personaje empeñado en destacar en un mundo que no le corresponde y en el que solo triunfa gracias a las ayudas de los demás, en algunos casos demasiado escandalosa para no ser considerada como una trampa (recordemos que no es el camino de la vida, es una carrera con sus supuestas normas y limitaciones).

En resumen, nuevo paso atrás de la factoría Disney que a este paso va a perder toda su magia mientras sus principales competidoras, pese a los presupuestos claramente inferiores, les van pisando terreno. Triste, pero cierto. No es de extrañar que la compañía de las Orejas se esté volcando tanto es sus dos franquicias estrella, Marvel y Star Wars. Sin ellas, el futuro se prometería negro. ¡Ay, si tío Walt levantara la cabeza!

LOS PITUFOS 2 (5d10)

Cuando en 2011, la Sony estrenó Los Pitufos la película de los pequeños seres azules no sólo fue un gran éxito de taquilla, sino que superó a todos los blockbusters que la Sony estrenó ese mismo año, convirtiéndose en la cinta más rentable de la productora. Era lógico, por lo tanto, que más pronto que tarde llegase una secuela (ya está en preparación la tercera pitufopelícula) con el fin de volver a llenar las arcas de la propietaria de los derechos de, por ejemplo, Spiderman.
Y como dice la máxima: si algo funciona, ¿para qué cambiarlo?
Así pues Los Pitufos 2 es la lógica continuación de aquella amena aventura en Nueva York, con los mismos protagonistas y cambiando esta vez el escenario a la ciudad de las luces: París.
La historia no es un derroche de originalidad, pero tampoco habría que esperárselo. Gargamel (Hank Azaria)continúa obsesionado con robar la esencia de Pitufo que da poder a su magia y para ello, siguiendo el proceso con el que creó a la Pitufina, da vida a unos seres my similares a los Pitufos a los que llama Malotes, pero que al no ser azules carecen de la preciada esencia. Por ello abre un nuevo portal al reino mágico de los Pitufos y logra secuestrar a la Pitufina, tratando de convertirla al lado oscuro. Naturalmente, los Pitufos no se quedarán de brazos cruzados y acudirán a su rescate, ayudados de nuevo por Patrick y Grace (Neil Patrick Harris, Barney de Cómo conocí a vuestra madre, y Jayma Mays, actriz acomodada en comedias que también se ha dejado ver por la susodicha serie), a los que se le une el veterano Brendan Gleeson  como padrastro de Patrick, dando el toque de moraleja familiar que toda buena película infantil necesita. Pero, como en la anterior, los verdaderos protagonistas son los efectos digitales capaces de dar vida a los Pitufos (Katy Perry repite como dobladora de Pitufina a la que se le une Christina Ricci como la voz de la Malota Vexy) y a Azrael, el inquieto gato del brujo.
No estamos, como hace dos años, ante una película que merezca pasar a la historia, pero sin duda volverá a hacer las delicias de los niños, que es a quien va destinada, alternando emoción y diversión con momentos de reflexión, la clásica historia del bien venciendo sobre el mal y la recompensa que recibe quién hace lo correcto, recordando la importancia de la familia y la amistad.
No estamos, recordemos, ante una de las grandes películas de Pixar o Dreamworks, con una serie de guiños y chistes destinados a los más adultos. Esto es un producto infantil, muy infantil, y quién acuda al cine a verla esperando otra cosa sufrirá las consecuencias de tener que aguantar hora y media de gags sencillos, diálogos simples y los típicos porrazos y payasadas. Pero es que… son Los Pitufos, ¿qué esperaban?Eso sí, a quien esto no le parezca aliciente suficiente, cabe avisar que la magnífica fotografía del film nos ofrece una bella estampa de Paris, un recorrido turístico por la ciudad que la convierten en un personaje más de la historia.

lunes, 12 de agosto de 2013

RED 2 (6d10)

Apenas tres años después de la adaptación del comic de Warren Ellis a cargo de Robert Schwentle llega ahora la continuación de RED, en la que repite todo el equipo original excepto el director (en este caso ocupa la silla Dean Parisot, cuya mayor gracia fue Dick y Jane, ladrones de risa, una de las comedias más flojas de Jim Carrey), incorporando además a nuevos invitados a la fiesta. 
Y es que eso es RED 2 (como ya lo era su antecesora): una fiesta. La excusa para reunir de nuevo a este pintoresco grupo de espías de la tercera edad (Bruce Willis, John Malkovich y Helen Mirren) es la información aparecida en Internet de una bomba atómica introducida en los ochenta en la antigua Unión Soviética. El rumor corre como la pólvora y todo el mundo quiere descubrir la verdad de la llamada operación Belladona. Todo contado, naturalmente, con el mismo desquiciante sentido del humor de la primera parte, consiguiendo así una estimulante y divertida película a la que se le puede perdonar perfectamente lo absurdo que pueda resultar en ciertos momentos su trama. Anthony Hopkins y Catherine Zeta-Jones son las nuevas caras de esta función, aunque podemos reconocer otros rostros secundarios como el del ninja de GI-Joe (Jong Kun Lee) o el Dum Dum Dugan del Capitán América, Neal McDonough, reconocible también por su paso por Mujeres Desesperadas. Diálogos ingeniosos, acción trepidante y, sobretodo, la química entre Willis y Malkovich son la mejor carta de presentación de RED 2, en la que ni siquiera desentona la habitualmente desquiciante Mary-Louise Parker, que interpreta de nuevo a la sobreprotegida novia de Willis. No vamos a buscar aquí una profundidad intelectual, ni una reflexión sobre la madurez ni nada parecido. Debemos tener claro que esto es un simple vehículo al cachondeo veraniego, una manera genial de pasar la tarde y echarse unas risas en buena compañía. Cuesta en ocasiones que actores de prestigio den la talla en comedias (que le pregunten a Nicholson o De Niro), pero cuando se junta tanto talento por narices debe surgir algo brillante, por más que en sus primeras secuencias Hopkins parezca un poco perdido.
Eso sí, como suele suceder con estas fiestas de amigos, estos encuentros de grandes estrellas que se juntan para discutir quien la tiene más larga, al estilo de la saga Ocean’s, Los Mercenarios o las próximas Fast & Furious 7 o Machete Kills, es mejor quedarnos con el recuerdo de lo bien que lo hemos pasado que tratar de reflexionar a posteriori sobre lo que acabamos de contemplar, si no queremos que las carencias que oculta su historia salgan a la luz.

Es para pasar el rato, y pasarlo muy bien, desde luego, pero poco más. Y es que a mí, personalmente, ni siquiera la parte más romántica (el desarrollo de la relación entre Willis y Parker) me molesta, hasta el punto que si me prometen una RED 3 me apunto de inmediato.  Y es que, con lo mal que empezó el año, Bruce Willis sigue siendo el más grande. 

PACIFIC RIN (5d10)

Entrados ya de lleno en el calor de agosto, época de blockbusters estivales, se entrena por estos lares (en los USA lleva ya más de un mesesito en cartel) Pacific Rin, la última creación de Guillermo del Toro que para muchos es la película palomitera del año y para otros muchos una chufla en toda regla. ¿En qué extremo me encuentro yo? Pues como suele ser habitual en mí, esquivando los puntos más radicales y concediéndole un merecido aprobado pero poco más.
Del Toro es un gran creador (tanto como director, guionista o diseñador), y por eso su implicación en el proyecto hace que el resultado final baje su nota, ya que se espera mucho más del genial mejicano que deslumbró con El espinazo del Diablo, El laberinto del Fauno o incluso en las dos Hellboys (la segunda claramente más personal que la primera). Y es que la película, un proyecto suyo que lleva años tratando de llevar a la gran pantalla (dicen que los bocetos en los que se basan los monstruos parten de dibujos suyos que realizó con solo cinco años) es, de partida, una solemne tontería. Los que la definían como un Godzilla versus Transformers dieron en el clavo, con la salvedad de que Del Toro filma mucho mejor que Michael Bay pero no destroza con tanta maestría como Roland Emmerich. La película nos cuenta (muy vagamente) la invasión extraterrestre de una raza a la que llaman Kaiju, cuya principal novedad es que no vienen del espacio exterior, sino de un portal interdimensional que hay en las profundidades marinas. La única solución que se les ocurre a los humanos para hacerles frente es la construcción de los Jaeger, unos robots gigantescos que interactúan en unión mental con sus pilotos (deben ser dos quienes lo manejen, cada humano utilizando un lado del cerebro, sí, en serio). Pasan los años y el gobierno decide cancelar el proyecto Jaeger, pero el almirante Stacker Pentecost (Idris Elba, el Heimdall de Thor), un tipo que creció viendo demasiados episodios de Mazinger Z (que eso son claramente los Jaeger, incluyendo el popular “fuego de pecho”) ha mantenido el proyecto activo por su cuenta (¿y eso quién lo paga?) y se prepara para una ofensiva final contra los aliens, empleando para ello los últimos cuatro Jaeger útiles y reclutando al prota de la peli, Raleigh Becket (Charlie Hunnam, al que creo que no conocen ni en su casa), traumatizado por la muerte años atrás de su hermano y copiloto Yancy (Diego Klattenhoff, el “amigo” del prota de Homeland –y, sobretodo, de su mujer- y actor más reconocible del film, aunque la palma a los diez minutos de peli) y a Mako Mori (Rinko Kikuchi, a la que parece que en su casa sí conocen, pero de ahí no pasa), más traumatizada aún por los fantasmas de su pasado con los Kiaju. Hasta aquí la historia, con un par de toques dramáticos cuando se descubre el pasado de Mako y algún detallito muy mal dramatizado de Pentecost y los apuntes de humor del dúo dinámico formado por los científicos del equipo, Newton y Gottlieb (Charlie Day y un ridículo y sobreactuado Burn Gorman) y la aparición obligada de los amiguetes de Del Toro, a saber: Ron Perlman y Santiago Segura. El resto: más de hora y media de puñetazos, golpes, destrucción y más puñetazos.
Del Toro filma muy bien, ya lo he dejado claro, y esto es lo único que hace que se pueda disfrutar de la película, además, claro está, de unos efectos especiales increíbles. Solo por ello, y el hecho de que nos encontremos ante una película de entretenimiento sin más pretensiones, ya debería bastarme, pero no es así. Y es que demasiadas cosas chirrían aparte del guion como para dejarme seducir por la simple espectacularidad. Y por encima de todas ellas la permanente sensación del terrible “esto ya lo he visto”.
Intentaré enumerar unas cuantas pegas:
Después de todos los años que pasan de lucha, y con lo terribles que son los Kiaju, no entiendo que la Tierra no esté totalmente destrozada ya. A ver si al final va a resultar que es tremendamente fácil acabar con ellos, con Jaeger o sin ellos.
Con  todo el dinero invertido en unos efectos especiales de miedo (y una realización calmada, no alternando los movimientos frenéticos y borrosos con la cámara lenta de Transformers), ¿por qué todos los combates son de noche o bajo el agua? Al final el resultado es el de siempre, no se ve nada claro.
Como me pasó con AfterEarth, me resulta ridículo que se invierta en un proyecto tan mastodóntico como los Jaeger para que al final la solución sea liarse a puñetazos (apenas hay un par de descargas y los ya mencionados proyectiles de pecho).
Por otro lado la historia podría haberse contado perfectamente con, al menos, media hora menos. Tanta pelea y destrucción repetitiva, como en El hombre de Acero, termina por aburrir, y los elementos dramáticos que hay por medio no son suficientes para empatizar con los protagonistas.
Y por útimo, el final, simple y calcado al de otro blockbuster muy reciente. Y ya os aviso que no puedo reprimirme de contároslo, así que aquí va un spoiler de los gordos. Advertidos quedáis:
Para vencer, la solución tomada es detonar una bomba nuclear al otro lado del portal interdimensional (¿os suena?). Para ello un Jaeger lo atraviesa con la bomba a cuestas y la hace detonar al otro lado, ante la mirada perpleja de los bichos (¿seguro que no os suena?) y cerrando así el portal, pero en el último momento el piloto logra escapar y volver a cruzar al lado terrestre (que sí, que os tiene que sonar) –hago aquí un inciso: no lanzan antes la bomba porque no es posible atravesar el portal si no van acompañados de un Kiaju, ya que la grieta reconoce su ADN; ¿por qué entonces sí pueden los protagonistas atravesarlo sólos de regreso?-, aunque nos hacen creer que está muerto para sorprendernos con su recuperación milagrosa (pues no, no es Iron man en Los Vengadores, ¿de dónde sacáis esa idea?).

Poco de Del Toro se reconoce al final, aparte del original diseño de los Kiaju que, por otro lado, no terminan por resultar tan aterradores como deberían, ya que les encuentro un punto grotesco e irreal, ese punto Del Toro que tan bien funcionaba como los habitantes del fantástico mundo del Fauno o los extraños seres de Hellboy II pero que aquí me sobra totalmente, mientras que los Jaeger tienen demasiados referentes de cosas ya vistas, desde los mencionados Mazinger Z (incluso la acción transcurre en Kioto) o Transformers hasta Acero Puro o El gigante de Acero, sin ir más lejos.

sábado, 3 de agosto de 2013

GUERRA MUNDIAL Z (7d10)

Para los que no me conozcáis personalmente, debo haceros una confesión: me encantan los zombies. Los sigo en cine, televisión, cómic y literatura. Sin embargo, hace tiempo que albergo serias dudas de que se pueda hacer algo original sobre el tema. Rec innovó con el tema de la cámara, Rec 3 era muy divertida (y Zombies Party aún más), las diversas reinvenciones de Romero en cine deben su valor a que están firmadas por el maestro, aunque no deja de ser más de lo mismo y sobre Resident Evil o The Walking Dead… pues poco que decir, ¿no? Con esa idea acudía al cine a ver qué había interesado de esta historia al bueno de Brad Pitt y, la verdad, he quedado gratamente sorprendido.
De entrada, para los fans del libro de Max Broks en el que está basado, sabed que la película no tiene absolutamente nada que ver. Ni por asomo. Así que descartadas las comparaciones con el papel nos encontramos ante un apocalipsis zombie más pero tratado desde el punto de vista militar. ¿No os habéis preguntado nunca porqué en estas películas siempre sobrevive gente corriente: un poli, un tío que se había quedado en un hospital, una familia rural…? Cosas así. ¿Tan imposible es que el gobierno de algún país actúe a tiempo y pueda organizarse, al menos mínimamente, aunque solo sea para salvar los restos? De esto va Guerra Mundial Z, de la reorganización militar y la búsqueda de una cura (para lo cual intentarán encontrar al “infectado cero”) usando para ello aviones, telecomunicaciones, armamento pesado… No es el fin del mundo, al menos no todavía.
En medio de este fregado se encuentra Gerry Lane (Pitt), que tras escapar por los pelos de la primera embestida zombie junto a su familia es elegido para proteger y asesorar al grupo que se arriesgará a ir hasta Corea en busca de ese primer infectado. Por cierto, ¿no os ha rechinado nunca que en las películas de zombies parezca que se tema pronunciar la palabra zombie, como si con ello desvirtuaran la amenaza? Se supone que suceden en el mundo real, pero es como si en ese mundo nadie hubiese visto nunca las películas de Romero. ¿Acaso si mañana se levantaran los muertos no los llamaríamos así y pensaríamos en pegarles un tiro en la cabeza, aunque la mayoría de nosotros no haya tenido una pistola en la mano en la vida? Pues en la película de Marc Forster (director de Monster’s ball o esa maravilla que era Descubriendo Nunca Jamás) sí lo hacen sin complejos (a veces los apodan simplemente como Zetas). Curiosamente, otra película de Forster fue Quantum of Solace, de la saga del agente 007, y algo de Bond tiene este Gerry Lane, una especie de agente secreto que para cumplir su misión recorre diferentes lugares del mundo y que cuenta incluso con dos “chicas Lane”, su esposa Karin (Mireille Enos, que también hacía el papel de mujer del protagonista en Ganster Squad) y la soldado Segen (Daniella Kertesz, actriz israelí que debuta con este personaje en Hollywood).
Muchos son los problemas que tuvo esta película desde el comienzo de su rodaje, que presagiaba un fracaso espectacular por las primeras malas impresiones (esos zombies tan veloces que formaban montañas ¿humanas? Subiéndose unos sobre otros para escalar muros no parecían gustar a nadie) que obligó a restructurar los planes y rodar escenas adicionales, llegando incluso a cambiar el final inicialmente previsto. Supongo que en estos tiempos de escasez económica, la principal lastra es la de depender de hasta seis productoras diferentes (imagino que cada una quería imponer sus ideas, con el consiguiente batiburrillo resultante) y la novela de Max Brooks (que está compuesta por una serie de entrevistas realizadas después de la Guerra por un periodista que recorre el mundo recogiendo diferentes puntos de vista de los supervivientes al Apocalipsis y revelando de esta original manera el origen y la finalización de la misma) ha sido adaptada por Mateo Michael Carnahan y J. Michael Straczynski (para mi uno de los mejores guionistas que ha tenido Spiderman en comic) y posteriormente guionizada por el propio Carnahan, Drew Goddard y el omnipresente Damos Lidelof (¿alguna vez le dejarán de maltratar los detractores de Perdidos?), posiblemente demasiadas manos que han llevado el libreto en diversas direcciones, con cambios y reescrituras constantes. Pero por una vez, y sin que sirva de precedente, todos estos cambios han servido para bien, y el resultado final en más que bueno, con una agradable frescura al género y unos zombies diferentes  a lo habitual sin abusar demasiado de ellos como para cansar (algo que amenazaba con hacer los mulitudinarios carteles promocionales). También es positivo la utilización de grandes espacios abiertos (estamos demasiado acostumbrados a secuencias claustrofóbicas o parajes áridos) que permiten a Forster lucirse con los movimientos de cámara y traveling aéreos constantes.
Y luego está Pitt, por supuesto, amo y señor de la función que cumple con su calidad habitual bien secundado por algún rostro conocido como Matthew Fox, David Morse David Andrew y Pierfrancesco  Favino y las aportaciones de James Badge Dal, Ludi Boeken, Fana Mokoena o Peter Capaldi, aunque ninguno hace sombra al protagonista.
Con todo esto, las dos horas de película transcurren en un segundo sin conceder un respiro al espectador, intensa y emocionante, que se ha encumbrado como el éxito del verano y que ya ha anunciado su inminente secuela.
Un detalle curioso del film es la casi total ausencia de sangre y gore, que por un lado permite que una trama de zombies sea adecuada para toda la familia aunque por momentos resulta casi incómodo que todas las escenas violentas sucedan fuera de cámara.
Lo más flojo del film está, sin embargo, es su clímax final, que si bien es interesante y está bien filmado se torna demasiado light en comparación con todo lo que ha pasado hasta ahora, devolviéndonos al clasicismo de situaciones claustrofóbicas y zombis acechando al girar la esquina.
Cierto que quedan muchas preguntas en el aire, pero sabiendo que habrá una continuación (se habla incluso de trilogía), esperaremos un tiempo a ver si nos las resuelven o caen en el olvido.

Los zombies han vuelto (¿se habían ido alguna vez?), y lo han hecho más a lo grande que nunca.