viernes, 30 de marzo de 2018

READY PLAYER ONE

Existen dos Spielberg dentro de la mente del prestigioso director. El serio y comprometido con la causa (a veces aburrido, como en Lincoln, otras fallón, como con War Horse, pero en otras ocasiones brillante, como en El puente de los espías), y el espectacular, emocionante y palomitero (al que, pese a sus últimos tropiezos, todos queremos y adoramos). En apenas unos meses hemos tenido una muestra de su dualidad, con los estrenos casi simultáneos de Los archivos del Pentágono y esta Ready Player One que nos ocupa ahora.
En Ready Player One tenemos al Spielberg más desbocado, el que supera todos los límites de la imaginación y juega con mundos maravillosos y futuristas como hacía en sus buenos tiempos, aquellos añorados ochenta a los que ahora homenajea con esta película, que siguiendo con la dualidad es, en sí misma, una historia sobre el futuro anclada en el pasado.
Aunque una de las cosas que definía el cine de efectos especiales de Spielberg era su afición por los trucos artesanales, el antaño Rey Midas lleva ya unos años coqueteando con el CGI y los efectos digitales, haciendo películas como Tintín y el secreto del Unicornio o Mi amigo el gigante donde el apartado visual terminaba por devorar la película. En Ready Player One le pasa algo parecido pero, por exigencias del guion, esta vez la historia es capaz de aprovecharse de ello.
Podría decirse, sin embargo, que esta adaptación de la novela de Ernest Cline (que al parecer es bastante mediocre, todos los que conozco que han intentado leerla han terminado por abandonarla), es una oda al exceso, tan apabullante en su confección artificial en 3D que, junto a las infinitas referencias y guiños incorporados, obligan a dos o incluso tres visionados (más una posterior recuperación en formato domestico, botón de pause a mano) para poder digerir tanta información visual.
La historia, en el fondo, es la misma de siempre, propia de cualquier distopía juvenil del montón. En un futuro cercano una corporación quiere dominar el mundo y unos jóvenes forman una especie de resistencia para tratar de evitarlo. Las claves son las mismas que las sagas de Divergente, Los juegos del hambre y demás, con la salvedad del juego nostálgico que Cline/Spielberg proponen para la ocasión.
En el año 2045 el mundo está sumido en la clásica crisis en la que las clases alta y baja están más distanciadas que nunca y la única vía de escape (anímica, al menos), es pasarse media vida dentro de un juego virtual llamado OASIS. La gracia del asunto está en que el fallecido creador del juego, Halliday, introdujo una serie de pruebas que, una vez resueltas, darán al vencedor, aparte de una morterada de pasta, el control total del juego. Los villanos de la historia, por supuesto, es una empresa informática competidora.
La trama es muy simple y con tanta prueba y guiño apenas hay tiempo para el desarrollo de personajes, lo que por un lado lastra mucho a la calidad de la película. Sin embargo, ya he dicho que estamos ante el Spielberg divertido, no el serio, y todo esto parece importarle muy poco. Al final, estamos ante una excusa para poder ver una carrera entre el DeLorean de Regreso al Futuro y la moto de Tron Akira, esquivando Tiranosaurus Rex y con King Kong cortándoles el paso.
Ready Player One es un homenaje a la cultura pop de los ochenta, y como tal funciona a la perfección, recogiendo el espíritu de la Amblin e invitando a sonreír a todos los cuarentones que poblamos las salas de los cines y, quizá, descubriendo esas maravillas a las nuevas generaciones. En ese sentido, la película es puro espectáculo y no aburre en ningún momento, siendo un gozo visual y un deleite para los sentidos. Su talón de Aquiles, no obstante, está en lo limitado de su público objetivo. Con tanto guiño a la música, el cine y los videojuegos de aquella época dorada, cuesta creer que alguien ajeno a ella se deje llevar por la historia. Yo mismo sentía que muchas referencias se me escapaban por mi total desconocimiento por el mundo de los juegos de ordenador o consola, por lo que no quiero ni imaginarme a quien no haya vivido (o disfrutado) de esa época. Así, Ready Player One es demasiado generacional, tan excesiva, como brillante, tan agotadora como entretenida, una de estímulos constantes que puede llegar a amenazar con destrozar la cabeza de aquellos que logren entrar en el juego (y es que, entre referencia y referencia, esto es en realidad lo que es la película, un enorme juego) pero con la que será muy difícil que conecten los que no consigan hacerlo, quienes sin duda llegarán a sufrir con las casi dos horas y media de frikadas sin sentido alguno para ellos.
Eso sí, ya sea en el mundo digital como en el real, Spielberg sigue siendo un gran director, y solo por cómo maneja la cámara y el ritmo que sabe imponerle a la acción ya merece darle una oportunidad.

Valoración: Siete sobre diez.

PETER RABBIT

Una vez olvidadas las Navidades, la Semana Santa es la siguiente gran cita para el cine infantil, y este año ha sido una película como Peter Rabbit la encargada en encabezar el género. Con una mezcla de personajes animados por ordenador y actores reales, recordando a las recientes Paddington y Paddington 2, Peter Rabvbit adapta el popular personaje creado por Beatrix Potter con eficacia, logrando el director Will Gluck (hasta ahora especializado en comedias más convencionales como Mentiras y Gordas o Con derecho a roce, aunque también del fallido musical Annie) una película familiar que provocará las delicias de los niños sin aburrir en ningún momento a los adultos.
Efectivamente, aún sin ser el prodigio cinematográfico que supuso el salto a la pantalla del osezno peruano, esta adaptación del ingenioso pero endiablado conejo y su enfrentamiento con los humanos (primero con un viejo gruñón encarnado por Sam Neill y después con su sobrino y heredero, con el rostro de Domhnall Gleeson, resulta muy divertida y estimulante, con una multitud de chistes, algunos más logrados que otros, que puede que no lleguen a provocar la carcajada más tronchante a alguien con más de catorce años de edad pero sí le invitará, por lo menos, a soportar la película con una amplia sonrisa en el rostro.
Peter Rabbit cuenta además con un amplio elenco de secundarios animados que ayudan a aumentar el circo de locuras sin que ninguno llegue a resultar demasiado cansino, alguno con aportaciones tan brillantes como breves que magnifican aún más la aventura.
Es cierto que el tono del film es demasiado blanco como para encontrar en él lecturas demasiado profundas más allá de los consabidos elogios a la amistad y la familia, el mensaje ecologista y el puntito de romance (Rose Byrne es la parte femenina y nexo de unión en la historia), pero en ocasiones no es conveniente exigirle peras al olmo y podemos conformarnos con disfrutar de un entretenimiento que, insisto, va siempre enfocado a los más pequeños de la casa pero que dignifica el llamado cine familiar y permite una disfrutable tarde de cine sin duda coronada por las obligadas palomitas y el refresco de rigor.

Valoración: Seis sobre diez.

GRINGO: SE BUSCA VIVO O MUERTO

Nash Edgerton es un actor australiano que debutó tras las cámaras en 2008 con The Square, bajo la tutela de su hermano Joel (quien lo ayudó con el guion amén de hacer una participación como intérprete) y que vuelve a probar suerte, esta vez con un reparto de verdadero lujo, con Gringo (se busca vivo o muerto), con David Oyelowo (en un papel que nada tiene que ver con la seriedad que transmitía en El mayordomo y Selma o en sus periplos por la ciencia ficción en Interestellar y The Colverfield Paradox) como principal protagonista pero con papeles destacados para una sublime Charlize Theron, un eficaz Sharlto Copley y, de nuevo, Joel Edgerton, aunque también se dejan ver por ahí Amanda Seyfried o Thandie Newton entre otros.
Gringo es una descacharrante sátira llena de excesos que mezcla una trama de corrupción empresarial con otra criminal con narcotraficantes mexicanos por en medio. Una combinación que podría haber derivado en algo ridículo pero con las ajustadas dosis de comedia que Edgerton le imprime resulta refrescante y muy entretenida.
No es que estemos ante una gran obra digna de inmensos elogios, pero tomada como divertimento sin más, aceptando las posibles inspiraciones en el estilo de gente como Tarantino o Guy Richie, esta especie de vodevil que nunca termina de tomarse demasiado en serio a sí mismo y de giros totalmente inverosímiles, funciona francamente bien. Esto se debe, en gran medida, al humor gamberro y absurdo que pulula por casi todo el metraje, con chistes fáciles pero efectivos y un puñado de diálogos realmente brillantes. Por otro lado, el gran trabajo de los actores, que no por estar en una comedia se esfuerzan menos de lo habitual, termina por elevar el nivel de la obra, por más que hay algunos momentos demasiado caricaturescos por parte de Oyelowo pero que se compensan con el brillo de Theron, perfecta como pérfida femme fatalle.
Así, esta película que se ha presentado en la cartelera sin apenas hacer ruido, más llamativa por los nombres que adornan su póster que por las referencias que teníamos sobre ella, es un brillante ejercicio de comedia negra, cínica y desquiciante, donde las casualidades y los equívocos se aceptan sin rechistar y que, incluso con algún bajón en su ecuador, resulta un ejercicio de disfrute y evasión muy completo.

Valoración: Siete sobre diez.

MARÍA MAGDALENA

Hace un par de años el Papa Francisco se encargó de rectificar una de las injusticias de la Iglesia Católica respecto a su rigor histórico y reconoció la verdadera condición como discípula de Jesús, y no prostituta, de María Magdalena. Ahora, en pleno fervor feminista, el director Garth Davis, que se encumbró el año pasado con la insuficiente Lion, ha realizado una película que recrea la “verdadera” historia de un personaje que ya sufrió un repunte de popularidad a raíz de la novela (y posterior adaptación cinematográfica) de Dan Brown, El Código DaVinci.
En María Magdalena no se confiere a la seguidora de Jesús toda la autoría de crear la Iglesia Católica, ni se apunta ninguna posibilidad de que llegara a casarse con el Mesías e incluso tener un hijo con él, como apuntaba el best-seller, pero sí nos presenta a una maría de Magdala adelantada a su tiempo, de fuertes convicciones, enfrentada a su familia (en especial a su hermano) por su negativa a que su destino fuese simplemente casarse y dar hijos a su marido, revolucionaria y líder de un feminismo declarado que se resume en varios diálogos entre ella y Jesús o alguna acción en concreto que dudo mucho hubiesen estado en la película si esta se hubiese filmado apenas un par de años antes.
Con todo, María Magdalena busca más ser un relato sobre la Fe y la convicción de un ideal que una biografía en sí, resultando por ello que Davis cae en un trascendentalismo demasiado intenso, cargando la historia con un tono realista que puede llegar a confundir por momentos (la necesidad de mostrar los escasos milagros de manera tan poco espectacular), y con un abuso de primeros planos de una lacónica Rooney Mara que llega a hastiar con su eterno rostro melancólico y dejando al Jesús de Joaquin Phoenix en demasiado segundo plano.
En un tiempo donde las películas bíblicas parecen de otra época (La Pasión de Cristo, de Mel Gibson, es el último gran éxito del género, y data ya de hace catorce años), María Magdalena no tiene ni la espectacularidad de títulos como Noé, de Darren Aronofsky, o Exodus, de Ridley Scott ni la polémica sangrante de La última tentación de Cristo, de Martin Scorsese, con lo que debe conformarse con ser una revisión dela historia muy apática y plana, con un actor bastante desaprovechado y una actriz incapaz de transmitir la fuerza que se le supone al personaje. Es, desde luego, una película idónea para ver en Semana Santa, que interesará a los más fieles, incapaz de ofender en su mensaje (a no ser que uno sea muy seguidor del personaje de pedro), pero que como producto cinematográfico resulta tedioso. A nivel argumental, la historia tiene algún elemento de acción que Davis es totalmente incapaz de plasmar con efectividad, limitándose solo a brillar (es un decir) en los momentos más contemplativos y oníricos de la trama, empeñado en hacer una película tan intensa y profunda que solo se puede resumir como de aburrida, resultando además demasiado elíptica para los menos conocedores de la historia y cuyos momentos cumbres (la última cena, la traición de Judas) resultan demasiado atropellados.
Es cierto que, a partir de ahora, ya no podremos entender igual la canción de Sabina de Una canción para la Magdalena, pero más allá de eso, poco va a trascender esta película correcta en lo visual pero de pocos méritos más, que ni siquiera servirá para ensalzar el mensaje feminista, por más que parezca querer intentarlo.

Valoración: Cuatro sobre diez. 

lunes, 26 de marzo de 2018

PACIFIC RIM: INSURRECCIÓN

Antes de entrar a valorar esta película vaya por delante que no soy para nada defensor de su predecesora. Pese a ser un gran admirador del trabajo de Guillermo del Toro, considero Pacific Rim una de sus peores películas, un simple capricho (millonario capricho) de un hombre que ha crecido entre monstruos y robots gigantescos y cuya base de partida de esa película era un sueño hecho realidad. Sin embargo, más allá del diseño, tampoco demasiado rompedores, de los kaijus en cuestión, poco se veía en la superproducción de Universal y Legendary que llevase la firma del director mexicano.
Con esas, es fácil deducir que mi fe en esta secuela, que tan solo contaba con Del Toro como productor, esa mínima. No veía en Pacific Rim: Insurrección más que un intento vano de aprovechar el tirón y sacar más pasta a base de efectos especiales descacharrantes y una historia vacía y tópica. Y, para qué engañarnos, eso es lo que hay en esta secuela. De nuevo una copia menos aparatosa de los Transformers de Michael Bay dándose de tortas con los primos lejanos (tan lejanos que son extraterrestres) de Godzilla y compañía. Para colmo, la premisa argumental (ha pasado algún tiempo desde la guerra de la primera parte y ahora es un hijo de un héroe de aquella quien debe enfrentarse a una segunda oleada invasora) parecía una fotocopia (incluyendo su escena epílogo final, anunciando una hipotética tercera entrega) de la mediocre Independence Day: Contraataque. Así que las cosas no podían parecer peor.
Así que puede ser por las bajas expectativas o es que realmente algo de nota han tomado de lo que falló en la película de Del Toro, pero al final esta Pacific Rim: Insurrección ha resultado ser una pequeña sorpresa, más divertida que la película original, con algo más de coherencia interna y, sobretodo, con unos combates que, si bien pueden resultar algo confusos en algunos momentos debido a su atropellado montaje, por lo menos se suceden a plena luz del día, no en noches de lluvia como en la propuesta de Del Toro.
No hay que buscar nada original en esta película, ni pienso que lo pretendiesen sus creadores. De nuevo se limitan (como comentaba a raíz de Tomb Raider) a copiar una fórmula que debería funcionar sin muchas complicaciones. Por un lado, usar una de las características más de moda en el cine actual, el de la heroína femenina joven (pese a la diferencia de edad, esta Amara parece un remiendo de la Rey de Star Wars: El despertar de la Fuerza, colocar alguna cara reconocible por el público joven (John Boyega y Scott Eastwood), algo de nostalgia con menciones a la anterior película y la recuperación de algún secundario de aquella, un giro supuestamente inesperado para dejar a los chavales con el culo torcido y, de nuevo, tortas y más tortas.
Y al final, entre argucias argumentales absurdas y diálogos prefabricados, la cosa resulta ser un digno entretenimiento, una película palomitera que nunca pretendió aspirar a nada más, espectacular en su sencillez, que no abusa en los intentos de tocar la fibra para esquivar con fortuna el ridículo y totalmente carente de las fobias del mexicano que, en productos sofisticados como este resultan del todo inadecuados, como los personajes que interpretaran Santiago Segura y Ron Perlman.
Pacific Rim: Insurrección es una película que ofrece exactamente todo lo que podría prometer, sin trampa ni cartón, con las limitaciones propias de la falta de imaginación del cine actual y alguna otra marcianada (nunca mejor dicho) que otra que resulta absurdamente divertida. Dudo que nadie esterase de esto algo más.

Valoración: Siete sobre diez.

domingo, 25 de marzo de 2018

EL AVISO

Daniel Calparsoro es uno de los directores más interesantes del panorama cinematográfico patrio, y la reciente y exitosa (aunque a mi entender no suficientemente redonda) Cien años de perdón es una muestra de ello. Además, el thriller policiáco está de moda en nuestra filmografía, y aunque El aviso no entre directamente en el terreno policiáco, por ahí andan los tiros.
Todo parte de un suceso aparentemente inexplicable: un asalto a una tienda de gasolinera tiene un fatídico desenlace: un inocente es tiroteado y mientras su vida se debate entre la vida y la muerte su mejor amigo descubre una extraña secuencia matemática que demuestra que el incidente no fue casual y que se ha venido repitiendo a lo largo de los años. Diez años más tarde, un niño recibe un aviso advirtiéndole sobre su más que probable muerte.
Calparsoro construye una angustiante historia con tientes muy urbanos alrededor de la figura de Jon, un matemático en sus horas más bajas atrapado en un triángulo amoroso junto a su mejor amigo y el amor de su juventud. Con guion de Jorge Guerricaechevarria, Patxi Arnezcua y Chris Sparling a partir de una novela de Paul Pen, la historia se mueve a través de os marcos temporales, siendo posiblemente ese el mayor acierto de la puesta en escena de Calparsoro, capaz de mostrar cada una de las líneas temporales constantemente sin que ello resulte confuso, pero por contra está a punto de perder el control de su obra a medida que se aproxima a su final, cuando las preguntas se acumulan y uno ya intuye que no se va a encontrar con respuestas satisfactorias.
No es que sea imprescindible dar un sentido a todo lo que ocurre, permitiendo que el factor sobrenatural actúe libremente, pero posiblemente toda la parte central de la historia tiene unos visos demasiado realistas, con una subtrama de bulling con un peso específico en la misma, como para encajar fácilmente ese elemento de ciencia ficción que no se nos había llegado a anunciar en ningún momento.
Puede que sea conveniente para el interés de la historia no saber nada respecto a su argumento al entrar en la sala de cine, pero no es menos cierto que si uno va a la espera de un simple thriller de intriga y misterio y se encuentra de golpe especulando sobre la reencarnación, las paradojas temporales y los portales interdimensionales (y nada de esto se menciona en la película pero, como con las meigas, haberlos haylos), puede que quede impregnado por cierto regusto de insatisfacción.
Como sea, la presencia de grandes actores (en especial en su parte femenina) ayuda a simpatizar más con el misterio y Calparsoro tiene suficiente pericia visual como para conseguir que durante toda la proyección el misterio y el desasosiego nos invada, por más que al final pueda predominar más la confusión y el vacío que la sensación de un trabajo bien hecho.
Y es que ni estamos ante una película de ciencia ficción aunque sí lo sea ni tampoco se trata de un policíaco realista, aunque también. Demasiada indefinición y medias tintas para poder aplaudir como se merece a esta El aviso, cuyo resultado final sí es, al menos, mucho más correcto que el espantoso y nada apetecible tráiler que la precedía.

Valoración: Seis sobre diez.

TOMB RAIDER

Aunque ciertamente no exista una formula matemática para realizar una película de éxito (y de existir, parece como si Marvel la tuviese en secreto, como si de la fórmula de la Coca-Cola se tratase), sí hay una serie de reglas que fuerzan a que una película comercial funcione correctamente.
De esa manera, films como Tomb Raider con casi productos de laboratorio, conteniendo todo aquello necesario para hacer un producto correcto al que se le puedan poner pocas pegas, como si de un Frankenstein se tratase, pero al que,al igual que a la criatura de Mary Shelley, le falta un alma capaz de dotarla de auténtica vida.
No es esta Tomb Raider secuela directa de las dos películas anteriores sobre el personaje de Lara Croft ni tiene Angelina Jolie participación alguna en el film. Es más, la obra no bebe de los videojuegos clásicos (ni de su posterior adaptación al cómic), sino que adapta directamente el propio reboot que el juego hizo en 2013, presentando a una Lara Croft menos voluptuosa, apostando por una aventura más física y con tintes del feminismo tan presente en el cine de hoy en día.
Tomb Raider contiene todo aquello necesario para triunfar: una historia correcta, espectaculares escenas de acción, una heroína carismática y a la vez creíble, buenos efectos especiales, buenos y comprometidos actores y el toque justo de humor. Sin embargo, la suma de todos estos elementos se realiza de una forma demasiado plana, tan fríamente calculada que el guion bien podría haber sido escrito siguiendo las pautas de un manual sin poner pasión alguna en su conjunto. Como adaptación de videojuego es impecable, pudiendo reconocer el seguidor habitual los diversos momentos de plataformas, los puzles y las estrategias, y Lara luce su camiseta habitual de tirantes y utiliza las herramientas impuestas por el canon, ya sea un arco, un piolet o ese guiño final a sus dos icónicas pistolas. Y también el argumento es un reflejo del mencionado juego del 2013, por más que las diferencias con el mismo puedan haber molestado a más de un fan.
Sin embargo, pese a toda esta corrección, el gran debe de Tomb Raider es que todo parece muy visto ya, como si las influencias de las que bebe (homenajes, dirían algunos), fuesen tan fieles que terminan por parecer copias. Así, si la Lara Croft de la Jolie tenía cierto aire Jamesbondiano, la encarnación de Alicia Vikander es puro Indiana Jones. Cosa que de por sí no me parece nada si no hubiese momentos tan exageradamente literales. La inspiración de En busca del Arca Perdida y La última cruzada, en concreto, son claras, pero también hay ahí reflejos evidentes de otras películas aventureras de resolución de enigmas como La búsqueda, hay alguna escena deudora de otra película de videojuegos con fémina al poder como es Resident Evil e incluso se adivina la influencia de un título tan injustamente denostado como es la reciente La Momia, con el flamante ganador del razzie al peor actor, Tom Cruise (sic). Y, paradójicamente, en lo que sí se distancia de esos títulos, el aspecto más fantasioso del film, es donde más falla, ya que las pretensiones de dar un tono realista supone una ligera decepción de cara al acto final, donde las expectativas eran mucho más altas con respecto a los resultados obtenidos.
Eso sí, Vikander es una Lara Croft perfecta, suficientemente guapa y atlética para dar la talla pero sin parecer una caricatura voluptuosa y machistamente artificial (aunque cabe resaltar que el origen de las curvas de la Croft no tiene un componente machista, sino un error informático que a la postre se convirtió en una involuntaria seña de identidad) y el director Roar Uthaug filma con eficacia y buen ritmo, lo que hace que estemos ante una buena propuesta como puro entretenimiento de fácil olvido que supera las versiones anteriores pero no pasará a la historia del cine, ni siquiera a la del cine de aventuras.
Una interesante película, sí, pero que sabe a poco por esa carencia de alma y originalidad. La fórmula funciona, pero no emociona.

Valoración: Seis sobre diez.

A SILENT VOICE

A silent voice (que se podría traducir como algo parecido a “Una voz silenciosa”) es un Anime de Naoko Yamada basado en el manga Koe no Katachi, producida por Kyoto Animation y estrenada en su país de origen hace ya dos años. Es probable que el hecho de que se haya decidido estrenar ahora corresponda al éxito que el año pasado tuvo Your name, un éxito que pilló a muchas distribuidoras desprevenidas y que tuvo una exhibición muy inferior a la merecida.
A silent voice, sin embargo, poca relación tiene con el Anime anterior más allá del tono adulto y de un ritmo lento con el que aprender a conocer y lidiar con los personajes, unos adolescentes propios del género y reflejos de la sociedad en la que les ha tocado vivir.
Pese a ser un film de animación, A silent voice sorprende por su dureza, tratando temas como el acoso escolar, las discapacidades, la incomunicación e incluso el suicidio juvenil.
Shoko es una chica sorda, con lo que casi podríamos estar hablando de una nueva “burbuja cinematográfica “ (guiño, guiño), después de las películas Mudo (Mute) y La forma del agua (de hecho, la traducción literal del título original de esta película sería algo así como “La forma de la voz”), y cunado llega a una nueva escuela se convierte en el objetivo de las burlas y los ataques de la mayoría de sus compañeros, encabezados por Shoya. Pero la situación se revierte cuando los profesores descubren lo sucedido, y después de que Shoko se vea obligada a abandonar la escuela, Shoyo se verá enfrentado con sus propios amigos, convirtiéndose ahora él en el paria marginal que lo impulsará, en la escena que abre la película, a una tentativa de suicidio.
No es, a priori, un argumento demasiado infantil, aunque el film está claramente destinado a un público joven con intención de instruirlo y demostrarle las consecuencias de sus acciones. Sin embargo, quizá precisamente por querer tratar un tema tan espinoso como este, la película da demasiadas vueltas sobre sí misma, resultando por momentos reiterativa y agotadora.
El arranque, en forma de flashforward con Shoyo a punto de saltar desde un puente, resulta inquietante y atrapa al espectador haciendo que se interese por lo que está sucediendo, lo mismo que su angustiante final, sobretodo a raíz de cierta escena durante una fiesta con fuegos artificiales y lo que después sucede, pero todo el tramo intermedio resulta demasiado lento y contemplativo, con una insistencia machacona sobre el mismo concepto, quizá con los productores preocupados por que el mensaje no llegue de forma adecuada a sus receptores. Es por eso que el conjunto total (129 minutos claramente excesivos) se hace demasiado pesado y provoca cierta acumulación de bostezos, aunque la premisa argumental, la valentía conceptual y la emotividad que provoca justifique al menos su visionado.

Valoración: Seis sobre diez.

martes, 20 de marzo de 2018

MUDBOUND

Para bien o para mal, muchos consideran Netflix como un contenedor de paquetes que nadie quiere, y pese a los éxitos que suelen tener sus series parece que su producción cinematográfica sigue dando mucho que desear, siendo a menudo incluso objeto de mofa. Las grandes campañas promocionales que anuncian estrenos como Fe de etarras, la carísima Bright o la vapuleada Mudo no parecen de ser correspondidas con unos mínimos de calidad (al menos desde un punto de vista crítico), y al final se termina hablando más de lo que costó un anuncio durante la SuperBowld que de lo bien o mal que pudiera funcionar The Cloverfield Paradox.
Solo Aniquilación parece salvarse de la quema, aunque decir eso sea una gran injusticia para con la gran plataforma de streaming. Si nos olvidamos de los títulos que vienen precedidos por una llamativa (y efectiva) publicidad y nos entretenemos en rebuscar un poco en el extenso catálogo podemos hallar alguna que otra pequeña gran joya.
Yo mismo confieso que se me había pasado totalmente por alto esta Mudbound, y ni siquiera ahora, después de que haya hecho historia con sus cuatro nominaciones al Oscar (lo que demuestra que una vez pasada la tormenta del último Cannes hay que empezar a tomarse a estas plataformas en serio), parece que el gran público haya descubierto la película de Dee Rees. Afortunadamente, una de las ventajas del streaming es que siempre se está a tiempo para recuperarlas sin temor a que las exhibidoras las eliminen de las pantallas prematuramente, lo que me da pie para poder hablar un poco de ella.
Sobre el papel, Munbound puede parecer el clásico drama racial localizado en la América sureña que hemos visto mil veces. Y, de hecho, eso es lo que se intuye durante su primera parte del metraje, aunque la directora juega hábilmente con el espectador gracias a ese arranque en forma de flashforward aparentemente intemporal que invita a pensar, con el tema de las plantaciones de algodón y la marginación de los negros, a que estamos en la época de la esclavitud, sorprendiéndonos de inmediato cuando se anuncia el bombardeo a Pearl Harbor. Efectivamente, los americanos se lanzaban de cabeza a luchar contra ese fustigador de libertades que fue Hitler mientras en su propia casa los negros seguían siendo considerados más animales que humanos.
Mudbound arranca con la historia de los McAllan, una familia liderada por el ambicioso Henry que compra una granja con mano de obra negra con el propósito de iniciar una nueva vida en el campo (o en infinitas extensiones de barro, más bien), junto a su esposa Laura, su padre Pappy, sus dos hijas y su hermano Jamie. Sin embargo, apenas entrar los Estados Unidos en la guerra europea el pequeño de los McAllan decide alistarse, llegando a ser un héroe aéreo.
Mientras, los Jackson trabajan las tierras con la esperanza de que algún día sea suyas, un sueño muy lejano para una familia de raza negra. Hap y Florence son los cabezas de familia que deben seguir adelante tras la marcha a la guerra de su hijo mayor, Ronsel, que termina pilotando tanques dentro de lo que llegó a ser conocido como Las Panteras Negras, a las órdenes del general Patton.
Mudbound es una película algo culebronesca, de rivalidades familiares a causa de un racismo inherente a esa sociedad y unas ambiciones no siempre correspondidas por los objetivos. Sin embargo, tras un arranque algo lento y plomizo, necesario sin embargo para llegar a conocer bien a los protagonistas, otros elementos como la amistad, las secuelas de la guerra o incluso el machismo visto como algo terriblemente cotidiano en la época, van adueñándose de la trama logrando engrandecer la película.
Es Mudbound un film claramente antiracial, pero, incluso contando con que su directora y guionista Dee Rees es afroamericana, no me parece el clásico alegato en favor de los negros, sino que se busca una mirada imparcial de una realidad histórica que fue como fue y que como tal hemos de condenarla. No hay buenos ni malos (a nivel general, claro), de manera que no se pretende juzgar o santificar a una raza entera. Rees prefiere explicar su historia y dejar que sean los propios hechos los que recalen en la conciencia del propio espectador.
Así, pese a su alargado metraje, la película termina por cautivar y emocional, con unos personajes bien construidos y una brillante fotografía, bien merecedora de esa nominación al Oscar, que habría lucido de maravilla en pantalla grande.

Valoración: Siete sobre diez.

LA TRIBU

Fernando Colomo, clásico director de comedias al que teníamos la vista perdida desde su Isla bonita del 2015, la cual pasó relativamente desapercibida por las salas comerciales, recupera el cine más comercial ficcionando la historia real de un grupo de mujeres que, bajo el nombre de “Las mamis” revolucionaron Badalona y llevaron su pasión por el baile hasta llegar a participar en el programa Got Talent.
Para ello, ha contado con la participación de una de las parejas cómicas más celebradas de la televisión de principios de siglo. En Aida, Paco León se había quedado tonto (como él mismo se definía) por culpa de las drogas, atormentando con ello a su sufrida madre, a la que daba vida Carmen Machi. En La Tribu, León y Machi vuelven a ser hijo y madre, y es un accidente con un autobús lo que “vuelve tonto” al protagonista.
Aceptada como una comedia sin más pretensiones que el simple entretenimiento, la película funciona a la perfección, resultando muy fresca y divertida y alegrando la vida con las divertidas coreografías de este grupo de Mamis que lidera Carmen Machi. Las situaciones cómicas enganchan al espectador y donde el acierto del guion flojea el carisma de los actores protagonistas lo saben ocultar.
El problema está si se aspira a tomarse algo en serio. Y no es ese un capricho personal, sino que la historia de Colomo invita a ello cuando pretende ilustrar una sátira social sobre los abusos de poder y los problemas de identidad en una sociedad donde el dinero está por encima de todo, convirtiendo a los trabajadores en simples números destinados a aumentar en capital de las empresas a las que (en el sentido más literal posible) pertenecen. Ese aire de crítica social sobrevuela en todo momento la película hasta su clímax final, donde no hay una resolución satisfactoria para el conflicto (puede que por no encontrar Colomo una respuesta creíble que no estropee el buen rollo de la actuación musical), dando la sensación de que hay un buenismo exagerado donde todo vale por el bien de la comedia.
Así que, al final, todo depende de cómo cada uno quiera ver la película. Si nos conformamos con una tontada sin tapujos, una especie de revisión de lujo del Luisma de toda la vida cambiando la periferia de Madrid (el ficticio Esperanza Sur) por la de Barcelona (Badalona), todo va bien. Si buscamos respuestas a los conflictos que el propio film nos plantea para aliviar con ello nuestras conciencias capitalistas, entonces nos hemos equivocado de película.

Valoración: Seis sobre diez.

ANIQUILACIÓN

El debut de Alex Garland como realizador de cine no podía ser más prometedor, aunque ya había demostrado sus buenas cualidades como guionista en diversas películas de Danny Boyle. Con Ex_Machina logró una de las películas más interesantes del 2014 (aunque se asegura que en realidad ya ejerció de director en Dreed, acreditado solo como guionista, tras los problemas con Pete Travis), así que había mucha expectativa por ver su siguiente trabajo, Aniquilación, que llegaba definida como un thriller de ciencia ficción demasiado intelectual para el gran público.
De hecho, tenían tanto miedo en su productora, Paramount, de que el pueblo llano fuese incapaz de comprenderla, que solo se ha estrenado en cines de Estados Unidos y Canadá, quedando relegada su distribución para el resto del mundo a ese aparente contenedor de basura que se supone que es Netflix, gracias a la cual hemos podido llegar a ver films de diversa calidad como la reciente The Cloverfield paradox.
Esta vez, sin embargo, no hay lugar para dudas. Todo el mundo coincide con que Aniquilación es una gran película.
Inspirada en la novela de Jeff VanderMeer (que iniciaba con ella una trilogía que, visto como ha tratado la productora a la película, dudo que lleguemos a ver en imágenes), Aniquilación narra la aparición de una región de extrañas cualidades antinaturales que se va extendiendo lentamente con un faro como aparente punto de origen. Un grupo de mujeres encabezan la expedición número doce en busca de respuestas, a sabiendas de que solo ha habido un único superviviente entre las incursiones anteriores.
No es esta, sin embargo, una historia de acción y aventuras (probablemente lo que en Paramount se esperaban), sino que al abrigo de un puñado de estupendas actrices (Natalie Portman, Jennifer Jason Leight, Tessa Thompson, Gina Rodriguez y Tuva Novotny, amén de la presencia masculina de Oscar Isaac) nos hallamos ante una fábula pesimista sobre la crueldad de la naturaleza misma, donde descubrimos que la supervivencia de las especies pasa por la destrucción de las razas inferiores, y que incluso el amor, que en otros casos suele utilizarse como catalizador de esperanza, es aquí un catalizador enfermizo y dedicado a la condenación.
Todo esto lo explica Garland mediante un guion con más preguntas que respuestas, bebiendo de fuentes tan complejas como el Kubrick de 2001 pero también en el Carpenter de La Cosa o las fabulaciones de Lovecraft y Tarkovsky. Hay momentos de gran psicodelia visual, con gotitas de puro terror y unos efectos especiales de aspecto artesanal pero muy competentes e imaginativos. Sin embargo, por mucho que se pueda hablar sobre la película y su trasfondo, solo hay una pregunta que valga la pena resolver para deleite del público: ¿es una obra maestra o un tremendo coñazo?
Como película personal y de personalidad que es, no hay respuesta posible para eso, lo mismo que no hay respuesta sencilla a los enigmas que plantea. Si hay un caso en el que la satisfacción de una película dependerá de las exigencias de su público es este, y donde algunos verán una maravilla otros desconectarán a los veinte minutos de metraje.
No creo que sea adecuado hablar de maestría, pero sí simpatizo mucho con el ritmo lento y la correcta construcción de personajes (y, valga el tópico, el Área X que deben inspeccionar las protagonistas es un personaje más), de manera que, pese a esa sensación de tristeza e incluso vacío que deja la película tras su visionado, yo quedé gratamente complacido, aceptando ya a Alex Garland como uno de los grandes artífices de la ciencia ficción moderna, equiparable ya al más optimista Villeneuve con La llegada como otro gran ejemplo de ciencia ficción sesuda. Así, esta película complacerá a críticos, amantes del postureo y espectadores de mente abierta, pero no será para nada plato de buen gusto de aquellos que solo quieran ver efectos especiales digitales como los coloridos carentes de sentido de tonterías como Un pliegue en el tiempo, por poner un ejemplo de ciencia ficción pedante pero que no aspira a nada más (sin conseguirlo siquiera) que a ser un simple film palomitero.
Garland, como Villeneuve, está ya en la liga de los grandes maestros, esa en la que parecía iba a estar también Duncan Jones tras su grandiosa Moon y cuya grandeza solo logra acariciar levemente en la reciente Mudo, también condenada al ostracismo relativo de Netflix.

Valoración: Ocho sobre diez.

lunes, 12 de marzo de 2018

UN PLIEGUE EN EL TIEMPO

Hacía tiempo que Disney Studios necesitaba desesperadamente un gran éxito de taquilla, siendo posiblemente Zootrópolis el último. 
En el terreno de la imagen real, apuestas como El llanero solitario o Tomorrowland le habían acarreado grandes pérdidas y solo con secuelas insulsas como Piratas del Caribe: la maldición de Salazar o Alicia a través del espejo lograba maquillar los resultados. No es que eso fuese un gran problema para la casa madre, pues los otros estudios al amparo de Disney (Pixar, Marvel Studios y Lucasfilm) han arrasado con Coco, Black Panther y Los útimos Jedi, pero aún así la cosa empezaba a ser preocupante.
Disney necesitaba acertar en el pleno por una vez, y Un pliegue en el tiempo era una puesta arriesgada pero, a todas luces, a caballo ganador. Con unos impactantes efectos visuales, la película debía descubrir a los más pequeños un mundo nuevo lleno de fantasía e imaginación, en una peligrosa aventura por rescatar a un padre perdido y con un grupito de actores cuanto menoss carismático. ¿Qué podría salir mal?
No debería haber hecho esa pregunta, pues la respuesta es: prácticamente todo. Un pliegue en el tiempo, basada en una novela de Madeleine L'Engle, está dirigida por Ava DuVernay. Primer error. No voy a negarle a esta buena mujer sus dotes como realizadora en films de calado más serio como Selma, pero en Un pliegue en el tiempo pierde todo el control de la cámara, bien alejada de lo que debería ser un blockbuster de estas características. Con exagerados primeros planos, una cámara muy nerviosa y ángulos extraños, parece casi como si quisiera convertir este producto Disney en cine de autor, cosa que se pega de bruces con los momentos videocliperos al ritmo de cancioncillas que parecen salidas de cualquier serie de Disney Channel.
Pero lo peor de todo es la historia. No conozco el contenido del libro original, así que no puedo juzgarla como adaptación, pero lo que me aqueda claro es que el trabajo de los guionistas en esta película ha sido realmente esperpéntico. La película navega entre lo asombroso y lo ridículo, resultando cumplidora en su primera mitad pero naufragando hacia el desastre una vez supera el ecuador. Es cuando la película pierde sentido y no queda nada de la coherencia interna que uno debe exigirle a cualquier film que se precie, dando casi la sensación de que les han entrado las prisas por terminar la pelíucla y cualquier cosa sin sentido valiese. 
Cierto es que en estas historias juveniles de mundos paralelos y viajes interdimensionales (porque no esperéis aquí viajes en el tiempo) los deus ex machina deben estar a la orden del día, pero aquí toda la película completa es un deus ex machina gigantesco. Tanto es así que, pasada la primera hora de metraje, uno empieza a sospechar que se encuentra ante una película piloto cuya trama se desarrollará en supuestas continuaciones, como pasó con aquel fracaso que fue La bruja dorada, pero no, aquí todo se precipita para cerrar las tramas sin ningún orden ni concierto, dejando por el camino todo o que les molestaba y tomando directamente al espectador como idiota.
Más allá de los correctos efectos visuales, que una vez vista tampoco son la maravilla que parecía anunciar el tráiler, la película es aburrida y absurda, una tomadura de pelo que tiene todos los números para ser un nuevo fracaso para la compañía del ratón, que justifica así que siga exprimiendo al máximo a sus superhéroes y Jedi. 
Lo único que la hace mínimamente salvable es la simpatía que pueden producir los niños protagonistas, casi desconocidos (aunque Levi Miller ya protagonizó otro proyecto abocado al fracaso como fue el Pan de Joe Wright), con un trio de “señoras” a cuál más ridículas y un Chris Pine que, simplemente, pasaba por ahí. Cabe preguntarse como engañaron a Gugu Mbatha-Raw para subirse al carro de esto y si Zach Galifianakis o Michael peña habían perdido, quizá, una apuesta.
En fin, una suma tontería, sin ritmo, sin emoción y sin sentido, que provoca bostezos cuando se supone debería empezar la aventura y que funciona mejor en los diez minutos de drama estudiantil y familiar con que arranca que cuando empieza lo supuestamente divertido. O a lo mejor es que, siendo tan compleja como es y yo tan poco ducho en física cuántica, simplemente no la he entendido. Pero creo que no va a ser eso, no....
Simplemente, otro descalabro Disney.

Valoración: Tres sobre diez.

WINCHESTER


Aunque soy poco dado a estas peliculillas de terror de casas encantadas y supuestas adaptaciones de historias reales, sentía cierta curiosidad por esta Winchester, firmada por los hermanos Spierig, pareja germana autora de títulos interesantes como Daybreakers, Predestination o la más flojilla Saw VIII.
Los motivos por los que me sentía atraído por esta película eran básicamente dos. Por un lado, la pareja protagonista, en especial Helen Mirren, actriz capaz de protagonizar intensos dramas como La reina, La dama de oro o Espías desde el cielo hasta títulos tan comerciales como las dos entregas de RED o Fast & Furious 8, aunque también me llamaba la atención que se dejara caer por aquí Jason Clarke, que, aunque no sea santo de mi devoción, hay que reconocerle que es una figura dentro de la industria. El segundo motivo era la historia real, ciertamente apasionante: Sarah Winchester, viuda del heredero del imperio Winchester, el mayor fabricante de rifles de su época, que (dicen) atormentada por las muertes que habían causado las armas que la habían enriquecido estaba convencida de que los espíritus de esas almas la acosaban, por lo que dedicó el resto de sus días a mandar restaurar una laberíntica mansión siguiendo las supuestas instrucciones de esos espíritus. Un edificio de San José (California) con cientos de habitaciones, pasillos absurdos, escaleras sin sentido y todo tipo de excentricidades arquitectónicas sigue siendo, a día de hoy, testigo de esa leyenda.
La historia sobre la que se sustenta la película es, desde luego, muy apasionante, y habría sido un buen material de partida para un drama con tintes sobrenaturales, muy apropiado para un experto en casas encantadas como James Wan, por ejemplo. Sin embargo, en manos de los hermanos Spierig, la película termina derivando en un cliché de sustos fáciles y apariciones repentinas grotescamente maquilladas que invitan a saltar de la butaca en no pocas ocasiones pero poco más. Si es cierto que la historia inventada del doctor Eric Price, al que el resto de asociados de Winchester contratan para que declare mentalmente inestable a la viuda, tiene algo de empaque, pero hay una verdadera carencia a la hora de analizar el trasfondo de los protagonistas y el drama de la historia queda desdibujada por las muchas incoherencias de su guion, en algunos momentos completamente absurdo.
Es esta historia muy inferior a la real, obviando curiosidades como la galería de tiro que había en la casa (contradiciendo la teoría sobre los remordimientos de la viuda), las sesiones de espiritismo que se ofrecían en un torreón o la inquietante visita que recibió la casa años más tarde por parte del popular mago Houdini, en un estéril intento de desacreditar la leyenda, pero al menos se agradece que no todo sea una completa estupidez como en la mayoría de películas de este estilo.
Sí, es cierto que la participación de Miren está completamente desaprovechada, y que la explicación real de los destrozos que los espíritus provocan en la casa en la versión fílmica apenas son explicados (y casi a regañadientes), pero después de que el tráiler me advirtiese ya de que esta no es la película que yo habría querido ver, al menos me ha logrado interesar lo justo para aceptarla con agrado, y en las que algunos han querido ver una moralina sobre el uso (y abuso) de las armas de fuego en Estados Unidos..

Valoración: Seis sobre diez.

LOVING PABLO


La sombra de Scorsese es alargada. Tanto, que ha terminado por salpicar a nuestro propio cine y a un director con tanta personalidad propia como es Fernando León de Aranoa. El madrileño, posiblemente el mejor retratista de nuestra realidad con películas como Barrio, Los lunes al sol o Princesas, ya coqueteó con el humor dramático con aroma yanqui en Un día perfecto, pero en su última película, Loving Pablo, se entrega totalmente al estilo más definitorio de Martin Scorsese para narrar la historia, sobre todo la caída, de Pablo Escobar.
Con un reparto muy nuestro a la par que muy internacional, con el matrimonio Javier Bardem/Penélope Cruz encabezándolo, pero con apariciones de otros rostros conocidos como el de Oscar Jaenada, Loving Pablo sigue a pies juntillas las directrices de esas películas autobiográficas que tan de moda están a raíz de El lobo de Wall Street y que ha tenido en Yo, Tonya el último referente. Violenta y desagradable como la historia demanda, con voz en off narrativa, miradas a cámara de Penélope Cruz y un sinfín de canciones acompañando a los protagonistas, Loving Pablo podría ser la última pieza del puzle que el mundo audiovisual parece querer dedicar al narcotraficante más popular de la historia. Puesto de moda gracias a la serie de Netflix Narcos, últimamente hemos visto apariciones del personaje en títulos como la serie El Patrón del mal y la película Escobar: Paraíso perdido, aparte de tener importancia crucial de forma más o menos directa en Barry Seal o El infiltrado.
La “burbuja” de Pablo Escobar se culmina con este retrato que León de Aranoa hace sobre su etapa más poderosa y su decadencia, siempre visto a través de los ojos de su amante, la periodista Virginia Vallejo. Como el propio Javier Bardem ha explicado en los actos promocionales del film, lo que se pretendía es retratar al verdadero Escobar, el asesino cruel y déspota, lejos de las etiquetas de héroe del pueblo que en algún momento se le pudieran adjudicar. Y en ese aspecto, gracias al excelente trabajo del actor y a una convincente caracterización, la película cumple con creces. Recorriendo más de diez años en la vida de los dos personajes protagonistas, la película funciona como metáfora sobre el poder y la corrupción, no solo en manos del sanguinario narco, sino también de las altas esferas políticas a las que la llegada de dinero en generosas cantidades les invita a mirar hacia otro lado.
El principal problema de Loving Pablo radica en que, pese al conocimiento que se pueda tener o no sobre la figura de Virginia Vallejo, realmente quedaba poco por contar sobre el propio Escobar, de manera que todo lo que se ve en pantalla suena ya a algo visto con anterioridad, por más que tanto las escenas de acción como los momentos de comedia (sátira, más bien) funcionen a la perfección.
Así pues, Loving Pablo es una película que interesará a aquellos que se acerquen por primera vez a la figura de Pablo Escobar, pero que resultará algo repetitiva a quienes sean fans de las dos primeras temporadas de Narcos, donde había mucho más tiempo para indagar en las estrecheces de la figura del protagonista.
Obviando esto, la película cumple con creces su cometido y es un retrato de una época y un hombre de gran solvencia y poderoso empaque visual, que sin duda dejará con ganas de más ansia de conocimiento a aquellos que desconozcan la serie, permitiendo que ambos productos se retroalimenten mutuamente.

Valoración: Siete sobre diez.