lunes, 31 de octubre de 2016

OUIJA: EL ORIGEN DEL MAL, superando de largo a la primera.

Viendo Ouija: el origen del mal me vino a la memoria Calle Cloverfield, 10. Y no porque sus argumentos tengan nada que ver, sino porque sentí aquí la misma sensación que con aquella (confirmada después por J.J. Abrams): la de que se había aprovechado un guion ajeno a la supuesta saga para que, con algunos retoques, encajase en el puzle.
Escrita y dirigida por Mike Flanagan, quien ya hiciese su película de terror de culto con Oculus  y que se encuentra en pleno rodaje de El juego de Gerard, basada en una obra de Stephen King), Ouija: el origen del mal es en realidad una precuela de la simplona y floja Ouija de hace un par de años y sirve para conocer al detalle la historia de la madre y las dos hijas que habitaron en la casa con anterioridad a los protagonistas de aquella. Sin embargo, viendo ambas películas, las diferencias son tan notables que Ouija: el origen del mal merecería tener una entidad propia, sin ser lastrada por el hecho de ser una secuela de una película muy mediocre.
Confirmando mi teoría de que el cine de terror sufre una nueva corriente cada vez más cercana al drama, la película que propone Flanagan es un excelente retrato de una familia acuciada por las deudas y el dolor por la pérdida de la figura paterna que utilizan el espiritismo como medio para ganarse la vida hasta que la dichosa tabla de marras entra en la casa permitiendo el acceso de varios espíritus malignos.
Durante gran parte del metraje cuesta recordar que estamos ante una película de terror, pues los sustos son escasos y Flanagan no recurre apenas al efectismo de los sobresaltos musicales ni los planos tramposos, aunque la sensación de mal rollo es constante. Es más una película inquietante, que angustia, y que solo en su tramo final logra desatarse sin llegar nunca a alcanzar niveles de ridiculez como la mayoría de películas que pululaban por este género hace apenas unos años.
Prescindiendo del recurso de las adolescentes tontas (hay una hija adolescente, interpretada por Annalise Basso, que ya estaba en Oculus y era también una de las hijas de Captain Fantastic, pero de tonta no tiene un pelo), la coerencia con la que actúa la familia en todo momento, a expensas de la dolorosa ingenuidad infantil del miembro más débil de la misma, demuestran un guion inteligente y que no busca burlarse del espectador, consiguiendo que sea esta película muy superior a la Ouija original y que, pese a no ofrecer un terror muy exagerado, sea una interesante propuesta para este Halloween.
No va a romper moldes ni sentar cátedra, pero sí demuestra que con un poco de inteligencia y ganas de trabajar bien se pueden seguir haciendo películas de fantasmas interesantes.

Valoración: Seis sobre diez.

QUE DIOS NOS PERDONE: otra muestra del gran momento del cine policíaco en España.

Es ya un hecho demostrado que el thriller policíaco es el género que mejor define al cine español actual y Que Dios nos perdone es el último ejemplo de una película argumentalmente intensa y emocionante pero de gran calidad interpretativa.
Sin embargo, no recuerdo demasiados serial killers en nuestra cinematografía, lo cual sí que ofrece un punto novedoso. Con Rodrigo Sorogoyen haciendo un magnífico trabajo tras las cámaras, la película narra la aparición de un asesino en serie en Madrid en el año 2011, coincidiendo con la visita del Santo Papa a la capital y el trabajo de una pareja de policías empeñada en capturarlo. La premisa puede antojarse tópica y habitual, pero insisto en el buen momento que el género tiene en nuestro país y en la personalidad con que se está sabiendo tratar. Por eso, rompiendo esquemas, Que Dios nos perdone no responde al perfil de psicópata calculador y sibilino, sino que tiene una sordidez que se acerca al Seven de David Fincher. No en vano se trata de un violador de ancianas.
Por otro lado, durante gran parte del metraje, el asesino en cuestión parece una mera excusa para poder seguir de cerca a los policías protagonistas, como sucediera ya en La Isla Mínima, dos “héroes” que tienen tantas tonalidades oscuras en sus vidas privadas como el propio asesino. Estamos, pues, ante un trío de personajes que no merece ninguno la simpatía por parte del espectador, algo que ya comentaba hace poco al respecto de la película La chica del tren, pero que, a diferencia de aquella, no impide el buen funcionamiento del film. Quizá se deba a que el desarrollo de personajes está muy bien elaborado por parte de los guionistas (Sorogoyen y su colaboradora habitual Isabel peña), al gran trabajo del director para repartir los tiempos de la acción, o a la labor de los actores protagonistas, en especial unos grandiosos Antonio de la Torre (en un papel tan contenido como el de Tarde para la ira pero a la vez completamente diferente) y Roberto Álamo que son el verdadero alma de la película. El precio a pagar, no obstante, es la debilidad que se refleja en el resto de segundarios, apenas definidos en débiles pinceladas.
Que Dios nos perdone es una película sucia, que no busca reflejar en ningún momento la belleza de la ciudad ni sus puntos de referencia. Por el contrario, muestran la cara más amarga y vil de Madrid, quizá como reflejo de la propia sociedad que la ocupa. Es, sin embargo, esa crudeza, esa incomodidad incluso que algunas escenas producen, lo que convierten Que Dios nos perdone en una gran película, y a Rodrigo Sorogoyen, con solo dos películas en su currículo, a un director muy a tener en cuenta.

Valoración: Ocho sobre diez.

LA FIESTA DE LAS SALCHICHAS: Una vulgar pero divertida gamberrada.

Desde hace ya un tiempo tipos como Seth Rogen, Jonah Hill, James franco y un largo etcétera de amiguetes gamberros han intentado abanderar la comedia macarra y políticamente incorrecta con la pretensión de poner patas arriba al convencionalismo puritano de yanquilandia. Sin embargo, resulta evidente que todo debe tener unos límites, y en pos de una comercialidad apropiada la mayoría de estas películas soeces y gamberras terminaban derivando en aquello de lo que se pretendían burlar, con finales felices demasiado blancos pese al culocacapedopis de los inicios.
Es por eso que han debido pensar que el terreno de la animación les haría más libres para hacer lo que les viniese en gana, y con la excusa de una especie de motín dentro de un supermercado estos tipos en cuestión, empleando a Greg Tiernan y Conrad Vernon como directores del encargo, han concebido la broma más grotesca, exagerada, de mal gusto pero también divertida posible.
El punto de partida es una clara referencia de las películas Disney/Pixar, a las que se les acusa últimamente de abusar de repetir el mismo esquema argumental: responder a la pregunta de ¿qué pasaría si los juguetes / insectos / monstruos / peces / coches / ratas tuvieran sentimientos? Rizando el rizo, La fiesta de las salchichas se plantea que sean los productos de un supermercado los que tienen sentimientos y, como en Toy Story o Mascotas, nos descubren a qué se dedican cuando no hay humanos a la vista.
Con una inteligente metáfora sobre la supuesta divinidad de dichos humanos que a la postre termina siendo la gran mentira que sustenta sus existencias, la película es una adaptación apócrifa de Rebelión en la granja, con una serie de matices interesantes que sirven como crítica al consumismo americano, a la discriminación racial o incluso a la opresión de las minorías. 
Hay cabida para todo tipo de burlas, recibiendo su parte también títulos de éxito reciente como La Legopelícula con esa cancioncilla incentivadora del inicio y ese final con un ejercicio de metacine incluido. Por en medio, cientos de situaciones absurdas, chistes sexuales de todo tipo (desde sadomasoquismo a relaciones lésbicas), exaltación de la droga, mutilaciones, muertes violentas…
La pena es que la libertad con la que han contado para sortear la censura es tal que han querido abusar de ella con un uso y abuso de chistes de penes y buscando la risa fácil por el camino de usar dos palabrotas mínimo por frase que la gracia se agota pronto y el efecto sorpresa se desvanece antes de tiempo. Es como si los propios creadores dudasen de su propia capacidad para producir situaciones cómicas y terminasen reduciéndolo todo a la vulgaridad exagerada, oda magna a la escatología, consiguiendo que esta película no sea desde luego para niños pero quizá tampoco consiguiendo darle el tono adulto que merecía. Ni siquiera la gran orgía llega a tiempo de volver a escandalizar al personal.
Al final queda una broma de mal gusto de hora y media, una cachondada con un reparto de lujo en inglés que mejora a películas de los mismos genios como Superfumados o Juerga hasta el fin pero que no logra ser tan rompedora ni escandalosa como pretende. Es más una curiosidad para echarse unas risas con los colegas que una verdadera película.
Y, por encima de todo, termina siendo, de nuevo, una historia de amor. Con una ducha vaginal como villana y chicles mascados emulando a Stephen Hawking, sí, pero historia de amor de todas formas.

Valoración: Cinco sobre diez.

domingo, 30 de octubre de 2016

DOCTOR STRANGER: Magia en estado puro.

Es evidente que en los últimos años el cine de superhéroes ha cogido una importancia vital en el cine. Tanto, que los más agoreros llevan años hablando de una gran burbuja que tarde o temprano va a estallar. Pues bien, no será Doctor Strange quien la haga estallar.
En Marvel han encontrado la clave del éxito y no piensan abandonar el sendero. Por ello, Doctor Strange sigue a pies juntillas la marca de la casa: héroe con pies de barro, acción espectacular y chascarrillos varios. Sin embargo, también han conseguido desde La Casa de las Ideas que cada personaje tenga una identidad propia y sea único en su especie, y en ese sentido Doctor Stranger tampoco decepciona.
TrasGuardianes de la Galaxia y Ant-Man, Doctor Stranger es el nuevo icono que va a arrasar en taquilla pese a ser un personaje de los menos conocidos de Marvel, por más que haya pasado más de treinta años desde su creación y que en la última década haya pertenecido (en el comic) a Los Vengadores y a un grupo que ha revolucionado el mundo Marvel: los Illuminati.
Como en las películas anteriormente nombradas, Doctor Stranger supone un paso más hacia el intento de agrandar el universo (los Universos) Marvel. Si en Guardianes de la Galaxia se expandía hacia el cosmos y en Ant-man se descubría el micro-verso, en Doctor Stranger se habla por primera vez del multiverso y de las dimensiones paralelas, abriendo un enorme abanico de posibilidades a las futuras adaptaciones Marvel.
Ya de lleno en la fase tres, Doctor Stranger supone, en cierta manera, un retorno a la Marvel más primigenia con una película origen de un personaje, Stephen Stranger, que bien podría recordar al Tony Stark del primer Iron Man: egocéntrico, triunfador y egoísta que no cree en nada ni nadie más que en sí mismo hasta que el destino le da una mala mano y debe aprender a jugar con las cartas recibidas. Es entonces cuando deberá abrir su mente para poder conocerse a sí mismo y, de paso, conocer muchos secretos que desconocía y para los que no estaba siquiera preparado.
Doctor Strange es una película de superhéroes, desde luego, y por ello contiene peleas a cascoporro y espectacularidad sin límites, pero el trabajo de Scott Derrickson, director de películas oscuras como El exorcismo de Emily Rose, Sinister o Líbranos del mal, da una nueva orientación al personaje, enfrascándolo en mundos imposibles de imaginar que, aun recordando en parte a lo visto en Origen de Christopher Nolan sabe ir mucho más allá y no repetir el truco más de lo necesario, confeccionando una galería de colores y psicodelia deslumbrante.
Benedict Cumberbatch, al igual que lo hiciera en su momento Robert Downey Jr., sabe hacerse suyo el personaje, tomando algunos matices de la chulería de su Sherlock (o incluso de Khan) pero llevándolo al terreno Marvel, en una película divertida sin llegar a ser cómica que logra ser diferente a todo lo visto hasta ahora.
Curiosamente, la construcción del personaje se hace a ritmo lento y funciona de maravilla (imagino que algo así es lo que pretendían hacer en la horrible Cuatro Fantásticos), con un guion inteligente y unos personajes muy bien definidos y brillantemente interpretados (no creo que nadie se vaya a quejar, después del trabajo de Tilda Swinton, de que el Anciano sea ahora mujer). Es solo hacia el tramo final en el que se desborda la acción y el enfrentamiento entre los buenos y los malos debe producirse de manera inevitable, pero incluso entonces Doctor Stranger consigue salir airosa de esa evolución del género para ofrecer un giro inesperado diferente a la destrucción gratuita y caótica que tanto se ha repetido desde el irrepetible (perdonen la redundancia) clímax final de Los Vengadores (a ver si aprendes, Zack Snyder) y ofrecer una alternativa final sorprendente e incluso rompedora.
Doctor Stranger es una nueva visión del universo Marvel, apensa conectado a él en una frase aislada aunque de vital importancia, pero que formará indudablemente parte de un gran futuro tal y como se anuncia ya en una de las escenas postcréditos.
Marvel sigue creciendo y lo sigue haciendo maravillosamente bien. De momento, la fórmula no se agota. Y el mérito de hacer triunfar a los personajes “menores” (¿quién no está deseando la llegada de Black Panther?) no tiene precio.
Que siga la fiesta…

Valoración: Ocho sobre diez.

CdS: 7 AÑOS. Excelente arranque cinematográfico de Netflix

Apenas un año después de la llegada de Netflix a España se estrena la primera película de producción nacional: 7 años, dirigida por Roger Gual. Parece ser que una de las condiciones de la productora de streaming para su participación en la película era conseguir un producto económico y de corte internacional, y Gual, con un magnífico guion de Jorge Cabeza y Julia fontana lo ha hecho a la perfección.
Sin mostrar apenas nada más que el interior de un local (espacioso y muy confortable, eso sí), la película no necesita más que a cinco actores para crear un clima de tensión e incomodidad al más puro estilo Gran hermano que puede denotar ciertas herencias de Smoking room, la película más conocida de Gual hasta la fecha. La exitosa empresa creada años atrás por cuatro amigos sufre una investigación por parte de Hacienda que va a poner al descubierto ciertas cuentas en Suiza y que conllevará sin duda alguna una pena de cárcel de aproximadamente siete años. Para tratar de salir lo más airosamente posible, los cuatro amigos deciden que uno sólo cargue con el muerto para mantener la integridad de la empresa a flore, y contratan a un mediador para que les ayude a decidir quién debe aceptar la responsabilidad del delito. Pero una vez empiezan las negociaciones las cosas no van a ser nada sencillas y los rencores y las acusaciones mutuas crearan un ambiente de creciente crispación.
Una historia que podría antojarse algo teatral si no fuese por la inteligencia que demuestra Gual tras la cámara, con dinámicos planos secuencias al principio y un intencionado acercamiento a los actores a medida que avanza el mal rollo y se descubre la cara oscura de cada uno de los cuatro protagonistas.
Una de las bazas de la película está en la elección del casting, en la que los cinco involucrados están a un gran nivel, por más que Manuel Morón disminuya en presencia a medida que avanza el conflicto. Paco León (en un giro a su carrera básicamente cómica), Alex Brendemühl, Juana Acosta y Juan Pablo Raba son los cuatro amigos cuyo futuro dependerá de que lleguen a un acuerdo si no se sacan los ojos primero. En realidad, los 7 años de cárcel a los que alude el título no dejan de ser un macguffin, una excusa para la que no importa tanto quién sea el elegido como la manera de llegar al acuerdo. Una forma perfecta para definir al ser humano y demostrar el verdadero color de nuestros ideales, con el instinto de supervivencia siempre por encima de cosas tan conceptualmente bonitas como etéreas como la amistad o la lealtad.
Brillante película, intensa y de inteligente guion, que deja un buen poso una vez finalizada. Una excelente primera obra de Netflix y una demostración más de como el cine y la televisión deben seguir evolucionando para adaptarse a la sociedad con la que conviven.

Valoración: Ocho sobre diez.

LA CHICA DEL TREN: insustancial enigma voyeur

Reconozco no haber leído la obra literaria de Paula Hawkins en la que se basa la película, aunque las referencias que me han llegado no son demasiado buenas, aunque acostumbro a desconfiar de esos éxitos literarios que se convierten en grandes éxitos de la noche a la mañana y que la gente que en su vida había leído un libro compra aunque solo sea para quedar bien en el andén del metro camino al trabajo.
Apenas un año después de arrasar en las librerías se estrena La chica del tren, la adaptación que dirige Tate Taylor, quien se hiciera conocido por su labro tras Criadas y señoras.
La chica del tren es un thriller sobre la desaparición de una mujer que no tarda en poner sus cartas sobre la mesa y presentarnos a los seis sospechosos para que el espectador empiece a hacer sus cábalas y tratar de averiguar quién es el malo de la función. En realidad, todo gira alrededor de Rachel, un deshecho de mujer, alcohólica y obsesiva, que cada día observa con envidia la aparentemente feliz vida de Megan (que casualmente es vecina de su exmarido y canguro de la hija de este con su actual esposa) desde la ventanilla de su tren hasta que descubre que esta tiene una aventura y decide ir en su busca para expresar su indignación. Precisamente la noche en la que la muchacha desaparece sin dejar rastro. En ese momento se pone en marcha un supuestamente retorcido puzle donde se pretende jugar con el espectador y desviar su atención de un lado hacia otro para complicar un poco el juego. Estamos, de hecho, ante una versión de La ventana indiscreta donde el voyeurismo se torna obsesión. Lo malo es que para ello Taylor hace demasiadas trampas, como los saltos en el tiempo que impiden conocer todos los datos hasta que el guionista lo considera oportuno (y rompiendo contantemente el ritmo de la historia, de paso), aunque al menos hay que reconocer que algo de sorpresa sí consigue que haya.
El problema con la película es que todos los personajes son tan condenadamente desagradables que casi da lo mismo quien sea el culpable de lo que ha sucedido. Los tres personajes femeninos de la película parecen tener más de un problema psicológico, y ninguno de los masculinos es precisamente un santo. En ocasiones, como en la magnífica Elle, tener personajes oscuros ayuda a intensificar el drama, pero ni Taylor es Verhoeven ni la historia va en ese camino.
Pese a los esfuerzos de Emily Blunt por dar empaque a un personaje vacío (todo su relleno es artificial e impostado), la sonrisa angelical de Haley Bennet (no hay que fiarse de esta chica, recuerden Hardcore Henry) o los cameos (uno de ellos fugaz) de dos estrellas televisivas del pasado, lo cierto es que la película resulta ligeramente anodina. Todos los giros de guion, todas las subtramas, por ingeniosas que sean, están tan forzadas que pierden la naturalidad, resultando poco sorprendentes o incluso inverosímiles alguna, mientras que el intento de repartir el protagonismo entre las tres mujeres (incluso con el uso de sus nombres a modo de capítulos dentro de la película, algo que se olvida de repente) dificulta aún más la empatía con la atormentada Rachel, que se supone es el objetivo final para lograr la comunión entere público y película. Quizá la guionista Erin Cressida Wilson haya olvidado que una de las dificultades de adaptar una novela sea la de saber transcribir el lenguaje literario al cinematográfico, y que cosas que funcionan en un medio no valen para el otro.
Con todo, la intriga está bien conseguida y todos aquellos que desconozcan la novela podrán jugar a adivinar el resultado final del puzle que, al menos, no se ve venir tan de lejos como en otras intrigas similares. Si es que aceptamos creernos las cosas tal cual nos las cuentan, claro está.

Valoración: Seis sobre diez.

MECHANIC: RESURRECTION: Statham repartiendo y poco más.

Siempre he dicho que pocas cosas hay más seguras en esta vida que ir al cine a ver una película de Jason Statham. Si algo define el estilo del actor británico es la fiabilidad: acción, algo de humor y mucho entretenimiento. Y Mechanic: Resurrection, la secuela de la película de 2011.
¿Tiene sentido una secuela de esa película? Pues no mucho, la verdad. No hay ningún rango especialmente diferenciador entre el personaje de Arthur Bishop y cualquier otro que haya interpretado anteriormente Statham, ni está la trama de Mechanic: Resurection ligada a lo que acontecía en The Mechanic, por lo que parece más una excusa publicitaria que otra cosa. Al fin y al cabo, tampoco es que Statham ande corto de personajes franquicia, después de las sagas de Transporter, Los mercenarios, Crank y su definitiva incursión en Fast & Furious.
No es que me moleste particularmente que se hayan sacado una secuela de la manga, posiblemente tan innecesaria como la mayoría de las secuelas que se fabrican en Hollywood. Mi indignación va más encaminada a que si pretendes crear una nueva franquicia lo mínimo exigible es tener un guion con el que trabajar. No cabe esperar un gran libreto en una película como esta, eso lo tengo claro, pero el libreto de Philip Shelby y Tony Mosher roza por momentos el ridículo, tanto en su historia como en sus diálogos, y la dirección cobarde de Dennis Gansel empeñándose en subrayar constantemente lo evidente tampoco es que ayude demasiado.
¿Qué queda, pues, después de ver Mechanic: Resurrection? Pues la sensación algo vacía de que se ha disfrutado con un espectáculo de acción tan inverosímil como emocionante, donde el único esfuerzo de inventiva cabe encontrarlo en la manera en la que Statham debe matar a sus enemigos y a la presencia de Tommy Lee Jones como secundario de lujo, con un look algo alejado de lo que nos tenía acostumbrados. Y volver a ver en pantalla a Jessica Alba, que desde el 2010 con Ahora los padres son ellos no había hecho nada destacable, tampoco es para quejarse.
En fin, que si uno solo quiere ver a Jason Statham repartiendo estopa sin ninguna aspiración más, esta película es una buena opción. No aburre en ningún momento y juega a ser una hermana pequeña de Misión Imposible que no le queda del todo mal. Eso sí, se borra de la memoria apenas abandonar el cine.
Entretenida y adrenalítica, sí, pero terriblemente efímera.

Valoración: cinco sobre diez.

jueves, 27 de octubre de 2016

LA PROPERA PELL: oscura identidad.

Isaki Lacuesta es un guionista catalán que, hasta filmar Murieron por encima de sus posibilidades, se había limitado a dirigir en el terreno del documental. Ahora, haciendo equipo con Isa Campo, con quien ya había trabajado como guionista, han digerido a cuatro manos La propera pell, película de intriga filmada en catalán, castellano y francés sobre un niño desaparecido en los pirineos con nueve años que se reencuentra con su madre ocho años después.
Tal y como sucediera en la película Sommersby con Richard Gere y Jodie Foster, o en el título que esta adaptaba, Le retour de Martin Guerre, la película de Lacuesta y Campo juega con la incógnita de si el reaparecido (en aquellas se trataba del marido al que se daba por muerto en la guerra) es quien dice ser o si tan solo es un huérfano en busca de una familia, aunque no sea la que le corresponde. En ese sentido, los directores juegan muy bien las bazas del sentimiento, con un muchacho con problemas de memoria que recupera su pasado a fogonazos y una madre tan dolida que está dispuesta a creer lo que haga falta para recuperar a un hijo. En este sentido, las interpretaciones de Àlex Monner y Emma Suárez son muy convincentes, así como la de Sergi López, que da vida al cuñado de la madre en un personaje con la oscuridad habitual en él y que es quien contagia al espectador con sus desconfianzas hacia el muchacho.
Por este lado, la película funciona bien, proponiendo una montaña rusa de sensaciones al público según los indicios invitan a pensar que sí es realmente el hijo perdido o cambiando de golpe al bando contrario hasta una resolución final bastante aclaratoria pero para algunos no lo suficiente.
El problema de la película está, principalmente, en su austeridad visual. Quizá debido a las limitaciones presupuestarias (ya sabemos lo que pasa en este país cuando se intenta hacer cine sin una gran productora televisiva detrás) o por decisión propia de los directores (es lo que tiene venir del documental), pero el ritmo visual se me antoja extremadamente lento, casi anodino, con ausencia de música en momentos necesarios y un tono demasiado apagado que hace que incluso los maravillosos paisajes pirenaicos luzcan desaprovechados. Posiblemente sea algo intencionado, para que el estilismo no se imponga sobre la historia, pero con eso se consigue que una trama interesante se torne aburrida en demasiados momentos de la película. Y que la ambigüedad del chaval protagonista no invite a que te caiga demasiado bien no ayuda tampoco para nada.
En fin, título interesante pero con demasiadas carencias para mi gusto, que desaprovecha sus armas y no termina de dibujar completamente la personalidad trastornada del protagonista.
Buena propuesta, pero no lo suficiente.

Valoración: Seis sobre diez. 

HARDCORE HENRY, enfermizo delirio visual.

Habitualmente suelo defender la libertad que da poder ir a una sala de cine conociendo lo menos posible sobre la película, adentrarse en ella sin haber soportado un tráiler que destripe las mejores escenas y dejarse llevar por la propuesta de un director y un guionista sin ningún tipo de prejuicio de antemano. Evidentemente, todo eso no vale para Hardcore Henry, y si no que le pregunten a la gente mayor que huía de la sala a la media hora de haber empezado la sesión.
Coproducida entre Estados Unidos y Rusia y escrita y dirigida por un tal Ilya Naishuller, que en esto del cine no había hecho nada hasta ahora más que un cortometraje, la historia de la película plantea la utilización de cadáveres reanimados mediante tecnología robótica para crear una especia de ejército no se sabe bien con qué fin. Sin que quede demasiado claro quiénes son los buenos y quienes los malos, toda la película es una sucesión de escenas a cual más brutal, con amputaciones, cabezas reventadas y sangre a borbotones, de esas que provocan aplausos en festivales como el de Sitges, donde la coherencia argumental y la inverosimilitud de sus giros es lo de menos. Un espectáculo dantesco que, sin embargo, podría ser muy divertido si se acepta el salvajismo visual y el despropósito argumental.
Sin embargo, la verdadera clave de la película está en su realización. 
Como si de un videojuego tipo shooter se tratase, toda la película está filmada en primera persona. Es decir, desde el punto de vista del protagonista. Esto es algo bastante novedoso y original en el mundo del cine y hasta pude tener su gracia si se entiende como una especie de experimento. Entiendo la complicación de planificar algo así y llevarlo a cabo dando algo de sentido a las imágenes y debo aplaudir por ello la valentía de Ilya Naishuller en su aventura, pero lo cierto es que la cosa no funciona como es debido. 
Quizá el invento sería notable como muestra en un cortometraje, y no paro de imaginar las posibilidades infinitas que algo así puede tener en una demo para gafas VF de realidad ampliada, pero que en una película de hora y media resulta confuso y agotador. Definitivamente, a la media hora ya ha perdido la gracia y el mareo producido por las piruetas de la cámara se tornan casi insoportables.
Hardcore Henry puede tomarse como un experimento, y en ese sentido es curiosa de ver. Pero como película de acción termina resultando insufrible, al menos para el que escribe. Cierto es que es como estar inmersos en un videojuego del que no tenemos el control, así que es posible que este nuevo estilo narrativo sí tenga su público. Pero en tal caso se trataría de un público muy concreto y preciso, y por ello insisto en que en esta ocasión sí conviene saber qué es lo que uno va a ver.
Evidentemente, quién sea este Henry del título es lo de menos, ya que apenas veremos su rostro fugazmente en algún reflejo ocasional, pero para adornar un poquito el tema Ilya Naishuller ha conseguido engatusar a algún actor reconocido para el evento, como el omnipresente (y algo insoportable) Sharlto Copley, la parición fugaz de Tim Roth y la aspirante a secundaria de moda Haley Bennet, a la que podemos ver en las carteleras actuales por partida triple gracias a su participación en Los Siete Magníficos y La chica del tren.
En fin, el absurdo como base argumental, el exceso como elemento narrativo y el desvarío visual como concepción fílmica. Eso es lo que hay. Ahora, que cada uno acuda a verla (o no) bajo su propia responsabilidad.

Valoración: Cuatro sobre diez.

SING STREET, larga vida al pop.

En 2013 John Carney estrenó la que fue una de las mejores películas del año, Begin Again, una historia de amor con toques de comedia donde la música era el motor que movía la acción.
Ahora, Carney ha decidido cambiar el Nueva York actual por el Dublín de los años ochenta para presentarnos una de las historias más clásicas y manidas del cine juvenil, la del chaval que para poder ligarse a una chica crea una banda de música. Sin embargo, en manos de Carney la aparente sencillez de su planteamiento se convierte en una historia conmovedora, verdadero tributo al pop de una época dorada (hay temas de Mötorhead, Duran Duran, Spandau Ballet, Genesis o The cure entre otros) en una historia que mezcla la ingenuidad infantil con la dureza de una época en la crisis económica y el desamparo definían a un país que miraba a la vecina Gran Bretaña con ojos de esperanza.
Sing Street es un canto a la vida en la que la música es lo único que parece poder iluminar el camino de su protagonista, Conor, un marginado cuyo inminente divorcio de sus padres no es más que el colofón a una vida de soledad e incomprensión que podría cambiar si consiguiese seducir a la misteriosa chica a la que ve en la calle al salir de clase. 
Así es como se junta a otro puñado de inadaptados (frikis les dirían hoy en día) con los que formará una banda con la que se negará a resignarse al desprecio de sus compañeros de clase, al abandono de sus padres, a la pérdida de esperanza de su hermano y a la sociedad en general que parece empeñada en machacarlo, personificada en un oscuro director de colegio convertido en su archienemigo por excelencia.
Estamos, pues, ante un retrato de una época sencillo, sin grandes sorpresas en su argumento, casi hasta previsible, pero descrito con una emoción y una magia que convierten la película en otra gran maravilla. 
La luz que parece haber al final del túnel de Conor es una luz capaz de iluminar al propio espectador, y las canciones del grupo, compuestas por el propio John Carney, son el colofón definitivo para una película maravillosa, finalmente optimista, que pese a lo encuadrada que está en ese Dublín triste y gris puede traspasar fronteras y servir como identificativo para cualquier espectador que hubiese vivido esos ochenta a los que Carney rinde pleitesía, no solo con la música sino con las múltiples referencias culturales que se reflejan en la película, incluyendo algún homenaje magistral como el de Regreso al futuro, sin ir más lejos.
Emotiva, sensible, divertida y rabiosamente esperanzadora, John Carney demuestra que definitivamente debe ser tenido en cuenta como uno de los grandes, pese a que el anonimato de los actores de esta película (Aidan Guillen, el Meñique de Juego de Tronos, es la única cara reconocible de la misma) invite a pensar que no va a tener la misma repercusión que Beguin Again.

Valoración: Ocho sobre diez.

miércoles, 26 de octubre de 2016

ELLE: glorioso retorno de Verhoeven

Han pasado ya diez años desde el estreno de la última película de Paul Verhoeven. Demasiado tiempo sin saber nada de este gran (y polémico) director que ha aprovechado el tiempo para escribir una novela basada en Jesucristo y en preparar esta nueva gran joya llamada Elle.
Después de sus periplo en Hollywood que dio lugar a obras maestras del cine de acción, como RoboCop o Desafío Total y a películas tan interesantes como Instinto Básico, los fracasos en taquilla de Showgirls y El hombre sin sombra propiciaron su desencanto con los productores americanos, algo que fue recíproco y culminó con la marcha del director holandés, que regreso a su Europa natal en busca de poder hacer un cine más libre y personal.
En ese punto se encuentra Elle, un intenso thriller muy dramático aunque con los sutiles toques cómicos característicos del director donde una insuperable Isabelle Huppert interpreta a Michéle, una exitosa mujer de negocios, separada y madre de un joven con el rumbo perdido, que es agredida y violada en su propia casa. Ese es el arranque de una historia que se va cociendo a ritmo lento, en la que conoceremos a todos los personajes que rodean a Michéle con la sospecha de que uno de ellos puede ser en agresor enmascarado.
Sin embargo, Elle no es solo la historia de un misterio y su resolución. Es más, la violación termina siendo casi un simple macguffin que sirve de excusa para conocer a Michélle, una mujer acostumbrada a dominar, que en lugar de reaccionar con miedo ante el ataque decide tomar el control de la situación en su necesidad de ser siempre quien tenga el poder en todo momento.
Con un pasado tenebroso sin duda forjador de su carácter, hay toda una serie de individuos alrededor de Michélle a cada cual más gris. No es esta una película de buenos y malos, sino que se mueve entre los claroscuros llenos de matices de la miseria humana, haciendo que ningún personaje sea especialmente atractivo, que nadie se hacer que ni de lejos a la perfeccion, pero haciéndolos a la vez tan cotidianos y reales que cualquiera puede ser reconocible en la vida real.
Este es el gran talento de Verhoeven en Elle, componer una historia oscura y cruel que sin grandes fuegos de artificio descompone el alma y ofrece una brillante vuelta de tuerca al manido tema de las agresiones sexuales. No es este un melodrama de lágrima fácil ni hay una moralina evidente en la historia. Es simplemente un retrato de personajes, una exposición de una fauna de lo más variopinta en la que el espectador puede identificarse con cualquiera de ellos para odiarlo en la siguiente escena.
Elle es intensa, profunda y cruel a la par que conmovedora, una magnífica película que se puede situar entre lo mejor de la filmografía de Verhoeven y con una Huppert colosal, verdadero motor de la historia, en una interpretación memorable.

Valoración: Ocho sobre diez.

lunes, 24 de octubre de 2016

CAPTAIN FANTASTIC: Viggo, el padre del año.

El debut como director del actor Matt Ross no podría ser más prometedor, planteando una utopía familiar donde el padre de una manada de niños los aleja de la sociedad y enseña a vivir lejos de los prejuicios y la corrupción de la vida moderna en la profundidad de los bosques de noroeste americano. Casi una suerte de Robinsones Crusoes en tierra firme.
No vamos ahora a descubrir el gran talento de Viggo Mortensen, acostumbrado a elegir papeles arriesgados y comprometidos bastante alejados del Aragorn del Señor de los Anillos que le dio la fama, pero aun así sigue sorprendiendo comprobar la fuerza interpretativa y el carácter de un actor capaz de soportar sobre sus espaldas el peso de toda la película y salir casi siempre airoso del esfuerzo. En Captain Fantastic es el cabeza de familia que debe liderar a sus hijos tras la muerte de la madre, enfrentándolos (y enfrentándose él mismo) al resto del mundo, familia incluida.
Tiene la película un mensaje adoctrinador que se sostiene gracias al buen trabajo del director, que alterna con sabiduría pinceladas de humor con situaciones bastante dramáticas, y a su trabajo con las criaturas. Resultaría fácil pensar a priori que con tanto niño por ahí suelto alguno terminaría por resultar empalagoso o irritante, pero lo cierto es que aun dotándolos de personalidades bien diferentes el conjunto es perfecto y equilibrado.
Me surge la duda de si Ross ha flojeado en cuanto a su idealización del sueño de un padre por tener unos hijos con libertad intelectual y de pensamiento o si es un ejercicio intencionado en busca del debata y de dotar de pies de barro a este héroe contracorriente cuando la doctrina libertaria que ofrece a los niños se contradice con los métodos dictatoriales que él mismo emplea con ellos, obligándolos a seguirle como ovejas de un rebaño. Una paradoja que demuestra, quizá, que no existe un mundo perfecto por más que uno mismo se encargue de construirlo.
Hay alguna laguna en la historia, desde luego, como la inverosimilitud de que el hombre sea tan experto en todos los temas académicos como para ser capaz de enseñar por sí mismo a sus hijos desde literatura hasta física o historia, pero son pequeñas licencias que se deben perdonar a una historia tierna y amable que invita a reflexionar sobre el mundo en el que vivimos y conmueve con el mantenimiento de la ingenuidad en los chavales protegidos del consumismo desmedido de una sociedad a la que no han pertenecido nunca.

Valoración: Siete sobre diez.

SNOWDEN: un brillante (aunque discutible) Oliver Stone.

Existen dos maneras de adentrarse en esta película, y dependiendo de la manera elegida de puede aceptar mejor o peor a Snowden, el último título del director Oliver Stone que, como es habitual en él, viene precedido por la polémica.
Por un lado, siendo una biografía de un personaje real, podemos analizarla como un retrato supuestamente fiel a lo sucedido y a la realidad del personaje protagonista. Quizá ahí sea donde más se pueda poner en duda la parcialidad del director, que ha contado con la colaboración del propio Snowden para la realización del film así como del diario The guardian, que se hizo cargo de difundir los secretos de estado revelados por el agente de la CIA. Es bien sabido que Stone se inclina mucho a la izquierda y es posible que esas inclinaciones deformen parte de la personalidad y las acciones de un hombre considerado traidor en su país y que en la película queda dibujado no sólo como un héroe sino casi como un santo, sin una sola sombra que enturbie su figura.
Sin embargo, más allá de consideraciones políticas, esto de lo que se trata es de analizar una película. Y como película hay que reconocer que Snowden es impecable. Consiguiendo explicar de manera sencilla y clara los acontecimientos que llevaron a Ed Snowden a traicionar la confianza de su gobierno (de una manera que me recuerda a la inferior El quinto poder), la película usa como excusa argumental la grabación del reportaje que Laura Poitras y los periodistas de The guardian le hicieron en la habitación de un hotel de Hong Kong (y que se complementaría perfectamente con esta película para una sesión doble) para rememorar sus primeros pasos en la CIA, su historia de amor con Lindsay Mills y los motivos que transformaron a un idealista patriota en un liberar que termino por filtrar secretos de estado, relacionados sobre todo con el espionaje ilegal a millones de ciudadanos de todo el mundo.
Sí se echa en falta, posiblemente, la presencia de algún personaje bienintencionado capaz de defender la postura gubernamental, pudiendose haber convertido la película en un debate más que en una simple acusación.
Con el miedo a la impotencia ante el espionaje masivo de los Estado unidos como nota de relleno, la película cuenta con un reparto espectacular, encabezado por un Joseph Gordon-Levitt acostumbrado a mimetizarse para parecerse al personaje que interpreta (aunque aquí está mucho más convincente que en El desafío) y una gran Melisa Leo que da vida a Poitras. Ideologías políticas aparte, no cabe la menor duda de que Stone es un gran director, y aquí lo demuestra una vez más con una historia muy bien narrada, que mantiene la intriga en todo momento, pese a los tecnicismos utilizados y al hecho de conocer de antemano el desenlace, y que logra emocionar a la vez que indignar. Una película que puede invitar a la reflexión y que es un nuevo dardo envenenado a la política exterior (e interior) de los Estados Unidos.

Valoración: Ocho sobre diez. 

EL CONTABLE: Ben Affleck puede con todos.

El Contable es un interesante thriller de acción ideado a mayor gloria de Ben Affleck, cuya habitual expresividad le sienta a su personaje como un guante, pero al que han rodeado de un buen puñado de grandes actores para completar la función.
Siendo algo simplistas, podíamos definir la película como la respuesta a la pregunta de qué pasaría si Sheldon Cooper hubiese sido educado por un estricto padre de formación militar. Y es que, con un trasfondo presuntamente dramático, El contable cuenta la historia de Christian Wolff, un asesor fiscal con síntomas de autismo y síndrome de asperger que lo convierten en un ser asocial y falto de empatía, a la par que un genio con los números, pero al que la dureza de su pasado le reserva sorprendentes secretos.
Bueno, para hacer honor a la verdad lo cierto es que de sorprendente tienen poco, ya que la gran revelación de aguarda al final del film se intuye en sus primeros compases, pero en realidad no es algo que importe demasiado. Tampoco la trama empresarial que hay de fondo. Lo interesante es la ambición de su director, Gavin O'Connor (del que recientemente pudimos ver Lavenganza de Jane), que busca un trasfondo dramático a una historia de acción que rememora en cierto modo a los justicieros implacables de los años ochenta, con un violento e insensible Ben Affleck que recuerda por momentos al Equalizer al que dio vida Denzel Washington en la película de Antoine Fuqua.
Junto a Affleck aparecen grandes figuras como J.K.Simmons, John Lithgow, Jeffrey Tambor, Jon Bernthal y una sorprendente Anna Kendrick bastante alejada de los papeles más cómicos o musicales habituales en ella.
Es El Contable una película con más ambición que méritos, y su guion no es tan redondo como pretende, pero siempre se agradece un buen film de acción que ofrezca un análisis algo más profundo de su protagonista y dote de  una vida tras la máscara de tío duro al protagonista, aunque es cierto que deja con cierta sensación de que se podría haber sacado algo más con estos elementos. Al final, queda una especie de versión pobre de Jason Bourne, otro héroe de acción moderno con problemas de personalidad, aunque por diferentes motivos.
Como sea, Affleck convence y la dirección de O’Connor es electrizante y elegante, lo cual basta para disfrutar de un buen entretenimiento con buenas dosis de acción.

Valoración: Siete sobre diez.

INFERNO: Más símbolos para descifrar.

Inferno es la película que cruza por tercera vez los caminos de Tom Hanks, Ron Howard y Dan Brown tras el éxito de El Código DaVinci y Ángeles y demonios.
Una vez más nos encontramos ante las andanzas del profesor Robert Langdon que de nuevo es perseguido por un misterio indescifrable que lo llevará a recorrer los más recónditos lugares de Europa (ahora toca Florencia y Estambul). Quizá eso sea lo mejor de la película, el recorrido turístico que las obras de Brown siempre hacen por los templos y palacios europeos y que permiten al espectador disfrutar con la belleza de tan maravillosos lugares.
Por lo demás, estamos ante un simple entretenimiento que no pasará a la historia, con una trama donde se riza el rizo hasta el exceso consiguiendo ser más inverosímil aún que las anteriores entregas de la saga. Si en la primera película Langdon luchaba por salvar su propia vida y la de su compañera (lo de resolver la clave que podría poner en jaque a todo el estamento eclesiástico iba de propina) y en la segunda salvaba la vida al mismísimo Papa, en esta es la humanidad entera (o un gran porcentaje de la misma) la que dependerá de que el profesor y su nueva acompañante resuelvan los acertijos que vayan encontrando por el camino. Un más difícil todavía con giros bastante poco creíbles aunque no por ello menos previsibles y con demasiadas cosas cogidas por los pelos.
El problema de esta saga es que depende demasiado de las novelas de Dan Brown, una obra mucho más modesta de lo que su fama parece indicar, y que el guion de David Koep logra mejorar.  
De los tres títulos protagonizados por Robert Langdon (en cine, pues queda aún otra novela sin adaptar, El Símbolo perdido) este es el más enrevesado y tramposo, y quizá también el más flojo, aunque el buen hacer de sus actores protagonistas y la efectividad con la que trabaja siempre Howard consiguen sacarla adelante. Con el Infierno de Dante como telón de fondo la base de la historia recurre a algo demasiado mascado ya, el multimillonario que con la pretensión de salvar a la humanidad de sí misma encuentra la manera de eliminar a gran parte de la población de la Tierra. Vamos, algo parecido a lo que pretendía Valentine (Samuel L. Jackson) en Kingsman: Servicio Secreto o el Hugo Drax de Moonraker.
Al menos se puede asegurar que Tom Hanks se siente cómodo en la piel de Langdon y que hace una convincente interpretación, probablemente la más trabajada de la saga, mientras que, como viene siendo marca de la casa, está rodeado por un competente reparto donde destaca la chica de moda Felicity Jones (rompiendo taquillas con Un monstruo viene a verme y protagonista absoluta estas Navidades en Roge One, a Star Wars history), Ben Foster, Irrfan Khan y Omar Sy.
En fin, película a la que no se le puede exigir más que pasar un buen rato con ella, emocionante y bastante superior a la novela que adapta. Y es que, alejado de polémicas eclesiásticas, Dan Brown tampoco da para mucho más.

Valoración: Seis sobre diez.

jueves, 20 de octubre de 2016

Sitges 2016: CONCLUSIONES.

Bueno, ahora sí. Es momento de dar el carpetazo definitivo al Festival de Sitges 2016.
Este año han sido dieciocho las películas que he podido ver. Como es natural, son tantas las películas que aquí se muestran que es casi imposible acertar con las mejores, aunque este año han caído algunas de las finalmente importantes, si es que  consideramos como importantes a aquellas que ganan premio.
La aparente vencedora del festival, por más que no ha sido ni de lejos la más comentada, ha sido Swiss Army Man, de Daniels, que se ha llevado el premio a mejor película y mejor interpretación masculina, Daniel Radcliffe. Esta no ha sido ningún descubrimiento: lleva ya cierto bagaje por otros festivales y las opiniones hasta ahora eran muy negativas, uno de los motivos por los que no me atrajo. Dicen de ella que es absurdamente desagradable y superficial, pero visto lo visto habrá que darle una oportunidad.
El premio especial del jurado ha sido para The autopsy of Jane Doe, de André Øvredal, una verdadera joyita del cine de terror y una de las que más me ha gustado (y asustado) de este festival. El premio del público ha sido para The Handmaiden, de Park Chan-wook, imposible de ver por incompatibilidad de horarios pero que no me sorprende su premio: Park Chan-wook es de los grandes.
De nuevo en el apartado interpretativo, como mejor actriz ha sido premiada la debutante  Sennia Nanua, por su interpretación de Melanie en la interesante The girl with all the gifts. Y la mejor dirección se lo ha llevado Yeong Sang-ho por Train to Busan. ¡Zombies al poder!
Aquí teneis el resto de premiados por si os interesa el listado completo.
Por mi parte, este ha sido uno de los festivales que más he disfrutado, con tiempo para disfrutar de la preciosa villa de Sitges, participar en un room escape con los chicos de All you need is a escape y descubrir algún que otro restaurante nuevo, hacerme fotos con temática trekkie y sorprenderme con la realidad virtual de Samsung Coocon y la demencial pieza Catatonic.
En mi top debo incluir títulos como la sorpresa del festival: La llegada, de Denis Villeneuve, y la ya mencionada La autopsia de Jane Doe, aunque me lo he pasado francamente bien (o mal, según se mire) con Safe neighborhood, Viral, Train to Busan, Hell or higth water y The girl with all the gifts. Y he alucinado en colores con The neon demon.
También ha habido tiempo para algún truñete, como los tiburones de Cage Dive o el mutante anfibio de Bad blood. Ha habido cosillas que no estaban mal, ahí incluyo a Proyecto Lázaro, The devil in us o Worry Dolls, curiosidades de tierras lejanas como OMG! I’m a robot y Psycho Raman (una de Israel y la otra de la India) y las grandes decepciones, de las que se esperaba bastante más: Sadako vs. Kayako, Blair Witch y Voyage of time. Y no hay que olvidar un cortometraje de regalo, el gamberro Metal Death.
Mención aparte se merecería Un monstruo viene a verme, que pese a haberse podido ver en el festival no estaba incluido en su sección oficial. Yo mismo, de hecho, la vi justo antes de llegar a Sitges.
Este ha sido mi recorrido de este año, que ha aumentado en cuanto a películas y, sobre todo, en cuanto a calidad y diversión, a otras ediciones. Espero que os haya gustado mi periplo y que os hayan quedado ganas de aventuraros por la costa del Garraf el año que viene. Si es así, aquí nos veremos.

Sitges 2016: THE NEON DEMON

Si ya es difícil enfrentarse a una película de Nicolas Winding Refn como espectador, reflexionar sus trabajos y plasmar una opinión en papel (o en digital, como es el caso) es casi un atrevimiento demencial.
Recordado siempre por la publicidad como “el director de Drive”, ya que esa es su película más comercial (y ya tiene narices llamar comercial a Drive), The neon demon está más cerca de la locura visual y estética de Sólo Dios perdona, aquel exceso de imágenes hipnóticas y argumento imposible. No soy muy fan de esa anterior película (todavía tengo pesadillas con el policía cantando en el karaoke), por más que quedé prendado de su fotografía y por la interpretación de Kristin Scott Thomas, y The neon demon va por el mismo camino, por más que hay algo en su ritmo y en la estructura narrativa que me convence más que Sólo Dios perdona.
La historia de la chica humilde que lo deja todo por perseguir un sueño es un argumento muy manido ya pero que no por ello ha dejado de seducir a grandes directores de la historia. Adrian Lyne hizo Flashdance, Paul Verhoeven lo endureció en Showgirls y Darren Aronofsky lo llevó al extremo en Cisne negro. Precisamente en la magnífica película con Natalie Portman y Mila Kunis la metáfora de la rivalidad entre aspirantes al trono de la fama se transformaba en realidad en una espeluznante escena en la que la Portman mutaba literalmente en el Cisne de su obra, y eso es lo que ha hecho Nicolas Winding Refn en The neon demon, llevando esa metáfora a extremos inimaginables y superando todos los límites que uno se pueda imaginar.
The neon demon es, por supuesto, una película muy compleja, de esas que hay que visionar dos o hasta tres veces para aspirar siquiera a comprenderla. Es un compendio de ideas alrededor del mundo de la moda y de las top models incómodo y desagradable, con subtramas retorcidas que engrandecen el conflicto a la par que confunden al espectador.
Toda la película es en sí un delirio visual, un coctel de ideas que no siempre funcionan individualmente pero que desgarran el alma e inquietan el espíritu vistas en su conjunto. No es una película perfecta ni se espera (yo no lo espero, al menos) una película perfecta de NWR (como él mismo firma), pero sí alimenta la imaginación más de lo que lo hiciera Sólo Dios perdona. Es habitual que este tipo de producciones genero odios y pasiones, y las críticas llegadas hasta ahora van en esa línea: desde dieces absolutos a ceros catastróficos. Yo, como suele sucederme, me encuentro en un camino algo más intermedio, reconociendo el tedio que aflora en algún momento de la historia y el desconcierto de su trama, pero esta vez he conseguido dejarme llevar por la demencia musical y colorista de NWR y he aceptado coger de la mano a Elle Fanning y acompañarla en su descenso a los infiernos, a descubrir la cara amarga de la fama y la gloria, las envidias, la sordidez y la soledad que esta atrae y la corrupción de su propia alma.
No acostumbro a aceptar las películas que no logro entender, y más allá de la metáfora salvaje que desemboca en un final estremecedor, es posible que muchas de las tramas se pierdan en un guion que de tan complejo que pretenda ser termina por volverse confuso y complicado, pero por una vez acepto el reto y me limito a dejarme llevar. Esta vez, no importa lo que me cuentan, sino el cómo. Al final, la historia ya la conocemos de sobras. Y NWR consigue que la despiadada crítica al mundo de la moda que hiciera Robert Altman en Pret-a-porter parezca una película Disney al lado de lo que aquí se muestra. La obsesión por la belleza eterna, convirtiendo al bisturí en la nueva herramienta de la fe, tiene algo del humor negro de La muerte os sienta tan bien, pero alcanzando límites insospechados que la convierten en algo único y extraño.
The neon demon es desagradable, oscura, incómoda, cruel y salvaje, pero también absorbente, adictiva y enfermizamente bella.

Valoración: Siete sobre diez.


miércoles, 19 de octubre de 2016

Sitges 2016: THE GIRL WITH ALL THE GIFTS

Seguimos hablando de zombies. Y unos zombies, además, muy similares a los que proponía Train to Busan, de los que corren y son despiadados. No obstante, The Girl with All the Gifts juega a avanzar un poco en la mitología de los muertos vivientes e inventa algún detalle que los difiere ligeramente de sus colegas de género, como la explicación científica del virus, el estado catatónico en el que quedan cuando no tienen a quién atacar o la aparición de una especie de híbridos: bebés que han sido infectados en el útero materno y nacen con el virus ya en su sangre.
En realidad, analizando un poco más a fondo estos datos, no es que sea muy original la cosa. Que el origen del mal esté en la propia naturaleza recuerda un poco a El Incidente, de M. Night Shyamalan, aunque no contiene The Girl with All the Gifts el carácter de denuncia ecologista de aquella. Los zombies en estático ya se vieron en la parte final de Guerra Mundial Z y los niños a medio camino entre zombies y humanos tienen un origen muy similar al propio Blade, medio hombre medio vampiro. Incluso se pueden encontrar referencias de El Señor de las moscas.
Con todo, la amalgama que propone el director Colm McCarthy, realizador británico curtido en televisión con títulos como Sherlock o la inminente Krypton, funciona bastante bien y consigue hacer que todo parezca bastante novedoso, sobretodo en un enigmático arranque donde no se sabe muy bien por dónde van los tiros con una base militar donde un grupo de niños reciben clases atados a sus sillas y vigilados por los soldados.
A diferencia de otras propuestas vistas en Sitges, no tiene The Girl with All the Gifts un solo ápice de humor, convirtiendo la historia en un drama de horror, una aventura de supervivencia donde, de nuevo, la codicia y el egoísmo humano tratará de pugnar contra la propia ansia asesina de los infectados para ver quién es el verdadero villano de la película.
Sorprende ver en una película de estas características a dos grandes figuras del cine como Gemma Arterton y Glenn Close, bien acompañadas por un efectivo Paddy Considine, aunque quien realmente destaca es la debutante Sennia Nanua, la niña debutante que lleva todo el peso de la película con una delicadeza que le valió el premio a la mejor actriz del Festival.
The Girl with All the Gifts está basada en una novela de Mike Carey que el propio autor adapta, y contiene una sensibilidad y una doble lectura bastante efectiva, resultando por momentos desoladora y angustiante y con un final que invita a la reflexión.
Buena muestra de cine de terror que sin proponer nada nuevo consigue tener una identidad propia gracias, sobre todo, a unos personajes muy humanos. Incluidos los propios zombies.

Valoración: Siete sobre diez.

martes, 18 de octubre de 2016

Sitges 2016: TRAIN TO BUSAN

Dirigida por Sang-ho Yeon en su debut en el cine de acción real tras su paso por el anime, Train to Busan es una película de zombies coreana  que recoge casi todos los tópicos del género. Un extraño virus se propaga desde Seúl convirtiendo a los infectados en unos seres ávidos de sangre y los pasajeros de un tren con dirección a la ciudad de Busan deberán luchar por sobrevivir con la esperanza de que el ejército les rescate en su destino.
Con la variante zombie en la que estos seres corren que se las pelan, en la línea de El amanecer de los muertos o Guerra Mundial Z (o incluso 28 días después o REC, aunque los puristas dirán que estos no son realmente zombies), Train to Busan es una colección de tópicos tanto con respecto a sus personajes como a las situaciones a las que se deben enfrentar, con un arranque en el tren que recuerda el esquema típico de las pelis de catástrofes (donde la cámara nos invita a conocer a diversos pasajeros que sabemos de antemano que estarán en el grupo de los supervivientes), y un desarrollo que sigue con bastante fidelidad los canones preestablecidos.
¿Qué hay de destacable, pues, en Train to Busan para que haya despertado entusiasmo allá por donde ha sido vista? Pues principalmente su magnífica dirección. Sang-ho Yeon consigue dar un ritmo endiablado a la historia, plasmando escenas de acción espectaculares y logrando que todo lo que veamos nos parezca hacerlo por primera vez. En ocasiones no es necesario inventar nada nuevo para conseguir algo destacable, y eso es lo que sucede con Train to Busan, que luce una factura impecable y tiene un aroma de superproducción que la aleja de las cintas de serie B claustrofóbicas y oscuras del género, terminando por resultar técnicamente perfecta.
Además, que los personajes protagonistas resulten tan tópicos facilita a Sang-ho Yeon que no deba perder mucho tiempo en sus presentaciones, pudiendo empatizar con ellos con apenas dos pinceladas. Eso permite que cada pérdida impacte más y que se acepte la sensiblería que parece rozarse en algún momento determinado.
Además, como ya hicieran en su momento George Romero o Zack Snyder, Sang-ho Yeon aprovecha las situaciones límite para hacer un retrato sobre la crueldad humana, haciendo que por momentos algunos supervivientes puedan superar en su rol de villanos a los propios zombies.
Vista en su conjunto, la película consigue ser emocionante, aterradora, divertida y emotiva a partes iguales, alzándose desde ya como un clásico del género, sin importar que algunas escenas sean demasiado inverosímiles o pilladas por los pelos.
De nuevo el cine asiático triunfa en Sitges, aunque lo haga con un estilo tan inspirado en Hollywood como lo hiciera Joon-ho Bong en The Host.

Valoración: Siete sobre diez.

Sitges 2016: HELL OR HIGH WATER

Hell or high water, que en España parece que se va a titular Comanchería, es la nueva película de David McKenzie, un director británico que no ha tenido demasiada suerte con sus proyectos hasta la fecha pero que el buen reparto de Hell or high water puede hacer que esto cambie.
Ambientada en la América más profunda y rural, la película nos muestra como una sociedad marcada por la crisis económica trata de subsistir aunque sea a base de puñetazos contra su propio destino. Es en este panorama donde dos hermanos a punto de perder el rancho familiar en manos de una entidad financiera deciden atracar bancos hasta reunir el dinero necesario para saldar la deuda.
No es que sea esta una película que hable directamente de la crisis ni que centre toda su atención en las manipulaciones de los bancos para acrecentar el problema, pues en el fondo no deja de ser una versión actual y fraternal de Bonnie and Clay con dos tipos atracando bancos y una pareja de rangers persiguiéndolos, pero sí es evidente que está ahí como telón de fondo, creándose una divertida paradoja al decidir los chicos atracar solo a las sucursales del propio banco que los va a embargar, de manera que si consiguen evitar que se ejecute la hipoteca lo harán con dinero del propio banco.
Hell or high water es una historia sencilla que funciona a la perfección gracias a la magnífica química que hay entre sus protagonistas. Siendo esto un drama social los diálogos son suficientemente ágiles y divertidos para invitar a disfrutar de la historia y poder empatizar con los cuatro personajes, que cada uno diferente a su manera, no deben clasificarse simplemente entre buenos y malos. No hay villanos en esta historia, sólo tipos que cometen errores.
Chris Pine y Ben Foster están magníficos como los hermanos Howard mientras que Jeff Bridges está en su habitual nivel de grandiosidad interpretando a un ranger a las puertas de la jubilación con una ácida ironía cuya relación con su compañero, medio indio medio mejicano, al que da vida Gil Birmingham resulta de lo mejor del film.
En resumen, una película con acción, violenta por momentos, con su toque reflexivo, sus medidas dosis de humor y un destino que desde el inicio se intuye que será amargo y desangelado. Porque, si no hay buenos ni malos, ¿pueden haber vencedores y vencidos?

Valoración: Siete sobre diez.

Sitges 2016: VOYAGE OF TIME, LIFE'S JOURNEY

Después del mal recibimiento que han tenido sus últimos trabajos (de ellos sólo El árbol de la vida tuvo una aceptable vida comercial, pero fue más debido al  morbo de la gente por saber por qué los cines permitían a sus clientes irse a la media hora de película que por su calidad como película) el director Terrence Malick ha decidido apostar por el documental, realizando una película, Voyage of Time: Life's Journey
, que puede verse en dos formatos: el cortometraje, apenas cuarenta minutos con narración de Brad Pitt, y el largometraje, una versión de hora y media donde es Cate Blanchett quien pone la ¿sugerente? voz en off.
La versión que llegará a los cines es la larga, evidentemente, y ha sido una de las películas más de relumbrón del festival de Sitges. Y ese es su primer gran problema: no es película para Sitges, y menos para una maratón final, donde causó bostezos durante el visionado y abucheos al final del mismo.
Pero, ¿qué es Voyage of Time? Pues sobretodo una muestra de la pretenciosidad de un director que nos tiene acostumbrado a una bella fotografía  cargada de reflexión y supuesta profundidad. Tras el interludio cósmico que regaba El árbol de la Vida, Malick ha decidido dedicar una película entera a profundizar en el origen del Universo y, por extensión, de la humanidad, y lo ha hecho con una obra tan hermosa y sugerente como vacía.
La película podría desgranarse en tres conceptos. Por un lado están las imágenes sobre la creación, bellas estampas cósmicas, paisajes a vista de pájaro y la evolución animal mediante creaciones por ordenador que resultan mucho más creíbles que cuando utiliza actores reales (el momento de los hombres primitivos con actores con musculatura de gimnasio roza el ridículo). Esto es lo mejor de la película y lo que se recuerda al finalizar la misma, pero por desgracia no es o único que hay.
El segundo concepto se basa en la incursión de imágenes de diversos puntos de vista de la sociedad actual, basándose en detalles cotidianos de culturas rurales filmadas en el sudeste de Estados unidos, Chile, Papau, Nueva Guinea… Estas imágenes rompen la belleza de las anteriores, salpicando la película de un mensaje que Malick sabrá cuál es y afeando el resultado final.
Y la tercera pata de esta mesa que cojea tanto es la narración de la Blanchett, donde la pretenciosidad se desborda definitivamente y la filosofía de baratillo re hace repetitiva y casi insoportable. Malick propone un diálogo entre la humanidad y la naturaleza que se supone debe invitar a la reflexión. Es aquí cuando se dice lo típico de: plantea muchas preguntas cuyas respuestas deben hallarse en nuestro interior. Si realmente es así, mi interior ya tiene la respuesta: “Malick, a mí ya no me la cuelas más”.
Porque no, Voyage of Time: Life's Journey no funciona para nada. No tiene el mensaje que se le supone y termina siendo tan solo una sucesión de bonitos, magníficos incluso, salvapantallas de ordenador en una época donde los powerpoints de paisajes ya han pasado a la historia. Voyage of Time: Life's Journey no pasa de ser un documental del montón de los que se pueden ver en cualquier cine IMAX pero rodado con más dinero y con el engreismo de Malick del que entiendo que quiere decirme algo pero sigo sin saber qué es eso que me quiere decir.
Una película, y más un documental como este, debe ser una comunicación entre el emisor (el director) y el receptor (el público). Y en este caso el receptor está deseando que Cate Blanchett se calle de una vez y el power point termine.
No dudo que en una sala IMAX y en su versión de cuarenta minutos la cosa no pueda ser incluso gloriosa. Pero como película es un error más en la cuenta de Malick.

Valoración: Cuatro sobre diez.