El
hecho de que uno espere muy poco o nada de una película no siempre es
suficiente para que esta termine gustando. Tras la soporífera experiencia de Blair Witch volver a enfrentarse a otro
film del tipo found footage y encima de un director novel no parecía lo más
indicado. Y menos cuando se trata de una película de tiburones y uno tiene tan
fresco el grato recuerdo de Infierno Azul.

Megan,
Jeff y Greg son tres amigos que decididos a conseguir hacer un reallity
televisivo se embarcan a una aventura submarina entre tiburones, teniendo así
la excusa para filmarlo todo. Aunque nada sorprende en la película y no hay un
ápice de originalidad, se agradece el esfuerzo de pretender explicar algo más
metiendo un triángulo amoroso por medio así como un mínimo (muy mínimo) ataque
al “todo vale por la fama” al que nos arrastra la sociedad de consumo
televisivo actual, pero nada es suficiente para combatir el aburrimiento más
que la posibilidad de tomarnos a guasa las torpezas de los protagonistas y
convertir el drama en comedia. Solo así se le puede salvar algo.
Valoración:
Cuatro sobre diez.
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