martes, 28 de febrero de 2017

Reflexiones catódicas: PERDIDOS, LA SERIE QUE CAMBIÓ EL MUNDO DE LA TELEVISIÓN.

A punto de finalizar un mes de febrero marcado por los Oscars y su chapucera culminación, retomo la sección televisiva para rememorar una de mis series preferidas de todos los tiempos.
Sé que muchos no vais a estar de acuerdo con esta afirmación o, cuanto menos, la vais a encontrar exagerada. No os culpo, ya que eso de definir algo como lo mejor del mundo es terriblemente subjetivo. Lo que sí creo más objetivo es afirmar que Perdidos (Lost) fue la serie que cambió la manera actuar de entender la televisión. Puede que esta actual “edad de oro de las series” arrancara con títulos más ilustres como Los Sopranos o Breaking bad, pero sinceramente creo que sin la existencia de Perdidos no habría llegado a existir nunca Juego de Tronos o The Walking dead, por nombrar las dos de mayor éxito hoy en día.
Y es que la serie creada por J.J.Abrams cambió la manera de entender el medio, considerado hasta entonces un arte menor en comparación con el cine y donde solo pasaban los actores acabados y aquellos que estaban empezando, deseosos de dar el salto a la pantalla grande. Abrams, que ya había destacado como autor de Alias, realizó un impecable capítulo piloto con técnicas cinematográficas y un gran presupuesto, y aunque puede que no inventase nada, si consiguió dar un nuevo significado a la palabra cliffhanger. De hecho, la mayoría de la gente no sabía ni que existía eso del cliffhanger.
Y lo curioso es que todo llegó casi por casualidad. La ABC quería hacer una serie que fusionara la película Náufrago, de Robert Zemeckis, con el reality Supervivientes, pero no les convencía el guion que tenían entre manos, así que llamaron a J.J. Abrams para que les propusiera algo. Se cuenta que Abrams, junto con el entonces desconocido Damon Lindelof, hicieron un borrador sin plantearse ningún tipo de desarrollo posterior, dando por hecho que no se lo iban a aceptar, pero el mundo de misterios e interrogantes que presentaron encantó a los ejecutivos de la ABC y la serie se hizo realidad. Quizá eso y la marcha de Abrams a mitad de la serie para centrarse en su carrera televisiva expliquen la sensación de improvisación y falta de respuestas que caracterizó a la serie hasta llegar a su polémico final.
Por el camino han quedado 117 episodios con una narrativa original, alternando presente y pasado y centrándose en un desarrollo de personajes poco habitual hasta la fecha. En España, la serie fue maltratada por TVE, que ni siquiera llegó a finalizarla, y supuso el inicio de la era de las descargas ilegales en Internet. Fue Perdidos quien consiguió que la gente, en el trabajo o la escuela, hablasen sobre un episodio al día siguiente de su emisión, algo complicado desde que hay tanta diversidad de oferta. También es la responsable de que se popularizara el concepto del “spoiler” y de que las conversaciones fuesen casi codificadas por si había alguien cerca que no la llevase al día. Y fue quien provocó también que, en las últimas temporadas, Cuatro (que fue quien se hizo con los derechos tras la espantada de TVE) aprendiera que la gente necesitaba inmediatez y programara los episodios apenas una semana después de su emisión americana. Incluso ofrecieron el capítulo final de manera simultánea, algo impensable en aquella época.
Perdidos supuso un salto de calidad y abrió una puerta a que las productoras asumieran más riesgos televisivos. Si jugamos al efecto mariposa, incluso podría aventurarme a decir que su influencia en la televisión de todo el mundo es tal que, sin ella, posiblemente no habría existido nunca esa fotocopia española llamada El barco. Y, pese a sus muchos defectos y carencias, sin algo tan diferente y arriesgado como El barco quizá tampoco tendríamos ahora joyitas como El Ministerio del Tiempo.
Como sea, Perdidos fueron seis temporadas cargadas de misterios, algunos brillantemente resueltos, otros que estarán para siempre perdidos. Seis temporadas de emoción y aventura, de romances y traiciones, de muertes inesperadas y de resurrecciones milagrosas. Seis temporadas atrapados en una isla de la que solo podíamos escapar mediante los flashbacks de cada episodio y, casi sin darnos cuenta, con una cosa llamada flashforwars, esos saltos al futuro que, aunque no lo inventaran ellos, también son los responsables de que esa palabreja sea ahora de uso habitual.
Pero sería injusto hablar de Perdidos sin detenerme un instante a analizar su final. Tal y como sucediera anoche en la ceremonia de los Oscars, un último momento puede llegar a ensombrecer el magnífico trabajo realizado hasta la fecha. Y eso es lo que pasó con Perdidos, una serie que provocó tanta pasión desmedida que la decepción de su final vino acompañada de un odio irracional de aquellos que morían por ella.
Yo, sin embargo, soy de los que defienden el final. No fue un final perfecto, pero es que habían llegado a un punto en el que era imposible conseguir un final perfecto. Habían enredado tanto las tramas, planteando cinco misterios cada vez que resolvían uno, que todos nos empezábamos a mentalizar de que muchas cosas quedarían en el aire. Así que habría que conformarse con conocer el destino de los protagonistas y, si no nos explicaban con cristalina claridad qué era la isla, por lo menos saber si era real o no. Y eso sí lo hicieron, aunque mucha gente no ha llegado (o no ha querido) entenderlo.
No sé si cuando se habla de una serie que finalizó hace ya seis años es necesario especificar que lo que sigue a continuación es un spoiler (supongo que a estas alturas quien no haya visto la serie no tendrá interés en hacerlo ya), pero por si acaso, estáis avisados.
Pues bien, definitivamente todo es real. Todo lo referente a la isla, me refiero. Me sorprende cuanta gente me ha comentado, totalmente convencidos, que todos murieron en el accidente. No, para nada. Lo único “irreal” es la línea alternativa que se presenta en la última temporada. Creo que queda perfectamente explicado que eso sí es una especia de purgatorio donde van todos los protagonistas al morir, en un proceso en el que deben llegar a asimilar esa muerte. Es la iglesia de final el punto final donde todos se reencuentran de nuevo. Y en la propia serie se da la explicación: lo que sucedió en la isla marcó la vida de todos y fue el hecho más crucial que vivieron, así que tras su muerte es a esa época a la que evocan y son a esos amigos con quienes se reencuentran, independientemente de cuándo o dónde murieran. Así que allí están desde los personajes que murieron al principio de la serie como aquellos que no llegan a morir. Porque, en algún momento, tarde o temprano, morirán. Y aunque lo hagan con noventa años, en esa iglesia se verán siempre representados con la edad que tenían en la época de la isla. Porque en la iglesia, al final de ese viaje mesiánico por el purgatorio, no existe el concepto del tiempo.
Sí, puede que todo esto suene muy fantástico y hasta espiritual, pero hacía ya varias temporadas que la serie nos avisaba de que iban por ese camino, así que es tarde para quejarse, ¿no? 
A mí, personalmente, me pareció un bonito final y me dejó bastante satisfecho, aunque no niego que alguna respuesta más (como las que aparecían en un corto que se incluyó con la edición en DVD de la sexta temporada) me haría complacido.
Pero, sea como sea, en la isla NO están muertos. Y no es ya mi interpretación, sino que el propio Damon Lindelof lo ha dicho en miles de entrevistas.
Pero por encima de eso, como sus defensores solemos decir, quedan seis maravillosos años de un viaje emocionante e insólito en el que conceptos como “el humo negro”, “los otros” o la secuencia de números: 4, 8, 15, 16, 23 y 42 quedarán marcados en nuestra memoria para siempre. Yo aún siento un conato de nostalgia cuando veo a alguno de los protagonistas de la serie probando suerte en alguna película, y cada vez que aparece un falso rumor sobre un posible regreso con nuevas temporadas se me encoge el corazón.
¿Y vosotros? ¿Sois de la generación Lost? ¿La amáis o a odiáis? ¿seguís pensando que estaban todos muertos desde el principio?
Quizá la pasión que Perdidos desató entre sus seguidores (y detractores) y se acrecentó tras su final sea el último gran misterio de la serie.

lunes, 27 de febrero de 2017

CEREMONIA DE LOS OSCARS 2017: La la land!: de la gloria a la decepción.

Al final llegó la gran noche y tras la habitual y mágica alfombra roja la función arrancaba con unas cuantas preguntas: 
¿Será La la land! la gran triunfadora o habrá alguna sorpresa? ¿Y si gana, batirá los records de Titanic, Ben Hur y El retorno del Rey (11) o los de West side story en el género musical (10)? ¿Habrá mucha tralla anti Trump? ¿Estará Jimmy Kimmel a la altura? Pero por muchas preguntas que nos hiciéramos y muchas respuestas que quisiéramos imaginar, nada nos podía preparar para lo que finalmente pasó.
Pero vayamos por partes. La ceremonia estuvo francamente bien, con un magnífico Jimmy Kimmer que recordaba en algunos momentos a lo que hizo Ellen DeGeneres pero con algo más de acierto, con brillantes bromas contra su archienemigo Matt Damon. 
Además, la gala arrancó con el tema de Justin Timberlake de Trolls y eso impregnó de buen rollo toda la gala. Hubo críticas a Trump, y muchas, pero todas elegantes y muy ingeniosas. Eso sí, mayormente por parte de Kimmer. 
Quizá falto algo de denuncia entre los presentadores y ganadores. Solo las palabras de Gael García Bernal (“Como mejicano, como trabajador y como emigrante estoy en contra de cualquier muro que quiera separarnos”) y la ausencia de Asghar Farhadi. Poco más.
El único punto negativo estuvo en las actuaciones musicales. Sting estuvo breve y correcto y la joven Auli'i Cravalho ha gustado adaptando la canción de Vaiana, pero la puesta en escena era torpe e incluso provocará muchos memes debido al golpe que la muchacha recibió de una bandera. Pero lo peor fue cuando se representaron los temas de La la land! Ya se sabía que Emma Stone y Ryan Gosling habían declinado cantar en directo (no son cantantes profesionales, hay que entenderlo), pero ni fue acertado elegir a John Legend para que los versione ni tampoco el fusionar las dos canciones nominadas, como para sacárselas de encima rápidamente. Y eso que eran las mejores de la noche.
Pero en fin, entre chascarrillos (Meryl Streep ha sido otra protagonista involuntaria), mensajes de twitter, lluvia de golosinas, momentazo con las tres protagonistas de Figuras ocultas compartiendo escenario y paseos turísticos (mejor vean un video de esto, es demasiado raro como para explicarlo), los premios se han ido repartiendo a buen ritmo.
Desde el principio de la noche ya se intuía que La la land! lo iba a tener complicado para batir el record de Titanic, Ben Hur y El retorno del Rey, pero más o menos se iban cumpliendo las expectativas. Las únicas sorpresas (menores) fueron que El viajante ha ganado la estatuilla a la mejor película de habla no inglesa y que los guiones se han repartido entre Manchester frente al mar y Moonlight, dejando a La la land! sin el primero verdaderamente importante. Los técnicos se habían repartido bastante equitativamente: La llegada, edición de sonido; Hasta el último hombre, la mezcla de sonido y la edición; Escuadrón suicida, el maquillaje; Animales fantásticos y dónde encontrarlos, el vestuario; El libro de la Selva, los efectos visuales; y para La la land! quedaban el diseño de producción y la fotografía. Además, esto estaba cantado, de la banda sonora y la mejor canción (City of the stars).
Por otro lado, Zootrópolis cumplió al ganar como película de animación y Piper como corto de animación. El mejor documental ha sido para O.J.: Made in America, el corto documental se lo ha llevado Los cascos blancos y el corto de ficción ha sido para Sing, dejando con las ganas el Timecode de Juanjo Giménez.
Ya entrados en los premios gordos se han ido cumpliendo los pronósticos: Viola Davis ha llorado mucho al recoger el premio a la mejor secundaria, Mahershala Ali conseguía un nuevo premio para Moonlight, Damien Chazelle conseguía (este año sí) el título al mejor director y en los actores protagonistas se siguió también el guion: Emma Stone y Casey Affleck por La la land! y Manchester frente al mar, respectivamente.
Todo parecía más o menos lo esperado y Warren Beatty y Faye Dunaway, con la intención de conmemorar el  aniversario de la película Bonni & Clyde, tenían el honor de entregar el Oscar a la mejor película. Atrás quedaban las tres horas y media de una gala con un In memoprian especial que concluía con Carrie Fisher, los escotes de Amy Adams, la elegancia de Chalize Theron o la imponente presencia de Leo DiCaprio.
Era el momento decisivo: Beatty abrió el sobre y, dubitativo, comienzó a alargar el anuncio. Todo parecía parte de un gag, aunque la cara de la Dunaway no parecía estar muy ensayada. Al final ella le quitó el sobre y anunció el ganador: La la land!
Lo dicho: se cumple lo esperado. Los productores suben al escenario, hay mucha alegría y empiezan los agradecimientos. Pero entonces… algo pasa. El Oscar a la mejor película no es para ellos, es para Moonlight. Parecía cosa de un chiste final muy aparatoso, pero el propio Beatty explicó lo sucedido: le habían dado el sobre equivocado. En él ponía: Emma Stone por La la land! y de ahí sus dudas.
En fin, que al final ha sido Monnlight la que ha conseguido el premio gordo y, por extensión, la triunfadora de la noche. La la land! se ha quedado con seis estatuillas y un buen chasco final y Jimmy Kimmer, que no ha tenido culpa de nada, ha tenido que despedir una gala que iba sobre ruedas y que terminará recordándose como la más chapucera de la historia.
Pero bueno, que le vamos a hacer. Esto es Hollywood. Y siempre tiene que haber tiempo para la magia y las sorpresas, ¿no? Aunque no creo que los productores de La la land! piensen igual…

Aquí tenéis el listado de los ganadores:

Mejor Película: Moonlight
Mejor Actriz: Emma Stone por La La Land
Mejor Actor: Casey Affleck por Manchester frente al mar
Mejor Actriz de Reparto: Viola Davis por Fences
Mejor Actor de Reparto: Mahershala Ali por Moonlight
Mejor Director: Damien Chazelle por La La Land
Mejor Guión Adaptado: Barry Jenkins y Tarell Alvin McCraney por Moonlight
Mejor Guión Original: Kenneth Lonergan por Manchester frente al mar
Mejor Canción Original: City of Stars de La La Land
Mejor Banda Sonora Original: Justin Hurwitz por La La Land
Mejor Fotografía: Linus Sandgren por La La Land.
Mejor Corto de Ficción: Sing
Mejor Corto Documental: Los Cascos Blancos
Mejor Montaje: John Gilbert por Hasta el último hombre
Mejores Efectos Visuales: El libro de la Selva
Mejor Diseño de Producción: La La Land
Mejor Película de Animación: Zootrópolis
Mejor Corto de Animación: Piper
Mejor Película de Habla No inglesa: El Viajante
Mejor Mezcla Musical: Hasta el último Hombre
Mejor Montaje Musical: La llegada
Mejor Documental: O.J.: Made in America
Mejor Vestuario: Animales fantásticos y dónde encontrarlos
Mejor Maquillaje: Escuadrón Suicida

domingo, 26 de febrero de 2017

LO QUE DE VERDAD IMPORTA, la película que todo el mundo debe ir a ver.

Por una vez, lo más importante de esta entrada no es mi opinión sobre la película, sino la historia de la propia película.
Paco Arango, nacido en Méjico, pero de origen español, ha sido cantante, guionista, productor y director de cine. Durante el rodaje de la serie Ala Dina, protagonizada por Paz Padilla, creada por su productora, decidió involucrarse en causas benéficas y nació la Fundación Aladina, centrada en ayudar a niños enfermos de cáncer y a sus familiares. Su primer gran paso fue el rodaje de la película Maktub, destinando parte de su recaudación a dicha fundación.
En la actualidad, Arango es miembro de la junta directiva de la Serious Fun Children´s Network, asociación de ayuda infantil fundada por Paul Newman, y con su apoyo llegó esta segunda película, Lo que de verdad importa. Se prevé que parte de su recaudación internacional se destine a dicha asociación, aunque lo realmente novedoso es que en España será la recaudación integral la que irá a parar, Aladina mediante, a Serious Fun Children´s Network. Es la primera vez en la historia que la recaudación completa de una película va a parar a causas benéficas, y solo por ello el visionado de la película es casi obligatorio.
Ahora sí, ¿qué es Lo que de verdad importa? Pues desde el punto de vista estrictamente cinematográfico es como cuando alguien define a un amigo o amiga como simpático, ya que guapo, lo que se dice guapo, no es. 
La película, que Arango escribe y dirige, es un bonito cuento sobre un hombre que recibe el don de curar las enfermedades. Con un toque quizá demasiado religioso para según que espectadores (no llega a los extremos de Los milagros del cielo, pero por ahí van los tiros), la película peca de sensiblera y busca en todo momento conmover mediante la lágrima fácil y un optimismo poco verosímil que llega a empalagar.
Estamos ante un cuento de hadas correctamente filmado e interpretado, bien acompañado por los bellos paisajes de Nueva Escocia y con un mensaje de positivismo que deja buen sabor de boca. Pero anda más. Todo es demasiado plano, demasiado justito y con un humor tan forzado que se acepta por lo que se acepta, pero que no tiene nada de brillantez ni logra maravillar en ningún momento.
Pero al final la película es lo de menos. Con que no sea un bodrio (y no lo es) ya es suficiente. Hay que verla, algunos reirán con ella, otros llorarán, y habrá quien se pueda aburrir en algún momento, pero todos ayudarán con solo pagar la entrada. Y eso es lo que verdaderamente cuenta.
Una película bonita para una causa bonita.

Valoración cinematográfica: Cinco sobre diez.
Valoración moral: Diez sobre diez.

LA "OTRA" PORRA DE LOS OSCARS Y MÁS COSILLAS PREVIAS A LA GALA

Al fin ha llegado el día. En unas horas Hollywood se vestirá de gala para coronar en lo más alto a las mejores películas del año. A estas horas, no se prevén sorpresas y La la land! sigue como máxima favorita, tal y como ya os lo indicaba en mi apuesta personal.
Sin embargo, que sea la ganadora no significa que sea la película favorita para todo el mundo. Yo mismo, habiendo disfrutado mucho de ella y considerándola una gran película, no creo que sea la mejor que se estrenó el año pasado. Por eso, me he permitido el capricho de hacer una segunda porra, esta no con las nominadas que creo que van a ganar sino con las que me gustaría que ganaran y no lo van a hacer.
Aquí la tenéis:
o   Mejor película: Hasta el último hombre.
o   Mejor director: Mel Gibson
o   Mejor actor protagonista: Casey Affleck
o   Mejor actriz protagonista: Isabelle Huppert
o   Mejor actor secundario: Jeff Bridges
o   Mejor actriz secundaria: Viola Davis
o   Mejor guion original: Comanchería
o   Mejor guion adaptado: La llegada
o   Mejor película de habla no inglesa: Land of mine
o   Mejor película de animación: Zootrópolis
Como veis, hay pocas coincidencias con mi porra real. Y es que creo sinceramente que Hasta el último hombre, La llegada o Comanchería son mejores películas que La la land!, aunque quizá no tan “bonitas”. En el caso de mejor actriz me encanta Emma Stone y voy a alegrarme cuando gane el Oscar, pero mirando su interpretación y la de la actriz de Elle, no hay color, ¿qué queréis que os diga?
La que no está entre mis preferidas es Moonlight, que me pareció interesante pero sin más. Sin embargo, y para completar el repaso de la temporada de premios, hay que señalar que ha arrasado en los Independient Spirit Awards, ganando los seis premios a los que estaba nominada. También ha rascado algo Elle, Comanchería y La Bruja.
Y pasamos de lo mejor a lo peor. Como es costumbre, un día antes de los Oscars se entregan los Razzies pretendiendo señalar a lo peor del año. No es para nada significativo, ya que sencillamente se limitan a premiar a “lo peor de lo mejor” (lo que de verdad es malo no merece ni ser considerado) y siempre hay algo de guasa e ironía tras los premios. Este año, sin embargo, la cosa nos queda lejana, ya que la peor valorada ha sido una cosa llamada Hillary’s America, un documental anti Clinton que curiosamente se estrenó en plena campaña electoral. No obstante, Batman v. Superman conseguía el dudoso honor de ser el peor remake o secuela y de tener el peor director, la peor pareja actoral y el peor secundario (Jesse Eisenberg). Kristen Wiig, por Zoolander 2, ha sido la peor actriz secundaria y todo lo demás (película, director y actores principales) ha sido para la cosa esa destinada a enturbiar la imagen de Hillary Clinton.
La nota positiva, el premio especial a la redención para Mel Gibson. 
Por cierto, creo que no he comentado hasta ahora la presencia española en la ceremonia de la mano de Juanjo giménez y su corto Timecop. ¡Mucha suerte!
Y termino este repaso de noticias previa a los Oscars con una triste noticia, el fallecimiento de Bill Paxton a los sesenta y un años. Recordad que era uno de los actores fetiches de James Cameron y que protagonizó títulos como Twister o Al filo del mañana.

Descansa en paz, Bill. Te echaremos de menos…

T2 TRAINSPOTTING, buscando nuevas elecciones con añoranza.

Veinte años es mucho tiempo. Tiempo más que suficiente como para que la sociedad cambie, los niños se hagan grandes y el futuro que una vez alguien imagino se vuelva un amargo presente. En veinte años Ewan McGregor ha pasado de ser un desconocido actor escocés con fama de rebelde a una estrella de Hollywood con su participación en Star Wars como punto álgido, Danny Boyle, un autor con signos de independencia, ha ganado un Oscar y sus películas son presencia habitual en las galas de premios de todo el mundo y aquellos chavales de Edimburgo que tiraban sus vidas por el retrete por culpa de la heroína han sobrevivido a su pasado y deben enfrentarse a un mundo en el que quizá no tengan ya cabida.
Veinte años es lo que ha transcurrido entre Trainspotting y T2 Trainspotting, y ese salto temporal es en lo que más incide Danny Boyle a la hora de volver a enfrentarse de nuevo a los personajes que lo lanzaron a la fama.
Se trata, como digo, de otros tiempos, y el tono rebelde y sucio de Boyle de aquella pequeña pero arrebatadora obra se ha suavizado hasta el exceso. Esta secuela no tiene ni la fuerza ni el desagradable dolor que se ocultaba en la cruel comedia del 96, pero a cambio gana en calidad estética y elegancia. Boyle no está ya interesado en mostrar un Edimburgo sucio y maloliente y apuesta por mostrarnos la hermosura de la ciudad escocesa y sus alrededores, e incluso las escasas escenas de aparente escatología (los vómitos de Spud, el retrete de la discoteca) son nimiedades en comparación con lo que se nos mostraba en el film original. Un film que trataba sobre chavales que no tenían un futuro por delante, que se burlaban del eslogan “Elige vida”. Viendo lo que para ellos suponía la vida, mejor elegir la heroína, decían. Ahora, sin embargo, la cosa ha cambiado, y no estamos ante una película con jóvenes sin futuro, sino todo lo contrario, se trata de hombres perseguidos por su pasado. Ya lo dice el propio Renton es un discurso completamente nuevo: "Eres un adicto, así que vuélvete adicto. Sólo que vuélvete adicto de otras cosas, Elige a aquellos que amas. Elige tu futuro, Elige la vida".
A la hora de plantearse esta película, Boyle podría haber tirado por el camino fácil y limitarse a repetir una historia parecida basada en las nuevas generaciones, pero en lugar de eso apuesta por una continuación real, con el consiguiente problema de que es casi imprescindible conocer los precedentes para disfrutar de la película. Trainspotting terminaba con la separación de los cuatro amigos tras la traición de Renton y apenas ha habido contacto entre ellos en estos veinte años, así que la nueva película arranca casi empalmando con aquello final, con el regreso de Renton a Edimburgo dispuesto a afrontar las consecuencias de su huida.
T2 vuelve a ser una película que habla de la amistad y la traición, de la responsabilidad hacia los demás (ya sea la familia, la amante o los amigos) y de la posibilidad de redención. La búsqueda del perdón sobrevuela todo el rato a los personajes y la vida (aunque sea una vida artificial, definida por las redes sociales, los trabajos precarios y la comida basura) debe sustituir al fin a la heroína. Esta vez sí se trata de elegir vida.
La película funciona, además, como homenaje a aquella en la que sus integrantes saltaron a la fama, volviendo a ella en numerosas ocasiones, en una mirada nostálgica que invita a pensar que pese a la droga que destruyó familia y mató a más de un amigo, no todo era malo. Es por eso que repiten los mismos actores de entonces, incluso en los casos más secundarios, y pese a contar, como no podía ser de otra manera, con otra gran banda sonora, es a Lust for life de Iggy Pop a quien se vuelve a recurrir para cerrar el círculo. No obstante, es curioso (y nada casual) que sea un personaje nuevo, Veronika, la que realmente simbolice el nuevo camino a seguir y, aunque sea repitiendo la jugada ya vista en el primer Trainspotting, resuma con sus acciones todo lo que se puede esperar de esta nueva película.
En estos veinte años Doyle se ha domesticado, por lo que T2 es mucho menos salvaje y potente que Trainspotting, pero también es mejor película.

Valoración: Siete sobre diez.

ES POR TU BIEN, ¡qué bonito es reírse de las familias ajenas!

Es por tu bien, el nuevo invento parido y mega publicitado por Mediaset, no será, seguro, la mejor película española del año. Pero posiblemente sí de las más taquilleras. Y es que sin necesidad de ser una gran película sí consigue reunir todos los elementos para gustar a todo el mundo sin distinciones.
En la línea de Ocho apellidos vascos o Todos los hombres sois iguales, Es por tu bien es una comedia tontorrona de carácter familiar sobre el amor, las relaciones (no solo generacionales, sino también ideológicas) y se suma a ese concepto tan de moda hoy en día en el mundo del humor como son “los cuñados”.
La premisa no puede ser más sencilla. Tres hermanas, sus tres maridos y sus tres respectivas hijas. Todo va bien: se llevan de maravilla (las mujeres, al menos), hacen barbacoas los domingos y tienen la misma rutina que miles de familias españolas bien avenidas. Pero de repente las tres niñas deciden tener novios casi a la vez y la estabilidad se viene abajo, ya que ninguno de ellos parece el yerno ideal para los sufridos padres. Al prestigioso abogado tradicional le toca en suerte un anarquista de izquierdas, al tipo duro y masculino un playboy argentino y al más humilde y campechano el nini de turno. Simplista ejemplo de la fauna de este país.
Lo que al principio parece complacencia se vuelve cada vez más cuesta arriba hasta que los tres cuñados, improbables amigos en cualquier otra circunstancia, deben unirse para hacer frente común al enemigo que amenaza con romper el ecosistema familiar.
Semejante planteamiento requiere, para su buen funcionamiento, de dos elementos imprescindibles: buenos chistes y buenos actores, y el director Carlos Therón consigue hacerse con ambas cosas. No es que todos los diálogos sean hilarantes y geniales, pero donde flojea una frase aparece una situación para subsanarlo, y viceversa: cuando la acción es una tontería hay una chispa de ingenio que vuelve a recuperar la sonrisa del espectador.
En el apartado interpretativo, los cuatro roles se suplen con solvencia, aunque es en el de los padres donde se pone toda la carne en el asador. José Coronado es el patriarca de todo el asunto, el motor que mueve la historia y el que se come al resto del reparto sin muchos problemas. Roberto Álamo repite en el papel de tipo duro y descontrolado y la verdad es que se le da muy bien, y Javier Cámara, tras coquetear últimamente con el drama o la comedia más trascendental, recupera aquí esa locura ridícula que tanta gloria le dio en la época de Siete Vidas y que tanto se le echaba de menos.
Junto a ellos, Pilar Castro, Carmen Ruiz y María Pujalte cumplen como las sufridas esposas, que deben esforzarse más por soportar a sus maridos que preocuparse por los yernos. Las hijas, Silvia Alonso, Georgina Amorós y Andrea Ros casi se deben limitar a ser monas y lucir palmito, mientras que, por último pero no menos importantes, los futuros yernos están representados por Miguel Bernabeau, Luis Mottola y, sobre todo, Miki Esparbé, que al ser quien comparte la subtrama con Coronado es también quien más oportunidad tiene de lucir. Además, por si fuera poco, aparecen por ahí Luis Callejo y Manuel Burque, entre otros.
Simpática, elegante e ingeniosa, tiene su punto débil en su final, demasiado acaramelado y blando, pero se le perdona a cambio del buen rato que hace pasar. No es una película destinada a cambiar nuestras vidas, pero sí a que nos echemos unas buenas carcajadas, que tampoco está nada mal. Para ello, eso sí, abusa algo del chiste localista y patrio, pero ese es un mal endémico de nuestro cine con el que es difícil lidiar y que recuerda demasiado al de las comedias televisivas.

Valoración: siete sobre diez.

CdS: JOHN WICK. el sabor de la venganza.

Películas de acción desmedida que tienen la venganza como excusa argumental hay muchas. 
Ya era un filón interminable en los ochenta para tipos como Chuk Norris y Charles Bronson y era impagable la burla que de ello hacía el propio Schwarzenegger en El último gran héroe. Hoy en día el género sigue vivo gracias a tipos como Jason Statham o, sobre todo, Liam Neeson, pero poco más parece que se pueda hacer que no esté ya visto y masticado.
Y de repente, aparece algo llamado John Wick, una película que, pese a la imposibilidad de poderla ver, todo el mundo habla de ella y se ha convertido en un film de culto casi instantáneo. Sin embargo, y pese al ruido que estaba provocando, su estreno en España seguía en el aire.
Ahora, a punto de estrenarse su secuela, es el momento ideal para recuperar esta violenta película del 2014 gracias, una vez más, a los canales de streaming.
Chad Stahelski y David Leitch son dos prestigiosos dobles de acción que debutan con buen pie en el terreno de la dirección (ambos repiten en la secuela y, mientras el primero se perfila para dirigir el remake de Los Inmortales el segundo trabaja ya en Deadpool 2). 
Al parecer, ambos hicieron buenas migas con Keanu Reeves en el rodaje de la trilogía de Matrix y por eso pensaron en él para interpretar al héroe de esta historia de violencia callejera y humor muy negro. Con un principio muy convencional y casi de melodrama (a la muerte del protagonista le sigue la llegada al hogar de un cachorro de Beagle como último regalo de la difunta), el asesinato del perro durante el robo de un coche despertará los verdaderos instintos de Wick, un antiguo asesino a sueldo capaz de dejar atrás su sangriento pasado por amor. A partir de ahí, el personaje interpretado con solvencia por Reeves se embarcará en un camino de muerte y destrucción sin más propósito que saborear la venganza y personificar todo su dolor por la pérdida en los cuerpos de unos cuantos mafiosos y sus secuaces.
John Wick, que aquí se ha subtitulado Un buen día para matar, no es necesariamente nada del otro mundo, ni por su originalidad ni por sus recursos, pero es de esas películas hechas desde el corazón, con un amor por el arte (y es que la serie B también es arte, que nadie lo dude) y un sentido del ritmo y la elegancia que termina por sorprender y merecer realmente esa aureola de culto que se le está imponiendo. Con imponentes coreografías de lucha, un buen elenco de secundarios y un Reeves que ofrece una de las mejores interpretaciones de su carrera (lo cual tampoco es que fuese muy difícil, me temo), John Wick es puro divertimento, un espectáculo duro y cruel donde cada hueso roto, cada brazo crujido, duele de verdad y donde la sangre tiene un sabor especial.
Consagrada como una de las mejores películas invisibles del 2014, este es el año de su regreso. Y, esta vez sí, nosotros también podremos verlo en cines. Estoy impaciente.

Valoración: Siete sobre diez.

CUENTA ATRÁS PARA LOS OSCARS...

Estamos ya en la víspera de los Oscars y en España (siempre apurando al máximo) se han estrenado ya las dos últimas películas con nominaciones importantes (Fences y Vida de Calabacín) aunque alguna con nominaciones secundarias sigan en lista de espera, por lo que es el momento de hacer las apuestas (ahora sí) con todos los datos en las manos.
Pero como esto de los premios no es solo cuestión del gusto personal de cada uno, voy a recordaros brevemente los vencedores de otros premios americanos que pueden servir como referencia. Se trata de esos premios que no otorga la Academia, sino los propios profesionales del sector.
Así, por ejemplo, nos encontramos con que el premio otorgado por los productores (PGA) fue para (¡oh, sorpresa!) La la land! Cierto es que el año pasado este premio no coincidió con el Oscar a la mejor película (este se lo llevó La gran apuesta y el Oscar fue para Spotlight), pero esto no suele ser lo habitual. En esta misma gala, Zootrópolis ganó como mejor película de animación y O.J.: made in America fue la mejor película documental.
Aunque se habla mucho de La la land!, hay otra clara favorita para ser la mejor película. Me refiero a la de animación, ya que Zootrópolis se ha llevado este año también seis de los once “Annies” a los que estaba nominado. Los Annie son los premios específicos del cine de animación, y entre estos ha ganado a mejor película y mejor director. Así que, si erais de los que apostaban por Vaiana, la cosa está un poco cruda. Eso sí, tampoco habría que descartar completamente a Kubo y las dos cuerdas mágicas.
Volviendo al cine de acción real, el DGA (gremio de directores) ha premiado a Damien Challeze como al mejor del año. Ha habido también premio al mejor debutante, Garth Davis por Lion, pero no está nominado al Oscar, así que no será amenaza para el autor de La la land! Por cierto, que el mejor director de documental ha sido Ezra Edelman por O.J.: Made in America, así que, en este apartado, blanco y el botella…
Hablando de actores la cosa ya tiene más miga. Hasta ahora, Casey Affleck y Emma Stone eran los claros favoritos, pero entonces surgió una sospecha de acoso sexual vinculada al pequeño de los Affleck y… Ya sabéis como funciona Hollywood, ¿no? Que se lo pregunten si no a Nat Parker y su El nacimiento de una nación. El caso es que en los premios del gremio de actores (SGA) saltó la sorpresa y aunque ella cumplió los pronósticos fue Denzel Washington quien se alzó con el de mejor actor por Fence, película que también dirige. En Fence precisamente está la ganadora como mejor secundaria, Viola Davis mientras que el secundario masculino del año ha sido otro actor afroamericano, Mahershala Ali, por su breve intervención en Moonlight. Es evidente que, en contraposición a la edición anterior, este puede ser el año de los artistas de color, a los que hay que sumar el premio al mejor reparto que se han llevado las chicas de Figuras Ocultas.
Y llegamos al premio que más dudas puede acarrear y que estos premios previos tampoco van a solucionar nada. Se trata del mejor guion, posiblemente lo más flojo de La la land! y cuya simple nominación ya me parece exagerada. El caso es que, como sabéis, se distingue entre el guion original y el adaptado, pero hay veces que cuesta decidir lo que es una adaptación. Por ejemplo, en los Oscars Moonlight participa como guion adaptado por inspirarse en una obra teatral que nunca llegó a realizarse, mientras que en el gremio de guionistas lo consideran original. Cuento esto porque se da el caso de que los vencedores como guion original y adaptado de este año han sido, respectivamente, Moonlight y La llegada, pero en los Oscars se deberán enfrentar entre ellos, dejando (quizá) el camino libre a La la land!, aunque creo que Manchester frente al mar tiene más posibilidades y Comanchería la que podría dar la sorpresa.
Otros premios entregados estos días han sido al mejor sonido (La la land! en acción real y Buscando a Dory en animación), el maquillaje (repartidos entre Animales nocturnos, Star Trek: más allá y Escuadrón Suicida) y la peluquería (uno para Ave, César! y otro para La la land!)
Aunque no sean tan significativos, cabe recordar que en los Globos de Oro La la land! arrasó, aunque el hecho de que se distinga entre comedia/musical y drama también la benefició. Las mejores películas entonces fueron ella y Moonlight, Damian Chelleze fue el mejor director y los actores se repartieron entre Ryan Gosling y Emma Stone por un lado y Casey Affleck e Isabelle Huppert por otro. El guion (sig) y la música se las llevó también La la land! y la mejor actriz secundaria fue Viola Davis. También se confirmó a Zootrópolis como mejor película de animación. Curiosamente, en el caso de mejor actor secundario y mejor película de habla no inglesa ganaron Aaron Taylor-Johnson y Elle, que no están nominados al Oscar.
Finalizo este reparto con los Bafta británicos. No es el mismo tipo de cine, pero el idioma sin duda lo hermana mucho a los Oscars. En los premios principales, por ejemplo, se repiten los pronósticos y la película, director y actriz principal se fueron para La la land!. Affleck y Davis también confirmaron sus candidaturas como favoritos y la única sorpresa fue Dev Patel ganando el premio al mejor secundario (si lo suyo no era un papel protagonista es que ya no entiendo nada…). Aquí los guiones fueron para Manchester frente al mar y Lion y hubo un ligero reparto en los apartados técnicos, donde La llegada, Hasta el último hombre, Animales fantásticos y dónde encontrarlos, El libro de la Selva, Jackie y Florence Foster Jenkins también lograron rascar. La mejor película de animación, para llevar la contraria, fue para Kubo y las dos cuerdas mágicas.
En el apartado a mejor película de habla no inglesa ese rollazo de casi tres hotras llamado Toni Erdmann está ganando premios allá donde va, y en Hollywood ya se han puesto manos a la obra para hacer un remake protagonizado por Jack Nicholson, así que tampoco creo que vaya a haber mucha sorpresa, pro más que se hable muy bien también de Land of mine, que por desgracia no se ha estrenado aún por estas tierras.
Bien, ahora sí que tenéis ya todos los datos necesarios para hacer vuestras apuestas. ¿Os animáis? Yo, por mi parte, me voy a mojar, aunque que quede claro que es lo que creo que va a ganar, no lo que me gustaría que ganara:
o   Mejor película: La la land!
o   Mejor director: Damien Challeze.
o   Mejor actor protagonista: Casey Affleck
o   Mejor actriz protagonista: Emma Stone
o   Mejor actor secundario: Mahershala Ali
o   Mejor actriz secundaria: Viola Davis
o   Mejor guion original: Manchester frente al mar
o   Mejor guion adaptado: Moonlight
o   Mejor película de habla no inglesa: Toni Erdmann
o   Mejor película de animación: Zootrópolis

¿Os atrevéis a hacer vuestras propias predicciones?





 

FENCES, magníficas interpretaciones teatrales

Fences, título que no tiene ningún sentido sin su traducción (“vallas”, una metáfora durante toda la película) es la última de las grandes películas nominadas a los Oscars en llegar a España (ya solo quedan inéditos títulos con escasas nominaciones, como 20th century women o Land of mine) y una representante más de ese cine de reivindicación racial afroamericana (a los que hay que añadir Moonlight, Figuras ocultas y Loving, lo de El nacimiento de una nación es cosa aparte) que se contrapone con las protestas iracundas de la edición anterior.
Dirigida y protagonizada por Denzel Washington, la película es una fiel adaptación de la obra teatral del mismo título que ya representaran en su momento, ganando sendos premios Tony, los propios Washington y Viola Davis. Esto resume lo mejor y lo peor de la película, ya que se mantiene de aquella obra sus diálogos veloces y fascinantes, pero también su ritmo pausado y excesivamente teatral. Si la interpretación de Washington le ha valido el premio del gremio de actores y lo coloca en segunda posición en cuanto a aspirar al Oscar, su trabajo tras las cámaras es lo peor de la película, ya que se trata de una dirección completamente plana y sin personalidad.
Fence cuenta la historia de Troy Maxson, un antiguo jugador de béisbol que trabaja ahora como basurero, y de su relación con su mujer Rose, sus dos hijos (cada uno de distinta madre), su hermano Gabriel (que tras ser herido en la guerra tiene graves problemas mentales) y su mejor amigo (al que da vida Stephen Henderson, también presente en Manchester frente al mar). Toda la película se centra en la figura de Troy, autoritario padre y amante esposo (o al menos eso parece), pero sirve también como retrato de una época, la América de los años 50, donde para la raza negra eso del sueño americano tan solo comenzaba tímidamente a intuirse como una posibilidad real.
Sin apenas salir del patio trasero de la casa de los Maxson, la película peca de sencillez, dejando todo su interés en el magnífico trabajo de sus dos protagonistas (Viola Davis tiene casi asegurado el Oscar). Es evidente que haber trabajado juntos en teatro los mismos personajes es una baza importante, y la química entre ellos traspasa la pantalla. Ambos están estupendos y solo por eso ya merece la pena el visionado. Lástima que el Washington director no se atreva a arriesgar algo más en otros aspectos.
Fences es, al final, una película triste y amarga sobre un hombre que siente que se ha quedado estancado en la vida, un perdedor que siempre encuentra a alguien a quien culpar pero que, en el fondo, es consciente de sus propios errores, por más que no se decida a poner remedio. Y por detrás, como una presencia apenas visible pero que supone el verdadero hormigón de la unidad familiar, una esposa valiente y entregada, una sufridora conocedora de su papel como madre y mujer, que termina por erigirse, en el tramo final, como la verdadera protagonista del film. Y más teniendo en cuenta de que Viola Davis (nada que ver con su interpretación plana y desganada en Escuadrón Suicida) ni siquiera necesita abrir la boca para expresar, con una simple mirada, todo lo que esconde en su interior.
Durante toda la película el protagonista pretende construir una valla alrededor de su casa, no queda muy claro si para evitar que alguien entre o para que no puedan salir de ella, y esa valla, símbolo de las barreras que la sociedad impone a los de su raza, pero también que él mismo levanta a su propio alrededor, es la que da sentido a la película.

Valoración: siete sobre diez.

miércoles, 22 de febrero de 2017

MOONLIGHT: Más cine racial reflexivo, intenso pero sobrevalorado.

Poco a poco seguimos avanzando hacia los Oscars y cada vez son menos las películas pendientes de estreno (ya se sabe que en este país se hace todo a última hora).
Moonlight, estrenada la semana pasada, es una de las pocas, junto a Manchester frente al mar, que puede hacer sombra a La la land!, no en vano se hizo con el Globo de Oro al mejor drama, aunque ya os vaticino que eso no va a ocurrir.
Con Brad Pitt como productor (y parece que últimamente eso se le da mejor que elegir papeles como actor), Moonlight está englobada dentro de esa corriente que ha llegado este año de películas “negras”, quizá en un intento de Hollywood de redimirse por la polémica del año pasado y que está provocando que se pase al lado contrario, igual de excesivo. Estamos ante la historia de Chiron contada en tres años, tres facetas de su vida en la que es un niño, un adolescente y un adulto. A través de ellas conoceremos el duro ambiente en el que este chaval negro de Miami ha tenido que crecer, rescatado de los problemas de drogadicción de su madre por una pareja que lo acogen como a un hijo, sufriendo bullying en el colegio y debiendo enfrentarse a su propia identidad sexual.
Barry Jenkins, director cuyo único trabajo anterior, Medicine for Melancholy, data de hace ocho años, dirige la película con un ritmo pausado, regodeándose en los silencios e invitando a que el espectador traspase la pantalla y se sienta partícipe de la película, contagiando la angustia y la claustrofobia de los barrios marginales de Miami y compartiendo la soledad de Chiron. 
Sin embargo, hay momentos en los que llega a abusar de esos recursos y su película, sobretodo en el último acto, entra en un peligroso bucle donde el lenguaje propio de Jenkins pierde fuerza y parece convertirse más en un mero ejercicio estilístico algo presuntuoso. Es evidente que la personalidad del director no se refleja con suficiente naturalidad y en demasiadas ocasiones la cosa queda muy forzada como para demostrarnos lo único y especial que es el tipo este. Además, la historia, que no es apropiada para cualquier tipo de espectador, falla a mi entender en su tramo final, cuando el protagonista deriva en aquello que más debía rechazar y toda la simpatía que se pueda sentir hacia él se desvanece en el acto. 
Supongo que eso es algo intencionado por parte de Jenkins, conocedor de que las calles de algunos barrios americanos son un círculo vicioso del que resulta difícil escapar, pero a mí, por lo menos, no me ha terminado de seducir.
El triple papel del protagonista está interpretado por Alex R. Hibbert, Ashton Sanders y Trevante Rhodes, y ninguno de los tres me parece que sobresalga especialmente. Afortunadamente, la calidad interpretativa recae en los secundarios, sobretodo el triángulo paternal que componen Mahershala Ali, Janelle Monáe (ambos compartían pantalla en Figuras ocultas) y Naomi Harris.
Moonlight es una película dura e incómoda, de esas cuyo abrupto final invita a que el espectador continúe pensando en ella tras el final del film. Sin embargo, es tan evidente y forzada esa pretensión de hacer reflexionar que en mi caso no llegó a funcionar, ya que peca de una artificiosidad que no va conmigo.
Casi hasta me atrevería a apostar que muchos de los críticos que la ponen por las nubes lo hacen por simple postureo, porque ante el convencionalismo clásico de La la land! Esta es la película independiente y antinatura a la que hay que alabar, independientemente de que la hayan llegado a ver o no.
Es una buena película, difícil y arriesgada, pero no es, ni de lejos, la obra maestra que nos quieren vender. O a lo mejor es que ya empiezo a cansarme de tanto “buenismo racial”.

Valoración: siete sobre diez.

MANUAL DE UN TACAÑO: disparatada pero sensiblera.

Manual de un tacaño es la última película del popular cómico francés Dany Boon que colabora por primera vez con Fred Cavayé, director más habituado a los thrillers pero al que no le tiembla el pulso en esta simpática pieza que tiene sus mejores armas en su arranque, donde puede dar rienda suelta a las exageradas excentricidades del protagonista capaz de lo impensable para ahorrar un simple céntimo.
El padre de François Gautier era un despilfarrador nato, así que supongo que no se le puede culpar a él de haberse ido al extremo opuesto y llevar el concepto del ahorro hasta las máximas consecuencias. Solo y sin amigos, Gautier no parece echar en falta la compañía humana, feliz como es tocando el violín alumbrado por las farolas de las calles y reduciendo su vida social al mínimo. Pero todo cambia cuando aparece ante su puerta una adolescente que dice ser su hija, coincidiendo con la llegada a la orquesta de una joven y atractiva violonchelista. Si dicen que sólo una mujer puede hacer cambiar al hombre, ¿qué no conseguirán dos juntas?
Manual de un tacaño es una comedia alocada al servicio de su actor que funciona correctamente, siendo divertida y hasta hilarante, pero que carga con el hándicap de que debe conducirse hacia un desenlace tan inevitable como previsible. Dejado de lado cualquier atisbo de sorpresa, el final reza ligeramente el sentimentalismo barato y hace que el film baje ligeramente de nivel, pero tampoco es motivo ello para cargarse una película que, bajo esa capa de locura irrisoria trata en realidad de la necesidad de relacionarnos con los demás, ya sea en modo paterno filiar o abriendo las puertas al amor.
Puede que el personaje nunca llegue a caer del todo bien, y que el evidente cambio de chip que antes de entrar al cine ya sabemos todos que va a tener que hacer no sea del todo creíble, pero es el peaje que hay que pagar por usar la comedia para un film de buenas intenciones y moralina final. Y en este caso, al menos, Cavayé lo hace recorriendo un camino bastante divertido y con algún gag concreto especialmente brillante.
Y, desde luego, con mucha más elegancia y coherencia que las recientes gamberradas americanas que van de chungas y acaban derivando en un blanqueo igual o superior.
Risas aseguradas y algún consejo para poder ahorrar en estos tiempos difíciles. Si es que el tipo se las sabe todas…

Valoración: Seis sobre diez.

martes, 21 de febrero de 2017

EL NACIMIENTO DE UNA NACIÓN: alegato contra la supremacía blanca

Mientras se produce la cuenta final para la ceremonia de los Oscars de Hollywood, siguen llegando con cuentagotas aquellas películas que se esperaba iban a ser importantes en esa noche mágica. El nacimiento de una nación era, a priori, una de ellas, pero ha quedado finalmente fuera de la terma y muy probablemente de manera injusta.
Nate Parker escribe, dirige y protagoniza una película inspirada en la historia real de Nat Turner, un esclavo negro que sabía leer y escribir y que, viendo sus dotes como predicador, su dueño decide cobrar por recorrer granjas de la zona para que predique (y de paso adoctrine) a otros esclavos. Pero ya se sabe lo que se dice: tanto va el cántaro a la fuente… Nat, que dentro de lo malo no tenía un amo especialmente cruel (de hecho, jugaban juntos siendo niños) descubre la realidad que asola a su raza cuando sale al mundo exterior y decide provocar una revuelta inédita hasta entonces para su gente.
No creo que sea casual el título elegido por Parker para su película. El nacimiento de una nación es un título de culto del cine mudo donde D. W. Griffith proponía que la consistencia de los Estados Unidos se forjó tras la Guerra Civil, empleando para ello unas técnicas cinematográficas ejemplares y revolucionarias y que sentaría las bases del cine moderno. 
Sin embargo, su película era un claro ejemplo del racismo más descarnado, alabando la supremacía blanca y convirtiendo en héroes a los miembros del Ku Klux Klan, que según él se limitaban a impartir justicia. Por eso, Parker parece querer dar la vuelta a la tortilla y aprovecharse de ese mismo título con ironía para reivindicar el extremo opuesto (el lógico y natural), donde los negros eran las víctimas y los blancos los malvados. Al hacerlo, sin embargo, se deja llevar demasiado por su propósito, errando al volcar demasiado la balanza. Aquí no hay espacio para los claroscuros ni piedad para los blancos. Salvo, quizá, el personaje interpretado por Penelope Ann Miller, todos los blancos son espantosamente malos, incluso aquellos que parecen destinados a no serlo, y eso desvirtúa un poco la narración. No es que sea defendible un esclavista como un ser positivo, desde luego, pero trasladándonos a la época y a la manera de pensar de la sociedad aquella, sería conveniente establecer con más determinación niveles de maldad, algo que sí sabe mostrar Steve McQueen en 12 años de esclavitud. No obstante, si hay alguna zona turbia entre los propios esclavos, llegando su venganza a confundirse entre la justicia y el fanatismo (por eso de usar el nombre de Dios en su misión), lo que creo se debe más a los excesos apasionados del propio Parker que a una intención crítica hacia su héroe.
Esta iba a ser una película pequeñita, una de esas producciones independientes que terminan por volverse obra de culto con el paso de los años, pero tras su arrollador éxito en Sundance, Fox Searchlight Pictures compró sus derechos de distribución con el precio más alto pagado hasta la fecha y convirtió la película en una superproducción destinada a tener una fuerte presencia en unos Oscars que, en contrapunto a los del año anterior, van a tener mucha presencia afroamericana. 
Es por eso que la película gana muchos enteros si se la valora como lo que debería haber sido, un film modesto, más ambicioso en su mensaje que en su producción, que cuenta una historia dura y desgarradora con un magnífico trabajo de Parker como director, pero quizá algo más justo en su faceta de intérprete.
El problema más grave de la película es que al final no cuenta nada que no conozcamos ya. Más interesado en poner el acento en la época que en el personaje, resulta inevitable ver en El nacimiento de una nación reflejos que recuerdan demasiado a la ya mencionada 12 años de esclavitud o incluso a otros títulos recientes como Los hombres libres de Jones. No es que la injusticia histórica contra la raza negra en la época de la Secesión (y heredada hasta la actualidad) no merezca ser contada una y mil veces, pero a veces el mensaje puede ser más potente si se buscan alternativas más originales. Como ejemplo de dos títulos más útiles para la causa se me ocurre el humor negro de Django desencadenado o, puestos a recordar que la discriminación ha perdurado en el tiempo, el optimismo de Figuras ocultas.
Con todo, El nacimiento de una nación es una gran película. Una película que, en buena lógica, habría presentado batalla contra La la land en la pugna por los grandes premios de la temporada y que ha quedado fuera de todo (incluso de hacer una taquilla respetable) por el turbio pasado de su director, acusado de violación durante su etapa universitaria. Esto invita al siguiente debate: ¿Debe juzgarse una obra por las acciones de su director? Nos encontramos, una vez más, ante un ejemplo sobre lo difícil que es dedicarse solo a valorar lo que hay que valorar, dejando de lado el ruido de fondo. Que se lo digan a Trueba…
Valoración: Siete sobre diez.  

lunes, 20 de febrero de 2017

CdS: SPECTRAL, fantasmas en zona de guerra.

Poco a poco Netflix se va forjando un buen listado de películas propias, algunas francamente interesantes, como al española Siete años, otras excesivamente mediocres, como Los ridículos seis.
Spectral era uno de sus platos fuertes en las pasadas Navidades, aunque no he encontrado tiempo hasta ahora para poder echarle un ojo. No es, sin embargo, una producción propia, ya que originariamente fue Legendary quien se hizo cargo de ella con la idea de ser estrenada en cines en formato 3D. finalmente, con Universal como distribuidora, algo les olió a chamusquina y se echaron atrás, y ahí es cuando pasó a ser propiedad de la cadena de stremming y a convertirse en un producto televisivo.
Dirigida por el desconocido Nic Mathieu, la película nos traslada a un futuro cercano en el que durante un conflicto bélico en Europa del Este los soldados americanos son aniquilados por una fuerza desconocida que solo puede ser vista a través de unas gafas propiedad de DARPA. Cuando el científico responsable de su diseño se traslada a la zona de guerra se encuentra con que la misteriosa amenaza se representa en formas humanoides espectrales.
Muchas son las cosas a las que puede recordar la película, desde Black Hawk derribado hasta La hora más oscura, pasando por cualquier referencia a cintas de corte sobrenatural y con una estética propia de los videojuegos. Pese a contener un trío de actores bastante competente (James Badge Dale. Emily Mortiner y Bruce Greenwood), los personajes apenas son arquetipos poco definidos sin más función que dar sentido a la acción, una acción bien narrada y con un aspecto visual bastante conseguido, aunque quizá se eche en falta algo más de diversión.
Y es que precisamente el problema de Spectral es que se toma demasiado en serio a sí misma, y siendo un film de corte bélico, y con la proximidad de la excelente Hasta el último hombre de Mel Gibson, las comparaciones terminan resultando odiosas. Además, su tramo final decae bastante al empeñarse en explicar demasiado el misterio y buscarle una lógica verosímil, cambiando el aspecto sobrenatural por el científico y torpeando un poco la acción.
Con todo, pese a sus evidentes limitaciones, la película resulta entretenida y simpática, y su incorporación al catálogo de Netflix la convierten en una buena propuesta para un domingo por la tarde, aunque sí es posible que en cines quedase demasiado limitada.

Valoración: Cinco sobre diez.