Hace
un par de años la compañía LEGO, Warner mediante, realizó una simpática
película basada en sus populares juguetes (que ya tenían diversas adaptaciones
en videojuegos y producciones de DVD) que tenía un punto de originalidad (pese
a que a mí no me llegó a seducir) y que encumbró a sus directores y guionistas
Phil Lord y Christopher Miller.

Batman
es el dueño absoluto de esta aventura, por más que la práctica totalidad de
superhéroes y villanos de DC se paseen por ahí, y el film tiene un interesante
arranque con un gran sentido del humor, ácido y corrosivo, con un ingenioso
metalenguaje capaz de unificar todas las encarnaciones anteriores del Caballero
Oscuro en una misma secuencia.

No
me enganchó para nada la trama de la amenaza a Gotham, la cansina insistencia
del Jocker en remarcar su necesidad de sentirse importante en la vida de Batman
me pareció agotadora y la película, como sucediera con la LEGO película, terminó por desesperarme y aburrirme.
Quizá
cometí el error de esperar demasiado de la película. Quizá olvidaba que es un
producto básicamente infantil. O quizá, simplemente, me parece una estupidez un
mundo formado por bloques de LEGO. Tras las alabanzas de la película de Lord y
Miller y la buena acogida que ha tenido esta, debo claudicar definitivamente de
este género y resignarme a que las películas de superhéroes de Warner se
limiten siempre, en cualquier género, en una sucesión interminable de
explosiones.
Puede
que muchos disfruten de esta película, pero desde luego no va conmigo.
Otra
vez será.
Valoración:
Tres sobre diez.
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