martes, 31 de enero de 2017

Reflexiones catódicas: LOS ZOMBIES INVADEN LA TELEVISIÓN (y algunos incluso molan de verdad)

Debo haceros una confesión: me gustan los zombies. Y ahora debo haceros otra: no sé por qué.
Hay miles de películas de zombies y la mayoría de ellas no valen un pimiento. Los zombies son ideales para producciones de vergüenza ajena para los que la Serie B les queda grande y tras esa incomprensible moda de hace unos años se han atrevido a ser también protagonistas de libros, videojuegos e incluso comics.
¿Qué es lo que ocurre? Pues simplemente que los zombies molan. Son lentos y torpes, de acuerdo. Y fáciles de matar. Pero abruman en número y la facilidad de ser contagiado y pasarte al otro lado es tan grande que eso los hace imparables. Y esto hace que den un juego enorme, tanto para el terror como para la comedia.
Los zombies han invadido todas las plataformas culturales posibles y, como no podía ser menos, han llegado también a la televisión.
No obstante, en la pequeña pantalla tienen un problema. Y es que el éxito de una serie como The Walking Dead ha sido tan abrumador que parece que no haya más muertos vivientes fuera de esa franquicia. O que sean una mera copia, al menos. Y eso, aparte de ser falso, me supone un problema: y es que cada día soporto menos The Walking Dead.
Creada con brillantez por Frank Darabont a partir de los comics de Robert Kirkman, la primera temporada de la serie fue sensacional y tuvo un éxito espectacular, pero tras la finalización de la misma y la patada (nunca del todo aclarada) a Darabont como showrunner (favor que te hicieron, amigo), la cosa fue en claro declive, por más que a la audiencia le haya costado darse cuenta.
En la segunda temporada el bajón de calidad fue tan brutal (recortes en el presupuesto, adujeron) que muchos se bajaron del carro, pero en la tercera se vendió la moto de que las aguas habían vuelto a su cauce y muchos se lo creyeron. Y las audiencias siguen siendo de record. Aunque, por suerte para los espectadores con un poco de sentido común, en esta última temporada la cosa ha vuelto a flojear y ya le empiezan a ver las orejas al lobo.
Y es que yo puedo entender que me vendan que The Walking Dead es una serie de personajes (¿no es eso lo que decían de Lost y la gente se la cargó por su final?) y que va más de la crueldad del hombre que de los zombies. Vale, lo compro. El problema radica en cuanto esos personajes no evolucionan, están mal construidos o son, simplemente, anodinos. Por no hablar de la mediocridad interpretativa, sobretodo en las más recientes adquisiciones. No sé cuántas temporadas llevamos ya viendo el viaje interior de Rick en una dirección y otra, cambiando de parecer aleatoriamente y pasando de ser un santurrón victimista a un tío chungo que no duda en cargarse a quien se le ponga por delante para defender a sus amigos. Y de ahí, otra vez a ser un llorica mojigato. 
Y para su último cambio le han puesto por delante a uno de los villanos de opereta más patosos que he visto nunca, ese Negan que da más risa que las pretensiones de ser actor del tal Jeffrey Dean Morgan (en Watchmen se encuentra su mejor trabajo hasta la fecha), que se presenta en el primer capítulo de esta séptima temporada como “el puto amo” cargándose a dos de los protagonistas (que para lo que importan: uno era insoportable y al otro ya lo habíamos visto morir y resucitar en el tramo final de la temporada anterior, con lo que no tiene mucho sentido volver a soltar ni una lagrimita por él) y desde entonces se dedica a poner pose de malote y perdonar la vida a todo el mundo. De opereta, ya digo.
Y mientras, ninguneando a algunos personajes de esos que antes molaban, como Daryl; presentando cosas aparentemente molonas, como el tipo que se cree un rey acompañado de un tigre, para pasarse un porrón de capítulos sin volverlo a ver; o colándote episodios enteros con secundarios de medio pelo insulsos y superfluos. Todos errores que cualquiera que haya hecho un curso de guionista por correspondencia habría sabido evitar. Y al final, en un mundo donde los zombies han aniquilado al noventa por ciento de la población, nadie es capaz de recordar la última vez que fueron causantes de la muerte de algún personaje. Vale que la serie no pretenda ir sobre ellos, pero si están ahí que hagan algo de vez en cuando, ¿no? O a lo mejor resulta que lo de llamarse The  Walking Dead (los muertos que caminan) era un chiste.
Por si no hubiera suficiente, en la ABC encima nos han colado un spin off volviéndonos a contar lo mismo pero con otros tipos menos interesantes aún. Por lo visto, esta Fear the Walking Dead no interesa demasiado, pero ya hay segunda temporada. ¿Apostamos algo a que cuando las audiencias sean suficientemente bajas entremezclarán a los personajes de ambas series y así obligará a los fans de una a ver la otra?
En fin, que como ya he dicho, los zombies molan, por más que en The Walking Dead prefieran hacer una serie de tipos estúpidos haciendo cosas estúpidas y peleándose por estupideces, así que he decidido iniciar esta nueva sección dedicada a la televisión hablándoos de los zombies que han pasado por la pequeña pantalla.
Por mucho que alguien pueda pensar, The Walking Dead no ha inventado nada, y ya se habían visto muertos vivientes catódicos con anterioridad. El ejemplo más ilustrativo es la miniserie británica Dead Set (muerte en directo), que planteaba de forma genial un apocalipsis zombie durante la emisión de Gran Hermano. Es cierto que a medida que avanzaba la trama se iba volviendo demasiado convencional, pero aun así merece la pena echarle un vistazo a sus cinco episodios de una temporada única con final cerrado.
No estuvo para nada cerrada Death Valley, una marcianada de la MTV que con el formato del falso documental mezclaba zombies, vampiros y hombres lobo en una misma localidad. Era desenfadada y divertida, pero se canceló tras la primera temporada dejando demasiados interrogantes.
Como ya se sabe, a los franceses les gustan las mismas cosas que al resto del mundo, pero ellos lo hacen todo más sobrio. En la tele se inventaron The Revenants, que aunque no fuesen zombies en el sentido más convencional de la palabra, planteaba la hipótesis de que los muertos volviesen a la vida y se presentasen en sus casas como si nada hubiese sucedido.
Los americanos, como suele suceder, copiaron el concepto en Resurrection, aunque le dieron una vuelta de tuerca para parecer más de ciencia ficción y evitar las comparaciones odiosas. Y si hablamos de volver a la vida en la británica In the flesh son zombies “curados” los que sufren la desconfianza de la sociedad, que los repudian como si de enfermos contagiosos se tratasen (sí, es una metáfora sobre el SIDA nada sutil).
Volviendo a los zombies más peligrosos (aunque estos tampoco son muy convencionales), en la serie Helix teníamos a unos cuantos encerrados en una laboratorio en pleno ártico, algo así como en La Cosa de John Carpenter pero con intrigas empresariales de por medio. La primera temporada estaba francamente bien, pero yo mismo la abandoné tras saber que la habían cancelado tras una segunda temporada sin un final cerrado.
Pero he dicho que los zombies molan, así que vamos a centrarnos en dos series donde ocurre precisamente eso, que los zombies molan mucho.
Por un lado tenemos Izombie, otra adaptación de un comic en el que la epidemia zombie es, afortunadamente, algo local. El tema es que mientras los zombies coman cerebros humanos pueden mantener el control de sus actos. Por eso, la protagonista, una brillante médico, solicita el traslado como forense a la morgue después de ser mordida e infectada. Además, con cada cerebro ingerido adquiere conocimientos en forma de visiones del difunto, lo que le va genial para formar equipo con un agente de policía y resolver casos de homicidio. Naturalmente, estamos ante una serie con tono desenfadado y ligero, con sus tramas románticas y un cierto aroma al Buffy de Joss Whedon, pero que tras arrancar casi como un simple procedimental va cogiendo velocidad y complicando las cosas hasta que el final de su segunda temporada ha sido realmente genial. Ya aviso que pese a sus bajas pretensiones, los tres últimos episodios de esta temporada valen más que casi todo The Walking Dead.
La otra serie molona es el reverso tenebroso y macarra de la adaptación de Kirkman. Z-Nation explica más o menos lo mismo que TWD pero con el detalle de que hay un tipo mordido por los zombies que ha sobrevivido sin transformarse y hay que llevarlo a Washington para tratar de hacer una cura con él (sí, yo también he jugado al Last of Us). El caso es que la serie sigue sin complejos los pasos de TWD pero a lo burro, y mientras en aquella se tiraban media temporada para llegar a un refugio donde los supervivientes eras caníbales aquí eso se lo ventilan en un solo episodio. ¿He comentado ya que es una serie original del canal Syfy? Imaginad lo que eso significa: tornados que hacen volar a los zombies, zombies radioactivos, un frankizombie… Una locura absoluta con unos maquillajes del tres al cuarto pero que gracias a ser autoconsciente de lo que es consigue ser un buen divertimento. Eso sí, dirigida a frikis que saben lo que les espera. Un dato: en la segunda temporada aparece el propio George R. Martin.
Quizá no sean zombies propiamente dicho, pero ya que estamos con productos intencionadamente casposos valer la pena mencionar a Ash vs Evil Dead, la serie que continua la saga de Sam Raimi, respetando el aroma ochentero y cutre de las películas. Aquí también hay muertos que vuelven a la vida, pero se trata más bien de posesiones demoníacas que de las criaturas redefinidas por Romero.
Cierro este repaso tan putrefacto mirando al futuro. Este mismo viernes llegará a Netflix Santa Clarita Diet, otra historia de zombies en clave de comedia familiar que cuenta con Drew Barrimore como estrella principal a la que seguro que, por lo menos, daré una oportunidad.
Y aunque no sea una serie propiamente dicha, vale la pena recordar el ya clásico capítulo de Masters of Horror que dirigió Joe Dante: Hommecoming. En él, un presidente republicano (¿alguien ha dicho Bush?) se presenta a la reelección sin preocuparle los muchos soldados americanos fallecidos a los que él mismo envió a Irán. Lo que no se esperaba es que los soldados salgan de sus tumbas y regresen a casa para vengarse de él, pero no devorándolo, como cabría esperar, sino ejerciendo su derecho al voto. Alucinante…
Me dejo en el tintero la “Otra” gran serie de esta generación, Juego de Tronos, de la que seguro hablaré en meses posteriores. El caso es que cuando empecé a verla no llegué a engancharme de inmediato, y lo que más me movía a verla, por más que mis amigos me dijeran que en el fondo era una serie de intrigas políticas, era la esperanza de que al final todo se resumiera en zombies luchando contra dragones. Ahora, a un suspiro de llegar al final de la serie, todo va encaminado en esa dirección. Así que, tras ver el episodio ocho de la quinta temporada, ¿podemos colar a Juego de Tronos también como una serie de zombies?
Bueno, como veréis, incluso en la pantalla pequeña, donde generalmente hay menos dinero y más recortes a la hora de decidir lo que se puede mostrar, los zombies también molan. Pese a que los de The Walking Dead no lo hagan.
¡Ah, no! Se me olvidaba. Es que The Walking Dead no es una serie de zombies. O eso dicen ellos…

sábado, 28 de enero de 2017

VIVIR DE NOCHE, magnífica en todos los sentidos.

Aunque estamos en una sociedad que, desde hace tiempo, y más con la irrupción de las redes sociales, acostumbra a seguir las modas y los caprichos de unos cuantos, últimamente este fenómeno se está acrecentando con casos tan ridículos como el de La la land, la película a la que todo el mundo alababa antes de haber visto y que tras su triunfo en taquilla y nominaciones ahora resulta que es tendencia decir que es una mierda y negarse rotundamente a verla.
Algo parecido sucede con Ben Affleck. Tras unos inicios arrolladores (Oscar como guionista incluido) se puso de moda el atizarle en todas sus interpretaciones (en algunas de las cuales lo cierto es que él mismo lo ponía bastante fácil) para luego encumbrarlo como director. Y ahora que ha recuperado las mieles del éxito interpretativo con su Batman (aún recuerdo los chistes y suicidios en masa cuando se anunció su fichaje) y la ilusión que despertó que se fuese a hacer cargo de dirigir la película en solitario del murciélago, ahora parece que es tendencia apalear el resto de sus trabajos como director. Es más, tras el Oscar que ganó su última película, la estupenda Argo, parece como si Vivir de noche ni siquiera hubiese interesado a nadie.
Pues permítanme decir, señoras y señores, que estamos ante una magnífica película. Puede que incluso una de las mejores (si no la mejor) de su director. Quizá es que el tema no apasione tanto como el entramado político de Argo o la corrupción de The Town, pero no me cabe la menor duda de que el manejo de la cámara y los brillantes diálogos que esconden Vivir de noche merecen encumbrar este título por encima del resto y situarlo como la mejor propuesta que hay en cartelera en estos momentos.
Vivir de noche es una historia sobre la América de la Gran Depresión, un relato de rivalidades mafiosas y de un hombre, un solitario, que se ve atrapado en ese juego sin pretenderlo y se traslada hasta Tampa, Florida, donde se hará cargo del negocio del ron en asociación con los cubanos. Sin embargo, pese a su gran violencia (con escenas de intensa crudeza) y sus muchas muertes, no es esta una historia de gansters, sino un relato de venganza, de pasión y traición y de segundas oportunidades. Joe Coughlin, el tipo al que da vida el propio Affleck, no es un mal tipo, simplemente alguien que no es capaz de huir de un pasado de violencia y al que la muerte rodea sin concesión, que debe hacer cosas sucias a su pesar para poder salir adelante y que ni siquiera se le permite refugiarse en el amor para tratar de evadirse de la realidad.
Puede que la historia avance un poco a trompicones, como si estuviese dividida en capítulos que Affleck no quiere entremezclar demasiados (no sé si por culpa de la novela de Dennis Lehane en la que se basa o por decisión propia), pero no es algo que moleste particularmente, ya que lo que se cuenta siempre resulta relevante y hace avanzar a la historia siempre en línea recta.
En el diseño de producción el nivel es impecable, con una recreación ambiental de sobresaliente que recrean esa América cruel y racial con elegancia y todo lujo de detalle, volviendo a lucirse Affleck con su manejo de la cámara y componiendo secuencias fabulosas, planos perfectos y encuadres magistrales, todo ello con un ritmo que sabe alternan momentos de diversión cruel con grandes dosis de drama y que tiene en los diálogos escritos por el propio director otro punto de admiración.
Finalmente, en el lujoso reparto, puede que sea Affleck el más encorsetado, lo cual tampoco logra estropear la película. A su alrededor, un elenco magnífico de actores como Chris Cooper, Brendan Gleeson,  Zoe Saldana, Elle Fanning o Sienna Miller que terminan de dar lustro al film.
En resumen, una pequeña obra maestra que me ha hecho disfrutar desde el primer minuto hasta el final y me invitan a incluir definitivamente a Affleck en mi lista de los mejores directores actuales, al lado de nombres ilustres como Gibson, Fisher, Scott, Spielberg y compañía.

Valoración: Nueve sobre diez.

MÚLTIPLE, terrible identidad oculta.

El titular fácil para esta película es reconocer que M. Night Shyamalan ha vuelto. Esto no es del todo cierto, pues el director de origen indio, tras los estrepitosos y merecidos fracasos de Airbander, el último guerrero y After Earth ya había dado síntomas de su recuperación con la muy interesante La Visita y ahora, habiendo aprendido de sus errores, no ha tenido más que repetir la fórmula. Es decir: menor presupuesto, mayor libertad.
Haciendo equipo de nuevo con Jason Blum y su compañía Blumhouse, Shyamalan ha contado con el apoyo y la confianza para poder plasmar sus ideas en la pantalla sin imposiciones llegadas desde arriba o de la estrellita de turno y con ello recupera el aroma de sus películas originales, esa trilogía magnífica e impecable que supone El sexto sentido, El protegido y Señales, y aunque Múltiple quizá no llegue a estar aún a la altura de esas al menos se puede confirmar que el rumbo es el correcto.
Y es que es muy difícil superar el guion de aquellas tres pequeñas obras maestras, por lo que es el libreto de Múltiple quizá lo más endeble, por lo retorcido y tramposo que pueda llegar a ser por momentos, aunque en ningún momento sirva como lastre para la historia. Incluso aquello que más pueda molestar (los flashbacks) terminan siendo definitivos para comprender el desenlace y la personalidad de los protagonistas.
Múltiple cuenta como un enfermo de personalidad múltiple (hasta veintitrés identidades conviven dentro de la mente del protagonista) secuestra a tres jóvenes a causa de la aparición de una nueva personalidad, la número veinticuatro, posiblemente la más dominante y poderosa de todas. James McAvoy, reconocible por ser el profesor Xavier de los X-men pero que ya ha dado sobradas muestras de su talento en títulos tan dispares como Trance o Filth, el sucio, es quien más se juega en esta empresa, consciente de que todo el peso de la narración va a recaer sobre su interpretación. De cómo diese vida a esas múltiples personalidades (de las que en realidad vemos apenas a ocho o nueve) iba a depender que la película fuese aterradora o cayese en el ridículo, y el actor escoses supera el desafío con nota alta. Sus miradas, sus gestos, su expresión corporal… todo vale para lograr diferenciar a cada uno de los personajes que se esconden en su interior y lograr provocar desconcierto, ternura o angustia según el momento. Y eso que no he tenido oportunidad de verla en versión original, con lo que me he perdido una de sus mejores herramientas para ello.
Sin embargo, sería injusto olvidarse de Anya Taylor-Joy. Esta joven de veinte años fue el gran descubrimiento de La Bruja, una de las mejores películas de terror del año pasado, y aunque en Morgan no lograse desarrollar todo su potencial por las limitaciones que su personaje le requerían, aquí vuelve a estar de sobresaliente, siendo el contrapunto ideal para McAvoy y logrando que la química entre ambos se prolongue durante todo el film.
Shyamalan regresa a los juegos mentales que tanto le gustan y tomando alguna idea de Identidad, aquella entretenida película del 2003 con John Cusack y Ray Liotta entre otros, y muchas (como siempre) del cine de Hitchcock, la película navega entre la precipitación de los acontecimientos provocada por el enfermo y los propios secretos que guarda el personaje de Taylor-Joy, complementando a dos animales heridos que se necesitan uno del otro para sacar a relucir sus verdaderos rostros. No estamos, sin embargo, ante una película excesivamente tramposa, donde Shyamalan se saque de la chistera un truco final que lo gire todo, sino que la coherencia argumental es más lineal que en sus trabajos anteriores y ello le permite centrarse en otros aspectos de lucimiento como las composiciones fílmicas y la creación de una angustia latente y malsana.
Shyamalan es un gran director y aquí, libre de las ataduras del found fotage de La Visita, puede demostrarlo en su máximo esplendor, recordándonos que es mucho más que un buen guionista y sacando todo el partido posible a esos primeros planos tan expresivos e inquietantes de los dos protagonistas.
Da la sensación, tras los mencionados tropiezos, que el realizador indio vuelve a divertirse tras las cámaras, haciendo el cine que le gusta e interesa y contagiando su entusiasmo al espectador, y eso es capaz de llevarlo hasta las últimas consecuencias, permitiéndose un chiste final, casi a modo de escena postcréditos, que podría parecer un homenaje a las películas Marvel, pero que en realidad es un homenaje onanista a sí mismo, una especie de reivindicación de su regreso y, quien sabe, un guiño al futuro.

Valoración: Siete sobre diez.

COLONIA, desconocido episodio de la crueldad humana.

Dirigida por el alemán Florian Gallenberger, Colonia es una de esas películas que está recibiendo palos allá por donde pasa, acusándola sobre todo de trivializar un episodio real convirtiéndolo en un pasatiempo al estilo Hollywood (la película es alemana, aunque con reparto internacional).
Me permito discrepar sobre ello. Bien es cierto que Colonia no es una magnífica película y que hay muchas deficiencias en su puesta en escena, pero creo que la película consigue ser un tributo y una denuncia a la vez sobre lo que pasó durante el régimen chileno de Pinochet y solo por sacar a la luz una historia no demasiado conocida ya debe otorgarse su mérito.
Lo que sucede es que Gallenberger ha hecho justo lo contrario que sus colegas Garth Davis y Jeff Nichols en Lion y Loving respectivamente, es decir, en lugar de plasmar una historia real se inspira en ella para contar una invención sin faltar por ello a la verdad.
Veamos: Colonia cuenta la historia ficticia de Lena, una azafata enamorada de un fotógrafo alemán al que conoce en Chile y que es detenido el mismo día del golpe de estado de Pinochet por ser simpatizante de Allende. Cuando Lena averigua que su amado Daniel ha sido llevado a una especie de campamento religioso sectario llamado Colonia Dignidad decide entrar voluntariamente para tratar de liberarlo.
La historia nos habla, no obstante, de que esa Colonia Dignidad existió realmente, dirigida con mano de hierro por Paul Schäfer. Inspirada en los campos de trabajo nazis, la fachada cara a la galería era la de un grupo de hombre y mujeres felices que cantaban y cocinaban bajo la palabra de Dios, ignorando el público las torturas que se cometían en su interior y que la película refleja con precisión.
Acepto de buen grado, pues, que la historia de Daniel y Lena no sea fidedigna, aunque pueda asemejarse mucho a la de Wolfgang Muller, Heinz Kuhn u otros presos que también trataron de escapar y denunciar lo que en realidad era Colonia Dignidad.
Protagonizada con esmero por Emma Watson y Daniel Brühl, y con un Michael Nyqvist quizá algo sobreactuado en su papel de Schäfer, la película peca de caer por momentos en el convencionalismo de un thriller carcelario del montón, cuando los planes de fuga destacan más que los horrores de la realidad, pero eso favorece, al menos, a que la película resulte emocionante y emotiva, por más que su credibilidad se desvanezca en los momentos en que la acción se desarrolla fuera de la colonia.
Esta vez, por lo desconocido que puede ser el oscuro mandato de Pinochet para muchos, si es cierto esa máxima a la que me refería en otra entrada de que “esta es una historia que necesita ser contada”, y no creo que adornarla con dosis de acción y romance deban perjudicar la denuncia que, por cierto, han aplaudido y alabado los supervivientes de la misma.

Valoración: Seis sobre diez.

LOVING: denuncia social demasiado complaciente.

Aunque al final haya quedado en casi nada y se haya tenido que conformar con una sola nominación (para Ruth Negga), Lovinges una de esas películas que se apunta a la estela de los Oscars y que apuntaba alto de cara a conseguir premios o, al menos nominaciones.
No me gusta caer constantemente en las comparativas, pero lo cierto es que el caso de Loving se me antoja bastante similar al de Lion (en este caso han sido seis nominaciones, aunque poco rascará). Y no porque sus argumentos se parezcan ni traten siquiera de la misma temática, pero ambas son historias dramáticas basadas en historias reales sobre hechos puntuales sorprendentes pero carecen de un guion suficientemente potente como para elevarlas a los altares, dejándolo casi todo en manos de sus intérpretes.
Quizá el problema sea el inspirarse en historias reales y querer ser fieles a ellas. No negaré que la historia de un niño que se pierde en la india y tras ser adoptado, muchos años después, regresa a su hogar gracias a sus escasos recuerdos del mismo, o la de una pareja interracial condenada por una sociedad arcaica y desfasada que logran que su amor supere todos los obstáculos hasta lograr promover un cambio en las leyes no sean poderosas y de gran interés, pero quizá no lo suficiente como para ser traspasadas a la gran pantalla sin más armas que su sorprendente verosimilitud.
Un ejemplo claro de lo que digo es la imposibilidad de hacer un spoiler de esta película. Loving cuenta como un hombre blanco y una mujer negra se enamoran y se casan residiendo en un estado donde el matrimonio interracial es ilegal, por lo que deben abandonar el condado para no ir a la cárcel. Y ya se sabe, porque así se ha promocionado la película, que su historia fue la que sirvió para cambiar la constitución y evitar esa injusticia tan atroz como absurda, de maneras que ya tenemos el principio y el final de la historia. Por en medio, el camino entre A y B, un camino más o menos lineal y simple en el que no abundan las sorpresas y se roza demasiado a menudo con la simple cotidianeidad de sus vidas sencillas y placenteras.
Menos mal que Jeff Nichols es un buen director y sabe dotar a la película de buenos y elegantes planos, además de confiar en las soberbias interpretaciones de Joel Edgerton y Ruth Negga, ya que eso es más que nada lo que sostiene a la película y la hacen interesante.
Estamos ante uno de esos casos en los que se suele utilizar la recurrente frase de: “es una historia que merecía ser contada”, y puede que sea cierto, pero en ocasiones una buena historia no es suficiente como para rellenar una película completa. O la historia realmente no da más de sí o el guionista no ha sabido acertar con los claroscuros necesarios para unos personajes demasiado planos y que no dan apenas juego para trabajar con ellos.
Así pues, interesante y efectiva, pero poco más. Y esto es poco decir para una película que aspiraba a colarse entre los grandes premios.

Valoración: Seis sobre diez.

TONI ERDMANN: dos horas y media de vacío interminable.

Con Julieta y Elle (por nombrar dos ejemplos de películas con directores de prestigio) fuera de la carrera antes de tiempo, la alemana Toni Erdmann se postula como la gran favorita al Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Esta sencilla historia sobre la relación entre un padre solitario y bromista y su exitosa hija parece haber calado en los corazones de los académicos y de, visto lo visto, media Europa, que la califican como una de las mejores películas del año producida en el viejo continente.
Buff… Permítanme que discrepe…
No voy a negar que Toni Erdmann tiene algún que otro acierto, incluso momentos de absurda brillantez, pero estos son los menos y encima están mal aprovechados (sirva como ejemplo la fiesta nudista que la joven organiza en su casa para formar equipo entre los miembros de su empresa), y el resto es una larga sucesión de escenas mal hilvanadas que se apelotonan a lo largo de unos interminables 162 minutos sin que en ningún omento parezca justificado el desproporcionado metraje.
Entiendo el propósito de la directora y guionista Maren Ade, que pretende trivializar el estrés de los altos cargos ejecutivos, recordando que la familia debería priorizar siempre, y buscando la creación de una figura paterna que por más que pueda parecer irresponsable y superficial es el verdadero apoyo cuando es necesario. Lo entiendo, de veras. Otra cosa es que ese mensaje me halla calado como debería.
Hay películas en las que, por bien o mal contada que esté su historia, requieren de un esfuerzo por parte del espectador, que necesitan que este entre en ella y se sienta partícipe de la misma. Y lo cierto es que yo en ningún momento entre en Toni Erdmann. Quizá porque el ritmo se me antojó anodino, quizá porque el personaje del padre me parece el de un imbécil redomado y quizá porque ni siquiera logré empatizar con la joven, por más que terminara resultando ser el personaje más frágil de la película. Algo parecido me pasó, ya que hablamos de cine europeo, con la también insulsa El abuelo que saltó por la ventana y se largó, con la que podría compartir algún rasgo de personalidad. 
No encontré la gracia a los momentos cómicos del film ni me emocioné con los sentimentales, bostecé más veces de las convenientes (y puedo asegurar que lo mismo pasaba a mi alrededor) y desesperé con el final abrupto después de dos horas y media de tostón.
Puede que Ade peque de petulante y pretenda ser demasiado trascendental en su mensaje paterno filial, que se equivoque en sus elecciones o, simplemente, que su película no vaya dirigida a alguien como yo. Sea como sea, me veo incapacitado para conceder un simple aprobado a su propuesta y, aún sin haber visto el resto de nominadas, espero de corazón que no sea finalmente la ganadora del Oscar.

Lo consideraría un insulto hacia Almodóvar o Verhoeven.
Valoración: Cuatro sobre diez.

viernes, 27 de enero de 2017

NOMINACIONES A LOS OSCARS Y RAZZIES 2017

Como cada año por estas fechas, llega el momento en que las miradas del mundo del cine recaen en los premios Oscar de Hollywood. Hace ya unos días que se han sabido las nominaciones, pero he dudado entre escribir inmediatamente una entrada con un simple listado con las categorías o esperar a poder ver el máximo de películas seleccionadas para poder reflexionar un poco sobre todo ello. Lamentablemente, como es habitual en este país, alguna de las nominadas no llegará a las salas hasta dentro e un par o tres de semanas, así que mejor vamos avanzando y ya volveremos sobre el tema el fin de semana de la entrega.
Para empezar, hay que destacar lo que ya era bien sabido: La la land parte como máxima favorita consiguiendo catorce nominaciones e igualando el record que hasta ahora tenía Titanic de James Cameron. Sigo diciendo que es una gran película, pero no la mejor, y por eso me congratulo de las seis categorías en las que compite Hasta el último hombre.
Sorprende también la destacada presencia de La llegada (en este caso siete, aunque muchos echan en falta a Amy Adams), no porque no lo merezca sino porque parecía que estaba siendo un poco olvidada en otras entregas de premios.
Aplaudo también la presencia de Comanchería, una estupenda película que en España ha tenido una distribución bastante pobre y no ha triunfado como merecía.
Creo, a bote pronto y a falta de que lleguen a la cartelera otros títulos como Manchester frente al mar o Moonlight, que La la land lo va a tener bastante fácil para arrasar, aunque la única duda que me queda es que creo que su guion es lo más flojo del film y se suele decir que es complicado ganar el premio a mejor película sin ganar el de mejor guion (aunque Titanic, sin ir más lejos, lo hizo). Lo cierto es que entre las rivales no es que haya una competencia demasiado agresiva, ya que ni Lion ni Figuras Ocultas (pese a que esta segunda me entusiasmó) merecen disputarle el triunfo, y no parece que Fences (la última que falta por nombrar) vaya a dar la campanada.
Como siempre que salen las nominaciones, uno se acuerda más de los que faltas que de los que están, y sorprende el olvido que han sufrido títulos como Silencio, The Neon Demon, La Doncella, Un monstruo viene a vermeSing Street, Jackie o Sully. También encuentro a faltar más materia comiquera: nada de Capitán América: Civil War, de Batman V. Superman ni de Deadpool (a la que muchos auguraban su presencia en el apartado de guion adaptado). Sí están Doctor Stranger y Escuadrón Suicida.
Pero la gran olvidada (injustamente, añado)en la categoríoa de película de habla no inglesa, es Elle. El drama de Paul Verhoeven debe ser demasiado incómodo para los gustos de los académicos, pese a llevarse dos Globos de Oro y ser mucho mejor película que la favorita: Toni Erdmann. Incluso Julieta merecía estar muy por encima de la película alemana.
Esta es la lista completa:
Mejor película:
La llegada (Arrival)
Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge)
Fences
Comanchería (Hell or High Water)
Figuras ocultas
La La Land
Lion
Manchester frente al mar
Moonlight

Mejor dirección:
Denis Villeneuve - La llegada (Arrival)
Mel Gibson - Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge)
Damien Chazelle - La La Land
Kenneth Lonergan - Manchester frente al mar
Barry Jenkins - Moonlight
Mejor guión original:
Taylor Sheridan - Comanchería (Hell or High Water)
Damien Chazelle - La La Land
Yorgos Lanthimos - Langosta
Kenneth Lonergan - Manchester frente al mar
Mike Mills - 20th Century Women
Mejor guión adaptado:
Eric Heisserer - La llegada (Arrival)
August Wilson - Fences
Allison Schroeder y Theodore Melfi - Figuras ocultas
Luke Davis - Lion
Barry Jenkins - Moonlight
Mejor actor protagonista:
Casey Affleck - Manchester frente al mar
Andrew Garfield - Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge)
Ryan Gosling - La La Land
Viggo Mortensen - Captain Fantastic
Denzel Washington - Fences
Mejor actriz protagonista:
Isabelle Huppert - Elle
Ruth Negga - Loving
Natalie Portman - Jackie
Emma Stone - La La Land
Meryl Streep - Florence Foster Jenkins
Mejor actriz de reparto:
Viola Davis - Fences
Naomie Harris - Moonlight
Nicole Kidman - Lion
Octavia Spencer - Figuras ocultas
Michelle Williams - Manchester frente al mar
Mejor actor de reparto:
Mahershala Ali - Moonlight
Jeff Bridges - Comanchería (Hell or High Water)
Lucas Hedges - Manchester frente al mar
Dev Patel - Lion
Michael Shannon - Animales nocturnos
Mejor película de habla no inglesa:
Land of Mine (Dinamarca)
A Man Called Ove (Suecia)
The Salesman (Irán)
Tanna (Australia)
Toni Erdmann (Alemania)
Mejor película animada:
La vida de Calabacín
La tortuga roja
Mejor fotografía:
La llegada (Arrival)
La La Land
Lion
Moonlight
Silencio
Mejor banda sonora:
Jackie
La La Land
Lion
Moonlight
Mejor canción:
Audition (The Fools Who Dream) - La La Land
Can't Stop the Feeling - Trolls
City of Stars - La La Land
The Empty Chair - Jim: The James Foley Story
How Far I'll Go - Vaiana (Moana)
Mejor montaje de sonido:
La llegada (Arrival)
Marea negra (Deepwater Horizon)
Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge)
La La Land
Sully
Mejor mezcla de sonido:
La llegada (Arrival)
Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge)
La La Land
Mejor montaje:
La llegada (Arrival)
Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge)
Comanchería (Hell or High Water)
La La Land
Moonlight
Mejor documental:
Fire at Sea
I Am Not Your Negro
Life, Animated
O.J.: Made in America
13th
Mejor cortometraje documental:
Extremis
4.1 Miles
Joe's Violin
Watani: My Homeland
The White Helmets
Mejor cortometraje de ficción, acción real:
Ennemis Intérieurs
La Femme et le TGV
Silent Nights
Sing
Timecode
Mejor cortometraje animado:
Blind Vaysha
Borrowed Time
Pear Cider and Cigarettes
Pearl
Piper
Mejor vestuario:
Florence Foster Jenkins
Jackie
La La Land
Mejor diseño de producción:
La llegada (Arrival)
Animales fantásticos y dónde encontrarlos
La La Land
Passengers
Mejor maquillaje y peluquería:
A Man Called Ove
Escuadrón Suicida
Mejores efectos visuales:
Marea negra (Deepwater Horizon)
Doctor Strange
Kubo y las dos cuerdas mágicas
Rogue One: Una historia de Star Wars

Y justo el día antes, como es tradición, se presentaron también las nominaciones de los premios Razzie, esos que se suponen que eligen a lo peor del año pero que en realidad resulta un ligero honor ser nominado. No hay duda de que hay muchas películas infinitamente peores que las seleccionadas pero que, sencillamente, no interesaron a nadie.
Batman V. Superman y Zoolander 2 son las favoritas, aunque cabe destacar a nombres ilustres como Jared Leto, Robert DeNiro, Ben Affleck… Lo más ingenioso, las justificaciones en la categoría de “peor combinación en pantalla”. Aquí tenéis el listado completo:



Peor película:
Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia (Batman v Superman: Dawn of Justice)
Dirty Grandpa
Dioses de Egipto (Gods of Egypt)
Hillary’s America: The Secret History of the Democratic Party
Independence Day: Contraataque (Independence Day: Resurgence')
Zoolander 2
Peor remake, parodia o secuela:
Alicia a través del espejo (Alice Through the Looking Glass)
Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia
50 sombras muy oscuras (Fifty Shades of Black)
Independence Day: Contraataque
NinjaTurtles: Fuera de las sombras (Teenage Mutant Ninja Turtles: Out of the Shadows)
Zoolander 2
Peor director:
Dinesh D’Souza y Bruce Schooley - Hillary’s America: The Secret History of the Democratic Party
Roland Emmerich - Independence Day: Contraataque
Tyler Perry - Boo! A Madea Halloween
Alex Proyas - Dioses de Egipto
Zack Snyder - Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia
Ben Stiller - Zoolander 2
Peor guion:
Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia
Dirty Grandpa
Dioses de Egipto
Hillary’s America: The Secret History of the Democratic Party
Independence Day: Contraataque
Escuadrón Suicida (Suicide Squad)
Peor actor:
Ben Affleck - Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia
Gerard Butler - Dioses de Egipto y Objetivo: Londres (London Has Fallen)
Henry Cavill - Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia
Dinesh D’Souza - Hillary’s America: The Secret History of the Democratic Party
Robert De Niro - Dirty Grandpa
Ben Stiller - Zoolander 2
Peor actriz:
Megan Fox por Ninja Turtles: Fuera de las sombras
Tyler Perry - Boo! A Madea Halloween
Becky Turner - Hillary’s America: The Secret History of the Democratic Party
Naomi Watts - La serie Divergente: Leal (The Divergent Series: Allegiant) y Shut In
Shailene Woodley - La serie Divergente: Leal
Peor actor de reparto:
Nicolas Cage - Snowden
Johnny Depp - Alicia a través del espejo
Jesse Eisenberg - Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia
Will Ferrell - Zoolander 2
Jared Leto - Escuadrón Suicida
Owen Wilson - Zoolander 2
Peor actriz de reparto:
Julianne Hough - Dirty Grandpa
Kate Hudson - Feliz día de la madre (Mother’s Day)
Aubrey Plaza - Dirty Grandpa
Jane Seymour - 50 sombras muy oscuras
Sela Ward – Independence Day: Contraataque
Kristen Wiig – Zoolander 2
Peor combinación en pantalla:
Ben Affleck y su malísimo enemigo para siempre Henry Cavill - Batman v Superman
Cualquier par de dioses o mortales egipcios - Dioses de Egipto
Johnny Depp y su "disfraz vomitivamente vibrante" - Alicia a través del espejo
El elenco completo de actores que una vez fueron respetados - Belleza oculta
Tyler Perry y "Esas mismas viejas pelucas gastadas" - BOO! A Medea Halloween
Ben Stiller y su amigo raramente divertido Owen Wilson - Zoolander 2

En unas semanas sabremos los vencedores. Hasta entonces… Id preparando vuestras quinielas.

domingo, 22 de enero de 2017

LION. La búsqueda de un pasado perdido.

Poco a poco, con el dichoso retraso al que nos tienen acostumbrados las distribuidoras españolas, van llegando las películas importantes del 2016, aquellas con presencia en los Globos de Oro y que suenan de cara a la carrera por los Oscars, aunque si alguna le va a toser a La la land no será esta precisamente.
Lion cuenta la historia de Saroo Brierley, un niño de ocho años que se pierde en su India natal y vaga sin rumbo hasta ser internado y posteriormente adoptado por una familia acomodada de Australia. Allí, una vez adulto, se obsesiona con su pasado y se embarca en la búsqueda imposible de su familia biológica.
Dirigida por el debutante Garth Davis, Lion está basada en la vida real de Saroo tal y como la recoge en su biografía A long way home. El hecho de que estemos ante una historia real es lo que marca el devenir de la película, siendo su principal acicate y lastre a la vez.
Me explico: hay momentos del film que, de haber partido de una ficción, podrían resultar poco creíbles, y solo saber que lo ocurrido es (más o menos) fiel a la realidad es lo que permite identificarse con el protagonista y sufrir por su angustia ante la pérdida de su identidad y la necesidad de volver a ver a su madre y poder decirle que sigue vivo. Por otro lado, sin embargo, la historia me resulta demasiado simple, demasiado lineal como para ser el ejercicio dramático que pretende. Sí, la historia es dura, pero tampoco tanto. De hecho, es más terrible la lucha interna del protagonista, el enfrentamiento a sus propios fantasmas y el sentimiento de culpa (ese remordimiento del superviviente del que hablaba al comentar la película Los del túnel) por haber llevado una buena vida mientras su madre había quedado condenada al sufrimiento de no saber qué había sido de su hijo, que lo que le sucede al niño en una India inhóspita y atroz pero no tan sórdida como cabría esperar.
Así, Davis apuesta más por hacer hincapié en esa búsqueda (física y existencial) del Saroo adulto que del drama del niño, lo cual se contradice con el tiempo de metraje que se le dedica, casi media película de lo que argumentalmente termina siendo más un prólogo que otra cosa.
Es de agradecer la presencia de grandes intérpretes que den un poco de alma al film, desde el Dev Patel protagonista hasta los secundarios Nicole Kidman (nominada al Globo de Oro por este papel), David Wenham o Rooney Mara, dando lustro a un casting predominantemente indio (y poco conocido para los espectadores occidentales).
Algo falla, sin embargo, a la hora de transmitir esas emociones, ese dolor de Saroo que dificultan su empatía con el espectador. Lo mencionaba cuando hice el comentario sobre Figuras ocultas: en aquella, sin apenas saber más que unas pinceladas sobre sus protagonistas, éramos capaces de identificarnos con ellas y emocionarnos con sus logros. Aquí, aun habiendo vivido las andanzas de niño perdido y conociendo a su madre y hermanos, el momento del desenlace no resulta tan emotivo y lacrimógeno como se le supone, puede que porque al final toda la historia es demasiado previsible o por la dificultad que pueda tener una persona educada por sus padres biológicos para entender el dolor y el drama del adoptado.
Quizá, si en lugar de insistir tanto en el concepto de la búsqueda en sí o dedicar tanto tiempo a la infancia de Saroo, Davis se hubiese centrado más en las relaciones paternofiliares la cosa habría resultado más interesante. Esta todo demasiado centrado en la figura del personaje de Patel, un personaje que sin un análisis exhaustivo alguien podría confundir (como él mismo se define en algún momento) como ingrato hacia su familia adoptiva. Y quizá en esa relación, en los sentimientos de sus padres adoptivos, en los conflictos del segundo hijo adoptado, es donde se encontraba el verdadero interés de un film que tiene lo justo como para no convertirse en un telefilm de sobremesa pero que no alcanza las virtudes que se le suponían de antemano.
Eso sí, Davis, cuyo mínimo currículo es televisivo, consigue un cierto lucimiento en algunos planos aéreos ciertamente hermosos, pero su pulso narrativo no es suficientemente firme como para que el drama demasiado edulcorado de Saroo nos apasione lo suficiente.

Valoración: Seis sobre diez.

LOS DEL TÚNEL, el día después del día de mañana....

Pepón Montero escribe (junto a Juan Maidagán) y dirige esta película cuya gracia está en empezar justo donde las demás terminan. Tras un derrumbe, una serie de personajes quedan atrapados en el interior de un túnel y, como en Pánico en el túnel, seguir las instrucciones del Stallone de turno para sobrevivir a la catástrofe hasta poder ser rescatados. Y es precisamente con el consabido rescate que se inicia la película, planteando qué es lo que ocurre después con los supervivientes.
Tampoco es que sea algo completamente novedoso, ya lo hizo Peter Weir en la excelente Sin miedo a la vida), pero aquí, a la hora de profundizar en los traumas que el sentimiento de culpa ante la propia supervivencia y el vínculo que se establece entre los rescatados de forma intimista y traumática se apuesta más por un tono de comedia desenfadado donde Arturo Valls es la gran estrella de la función.
Si tenemos en cuenta que Montero y Maidagán se formaron en la serie Cámara Café, no es de extrañar la participación de Valls en Los del túnel, ejerciendo además de productor. Fue aquí donde se dio a conocer, y aunque lo tengamos más presente en su faceta como presentador de concursos nunca ha abandonado su carreta de actor, aunque no fue hasta la insultante Rey Gitano que dio el paso de hacerse con un papel de cierta relevancia.
En Los del túnel es, por fin, el gran protagonista en una historia que, por otro lado, pretende tener cierto aire coral. Es por eso que de las simpatías o fobias que el actor provoque en el espectador la película vayan a funcionar mejor o peor, no dejando apenas espacio para lucir a otros nombres ilustres de la escena como Natalia de Molina, Neus Asensi, Teresa Gimpera y muchos más, siendo Raúl Cimas el único que, por su personaje, aspira a robarle algo de protagonismo (real y figurado) a Valls.
Lo malo de la película es que pretende navegar entre dos aguas, alternando la comedia costumbrista con el drama intimista de manera algo irregular. Valls interpreta un poco al tipo de siempre, macarra y graciosete pero insensible ante los problemas de los demás, pero pretende aportar un toque de profundidad que al final de la historia se revela como un supuesto viaje interior (suyo y de sus propios compañeros) que le revela la verdad de la vida paralelamente a mostrarnos la verdad de la película previa que solo conocíamos por su final.
Un ejercicio metafórico loable pero no totalmente satisfactorio. La película no llega a emocionar ni a transmitir esa trascendencia que existía en el film de Weller pero, lastrado por el intento, tampoco es una comedia disparatada y tronchante.
A medio camino de todo es, al menos, un film simpático y entretenido, una apuesta algo diferente y que funciona bastante bien por momentos, aunque en su conjunto cojee ligeramente, sobre lo que ocurre “después de”.

Valoración: Seis sobre diez.