viernes, 29 de noviembre de 2013

DON JON * (2d10)

Permítanme empezar con un chiste fácil. Si un joven escribe, dirige e interpreta su propia película, ¿no deberíamos estar hablando del primer caso de onanismo cinematográfico?  Y es que por mucho que en los trailers y reportajes se habla del mundo del porno como telón de fondo de esta (en esencia) comedia romántica, lo cierto es que es de onanismo de lo que se está hablando. Y ver durante hora y media a Joseph Gordon-Levitt disfrutando de sí mismo pues, ¿qué quieren que les diga?, no es mi forma preferida de pasar el tiempo.
Con una supongo que merecida aureola de artista que el pupilo del último Batman se ha creado a su alrededor, Don Jon es la historia de un triunfador en la vida que esconde un secreto: disfruta mucho más de la masturbación (porno mediante) que del sexo real. Y eso pese a que sus conquistas habituales son del tipo Scarlett Johansson, que no es que el chaval se conforme con poco. Pero cuando entra en su vida el personaje que interpreta Julianne Moore (en las antípodas, física e ideológicamente de la Johansson), cualquiera que sepa de qué va esto de las comedías románticas podrá averiguar el final.
Y es que, después de todo, de lo que quiere hablar, aparentemente,  Gordon-Levitt es de la importancia del amor para disfrutar del sexo, en contraposición con el egoísmo individual (conceptos que si el protagonista escuchara música de autor como Ricardo Arjona o Pablo Milanés sin duda habría aprendido antes, ahorrando por consiguiente una fortuna en kleenex).
No me malinterpreten. No voy a cargarme esta película por el camino elegido para llegar a un mensaje demasiado trillado en el cine, que ya somos mayorcitos como para escandalizarnos por utilizar ciertos temas antaño tabús y que ofrecen un toque de originalidad con respecto a comedias románticas más convencionales. El problema es, simplemente, que la película es aburrida. El trio protagonista cumple muy bien con las expectativas, pero Gordon-Levitt no está suficientemente maduro como director ni guionista para evitar caer en la repetición de situaciones, ralentizando el desenlace que se adivina ya desde el ecuador de la película y haciéndonos despertar con escasos detalles narrativos (planos rápidos y de gran eficacia sonora) que por otro lado parecen copiados del cine de Edgar Wright.
Encima, Gordon-Levitt pretende hacer una sátira, no ya del mundo de la pornografía y la trivialidad de las relaciones sexuales, sino de la familia, la iglesia y todo lo que se le ponga por delante, y ahí es donde se encuentra su mayor error, pues para hacerlo se ayuda de un personaje que resulta totalmente despreciable.
Jon es mezquino, mujeriego, ególatra, irascible, chulo, prepotente y frívolo, así que su obsesión compulsiva al porno no es ni de lejos su mayor defecto, sino la simple exteriorización de lo solo que se siente por dentro. Una soledad, por otra parte, totalmente merecida y de la que, llegando al final de la película, da hasta rabia que solucione.
Poco o nada me ha llamado la atención en esta película en la que, sin embargo, sí hay mucho que me ha molestado (esa especie de burla hacia la confesión católica, esa familia insoportablemente tediosa), empezando por el hecho de que se haya estrenado con cierto ruido mientras películas buenas de verdad sigan en el cajón de las distribuidoras a las que importa más que haya una rubia famosa en el cartel que la calidad del producto.
No puedo recomendar esta película a nadie, pero si sois de aquellos que se han emocionado al escuchar los conceptos Scarlett Johansson y cine porno en una misma frase, desengañaros. Ella es, posiblemente, el elemento más virginal de la película.

Y ni aun así la salva.

LA HUIDA * (3d10)

Floja, floja, floja esta peliculilla de Stefan Ruzowitzky, un austríaco sin demasiado currículo (¿Kika superbruja cuenta?) que pretende ser un thriller policíaco cargado de violencia y se queda en un pastiche soporífero sin emoción ni por su historia, ni por su ritmo ni por sus interpretaciones.
La función arranca con los hermanos Addison y Liza (y un tercero que no pinta nada) teniendo un accidente de coche tras un atraco a un casino en una zona bastante desolada cercana a la frontera canadiense. Tras matar a un policía los familiares (a los que parece que se le quiere buscar un tono incestuoso que no termina de arrancar) deciden separarse (aun no comprendo porqué; ¿estará detrás de ellos los químicos manipuladores de La Cabaña en el bosque?), dividiéndose a partir de entonces la película en dos tramas paralelas, en la que él recorrerá un camino de violencia creciente y ella descubrirá el amor hasta que sus pasos se crucen de nuevo en una elegante casa donde celebrarán el día de acción de gracias.
Muchos son los errores de esta producción que pretende inspirarse en la magnífica Fargo de los hermanos Coen con la violencia (que no los diálogos) de Tarantino y donde lo único destacable son los paisajes nevados y unas pinceladas interpretativas de los veteranos Sissy Spacek y Kris Kristofferson. Por lo demás la dirección es deficiente, con planos que buscan la plasticidad artística y terminan siendo simples malos encuadres con pretenciosidad artificial y en la que los tres protagonistas son sorprendentemente espantosos. No es cuestión de pedir peras al olmo en el caso de Olivia Wilde, poco más que una chica mona de ojos preciosos y escaso talento, pero a Charlie Hunnam se le suponía algo de calidad y que se pretende codear con los grandes tras su paso por Pacific Rin mientras que el caso más fragante es el de Eric Bana,  un actor de prestigio que acostumbra a cumplir con creces y que aquí no parece tomarse en ningún momento en serio a su personaje.
Finalmente, la historia podría cumplir si estuviese bien narrada, pero no solo falla el ritmo, sino que los tópicos se repiten con tanta insistencia que es imposible mantener el interés por ella. La trama de un ex convicto que se mete en problemas apenas salir de la cárcel, la eficiente policía que no puede demostrar su valía porque el sheriff es además su padre…
Ruzowitzky configura una película cuyas intenciones parecen recordar a La venganza del hombre muerto, por aquello del cruce de personajes de vidas destrozadas que pueden conseguir una segunda oportunidad en el amor, pero que mientras la relación entre Colin Farrell y Noomi Rapace resultaba creíble en aquella, los personajes de Charlie Hunnam y Olivia Wilde no nos demuestran en ningún momento ni la justificación de sus sentimientos ni el hecho de merecer no ya esa anhelada segunda oportunidad, sino nuestra simpatía siquiera.
No es una historia de corazones rotos, sino de cabezas de chorlito que actúan sin lógica ni sentido y que encima, en el supuesto clímax de la cena final, parece querer predicar sobre la conciliación familiar y el arrepentimiento.

Moralina de rebajas en una película totalmente decepcionante.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

LOS JUEGOS DEL HAMBRE: EN LLAMAS (8d10)

Hace un año Jennifer Lawrence protagonizaba una película basada en una novela de Suzanne Collins que todo el mundo pensó que era un remiendo de Crepúsculo. No era para menos. Literatura juvenil, triángulo amoroso, protagonistas poco conocidos y subtrama fantástica. Todo cuadra.
En aquel momento, Jennifer Lawrence solo tenía un éxito en su haber, X-Men: Primera generación, pero su personaje de Mística sólo era uno más en el reparto coral de la precuela mutante, pese a que ya acumulaba una nominación al Oscar por una película que era tan buena que casi nadie vio.
Y mira por dónde, que resultó que la susodicha Los Juegos del Hambre resultó ser, contra pronóstico, una buena película. No excelente, pero si buena.
Una año después, la Lawrence tiene ya su estatuilla dorada por El lado bueno de las cosas, es pieza clave en dos franquicias (ya se ha vuelto a pintar de azul para repetir como Mística), y ha completado rodajes tan interesantes como American Hustle (sólo el reparto ya da miedo, demasiado extenso para reproducirlo aquí), convirtiéndose en la actriz de moda en Hollywood con quien todos quieren trabajar.
¿Y la película? Si el cine fuera una ciencia, bastaría con mirar los datos: mejor estreno de diciembre de la historia, superando a Crepúsculo: Luna nueva, cuarto mejor estreno de todos los tiempos (solo por detrás de Los Vengadores, Iron man 3 y la última de Harry Potter y desbancando a El Caballero Oscuro: La leyenda renace) y superando los 300 millones de recaudación sólo en ese primer fin de semana.
Pues aunque sea cierto que el cine no es ciencia y que alguna de las películas antes mencionadas hayan recaudado mucho y sean una patata (y hablo de vampiros fluorescentes y murciélagos insulsos, para quién no sepa leer entre líneas), en esta ocasión el director Francis Lawrence (conocido en su casa por tres películas flojitas y, sobretodo, por hacer videos musicales de Jennifer López y Britney Spears) ha conseguido superar a su predecesor (Gary Ross) con una película sorprendente y fresca y que se atreve a romper algunos de los moldes del género.
Sin entrar con mucho detalle en la trama, que todo el mundo ya conoce, sólo diré que el Presidente Snow está preocupado por los actos revolucionarios que el éxito de Katniss Everdeen está provocando y se saca de la manga que los 75º Juegos del Hambre serán una competición entre ganadores anteriores, consiguiendo así meter de nuevo en el fregado a la pobre Katniss, a su novio de mentirijillas Peeta y a un nuevo grupito de protas con los que Katniss tendrá que o luchar o aliarse.
Sin embargo, lo más sorprendente de todo es que Lawrence (director) decide ser valiente y tratar de hacer una película lo suficientemente adulta como para que, pese a las casi dos horas y media de metraje, más de la mitad se destinen al desarrollo de personajes, mientras que el rollo amoroso, aunque presente, es muy secundario frente a lo que de verdad importa, el estado de miedo y represión dictatorial del Presidente Snow, que preocupa mucho más a la propia Katniss (aparte de su propia supervivencia, claro está) que con quién deba o no besarse.
Además, Lawrence (director) no se arruga cuando debe mostrar la crueldad de los juegos y, sin llegar a ser extrema violencia, hace que Lawrence (actriz) se manche de sangre cuando debe hacerlo, sin esconder la cámara como hacen otros (¿estás leyendo esto, Marc Forster?).
Los Juegos del Hambre: en llamas es cruel y dura, pero también divertida y tierna. Emocionante y trepidante cuando debe y romántica cuando puede. Quizá poca cosa para las mojigatas adolescentes que se piensan que la película es solo propiedad de ellas (¡que os zurzan!) pero que hará las delicias del espectador con más de dos neuronas en la cabeza que espera el espectáculo digno de un blockbuster pero con un mínimo de inteligencia.
Y luego están los actores, todos excelentes aunque con Lawrence (actriz) destacando por encima de todos, brillando como su personaje (no por casualidad apodada “la chica en llamas”), aunque muy buen rodeada. Donald Sutherland y Philip Seymour Hoffman no saben interpretar mal, Woody Harrelson tan deliciosamente exagerado como siempre, Elizabeth Banks y Stanley Tucci disfrutando como niños bajo el histrionismo de sus personajes y los quilos de maquillaje y los machos alfa que se deberían batir por el amor de la dama, Liam Hemsworth y Josh Hutcherson, cumplen sin desentonar, lo que no es poco en este tipo de producciones.
Sin entrar en el terreno de los spoilers, sí quiero dedicar un breve comentario a la escena final, en la línea de El Imperio Contraataca o Regreso al Futuro parte II, que aunque se sepa de antemano que hay dos películas más para cerrar la saga se me antoja un “coitus interruptus” algo cruel y brusco.
Puro entretenimiento, Los Juegos del Hambre: En llamas cumple con las expectativas y pone el listón muy alto para Los Juegos del Hambre: Sinsajo partes uno y dos, pero como Lawrence (director) sepa estar a la altura la saga puede tener un gran colofón, demostrando que de las novelas juveniles se pueden sacar cosas interesantes, como ya se vio en la parte final de la adaptación de J.K.Rowling.

PLAN EN LAS VEGAS (7d10)

Después de visionar el tráiler de esta película quedaba claro que nos la querían vender bajo el estigma de Resacón en las Vegas versión jubilados (incluso se incluye la palabra “resacón” en dicho tráiler), pero afortunadamente, tras su visionado, puedo aseguraros que no hay demasiado de aquella saga en la nueva película del irregular director Jon Turteltaub, por más que se trate de una comedia ambientada en Las Vegas con la amistad como telón de fondo.
De hecho, tras un principio transportándonos a la infancia de los protagonistas, lo primero que viene a la mente es el aroma nostálgico de la magnífica Cuenta Conmigo, con la presentación de unos personajes en la edad en la que se labran las amistades verdaderas y en las que se viven acontecimientos que marcarán nuestras vidas de adultos, aquí representadas en forma de botella de whisky.
Naturalmente, la excusa de una despedida de soltero en Las Vegas provoca una serie de secuencias obligadas, como las impresionantes panorámicas de los casinos, las chicas espectaculares, las actuaciones musicales, borracheras, las chicas espectaculares, algún cameo famosete  y… ¿he nombrado ya las chicas espectaculares?
Sin embargo, la historia de cuatro amigos que se reencuentras para la boda de uno de ellos y las cicatrices que las decisiones que tomaron algunos de ellos en el pasado les ha provocado, no solo da para casi dos horas de chistes y situaciones absurdas sino que se permite también reflexionar sobre temas tan importantes como la vejez, la amistad como contraposición del amor, la pérdida y la soledad. Los protagonistas no son unos jóvenes alocados con toda la vida por delante, aunque en ocasiones se quieran comportar como tal (sirva de ejemplo cuando ejercen de jurado de un concurso de biquinis), sino que deben cargar con un pasado que invita, entre risa y risa, a reflexionar sobre la vida misma.
Repasemos un momento a los protagonistas: Archie (Morgan Freeman) ha tenido algún amago de infarto y vive temeroso por su delicada salud y la sobreprotección de su preocupado hijo, Sam (Kevin Kline) colecciona operaciones y prótesis aparte de un matrimonio feliz al que los años han hecho mella hasta hacerle perder toda pasión, Paddy (Robert De Niro) ha perdido al amor de su vida, Sophie ( la niña que fue nexo de unión entre los cuatro amigos en sus años mozos y que con su muerte provocó “diferencias irreconciliables” entre Paddy y Billy) y es huraño y amargado, y finalmente Billy (Michael Douglas), el triunfador que lo tiene todo: salud, dinero y el amor de una chica treinta años más joven que él pero que, cuando escarbamos solo un poco la superficie, quizá acabe siendo el más pobre de todos.
Y para cuadrar el círculo nos falta la “chica” de la película, Diana, una Mary Steenburgen que a sus sesenta años parece mucho más joven y esterilizada que en la ya lejana Regreso al Futuro III y que deberá reencarnar el espíritu de Sophia para curar heridas que seguían reacias a cerrarse.
Pero no se confundan, por encima de todo esto es una comedia, aunque con mensaje, y como tal los equívocos se sucederán uno tras otros, con mayor o menor brillantez, haciéndonos pasar un rato estupendo gracias, en gran medida, a cuatro actores monstruosos que están completamente desatados y dan lo mejor de sí mismos, destacando la buena química existente entre ellos (no en vano entre los cuatro suman seis Oscars y otras nueve nominaciones) y regalándonos algún gag de corte personal (el malentendido sexual de Kevin Kline puede referenciarnos a In&Out, Michael Douglas parece sacado de Wall Street y las referencias mafiosas siempre irán de la mano de De Niro).
El punto débil habría que buscarlo en la recta final, cuando puede encontrarse un cierto bajón y se echa en falta algo más de gamberrismo, pretendiendo Turteltaub ser demasiado amable y azucarado (no en vano uno de sus primeros éxitos fue Mientras dormías) pero que no es suficiente para enturbiar una buena película que sin carcajadas demasiado estridentes (además de que los mejores gags se destripan en el tráiler) sí mantiene la sonrisa perpetua durante todo el metraje.

Si además, invita a la reflexión, ¿qué más se puede pedir?

jueves, 21 de noviembre de 2013

RETORNADOS (7d10)

Retornados es la nueva película del director  Manuel Carballo, que se dio a conocer con El último justo y despuntó con La posesión de Emma Evans, pero es también una nueva apuesta del cine español por el terror de calidad, ofreciendo un producto diferente y dando una nueva vuelta de tuerca a un subgénero tan sobrexplotado como el la temática zombie, que parecía que no tenía nada nuevo que ofrecer.
Pero es además una película que invita a la refl
exión sobre si es un acierto esta apuesta por el mercado internacional que lleva a algunas productoras a realizar títulos notables como éste en inglés con un reparto extranjero y, por lógica presupuestaria, de medio pelo.
¿No habría sido mejor apostar por un producto 100% nacional como era REC, con algún nombre llamativo en su reparto en lugar de ofrecer un estreno que no ha tenido una gran resonancia aquí y que sólo será una más del montón fuera de nuestras fronteras? Sea como sea, el día de San Valentín, fecha de estreno en los USA, tendremos la respuesta.
Sobre su argumento, la versión fácil sería decir que se plantea una nueva epidemia zombie (para los más doctos diremos que más bien son infectados, primos hermanos de los de 28 días después y su secuela), para los que se ha descubierto una cura, con la única pega de que los afectados deben inyectarse una vacuna diaria sin la que se convertirían irremediablemente en muertos vivientes (bueno, sí, que no son muertos, vale, son infectados). El problema es que las reservas del medicamento se están agotando.
Dicho esto, pongámonos serios y reconozcamos la realidad. Esta no es una peli de zombies. Ni de lejos.
De lo que de verdad quiere hablar Carballo es del miedo a lo desconocido, del instinto de supervivencia por encima de cualquier código moral y, por encima de todo, del amor. Porque lo que viven los protagonistas es una auténtica historia de amor en un mundo temeroso de los retornados, que es como se denomina a los infectados que dependen de su dosis diaria para no saltar al cuello de sus vecinos. Para el caso lo mismo podríamos estar hablando de portadores del SIDA, inmigrantes o -si uno es más dado a los cómics- mutantes. Son seres humanos igual que nosotros, pero a la vez son diferentes. Y eso siempre da miedo y es motivo de odio.
Esta es la gran baza de Retornados, donde hay muy poca sangre pero muchos motivos de reflexión, que mantiene la emoción desde el primer al último minuto y que, aunque lo intenta, no nos permite ser optimistas.
El talón de Aquiles hay que buscarlo en sus actores, rostros televisivos canadienses que, sin hacerlo mal, no retransmiten lo suficiente como para conseguir una identificación plena.

Única tara en una historia angustiante y muy bien contada. 

miércoles, 20 de noviembre de 2013

MALAVITA (6d10)

Que Luc Besson es un enamorado del cine americano no es ningún secreto y ya se vio claro en una de sus primeras películas: Nikita, dura de matar. Por eso no es de extrañar que después de un tiempo centrado más en tareas de productor que de realizador y con la trilogía infantil sobre Arthur y los Minimoys como últimos títulos destacados su regreso al cine de acción sea con un homenaje a un género tan americano como el de la mafia.
Sin embargo, Malavita no es realmente un film de gansters, aunque los tenga, sino más bien una comedia muy negra aunque con dos representantes genuinos de ese género como son Robert De Niro (actor) y Martin Scorsese (productor).
Malavita explica la historia de una familia, antes los Manzoni, ahora los Blake, que se instalan en un pueblecito de Normandía como testigos protegidos después de que el cabeza de familia, Fred, delatara ante el FBI a todos sus camaradas. Así, veremos cómo su mujer y dos hijos deben adaptarse a sus nuevas vidas mientras él debe permanecer oculto en casa (cosa que por supuesto no hará) para evitar que los descubran, ya que lógicamente han puesto precio a sus cabezas. Pero hay costumbres que cuestan abandonar.
Dejando de lado detalles como el hecho de que todo el mundo en Normandía se entienda perfectamente en inglés con ellos, Malavita es una curiosa mezcla entre el cine costumbrista rural francés,  con ecos de Bienvenidos al norte, con la comedia de acción americana, aquella que en los ochenta tan buen se les daba a Ivan Reitman o a John Landis.
Con momentos brillantes como la escena del supermercado, Malavita es divertida y ácida, aunque intenta ponerse seria en algunos momentos con subtramas que nunca llegan a resolverse (la relación de la madre con el cura, el primer amor de la hija,...) para culminar (tras la declaración de amor definitiva al cine de Scorsese) en un clímax de violencia con aroma a cartoon aunque algo trágico para mi gusto.
Hay unas cuantas escenas que perdurarán en el recuerdo por su ingenio y sentido del humor, pero no las suficientes, insinuando que quizá Besson se está empezando a oxidar.
Sólo entonces se agradece la presencia de los tres grandes actores que la protagonizan: un De Niro que parece que empieza a levantar cabeza después de unos años bastante grises, Michelle Pfeiffer, que a sus  cincuenta y cinco años está más guapa que nunca, y Tommy Lee Jones, que con apenas unas pocas secuencias tiene suficiente para llenar las pantallas con su presencia. Junto a ellos los jóvenes John D'Leo y Dianna Agron cumplen con creces y sólo se echa en falta que no se les ocurriera (o quizá sí se les ocurrió pero no pudieron) ofrecer el papel de asesino que finalmente interpreta Jimmy Palumbo a Joe Pesci. La fiesta habría sido completa.

Entretenida de principio a fin no reluce tanto como el oro que promete, pero al menos es plata de ley. 

BLUE JASMINE (8d10)

Aunque uno suele relacionar la palabra blue con el color azul, Blue Jasmine puede traducirse como Triste Jasmine. Y así es la nueva película de Woody Allen, triste.
Existe el debate sobre si Woody Allen ha vuelto o si nunca se había ido, pero lo cierto es que la ración anual del director neoyorquino recuerda mucho a sus piezas más clásicas, presentando una notable mejoría con respecto a sus trabajos de los últimos años, tales como Si la cosa funciona, Vicky Cristina Barcelona, Todo lo demás, Conocerás al hombre de tus sueños o A Roma con amor, todas ellas decepcionantes si tenemos en cuenta el historial de Allen. No es cuestión de resucitar a nadie ni devolverlo a los altares, pues es evidente que no estamos ante una película a la altura de Manhattan, Annie Hall o Maridos y mujeres, pero no nos engañemos, ese Allen nunca volverá lo mismo que nunca volverá el Coppola de El Padrino o el Spielberg de La lista de Schindler o los primeros Indiana Jones, y es que cuando un artista llega a lo más alto deja de competir contra otros directores, sino contra su propia y alargada sombra. Y esa lucha suele ser cruel.
Como cruel es esta película que si bien provoca en no pocas ocasiones la sonrisa lo cierto es que oculta un mensaje amargo, con uno de los personajes más maltratados por Allen en toda su filmografía, al que no concede un ápice de compasión.
Alternando presente y pasado con constantes flashbacks, Blue Jasmine explica por un lado como Jasmine viaja a San Francisco para rehacer su vida junto a su hermana adoptiva mientras por otro lado descubriremos cómo ha pasado de ser una dama de la alta sociedad neoyorquina a estar completamente arruinada por culpa de los negocios sucios de su marido.
Siempre se ha acusado a Allen de que a medida que su prestigio (y cuenta corriente) crecía lo hacía también la condición social de sus protagonistas, estando cómodo hablando de personajes con alma de bohemios pero residentes en lujosos lofts, habituales de galerías de arte y expertos en vinos y restaurantes caros. Ahora, sin embargo, afronta el descenso a los infiernos de Jasmine con un eficiente retrato de la clase obrera, mucho más terrenal que el ambiente donde se mueve el personaje de Alec Baldwin. Jasmine hace méritos para ser despreciada por todos los que la rodean, pero como un cachorro herido termina provocando compasión mientras la vida la obsequia constantemente de segundas oportunidades que ella sóla se encarga de dilapidar.
Allen no pretende hablar de la crisis económica actual (aunque cualquier español que se acerque a la película tendrá en mente en varios momentos a la infanta Cristina), sino de la crisis emocional de alguien que lo ha tenido todo sin esfuerzo alguno y no es capaz de aceptar la perdida y evolucionar. Y no es sólo dinero lo que Jasmine pierde...
No es una película redonda, pero sí muy correcta, aunque Allen parezca desde hace un tiempo demasiado cansado para arriesgar con la cámara.
Y luego está Cate Blanchett.
Enorme, inconmensurable, esta actriz de origen australiano es sin duda la gran dama del cine actual, hipnótica ya sea interpretando a una elfa, a una reina o a la mismísima Kathetine Hepburn y que aquí está sencillamente magistral, con una de las mejores interpretaciones que recuerdo en mucho tiempo y que responde con generosidad al regalo envenenado que le entrega Allen haciéndola dueña y señora de la película.
Blue Jasmine es una película de Woody Allen, pero merece ser recordada como una película de Cate Blanchett. Ella pone el alma en su interpretación. Y Hollywood se lo recompensará en los próximos Oscars.

La nominación, como mínimo, es obligada.

martes, 19 de noviembre de 2013

¿QUIÉN MATÓ A BAMBI? (7d10)

Hace poco escuché un debate en un programa de radio sobre la mala pinta que tenía la película española Espérame en el infierno a juzgar por su trailer, afirmando que eso de los avances era un punto a mejorar de nuestro cine.
Algo así se podría decir de ¿Quién mató a Bambi?, film de Santi Amodeo, que al ver el trailer se puede intuir cierta gracia en su argumento pero que parece plagado de estrellas desganadas que recitan sus diálogos sin convencimiento alguno. Y, efectivamente, debo estar de acuerdo con los contertulios de la emisora: ¡qué mal se hacen los trailers en España!
Y es que pese al avance de situaciones sin sentido, diálogos mutilados y conversaciones sin gracia, lo cierto es que ¿Quién mató a Bambi? ha resultado ser una comedia tan absurda, desmedida y loca como divertida.
Partiendo de dos argumentos aparentemente separados vamos a conocer como Edu (Ernesto Alterio) y Gigi (Enrico Vecchi), compinchados con Mati (Clara Lago) planifican el secuestro del déspota jefe del padre de Edu (José Ángel Egido), interpretado por Pedro Mari Sánchez, para pedir un buen rescate por él. Por otro lado, David (Quim Gutiérrez) es novio de Paula (Úrsula Corberó), hija de la presunta víctima de los secuestradores, quien a su vez es el jefe de su futuro yerno. Durante una entrevista entre ambos el padre de Paula tiene un ataque y David busca la ayuda de su amigo Mudo (Julián Villagrán), pero cuando regresan al despacho de su jefe lo encuentran herido y en ropa interior. Asustados, deciden ocultar el cuerpo del hombre en el maletero del coche mientras deciden la mejor manera de llevarlo a un hospital sin ser acusados de nada. Mientras, el padre de Edu -que es quien ha robado el traje de su jefe, junto con otros objetos personales- se dispone a llevarse también su coche cuando, por error, es encapuchado y secuestrado por Edu y Gigi.
El lío está servido. Estos son solo los diez primeros minutos de esta comedia de enredo inspirada ligeramente en un film mexicano donde todo puede suceder y en la que las confusiones y equívocos irán en aumento hasta llegar a un hilarante final.
Nada tiene sentido en un guion pleno de ridiculeces e incoherencias donde cabe de todo, desde un abogado pastillero, un taxista bizco psicópata, un homenaje final a Resacón en Las Vegas y hasta la aparición especial de Andrés Iniesta. Pero da igual. Si aceptamos el dicho de que el fin justifica los medios,  el fin aquí es la sonrisa constante y la carcajada esporádica. Y eso lo consigue.
Sin más pretensiones que la de hacer pasar un buen rato, ¿Quién mató a Bambi? es por momentos tronchante, con un ritmo bien medido y un desarrollo paralelo de las dos historias bien configurado, con el único pero del montaje atropellado y con saltos en el tiempo de los primeros cinco minutos.
A partir de ahí, Santi Amodeo se luce pintándonos una sonrisa en el rostro.

Y eso siempre es de agradecer.

TURBO (6d10)

Turbo es una de esas películas de animación que nos invita a reflexionar sobre el destinatario de tales productos. Fue Pixar la primera en abordar un tratamiento más adulto a sus películas a raíz de la saga de Toy Story, pero fue con Wall-E con quien rizaron el rizo con una película estupenda pero difícilmente digerible por niños. Otra cosa son las apuestas mixtas, como Up (con una primera media hora brutalmente brillante pero que no conectaba para nada con los más pequeños hasta la aparición del perro hablador y el colorido pajarraco, momento a partir del cual desaparecía todo interés para los adultos) o, sobretodo, Shrek, donde se sucedían una serie de chistes y guiños cinematográficos destinados a los padres pero que en el fondo era un cuento de princesas y dragones.
Puede que alguno piense que quiero imponer mis gustos y fobias por encima de todo (¿acaso no es eso lo que hacemos todos los críticos?), pero en el género infantil hay una manera de demostrar mi teoría más allá de toda duda. Basta con acudir al cine a la primera sesión de un sábado por la tarde y observar el ambiente. Ya comenté los resultados en la comparativa entre Gru, mi villano favorito 2 y Aviones, y esta vez las conclusiones no fueron para nada sorprendentes. A la media hora de película la mitad de los niños de la sala estaban distraídos jugando con los móviles de sus sufridos padres, y antes de concluir más de una familia tuvo que abandonar sus localidades ante la imposibilidad de mantener a la criatura tranquila y callada.
Y no estoy diciendo con esto que Turbo sea una película mala, ni mucho menos, pero no es para nada infantil. Sí, el mensaje está claro: no hay nada imposible, con esfuerzo el pequeño puede vencer al grande, perseverar para alcanzar una meta, el valor de la amistad... Y todo eso está muy bien, pero no es suficiente para atraer al niño, que lo que quiere es divertirse y pasárselo bien y si, de propina, se queda con alguno de esos valores, pues mejor que mejor.
Y es que Turbo (que por cierto está protagonizada por unos seres tan poco carismáticos como son los caracoles) repite el esquema de cualquier película de acción real sobre la superación deportiva y el triunfo del aspirante ante el todopoderoso campeón,  temática vista en títulos tan dispares como Rocky, Acero puro, Seabiscuit o Hoosiers, más que ídolos, por nombrar solo algunos ejemplos bien diferentes entre ellos de entre las miles de películas posibles, con algunas referencias obligadas (incluso en el slogan del cartel), a la saga Fast & Furious.
Turbo es un caracol que sueña con ser veloz, siendo la burla de su comunidad hasta que sufre un accidente que le confiere asombrosos poderes que lo llevan a competir en las 500 millas de Indianápolis contra coches de verdad.
Pese a lo estúpido del argumento, Turbo destaca por un diseño técnico impecable, muy por encima de  la reciente Aviones, ejemplo comparativo obligado, con escenarios impresionantes y planos de la carrera de gran espectacularidad (más incluso que la brillante Rush, aunque allí lo importante de verdad eran los personajes) y con algunos momentos ciertamente divertidos.
Por eso resulta difícil clasificar esta película, que entretiene a los mayores aunque no sea fácil obviar que trata de un caracol corriendo en Fórmula 1, mientras que los pequeños son incapaces de conectar con la emoción y el drama de los circuitos, así como con referencias críticas a la sociedad actual como el poder de la publicidad o la capacidad de youtube de convertir en estrella a cualquier anónimo.

Las productoras deben ponerse las pilas y decidir a quién quieres destinar sus películas, porque si se empeñan en navegar entre dos aguas al final no terminan por contentar a nadie. 

lunes, 18 de noviembre de 2013

LA CABAÑA EN EL BOSQUE * (7d10)

Aprovecho esta película para explayarme aquí con unas reflexiones sobre las distribuidoras y la piratería que llevo tiempo deseando compartir.
Veréis, La cabaña en el bosque (o The Cabin in the Woods, como se la conoce mejor) se rodó en el año 2009, pero no se estrenó en Estados Unidos hasta 2012 (imagino que aprovechando el tirón de Josh Wedon a raíz de Los Vengadores), cuando medio mundo se la había bajado ya de Internet. Aun así, llegó a Sitges ese mismo año y arrasó, aunque se anunció que no iba a ser estrenada en cines comerciales, por lo que el otro medio mundo no tuvo más remedio que bajársela también por Internet, ya que las críticas eran bestiales. Ahora, al fin, de golpe y porrazo se estrena en España, sin nada de publicidad y en escasos cines en Versión Original alejados de las grandes ciudades.
Conclusión: Yo también me la he bajado de Internet.
Claro, ahora es cuando todos se echan las manos a la cabeza y dicen que la piratería está hundiendo el negocio del cine. Por favor (y me dirijo tanto a productores como distribuidores y exhibidores), déjense de tonterías y comiencen a respetar un poco al espectador. Quizá así el espectador les respete también a ustedes.
Y dicho esto (¡Dios, qué a gusto me he quedado!) debo decir que The Cabin in the Woods (tanto tiempo esperando en vano su llegada a España ha hecho que me acostumbre más a su título en inglés) no es la obra maestra que algunos aseguran (y es que los hay exagerados), pero sí es una magnífica película, fresca, divertida y desquiciante (a la par que desquiciada) con mucha más inteligencia que todas esas patrañas de cine de terror con aspiraciones que nos llega últimamente y, sorprendentemente, sí se estrenan correctamente con su publicidad en las paradas del autobús y todo.
Poco se puede contar de La cabaña en el bosque, ya que lo mejor de ella son los sorprendentes giros argumentales para los que es necesario llegar a ella lo más vírgenes posibles, por lo que quizá su único defecto es que la propia película nos desvela alguno de sus secretos de forma algo precipitada (aunque eso también ayuda a desconcertar).
La historia no puede ser más simple, en claro homenaje a Posesión Infernal. Un grupo de jovenzuelos van a pasar unos días a una cabaña perdida en mitad del bosque, pese a que por el camino encuentran a un tipo de lo más siniestro regentando una gasolinera que les recomienda que no lo hagan. Allí, aislados del mundo excepto por un único camino de entrada y salida y sin cobertura telefónica, se enfrentarán a una pesadilla cuando invoquen, por accidente, a poderosas fuerzas del mal.
¿Les suena, verdad? Más tópico imposible.
¿O no?
Pues no, porque todo en la película escrita a cuatro manos por Josh Wedon y Drew Goddard y dirigida por el segundo es una enorme broma, un retorcido giro a las películas de terror que todos hemos mamado a las que homenajea y ridiculiza por igual. Con unos geniales Richard Jenkins y Bradley Whitford como protagonistas de una de las dos historias paralelas (de la que no pienso mencionar nada) y con Chris Hemsworth (antes de ser Thor) como única cara conocida del grupo de muchachos, La cabaña en el bosque es la hermana lista de Screen, como un reverso oscuro de aquella otra broma de Wes Craven aunque mucho más desquiciante si cabe, con una media hora final demencialmente apoteósica, donde las referencias invitan a detener el video para reconocer todos los guiños, hasta llegar al clímax final, con la imponente presencia de…
No, hombre, no. ¿De veras pensaban que iba a desvelarlo?
Como ya he comentado, cuanto menos se sepa de ella, mejor. No es una obra maestra ni derrocha talento por doquier, pero es difícil disfrutar más con tanta sangre y tantas muertes por doquier.

Y es que, si ella no se toma en serio a sí misma, ¿por qué vamos a hacerlo nosotros?

domingo, 17 de noviembre de 2013

SÓLO DIOS PERDONA (5d10)

Antes de empezar a analizar esta película permitídme divagar unos instantes sobre la ética que siguen las distribuidoras a la hora de publicitar sus estrenos. Entiendo y comparto que para ellas lo primero es recaudar el máximo posible, pero ¿a cualquier precio? ¿Incluso atrayendo al cine a gente a la que no le va a interesar nada su película? Digo esto por cómo se ha anunciado Sólo Dios perdona, resaltando a Ryan Gosling en el cartel, alejado de florituras y excesos visuales lumínicos y de color como en el original, y vendiéndola como “la nueva película del director de Drive”, buscando así a todo aquel que disfrutó de aquella magnífica película.
Y sin ser nada de ello falso, lo cierto es que muchos son los que se han sentido engañados con la nueva obra de Nicolas Winding Refn, llegando muchos incluso a abandonar las salas de cine a mitad de la proyección, aunque para ser justos tantos otros son los que la ensalzan como a una obra maestra.
Dicen de Nicolas Winding Refn que es el nuevo David Lynch, y a juzgar por Sólo dios perdona podría parecerse mucho, con lo que ya para empezar no va a conseguir atraerme. Cierto es que se trata del director de Drive, pero nada tiene que ver esta película con aquella, aparte de su protagonista, y no porque el realizador haya decidido dar un cambio de estilo, sino porque era precisamente en Drive donde abandonó alguno de sus tics habituales, volviendo en Sólo dios perdona a sus fobias particulares.
Pero eso no lo avisa el cartel.
Sólo dios perdona es una fábula sobre la venganza, repleta de sexo (sugerido) y violencia (explícita) en una enfermiza ciudad de Shangay, que explica como Billy viola y mata a una adolescente sin motivo alguno y el comisario de policía Chang incita al padre a que se cobre la justicia por su mano para después castigarlo también a él. Cuando la madre de Billy entra en escena (deslumbrante y odiosa Kristin Scott Thomas) obliga a su otro hijo Julian (Ryan Gosling) a que vengue a su hermano, iniciando entonces una reacción en cadena de sangre y vísceras.
Interesante historia que en manos de cualquier director más convencional (y no me refiero ya a taranti8no, sino a cualquiera de sus imitadores) sería un exceso de violencia sin más, pero que Nicolas Winding Refn convierte en un álbum fotográfico de pasillos interminables, luces de neón y planos de Gosling (el actor que hizo de la mirada perdida un arte del cual ya comenzamos a estar cansados), logrando hastiar al espectador con su pasividad, eso sí, hipnótica.
Difícil de definir, es una película a la que puedes odiar o amar, aunque yo he conseguido encontrar el camino intermedio, pues la encuentro tan aburrida rítmicamente como visualmente hermosa. Una de esas películas que todo buen aficionado debería ver, aunque solo sea para poder echar después pestes de ella.

Y odiar un poco más el karaoke.

EL JUEGO DE ENDER (5d10)

Cuando se estrena una película basada en una novela (y más si se trata de una novela superventas como es el caso) es inevitable preguntarse si uno debe analizar la película como tal o en función a lo bien o mal adaptada que esté. Es evidente que cuando se escribe un libro no hay límites ni imaginativos ni de duración, por lo que el autor puede explayarse todo lo que quiera sin miedo a exceder presupuesto alguno, cosa que no ocurre en las películas. Ello obliga a que, por ejemplo, los seis años que en la novela dura la formación del protagonista deba resumirse en unos pocos meses.
Sin embargo, yo no he leído el libro ni tengo un conocimiento suficiente de la obra del por otro lado odiado Orson Scott Card, por lo que voy a limitarme a opinar de El Juego de Ender como si de una película original se tratase, sin la carga que lleva a cuestas debido a su pasado literario.
Y así, me encuentro ante una película flojita, cuyo ritmo, efectos visuales y carisma de sus intérpretes la salvan de ser un gran fiasco, pero poco más. Y es que poco hay en su argumento que se pueda sostener, empezando por la absurdidad de empeñarse en que todo el futuro de la humanidad recaiga en las manos de un solo hombre (niño en este caso) y que éste deba comandar una escuadra militar pese a estar supervisado por una serie de mandos superiores que sin duda deberían ser mucho más aptos que él para la misión.
Como muchas otras historias por el estilo (After Earth es el ejemplo más reciente) el argumento parte con un planeta superviviente a una invasión alienígena (cuando lo más interesante sería que por una vez nos dejasen ver la acción y no solo las consecuencias). El coronel Graff dirige una academia militar con el objetivo de encontrar a la persona capaz de comandar toda la tropa terrestre en previsión de una segunda oleada alienígena, con el pretexto de que la mente de un niño es mucho más imaginativa para el combate que la de un adulto. Así es como Ender Wiggin entra a formar parte de un elitista grupo de elegidos donde irá escalando peldaños con pasmosa facilidad, demostrando que es el más mejor en todo, hasta llegar al momento del desafío final.
Así de absurdo es el argumento de los Juegos de Ender, donde ni las motivaciones de los que rodean al pequeño Ender se explican ni los desafíos a los que se debe enfrentar son prueba suficiente como para justificar que se convierta en el defensor de la humanidad. Escenas de ridículo ajeno como cuando le asignan en un entrenamiento un grupo de marginados sociales a su mando (añgo parecido los llama el coronel Graff) y tras un triunfo en un combate virtual ya pasan a ser los mejores amigos del mundo y la mano derecha de Ender a la hora de defender a la humanidad.
Otro claro ejemplo es cuando tras encararse Ender a uno de sus superiores, el sargento Dap (interpretado por Nonso Anozie, posiblemente uno de los peores actores de la historia del cine), asegurándole que algún día el sargento será quien le tenga que saludar a él y el militar se burla, diciendo que eso nunca sucederá. Apenas una secuencia después Ender ya ha sido ascendido y el sargento no solo le saluda, sino que lo hace con total satisfacción. Todo, absolutamente todo, lo que le sucede a Ender es con suma facilidad, y por mucho que nos quieran mostrar a un elegido, al poseedor de nuestro destino, es todo demasiado plano como para que podamos identificarnos bien con el héroe.
En medio de todo ello un mensaje de absoluto fascismo, un elogio insoportable a la doctrina militar que algún compañero ha definido con acierto como “las juventudes hitlerianas del espacio”. Cierto es que en un momento dado hay un giro de los acontecimientos de los que hablaré en un momento y donde dije digo digo diego, pero en cine ya es tarde para rectificaciones. Un giro argumental puede sorprendernos con grado, pero no hacernos cambiar de parecer sobre la doctrina que nos han estado inculcando hasta el momento. No si no hay un detonante dramático suficiente como para hacer tambalearse nuestros sentimientos. Y en Los juegos de Ender, desde luego, no los hay.
¿Qué se puede aprovechar de esta película? Evidentemente, se trata de un gran espectáculo visual. Tiene unos efectos visuales de primera y su ritmo es acertado, al menos hasta llegar a sus compases finales. Además, siempre es interesante ver de nuevo en pantalla grande a Harrinson Ford, por más que lleve ya unas cuantas películas que parece que lo único que le interesa del cine sea que le pague la hipoteca. Afortunadamente, a su lado están Ben Kingsley y Viola Davis, y eso ya son palabras mayores, y no deja de tener su gracia ver juntos en pantalla al niño de La Invención de Hugo y a la niña de Valor de Ley, aparte de la breve presencia de Abigail Breslin a la que siempre recordaré cargándose muertos en Bienvenido a Zombieland.
Pese a todo, la película no deja de ser entretenida durante su visionado, sin conseguir por ello llegar a forzar la reflexión interna una vez finalizada a la que aspira (y que imagino sí conseguía la novela). El problema principal viene cuando hay un error de libro en su guion que voy a describir a continuación, aclarando primero que se trata de un spoiler en toda regla y que, si no conocéis el giro final y queréis seguir sin conocerlo, deberíais dejar de leer de inmediato.
Pues bien, la cosa es que Ender se prepara para su última misión. Una especie de graduación, digamos. Debe comandar a su grupo en una simulación visual contra los alienígenas. Ender, desde una pantallita de ordenador, dirige el ataque y, ni corto ni perezoso, decide destruir el planeta entero. Muerto el perro, se acabó la rabia que dicen por ahí. Es entonces cuando entre celebraciones y aplausos, se espera que le digan que es el elegido para liderar la Tierra, pero no, porque ya lo ha sido, y es que resulta que lo que ha hecho no era una simulación, sino una realidad. Ha cometido un genocidio contra una raza extraterrestre en un ataque preventivo sin provocación alguna.
¿Conclusiones? Dos, principalmente. La primera a nivel estructural. Es la primera vez que me encuentro con una película donde te indican que se ha llegado al clímax una vez finalizado este. ¿Cómo puede emocionarnos la batalla final si no sabemos que es la batalla final? ¿En serio nos tenemos que tragar esto? El segundo es a nivel argumental. Si Ender ejecuta la misión como lo haría en la realidad, ¿por qué se desespera cuando se entera de que ha matado a toda una raza? ¿Acaso si hubiera sido en verdad una simulación habría actuado después de forma diferente? ¿Para qué piensa que lo están entrenado, para un videojuego?
Así que, me la vendan como me la vendan, el mensaje está claro. Dispara primero y pregunta después. Supervivencia de la raza. Enemigo bueno, enemigo muerto. Llámenlo como quieran. Kubrick se estará revolviendo en su tumba.
Dicen que no está garantizada la secuela (por más que el final sea abierto), y que de hacerse lo más seguro es que vaya directamente a vídeo. Quizá sea mejor así. Si esto es lo mejor que saben hacer…

Creo que me voy a leer las novelas. Será sin duda un tiempo mejor invertido.

INSIDIOUS CAPÍTULO 2 (5d10)

Dicen los que entienden de esto que James Wan es el rey del terror después de poner de moda el gore con la saga Saw y, cuando todo el mundo comenzó a imitarle (no miro a nadie, Eli Roth) se salió por la tangente diciendo que el terror del bueno no precisa de sangre y se sacó de la manga la barata a la par que exitosa Insidious
Algo de razón debía tener cuando de nuevo le imitan por todas partes sin rubor, pese a que la mejor peli de miedo del año (aunque tampoco es para tanto como algunos quieren ver) ha sido suya, concretamente Expediente Warren, de la que ya se habla de secuela (lógico) y un par o tres de spin-off (¿nos hemos vuelto locos?). Así que no es de extrañar que ahora se estrene la secuela de la propia Insidious, cuyo argumento empalma directamente del final de la primera, avanzando así la narración en lugar de limitarse a repetir esquemas. Y es que si algo hay que alabar del cine de Wan es su intento de reinventarse continuamente, evitando el copia y pega que tanto usan sus imitadores. Pero claro, en esto del cine de terror (y más concretamente en la vertiente de los espíritus demoníacos) ya queda poco por inventar y lo que finalmente consigue Wan con dudoso resultado es introducir elementos menos tópicos pero que, quizá precisamente por eso, terminan por chirriar.
Claro ejemplo de ello son los dos investigadores, ya presentes en la primera entrega pero que aquí son utilizados como recurso cómico, desdramatizando en exceso la trama.
Y es que Indidiuos capítulo 2 no debería ser definida como película de terror, pues por más que se apoye en elementos sobrenaturales está más cercana a un thriller de intriga, donde el objetivo no es llegar con vida al final, sino averiguar el secreto oculto, resolver la clave del enigma.
Y en medio de todo, viajes temporales, posesiones, dramas infantiles y espiritismo (y que me perdonen los apasionados del tema porque imagino que habrá una base científica detrás, pero ver a Carl interpretando los mensajes de los difuntos mediante unos dados con letras me invita a pensar está jugando al Apalabrados con ellos), un pastiche de mil y una cosas que, en busca de romper tópicos acaba confundiendo al personal con un batiburrillo que al final no conduce a nada.
Una vez más, el punto fuerte de la película de Wan son sus intérpretes, en especial un Patrick Wilson apegado al género y director que se mueve como pez en el agua pero cuya carrera puede encasillarse peligrosamente (¿alguien lo recuerda en Watchmen?)

Así que, resumiendo, nueva vuelta de tuerca a lo de siempre en una película que entretiene pero poco más, pero que quien busque sustos que no se haga ilusiones.

sábado, 16 de noviembre de 2013

SOMOS LOS MILLER (6d10)

Pues aquí estamos otra vez ante una de esas comedias sin más pretensiones que hacernos pasar un buen rato y -¿será por los tiempos que corren?- habiendo sido número uno en la taquilla americana. Está claro que, hoy por hoy lo que mejor funciona son las comedias simples y las películas de terror más simples aún, aunque haya demasiadas comedias que den miedo y demasiadas películas de miedo que den risa.
En este caso, sin embargo, la propuesta está un poco por encima de lo esperado, por más que empieza a cansar ya el temita de que Jennifer Aniston se haya empeñado en destacar su faceta más sexual en todas sus películas (desde Cómo acabar con tu jefe parece que imponga por contrato aparecer ala menos una vez en ropa interior), aunque que se confundan sus escenas eróticas con escenas cómicas no debería decir mucho en su favor.
Sea como sea, Aniston aparte, Somos los Miller se presenta como una comedia loca, divertida y repleta de gags que, por mucho que deriven a un final previsible e inevitable, funcionan en la mayoría de las veces, apoyándose sobre todo en la vis cómica de sus intérpretes y en un surrealismo delirante en ocasiones (esa pecera gigante con una orca asesina dentro) pero con las convenientes dosis de acción para hacer de esta road movie familiar un producto de puro entretenimiento.
No nos engañemos, no estamos hablando ni de lejos de la reencarnación de Billy Wilder, pero es que el panorama humorístico tiene unos niveles tan bajos que cualquier peliculilla como esta que te permita soltar cuatro o cinco carcajadas ya merece un aplauso.
Y eso y poco más es lo que debemos pedirle a Somos los Miller. Pasar un buen rato riendo y olvidando los problemas de la vida real con una serie de tontadas mejor o peor contadas y con unos intérpretes que se mueven como pez en el agua en este tipo de producciones. Dirigida por Rawson Marshall Thurber, cuya obra más destacada hasta la fecha era Cuestión de pelotas, cuenta en su reparto con Jason Sudeikis, visto en Carta Blanca, Cómo acabar con tu jefe y en diversas comedias televisivas, Ed Helms, para siempre el más desgraciadico de Resacón en las Vegas, y los jóvenes Emma Roberts (sobrina de Julia) y Will Poulter (que se dejaba ver por alguna de las Crónicas de Narnia).
La historia es tan absurda como que un camello del tres al cuarto debe convertirse en narcotraficante internacional a la fuerza y no tiene mejor idea para cruzar sin problemas la frontera mejicana que aliarse con un grupo de semidesconocidos para fingir ser una familia feliz y empalagosa que pasa las vacaciones a bordo de una monstruosa auto caravana.
Evidentemente, por muy gamberra que quiera ser la película (se trata de un camello, una stripper, una sin techo y un pardillo aún virgen) todo tendrá un final con moralina y resaltando los valores familiares, pero aun así y todo el mensaje no se hace lo suficientemente empalagoso para llegar a molestar tanto como se podría esperar, mientras que por el otro lado, el humor es más sutil y blanco de lo que pretende mostrar el tráiler, donde se han condensado todos los chistes zafios como dirigiendo –equivocadamente- el producto hacia un público demasiado descerebrado para entender ningún chiste que no sea de cacaculopedopis.

No sé, quizá es que con los años me esté volviendo muy conformista, pero yo conseguí reírme casi todo el rato. Y a eso iba. ¿Para qué pedir más?

SÉPTIMO (6d10)

Nos encontramos ante un nuevo ejemplo de que el cine patrio sigue apostando por películas de género, con pretensiones más o menos internacionales (aunque en esta ocasión rodando en español) y con Belén Rueda convertida en una auténtica especialista en el tema.
Situada en la ciudad de Buenos Aires (de hecho se trata de una coproducción con Argentina), Séptimo explica la historia de una pareja en proceso de divorcio cuyos hijos desaparecen misteriosamente mientras bajaban por las escaleras de su comunidad. No es la primera vez que Rueda pierde a un hijo (todos recordamos El Orfanato), pero en lugar de actuar como una madre coraje y desesperada en esta ocasión deja que sea el padre, sufrido Ricardo Darín, quien tome las riendas de la situación y haga lo imposible por recuperar a sus vástagos. Con las entrañas del edificio como escenario principal comienza una búsqueda contrarreloj en la que, como si de una partida de Cluedo se tratase, se van sucediendo los sospechosos: una antigua canguro obsesionada con los niños,  un comisario de policía (siempre hay algún policía implicado en un secuestro, afirma el padre), un vecino de extraña conducta, el conserje, un empresario al que el personaje de Darín, abogado de profesión, tiene contra las cuerdas, o incluso el propio padre.
Hasta este punto la película muestra una factura impecable, con una sensación claustrofóbica acompañando a la creciente tensión y con unas interpretaciones excelentes, entregándose ambos al sufrimiento y al temor pero con la suficiente moderación para no caer en el histerismo exagerado, siendo capaces de traspasar su angustia al espectador.
El problema estriba en que el director, Patxi Amezcua, que tenía la opción de inclinarse hacia la vertiente más dramática de la historia, decide entregarse al thriller puro y duro, queriendo componer un puzle plagado de pistas falsas y giros de guion, pero olvida hacer partícipe al público. Siendo como son automáticamente descartados todos y cada uno de los sospechosos el resultado final es un camino demasiado lineal, donde a poco que apliquemos un poco de lógica daremos con la solución antes de lo debido.
Además, y esto es lo que más me molesta, Amezcua abre muchas puertas por el camino, algunas meras distracciones con la intención de que los árboles no nos permitan ver el bosque, pero se olvida luego de cerrarlas. Sin desvelar nada crucial pondré como ejemplo ciertas acciones que el abogado realiza en un momento dado para conseguir dinero que deberían tener graves consecuencias, pero que caen totalmente en el olvido. Un recurso habitual en el cine de intriga son los finales abiertos; esto, sin embargo, es más buen un final inacabado.
Insisto en que esto me podría parecer bien en un drama, donde quedan preguntas en el aire para que el espectador las reflexione más tarde en la soledad de sus pensamientos, pero aquí estamos ante un juego, un enigma en el que, una vez descubiertas las máscaras, se desinfla como un globo con un poro.
Una lástima, porque quizá hubiera bastado un último epílogo para cerrar las tramas, aunque eso obligaría al director a concluir su película con un tono que sin duda no era el deseado. Pero hacer trampas tampoco es lo deseado, querido Amezcua, por más que a cambio nos regales una hermosa panorámica de Buenos Aires.

Una vez más, algo que podría haber sido y se queda a las puertas.

EL ÚLTIMO EXORCISMO PARTE 2 (3d10)

Perdonadme por empezar con un chiste tan fácil como malo, pero digo yo que el exorcismo este no era tan último como prometían, ¿no? Y como se suele decir: y lo que te rondaré, morena.
Bromas aparte debo confesar que quizá no sea totalmente objetivo a la hora de reseñar esta película ya que, aunque no puedo decir que no me gusten las películas de terror (siempre he pensado que si una película es buena el género no importa) sí que estoy ya un poco hastiado de esta moda de exorcismos y parapsicólogos baratos que han sustituido a los slashers de los ochenta al amparo sobre todo de los inventos baratos pero mega rentables de James Wan y sus amigos. Además, para más inri, me atrevo con esta secuela sin haber visto la primera, pensando que como sucedía con Exorcismo en Georgia, no tendrían nada en común. Craso error, aunque por fortuna es tan aburrida esta película que no tuve problema en recurrir a la fiel wikipedia durante la proyección para saber de qué iba el rollo este.
Por lo visto, la primera parte pertenece al sobreexplotado subgénero del metraje encontrado, y con la excusa de un documental sobre exorcismos la cosa deriva en una marcianada con sectas satánicas por medio. Algo muy raro todo y que iba a acabar como el Rosario de la Aurora, pero que sonaba ligeramente original (verlo trasladado a la pantalla posiblemente sea ya harina de otro  costal).
El caso es que para esta secuela pasan totalmente de las cámaras de video y de forma totalmente convencional seguimos los pasos de la chica superviviente de la paranoia aquella que, naturalmente, no acaba muy bien de la cabeza y es llevada a un hogar de acogida donde durante media película la veremos interactuar con otras chicas, trabajar, tontear con un chico... cosas así, insoportablemente aburrido todo por más que quieran meter algún sustillo por medio para hacerte saltar de la butaca (y si el que salta es el de al lado, al menos sirve para despertarte). Entonces de repente alguien se acuerda de que esto es una pel


 
i de miedo y pisa el acelerador, pero ya es tarde para arreglar lo que no tiene arreglo, por más que lo que queda por ver sea tan bizarro que recuerde a un cruce entre Carrie y la niña de Ojos de fuego, con un final que obliga a pensar en una tercera película que de seguir por estos derroteros debería ser más de acción que de terror, una especie de Resident Evil con niñas poseídas en lugar de zombies.
Así, El último exorcismo 2 es un bodrio total donde sólo se salva la interpretación de la protagonista, Ashley Bell, que o bien va sobrada de talento en comparación con los responsables de esta película o bien para las escenas de horror la motivaban con el guion de El último exorcismo 3.
Del director mejor ni hablo, porque ni sé quién es (ni yo ni nadie) ni quiero saberlo.

James Wan, nunca nos podrás compensar por tanto mal que has hecho. 

viernes, 15 de noviembre de 2013

VIVIR ES FÁCIL CON LOS OJOS CERRADOS (6d10)

Si comienzo diciendo que nos encontramos ante una película española ambientada durante la dictadura franquista posiblemente lo primero que pensareis es: ¡venga, otra más!
Sin embargo, en esta ocasión, esa oscura etapa de nuestra historia reciente no sirve como base para un alegato político crítico con el régimen, sino como simple telón de fondo para una historia tan sencilla como (a priori) amarga que, en forma de road movie coral y con John Lennon como excusa argumental, desemboca en un mensaje optimista y cargado de buenas intenciones (quizá incluso demasiadas) cuando se torna en una historia sobre la lucha interna y el espíritu de superación.
Sin ser ni de lejos la mejor película de David Trueba, el hermano pequeño de Fernando se basa en una historia real (la de un profesor de Albacete que utiliza las letras de las canciones de los Beatles para enseñar inglés y se desplaza hasta Almería para tratar de conocer en perdona al líder del grupo de Liverpool con el propósito de convencerle para que añadan las letras de las canciones en las fundas de los discos) aderezada con retazos autobiográficos para confeccionar el periplo de tres personajes diametralmente opuestos como son el profesor, una joven embarazada que huye de su pasado y un adolescente que huye de su propia indeterminación, que no solo conectaran desde el primer momento sino que terminarán enseñándose unos a otros lecciones de lo que es la vida y cómo enfrentarse a ella.
Apoyada sobre todo en una exquisita ambientación de la época y unos personajes totalmente empáticos, la historia de Trueba peca demasiado de sencillez, dejando un buen pero breve sabor de boca, y con la sensación de que se queda tan solo a las puertas de la grandeza a la que podría aspirar. Por ello, lo mejor del film son sus intérpretes, con un Javier Cámara tan brillante como nos tiene acostumbrados y dos promesas con un gran futuro, como Francesc Colomer, ya visto en Pà Negre, y la desconocida Natalia De Molina, con el encanto de una sencillez tan arrebatadora que, sin necesidad de una belleza deslumbrante, enamora sin concesiones.
Sin ellos, la película sería una simple sucesión de situaciones simpáticas pero sin alma, pero que con sus interpretaciones se torna apasionada y emotiva,
También ayuda la participación de Eduardo Antuña y los breves cameos de Jorge Sanz, Ariadna Gil y Valentí Guardiola (el padre de Pep), además de dos secundarios de lujo como son el Seat 850 del protagonista y la presencia, casi espiritual, de Lennon y su legendaria Help.
Concluida la visualización quizá uno se quede con ganas de más, sintiendo que falta algo que termine de redondear el círculo, pero nada podrá evitar que una sonrisa se dibuje en nuestro rostro y nos sintamos un poquito más felices, lo que pese a las carencias que pueda tener la película, es más que suficiente para justificar el precio de la entrada.

Y es que, efectivamente, hay veces en que vivir es fácil. Solo hace falta que luchemos por ello.