Hace
un año Jennifer Lawrence protagonizaba una película basada en una novela de
Suzanne Collins que todo el mundo pensó que era un remiendo de Crepúsculo. No era para menos.
Literatura juvenil, triángulo amoroso, protagonistas poco conocidos y subtrama
fantástica. Todo cuadra.
En
aquel momento, Jennifer Lawrence solo tenía un éxito en su haber, X-Men: Primera generación, pero su
personaje de Mística sólo era uno más en el reparto coral de la precuela
mutante, pese a que ya acumulaba una nominación al Oscar por una película que
era tan buena que casi nadie vio.
Y
mira por dónde, que resultó que la susodicha Los Juegos del Hambre resultó ser, contra pronóstico, una buena
película. No excelente, pero si buena.
Una
año después, la Lawrence tiene ya su estatuilla dorada por El lado bueno de las cosas, es pieza clave en dos franquicias (ya
se ha vuelto a pintar de azul para repetir como Mística), y ha completado
rodajes tan interesantes como American
Hustle (sólo el reparto ya da miedo, demasiado extenso para reproducirlo
aquí), convirtiéndose en la actriz de moda en Hollywood con quien todos quieren
trabajar.
¿Y
la película? Si el cine fuera una ciencia, bastaría con mirar los datos: mejor
estreno de diciembre de la historia, superando a Crepúsculo: Luna nueva, cuarto mejor estreno de todos los tiempos
(solo por detrás de Los Vengadores, Iron man 3 y la última de Harry Potter y desbancando a El Caballero Oscuro: La leyenda renace)
y superando los 300 millones de recaudación sólo en ese primer fin de semana.
Pues
aunque sea cierto que el cine no es ciencia y que alguna de las películas antes
mencionadas hayan recaudado mucho y sean una patata (y hablo de vampiros fluorescentes
y murciélagos insulsos, para quién no sepa leer entre líneas), en esta ocasión
el director Francis Lawrence (conocido en su casa por tres películas flojitas
y, sobretodo, por hacer videos musicales de Jennifer López y Britney Spears) ha
conseguido superar a su predecesor (Gary Ross) con una película sorprendente y
fresca y que se atreve a romper algunos de los moldes del género.
Sin
entrar con mucho detalle en la trama, que todo el mundo ya conoce, sólo diré
que el Presidente Snow está preocupado por los actos revolucionarios que el
éxito de Katniss Everdeen está provocando y se saca de la manga que los 75º
Juegos del Hambre serán una competición entre ganadores anteriores,
consiguiendo así meter de nuevo en el fregado a la pobre Katniss, a su novio de
mentirijillas Peeta y a un nuevo grupito de protas con los que Katniss tendrá
que o luchar o aliarse.
Sin
embargo, lo más sorprendente de todo es que Lawrence (director) decide ser
valiente y tratar de hacer una película lo suficientemente adulta como para
que, pese a las casi dos horas y media de metraje, más de la mitad se destinen
al desarrollo de personajes, mientras que el rollo amoroso, aunque presente, es
muy secundario frente a lo que de verdad importa, el estado de miedo y
represión dictatorial del Presidente Snow, que preocupa mucho más a la propia
Katniss (aparte de su propia supervivencia, claro está) que con quién deba o no
besarse.
Además,
Lawrence (director) no se arruga cuando debe mostrar la crueldad de los juegos
y, sin llegar a ser extrema violencia, hace que Lawrence (actriz) se manche de
sangre cuando debe hacerlo, sin esconder la cámara como hacen otros (¿estás
leyendo esto, Marc Forster?).
Los Juegos del Hambre: en llamas es cruel y dura, pero también divertida y tierna.
Emocionante y trepidante cuando debe y romántica cuando puede. Quizá poca cosa
para las mojigatas adolescentes que se piensan que la película es solo
propiedad de ellas (¡que os zurzan!) pero que hará las delicias del espectador
con más de dos neuronas en la cabeza que espera el espectáculo digno de un
blockbuster pero con un mínimo de inteligencia.

Sin
entrar en el terreno de los spoilers, sí quiero dedicar un breve comentario a
la escena final, en la línea de El
Imperio Contraataca o Regreso al
Futuro parte II, que aunque se sepa de antemano que hay dos películas más
para cerrar la saga se me antoja un “coitus interruptus” algo cruel y brusco.
Puro
entretenimiento, Los Juegos del Hambre:
En llamas cumple con las expectativas y pone el listón muy alto para Los Juegos del Hambre: Sinsajo partes uno y
dos, pero como Lawrence (director) sepa estar a la altura la saga puede
tener un gran colofón, demostrando que de las novelas juveniles se pueden sacar
cosas interesantes, como ya se vio en la parte final de la adaptación de
J.K.Rowling.
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