lunes, 27 de mayo de 2013

FAST & FURIOUS 6 (7d10)

Resulta curioso comentar esta película poco después de mi crítica a Scary Movie 5, ya que a priori guarda ciertas similitudes. Ambas corresponden a un número relativamente elevado dentro de una saga, cuenta con realizados últimamente dedicados casi en exclusividad a dichas sagas (Justin Lin lo único destacable fuera de Fast & Furius son un par de episodios de Community), sus guiones carecen de sentido y sus intérpretes son entre medianos y malos, y eso siendo generosos. Así pues, ¿cuál es la diferencia entre ambas obras? El despiporre. Furious 6 (este es el título que aparece en Pantalla; a estas alturas ya no estoy muy seguro de su título en España) es una montaña rusa constante, un espectáculo de acción y adrenalina que no deja en ningún momento espacio para el aburrimiento y ofrece precisamente lo que promete: acción,  persecuciones espectaculares, tiroteos, peleas y toques de humor. Perdónenme ustedes por ser tan poco académico,  pero por más vueltas que le he dado no encuentro una definición mejor que la del despiporre, desde la primera  la última escena e incluyendo la hoy en día inevitable escena postcréditos.
Si el otro día decía que me habría conformado con que los de Scary me hubiesen hecho reír alguna vez, en el caso que hoy nos ocupa la diversión es total. Se me ocurre ahora pensar en otra saga a la que también podíamos comparar: Jungla de Cristal, esa obra maestra del cine de acción mas ochentero que mantuvo el ritmo con dignidad hasta su tercera entrega y evolucionaba hasta el despiporre más delirante en La Jungla 4.0 hasta ofrecer un final triste y bochornoso (al menos por ahora) con la quinta entrega,  cuya critica tenéis por aquí. Pues bien, esta F&F6 recuerda en espíritu a esa Jungla 4.0, donde no importaba que John McCaine persiguiera un camión desde un Harrier mientras lo hiciera con estilo. Igualmente la alegre pandilla de Toretto se enfrenta a desafíos imposibles tanto de ver como de creer, como impedir que un avión militar de carga pueda despegar por el peso de unos simples coches en una pista aparentemente infinita, ser perseguidos a gran velocidad por una autopista por un tanque (con el Teide de fondo, por cierto), organizar carreras ilegales en medio de Londres (la ciudad con más cámaras de video según dicen en un momento de la película) con podiums para gogos, DJ's y coches estruendosos sin que nadie se entere, y eso por no mencionar la excesiva comprensión ante determinadas situaciones por las féminas de la película. Situaciones inverosímiles ante las que solo nos queda exclamar: ¿y qué más da? Y es que mientras disfrutamos de las más de dos horas de película lo único que podemos pensar es: quiero más. Y tened por seguro que nos lo dan.

Confieso que me acerqué a este film con cierto temor y sin haber visto las anteriores películas, por lo que no sabía si iba a poder identificarme con los personajes. Con reconocida simpleza pensaba que la cosa iba simplemente de carreras de coches y tópicos machistas, pero ya los títulos de crédito, con escenas de toda la saga, me advirtieron de que me había perdido cosas importantes,  aunque ello no era impedimento para disfrutar esta sexta entrega sin dificultad.
La excusa argumental es simple: unos terroristas están robando armas nucleares utilizando coches de gran cilindrada y el agente Hobbs pide ayuda al fugitivo Toretto con la excusa de que una ex del piloto, Letty, a la que daban por muerta, está metida en el ajo. Toretto junta a toda la panda y el espectador ya sabe que... ¡se va a liar parda!.
Una posible pega podría ser la calidad de sus actores, con un Vin Diesel inquietantemente hinchado que roza el ridículo en los momentos más dramáticos,  Wayne "the Rock" Johnson y Michelle Rodríguez haciendo de sí mismos, copiando gestos y tics que podrían pertenecer a cualquiera de sus papeles anteriores, Gina Carano que, como ya demostró en Indomable, es mejor que no pare nunca de dar leches, que es lo suyo, y unos cuantos actores de reparto que simplemente cumplen y no molestan. Y, junto a ellos, Paul Walker y Luke Evans que demuestran que son los únicos actores de verdad en la función. Y como maestro de ceremonias Justin Lin que si bien no emociona tanto  como pretende si consigue imponer un buen ritmo y dotar de gran espectacularidad a las escenas de persecuciones, precisamente lo que le echaba en falta a La Jungla: un buen día para morir.

En resumen,  acción, diversión y toques de tragedia que culminan en una escena final que avanza lo que veremos en la séptima entrega y quién se va a sumar a la fiesta. Y, creedme, volverá a ser un despiporre.

DEAD MAN DOWN (LA VENGANZA DEL HOMBRE MUERTO) (6d10)

Dead man down es una película triste, intencionadamente triste. Sus personajes son muñecos rotos, gente destrozada por su pasado y que encontrarse solo les va a servir, en lugar de para consolarse, para avanzar un paso más en el camino de su propia autodestrucción. Y para ello la mejor baza con la que cuenta el film es su pareja protagonista,  formada por dos actores tristes que pueden resultar odiosos en cualquier otra producción pero que aquí se adaptan al paisaje a la perfección,  transmitiendo al espectador la apatía por la vida a la que su desesperación ha arrastrado. 
Colin Farrew, ese insípido actor que pone la misma expresión a un policía de antivicio de Miami que a un escritor sin ideas o a un villano de superhéroe, y Rooney Rapace, sin duda lo peor de Sherlock Holmes 2 y un lastre constante a la belleza visual de Prometheus, cumplen aquí con creces haciendo creíble esa ambigua relación entre Victor y Beatrice, un matón de tres al cuarto y una vecina que lo chantajea tras haberle visto cometiendo un asesinato. Una relación nacida por interés pero que al desnudar los secretos de sus respectivos pasados (él perdió a su familia asesinada, ella tiene traumáticas cicatrices en el rostro gracias a un conductor borracho) el telón del egoísmo cae para descubrir que se necesitan el uno al otro si es que pueden aspirar a recuperar algo parecido a una vida.
La película tiene un ritmo lento, casi anodino al principio, que nos permite sin embargo poder conocer mejor a este par de perdedores que el destino -y unas terrazas enfrentadas- ha unido,  mientras que la velocidad impulsiva corre a cargo de Alphonse y Darcy, jefe y compañero (a la par que lo más parecido a un amigo) de Victor, unos muy correctos Terence Howard y Dominic Cooper.

¿Dónde es, entonces, donde cojea la historia? En su final. Sin querer adentrarme demasiado en spoilers, al director Niels Arden Oplev (descubridor de Rapace en la primera Millenium) pierde el control del film al aproximarse al clímax final y convertir al personaje de Farrew en una suerte de John McClane con aires tarantinescos en un tiroteo frenético que echa por la borda el agradable regusto agridulce que hasta ahora tenía la película.  Pese a ello, Dead man down cumple con creces y nos recuerda que si dos seres abandonados como estos pueden salir de sus cloacas, ¿qué no podemos hacer nosotros, la gente corriente? Triste historia, sí,  pero finalmente esperanzadora.

martes, 21 de mayo de 2013

STOKER (8d10)

Stocker es una película de Chan-Wook Park, director coreano reconocido internacionalmente por su trilogía de la venganza (Boksuneun naui geot, Oldboy y Chinjeolhan geumjassi). Comienzo así porque este es un caso de esos en los que conviene conocer al director y su obra antes de adentrarse en la oscuridad de la sala del cine y así estar más preparados para lo que nos espera. Y es que Park, como buen heredero del cine oriental, es un poeta filmando, importándole poco -o quizás nada- el abusar del ritmo lento de la narración en favor de un plano concreto o un sonido determinando. Y es que para redondear la cosa Park no se conforma con deslumbrar visualmente, sino que con el mero pretexto de que la protagonista tiene un oído por encima de lo normal consigue cautivar con un sentido habitualmente menospreciado en el cine.
Pero empecemos por el principio. La historia, aunque interesante, no es un homenaje a la originalidad, precisamente. Tras la muerte del cabeza de familia, la viuda y su hija adolescente acogen en su casa al desconocido e inquietante (a la par que cautivador) hermano de este. La incursión de un elemento extraño en el núcleo familiar (ya sea un vecino, un familiar o incluso una mascota) es un recurso recurrente en el cine, válido tanto para comedias, thrillers o incluso dramones televisivos ideales para la sobremesa, pero en el caso que nos ocupa Park no se centra solo en lo que cuenta, sino en cómo lo cuenta. Apoyándose en situaciones que se nos pueden antojar tópicas (el dolor por la pérdida de un padre, la falta de adaptación entre compañeros de clase, la atracción hacia un desconocido, el despertar sexual...) Park consigue seducirnos con su estilo único y reconocible, bailando entre el misterio y el drama pero recordándonos siempre que hay una amenaza latente que terminará irremediablemente en un estallido de violencia que el director muestra con hermosa maestría, como demuestran las escenas de la sangre empapando flores (y permitidme recordar que Stoker fue rodada con anterioridad a Django desencadenado). Sin duda el mayor triunfo de la película es, sin embargo, su capacidad para incomodar e incluso angustiar con las decisiones que toman sus protagonistas sin que ello nos impida identificarnos con ellos. A diferencia de otro film reciente (para mi muy sobrevalorada e infinitamente inferior a Stoker) como The Master, en esta ocasión la tortura interna de sus protagonistas no provoca un distanciamiento hacia los mismos, por más reprobables que podamos encontrar sus actos. Otra diferencia esencial entre Stoker y The Master cabe encontrarla en sus intérpretes. Mientras en aquella (y ahora es cuando los gafapastas y críticos sesudos intelectuales se me tirarán al cuello) sólo Philip Seymor Hoffman estaba correcto, Amy Adams solo pasa por ahí y la estrella (estrellada) de la función,  Joaquin Phoenix, está simplemente horrible (ahora es cuando llueven los puñales), en Stoker todos sus intérpretes están geniales,  incluyendo al sosainas de Dermot Mullroney. Nicole Kidman, aparentemente libre del botox que a punto estuvo de hundir su carrera, cumple a la perfección el papel de madre frívola y distante, más preocupada de su propio mundo que de intentar recordar que tiene una hija. Pero los que verdaderamente hacen magia son la pareja sobrina-tío. Mia Wasikowska, está inmensa, calculando pon precisión de cirujano la emoción necesaria en cada plano,  saltando de la apatía a la pasión en un parpadeo y demostrando, tras sobrevivir con acierto a la marabunta de efectos digitales sin sentido fue fue la Alicia de Burton, que tiene un gran futuro por delante, mientras que Matthew Goode, después de interpretar al Ozymandias de Watchmen, se ha convertido en un especialista en personajes seductores e inquietantes a la vez. Lo que es capaz de transmitir (y perturbar) con una mirada o una sonrisa lo sitúan, a mi parecer, a la altura de Anthony Hopkins en El Silencio de los Corderos, paseando con libertad por la fina línea que separa el bien y el mal que hace que el espectador dude entre amarlo u odiarlo, aunque lo más sensato sería,  sin duda, temerlo.


Tres interpretaciones brillantes, más si tenemos en cuenta lo tentador que podría ser con semejantes personajes caer en el histrionismo y la sobreactuación,  ofreciendo un regalo que Park aprovecha regando la película con planos brillantes y una inteligente composición de sonidos y silencios que subrayan a la perfección la tensión casi insoportable que se extiende durante el metraje insinuando un violento desenlace. 

EL GRAN GASTBY (8d10)

Aunque El gran Gatsby sea una adaptación de la novela (que probablemente casi nadie haya leído en España) de F. Scott Fitzgerald, el precedente que supone la versión de Jack Clayton de 1974 con Robert Redford como protagonista invita a realizar comparaciones que siempre terminan resultando odiosas, pero tener a Baz Luhrmann como director y alma matter de esta película ayuda a replantearse un poco las cosas. Y es que Luhrmann es un director con unas señas de identidad tan definidas (para lo bueno y lo malo) que resulta imposible compararlo con nadie que no sea consigo mismo. Y el ejemplo más claro es la opción del 3D que puede parecer ilógico al espectador que tenga en mente la primera versión pero que una vez vista esta actualización resulta completamente comprensible.
Tres son los pilares sobre los que se sostiene El gran Gastby: su historia, su director y su estrella principal,  el cada vez más superlativo Leonardo DiCaprio.

En realidad el motor de arranque de la película lo realiza Nick Carraway, interpretado con brillantez por un Tobey Maguire luchando todavía por escapar de las redes de Spider-Man,  un joven anónimo en busca de su lugar en la vida (sobrevive vendiendo bonos del estado aunque con inquietudes literarias) que se ve atrapado por el magnetismo irresistible que desprende a su alrededor un personaje de aurea casi mitológica, un excéntrico millonario a quien nadie parece conocer realmente, salido de la nada y anfitrión de las mejores y más sonadas fiestas de la ciudad. Nacerá entonces una simbiótica relación de amistad/necesidad entre Gastby y Carraway con Daisy Buchanan, prima de Carraway y antiguo (y eterno) amor de Gastby en medio de la ecuación. Una historia de amor con tintes clásicos que solo puede terminar en catástrofe que en manos de Luhrmann se convierte en un espectáculo de luz, música y color de bella artificialidad. La primera mitad de la película, mientras se cocina la trama a fuego lento y se descubren los personajes y sus inquietudes, descubriéndonoslos con cuentagotas y permitiendo así que el espectador se sienta como un invitado más de las lujosas fiestas y el seductor misterio que envuelve al anfitrión, es una completa locura, una reinvención de los años 20 americanos, una orgia de alcohol, jazz y diversión mezclados en la coctelera de Luhrmann con un derroche visual tan explosivo que en ocasiones puede llegar a agotar. No es, precisamente por ello, una película para todos los públicos. Tales son las obsesiones de Luhrmann que aquel que no comulgue con el estilo del director podría no lograr entrar en su propuesta filmica y terminar rechazando tanto exceso y pomposidad. Y es que lo que nadie le puede negar a Luhrmann es ser fiel a sí mismo, desde las bases que sentó en sus primeros pasos como cineasta con Romeo+Julieta y con la épica y poco valorada Australia como única excepción. Tanto es así que se podría definir su Gatsby como una especie de Molin Rouge con gente rica, ya que como aquella repite estilo visual y uso de canciones clásicas versionadas (muy libremente) a la época.
Pero todo lo dicho hasta ahora de poco valdría si no fuera porque la película cuenta con el concurso de Leonardo DiCaprio,  el mejor actor de su generación y sin duda uno de los más grandes de toda la historia del cine. Es curioso lo que pasa con este actor que no se sabe muy bien si por ser atractivo o por copar las carpetas de millones de adolescentes allá por los noventa, pero nunca ha sido suficientemente valorado, por más que haya protagonizado la película más taquillera de la historia, se haya convertido en el actor fetiche de un maestro como Scorsese, haya personificado el mal con elegancia y cinismo en Django desencadenado y haya trabajado (y en ocasiones su participación era lo mejor de la película) con directores como Woody Allen, Ridley Scott, Steven Spielberg o Clint Eastwood. Pero a él eso parece darle igual, y ajeno al olvido de los académicos se dedica a regalarnos película tras película interpretaciones cada vez más memorables. Después de que todo el mundo se llevara las manos a la cabeza por su ausencia de los Oscars por la película con Tarantino Leo vuelve a superarse,  plasmando a un Gatsby totalmente arrebatador, un ejemplo de encanto y elegancia que puede recordar a su interpretación de Howard Hugles pero añadiendo aquí una pasión y, una vez desnudado su personaje, un alma atormentada que hace que cada vez que aparece en pantalla todo desaparezca a su alrededor. Quizá precisamente por eso, a su lado, la habitualmente estupenda Carey Mulligan queda como lo más flojo del film, con una interpretación algo sobreactuada que roza lo caricaturesco.

Quizá muchos no comulguen con el arte de Luhrmann, pero nadie puede negarle su sentido del espectáculo con mayúsculas. Y a quien lo se deje atrapar por su mágico,  sensual y pretendidamente artificial Nueva York, siempre les quedará Leo.

lunes, 13 de mayo de 2013

OBJETIVO: LA CASA BLANCA (7d10)

Resulta curioso como en Hollywood, en ocasiones, coinciden en el tiempo dos proyectos de características similares, aparentemente de forma casual. Hace unos años tuvimos, por ejemplo, dos películas sobre meteoritos que caían a la Tierra, dos adaptaciones de Robin Hood, dos versiones del duelo en OK Corral y, este pasado año,  sin ir más lejos, tres Linconls (aunque la del cazador de vampiros bastante menos ortodoxa) y dos Blancanieves (sin contar la de Pablo Berges, que también es harina de otro costal). Pues buen, de nuevo nos encontramos con dos obras de idéntica temática que se estrenarán con apenas un par de meses de diferencia: Asalto al poder, de Ronald Emmerich, y la que nos ocupa, dos puntos de vista sobre un supuesto ataque terrorista en el edificio más protegido y emblemático del mundo.

Dicen sus responsables que para escribir el guion realizaron exhaustivas investigaciones que confirman que todo lo que se ve en pantalla podría producirse en la realidad y tan seguros están de ello que la escena del asalto está filmada en tiempo real. No sé hasta qué punto será eso cierto, pero quien acuda a ver esta película con esperanza de ver algo con tintes documentales o algún elemento de crítica al poder gubernamental,  que se vaya olvidando. Asalto a la Casa Blanca es una película de palomitas, con mucha acción,  mecha espectacularidad y cero reflexión. No hay tiempo para las metáforas sociales,  ni falta que le hace. Asalto a la Casa Blanca es una peli de tiros, violencia y explosiones,  y como tal no puede ser más sincera.
La película está dirigida por Antonie Fuqua, responsable entre otras de Training day, El rey Arturo o Los amos del Brooklyn, y cuenta la historia de Mike Banning (Gerard Butler), jefe de seguridad del Presidente (Aaron Eacklear) a  la par que amigo, hombre de confianza de su mujer y todo un ejemplo a seguir por el hijo adolescente de estos. Pero todo cambia cuando durante un accidente de coche no puede evitar la muerte de la primera dama. Reubicado desde entonces en un despacho será testigo en primera persona del asalto de los terroristas y no dudará en volver a la acción, mientras el presidente del parlamento (Morgan Freeman) se hace cargo de tomar el mando del país en tan crítica situación.
Dirigida con corrección y un buen control del ritmo, lo que más se puede echar en falta en la película es un protagonista con más carisma. Butlet nos tiene acostumbrados a alternar comedias románticas con papeles de duro (300, Un ciudadano ejemplar,...) y hay que reconocer que se esfuerza por hacer creíble su personaje, pero algo falla a la hora de conectar con el público. No puedo evitar imaginarme la misma película interpretada por Bruce Willis, por ejemplo, llevando a su John McClaine a salvar al Presidente en la que podría haber sido una secuela de Jungla de Cristal mucho más apetecible que esa chorrada de Un buen día para morir. Tanto es así que Freeman, sin apenas levantarse de un sillón en todo el metraje, hace suya la peli.

Pese a ello, entretenida cinta de evasión que atrapa durante sus 120 minutos de duración sin aburrir en ningún momento y que supone  una buena descarga de adrenalina al más puro estilo americano.

lunes, 6 de mayo de 2013

SCARY MOVIE 5 (3d10)

En ocasiones me he quejado de las exigencias de ciertos críticos que si una película no es merecedora de grandes premios parece que no sea digna de visionar. No se valora, en demasiadas ocasiones, que un film puede haberse parido con el único objetivo de entretener y hacernos pasar un buen rato, ayudándonos a olvidar por un breve espacio de tiempo los problemas de la vida cotidiana. El cine de palomitas debe existir y merece ser tratado con la misma dignidad que el cine de arte y ensayo, por poner un ejemplo. 
Sirva esta introducción para dejar claros mis gustos y mis razonamientos a la hora de valorar una película, de manera que nadie interprete como un arrebato de pedantería mi valoración. Y es que Scary Movie 5 es, simplemente, mala. Terriblemente mala. Espantosa, incluso. Y no porque esté muy mal dirigida o interpretada (aunque tampoco sería para echar cohetes), sino porque no creo que haya nada peor que una comedia (y encima una comedia disparatada, una slapstick movie, como la que nos ocupa) que no contenga un solo chiste que tenga gracia, un simple chascarrillo que provoque, si bien no una carcajada, al menos una leve sonrisa.
Debo reconocer que nunca he sido un gran fan de esta saga aunque la entrada de David Zucker como director de la tercera película (repitió con la cuarta) que ahora ejerce de guionista, mientras que su amigo Jim Abrahams ronda también por ahí,  me dio falsas esperanzas. O han perdido la inspiración o es que el bueno de la ecuación era Jerry Zucker, pero el caso es que apenas se aprecia nada en Scary Movie 5 de la frescura mostrada en la ya clásica Aterriza como puedas, en la mítica e idolatrada Top Secret o incluso en la más floja pero igualmente divertida saga de Agárralo como puedas.
Supongo que ahora tendría que hablar un poco del argumento pero, de verdad le importa a alguien? Pues debería, ya que influye claramente en el resultado final del film, aunque esta lacra para ser sinceros viene heredada de los primeros títulos de la saga. No es que pida una gran historia (ya he comentado al principio que esto no es arte y ensayo), pero un mínimo de creatividad no me parece mucho pedir. Repasemos algunos de los ejemplos anteriormente mencionados: en Aterriza como puedas, siguiendo la base clásica de películas de catástrofes con aviones,  se intuía una mínima trama propia. Top Secret parodiaba las películas de espías (y de rebote, las tontadas que protagonizó Elvis Presley en la gran pantalla) sin atarse a ninguna en concreto, igual que hacia Agárralo como puedas con el género policiaco.  Más ejemplos: Hot Shorts miraba de reojo a Top Gun y su secuela a Rambo mientras la patria Spanish Movie picoteaba de todos los referentes posibles de nuestro cine para formar su propia trama. No es caso, para nada, de las Scary Movie, que se limitan a coger un guion ya existente para copiarlo descaradamente, metiendo torpes chascarrillos que no hacen sino ofender a los entusiastas de las películas originales y metiendo con calzador reflujos de otras obras para poder alcanzar una hora y media del más absoluto vacío, de manera que si el espectador ya conoce las referencias se aburrirá más todavía, mientras que si le son ajenas encontrará chistes y referencias que no entenderá. Así, esta Scary Movie 5 sigue casi a rajatabla la historia de Mamá,  en la que una pareja calcada a la del film original debe hacerse cargo de unas niñas abandonadas en el bosque por el hermano de él (en la original son dos niñas, aquí tres, uno de los pocos cambios que, además,  no aporta nada ni tiene ningún sentido). Sumemos a esto planos copiados al Retorno al Planeta de los Simios, Origen, Cisne negro (todas películas terroríficas, como puede verse) y ya tenemos un ¿guion? completo. E, insisto, repleto de chistes carentes de gracia. Si acaso, podría salvar levemente la escena que parodia a Posesión infernal, que posee el único chiste salvable, cusa curiosa cuando el film al que hace referencia naufraga precisamente por su falta de humor.
No sé si vale la pena hablar del reparto, encabezado por una chica Disney (Ashley Tisdale de Las aventuras de Zack y Cody y la saga de High School Musical, intentando labrarse una carrera como actriz seria tras los pasos de sus camaradas Miley Cyrus, vista recientemente en Lol, o Serena Gómez y Vanessa Hudgens, ambas en Spring Breakers, y a la que esta película no le vs a hacer ningún bien) y Simon Rex, actor por algún motivo especializado en el slapstick malo, con la tercera y cuarta entrega de Scary Movie,  Superhero Movie y Me parece que... se lo que gritasteis el último viernes trece en su haber. Junto a ellos repite cameo Charlie Sheen y se estrena Lindsay Lohan, supliendo a las habituales Pamela Anderson o Carmen Electra.

En fin, colección de despropósitos que no merecen que se les dedique más tiempo pero que a poco que recaude volverá, como los espíritus pelmazos, en forma de Scary Movie 6.

LA GRAN BODA (6d10)

Nos encontramos ante una de esas películas francamente fáciles de comentar, ya que de antemano se puede intuir lo que va a ofrecer y en ese sentido no engaña lo más mínimo. Enmarcada dentro de un estilo específico de comedia romántica siguiendo la estela de , por ejemplo, Los padres de ella, se compone de una historia de enredos y malentendidos sin traumas demasiado fuertes (la comedia siempre prevalece, a diferencia de las comedias románticas de los noventa representadas por Meg Ryan o Sandra Bullock donde en ocasiones la melancolía terminaba por empapar las películas de tristeza, aunque solo sea porque ese tipo de films siempre ha tenido una segunda vida en la venta de sus bandas sonoras y las canciones tristes venden más que las alegres;  otra cosa es diferenciar si es comedia buena o no), con un ambiente generalmente ostentoso (enormes casas familiares con hermosos paisajes alrededor,  si es con posibilidad de lago, mejor) y un buen reparto (en este caso, extraordinario), capaz de aunar nombres con talento,  jóvenes guapos y algún punto intermedio que esté próximo al público objetivo, es decir,  mujeres de mediana edad en adelante. Una última posibilidad es la incursión de un personaje ligeramente externo a la trama como punto cómico (al estilo del cura que interpreta Rowan Atkinson en Cuatro bodas y un funeral).
La historia es enredosamente simple: Don es un hombre divorciado con dos hijos naturales y uno adoptado que vive actualmente con su pareja actual, la exmejor amiga de su exmujer. Todos se reúnen para la boda del hijo adoptado, a la que también asistirá la madre biológica del mismo y su hija. El problema es que estas son profundamente católicas y contrarias al divorcio, por lo que el joven, temiendo decepcionarlas, pide a sus padres adoptivos que finjan que siguen casados, con los equívocos, complicaciones y alborotos que ello conlleva (dato curioso: la madre biológica es colombiana y no sabe ni papa de inglés;  en la versión española,  para mantener los chistes derivados de los problemas de idioma, la han convertido en brasileña y todos tan contentos).

Como ya he dicho, el punto fuerte de la película es el reparto, siguiendo el esquema antes mencionado. Así,  tenemos a tres actores de sobrada calidad como son Robert DeNiro como el patriarca de la familia, Diane Keaton como se exmujer y Susan Sarandon como su pareja actual. Para la pareja enamorada tenemos a Ben Barnes (El retrato de Dorian Grey, Las Crónicas de Narnia: El príncipe Caspian)) y Amanda Seyfild (Mamma mia, Los Miserables) y los dos hermanos restantes son Tobey Grape (Spiderman 3) y Katherine Heigh (Anatomia de Grey y varias comedietas insulsas a cual peor). Y el secundario cómico lo compone el últimamente olvidado Robin Williams. Un reparto de lujo que conforman la mejor (y casi única) excusa para acercarse a una película de buenas intenciones y sonrisa fácil, pero que no llega a conseguir una carcajada abierta en ningún momento y a la que se le echa de menos un poco más de mala baba y diálogos más brillantes. Todo lo que sucede termina siendo completamente previsible,  con un final obligatoriamente feliz, perdonándose todos a todos y más contentos que unas monas. Pero teniendo en cuenta que eso es justamente lo que se espera de una película así, pues sería tonto sentirnos engañados o decepcionados.

Aceptemos esta lujosa invitación de boda, pasémoslo distraídamente bien un par de horas y olvidémosla al volver al mundo real. No hay que pedirle más.