domingo, 17 de septiembre de 2017

DETROIT, otro oscuro episodio de la sociedad americana

Aunque la crítica en general parece haberse puesto de acuerdo en alabar a la última película de Kathryn Bigelow, no ha faltado la controversia alrededor de Detroit debido a los valores de las misma.
Aunque no soy especialmente fan de la directora de La noche más oscura, no cabe duda de que aquí hace un trabajo casi impecable, con un montaje prodigioso y una puesta en escena que, pese a lo que me pueda incomodar personalmente la cámara en mano nerviosa al estilo documental, aquí juega en favor de la narrativa y transmite en el espectador los nervios que viven los propios protagonistas. Ademas, sabe sacarle el máximo partido a sus protagonistas, en especial a un John Boyega que todavía no había logrado ningún papel destacable desde que se diera a conocer en Star Wars: El despertar de la fuerza.
Dicho eso, parece necesario hacer una reflexión sobre el transferido de la película, ya que Bigelow pretende hacer un retraso social y no estoy seguro de que lo consiga por completo. Y no solo porque la historia que cuenta sea una reinvención basada en testimonios no en los propios hechos (tal y como confiesa al final del film), sino porque parece demasiado encadenada a una corrección política que no llegue a enfadar a nadie, y por más que se disfrace de dedo acusador se cuida mucho de que nadie salga totalmente retratado. El sistema judicial, si acaso, aunque al final todos cumplen con su trabajo.
La película arranca con las revueltas de 1967 que sacudieron Detroit y provocaron grandes destrozos en barrios de negros y numerosos enfrentamientos con la policía que derivaron en verdaderas batallas. Sin embargo, Bigelow evita profundizar sobre el contexto para centrarse en una historia más personal, la de un músico y su amigo (ambos negros) que se encuentran en en lugar equivocado en el momento equivocado: un motel de mala muerte donde conocen a dos chicas blancas y en el que por culpa de un grupito de “pringados” que juegan con una pistola falsa terminan siendo asediados por la policía y en manos de un joven y sádico oficial. A partir de entonces, la película se asemeja más a un thriller con tintes de terror, a una home invasion en toda regla. Incluso entonces, Bigelow se cuida mucho de criminalizar a nadie, ni siquiera al policía Philip Krauss (personaje inventado pero inspirado en un amalgama de policías reales), que pese a parecer el verdadero demonio de la película queda ligeramente justificado en varios momentos (es un sádico, sí, pero lo cierto es que tal y como se muestra en la película su problema es que el asunto se le va de las manos sin poderlo controlar), y constantemente se muestran a personajes blancos ayudando y amparando a otros negros, algo que sin duda habría sido muy diferente de haber sido un afroamericano el director de la película.
Con todo, Detroit funciona perfectamente como película de suspense y drama social, como reflejo de una época complicada y como alegoría de que, incluso a finales del siglo XX, el color de la piel seguía siendo (y lo sigue siendo en la actualidad) determinante a la hora de interpretar la ley.
Valoración: Siete sobre diez.

ALIBI.COM: AGENCIA DE ENGAÑOS, una oda al humor más cafre

Cada poco tiempo se estrena una comedia francesa que se supone es récord de taquilla en el país galo, y en el caso de Alibi.com parece que se trata directamente de la más taquillera el año.
Dirigida por Philippe Lacheau en su primer trabajo en solitario tras las cámaras (también es el protagonista y colabora en el guion), Alibi.com es una estupidez inmensa sobre un pícaro que dirige una pequeña empresa dedicada a crear coartadas para la gente que quiere ocultar sus meteduras de pata o, directamente, cometer infidelidades a escondidas de su familia. Y, como en buena comedia de enredos que se precie, el tipo en cuestión, Grégory, se va a enamorar hasta las trancas de una chica que odia el engaño y que, para más inri, es la hija de uno de sus clientes.
Con toques de comedia absurda y cafre, muy al estilo de las de Judd Apatow, la historia tiene un ritmo tan frenético y repleto de gags que casi no dan respiro al espectador de meditar sobre lo absurdo que es todo, y con un gamberrismo muy fuerte (me parecen excesivas algunas de las bromas en torno al perro de la protagonista) y un par o tres de chistas escatológicos que me sacaron de la película, el resto es suficientemente tonto y ridículo como, por lo menos, invitar a reírse de todo y de todos y lograr abstraerse del mundo y sus problemas durante una hora y media.
Por eso, poco importa al final que los actores sean algo limitados, los personajes muy absurdos y el director muy plano. Todo vale si al final ofrece ni más ni menos lo que promete, humor de sal gruesa y cero inteligencia pero efectivo y cumplidor.
Alibi.com puede ser muchas cosas, pero, desde luego, no es ningún engaño. Tampoco se podía esperar otra cosa. Y el baile de Nathalie Baye o la canción de Nawell Madani ya casi compensa el visionado.
Valoración: Cinco sobre diez.

EL AMANTE DOBLE, intrigante perversión

François Ozon es un director de reconocido prestigio en su Francia natal al que le gusta dotar a sus historias de personajes perdidos en busca de respuestas acerca de la propia vida de un estilismo visual bastante impecable.
Después de Joven y Bonita, en El amante doble Ozon sube la apuesta y describe a una muchacha herida por dentro, una mujer en busca del amor y la felicidad que, sin embargo, parece incapaz de sentir. Cuando tras varias sesiones de terapia termina conviviendo con su psiquiatra, un oscuro secreto sobre su nuevo novio la incitará a investigar en un cruento pasado que podría facilitarle respuestas sobre su propia identidad.
Con un inteligente juego de dobles cámaras e imágenes reflejadas en espejos, metáforas claras sobre el desdoblamiento de los protagonistas (en la pripia mente de la joven Chloé y en forma de los dos hermanos gemelos que conforman su pareja Paul y Louis, también psicólogo), Ozon peca de querer buscar unas metas demasiado ambiciosas, jugando a imitar el ambiente sórdido y malsano de directores como De Palma, Cronenberg o Verhoeven, paseando siempre por la delgada línea que separa la genialidad con el mal gusto (el comienzo de la película es un primer plano de una vagina que se transforma en el ojo de Chloé), llegando a rozar en ocasiones el propio ridículo. Es, quizás, su desesperado deseo de provocar que lo lleva a momentos de erotismo incómodo que se atreve a llegar hasta donde no se atrevieron los autores de la bobada esa de Cincuenta sombras de Grey, un erotismo que en ocasiones ayuda a dar sentido a una historia intrigante y excesivamente rocambolesca pero que en otras resulta algo hastiante y excesivo.
A la postre, El amante doble pretende ser un juego de incertidumbres y pistas falsas sobre la identidad y el deseo, pero aspira demasiado Azon al pretender confundir al espectador de tal manera que por momentos la trama resulta confusa y casi incomprensible, buscando (aunque no aseguraría yo que consiguiendo) que el desenlace invite al debate y la reflexión entre los espectadores para tratar de acordar sobre lo que acaban de ver.
Aun atufando en algunos momentos a artificiosidad (e incluso algo de pretenciosidad también), la historia engancha lo suficiente como para mantener el interés en todo momento, atrapando de manera hipnótica al espectador y consiguiendo que se sienta culpable por la enfermiza fascinación que provoca, en parte gracias a la mezcla de fragilidad y dulzura que logra transmitir Marine Vacth.
Valoración: Seis sobre diez.

sábado, 9 de septiembre de 2017

IT, adaptación casi perfecta del King más genuino.

Todavía no estando repuestos los aficionados a Stephen King a la gran decepción que supuso la mediocre La Torre Oscura, casi daba miedo (literalmente) enfrentarse a la nueva adaptación de la que probablemente sea su novela más popular: It, por más que las primeras impresiones que llegaban desde los Estados Unidos auguraban algo bueno. Y eso que el único precedente es aquella miniserie televisiva de calidad justita pero convertida en obra de culto gracias sobre todo a la caracterización de Tim Curry como Pennywise.

Sin embargo, una vez vista, cabe decir que el It de Andy Muschietti ha superado todas las expectativas. Ya en Mamá el argentino demostró que no solo domina el género del terror, sino que es capaz de dar un empaque suficiente a sus personajes para que estos sean suficientemente interesantes por sí mismos.
Eso precisamente ocurre en It, donde los protagonistas (tanto principales como secundarios) son mucho más que víctimas potenciales para el monstruo de turno. De hecho, Muschietti destina gran parte de las dos horas y cuarto de metraje a permitirnos conocer bien a los personajes, a poder encariñarnos con ellos antes de acompañarlos por ese viaje alrededor de sus miedos más profundos de los que se alimenta ese ser denominado simplemente como It (Eso) y que adquiere la forma física de un payaso.
Más allá de las licencias literarias que se haya podido tomar respecto a la novela (y la más destacable es limitar la historia a una sola línea temporal en lugar de las dos del libro, dejando así las puertas abiertas a una más que probable secuela), lo cierto es que It consigue captar a la perfección el espíritu de King. Con una pandilla de chavales que bien podría estar agermanada a la del clásico Cuenta conmigo (otra de las mejores adaptaciones que ha tenido el escritor de Maine) o a la reciente (y referencial) Stranger things, el gran mérito de la película está en que nos preocupen tanto las relaciones entre los protagonistas, sus huidas de los abusones del instituto, sus coqueteos con el romance o el peso de una rigidez paternal en algún caso enfermiza tanto como de la propia amenaza sobrenatural.
Esto nos lleva a preguntarnos si It es realmente una película de terror. Resulta difícil asegurarlo. Contiene unos cuantos sustos bien orquestados, desde luego, y es muy malrollera, de esas que te puedes llevar las imágenes de Pennywise a la cama contigo, pero a la vez resulta muy emocionante, costumbrista e incluso divertida, con momentos de humor negro muy acertados. Gran mérito de ello es la correcta definición de los chavales protagonistas, que si bien recrean los tópicos de las pandillas dela época (el gordito, el bocazas, el quejica…), tópicos, por otra parte, que bien podrían estar influenciados por las novelas del propio King, y del buen trabajo de sus jóvenes protagonistas, unos desconocidos con una gran carrera por delante. Y es que el propio King ha sido considerado siempre como el maestro del terror cuando en la mayoría de sus historias, por escalofriantes que sean, hay mucho más de lo que se pueda ver a simple vista, mucho más que simples sustos y sangre a borbotones. Por ello, It es una historia que se cuece a fuego lento y, quitando algún truquito de libro, está en las antípodas del terror machacón de James Wan o, por mencionar otra película en cartelera, de la excelente Verónica, de Paco Plaza.
Seguimos con la moda de los maravillosos ochenta, con sus chavales en bici, sus problemas de instituto, sus cines con marquesinas y sus posters de música pop. Otro baño de pura nostalgia.
Y sí, por supuesto, ahí sigue ese Pennywise tan aterrador o más que el de Tim Curry, adecuadamente digitalizado, pero tan cruel y de sonrisa desquiciante como siempre.
Recuperamos al mejor King en una historia de terror, pero, sobre todo, de amistad. De unión ante las adversidades. De superación. Una historia de la que ya estoy esperando su continuación…

Valoración: Ocho sobre diez.

LA NIEBLA Y LA DONCELLA, insuficiente adaptación.

La niebla y la doncella es la adaptación homónima de una novela de Lorenzo silva, con el sargento Beveilacqua y la cabo Chamorro como protagonistas. Esta es la tercera novela en la que estos dos personajes comparten misterios, lo que de entrada hace que los personajes tengan, en la película, una familiaridad que nunca se explica al espectador. Este es uno de los muchos defectos que pululan por esta adaptación, quizá, como en la reciente El guardián invisible, demasiado centrada en contentar a los fans de la novela y dejar intacto su espíritu que en contar una buena historia.
Lo cierto es que ya el tráiler anticipaba que la cosa no iba por buen camino, resaltando mucho la presencia de estos personajes (que han tenido otras adaptaciones, pero principalmente en el campo televisivo) y sin que se llegue a vislumbrar realmente de que va el asunto.
Ya frente a la película, lo cierto es que la ambientación es excelente, con un arranque muy intenso y una buena presentación de personajes. La isla de La Gomera luce perfecta para esta historia de asesinos y misterios sin resolver y, pese a que Quim Gutiérrez y Verónica Echegui no parecen los más apropiados para representar sus papeles protagonistas, tanto Roberto Álamo como Aura Garrido están a muy buen nivel.
No empieza realmente mal la película, más centrada en los personajes y sus interacciones que el caso en sí (el cual tampoco es que sea muy llamativo: la muerte de un muchacho hace ya tres años), pero el deseo de Andrés M. Koppel de hacer un thriller muy complicado y de infinidad de giros argumentales termina por tener el efecto contrario al deseado. En lugar de mantener intrigado al espectador este termina por desconectar, resignándose a no entender demasiado de lo que le están contando y contentándose en ver qué rumbo toma la inevitable historia romántica de fondo. No es la complejidad de la trama lo que falla, soy el primero al que le gusta que le engañen en una sala de cine y se siente tentado a ir en busca de segundas revisiones para terminar de atar cabos, es la torpeza con la que está narrado todo. Koppel está impecable en la atmósfera que rodea a los protagonistas, pero no en la acción que los mueve. Para colmo, los pocos momentos de emoción terminan siendo fuera de plano.
La niebla y la doncella es una película que va decreciendo hasta llegar a un desenlace tan precipitado como confuso, como si los propios realizadores hubiesen perdido el interés en su obra y estuviesen deseando irse a casa. Quizá bastaría un cuarto de hora más de metraje para darle otro sentido a la película, pero sin él el aburrimiento con el que flirtea en determinados momentos no está nunca justificado.
Una lástima, ya que parece que la novela en la que se basa tiene mucho mejor fondo y esto tenía pinta de presumible franquicia. Y una lástima también por Garrido y Álamo. Ellos hacen muy bien su trabajo, pero no les basta para mantener el barco a flote.

Valoración: Cinco sobre diez.

sábado, 2 de septiembre de 2017

BARRY SEAL, EL TRAFICANTE. Un gran guion que nos devuelve al mejor Cruise.

Cuando en el 2013 Martin Scorsese firmó El lobo de Wall Street, poco podía imaginar que estaba poniendo de moda un nuevo género cinematográfico. 
Aunque siempre se ha hecho películas basadas en dar el golpe al sueño americano, no fue hasta entonces que la industria pusiera sus ojos en personajes reales, aunque poco conocidos para el gran público que vivieran sus instantes de gloria (en ocasiones desproporcionada) y cuyas historias dieran lugar a películas de corte pseudo còmico. De ahí salieron cosas tan dispares como la magnífica Dolor y dinero, de Michael Bay, la fallida Juego de armas, de Todd Phillips, la irregular Gold, de Stephen Gaghan o la genial El fundador, de John Lee Hancock. Todas ellas tienen como denominador común que se basan (con mayor o menor fidelidad) en las historias reales de tipos que lograron cumplir (aunque fuese momentáneamente) su propio sueño americano.
Barry Seal era uno de esos tipos. Piloto de la TWA hastiado de su trabajo recibe la oportunidad de trabajar para la CIA fotografiando campamentos rebeldes en Centroamérica. A partir de ahí, una serie de casualidades y oportunidades bien aprovechadas lo convertirán en traficante de drogas, contrabandista de armas y confidente de la CIA, llegando a aliarse y enemistarse con los carteles colombianos de Escobar y con su propio gobierno pero ganando mucho dinero por el camino.
La historia real de lo que se narra en Barry Seal, el traficante, seguramente sea mucho más truculenta y sórdida de lo que vemos en pantalla, y sin duda el tipo este debía ser bastante rastrero y despreciable, pero con el rostro de Tom Cruise y su amigo Doug Liman (ya trabajaron juntos en Al filo del mañana y volverán a hacerlo en su secuela), se transforma en una persona socarrona y simpática, de sonrisa maravillosa aunque sin la flema heroica de otros trabajos de Cruise. Y no se entienda esto como una crítica, sino como una puntualización apra aclarar que todo lo relacionado con el caso Irangate y los trapicheos de la era Regan solo se tocan de puntillas, dejando que la historia se mueva al ritmo del encanto de Cruise y sus peripecias como piloto.
Aclarado esto, lo que nos queda es una película muy divertida y dinámica, donde nos encontramos con el mejor Cruise al servicio de un guion muy bien estructurado y con un Liman que solo falla en los momentos en que quiere imprimir algo de personalidad con unos acercamientos de cámara algo inciertos.
Barry Seal es gloriosa y amarga a la vez, satírica y triste, que juega en todo momento a los dobles raseros con todos los protagonistas sin dejar títere con cabeza (la propia esposa de Seal es un ejemplo de cómo la preocupación por la inestabilidad familiar desaparece cuando empiezan a entrar los millones) y retrata una época y una sociedad donde todo de mueve alrededor del color del dinero.
Cruise, de nuevo, es casi omnipresente en la película, y aunque no se produzcan los juegos narrativos de El lobo de Wall Street hay algunos trucos (como las grabaciones con una cámara domestica) que permiten a Barry Seal romper la cuarta pared, convirtiéndose en narrador y seduciendo aún más, si cabe, al público.
Una gran película que sirve de contrapunto a series como Narcos, ahora que todo lo relacionado con Pablo Escobar parece tan de moda.

Valoración: Ocho sobre diez.

VERÓNICA, cine de terror del bueno

No creo que haya nadie que dude que Paco Plaza es uno de los maestros del terror patrio más en forma de la actualidad. Si sus películas Romasanta o El Segundo nombre no sirven para avalarlo, ahí están sus colaboraciones con Jaume Balagueró para crear una de las mejores y más aterradoras películas de zombies amén de origen de una gran saga como es [REC] y de la que se despidió en solitario con la genial, a la par que divertidísima, [REC]³: Génesis.
Con Verónica, Plaza abandona el humor negro de esa última para indagar en un terror tan profundo como cotidiano. Verónica es una película inquietante, claustrofóbica y malrollera, tanto por la amenaza que presenta como por los propios terrores de la protagonista.
Inspirada ligeramente en un caso real, el conocido como “Expediente Vallecas”, Paco Plaza consigue algo muy meritorio: realizar una película plagada de influencias, desde clásicos de terror italiano hasta el estilo machacón de James Wan, pero sin dejar de hacer nunca una película muy personal. Sí, hay en Verónica muchas cosas reconocibles, todos los tópicos del subgénero de las posesiones están ahí, pero también hay un desarrollo de personajes, una creación ambiental y un juego exquisito con la cámara que merecen todos los aplausos.
No todo es mérito de Plaza, desde luego. El peso de la película recae sobre la actriz debutante Sandra Escacena, y la chica no es que salga airosa del invento, es que lo borda. Condenada a crecer antes de tiempo por la situación familiar, esta muchacha de la periferia de Madrid de unos reconocibles (y nostálgicos) principios de los noventa (justo antes de que España se diera a conocer al mundo con sus Olimpiadas, Expos y demás) consigue que el espectador que haya vivido esa época se identifique con ella, con sus problemas, sus angustias y sus miedos. No es, a priori, un fantasma a lo que debe temer. Esa juventud que le está siendo arrebatada, esa pérdida de comunicación con sus amigas, esa dolorosa ausencia paternal… son piezas que mueven la trama, cociendo a fuego lento su inestabilidad hasta que llega el momento de la sesión de ouija y todo se precipita.
Y junto a Escacena, Bruna González, Claudia Placer y, sobre todo, Iván Chavero, conforman un trío de hermanos que representan a la perfección esa inocencia vulnerabilidad que lo hace todo más terrible, más aterrador.
Hay mucho de Wan en esta película, pero Plaza se las apaña para no limitarse a los trucos de efectismo de siempre (que también) y juega con las luces y los reflejos creando inteligentes metáforas visuales que coronan la función.
Y cuando el terror se desata… Ni siquiera ahí la película se pierde en convencionalismos. Plaza sabe agarrar fuerte el timón para que no se le descontrole, y con esos momentos de humor como la canción de un anuncio televisivo (momentos que producen esa risa nerviosa que en realidad es miedo camuflado) o la ingenuidad el hermano pequeño al hacer un dibujo equivocado, la histeria va entrando en escena, precipitando al espectador hacia un final desasosegante y amargo, doloroso aun cuando se nos había anunciado previamente.
Verónica es una pequeña joya, una película que puede que no guste a los amantes del gore o del terror más banal, como puede que no les gustara La Bruja o Babadook, pero que hará las delicias de los que no se conformen simplemente con pasar un mal rato, sino que quieran hacerlo mediante una gran película.
Aunque, eso sí, ya nunca volveré a escuchar a Héroes del Silencio de la misma manera.

Valoración: Ocho sobre diez.

EMOJI, tan estúpida que hasta tiene gracia

Podría ser que algún lector habitual se escandalice de ver que puntúo igual una película tan banal como Emoji (el hecho de hacer un film basado en los emoticonos del móvil ya lo dice todo) que la gran apuesta del cine español de animación que supone Tadeo Jones 2: el secreto del Rey Midas. Y puede que incluso tenga motivos para hacerlo. El crítico (u opinador, elijan ustedes) no puede ser nunca objetivo del todo, y ya he comentado en otras ocasiones como los prejuicios que a priori se puedan tener sobre una película puede terminar por jugar a favor de la misma.
Efectivamente, no daba un duro para esta mamarrachada que es Emoji, una idea tan absurda en su planteamiento como las pretensiones de hacer una película basada en el Tetris o en el Monopoly. Sin embargo, una vez se apagan las luces de la sala, me encontré con una propuesta desenfadada y divertida, una locura visual bastante simpática a la que solo pude encontrar dos puntos negativos. Dos puntos importantes, no obstante.
Por un lado, la película a la que quiere parecerse. No me cabe la menor duda que los creadores de Emoji habían visto varias veces Del Revés (Inside out) para inspirarse y los submundos que hay en el interior de un móvil en forma de aplicaciones recuerda muchos a los recovecos del cerebro de un niño como se veía allí. Y quizá la peluca azul de la protagonista femenina sea una confesión involuntaria de ello. Y claro, si os ponemos a comparar esta comedieta con esa obra casi maestra… Pues ahí sí que no hay color.
La segunda pega está en el tono excesivamente infantil de la misma. Volviendo a compararla con Del Revés, podrían haber apostado por el despiporre visual colorista que entusiasmaría a los niños y dar un poco más de contexto a la trama y los diálogos para contentar a los mayores. Al fin y al cabo, ningún niño en su sano juicio se enteró de qué iba Del Revés, ni falta que les hacía. ¿Más contexto y mejores diálogos a una película protagonizada por emoticonos, os preguntaréis? Pues sí, porque por momentos la película parece querer reflexionar sobre la alienación de los jóvenes (y no tan jóvenes) de hoy en día por culpa de sus móviles y los peligros de Internet, pero enseguida se desvinculan de la idea no vaya a ser que asusten a alguien. Que se haga un chiste sobre lo que un adolescente pueda querer ocultar a sus padres y que la respuesta sea música rock y piratas es como muy tontorrón, y que tras los chistes más nerds, como el de los trols de Internet, haya que explicarlos por si alguien no lo ha pillado, pies desvirtúa la cosa.
Pero, aun así, la película es una aventura que se deja ver, entretenida y con algún golpe de ingenio que funciona. Nada original en cuanto a concepción de personajes y situaciones y que desaprovecha a algunos emoticonos que podrían haber dado más juego, pero suficientemente loca como para merecer ser salvada de la quema.

Valoración: cinco sobre diez.

TADEO JONES 2: EL SECRETO DEL REY MIDAS, repitiendo la fórmula sin demasiada inspiración.

Después de que en 2012 Las Aventuras de Tadeo Jones marcaran un hito en el campo de la animación es España muchos esperaban con ansia su secuela, que ha necesitado de cinco años para ver la luz.
Con enrique Gato de nuevo a los mandos, Tadeo Jones 2: el secreto del Rey Midas se mueve exactamente en la misma línea que su predecesora, mejorando, eso sí, la calidad técnica de la animación. No soy un enamorado de la primera película, una copia intencionada de Indiana Jones que no aportaba nada especialmente original en cuanto a argumento, por lo que tampoco es que esta secuela me haya interesado demasiado. Sí, es una película muy aceptable, que encantará a los niños y con momentos divertidos, pero demasiado blanca y condescendiente como para poder atraer a un público más adulto. Además, una cosa en homenajear a un personaje como al que dio vida Harrinson Ford y otra es copiar directamente recursos narrativos, pareciendo que esto fuese, por momentos, un remake animado de Indiana Jones y el Templo Maldito.
Visualmente es impecable y no me cabe la menor duda de que va a volver a arrasar en taquilla, baste ver la gigantesca promoción organizada, pero o bien se realiza un gran giro de timón o no me parece que estos personajes soporten muchas historias más.
Indy es uno de los héroes cinematográficos de mi infancia. A Tadeo aún no sé sin considerarlo un héroe o un patán. O quizá ambas cosas, y esa mezcla es precisamente lo que no me funcione.

Valoración: Cinco sobre diez.

viernes, 1 de septiembre de 2017

EL OTRO GUARDAESPALDAS, la tontería más divertida del verano

Por algún motivo que no alcanzo a comprender, la promoción de El otro guardaespaldas hace hincapié en definir la película como una especie de parodia de El guardaespaldas, aquella peliculilla simpática sin más pero que recaudó dinero a raudales que dirigió Mick Jackson en 1992 para mayor gloria de Kevin Costner y Whitney Houston: el título en español (tipografía incluida), el poster promocional (ridículo, por cierto) y hasta la incursión del tema principal de aquella en el tráiler de esta.
Y todo para resultar que El otro guardaespaldas no tiene nada que ver con aquella más que el hecho de que el protagonista es un guardaespaldas. Puestos a comparar, esta budymovie en toda regla tendría más en común con Límite 48 horas, por aquello de los dos antagonistas (en aquella era un policía y un delincuente, aquí un guardaespaldas y un asesino, en ambos casos uno blanco y el otro negro) y la carrera contrarreloj en la que se ven envueltos, en una comedia de acción alocada y espectacular. Aunque lo cierto es que en los ochenta y los noventa eso de juntar dos protagonistas opuestos y darles una trama criminal era algo bastante corriente, y las referencias que se pueden encontrar en esta película que dirige Patrick Hugles son infinitas.
Al final, estamos ante un entretenimiento funcional pero muy convencional que basa casi todas sus armas en la química entre los dos protagonistas, enemigos condenados a entenderse, que tampoco tienen demasiada base como para hacer interpretaciones demasiado esforzadas. Jack Reynols recupera el rol cómico de Deadpool, mucho mejor que cuando se quiere poner serio, y Samuel L. Jackson se limita a hacer de Samuel L. Jackson, que para eso es lo que mejor se le da. 
Al menos Gary Oldman compone a un villano algo menos histriónico y exagerado de lo que nos tiene acostumbrados y Salma Hayek (muy efímera) y Elodie Yung (la Elektra del Daredevil de Netflix) aportan el toque femenino.
La película sirve, además, como guía turística, sobretodo de Londres y Ámsterdam, recreándose Hugles durante las interminables persecuciones y tiroteos en mostrar lo más destacado de ambas ciudades.
El otro guardaespaldas no engaña, y es lo que aspira a ser, una comedia con mucha acción, explosiones, disparos y muertes a gogo, exagerada e inverosímil, que no se toma en serio a sí misma casi nunca (quizá solo en el flashback sobre el personaje de Samuel L. Jackson) y que como tal puede funcionar, abrazando el absurdo y alternando la espectacularidad (y con esa moda de hoy en día de incluir varias peleas en un plano secuencia, algunas efectivas pero ni de lejos a la altura de cosas más serias y trabajadas como Atómica) con el ridículo.
El otro guardaespaldas es eso y poco más. Diversión y chascarrillos repetitivos que pueden refrescar el final de las vacaciones, pero que no ayudan a elevar el nivel de un verano relativamente flojo en lo que a producciones cinematográficas se refiere.

Valoración: Seis sobre diez.

jueves, 31 de agosto de 2017

Reflexiones catódicas: THE DEFENDERS; Bien, pero...

Pese a lo increíblemente buena que fue la primera temporada de la serie de Daredevil de Netflix, la que abría un nuevo universo compartido Marvel (independiente, aunque en la misma realidad que las producciones cinematográficas), el resto de las series relacionadas han ido evidenciando un claro declive hasta culminar en la muy mediocre Iron Fist. Esto hacía que uno se planteara con mucho temor la unión de los cuatro héroes de la casa (a los mencionados hay que añadir a Jessica Jones y Luke Cage) en la serie estrella de este verano (Juego de Tronos aparte): The Defenders (qué manía les ha dado con lo de no traducir los nombres).
Al pensar en The Defenders y recordar que se trata de la unión de varios héroes a los que hemos conocido ya por separado, las comparaciones con sus homólogos cinematográficos, Los Vengadores, resultan inevitables. Y no, The Defenders no son esa absoluta maravilla que fue la película de Joss Whedon ni se acerca siquiera a las excelencias de aquella. Esta esta serie muy lejos de la perfección, aunque, eso sí, consigue superar el nivel de sus últimos precedentes. Con ella, Netflix realza el vuelo y supera las decepciones que supusieron Luke Cage y, sobre todo, Iron Fist, pero sigue por debajo de Daredevil y Jessica Jones.
The Defenders tienen dos objetivos a cumplir: unir a los cuatro personajes en cuestión con gracia y salero y ofrecer una trama interesante. Con respecto a lo primero, cumple bastante bien. Ya habíamos visto juntos en acción a Luke y Jessica, y sorprende como la detective se compenetra con el diablo de la Cocina del Infierno. 
También es buena la química entre Luke y Danny, con varios guiños a lo que se podría llegar a ver en el futuro (o no), ya que hay que recordar que este par hicieron pareja en el comic bajo el nombre de Héroes de Alquiler, siendo allí grandes amigos. En Netflix han cuidado mucho las personalidades y subtramas de cada personaje, lo que ha provocado un arranque de serie algo lento pero muy acertado, colocando a cada peón en su lugar correspondiente del tablero. Quien chirríe un poco, quizá, son los secundarios, en especial un Foggie Nelson y una Karen Page que están ahí porque deben estarlo, sin aportar nada realmente interesante, y lo mismo sucede con Trish Walker o Malcolm Ducasse, los secundarios de Jessica Jones. Por su lado, lo de la Claire Temple omnipresente ya satura un poco, e incluso sorprende la absoluta falta de empatía con Matt Murdock tras lo visto en la primera temporada de su serie. Sí cuentan con suficiente protagonismo, sin embargo, Collen Wing y Misty Knigth, anticipado que podría haber planes interesantes para ellas en el futuro.
Respecto al segundo objetivo, el argumento, es donde flojea más la serie. Puede que el error sea dotar a Iron Fist de una importancia mayor que al resto de héroes, a habida cuentas de que su serie no gustó a casi nadie. Aquí es el centro de todo y aunque el personaje esté mejor tratado que en su aventura individual, sigue sin funcionar por completo. Además, tener a La Mano como villanos es algo repetitivo y, al final, no terminan resultando una amenaza tan grande como se quiere pretender. En realidad, son temibles porque se pasan toda la película diciéndote que son temibles, no porque lo demuestren realmente. Si a eso le sumas que las coreografías de las peleas siguen sin ser demasiado buenas, tenemos un puñado de enfrentamientos que no logran imprimir un ritmo trepidante, siendo casi más interesantes las escenas de diálogos que las de acción. Además, Alexandra, magníficamente interpretada por Sigmouney Weaver, va de más a menos, decepcionando ese giro final que revela que no es, en realidad, la gran villana que nos habían prometido, aunque quien ocupa su lugar cumpla con las exigencias y sitúe a Daredevil en el lugar que le corresponde con respecto a sus aliados.
Con todo, la serie resulta entretenida, y sus ocho episodios impiden que se alargue en exceso y llegue a resultar cansina. Hay una buena interacción entre los héroes, se mantiene fiel el espíritu de sus series individuales y deja interesantes puertas abiertas para lo que tiene que llegar en el futuro. Aunque, eso sí, como ya deja bien clara la escena/tráiler postcréditos, ahora toca dar un leve descanso a estos Defenders para ceder el protagonismo a Punisher, lo cual invita a pensar en más violencia callejera y menos ninjas.
Distraída, imprescindible para fans de los comics y esperanzadora, pero no absolutamente brillante. Seguiremos atentos a nuestras pantallas.


sábado, 19 de agosto de 2017

VALERIAN Y LA CIUDAD DE LOS MIL PLANETAS, divertida locura visual.

Aunque parece que este verano se va a caracterizar por la proliferación de blockbusters desastrosos y ridículos (a mi entender Transformers se lleva, otra vez, la palma), me veo tentado de nuevo a defender lo indefendible, tal y como hice, mínimamente, con La Torre Oscura y, con algo más de ganas, Rey Arturo (y eso por no remontarme unos meses atrás y recordar La Momia)
El caso es que se estrena otra película precedida de críticas nefastas y batacazo en taquilla con la que yo, personalmente, me lo pasé pipa. Excesiva, desmedida, loca y muy personal (algo parecido a lo que sucedía con la película de Guy Ritchie, aunque en otra dirección), Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas es puro Luc Besson, una prima hermana de aquella El Quinto Elemento algo más coherente (que algo ha mejorado Besson como director, no ya como guionista) y menos estrafalaria.
El mayor problema de Valerian es que ha llegado muy tarde. Demasiado desconocido popularmente fuera de Francia, el comic que la inspira, obra de Jean-Claude Mézières, fue clara referencia para películas como Star Wars y la gran cantidad de Spaces Operas que la siguieron, pero vista ahora su adaptación da la sensación de que es una copia de todo lo que ya existía anteriormente.
El principal ejemplo es en su prólogo, justo después de la escena (muy inteligente) de los títulos de créditos. 
En él vemos una raza pacífica que convive en un lugar de ensueño con playas de arenas blancas y aguas cristalinas que rinden culto a la naturaleza hasta que el cielo se abre y se convierten en daños colaterales de una guerra que no es la de ellos. 
Vamos, como si cruzáramos a los Na’vi de Avatar con las Amazonas de Wonder Woman. Con esto ya sabemos que nada será tremendamente original en Valerian, pero sí muy espectacular y hermoso.
Y esto es lo que mejor define esta aventura galáctica de trama sencilla pero coherente (a esos críticos que escriben por ahí que nada tiene sentido les recomiendo que si se duermen en el cine se abstengan de hacer luego las críticas): su belleza. El diseño de producción es realmente exquisito, demostrando porqué es la película europea más cara de la historia (lo cual hace más comprensible el batacazo que se está dando), con unos escenarios majestuosos y la creación de infinidad de razas alienígenas, algunas algo ridículas, todo hay que decirlo.
Besson dota a la película de sus notas de humor habituales, aunque sin llegar a ser nunca tan cargantes como sucedía en El Quinto Elemento con el personaje de Chris Tucker. Además, la química entre Valerian y Laureline funciona muy bien, demostrando que aún extraño, el casting es acertado. Dane DeHaan es un héroe extraño pero cumplidor y Cara Delevingne consigue aunar dulzura, dureza y sensualidad de una manera que se me antojaba increíble después de verla deambular por Escuadrón Suicida.
Valerian es una película larga, quizá en exceso, pero al menos se justifica en la libertad total que ha tenido Besson en el rodaje. Así, la escena de presentación de Valerian y Laureline, a semejanza de los clásicos prólogos de James Bond, es mucho más larga de lo que cabría esperar y la aparición de Rihanna con una espectacular actuación supone una rotura del ritmo en pleno desenlace final. Y, sin embargo, en ambas ocasiones la cosa funciona, demostrando que los recortes impuestos en la mesa de montaje suelen ser contraproducentes.
Es cierto que el guion podría estar más desarrollado, como demuestra lo poco que le importa a Besson desvelarnos que el personaje de Clive Owen es el villano desde el primer momento, pero eso solo significa que el espectáculo es siempre lo que debe primar por encima de todo. Puede buscarse aquí un mensaje naturalista, o incluso antimilitar, pero Besson no quiere dar lecciones, tan solo entretener. Al fin y al cabo, esto no es La guerra del Planeta de los Simios. Aquí se juega a otra cosa.
Valerian es una apuesta arriesgada, quizá no demasiado novedosa (tiene el aroma pop de Los Guardianes de la Galaxia y el propio Valerian recuerda mucho a un joven Han Solo, aunque algo del capitán Kirk de Chris Pine también tiene), pero muy bien resuelta, con persecuciones de naves emocionantes, cuentas atrás que se detienen en el último segundo y monstruos aterradores. Es todo un espectáculo visual, una orgía de colores muy entretenida, un no parar frenético y que deja con ganas de más.
Y sí, de acuerdo, es todo demencial, pero quizá es que yo mismo esté también un poco loco. Porque a mí me ha funcionado.

Valoración: Siete sobre diez.

LA SEDUCCIÓN, hermosa intriga sureña

Resulta difícil enfrentarse a una película como La Seducción sin tener presente la anterior adaptación de la novela de Thomas Cullinan, El seductor, de Barry Siegel. Sin embargo, esto propicia el debate sobre si se trata, en realidad, de un remake o simplemente una nueva adaptación.
Sea como sea, resulta innegable que los paralelismos entre la película de Sofía Coppola y la que protagonizara Clint Eastwood son constantes, si bien en esta ocasión se ha dejado un poco de lado la oscuridad casi terrorífica para incidir, sobre todo al inicio, en un humor ligero y algo sarcástico que se va volviendo muy negro a medida que avanza la trama.
Estamos en plena Guerra de Secesión y un desertor yanqui es encontrado por una niña que lo lleva al instituto donde estudia. En total, dos mujeres, una jovencita y cuatro niñas tendrán que convivir con el soldado herido hasta decidir qué hacer con él, iniciándose un juego de seducción y celos entre ellas totalmente insano.
Coppola no ha querido retorcer demasiado la historia, manteniendo una puesta en escena muy clásica y dejando que sea la calidad de los actores (en especial en el apartado femenino) quienes mejor hagan avanzar la historia, limitándose ella (que no es poco) a conseguir imágenes de belleza plástica, auténticos cuadros en movimiento que dotan al film de una desasosegante dulzura que, como el propio título indica, seduce al propio espectador.
Es esta una película sobre la fuerza de la mujer, sin que por ello sea necesariamente una obra de reivindicación femenina. Las mujeres son dueñas de su propio destino y así lo proclama Coppola, por más que el camino para llegar a él sea arduo y competitivo.
La seducción es divertida y angustiante a la vez, conmovedora y hermosa, y con una superlativa Nicole Kidman que definitivamente ha recuperado el buen camino trasunos años de dudas, aunque Kirsten Dunst (una fija para la directora), Elle Fanning o Angourice Rice no le van a la zaga.

Valoración: Siete sobre diez.

LA TORRE OSCURA, soportable como película, horrible como adaptación

La Torre Oscura es la más ambiciosa obra del escritor Stephen King. Una saga compuesta originariamente por siete volúmenes escritos entre 1982 y 2004 al que siguió un cuarto libro publicado en el 2012 además de un relato corto incluido en el compendio Todo es eventual y una serie de comics guionizados por Peter David con supervisión y aprobación del propio King.
Cuento esto para que se pueda entender el basto alcance de esta obra literaria, más de 4.200 páginas que Nikolaj Arcel y Akiva Goldsman pretenden condensar en apenas 95 minutos, algo casi ridículo para un blockbuster actual (prácticamente la mitad que otros títulos de este verano como Transformers:el último caballero o Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas). Pero, ¿es realmente La Torre Oscura una adaptación de la saga de King?
Volviendo a El viento por la cerradura, esa novela con la que King recuperó a sus personajes ocho años después de concluir la saga, o a Las hermanitas de Eluria, historia auto conclusiva sobre Roland, la película protagonizada (es un decir) por Idris Elba parece eso, una narración aislada englobada en ese mundo fantástico a medio camino entre Tolkien y Sergio Leone (entre otras muchas referencias reconocidas), incoherente si no se conoce a la perfección el universo que lo rodea.
Analizada simplemente como película, obviando la fuente en la que se inspira, La Torre Oscura es una obra entretenida, con buenas interpretaciones (Elba está muy bien en su papel de Pistolero mientras que Matthew McConaughey parece pasárselo en grande con su rol de villano). No hay, sin embargo, un desarrollo de personajes o una base argumental sólida para comprender de qué se está hablando. El espectador puede disfrutar de la película como un niño de cinco años disfruta de Del Revés (Inside out), por ejemplo, pudiendo entretenerse e incluso divertirse, pero sin entender nada de lo que está pasando. De igual manera, aquí no se acaba de comprender quienes son los Pistoleros, no hay razón para la villanía del Hombre de Negro ni se sabe de dónde salen esas bases secretas que tiene, se menciona a un Rey Carmesí sin dar más datos… De hecho, ni siquiera se explica qué demonios es La Torre Oscura. Todo esto en un film que, más allá de sus ambiciones iniciales, no tiene forma de inicio de saga, quedando su final aparentemente bien cerrado. Si han querido dejar preguntas al aire (como de hecho sucedía en la primera novela de King), no lo parece.
Analizada como una adaptación cinematográfica (y así habría que hacerlo, ya que la campaña publicitaria se ha encargado de resaltar mucho más el nombre de Stephen King que el de los propios Elba o McConaughey), la película es un verdadero desastre. No hay aquí nada de la complejidad que se encontraba en las novelas, ni argumentalmente ni en cuanto a sus personajes. No tiene la épica que ocultan los libros, pero tampoco el drama, el humor o la crueldad que habita en ellos. Nikolaj Arcel combina, eso sí, elementos de acción y comedia (e incluso sutiles toques de terror), pero lo hace de manera confusa y aleatoria, y su respeto hacia el maestro del terror parece limitarse a las múltiples referencias (master eggs se llaman ahora) que pululan por el film. El primer error, a mi entender, es el simple hecho de dar más protagonismo al personaje de Jake Chambers (correcto Tom Taylor) que al propio pistolero, a la par que abusar de las escenas en Nueva York (que en los libros no aparece hasta la segunda novela). Si de verdad se pensaba hacer una saga cinematográfica (y esos eran los planes iniciales, cuando Ron Howard estaba al frente y Javier Bardem era firme candidato como actor), habría sido más sencillo limitarse a adaptar solo la primera novela (también la más sencilla de convertir en película) y dedicarse a presentar a unos personajes (sobre todo el de Roland de Gilead) con calma y profundidad.
La Torre Oscura no es, al fin, el desastre absoluto que se decía por ahí, pero sí una gran decepción y una película anodina y simplona, bien filmada, pero sin apenas momentos verdaderamente meritorios (quizá la escena en la que Roland dispara a ciegas es la más lograda, totalmente desvelada antes de tiempo en el tráiler). Y eso que el apartado visual lo tenía fácil para destacar, teniendo en cuenta que algo que enriquece mucho las novelas de King son las ilustraciones de Michael Whelan o Phil Hale, que bien podrían haber servido directamente como concept art al film.
Y aunque siempre es complicado adaptar una saga literaria (más cuando cuenta con una legión de fans tan grande como esta), podrían haber tomado como base lo que se hizo en su momento con El Señor de los Anillos o Harry Potter, que supieron arriesgar y desde el primer momento sabían lo que querían hacer y cómo, en lugar de querer condensar en una sola película elementos de todas las novelas, añadiendo además personajes nuevos y transformando tramas a placer.
En fin, habrá que ver si la baja taquilla y las malas críticas impiden las supuestas continuaciones. De momento, la serie televisiva (donde también aparecerá Idris Elba) sigue en marcha.
Yo, por mi parte, con lo de moda que está esto de hacer reboots de sagas de manera casi instantánea, firmo ya por el reinicio de esta.

Valoración: cinco sobre diez.


viernes, 18 de agosto de 2017

EL REY ARTURO, LA LEYENDA DE EXCÁLIBUR, macarra y demencial adaptación de Ritchie.

Es complicado valorar una película que se estrena con tanto retraso con respecto a Estados Unidos sabiendo que allí ha sido un fracaso estrepitoso. Y más cuando cuenta una historia de sobras conocida y que de tanto en tanto es revisionada por Hollywood, ya sea en clave animada (Merlín, el encantador), musical (Camelot), cómica (Los caballeros de la mesa cuadrada), romántica (El primer caballero) o realista (El Rey Arturo), aunque para mí ninguna podrá superar jamás a la maravillosa Excalibur de John Boorman.
Se podría decir que todo sobre Arturo y su mítica espada ha sido ya contado, por lo que Guy Ritchie, que a simple vista podría parecer el realizador menos apropiado para esta empresa, decide repetir la jugada que Marvel ha hecho con Spiderman Homecoming y contar con la complicidad del espectador para no perder el tiempo explicando la leyenda de la espada clavada en la roca, los propósitos de un personaje como Merlin o el significado de construir una mesa redonda. Esta no es la historia de Arturo, sino un nuevo enfoque de sus andanzas y, como tal, Rey Arturo es elíptica, precipitada y, por momentos, incluso confusa, pero también adrenalítica, frenética y espectacular.
Rey Arturo, la leyenda de Excalibur, es una película excesiva, que bebe de todas las fobias de Ritchie y termina siendo una obra de autor, un ejemplo de como el otrora enfant terrible del cine británico consigue aunar su estilo tan particular con las imposiciones de un blockbuster. 
Y que la taquilla no le haya sonreído no significa que la película sea realmente un desastre. 
No está, desde luego, a la altura de sus Sherlock Holmes (la primera fue un ejemplo de cómo filmar acción de manera novedosa) o de Operación UNCLE, pero al menos resulta entretenida y tiene un ritmo que no decae nunca, bien apoyado en la música de Daniel Pemberton.
Ritchie se adapta a las imposiciones del género, recordando su película por momentos a obras épicas del estilo de El Señor de los Anillos, con toques de Robin Hood, presentando el camino del protagonista destinado a ser héroe en contra de su pesar (StarWars) y robando estética e imaginería a Juego de Tronos, aceptando ese obligatorio peaje interracial para el elenco de secundarios (que si la cosa hubiese funcionado habría derivado en diversos spin-off que dieran lugar a un nuevo universo compartido) y con un final desmedido en el que se abusa de la cámara lenta y las chispas de fuego planeando por todo el plano (¿por qué será que todas las películas Warner se me antojan cortadas por el patrón Zack Snyder?), pero sabe salir airoso de ello gracias a no tomarse nunca demasiado en serio la historia. 
Prescindiendo de todo el realismo que pretendía infundir la obra de Antoine Fuqua y apostando claramente por la magia y la fantasía, Ritchie se regodea de un estilo kitch conde los reyes visten cazadoras impolutas y sus poses son siempre altivas y dignas. No es casual, en este sentido, que David Beckham haga un pequeño cameo. 
Así, aceptando los excesos del director, todo cuadra a la perfección, desde el montaje cronológicamente alternado hasta el aroma a videojuego del enfrentamiento final, con un villano que parece salido de un comic cuyo look habría podido mejorar mucho el aspecto visual de ese horrible Ares (al que recuerda ligeramente) de Wonder Woman.
Rey Arturo no es una mala película. Pero sí es demencial y excesiva, despreocupada del desarrollo de personajes, absurda y caótica. Es la película que cabría esperar de alguien tan alejado de la mitología medieval como Ritchie, que convierte a su Arturo (sobresaliente Charlie Hunnam) en una especie de maleante de los suburbios del Londres actual. 
Así es el juego que se nos plantea y, si uno decide aceptarlo, la película, con todos sus defectos, resulta cautivadora.
Porque esta no es una película del Rey Arturo. Esta es una película de Guy Ritchie. Con todo lo bueno y lo malo que ello conlleva. Sabiendo esto, es el espectador el que debe decidir entrar o no en el juego. Yo decidí entrar y, al menos, no me sentí decepcionado.
Rey Arturo podría ser mejor, pero no se me ocurre cómo.

Valoración: Siete sobre diez.

DESCONTROLADAS, tontorrón alegato familiar

Descontroladases la nueva película de Jonathan Levine, un joven realizador cuya mejor película hasta la fecha es la simpática Memorias de un zombie adolescente, configurada como vehículo de lucimiento de Amy Schumer. Schumer es una popular humorista de televisión que cuenta con serie propia de la que es creadora y guionista pero que en su paso por televisión su mayor referente hasta la fecha es Y de repente tú, esa comedia del montón que se limitaba a traspasar todos los tópicos masculinos de las relaciones sentimentales a su propia figura.
Schumer no se corresponde con el estereotipo de la Barbie hollywoodiense y basa en ello casi todos sus personajes, buscando ocupar un hueco a medio camino entre la guapa sexy y la gordita desastrosa (no llega, en este sentido, al nivel de Melissa McCarthy, Jillian Bell o Rebel Wilson). Es decir, juega a ser una chica del montón y fácilmente identificable que no suele frecuentar el cine americano, pero termina dando un giro cómico tan forzado que acaba echando por tierra esa supuesta normalidad. Al final, todo queda en una cara de perrito pachón que busca dar pena al espectador y que, al menos en mi caso, no funciona.
A su lado tenemos a Goldie Hawn, una de las reinas de la comedia allá por los ochenta y que andaba desaparecida de las carteleras desde Amigas a la fuerza, del 2002. Desconozco los motivos de ese retorno a la primera plana (quizá deslumbrada por la segunda juventud que está viviendo su pareja Kurt Russell), pero si este es el vehículo elegido tampoco es que vaya a suponerle un regreso por todo lo alto.
Descontroladas es una comedia simplona con dos mitades bien diferenciadas. Por un lado, plantea el clásico conflicto familiar entre madre e hija que aspira a solucionarse con unas vacaciones, recurriendo a todos los tópicos del cine sobre estancias en resorts y extranjeros atractivos ofreciendo las delicias desconocidas del país en cuestión. De repente, la cosa cambia a comedia de acción con secuestros, persecuciones y muertes de por medio. Ninguna de las dos cuajan completamente, siendo al final todo una excusa para hablar de forma bastante limitada del amor familiar y ser una proclama bastante pobre en la que todos los miembros de la familia terminan resultando unos héroes, incluyendo al hermano medio retrasado que interpreta Ike Barinholtz.
Al final, solo las contadas intervenciones de Joan Cusack provocan alguna sonrisa en una película que naufraga por su falta de ambición y apenas alcanza como entretenimiento justito y nada ambicioso.

Valoración: Cuatro sobre diez.

miércoles, 9 de agosto de 2017

GUARDIÁN Y VERDUGO, descafeinado alegato contra la pena de muerte

Oliver Schmitz es un director alemán nacido en Sudáfrica especializado en productos televisivos. Esto se aprecia demasiado en Guardián y verdugo, su trabajo más ambicioso hasta la fecha, con coproducción americana y un nombre de cierto reconocimiento en su reparto.
Steve Coogan interpreta a un idealista abogado popular por su lucha en contra de la pena de muerte al que obligan a aceptar un caso que nadie quiere: defender a un joven acusado de asesinar a sangre fría a siete deportistas en una solitaria carretera.
Ante la evidencia de los hechos y las pruebas irrefutables, no es la culpabilidad del muchacho lo que está en tela de juicio, sino la responsabilidad del chico en el acto. Con solo diecinueve años, ha trabajado durante los dos últimos como funcionario en una prisión, encargándose de acompañar a los condenados a muerte durante el periodo final de sus vidas, siendo testigo de todas las ejecuciones y llegando a participar directamente de muchas de ellas. Esta es la base de una película que más que un thriller judicial aspira a ser una reflexión sobre la pena de muerte y la crueldad del sistema penitenciario (la historia transcurre en Sudáfrica, pero podría extrapolarse a cualquier lugar con leyes similares), no solo hacia los reos sino hacia los propios penitenciarios.
Lo malo es que el estilo televisivo de Schmitz lastra demasiado la puesta en escena, que una vez eliminada de la ecuación la intriga sobre los actos del chico (en la primera escena de la película ya nos muestran lo que sucedió) dejando toda la intriga en el veredicto del jurado y en el trabajo interpretativo de Coogan y Andrea Riseborough (en el papel de la fiscal), que es bueno, pero tampoco suficientemente brillante como para destacarlo demasiado. Además, la película está basada en una historia real, lo cual anticipa en cierto modo la decisión final del juez, ya que un desenlace diferente posiblemente no sería propicio para un film de estas características.
Este es el problema de las historias reales, que en ocasiones son anécdotas interesantes, pero no siempre tienen suficiente fuerza como para dar pie a una película, y más si el guion es tan plano como este (la base argumental -ficticia, eso sí- de Algunos hombres buenos no era demasiado diferente de esta, pero cualquier intento de comparar aquella obra maestra con esta Guardián y verdugo es casi insultante) y la puesta en escena es de telefilm germano del montón.
Una lástima, más cuando uno es un gran aficionado al cine judicial. Pero no se puede sacar de donde no hay, y más allá del conflicto ideológico que se plantea, poco es lo que aquí hay.

Valoración: Cinco sobre diez.

MARAVILLOSA FAMILIA DE TOKIO, irregular comedia familiar

En 2013, Yôji Yamada, director célebre en nuestro país a raíz de El ocaso del Samurái, hizo un remake de Cuentos de Tokio, de su admirado Yasujiro Ozu, en la brillante Una familia de Tokio, donde homenajeaba a su fuente con cariño, logrando esquivar la simple repetición.
En Maravillosa familia de Tokio Yamada recupera a los mismos personajes de una convencional familia nipona para, a raíz del deseo de la abuela de divorciarse, deconstruir el arquetipo familiar y burlarse de los convencionalismos a los que viven atados cada uno de los miembros. Lo hace, sin embargo, en forma de comedia ligera, casi de sitcom televisiva, y ahí es donde falla la película.
Maravillosa familia de Tokio presenta a varios protagonistas imperfectos, moviéndolos entre lo despreciable y lo ridículo, pretendiendo que la moraleja final sea el hecho de que es precisamente el elemento externo a la familia quien mejor puede llegar a comprenderla. Cuesta, en ocasiones, identificarse con esos personajes, paras lo que se debe tener en cuenta la diferencia cultural entre occidente y el machismo y tradicionalismo de los japoneses, aunque hay un deje de modernidad en la obra que invita, en muchos momentos, a olvidarnos de que estamos ante una historia oriental.
Yamada, que insiste en sus referencias (esta vez demasiado directas) al cine de Ozu, acierta en la faceta más íntima de la historia, consiguiendo incluso emocionar a quien ha pasado por alguna de las situaciones reflejadas en pantalla, y consigue también alguna que otra situación divertida que le funciona. Sin embargo, en demasiadas ocasiones incide en el chiste visual, torpe y ridículo, y ello desluce una historia que podría haber enamorado mucho más, aun con ese final complaciente y poco verosímil.

Valoración: Seis sobre diez.

martes, 8 de agosto de 2017

ATÓMICA, ellas tienen el poder...

Mientras en las tertulias de bares (que es en lo que se han convertido algunos programas de cultura) se sigue debatiendo sobre la necesaria reivindicación del papel de la mujer en el cine, algo que parece haber inventado Wonder Woman como si antes de ella solo existiese el personaje de la mujer florero y nada más, Charlize Theron, que ya es sabia en estas lindes, presenta su nueva película como protagonista absoluta, done actúa además de productora.
Atómica, traducción a medias de Atomic Blonde, es una muy libre adaptación de la novela gráfica La ciudad más fría, escrita por Antony Johnson y dibujada por Sam Hart.
Las diferencias entre ambos productos son notables. La obra original primaba mucho más la intriga y el misterio por encima de la acción, no contenía nada de sexo y estaba dibujada en un glorioso blanco y negro. La película que dirige David Leich, en cambio, es una oda a la violencia y hace un juego de luces con los neones que iluminaban el Berlín de la época de esos que marcan tendencia. No obstante, en ambos productos se hace una apuesta firme por el thriller político ambientado en la guerra fría, con agentes dobles y triples, engaños y traiciones, y en eso sí sabe ser fiel la película.
Lorraine Broughton, el personaje al que da vida la Theron, empieza la película machacada y magullada. Acude a la central del MI6 y es sometida a un interrogatorio sobre su última misión, la incursión en el Berlín previo a la caída del muro en busca de una lista que rebela todos los agentes dobles que hay en la actualidad. Allí cuenta con la ayuda del agente David Percival (James McAvoy), pero ya se sabe que en estos casos lo de ir en busca de un objeto suele ser un macguffin en espera de algo mayor. Y teniendo por aquí a uno de los directores (no acreditado) de John Wick y de la futura secuela de Deadpool, ese algo mayor son, sin dudas, sus impecables escenas de luchas, coreografías imposibles (me viene a la mente un larguísimo enfrentamiento en un piso, la persecución por las escaleras y la culminación en un coche, todo ello en un falso pero impactante plano secuencia) y mucha espectacularidad.
Casi se podría decir que esta Lorraine es la versión femenina del propio John Wick, aunque aquí la historia prima más que en las dos películas (hasta la fecha) protagonizadas por Keanu Reeves hasta el punto que alguien puede llegar a encontrarla ligeramente confusa.
Tampoco es que quepa esperarse de esto una reflexión política ni algo tan retorcido como en las obras de John LeCarre (eso quizá sí en el comic), pues lo que prima siempre es el entretenimiento puro y duro, pero hay una historia suficientemente interesante y un drama comedido pero siempre presente como para que la película satisfaga a todos los espectadores.
También hay, como decía al principio, una reivindicación de la figura femenina. Theron es la heroína personificada, y aquí lo demuestra entregándose en cuerpo y alma a su director y prescindiendo, siempre que le ha sido posible, a los dobles de acción, lo cual le ha dado más de un disgusto durante el rodaje. Incluso en las escenas de sexo huye de los convencionalismos y da un paso más allá de donde otras no se atrevieron, rechazando la generalmente inevitable historia de amor entre camaradas espías que colaboran juntos.
David Leich es un director contundente, que ama la violencia, pero la filma con elegancia y realismo, desagradable en su dureza visual pero perfecto en su uso de la cámara. Así, Atómica logra ser una combinación extraña pero muy efectiva entre el clásico cine de espionajes y la acción más desmedida, y aunque sus intentos de contar una historia de muchas máscaras le impidan ser puro rock’n’roll como su contrapartida masculina, yo la sitúo sin problemas a la altura de ese John Wick con el que, si no fuese por la diferencia generacional, me encantaría que se terminaran encontrando.

Valoración: Siete sobre diez.