domingo, 23 de abril de 2017

MUNDO MUERTO EN SANT JORDI

Permitidme apartarme una vez más del tema del cine para volver a recordaros la publicación de mi primera novela, Mundo Muerto.
Hoy se celebra en Catalunya la diada de Sant Jordi, que coincide con la conmemoración, en el resto de España, del fallecimiento de Cervantes y, en el resto del mundo, con el de Shakespeare (estas fechas no son correctas, pero eso es tema para otra ocasión), lo que se traduce en el día Internacional del libro.
Esto significa que Catalunya se llenará de librerías abarrotadas y calles llenas de puestos de libros, compitiendo con la venta de rosas (la otra gran tradición catalana en este bonito día), por lo que me complace comunicaros que durante toda la mañana me podréis encontrar en la librería LibrUp, en la calle Roselló, 361 de Barcelona. Esta librería se dedica casi en exclusiva a autores nóveles y a la autoedición, así que si alguno no puede venir o se agotan los ejemplares antes de tiempo que nadie se preocupe, aquí podrán encontrar Mundo Muerto el resto del año.
Además, por la tarde estaré firmando ejemplares en la parada de la librería especializada Mon Mitic, que se instalará en el paseo de Fabra i Puig, más o menos delante del club natació Sant Andreu.
Además, hay otras librerías donde también podréis encontrar el libro, al menos durante estos días. Este es el listado completo:

LibrUp: C. Rosellón, 361 de Barcelona
Mon Mitic: Camil Fabra, 5 de Barcelona
Canales: Fabra i Puig, 1-3 de Barcelona
Nuria: Cami Ral, 8 de Tordera
Camí Ral: Camí Ral, 50 de Tordera
Punt i Seguit: Av. Catalunya, 21 de Maçanet de la Selva

A los que estas librerías les pille lejos, les recuerdo que también puede adquirirse por Amazon, tanto en formato físico como digital. Tenéis a vuestra disposición una página de Facebook dedicada al libro donde podéis ir encontrando noticias actualizadas así como un botón de compra.
Por último, además de compartir con vosotros un póster promocional, os pido a todos aquellos que hayan comprado el libro por Amazon que dejen un comentario en la página de compra. Con una puntuación de tres o más estrellas conseguiré más visibilidad y os estaré eternamente agradecido.
Y con esto termino con mi autopromoción, que ya me estoy poniendo pesadito. A partir de ahora, el cine volverá a dominar el blog. Y si no, John Wick se encargará de ello, no os preocupéis.
¡¡¡Feliz Sant Jordi (o día de la rosa, o día internacional del libro, o San Jorge, o día clave para la liga con el Madrid-Barça…) a todos!!!

sábado, 15 de abril de 2017

FAST & FURIOUS 8: Rizando el rizo a lo grande.

Normalmente cuando una franquicia es capaz de alcanzar su octava entrega se le puede suponer ciertos síntomas de cansancio y abuso de repetir continuamente la misma fórmula, normalmente agotada. Lo lógico es que eso ocurra incluso mucho antes, como lo demuestran sagas tipo Rambo, Rocky o Bourne, y cuya única excepción que me viene ahora mismo a la mente es Misión Imposible.
En el caso de Fast & Furious es justamente lo contrario: cada entrega aspira (y normalmente lo consigue) a superar a la anterior. Aparentemente condenada a la extinción tras sus tres primeras secuelas (en la última de las cuales tuvieron que recuperar al “difunto” Vin Diesel para tratar de salvar las naves, tal y como han intentado, sin demasiado acierto, hacer también en la mediocre xXx), la saga supo reinventarse tras el quinto episodio, casualmente con la entrada de Dwayne Johnson en el equipo, haciendo que las carreras de coches sean más una marca de la casa a las que se le buscaba cualquier excusa para colar una escenita de coches tuneados rugiendo, chicas de shorts imposibles y música de hip hop que como verdadero motor de la acción. Justin Lin supo convertir una franquicia aparentemente agotada en un espectáculo tan argumentalmente ridículo como aparatosamente divertido, y anulando todo signo de verosimilitud en favor del más difícil todavía sus películas conformaban todo un cúmulo de escenas imposibles de las que era imposible no disfrutar.
James Wan tomó el relevo en Furious 7 y la taquilla rompió récords, tristemente ayudada por el fallecimiento de Paul Walker, y el nuevo cambio de cromos en la silla de director, ocupada ahora por F. Gary Gray sin que el estilo se haya resentido lo más mínimo. Tan asentado está el aspecto visual de la saga que con Gray (que curiosamente ya había dirigido a Diesel en Diablo, a Theron y Stathan en The italian job y a Johnson en Be cool) apenas se ha apreciado cambio alguno desde la mencionada quinta entrega.
La gran duda en Fast & Furious 8estaba en ver como sobrevivía la película a la ausencia de Paul Walker. Su personaje formaba una “extraña pareja” con el de Vin Diesel y se hacía difícil que el hinchado actor pudiese sobrellevar por sí solo el peso de la acción. Y si bien es cierto que la trama argumental se centra sobre todo en su figura, podría ser esta la película en la que menos minutos de metraje ocupa, mientras que sus limitaciones actorales son suplidas con creces por la otra “extraña pareja” que forman Dwayne Johnson y Jason Stathan, dos tipos que se comen la pantalla cada vez que aparecen en ella.
La trama casi es lo de menos. Con el tema de la familia de nuevo como estribillo machacón, la cosa va de una supervillana que quiere controlar el mundo mediante hackeos informáticos o algo así. La verdad, es lo que menos importa. Lo verdaderamente importante aquí es conseguir escenas antológicas, momentos de adrenalina pura que ahora mismo parecen imposibles de superar en futuras entregas si no fuese porque en las anteriores ya había pensado eso mismo. Las escenas de la bola de demolición, los “coches zombies” o todo lo relacionado con el submarino son apabullantes, y el único pero está en que parte de la sorpresa se ha estropeado por culpa de un tráiler que mostraba demasiado.
El verdadero éxito de la serie, aparte de la espectacularidad, está en el carisma que desprenden sus personajes. Y para ello resulta imprescindible contar con una retahíla de actores que quitan el hipo. Pese a las bajas que ha ido sufriendo el equipo a lo largo de las ocho películas, las incorporaciones no han sido moco de pavo, y aquí la cosa ronda el imposible. Kurt Russell repite y parece que lo hace para quedarse, todo indica que Scott Eastwood va a ser la nueva incorporación a la familia y Charlize Theron logra componer una villana de altura, un personaje que en manos de cualquier otra actriz podría haber caído en el ridículo. Se suele decir que en el cine de principios de siglo hay carencia de buenos villanos (y las pelis Marvel o DC son un buen ejemplo de ello, Loki aparte), pero la mezcla de cinismo, demagogia y maldad con que impregna Theron a su personaje la hacen destacar por encima de todo.
Y eso sin contar con alguna otra sorpresa actoral que prefiero reservarme.
Fast & Furious 8 está a la altura (si no por encima) de las anteriores, siendo un espectáculo visual, una descarga de diversión con toques muy acertados de humor y las clásicas gotitas de trascendentalismo dramático. Una delicia donde todo vale y donde nada se puede analizar con demasiada seriedad. Estamos en una fiesta, y lo único que importa es pasárselo en grande. Y de nuevo lo consiguen.
Además, hay un nuevo homenaje para Paul Walker, los cuales nunca serán suficientes.
Ya estoy deseando que empiecen a haber noticias sobre la novena entrega. Yo, desde luego, no me la perderé.

Valoración: Ocho sobre diez.


jueves, 13 de abril de 2017

UN GOLPE CON ESTILO, risas de geriátrico

Últimamente hay tantas películas protagonizadas por un grupo de actores de avanzada edad que casi se ha convertido en un género propio. Comedias geriátricas, las llaman por ahí. El caso es que estas suelen estar cortadas por un mismo patrón: grandes actores haciendo cuatro tonterías que resultan simpáticas y entrañables pero poco más.
Un golpe con estilo no difiere mucho de esa apreciación, aunque es posible que su humor funcione mejor que en otras ocasiones. Muy heredera de Ocean’s Eleven (con homenaje al Rat Pack incluido), la película es un remake de una peli de 1979 a mayor gloria de George Burns.
Tres jubilados ven como los mamoneos empresariales los dejan sin su pensión, mientras que el banco, debido a sus hipotecas abusivas, está a punto de quitar la casa a uno de ellos. Después de presenciar un atraco en su banco, este decide que robar el banco es más sencillo de lo que parece, y ve así el final a todos sus problemas.
Con el juego de querer robar a su propio banco, la crítica a los abusos de las financieras y la dudosa moralidad de no robar más que lo que es justo, Un golpe con estilo podría ser una hermana simplona de Comanchería, por más que aquí la denuncia social se pierda rápidamente entre chistes de achaques y dolores.
Esto no es más que una reunión de amigos que quieren pasárselo bien, quizá cansados de que a ciertas edades el cine solo les ofrezca papeles secundarios. Es lo que ya sucedía en Tipos legales, Plan en Las Vegas o Ahora o nunca, y lo cierto es que ese buen rollo y esa camaradería logra traspasar las pantallas y contagiar al espectador.
Claro que tener a tres actores oscarizados como protagonistas también ayuda mucho. Morgan Freeman, Michael Caine y Alan Arkin no son moco de pavo, pero el elenco de secundarios tampoco es manco: Christopher Lloyd, Ann-Margret, Joey King, Matt Dillon y John Ortíz también andan por ahí.
En resumen, una película muy agradable de ver, divertida y entrañable, que no inventa nada, pero invita a evadirse de todo durante poco más de hora y media y, después, con una sonrisa en los labios, a otra cosa, mariposa.

Valoración: Seis sobre diez.

NEGACIÓN, enjuiciando la verdad.

Aunque parezca mentira, incluso hoy en día hay gente que se empeña en negar hechos tan evidentes de la historia como, por ejemplo, la existencia del Holocausto.
David Irving es uno de los negacionistas más populares. A medio camino entre el historiador y el showman, Irving demandó en 1996 a la editorial Penguin books y a la escritora Deborah Lipstadt, acosándolos de difamarlo en el libro Denying the Holocaust.
Negación, dirigida sin estridencias por Mick Jackson (director que arrasó hace décadas con El Guardaespaldas, tropezó con Volcano y ha estado refugiado en la televisión desde entonces), relata lo acontecido durante el juicio, que se plantea como una especie de David contra Goliat, aunque, en este caso, la verdad y la razón estaba del lado de Goliat.
El principal mérito de la película es que pese a saberse (si no se conoce el caso real se puede, como poco, intuir) el veredicto final de antemano, la película mantiene la tensión y no pierde interés en ningún momento, mostrando como un pleito irrelevante por difamación se convirtió en un juicio mundial sobre la existencia o no del Holocausto. Puede que en algún momento se eche en falta algún giro narrativo de esos tan efectivo en las películas de juicios y que los planteamientos secundarios (el sistema judicial de Estados unidos es el correcto, el británico el chapucero; los abogados son los buenos, los periodistas los torpes…) se solventen de manera que todo el mundo quede contento. Pero no importa, ya que no es de eso de lo que quiere hablar Jackson, más interesado (siendo él mismo judío) en desacreditar a los negacionistas y defensores de Hitler que en crear una película de suspense.
Cuenta para ello con la ayuda de un excelente reparto que raya a muy buen nivel. No es nada que deba sorprendernos de Rachel Weisz o Tom Wikilson, siempre excelentes, pero merece un aplauso Timothy Spall, habituado a personajes desagradables pero que otorga a Irving una despreciable humanidad que casi roza la repulsión compasiva, aunque no puedo dejar de nombrar a otros grandes actores como Andrew Scott o Mark Gatiss (ambos viejos conocidos de la magnífica serie Sherlock).
Hay muchas películas que se empeñan en desempolvar los horrores del Tercer Reich, y Negación lo hace, no recreándose en las víctimas, sino clamando por la verdad y la justicia histórica. Y eso siempre es un punto añadido.

Valoración: siete sobre diez.

EL BEBÉ JEFAZO, notable locura animada

Por más que Dreamswords sea la segunda productora de animación más importante del mundillo mainstream, uno tiene siempre la sensación de que están un poco acomplejados por la todopoderosa Disney/Pixar, lo que la ha llevado en sus últimos años a malvivir de sus éxitos del pasado agotando fórmulas como en los casos de Shreck, Madagascar, Kung Fu Panda o Cómo entrenar a tu dragón.
Sin embargo, con El bebé jefazo deciden dar un golpe sobre la mesa y, por fin, confeccionar una película inteligente y muy divertida, repleta de momentos memorables y donde, además, hacen un ejercicio de combinación de estilos de animación muy efectiva.
El planteamiento no puede ser más surrealista: en la fábrica donde se crean los bebés la mayoría de ellos son seleccionados para que los acoja una familia, pero solo unos pocos con características muy concretas son elegidos para el cargo de jefes. Cuando el nuevo hermano de Tim llega a casa la vida de este se pone patas arriba, pues el nuevo bebé se hace con el control de todo, pero muy pronto se dará cuenta de que hay algo que no cuadra. En realidad, el bebé es un infiltrado para hacer espionaje industrial contra una empresa que crea cachorritos de perro, la mayor competencia en temas de amor para los bebés.
Sí, así contado parece una marcianada, lo sé, pero todo tiene un sentido, un encaje perfecto en una alocada y tierna comedia que sirve como claro alegato en favor a la maternidad y al amor fraternal pero que es también un canto a la imaginación.
La premisa de la película dirigida por Tom McGrath es muy ingeniosa, y la historia consigue mantenerse fiel hasta el final, sin desvaírse por el camino ni perder un ápice de locura. Es una lástima perdernos con el doblaje el que dicen es un trabajo fenomenal de Alec Baldwin, pero lo cierto es que José Coronado está a la altura poniendo voz a este bebé descreído, malhablado y marimandón, adaptándose perfectamente al personaje.
El bebé jefazo es luminosa y colorida, quizá algo tópica en algún gag concreto, pero que funciona a la perfección, con una animación que no tiene nada que envidiar a su competidora. Una buena oportunidad para disfrutar estas vacaciones en familia.

Valoración: Siete sobre diez.

domingo, 9 de abril de 2017

LIFE (VIDA): Lujoso aperitivo para el nuevo Alien

Que la nueva película de Daniel Espinosa (director de la entretenida El invitado y la irregular El niño 44) con guion de Rhett Reese y Paul Wernick (los mismos que se inventaron ese pelotazo que fue Deadpool) está claramente inspirada en Alien, el octavo pasajero de Ridley Scott es una obviedad tan grande que ni los propios responsables son capaces de negarlo.
Hay mucho más en Life (vida) que huele a fotocopia de otras películas, pero tal y como suceda con Redención, lo importante es el resultado final, y en este caso el resultado final es ciertamente estimulante.
Se podría decir de esta epopeya claustrofóbica y aterradora sobre un alien mortal que amenaza a los cinco integrantes de la Estación Espacial Internacional que no deja una huella demasiado profunda en el espectador, pero hay que reconocerle que durante la proyección logra cumplir con creces todos sus objetivos, resultando emocionante, emotiva y angustiante. Con una clasificación R se permite ser algo más sangrienta que otras producciones del estilo y su construcción en formato de cine de slasher (que eso era, al fin y al cabo, el Alien de Scott) atrapa desde el primer momento, como en un macabro juego de ruleta rusa en el que nunca se sabe quién será la siguiente víctima.
Resulta curioso que en el mismo fin de semana se estrenen dos films de corte similar (y Life, como Órbita 9, también tiene un cartel algo tramposo), pero en el caso del film de Espinosa el dilema moral que se plantea no se esquiva a la primera de cambio, sino que resulta tan contundente que no genera debate posible: si es necesario, todos deben morir con tal de que el alienígena no llegue a la Tierra. Esta amenaza (y el detalle de que estemos ante una recreación casi perfecta de la auténtica Estación Internacional) son los dos puntos diferenciadores más claros con respecto a Alien.
Espinosa busca siempre el horror mediante la sensación de claustrofobia, moviendo la cámara con delicadeza entre los recovecos de la nave (atención al magnífico plano secuencia que abre el film) y recreándose en la gravedad cero que sufren sus protagonistas (esto la aúna, a su vez, con Gravity), y aunque apenas tenga tiempo de definir mejor a sus personajes, las cuatro pinceladas que se da de cada uno me resulta suficiente. Al fin y al cabo, esto no va a ser el inicio de una franquicia como comentaba al respecto de Power Rangers.
Sí se echa en falta algo más de valentía a la hora de plasmar el terror, ya que no se llega a jugar bien las bazas de la clasificación R y Espinosa apuesta más por la luz y la limpieza de lo que lo hacía Scott, pero la mezcla de unos efectos especiales que crean un ser creíble y terrorífico, el lujoso reparto y el ritmo de la acción que penas deja respiro convierten Life (Vida) en un entretenimiento apasionante y muy recomendable.
Puede que sea injusto compararla constantemente con Alien, pero eso es a lo que sus creadores han querido jugar. Al fin y al cabo, en unos días el propio Scott lo sufrirá en sus propias carnes con el estreno de Alien: Covenant.

Valoración: Siete sobre diez.

ÓRBITA 9: ciencia ficción elegante con guion de baratillo

Que una película de supuesta intriga y con varios giros de guion en su argumento desvele el primero de ellos en la propia sinopsis publicada en los medios de comunicación dice muy poco acerca de la confianza que su productora tiene en ella.
Trataré de no caer en ese error: Helena es una chica nacida en una nave espacial con destino a un planeta por colonizar. Cuando un problema con el oxígeno obliga a sus padres a abandonar la nave para que pueda sobrevivir, Clara tiene que crecer sin más compañía que la voz metálica de su ordenador de a bordo. Pero su vida cambiará cuando un operario intercepte la nave para solventar la avería.
Bajo esta premisa llega esta apuesta española por el cine de ciencia ficción más intimista y pausado. Disfrazado de thriller distópico, Órbita 9 es en el fondo una historia de amor imposible, unos Romeo y Julieta del futuro que deberán superar muchos desafíos para lograr que su amor prospere. Con ello, el director Hatem Khraiche renuncia casi por completo al siempre interesante debate sobre si es aceptable el sufrimiento de uno por el bien de muchos, en una sociedad al borde del colapso y en la que esa nueva colonia puede ser la última esperanza.
Más preocupado por la sensiblería romántica que por el verdadero trasfondo, Khraiche prefiere dibujar directamente al responsable de tomar semejante decisión como al villano de la película, liquidando cualquier debate de un plumazo y dejándonos con una película que aspira a mucho y queda en nada.
Con una Clara Lago que solventa con buen hacer su personaje, el film cojea más por la parte de Álex González, al que la banda sonora no ayuda mucho tapándole la mayoría de frases (ahora se entiende que en X-Men: Primera Generación no llegue a decir una sola frase). Con todo, ninguno de ellos (ni la efímera Belén Rueda, tramposo reclamo publicitario del poster) pueden hacer nada con una historia que de tan intimista que pretende ser llega a aburrir, pero que cuando intenta apretar un poco el acelerador es cuando más destacan los absurdos de un guion totalmente inverosímil y esperpéntico.
Órbita 9 tiene una factura impecable, y siempre es de agradecer que una película española asuma riesgos con la ciencia ficción, pero cuando la cosa no funciona, no funciona.

Valoración: Cuatro sobre diez.

GHOST IN THE SHELL: deslucida adaptación del manga


Mucho se esperaba de esta película que adaptaba un Manga japonés y que ya tuvo una aplaudida versión cinematográfica con el Anime del mismo título. 
El estreno de Ghost in the Shell ha venido precedido, sin embargo, por la polémica sobre la occidentalización de los protagonistas, algo que ya se manifestó en el estreno de La gran muralla, cosa que a mi personalmente me parece una tremenda tontería. Si la película es americana, ¿por qué no va a ser americano el protagonista? Otra cosa es el medio camino que se ha buscado con la digitalización del rostro de Scarlett Johansson para que sus rasgos sean más orientales, que si bien no impiden que esté más guapa de lo habitual si hacen un efecto algo incómodo sobre su mirada.
No creo que eso sea más que una excusa ante la coincidencia de que ambas películas sean ya dos de los fracasos más estrepitosos del año, y que el deseo de que sean cabezas de franquicia haya fallecido antes de tiempo. Ghost in the Shell contiene muchos más problemas que el hecho de que la protagonista sea occidental o no.
No conozco el Manga original ni he revisitado el Anime en años, así que no puedo juzgar la obra como la adaptación que es, pero vista de manera individual está claro que el guion hace aguas por todas partes. La historia en la que se basa sí funciona, una especie de thriller futurista donde la protagonista debe resolver una serie de asesinatos a la vez que descubrir el secreto que se esconde en su propia identidad. Sin embargo, para ello se han buscado una serie de excusas argumentales y de situaciones ridículas que no pegan para nada con el tono oscuro y frío que pretenden dar al film. Por ello, se echa en falta el carácter adulto de la obra en que se inspira, con mucho más sexo y violencia explícita que en la película y un trasfondo filosófico que aquí apenas se insinúa.
También Rupert Sanders tiene buena culpa de ello, más centrado en buscar un tono visual que no decepcione a los fans (algunas escenas parecen calcadas al Anime) y sobresaturando la película de planos aéreos de ese Tokio recargado y agotador, que del ritmo narrativo, haciendo que uno se plantee si Blancanieves y la leyenda del Cazador no es poco bagaje para haber confiado el proyecto en este director. Tampoco Scarlett Johansson parece la mejor elección de casting, por más que la muchacha se empeñe en tomarse muy en serio su papel. Los esfuerzos son loables, pero o no consigue nunca dar con el tono adecuado o, simplemente, está muy mal dirigida.
También puede ser que la película llegue demasiado tarde. Cuando se creó el Manga, en 1989, la premisa podría ser original, con esa reflexión sobre el alma que un ser mecánico podría o no tener, pero hoy en día el asunto está ya muy trillado. Aparte de las evidentes similitudes con el Blade Runner de Ridley Scott, la película puede recordar a planteamientos ya vistos en Yo, robot, Autómata o la reciente serie de la HBO Westworld. Incluso en Terminator 2 James Cameron logra condensar toda esta hipótesis en una simple (pero magistral) frase final.
¿Qué nos queda, pues, para poder salvar de la quema a esta película? Pues, una vez más, el conformismo. Dejando de lado todos los elementos interesantes que se tiran por la borda y la decepción por lo que pudo ser y no fue, la película puede llegar a resultar una tontería sumamente entretenida, con tiroteos, persecuciones y buenos efectos visuales. La ambientación, ya lo he comentado, está muy lograda, y aunque la Johansson (que con esta película deja de ser infalible para la taquilla) no termine de convencer en esa dualidad entre ser humano y máquina (y la escena familiar es un ejemplo del ridículo más clamoroso), al menos resulta siempre gratificante verla en pantalla pegando mamporros pistola en mano. Por más que su constante desnudez sea extrañamente artificial.
Ghost in the Shell naufraga en la mediocridad, pero tiene suficientes elementos para ser la película favorita de unos cuantos. No los suficientes para hacer la secuela que la última escena promete, eso sí.

Valoración: Cinco sobre diez.

POWER RANGERS: agradable sorpresa


Lo confieso. Cuando me enteré de que iban a hacer una nueva película de los Power Rangers mi reacción fue gritar a los cuatro vientos: ¿¿Por qué??
No tengo ni idea de cómo funciona el Universo PR, que según creo se basa en una multitud de series interconectadas, con mundos paralelos y locuras varias, pero lo poco que he visto de la serie original siempre me ha dado un poco de repelús, y desde luego que un producto tan infantiloide y noventero (aunque la serie que arrancó en 1993 sigue adelante en la actualidad) me parecía una pérdida de tiempo irreparable…
Craso error. Lo creáis o no, Power Rangers es una de las películas más estimulantes que hay actualmente en cartelera, en lo que a cine palomitero se refiere, muy por encima de la pretenciosidad desinflada de Ghost in the Shell o dejando a la altura del betún la construcción de personajes de títulos como La gran muralla o Kong: la Isla Calavera.
No me malinterpretéis, Power Rangers no es una obra de arte, pero tampoco pretende serlo. Es un simple divertimento, una actualización de unos personajes infantiles llevados al límite y confiriéndoles un tono algo más adulto. Pero el caso es que lo han hecho con mucho arte y oficio, dedicando casi dos tercios de la película (ya se habla de una saga de al menos seis títulos) a darnos a conocer a los protagonistas, a presentarnos a los chicos antes que a los héroes.
Se podría decir que los nuevos Power Rangers son una versión millenial de los superhéroes de Marvel, y de hecho en la propia película se nombra a alguno, además de que el uso de la banda sonora recuerda en parte a lo que hiciera Peter Gunn con Guardianes de la Galaxia. Pero es que además se han preocupado de que esa presentación de personajes tenga sentido, consiguiendo que los cinco protagonistas tengan una personalidad propia y diferente entre ellos cuando no llevan armadura. Para ello, se limitan a mirar un poco la realidad de la sociedad, tocando temas como el bullying o la discriminación sin hacer sangre de ello. Incluso la incorporación de un personaje homosexual se hace con total normalidad, como debe ser.
Ninguno de los cinco actores protagonista son estrellas consagradas, y posiblemente no tengan tablas para llegar a serlo nunca, pero saben lidiar con sus personajes con eficacia, dejando el lucimiento en manos de la villana Elizabeth Banks o en el buen hacer de Bryan Cranston poniendo voz a Zordon.
Con unos efectos visuales de primera, el director Dean Israelite , en su segundo trabajo tras Project Almanac, se basa en el humor para conseguir que la revisión de esta especie de superhéroes funcionen en la época actual, haciendo que en su arranque casi estemos ante una comedia gamberra con continuas referencias a clásicos como El club de los cinco. Es en la relación entre ellos que mejor funciona la película, haciendo creíble la reacción ante lo que les sucede cuando reciben sus poderes y permitiendo empatizar con todos ellos, preocuparnos por sus destinos.
Power Rangers no es una película emotiva, que pretenda tocar la fibra, pero sí un divertimento estupendo, con un ritmo calculado y bien medido y al que se le puede augurar un interesante futuro por delante. Consigue (y eso era harto difícil) no traicionar el espíritu original sin caer en el ridículo y su guion funciona mucho mejor de lo que se puede apreciar en producciones supuestamente semejantes como la saga Transformers. Además, los kiaju están de moda y Powers Rangers sabe explotarlo en un final donde se pone toda la carne en el asador y se alcanza la espectacularidad esperada sin llegar a agotar ni perder el sentido del humor.
Si os soy franco, me he quedado gratamente sorprendido. Y, por una vez, eso es algo positivo.

Valoración: Siete sobre diez.

MESA 19: insulsa tontería

Las comedias americanas que transcurren alrededor de la celebración de una boda son casi un subgénero por sí mismas. En Mesa 19, la pretensión es hacer una película de corte indy sobre un grupo de inadaptados que terminan coincidiendo en la misma mesa durante una ceremonia, una mesa destinada a los marginados, a esos invitados por compromiso que los novios piensan que si deciden no aceptar la invitación, mejor.
No es mal punto de partida, sobre todo si tenemos en cuenta que la protagonista es la siempre solvente Anna Kendrick y que pululan por ahí alguna que otra cara conocida como Lisa Kudrow, Craig Robinson o Stephen Merchant.
Desconozco si el estilo de las ceremonias nupciales americanas distan mucho de las españolas, aunque por lo visto en el cine no lo parece. Sin embargo, no logro entender cómo funciona la que aparece en la película, si el baile es antes de la cena, cuando se hacen los brindis, cuando el pastel, cuánto dura… Durante la celebración los personajes entran y salen del salón, se van a pasear por un bosque cercano, se refugian en una de las habitaciones del hotel… y el resto de invitados a lo suyo, en un ejemplo de caos organizativo que hubiera horrorizado a la Jennifer Lopez de Planes de boda. Comento esto porque la falta de ritmo y el avance confuso de la ceremonia es un buen ejemplo de lo que sucede con la película en sí. Nunca se sabe si se está ante una comedia, un drama o una simple historia de amor, no hay ningún personaje que enganche y los chistes carecen de gracia.
Mesa 19 está bastante cerca del desastre, resultando aburrida e insustancial, consiguiendo que todo lo que hace por diferenciarse de las comedias románticas sobre bodas comunes sea para peor. No consigo recordar nada destacable (un par de chistes aislados, quizá) de la película, y eso en un género tan fácil de acometer me parece imperdonable.
No conocía al tal Jeffrey Blitz que firma la película (parece que ha hecho sus pinitos en series de prestigio como The Office), pero si esto es lo mejor que puede dar de su en pantalla grande, no creo que valga la pena seguirle la pista.
Una pérdida de tiempo.

Valoración: Tres sobre diez.

MAÑANA EMPIEZA TODO: efectiva comedia lacrimógena.

Resulta gratificante que después de ver como los americanos hacen remakes de películas francesas, esa cinematografía que en cada película que estrena presume de haber batido records de taquilla y se caracteriza (o eso creen ellos) por su originalidad y personalidad, esta vez sean los franceses los que se miran en el espejo del otro lado del charco, aunque la película a copiar sea, en este caso, mejicana.
Mañana empieza todo es una versión bastante fidedigna de No se aceptan devoluciones, de Eugenio Derbez, que el propio director se encargó de protagonizar. Para la versión gala se ha confiado esta tarea en el cómico Omar Sy, y ese es el primer lastre de la película, ya que da la sensación de que el actor de Intocable se limita a repetir una y otra vez su mismo rol. De hecho, casi es necesario echar un vistazo a su trayectoria americana para verle hacer algo diferente (X-men: Días del futuro pasado, Jurassic World), impersonal y arquetípico, pero diferente.
Así, la película arranca con el cansino Sy haciendo sus gracietas habituales como alocado e irresponsable juerguista hasta que le entregan un bebé que le dicen es su hija. Todo esto no es más que un prólogo alargado, ya que la película enseguida da un salto en el tiempo para mostrarnos al personaje de Sy con la niña ocho años después, afincado en Londres y con su vida perfectamente organizada. Así, la película no va de como un mujeriego crápula consigue cambiar obligado por la paternidad y un autoimpuesto sentido de la responsabilidad, sino que todo es tan feliz y bonito como en un cuento de hadas, todos se quieren mucho y las cosas van sobre ruedas, hasta que en ese futuro preadolescente de la chiquilla la madre vuelve a entrar en escena.
Hasta el momento, la película se muestra simpática, con algún momento de divertimento más por el trabajo de Gloria Colston, la niña que, como su propio personaje hace en pantalla, se come a Omar Sy cada vez que tiene oportunidad. Todo es muy calculado, muy milimetrado para dirigir al espectador por donde debe, ya sea el llanto o la risa, sin demasiado esfuerzo. Y por eso, aunque a nivel sistemático la cosa funcione, se echa en menos algo de alma en un producto con aroma a prefabricado.
Hay, sin embargo, un momento en la película, próximo ya a su desenlace, en el que uno de los giros consigue atraparte por sorpresa. No lo ves venir (a menos que hayas visto ya la película mejicana, claro), y te sacude con una fuerza que te obliga a reaccionar ante el cómodo sopor que venías acumulando e invita a reaccionar. La película, al final, levanta la cabeza y el tiovivo de sensaciones tan dirigido que te acostumbras con facilidad a él, te precipita al vacío, logrando una grandeza que era fácil de suponer minutos antes.
Todo en Mañana empieza todo es previsible y su argumento está tan cargado de Deus ex machina y de absurdos que hacen que no te plantees siquiera la verosimilitud de nada, así que conviene arrancar todas esas capas de cebolla superfluas para quedarse con los chistes más efectivos, la química (algo homofóbica, eso sí) que desprende Antoine Bertrand y la simpatía de Clémence Poésy. Y ese desgarrador final que nos obliga a pensar que los muy malditos, al final, lo han conseguido. Por mucho que nos empeñemos a negarlo, la lagrimilla está ahí, esperando a desbordarse.
Mañana empieza todo va de menos a más en cuanto a emoción, y por más que no te puedas creer nada, al final el resultado termina siendo satisfactorio. Incluso con Omar Sy por medio.

Valoración: Seis sobre diez.

LOS PITUFOS: LA ALDEA ESCONDIDA. Estos sí son mis Pitufos,

Muchas veces he tenido la discusión sobre lo que es una película infantil. Por lo que yo sé, no existe el concepto de película infantil como tal, en el sentido de que no hay ninguna película que no sea apta para los espectadores adultos, como si sucede a la inversa. Es por eso que cuando un film de animación me parece insulso y vacío lo considero una mala película, por más que pueda conseguir el objetivo de entretener a un niño pequeño.
Las películas de Los Pitufos podrían ser un ejemplo de lo que muchos llaman cine infantil, pues desde luego no contiene las reflexiones adultas que algunas obras de Disney y Pixar como Zootrópolis o Del Revés, no tiene chistes pensados específicamente para un público adulto como la primera entrega se Shrek o alguna de las ocurrencias de Los Minions, ni busca una emotividad y una plasticidad visual como la simpática Ballerina. Así que podríamos estar ante la típica propuesta insoportable para el público adulto que debe acercarse a ella solo por el suplicio de tener que llevar a sus hijos o sobrinos.
Sin embargo, Los Pitufos: la aldea escondida, la película de Kelly Asbury (que ya especializó en seres diminutos -aunque no tanto- en Gnomeo y Julieta), consigue sortear cualquier tipo de obstáculo generacional y, quizá con la ayuda de la nostalgia para aquellos que crecimos con los álbumes de Olé dedicados a las creaciones de Peyo, la película resulta un estimulante entretenimiento para todo el mundo, por más de que no pretenda en ningún momento ser nada más.
Sony ha aprendido la lección y rehúye conscientemente de cualquier cosa que pueda recordar las infames películas de Raja Gosnell para recuperar la verdadera esencia de estos diminutos seres azules, que sin duda (como he comentado en otras ocasiones) ha servido de inspiración a futuros bichejos como los mencionados Minions, los extraterrestres de Home o los recientes Trolls. Pero estos son los auténticos, los verdaderos Pitufos, y como en todo buen rebbot que se precie, la historia arranca con una explicación a modo “origen” de lo que nos vamos a encontrar tremendamente fiel a los comics originales, en especial a lo que respecta a la creación de la Pitufina, el personaje central y sobre la que va a recaer el peso dramático y la moralina (no importa quien seas, sino quien quieras ser) de la historia.
A su alrededor, todos los elementos característicos del mundo imaginado por Peyo, con su Papá Pitufo, su aldea con casas en forma de setas y su villano correspondiente, un Gárgamel y su gato Azrael muy superiores al que interpretara con torpeza Hank Azaria.
No voy a decir que sea esta una peli perfecta. Echo en falta algún elemento icónico, como el uso del lenguaje pitufo, y el truco de la magia es un recurso fácil para finalizar una historia de manera rápida y algo confusa, pero es algo que se le puede perdonar a la película a cambio del festival de color y alegría que consigue recuperar el espíritu original de estos personajes.

Valoración: Siete sobre diez.

REDENCIÓN: Magnífica fotocopia

Aunque hace unos años Antoine Fuqua llamara la atención de todos con la multipremiada Training day y continuara con un par de dramas bastante bien narrados (Lágrimas del sol, Los amos de Brooklyn…), lo cierto es que en los últimos años su toque se estaba perdiendo. Objetivo: La Casa Blanca es un buen blockbuster y poco más, The Equalizer es demasiado irregular y Los Siete Magníficos resultó decepcionante en proporción a sus expectativas.
Sin embargo, entre esas dos últimas rodó Redención, un drama pugilístico que ha pasado bastante desapercibido y que ha tardado casi dos años en llegar a nuestro país. Sin embargo, puede que Redención sea, sin muchos problemas, la mejor de esas últimas películas de Fuqua.
No tiene Redención ni un solo ápice de originalidad, y el guion de Kurt Sutter se inspira sin demasiados remordimientos en los grandes títulos del género, ya sean Rocky, Toro Salvaje o Campeón. Sin embargo, la puesta en escena es tan impecable y el ritmo narrativo tan efectivo que la película funciona magníficamente bien, siendo capaz de sacudir los sentimientos del espectador sin importar que este sepa de antemano todo lo que va a pasar. Tanto es así, que a la traducción española del título (que en inglés, Southpaw, vendría a ser algo así como Golpe de izquierda) poco le ha importado que eso de Redención sea un spoiler en toda regla de lo que ha de venir.
Fuqua filma los combates con elegancia, transmitiendo el dolor de cada puñetazo, y logra templar suficientemente bien el drama para provocar la lágrima sin caer en el exceso de sentimentalismo. Para ello se ayuda notablemente en la interpretación de sus actores protagonistas, en especial un magnífico Jake Gyllenhaal acostumbrado a los papeles conflictivos, y un brillante Forest Whitaker, alejado de los papeles cómodos y estereotipados de sus últimos trabajos (La llegada o Rogue One, sin ir más lejos) y que consigue que no nos importe lo mucho que su personaje se asemeja al de Morgan Freeman en Millon dólar baby.
Completan el reparto Rachel McAdams, 50 Cent, Naomie Harris y la joven Oona Laurence, a la que muchos descubrimos en Peter y el dragón.
Redención es una película de boxeo, sí, pero va más allá y se sustenta sobre una reflexión acerca de las malas decisiones, las consecuencias que los actos propios pueden tener en uno mismo y en los que lo rodean y el amor y el dolor ante la pérdida. Es por eso, más allá de que uno pueda ser más o menos aficionado a este deporte, que la película agarra y conmueve, llegando a agotar por momentos al espectador.
Además, el incomprensible retraso de su estreno ha permitido que pueda estar dedicada a un magnífico compositor como es James Horner, ya que aunque lograra finalizar la composición de la banda sonora de Los siete magníficos antes de su fallecimiento, esta es su verdadera despedida.

Valoración: Siete sobre diez.

sábado, 8 de abril de 2017

MUNDO MUERTO, una novela de película

Mundo Muerto, mi primera novela de ficción, acaba de salir a la venta a través de Amazon.
Efectivamente, este es el motivo por el que el blog ha estado tan parado últimamente. La recta final ha sido dura e intensa, pero al fin lo he conseguido. Quizá alguno pueda estar sorprendido, ya que no he querido divulgar mucho el tema hasta asegurarme de que era una realidad. Pero sí, ahora ya no hay vuelta atrás, ahora la suerte está echada.
Mundo Muerto no pretende, en el fondo, ser más que un divertimento, una excusa (un apocalipsis zombie) donde dar rienda suelta a todas mis filias y fobias, a todas mis pasiones y temores. Es, en cierto sentido, una obra parcialmente autobiográfica, pues aunque ninguno de los personajes sea un calco de la realidad (ni siquiera el protagonista), todos tienen algo de mí y de mis alrededores.
Y, como no podía ser de otra manera, Mundo Muerto es una carta de amor a todo aquello que me mueve, ese “mundillo” llamado por algunos de “subcultura” que se puede definir como friki. Así, en él se reúnen multitud de referencias cinematográficas, literarias, televisivas y comiqueras.
No es, no obstante, una obra cómica. La práctica eliminación de la humanidad no puede serlo, y tras los homenajes a Tarantino, Romero, Millar y demás, hay una historia dramática, una lucha por la supervivencia, por la familia, e incluso por el amor. Es una obra sobre la amistad y la ambición, sobre la confianza y sobre la esperanza.
Y es, ante todo, una historia de zombies.
Varios años escarbando en mi poco tiempo libre y robándole horas al sueño la han hecho posible, y si os pica la curiosidad podéis encontrarla en su formato Kindle más económico o en su versión física de tapa blanda. Amazon es por ahora la única vía para conseguirlo, aunque espero que en breve llegue (de manera muy limitada) a alguna librería de Barcelona y alrededores. En la página de Facebook David Medina: Mundo Muerto podéis encontrar información actualizada.
Mundo Muerto no es más que el resultado de un sueño que se ha hecho realidad. Un sueño que, espero, va a tener continuidad.

Porque ahora, la muerte ya no es el final…

EL PANDA EN LA SEAT

Como habréis podido notar, el blog lleva unos días parado, sin reseñas de los últimos estrenos.
Quiero pediros disculpas por ello, pero en ocasionas hay otros quehaceres que impiden mantener el ritmo deseado. Como sea que ya está todo normalizado (y en la próxima entrada tendréis una explicación a esta ausencia) en un par de días espero estar al día con los estrenos pertinentes.
Mientras eso ocurre, permitidme compartir con vosotros una estupenda iniciativa producida desde el departamento de comunicación de la fábrica de SEAT Martorell. Se trata de la confección de un boletín interno donde los protagonistas son los propios empleados. Con una periodicidad quincenal, Denia Rodríguez se encarga de gestionar una publicación desdicada a destacar las aficiones y los “otros trabajos” de los empleados de plantilla.
Como podéis
 haber comprobado, desde hace ya un tiempo la firma del blog ha cambiado, siendo sustituido el “Pandyta” habitual por mi nombre real. Esta salida del anonimato (un anonimato muy relativo, muchos sois los que me conocéis personalmente) coincide precisamente con mi aparición en la segunda entrega de dicho boletín, hecho que se ha reforzado, además, con mi imagen por las pantallas informativas de todo el taller donde trabajo.
En fin, que El Panda Cinéfilo ha entrado en SEAT por la puerta grande, y he pensado que era de rigor un breve agradecimiento.

Y en breve, desvelaré mi secreto mejor guardado…

viernes, 31 de marzo de 2017

Reflexiones catódicas: LA TELEVISIÓN HA CAMBIADO (Y PARA BIEN)

Los tiempos están cambiando. Y pese a que en este país siguen existiendo canales que malviven a base de refritos de series que programan sin orden ni criterio (de algo tienen que vivir los procedimentales), y que tienen más audiencia de la que puedo llegar a comprender, lo cierto es que la manera de entender la televisión ha sufrido una fuerte transformación en los últimos años.
Siempre se ha dicho que este era un país muy propenso a la piratería, y eso parecía una certeza hasta la aparición de las plataformas de streaming, esas mismas que los más agoreros vaticinaban que iban a fracasar. Nadie pagará por lo que puede tener gratis, decían. Pero ha pasado más de un año y no solo se han aposentado, sino que su número se ha incrementado de manera notable.
Es evidente que ahora el público televisivo es mucho más exigente. Por un lado, se requiere inmediatez. 
No tiene ningún sentido acceder a series de fama mundial como The walking dead o Juego de Tronos varios meses (cuando no años) después de su emisión en Estados Unidos (recuérdese si no lo que pasó con True Detective). 
Luego está el tema de la libertad. La televisión tradicional impone una especie de dictadura que obliga a ver los programas cuando y como ellas quieren. El streaming, sin embargo, permite al espectador elegir el mejor momento para el visionado.
Todos tenemos en mente a Netflix como la gran pionera del streaming en España, aunque para ser justos hay que recordar que antes que ella ya teníamos a Filmin y Wuaki (rebautizada Rakuten), aunque estas se centran más en la oferta cinematográfica que la televisiva propia. Y luego están las plataformas de internet de los canales generalistas, esas que permitieron que series como El ministerio del tiempo pudiese triunfar pese a las bajas audiencias en su emisión original.
Pero definitivamente ha sido Netflix quien más ha apostado por este formato. Y casi u n año y medio después de aterrizar en nuestro país su catálogo se ha incrementado de forma ostensible y su apuesta por la producción propia ha sido notable. 
Al llegar, parecía que solo Orange is the new black y House of cars, de las cuales, en un primer momento, ni siquiera tenían los derechos para España. Sin embargo, y dejando de lado el tema superheróico del que ya hablaremos en otro momento, las producciones propias se han multiplicado, con gran nivel de calidad y aceptación. Títulos como Better call Saul (el spin off de Breaking Bad), Narcos o Stranger Things están entre lo más destacado del año.
En paralelo al crecimiento de Netflix habría que mencionar también los esfuerzos de Movistar por no quedarse a la zaga, pero cuentan con una gran desventaja al depender del servicio de telefonía.
Mientras no se pueda contratar al canal independientemente del servidor de Internet que cada uno quiera nunca podrán competir de tú a tú con el resto de ofertas.
Además, en los últimos meses hemos disfrutado del desembarco de otros dos grandes canales de streaming: HBO y Amazon. En el caso de la primera se han encontrado con el mismo hándicap que Netflix, ya que su serie de cabecera, Juego de Tronos, ya tenía los derechos vendidos en España. Pero han reaccionado rápido y WestWorld ha sido otra de las revelaciones de la temporada. Con respecto a Amazon, la propuesta es interesante por su precio, llegando a ser gratuito para clientes Premium de su portal de compras por internet, aunque su serie más relevante hasta la fecha (aunque las críticas no han sido muy positivas) no ha llegado aún. Me estoy refiriendo a Crisis in six scenes, el debut de Woody Allen en televisión. 
El gran problema, a día de hoy, de HBO y Amazon es no disponer todavía de aplicaciones para SmartTV, aunque no creo que tarden mucho en solventarlo.
Los tiempos están cambiando. Y más que van a cambiar todavía. HBO suele arrasar en los premios Emmy, Amazon ha tenido una importante presencia en los Oscars de este año (coproducían Manchester frente al mar) y Spike Lee se encargará de dirigir la primera película producida por ellos en solitario, y Netflix, aparte del imprescindible apoyo que han dado para que la tercera temporada de El ministerio del Tiempo sea una realidad, se han quedado en exclusiva la nueva película de Martin Scorsese con Robert de Niro y sus próximos títulos serán protagonizados por Brad Pitt y Will Smith, aparte de haberse comprometido a concluir y estrenar el proyecto que quedó inacabado de Orson Welles.
Insisto. Los tiempos están cambiando. La piratería debería ser ya cosa del pasado. La ficción televisiva en “directo”, también. Ahora hay alternativas. De calidad, variadas y a buen precio. Y el público está respondiendo.

Vienen buenos tiempos para la televisión. Esto no ha hecho más que empezar…

sábado, 25 de marzo de 2017

EL BAR, divertida, cruel y reflexiva.

Tiene un problema Álex de la Iglesia cada vez que debe estrenar una nueva película. Y es que en sus inicios tiene algunos títulos tan magníficos como El día de la Bestia o La Comunidad que, como le pasa a algún colega anglosajón suyo como Shaymalan, parece que nunca vaya a poder volver a estar a la altura de las expectativas. Y eso es algo demasiado injusto hacia un realizador que ha dado grandes obras a la filmografía de este país.
Es por ello que muchos destacan El bar como una especie de regreso a esa época gloriosa después de unos años de oscuridad. Personalmente no puedo estar completamente de acuerdo, pues si bien es cierto que El bar es una muy buena película supe disfrutar mucho también de Las brujas de Zugarramurdi y Mi gran noche, siendo de su época más reciente La chispa de la vida la única que me dejó algo frío.
Si es cierto, sin embargo, que ahora logra resarcirse de algo de lo que se le acusa continuamente: no saber cerrar bien sus películas. Porque desde luego El bar tiene un final impecable, que podrá ser más o menos del gusto del espectador, pero totalmente coherente con la historia y con una amargura como no podía ser de otra manera. Pero empecemos mejor por el principio…
El bar no es exactamente una comedia negra, aunque tiene muchos puntos de humor. Es más bien una radiografía de la sociedad, de cómo el ser humano reacciona ante situaciones límite y como el instinto de supervivencia se antepone habitualmente a la propia moral. Por ello no es una película de buenos y malos y cada personaje, incluso en sus momentos de mayor bajeza, merece ser justificado. ¿Acaso no haríamos nosotros lo mismo?
La cosa va de un grupo de desconocidos que quedan atrapados en el interior de un bar después de que dos personas sean abatidas a tiros en mitad de la calle y el centro de Madrid, de un momento para otro, quede totalmente desierto. Es entonces cuando los miedos, la desconfianza y las fobias salen a relucir, convirtiéndose el bar del título en una suerte de Gran hermano con muchas similitudes con La niebla, aquella novela de Stephen King versionada por Frank Darabont donde también un grupo de desconocidos quedaban atrapados, en esa ocasión en un supermercado, aterrados por una misteriosa amenaza del exterior.
El guion que el propio De la Iglesia firma con su amigo y colaborador habitual Jorge Guerricaechevarría combina con inteligencia el humor y el drama, la acción y los momentos más intimistas, aunque hay que reconocerle que obliga a realizar en algún que otro momento un ejercicio de suspensión de la credibilidad, y el director consigue mantener el ritmo en todo momento, sin que ni siquiera con la salida del bar se llegue a perder el interés ni la emoción. Pero no basta con su buen trabajo para llevar este barco a buen puerto, y sin duda sería imposible sostener una película como El bar sin un trabajo impecable por parte de todos sus protagonistas. Joaquín Climent y Alejandro Awada cumplen con creces, Mario Casas y Secun de la Rosa están brillantes y divertidos y a Terele Pávez y Carmen Machi no vamos a descubrirlas ahora, ¿no? Pero son sin duda Jaime Ordóñez y Blanca Suarez quienes realmente se llevan el gato al agua. Ordóñez está deliciosamente excesivo, histriónico, capaz de despertar odio y ternura en el espectador en cuestión de segundos. Suarez, por su parte, está superlativa, evolucionando de niña pija maleducada a heroína de la función con una facilidad pasmosa. Sin problemas para resistir con firmeza los primeros planos, asusta conmueve, convence y enamora.
El bar puede parecer una película excesiva, cargada de momentos surrealistas y de reacciones desproporcionadas, pero si uno se para a analizar bien a los personajes, magníficamente retratados en apenas cuatro planos, se da cuenta de que esas reacciones son tan terriblemente humanas y naturales que, por encima de los chistes, la emoción y el suspense, convierten a El bar en una película extremadamente triste. Y ese encadenado de planos finales por las calles de Madrid lo demuestran.
El bar es, por tanto, absurda, tronchante, dura y con momentos de escatológica sensualidad, pero, por encima de todo, es una película que me ha hecho reflexionar. Y no estoy muy seguro de si me gusta las reflexiones a las que he llegado. ¿Qué habría hecho yo? O lo que es más importante, ¿qué habríais hecho vosotros?
Esta vez, definitivamente, De la Iglesia lo ha conseguido. De principio a fin. ¡Bravo!

Valoración: Ocho sobre diez.

jueves, 23 de marzo de 2017

CRUDO, tan intensa como incómoda.

Una carretera solitaria. Una figura adolescente la recorre en silencio hasta que decide esconderse entre los arbustos de un lateral. Cuando aparece un coche, el adolescente se lanza ante este y provoca un fatal accidente. Este es el potente arranque de Crudo. Una escena que, posiblemente, tenga más intensidad que cualquier otra a lo largo del metraje, pero suficiente para atraparte con fuerza. Y ya no te va a llegar a soltar.
Dirigida por la debutante Julia Ducournau, esta película franco belga que ha llamo la atención por los festivales por donde ha pasado (provoco los clásicos y mojigatos desmayos en Cannes y se llevó el premio a la mejor dirección en Sitges) es una incómoda y por momentos desagradable metáfora sobre el proceso de convertirse en adulto.
Justine, excelente estudiante, abandona el hogar paterno para entrar en la universidad y comenzar así una nueva etapa de su vida. Es vegetariana radical, tal y como la educaron sus padres, y quiere seguir sus pasos en el campo de la veterinaria. Pero una vez en el campus, donde se reencontrará con su hermana mayor, las cosas no serán como se esperaba. De hecho, una perversa y demencial novatada la obligará a probar carne por primera vez en su vida, y en ese momento todo cambiará para siempre…
Ducournau se basa en una historia con tintes de terror sobre el canibalismo para hablar de muchos temas. Ahí están la aceptación a uno mismo, el despertar sexual, las relaciones fraternales, el acoso escolar… toda una colección de recursos que definen el paso de la adolescencia a la madurez y que, en cualquier otra película, podría haberse basado en problemas más mundanos, como la adicción a las drogas, el alcohol, la anorexia… para usarlos como leif motive, pero sin duda el resultado sería mucho menos impactante.
No, la clave en Justine es que tras degustar por primera vez la carne un instinto se despierta en ella que va a regir su destino a partir de entonces.
Hay en la película referencias al Carrie de Bryan De Palma, a The Neon Demon de Nicolas Winding Refn, a la adicción carnal mostrara en The Addiction de Abel Ferrara y al cine de zombies en general, pero es la sombra de Cronenberg la que todo el rato sobrevuela el trabajo de Ducournau. Es por ello que Crudo no llega a ser, pese a que nos la quieran vender así, una película de terror al uso. Contiene sangre, violencia y escenas explícitas bastantes gore, pero estamos en realidad ante un drama con toques de intriga, una historia de dolor y angustia en la que la dirección de Ducournau y el excelente trabajo de la también desconocida Garance Marillier consiguen transmitir al espectador una incomodidad atroz.
Crudo es algo inesperado, por lo que es aconsejable un segundo visionado para acabar de comprender lo que se nos está mostrando. Pero a la vez, es tan incómoda y desagradable que no invita en ningún momento a esa segunda oportunidad. Es por ello que se mueve siempre entre el límite de lo aceptable, resultando complicado valorarla y mucho menos recomendarla.
La película va más allá de los convencionalismos, por lo que no se mueve en los niveles de calidad habituales. No es posible definirla como una película buena o mala, sino que debe verse y dejar que lo que te transmita sea lo que cada uno llegue a valorar.
No es, desde luego, para todos los públicos (o estómagos) pero no se le puede negar una intensidad y una manera de narrar que es, como poco, interesante.

Valoración: Seis sobre diez.

lunes, 20 de marzo de 2017

LA BELLA Y LA BESTIA, cumplidora fotocopia del clásico

Me resulta especialmente complicado valorar objetivamente esta película, así que voy a tratar de hacer un esfuerzo por ser lo más objetivo y justo con la última producción de Disney que sigue empeñada en versionar sus grandes clásicos animados en acción real.
La bella y la bestia es posiblemente, de todas las revisiones hechas hasta la fecha, la más fiel al material original, resultando prácticamente un calco argumental de la versión de Gary Trousdale y Kirk Wise, recuperando incluso las canciones originales de Alan Menkel. Apenas unos detalles sobre la madre de Bella sirven como mínima diferencia entre ambas películas.
El principal problema de La bella y la bestia cabe encontrarlo en la falta de magia que desprende. Siéndole imposible sorprender en su argumento, es en la aportación de los actores donde debían poner toda la carne en el asador. Es por ello que se reúne un brillante reparto, mucho de ellos simples cameos en su versión doblada, resultando estimulante ver de nuevo a Kevin Kline en un papel tan relevante y con un Luke Evans bastante solvente. 
En el apartado protagonista, sin embargo, Dan Stevens se encuentra demasiado oculto bajo la algo artificial digitalización de la bestia como para desplegar todo el carisma del que es capaz (recuerden su trabajo en The guest), aunque algo de brillo tiene, mientras que su partenaire Emma Watson cumple lo justo, no por falta de belleza ni talento sino porque no consigue superar la comparativa con la Bella original, resultando algo menos maravillosa que su contrapartida animada.
Sin embargo, a quien más se puede responsabilizar de esa falta de magia que embarga al film es a su director, un Bill Condon solvente en historias intimistas, pero a la que el blockbuster todavía le viene algo grande (Dreamgirls no era realmente una superproducción y de sus dos contribuciones a la saga Crepúsculo mejor ni hablar). Sé que no es cuestión de comparar con alguien ajeno al proyecto, pero con la maravillosa versión de La Cenicienta de Keneth Branagh uno no puede evitar imaginar al director de Mucho ruido y pocas nueces con semejante libreto.
No me malinterpreten, que la película no tenga la magia suficiente para enamorar no significa que sea una mala película, Simplemente que desperdicia muchas de sus posibilidades. Con todo, esta nueva versión del cuento clásico es una delicia musical con suficiente lujo y emociones como para resultar sumamente entretenida y en ningún momento aburrida y con unos efectos especiales que cojean un poco en la caracterización de la bestia pero que son magníficos en el resto de secundarios sobradamente conocidos (el candelabro Lumiere, la tetera Sra. Potts, el reloj Din Don...).
No puedo, sin embargo, dejar de comentar la gran lacra de esta película: su versión en español. Los que me conocen saben que soy un gran defensor del cine doblado, pero (llámenlo bipolaridad si quieren), con los musicales ya es otra cosa. Vale que esto sea una película infantil, pero no estamos ya ante un producto de animación, sino uno de imagen real donde vemos a actores reales cantando y bailando, pero sin llegar a oírlos nunca. 
¿Se imaginan a La la land sin la voz rota de la oscarizada Emma Stone? Pues van a quedarse con las ganas de escuchar a otras Emmas como la Watson o la Thompson. Y si el doblaje en España es de muy buena calidad no puedo decir lo mismo de la mayoría de cantantes de por aquí. Siendo La bella y la bestia un musical puro con gran cantidad de canciones casi me sangran los oídos con los gorgojos insoportables de la versión española. Y eso me hace odiar un poquito a la película. 
Vayan a verla. Está realmente bien pese a las limitaciones comentadas. Y lleven a sus niños para que las disfruten. Pero, por favor, que sea en versión original. Sus oídos lo agradecerán. Y, al fin y al cabo, en la mayoría de las canciones dobladas tampoco se entiende lo que dicen…

Valoración: Seis sobre diez. 

EL FUNDADOR, la creación de un imperio

Hace apenas unos días os hablaba sobre Gold, una película que, inspirándose en una historia real, hablaba sobre cómo conseguir el sueño americano y lograr llegar hasta lo más alto partiendo casi de la nada. Quizá lo más interesante de la película sea su moraleja, que es imposible lograrlo sin retorcerse entre la basura y estar dispuesto a cometer prácticas… digamos desleales como poco.

El mismo día de su estreno llegó también a las carteleras El fundador, que casi podría parecer una versión hermanada sobre el mismo tema y con las mismas reflexiones. Solo que en el caso de El fundador su director, John Lee Hancock, sabe dotar a la película de un humor ácido (para ello también ayuda, y mucho, el magnífico trabajo de Michael Keaton) que se echaba en falta en Gold.
El fundador cuenta la historia de la creación de la cadena de franquicias McDonald’s, y como tal podría casi identificarse como un spot publicitario de dos horas. Algo de ello hay, desde luego, y ya se encargan sus autores de que la firma no quede demasiado mal parada de la adaptación de la historia, aunque no se pueda decir lo mismo de su personaje protagonista, Ray Kroc. Kroc era, a mediados de la década de los cincuenta, lo que hoy en día se conoce como un emprendedor. Un emprendedor de escaso éxito, habría que añadir. Siempre estaba apostando por nuevos proyectos, dedicando todos sus esfuerzos en ellos, como el negocio de los vasos de papel o los multimixer para hacer varios batidos a la vez. Pero fue cuando conoció a los hermanos Dick y Mac McDonald y el novedoso restaurante que regentaban cuando su vida cambió definitivamente. 
Kroc no es, como pudiera parecer por el título de la película, el fundador de McDonald’s, pero sí quien supo reconocer el enorme potencial de ese tipo de restaurante diferente a todo lo que se conocía hasta entonces, con comida preparada en cadena, sin camareros y minimizando los tiempos de espera. Sí fue él el responsable de convertir la idea en una cadena de franquicias, de expandirse por toda la zona de Chicago y de crear una marca que se convertiría en todo un símbolo americano. El resto, como suele decirse, es historia…
El fundador es una película sobre cómo los sueños pueden hacerse realidad, sobre el triunfo del espíritu humano sobre las adversidades y sobre cómo nadie puede creer en uno más que uno mismo. Pero a la vez, es un fiel reflejo de cómo el dinero puede llegar a corromper, del descenso a los infiernos de alguien completamente obsesionado por triunfar y de cómo todo vale por conseguir los objetivos.

El Ray Kroc de Michael Keaton es un tipo agradable al principio de la película, buen marido y fiel amigo, pero a medida que su triunfo se va convirtiendo en realidad su espíritu se va corrompiendo hasta convertirse en un despiadado y cruel hombre de negocios, rastrero y despreciable. Sin embargo, Keaton ha logrado darle una humanidad tal que consigue que ese proceso de degradación no enturbie lo suficiente su imagen como para llegar a odiarlo, y por más que podamos sentir lástima por los “cadáveres “que va dejando en su camino al éxito, el humor cínico y (a su manera) honesto hacen de él un personaje hasta entrañable y fácil de perdonar.
El fundador no aspira a ser una revisión de El lobo de Wall Street, como pasaba con Gold, sino que es una historia mucho más humana y terrenal, y John Lee Hancock tiene la habilidad de centrarse principalmente en la ascensión de Kroc y McDonald’s sin perder demasiado tiempo en profundizar en la vida personal del protagonista, la cual con apenas cuatro pinceladas queda suficientemente definida para conocer y comprender al personaje. Por ello, la escasa aunque esencial aportación de Laura Dern interpretando a la esposa de Kroc, es fundamental para aportar el punto de vista arbitrario del propio espectador, siendo ella quien mejor puede comprender (y sufrir) el significado del ascenso de su marido.
El fundador, aparte del interés de descubrir cómo un pequeño negocio local llegó a convertirse en el monstruo empresarial que es hoy McDonald’s, es una interesante fábula sobre la lealtad, el deseo y la ambición.

Valoración: Siete sobre diez.