domingo, 24 de enero de 2016

LA GRAN APUESTA: los días previos al apocalipsis financiero.

Desde que en el 2008 estallara la burbuja inmobiliaria que provocó una de las crisis económicas más devastadoras que se recuerdan, sobre todo por ser un problema prácticamente global, muchas han sido las películas que han llegado desde Hollywood tratando de explicar lo que pasó.
The Company men, Margin Call, el documental Inside Job o incluso El lobo de Wall Street pretendían dar pinceladas que ayuden a entender al ciudadano de a pie porqué los banqueros hicieron lo que hicieron y quién lo permitió.
La gran apuesta pretende ofrecer su granito de arena en tan complicado propósito, poniendo a los bancos en el punto de mira y tratando de esclarecer términos y conceptos casi imposibles de asimilar. Atravesando la cuarta pared en repetidas ocasiones, contando incluso con figuras internacionales (Selena Gómez, Margott Robbie o el cheff Anthony Bourdain, por ejemplo) hablando directamente a cámara para explicar algún palabro económico concreto, que en palabras del protagonista de la película (Jared Vennett, interpretado por Ryan Gosling), son un invento de Wall Street para que no entendamos una mierda.
La película es bastante coral, aunque el personaje de Gosling hace de narrador e hilo conductor. Junto a él se encuentran una serie de tipos fuera del sistema que detectan años antes el caos que va a acontecer y tratan de evitarlo, ya sea por cuestiones morales o con el fin de enriquecerse ellos mismos de la desgracia ajena. Creerse que las buenas intenciones de algunos en la vida real sean tal y como se describen en la película es decisión de cada uno.
La película adapta con ingenio el libro de Michael Lewis, una obra de no ficción, casi un manual de economía, que podría parecer imposible de adaptar y que Adam McKay hace francamente bien, consiguiendo aclarar muchas cosas con una punzante ironía que, sin llegar a recaer en la comedia pura, resulta cruelmente divertida. Y ya tiene narices que seamos capaces de divertirnos con una estafa tan enorme y que, de una manera u otra, nos llegó a afectar a todos (bueno, menos al presidente Zapatero, que quizá no se haya enterado aún de lo que pasaba).
Puede que una de las claves de la película sea la acertada elección de los actores, todos ellos a un excelente nivel, destacando el excéntrico y descontrolado Christian Bale, el ufano (cosa rara en él) Ryan Gosling, un renovado Steve Carrell (que parece querer volcarse en películas de carácter más serio, como demostró con Foxcatcher) o Brad Pitt, que acostumbra a reservarse un pequeño pero intenso papel en las películas que produce (aunque su aparición aquí es algo más generosa que su paseo por 13 años de esclavitud).
No está claro si la película simplemente aspira a ser un divertimento inspirado en lo que pasó o si tiene aspiraciones de panfleto acusador, pero el caso es que refleja bastante bien la sociedad de la época, los excesos, el mirar hacia otro lado y el silencio ante un escándalo que crecía hasta volverse imparable.
Siendo sincero (y quizá la culpa sea mía y sólo mía) no todo lo que explica me queda totalmente claro, y hay un momento que pierdo la perspectiva de la realidad con tantos bonos, emisiones de CDO, hipotecas subprime y triples A. Pero no importa. Donde no me llega la comprensión me llega la acción. Y al final, gracias al ritmo y a la interpretación, alcanzo a comprender el gran secreto de todo esto. Siempre pagan los mismos. Y, entre sonrisas y chascarrillos, el fondo de la película da mucho miedo. Porque la conclusión es que la culpa es nuestra y solo nuestra, porque no tenemos remedio.
La película no revela ninguna verdad oculta ni sirve para quitar ninguna venda de los ojos, pero señala con dureza y explica un desarrollo de acontecimientos previos a este profético “fin del mundo” que se digiere con la resignación con la que podemos recibir una patada en el estómago y encima sonreír.

Valoración: 8 sobre 10.

sábado, 23 de enero de 2016

LA QUINTA OLA: otra utopía adolescente del montón.

La quinta ola es una nueva tontería que trata, sin demasiada convicción, abrir una nueva saga para adolescentes copiando descaradamente todas las reglas del juego: basarse en una saga literaria juvenil, tener a un actor (o preferentemente actriz) más o menos reconocida, imaginar un panoramas utópico o postapocalíptico, reunir a base de talonario a un par o tres de secundarios de lujo y conseguir que entre mundos que salvar y familias a las que vengar cuele una historia de amor, si es con aspiraciones de triángulo mucho mejor.
La mejor baza de La quinta ola (y casi la única) es la presencia de Chloë Grace Moretz, intentando tomar el testigo de Jennifer Lawrence y su Katniss Everdeen de Los juegos del hambre, una actriz sobre la que recae casi todo el peso de la película y que puede ser perfecta para el papel de chica asustada y superada por las circunstancias que, si el público lo permite, irá endureciéndose a medida que avancen las secuelas hasta volverse dura y fría (algo así como el personaje que la encumbró a la fama en Kick Ass). Capaz de ello es, tal y como demostró en el remake de Carrie. Otra cosa es que eso sea suficiente para aguantar una historia tan inestable y ridícula.
Pero vayamos al asunto: La quinta ola describe como unos extraterrestres llegan a la Tierra y empiezan a liarla parda. La invasión se desarrolla en cinco fases (de ahí la quinta ola del título), con algunas secuencias de destrucción bastante interesantes pese a la artificiosidad digital que las condiciona (todas ellas desveladas ya en el tráiler). Así, uno casi puede imaginar que habría hecho el director Roland Emmerich si le hubiesen dado este guion: seguramente hacer una película por cada ola y eso que habríamos ganado. Aquí, la invasión solo ocupa el primer acto de la trama, pasando a mostrarnos dos historias paralelas en su segundo arco, donde las sorpresas son escasas y todo suena a demasiado repetitivo. Por un lado, la protagonista, Cassie, deberá desenvolverse en solitario en un mundo hostil con unos alienígenas descendientes de los de La Invasión de los ladrones de cuerpos y cosas que recuerdan mucho a The Host (La Huesped), la fallida adaptación de otra obra de la creadora de Crepúsculo. Por otro, vemos como su hermano es reclutado por el ejército superviviente para adiestrarlo junto a otros niños a modo de Los juegos de Ender (otra peli fallida que nunca llegó a convertirse en saga).
Por medio de todo, naturalmente, dos galanes que se disputarán en posteriores entregas el amor de la dama: uno duro y malote (Alex Roe, un actor tan espantoso que su aparición hace que la película termine por desinflarse del todo) y otro tierno y con cara de perrito adorable (Nick Robinson, el hermano mayor de Jurassic World).
Poco se puede reseñar de una película que copia de todas partes (por supuesto, ni he leído la novela ni me he molestado en datarla, por lo que no se si la obra de Rick Yancey copiaba o era copiada) aparte de celebrar las apariciones de los mencionados secundarios de lujo. Por ahí aparecen una caricaturesca y exagerada Maria Bello; Maika Monroe, que invita a pensar que el triángulo amoroso puede tener cuatro vértices; Ron Livingston, recordado principalmente por Boardwalk Empire y, sobre todo, Liev Schreiber, que siempre cumple en el papel de machote.
No pretendo ser excesivamente cruel con este subgénero, el denominado Young Adult (YA) en los USA, que parecen siempre cortados por el mismo patrón (al menos Los Juegos del hambre y El corredor del laberinto son sagas que me funcionan bastante bien, aunque no soporto Divergente ni su secuela), pero parece haber un cierto aire de desgana en esta producción sin más ambiciones que la de crear una nueva franquicia que de dinero sin molestarse en profundizar lo más mínimo ni arriesgar más que lo estrictamente necesario.
Lo siento por la Moretz, una chica de extraña belleza que siempre me cayó muy bien, pero no le auguro demasiado futuro a esta aspirante a saga que, desde luego, no merece llegar a serlo. Por más que siempre mole ver tsunamis arrasándolo todo  en pantalla grande.

Valoración: 4 sobre 10.

EL HIJO DE SAÚL: terror en primera persona.

El hijo de Saúl, de László Nemes, es la gran apuesta del año de la cinematografía húngara, aclamada en Cannes, reciente ganadora del Globo de oro y máxima favorita en los Oscars como mejor película de habla no inglesa.
¿Y qué es eso que tiene El hijo de Saúl que tanto está gustando? Pues a nivel argumental poco, o nada, que no conozcamos ya. Un nuevo episodio sobre un prisionero cualquiera de un campo de exterminio nazi. Una historia que no tiene nada novedoso con respecto a las muchas historias que nos ha contado ya el mundo del cine sobre esa época tan terrible y descorazonadora de la humanidad.  El secreto está en la dirección de nemes, que hace dos arriesgadas apuestas y ambas le funcionan perfectamente bien.
En primer lugar, la película se proyecta en un formato de 1.33:1, lo que significa que la pantalla es prácticamente cuadrada. El segundo truco que se inventa Nemes es conseguir personalizar la trama en la figura de Saúl de una forma tan extrema que casi toda la película son primeros planos suyos, ya sea frontales o de espaldas, quedando difuminado todo a su alrededor.
La falta del espacio visual a ambos lados del actor, algo a lo que el cine nos tiene acostumbrados como si fuese algo tremendamente cotidiano, consigue desconcertar al principio e incomodar más adelante, contagiando en el espectador la asfixia y la claustrofobia que, imagino, debía sentirse en las entrañas de una aterradora Auschwitz de la que llegamos a conocer sus mayores atrocidades sin necesidad de mostrar apenas nada.
Durante la película, nosotros somos Saúl, y tener un objetivo, que en semejantes circunstancias puede parecer menor (conseguir dar un funeral judío a su hijo muerto), se convierte en el último recurso para no enloquecer entre los muros del campo.
Con unos efectos de sonido muy inteligentes (ruidos y voces que nos llegan de alrededor, sin saber nunca muy bien lo que sucede), Nemes nos sumerge en esta historia de terror y supervivencia sabiendo estremecer el corazón del espectador sin necesidad de recrearse en escenas de truculencia gratuitas ni buscar el horror por el camino fácil. Alguien ha dicho que, al lado de El hijo de Saúl La lista de Schindler parece una versión de Disney, y sin llegar a ser tan exagerada la comparación, ciertamente por ahí van los tiros.
Puede ponerse en duda algunas de las acciones que se ven en la película (en ocasiones parece que Saúl campa demasiado a sus anchas por los distintos escenarios del campo) y ser necesaria cierta suspensión de la incredulidad para un argumento que se torna previsible en su desenlace final (y es que evidentemente se han vista ya muchas películas sobre las atrocidades nazis como para que nos puedan sorprender demasiado), pero ni el guion es lo verdaderamente  importante ni Nemes (que firma el libreto junto a Clara Royer) lo pretende. No es Saúl (impresionante en su contención Géza Röhrig, un poeta húngaro afincado en Nueva York y admirador de Unamuno que debuta aquí como actor) lo verdaderamente importante aquí, sino la excusa para movernos por Auschwitz siguiendo sus pasos como podríamos haber seguido los de cualquier otro judío encerrado. O tal y como podríamos ser nosotros mismos. Y ahí reside el horror y la dureza de una película desgarradora y perturbadora totalmente imprescindible.

Valoración: 9 sobre 10.

domingo, 17 de enero de 2016

BENDITA CALAMIDAD: celestialmente divertida.

Bendita calamidad es, antes que nada, una novela humorística de Miguel Mena que podría haber encontrado su fuente de inspiración en el secuestro del futbolista del F.C.Barcelona Enrique Castro González “Quini”. Al fin y al cabo, trata de unos pobres desgraciados que, acosados por las deudas, deciden secuestrar a un personaje importante para poder subsistir.
Es Bendita calamidad también la última participación de Álex Angulo ante las cámaras. Volvía precisamente de ese rodaje cuando sufrió el accidente que le costó la vida y aunque su personaje tuvo que ser filmado de nuevo por su sustituto Luis Varela, toda la película es un homenaje hacia la figura de este gran actor.
Pero, por encima de todo, Bendita calamidad es la demostración de que querer es poder. Gaizka Urresti, ganador de un Goya al mejor cortometraje por Abstenerse agencias, ya se había basado en los textos de Mena para su corto Un Dios que ya no ampara y se enfrentaba ahora al desafío de levantar una película con un presupuesto casi irrisorio, prácticamente autoproducida, y que ha debido sortear la desgracia en forma de la perdida de Angulo antes de ver la luz. Ver la luz, eso sí, de forma muy limitada, ya que fuera de su Zaragoza natal es casi un periplo poder disfrutar de esta película en una sala de cine.
Pero palabrerías aparte, y ya entrados en materia, ¿qué es en realidad Bendita calamidad? Pues sin duda alguna una desternillante comedia que sigue las desventuras de dos perdedores, Anselmo y Ricardo, que ahogados por una deuda con unos matones y dejándose llevar por un manipulador (aunque tampoco demasiado espabilado) abogado secuestran a un importante arquitecto aprovechando las fiestas del pueblo para solucionar sus vidas gracias al rescate que esperan cobrar. Pero todo se complica cuando en lugar del arquitecto terminan llevándose al obispo de la región.
Aparte de la novela de Mena, se pueden notar en la película influencias cervantinas, siendo los hermanos protagonistas una suerte de Quijote y Sancho muy caricaturescos, aunque también podríamos asociarlos con la mayoría de personajes de los tebeos de Bruguera, que sin duda marcaron la infancia de Urresti igual que a toda una generación. De hecho, no son pocas las referencias al mundo del comic que se aprecian en la película.
Si nos fijamos en la pareja protagonista puede que los rostros de Jorge Asín y Nacho Rubio no resulten demasiado reconocibles (aunque el primero estuvo en Justi&Cía, donde estaba precisamente Álex Angulo, y al segundo lo hemos podido ver en varias apariciones en series de televisión), aunque junto a ellos hay un plantel de secundarios de mucho nivel, como Luis Varela, que realiza un trabajo impecable en el papel del obispo secuestrado, Carlos Sobera, en la piel del arquitecto de sospechosas intenciones,  Enrique Villén, el abogado que lo lía todo, o Juan Muñoz que interpreta a un policía determinante en el tramo final de la historia. Carmen Barrantes y Gorka Aguinalde (este último también con bastante recorrido televisivo) cierran el reparto.
La película, debido a su modesto presupuesto, se enfrena a la tesitura de estrenarse en salas aisladas y, mayoritariamente periféricas, un estreno casi marginal como corresponde a la mayoría del cine independiente de este país. Pero sería un error asociar cine independiente con cine de autor. Por más que la personalidad de Urresti esté tras la obra (el propio director es autor del guion), la película tiene todo lo necesario para ser un dignísimo producto comercial, una película sin más pretensiones que la de hacer pasar un rato estupendo a base de un humor blanco muy saludable y unos personajes torpes y algo idiotas pero con lo que resulta muy fácil encariñarse. Bueno, quizá una cosa si le falta para ser considerado un producto comercial: tener una televisión produciendo y, sobretodo, promocionando detrás.
Espero sinceramente que, como pasó con otros títulos invisibles como El mundo es nuestro, el boca/oreja ayude a hacer conocido este gran divertimento para que pueda llegar a más gente. No solo de palmeras y apellidos debe nutrirse el cine patrio, digo yo…

Puntuación: 8 sobre 10.

LOS ODIOSOS OCHO: la cara más salvaje del salvaje oeste.

La nueva película de Tarantino (que en un ejercicio de egocentrismo propio del autor es destacada tanto en cartel como en los créditos como la octava de su carrera) ha sido definido como un cruce entre la Reservoir Dogs con la que debutó y las novelas de Agatha Christie, donde varios personajes permanecen encerrados en un mismo lugar sospechando unos de otros ante una amenaza desconocida.
Tarantino es conocido por haber visto mucho cine y saber homenajear en sus películas (algunos lo llaman plagiar) extractos de su amplia cinefilia, aunque en Los odiosos ocho se puede apreciar un notable ejercicio de onanismo cuando las referencias más reconocibles nacen de su propia filmografía. Tarantino continúa anclado en el oeste americano como si esta fuese una extensión de su anterior Django desencadenado para proponernos una historia repleta de violencia y seres despreciables cuya inevitable orgía de sangre se cuece a fuego lento, permitiéndonos conocer mejor a los personajes e invitándonos a ser partícipes en las mentiras que se ocultan (o no) bajo sus identidades.
En este sentido, el realizados ha demostrado haber aprendido de sus errores, evitando los momentos de insoportable lentitud que lastraban a sus Malditos bastardos y logrando un clímax frenético pero no tan alargado ni desmedido como el de Django desencadenado. Además, como en Pulp Fiction, se atreve a jugar con los lenguajes cinematográficos, dividiendo la obra en capítulos, dando algún que otro salto en el tiempo y llegando incluso (en la versión ampliada solo disponible en cines que ofrezcan la película en sus 70 mm originales) a introducir un intermedio tras el cual un narrador hasta el momento inexistente hace acto de presencia (el propio Tarantino en la versión original) para resumir la trama.
Sin embargo, por más que Tarantino haya demostrado lo mucho que ha aprendido en sus veintitantos años de carrera, esta no es una película perfecta. Posiblemente no sea ni siquiera su mejor película. Resultando a nivel global una historia muy entretenida que consigue que las más de dos horas y media de duración pasen en un suspiro, tiene demasiadas irregularidades para aplaudirla como podría merecer. Y curiosamente es el guion una de sus principales debilidades.
Quizá todo se deba a que tras el impacto que supuso su aparición en Hollywood con Reservoir dogs y Pulp Fiction el estilo Tarantino ha sido tan copiado (muchas veces bajo su propio amparo como productor) y mancillado que la capacidad de sorpresa se ha visto muy reducida. Así, los diálogos que estos ocho tipejos mantienen entre ellos no tienen todo el jugo que se esperaba del realizador de Knoxville, más cuando tenemos en cuenta que gran parte de la obra tiene un cáliz teatral propicio para esos diálogos. No termina resultando tan divertida (dentro de su horror) como Django desencadenado mientras que los excesos de violencia y sangre a borbotones tampoco son capaces de impactar como en sus primeras obras. El estómago del espectador se ha acostumbrado ya al estilo Tarantino como para que este sea capaz de seguir revolviéndolo.
En lo que sí que no ha perdido fuerza el autor es en sacar el máximo provecho de sus actores. Kurt Russell (que desde que hiciera La cosa ya sabe bastante sobre ambientes claustrofóbicos y de desconfianza en los demás) está a un gran nivel, recordándonos lo mucho que echamos en falta a un gran actor acostumbrado a prodigarse poco en papeles protagonistas. Samuel L. Jackson hace lo que hace siempre, pero lo sigue haciendo muy bien, con esas peroratas tan propias de Jules Winnfield. Y Walton Goggins es posiblemente de lo mejor de la función. Aunque nada hay que decir, desde luego, de Demián Bichir, Tim Roth (en un personaje claramente pensado para Christoph Waltz), Bruce Dern, Channing Tatum o, quizá el más desaprovechado, Michael Madsen. Solo me rechina un poco alguna interpretación intencionadamente “graciosa” y pizpireta como la de Zoë Bell o Dana Gourrier. Aunque quien de verdad se merienda a todos en la película, verdadero eje argumental y centro de todos los focos del escenario, es Jennifer Jason Leigh, esa prometedora actriz casi omnipresente en los noventa y que estaba casi olvidada hasta que Tarantino, como viene siendo habitual en él, la ha sacado del ostracismo y le ha regalado un personaje intenso y odioso que ella hace suyo con un poderío asombroso.
Lástima que al final, tras tanta teatralidad y tantas sospechas cruzadas, la historia quede en nada. Un giro argumental algo forzado y muy tramposo nos impide disfrutar del prometido juego de los Diez negritos y la historia pierde su gracia en un devenir de acontecimientos que, más allá de la pericia narrativa esperada, se limita a llevar el curso de la acción hacia donde Tarantino quiere, sin importarle quien caiga por el camino.
Al final, se trata de una película cien por cien Tarantino, violenta y salvaje pero para nada tan racista y misógina como algunos anunciaban. Y como casi todo en la obra de este genial director los errores y los aciertos se suceden por igual. Demasiado irregular pero igualmente brillante, tiene suficiente fuerza y magnetismo como para atraparnos esas casi tres horas que pasan en un suspiro, aunque tras el visionado poco o nada nos vaya a quedar para el recuerdo.

Puntuación: 7 sobre 10.

LA CHICA DANESA: en busca de identidad.

La nueva película de Tom Hooper, ese realizador que destacara con The dammned united y que desde entonces cada película suya ha sido más floja que la anterior, aunque ha conseguido seducir a la crítica especializada de Hollywood que parecen fijarse siempre en sus trabajos a la hora de realizar las candidaturas para los Oscars, podría haber sido muchas cosas: un drama de época, una película reivindicativa y revolucionaria sobre el derecho a decidir, un ensayo sobre arte… Hooper parece querer tocar todos los palos a la vez y eso hace que su proyecto cojee por todas partes. Dijo en la presentación el artista que las tres primeras veces que leyó el guion no pudo evitar ponerse a llorar, pero no parece haber sido capaz de plasmar ese sentimiento en pantalla.
La chica danesa cuenta (aparentemente) la historia de Lili Elber, personaje histórico real considerado como el primer transexual reconocido. Lili, que en el film tiene el rostro y las muecas de Eddie Redmayne, nació como Einar Wegener, un aclamado pintor danés casado con la también artista Gerda Wegener. Lo que parece comenzar como un juego, un simple disfraz femenino para acudir a una fiesta sin ser reconocido, despierta deseos reprimidos en el interior de Einar que derivan en el convencimiento de que, pese a haber nacido con atributos masculinos, era en realidad una mujer. Sobre su transformación física y emocional en Lili se supone que versa esta película.
Y digo se supone porque, con evidentes similitudes con La teoría del todo, aquella edulcorada semibiografía de Stephen Hawking que también interpretó Redmayne, es también aquí el personaje de la mujer quien consigue dar el tono de la película. Alicia Wikander, actriz casi desconocida hace apenas un año y que en 2015 nos ha seducido con Ex machina, Operación U.N.C.L.E. y La chica danesa, es quien lleva en realidad el peso de la narración, por más que Hooper se empeñe en recrearse con escenas que muestran los cambios en la personalidad de Einar/Lili, algunas desgarradoramente hermosas y descriptivas, pero otras reiterativas y colmadas de una expresión demasiado exagerada por parte de Redmayne.
Un claro problema de la película es que es tanto la sutileza con la que está realizada, está tan edulcorada, que está más cerca de la comedia que del drama (esto no es sólo cosa mía; el público de la sala donde yo la vi reía en diversas escenas), tal y como sucedía en La teoría del todo, un humor y “buenrollismo” que va desinflándose hacia el final para devenir en un melodrama simple y previsible que carece de la fuerza necesario para emocionar. Así, La chica danesa fracasa en su intento de transmitir el sufrimiento de Lili por su dualidad con un Redmayne que roza la parodia (¿o será sólo que yo no trago al actor, nominado al Oscar como mejor actor y al Razzie como peor en el mismo año?).
¿Qué es lo que salva a La chica danesa y que justifica su visionado? La verdadera historia que oculta, desgarradora y cautivadora. Una historia no sobre la libertad y la tolerancia, como pretende Hooper, sino sobre el amor verdadero, incondicional y sacrificado, que una mujer puede llegar a sentir por su marido, aceptando con dignidad y sufrimiento el cambio y apoyándolo aun cuando ello conlleva su propio perjuicio. Un amor, dicho sea de paso, mucho más épico y férreo que el de la historia auténtica. Pero bueno, así es el cine.
Quizá porque Gerda es mucho más interesante y generosa que Einar/Lili, quizá porque Vikander tiene más talento que Redmayne o quizá porque la historia real no sea suficiente sustento para una película (siendo perfecta como carne de documental), La chica danesa no funciona en lo que tiene que funcionar, aunque consigue sostenerse con dignidad sin llegar a aburrir, aunque amenaza con hacerlo en un par de segmentos. Es como si, tal y como la protagonista, la misma película andase en busca de su propia identidad.

Puntuación: 6 sobre 10.

viernes, 15 de enero de 2016

NUEVA DESPEDIDA MIENTRAS ESPERÁBAMOS LAS NOMINACIONES A LOS OSCARS.

Estaba yo atento a las noticias que llegaban desde Hollywood referentes a las nominaciones para los Oscars de este año cuando me ha sorprendido la perdida de otro grande. 
Si mi comentario de los Globos de Oro sirvió para despedir a David Bowie, también el cáncer se ha llevado al inmenso Alan Rickman, ese actor al que muchos identificarán como el profesor Snape de Harry Potter pero que para mí siempre será el cabronazo de Jungla de Cristal. Para el recuerdo quedan sus interpretaciones en Love Actually, Robin Hood, Sentido y Sensibilidad, El perfume, Héroes fuera de órbita, Sweeney Todd y muchas otras.
Descanse en paz.
Pero como diría el gran Freddie Mercury: el show debe continuar y la temporada de premios no espera a nadie. Con los Oscars a la vuelta de la esquina parece más claro que nunca el favoritismo de El renacido, sobre todo teniendo en cuenta que a su máxima rival en los Globos de Oro, Marte, el director Ridley Scott se le ha caído de las nominaciones.
Ahora habrá que ver si títulos como Mad Max: Fury Road o el secundario para Stallone entran en las quinielas o si Hollywood considera que el simple hecho de estar en la pugna final es suficiente premio para ellos.
Sin entrar a valorar a fondo todas las nominaciones echo en falta más presencia en las categorías importantes a Star Wars: el despertar de la fuerza (como se suele decir: casi mil ochocientos millones de recaudación no pueden estar equivocados), directores como el mencionado Scott o el recuperado Steven Spielberg, el guion de Aaron Sorkin o la presencia de Charlize Theron por la aclamada Mad Max: Fury Road. Por cierto, todos los nominados como intérpretes más blancos que el pan. Ahí lo dejo.
En fin, tenemos un mes por delante para especular y hacer quinielas. Yo, de momento, dejo ahí el listado. ¿Será por fin el año de DiCaprio? Todo parece indicar que sí pero yo, sinceramente, también lo tenía muy claro el año de El lobo de Wall Street y luego…
Ahora es vuestro turno para opinar:
Mejor película:
La gran apuesta (The Big Short)
El puente de los espías (Bridge of Spies)
Brooklyn
Mad Max: Furia en la carretera (Mad Max: Fury Road)
Marte (The Martian)
El renacido (The Revenant)
La habitación (Room)
Spotlight
Mejor dirección:
Adam McKay - La gran apuesta (The Big Short)
George Miller - Mad Max: Furia en la carretera (Mad Max: Fury Road)
Alejandro G. Iñárritu - El renacido (The Revenant)
Lenny Abrahamson - La habitación (Room)
Tom McCarthy - Spotlight
Mejor actor protagonista:
Bryan Cranston - Trumbo
Matt Damon - Marte (The Martian)
Leonardo DiCaprio - El renacido (The Revenant)
Michael Fassbender - Steve Jobs
Eddie Redmayne - 'La chica danesa' (The Danish Girl)
Mejor actriz protagonista:
Cate Blanchett - Carol
Brie Larson - La habitación (Room)
Jennifer Lawrence - Joy
Charlotte Rampling - 45 años (45 Years)
Saoirse Ronan - Brooklyn
Mejor actor de reparto:
Christian Bale - La gran apuesta (The Big Short)
Tom Hardy - El renacido (The Revenant)
Mark Ruffalo - Spotlight
Mark Rylance - El puente de los espías (Bridge of Spies)
Sylvester Stallone - Creed
Mejor actriz de reparto:
Jennifer Jason Leigh - Los odiosos ocho (The Hateful Eight)
Rooney Mara - Carol
Rachel McAdams - Spotlight
Alicia Vikander - La chica danesa (The Danish Girl)
Kate Winslet - Steve Jobs
Mejor guión original:
Matt Charman, Joel & Ethan Coen - El puente de los espías (Bridge of Spies)
Alex Garland - Ex Machina
Pete Docter, Meg LeFauve y Josh Cooley - Del revés (Inside Out)
Josh Singer y Tom McCarthy - Spotlight
Jonathan Herman y Andrea Berloff - Straight Outta Compton
Mejor guión adaptado:
Charles Randolph y Adam McKay - La gran apuesta (The Big Short)
Nick Hornby - Brooklyn
Phyllis Nagy - Carol
Drew Goddard - Marte (The Martian)
Emma Donoghue - La habitación (Room)
Mejor fotografía:
Ed Lachman - Carol
Robert Richardson - Los odiosos ocho (The Hateful Eight)
John Seale - Mad Max: Furia en la carretera (Mad Max: Fury Road)
Emmanuel Lubezki - El renacido (The Revenant)
Roger Deakins - Sicario
Mejor banda sonora:
Thomas Newman - El puente de los espías (Bridge of Spies)
Carter Burwell - Carol
Ennio Morricone - Los odiosos ocho (The Hateful Eight)
Johann Johannsson - Sicario
John Williams - Star Wars: El despertar de la fuerza (Star Wars: The Force Awakens)
Mejor canción:
Earned It - Cincuenta sombras de Grey (Fifty Shades of Grey)
Manta Ray - Racing Extinction
Simple Song #3 - Youth
Til It Happens To You - The Hunting Ground
Writing’s On The Wall - Spectre
Mejor montaje de sonido:
Mad Max: Furia en la carretera (Mad Max: Fury Road)
Marte (The Martian)
El renacido (The Revenant)
Sicario
Star Wars: El despertar de la fuerza (Star Wars: The Force Awakens)
Mejor mezcla de sonido:
El puente de los espías (Bridge of Spies)
Mad Max: Furia en la carretera (Mad Max: Fury Road)
Marte (The Martian)
El renacido (The Revenant)
Star Wars: El despertar de la fuerza (Star Wars: The Force Awakens)
Mejor montaje:
La gran apuesta (The Big Short)
Mad Max: Furia en la carretera (Mad Max: Fury Road)
El renacido (The Revenant)
Spotlight
Star Wars: El despertar de la fuerza (Star Wars: The Force Awakens)
Mejor vestuario:
Carol
Cenicienta (Cinderella)
La chica danesa (The Danish Girl)
Mad Max: Furia en la carretera (Mad Max: Fury Road)
El renacido (The Revenant)
Mejor diseño de producción:
El puente de los espías (Bridge of Spies)
La chica danesa (The Danish Girl)
Mad Max: Furia en la carretera (Mad Max: Fury Road)
Marte (The Martian)
El renacido (The Revenant)
Mejor maquillaje y peluquería:
Mad Max: Furia en la carretera (Mad Max: Fury Road)
El abuelo que saltó por la ventana y se largó (Hundraåringen som klev ut genom fönstret och försvann)
El renacido (The Revenant)
Mejor efectos visuales:
Ex Machina
Mad Max: Furia en la carretera (Mad Max: Fury Road)
Marte (The Martian)
El renacido (The Revenant)
Star Wars: El despertar de la fuerza (Star Wars: The Force Awakens)
Mejor película de habla no inglesa:
Embrace of the Serpent (Colombia)
Mustang (Francia)
El hijo de Saúl (Saul fia) (Hungría)
Theeb (Jordania)
A War (Dinamarca)
Mejor película animada:
Anomalisa
El niño y el mundo (O Menino e o Mundo)
Del revés (Inside Out)
La oveja Shaun. La película (Shaun the Sheep Movie)
When Marnie Was There (Omoide no Mânî)
Mejor documental:
Amy
Cartel Land
The Look of Silence
What Happened, Miss Simone?
Winter on Fire: Ukraine's Fight for Freedom
Mejor cortometraje documental:
Body Team 12
Chau, beyond the Lines
Claude Lanzmann: Spectres of the Shoah
A Girl in the River: The Price of Forgiveness
Last Day of Freedom
Mejor cortometraje de ficción, acción real:
Ave Maria
Day One
Everything Will Be Okay (Alles Wird Gut)
Shok
Stutterer
Mejor cortometraje animado:
Bear Story
Prologue
Sanjay’s Super Team
We Can’t Live without Cosmos
World of Tomorrow

martes, 12 de enero de 2016

73ª CEREMONIA DE LOS GLOBOS DE ORO

Mientras lloramos la muerte del gran David Bowie, camaleónico artista que dejó constancia de su amor por el cine en títulos como El ansia, Dentro del laberinto o El truco final, amén de haber regado multitud de bandas sonoras con sus canciones, es momento de repasar brevemente lo que aconteció en la 73ª ceremonia de los Globos de Oro, centrándonos solo en el cine que es lo que aquí nos interesa.
Como no pude seguir la gala en directo por motivos de agenda no entraré a valorar la labor de Ricky Gervais como presentador, aunque parece que cumplió con nota, y me dedicaré sólo a recordar los premios.
Como toda gala de premios, en esta ocasión también hubo un gran triunfador por encima de todos. Fue la película El Renacido que conquistó los premios a mejor película dramática, mejor director y mejor actor protagonista. Parece que en Hollywood no les importa que Alejandro González Iñárritu triunfara en los Oscars del año pasado con Birdman y ya se postula como favorito para repetir hazaña este año. Por su parte, ¿será por fin la gran noche de Leonardo DiCaprio? Su premio de ayer así parece augurarlo.
Mucha polémica había levantado la inclusión de la película Marte en la categoría de comedia o musical. Polémica que, por otra parte, yo no comparto. La obra de Ridley Scott es casi un cuento de hadas sobre la supervivencia con más humor que drama. ¿Por qué nadie se rasga las vestiduras porque Mad Max: fury road esté considerada una película dramática? ¿Esto va en serio? Cómo sea, el bueno de Scott se quedó sin premio esta noche dorada, pero sí lo consiguieron la película y el protagonista principal, Matt Damon.
En el tema femenino Brie Larson se benefició de la competencia entre Cate Blanchett y Rooney mara en una misma película y se llevó el premio por La Habitación, mientras que en la categoría de comedia se volvió a demostrar el peculiar rasero de Hollywood cuando Jennifer Lawrence se llevó otro premio por Joy (¿comedia Joy? Pues vale…). ¿Alguien me puede explicar los matices que diferencian su interpretación en esta película con respecto a su personaje en Los juegos del hambre? ¡Ah, claro! Es que el cine de aventuras más palomitero no es premiable, ¿verdad?
En el tema de secundarios sorprendió el triunfo de Kate Winslet por Steve Jobs (película que también logró el de mejor guion para Aaron Sorkin), dejando a Alicia Vikander, doblemente nominada, sin recompensa, mientras que el premio masculino cayó en manos de Sylvester Stallone, olvidándose así del magnífico trabajo de Mark Rylance en El puente de los espías (¿están ninguneando de nuevo a Spielberg?). Definitivamente, este es el año de los renacimientos.
Aunque no pareció gustarle a nadie, estaba cantado (nunca mejor dicho) que la mejor canción fuese Writing’s On The Wall de Spectre y tampoco creo que nadie se sorprendiese de que El hijo de Saúl ganase el premio a la mejor película de habla no inglesa y Del revés el de mejor película de animación.
Para finalizar, Tarantino tuvo que conformarse con el premio de la mejor banda sonora (compuesta por Ennio Morricone) y Denzel Washington se llevó el premio honorífico Cecil B. DeMille.
¿Qué os han parecido los resultados? ¿Se intuye una pugna entre El renacido y Marte de cara a los Oscars próximos o se lo damos ya todo al señor Iñárritu? En un par de meses, la respuesta...

domingo, 10 de enero de 2016

JOY: la Lawrence más choni.

De vez en cuando aparecen directores que, de la noche a la mañana, son encumbrados y parece que todo lo que toquen se convierta en oro. Sin embargo, tarde o temprano se les termina por ver el plumero.
Algo así es lo que sucede con David O. Russell, un tipo con películas interesantes pero no excesivamente llamativas como Extrañas coincidencias o Tres Reyes al que se le abrió las puertas dela fama y los premios con El luchador y que no ha parado de repetir la fórmula de su éxito desde entonces.
Apoyado básicamente en el equipo formado por Jennifer Lawrence, Bradley Cooper y Robert de Niro, quienes protagonizan (más o menos) sus tres últimas películas, Rusell ha demostrado ser un gran director de actores, sabiendo sacar el máximo rendimiento de sus estrellas y permitiéndoles hacer unas interpretaciones intensas y emotivas. El caso más evidente es el de la Lawrence, actriz que compagina blockbusters como las sagas de X-men o Los juegos del hambre con las nominaciones a los Oscars que le reportan las películas de Russell. De su trabajo como director o guionista ya es otro cantar.
El lado bueno de las cosas resultó un soplo de aire fresco al trillado género de la comedia romántica, desde luego, pero desde entonces la cosa ha ido perdiendo fuelle. La gran estafa americana hacía honor a su título, siendo su setentero estilo visual lo único destacable del film, y esta Joy no pasa de ser un melodrama televisivo muy bien maquillado.
Casi se podría entender la película como un regalo a la propia Jennifer Lawrence. Fue lo mejor de La gran estafa americana pese a tener un rol muy secundario y ahora Russell le ha dado el máximo protagonismo, en una película hecha para su exclusivo lucimiento en el que, en un manido ejercicio pseudofeminista, su Joy debería dar voz a todas las mujeres luchadoras e independientes a este lado del universo.
Pero analizada a fondo, escarbando entre la basura de vida que tiene esta muchacha ahogada en un caos familiar demasiado rebuscado para resultar creíble (vive en la misma casa con sus padres separados, sus dos hijos, su abuela y su ex marido), Joy no deja de ser una versión choni de la propia Katniss Everdeen, una chica anónima que se rebela contra la sociedad y, apoyada por los focos y el maquillaje que reflejan su determinación y personalidad, termina convertida en un símbolo.
No es Joy una mala película, pero ni mucho menos se acerca siquiera a la excelencia que se supone debería tener una nominada al Globo de Oro. Seguro que en los próximos Oscars Lawrence volverá a tener acto de presencia, y puede incluso que la película asome su cabeza en alguna nominación más. Pero si La gran estafa americana ya fue la gran derrotada de hace dos años esta no va por mejor camino.
Russell se ha acomodado y cuenta unas historias demasiado planas, con un convencionalismo mal disimulado donde al final solo cuenta el buen trabajo actoral y la cuidada ambientación. Demasiado poco para una película de pretensiones sociales como esta que coquetea en demasiados momentos con el tedio.
Al final, todo se reduce a Jennifer Lawrence y poco más…

Puntuación: 5 sobre 10.

miércoles, 6 de enero de 2016

CDS: THE RIDICULOUS 6: Poco talento para el humor.

Pocas veces una película es tan sincera con lo que ofrece como esta, que desde su mismo título ya está anunciando lo que se puede esperar de ella.
Los seis ridículos a los que se alude son los seis hijos bastardos de Frank Stockburn que apenas conocerse deben unir fuerzas para conseguir cincuenta mil dólares con los que salvar la vida del progenitor si quieren llegar a conocerle en persona.
Ambientada en un disparatado oeste, esta película es la nueva excusa de Adam Sandler (que también firma parte el guion) con sus amigos de gamberrada habituales, a los que se les suma alguna que otra cara conocida que sin duda participan en este film más por colegueo que por dinero, sobre todo teniendo en cuenta que este film no ha sido concebido para la pantalla grande sino que bajo el amparo de Netflix (que visto lo visto ha dado carta blanca a Sandler y sus secuaces para hacer lo que les venga en gana) está destinado directamente a la televisión de pago. Una nueva manera de ver el cine que no va a encontrar en esta propuesta una buena carta de recomendación.
Durante la película no paran de denominar ridículos a los seis hermanos, a los que da vida, junto al propio Sandler, Terry Crews, Jorge Garcia, Taylor Lautner, Rob Schneider y Luke Wilson, pero es que toda la película en sí es completamente ridícula, pasando del insulto intelectual con que parece arrancar a la sátira burla y torpe con la que, en un desesperado intento de reconciliación con el público, deriva.
Todo es tan estúpido y banal en este film que parece parodiar, en su título, al clásico Los siete magníficos o, incluso, la inminente Los odiosos ocho, que al final resulta casi imposible que no se fuerce alguna que otra sonrisa. Sin embargo, la propuesta es tan mediocre que resulta complicado llegar hasta el final del visionado, sobre todo teniendo en cuenta que la tentación de abandonar la gesta es mucho más factible en televisión que en cine. Cierto que a medida que avanza la trama, una vez esquivado el lento proceso de encuentro entre personajes, la cosa empieza a mejorar, pero nunca remonta el vuelo lo suficiente como para compensar el esfuerzo. Quizá lo único que puede motivar de verdad el resistir hasta el final es el tratar de localizar a los secundarios estrella que pululan por ahí, desde el papá Nick Nolte hasta un breve pero genial Harvey Keitel, pasando por Will Forte, Jon Lovitz, James Spader, Danny Trejo, Steve Buscemi , Vanilla Ice o John Turturro.
Un carrusel de caras conocidas para una estupidez con mayúsculas que gustará a los incondicionales de Sandler y a pocos más.

Puntuación: 4 sobre 10.

UNA PASTELERÍA EN TOKIO: Interminable receta contra la soledad.

Existen películas que, más allá de su demostrada calidad, necesitan de un cierto grado de empatía con su público para llegar a calar y emocionar. Este puede ser el caso de Una pastelería en Tokio, una obra japonesa de la directora Naomi Kawase, que está cosechando gran éxito de crítica por todos aquellos festivales por los que ha pasado.
Estrenada hace menos de dos meses en nuestro país en un círculo reducido, la película es un reflejo autobiográfico de la propia directora, más allá que esté basada en una novela de Durian Sukegawa, y con la excusa de una mujer anciana que quiere trabajar en una tienda de doriyakis refleja la soledad extrema de tres personajes buen diferentes entre ellos, tres generaciones distintas que deben enfrentare a sus propios fantasmas y que lograrán crear un vínculo muy especial entre ellos alrededor de esa pequeña tienda. Una enfermedad que la margina de la sociedad, los errores del pasado que lo acosan o la incomunicación familiar son los motores que ruedan esta historia cargada de simbolismo nipón por más que pueda tratarse también del trabajo más comercial de su autora.
Una cuidada fotografía (con esos cerezos, al principio en flor, que son casi un cuarto protagonista de la historia, representación cultural de la muerte y resurrección), los silencios y los juegos de miradas dan a la película un cierto tono zen que pretende explicar más con lo que calla que con lo que dice.
Y ahí es donde yo no conseguí entrar. La tediosidad con la que Kawase impregna a sus personajes ralentiza en exceso el ritmo de la historia, llegando a desesperar en algún pasaje concreto. En diversas escenas, principalmente llegando a su arco final, la película amenaza con emocionar, pero la languidez alargada del desarrollo no me lo llega a permitir, impidiéndome disfrutar como debería del mensaje crepuscular y sintiéndome tentado de mirar el reloj en demasiadas ocasiones.
Un drama intimista y melancólico que, más allá de su cuidada puesta en escena, requiere de un esfuerzo adicional por parte del espectador para poder lograr una simbiosis total. Y yo nunca pude ser parte del juego.
Y es una pena. Me quedo con la sensación de haberme perdido algo intenso. Aunque quizá, como se suele decir, no eres tú, Naomi, soy yo. ¿O es al revés?

Puntuación: 5 sobre 10.

MACBETH + LA NOVIA: Las dos caras de una misma moneda.

Ha querido la casualidad que en mi propósito de aprovechar las escasas horas que me quedan de vacaciones navideñas para recuperar alguno de los títulos que me quedaron pendientes del año pasado, haya disfrutado de una sesión doble con dos películas que se me han antojado  tener muchas similitudes pese a lo diferente de sus argumentos. Y por eso, de forma totalmente excepcional, he decidido unir las dos opiniones en una sola entrada.
Macbeth y La novia supone dos revisiones extremadamente fieles a dos clásicos de la literatura europea: Shakespeare para los británicos y Lorca para los españoles. Casualmente han coincidido casi en cartelera (y también en diversos festivales, Sitges sin ir más lejos) dos producciones que han decidido respetar el texto original para componer a su alrededor dos películas hipnóticas y de gran poderío visual.
Apoyándose en sendas grandes interpretaciones protagonistas  (Michael Fassbender e Inma Cuesta), ambos directores han decidido centrar los relatos clásicos en mundos cargados de surrealismo onírico. La Escocia de principios del milenio pasado destaca en la película de Justin Kurzelm tiene un tono infernal que casa a la perfección con el descenso a los infiernos que sufre el protagonista, un Macbeth que tras asesinar a su rey movido por las manipulaciones de su propia esposa, termina enloquecido por sus propios remordimientos y las visiones de los muertos que ensucian sus manos de sangre.
De igual manera, aunque por causas diferentes, la locura de la novia (la adaptación de la obra Bodas de sangre de Federico García Lorca que ha dirigido Paula Ortíz) queda muy bien representada en los parajes desérticos y áridos que, en un toque irreal pero muy efectivo, están filmados en la Capadocia turca.
Macbeth es un poderoso guerrero cegado por el ansia de poder. Unas apariciones femeninas le advertirán de su destino, pero como suele suceder con los oráculos la interpretación de los mismos pueden devenir en la tragedia que se quería evitar.
La novia también es avisada de su funesto futuro por una aparición fantasmal  en forma de mendiga. Ella cae también en la locura, aunque en su caso lo que le mueve es el deseo y la falta de fortaleza para resistirse a sus propios instintos.
Como sea, ambas películas terminan siendo una reflexión sobre la obsesión y la venganza, agonizando sus historias en sangre y violencia desmedida, y aunque pueda resultar algo difícil entrar en ellas, una vez se acepta el juego que ambos directores proponen la experiencia resulta perturbadora y envolvente.
Dejando claro que las propuestas visuales son totalmente antagónicas (Macbeth es todo fuego y oscuridad, La Novia es luz y cielos infinitos), ambas propuestas parecen haberse puesto de acuerdo en el uso de planos ambientales, ralentización de imágenes y el uso de una omnipresente banda sonora que, aun radicalizando las diferencias culturales entre ambos países, suponen un buen complemento la una de la otra.
Una estupenda manera de empaparse de literatura fílmica clásica en una sesión doble muy interesante y alejada del clasicismo de otras épocas.

Puntuación: 8 sobre 10 (ambas).

domingo, 3 de enero de 2016

STEVE JOBS: Entre la ambición y la obsesión.

Resulta difícil entrar a valorar una película basada en la historia de un personaje real cuando el personaje le importa a uno más bien poco. Y más si tenemos en cuenta que hace apenas un par de años ya se estrenó una película basada en el mismo personaje y con un estilo relativamente similar (al menos en cuanto a lo de incluir datos de ficción para adornar la película y usar el truco de arrancar en la presentación de un producto de la compañía).
Es Steve Jobs una película, en apariencia, mucho más lujosa que aquella Jobspor la que el protagonista Ashton Kutcher ganó el Razzie como peor actor del año. No en vano tiene en sus filas a un director oscarizado como Danny Boyle, a dos protagonistas acostumbrados también a recibir premios y criticas elogiosas como son Michael Fassbender y Kate Winslet y a un guionista, Aaron Sorkin, considerado el número uno en su campo. Sin embargo, siendo Steve Jobs muy superior a  Jobs termina cayendo en el mismo error: la austeridad narrativa.
Encuentro muy loable huir del clásico biopic que detalla paso a paso las andanzas de un personaje y limitar los escenarios de la película a tres presentaciones en tres momentos muy diferentes de la vida del empresario, pero sin con Steve Jobs uno no terminaba de entender qué era lo que había hecho grande a este hombre, en Jobs se entiende aún menos. Casi parece como si en lugar de ser un distanciamiento al biopic que dirigió Joshua Michael Stern fuese una secuela, siendo necesario haber visto la primera película para saber un poco de que va el trabajo de Steve Jobs en esta segunda.
O puede que el problema radique en que pese a coincidir ambas en el difícil (casi despreciable) carácter del gran ideólogo de Apple, se quieran acercar a su figura con una sumisión que hace que la película solo sea disfrutable para aquellos seguidores acérrimos de la empresa de la manzanita, como si se diese por hecho que todo el mundo conoce ya al Steve Jobs empresario y solo se quisiera ahondar en el Steve Jobs persona.
Aceptando ese trago (y yo soy el primero que me importa un pimiento los logros de Apple, la calidad del Mac o todo lo que los fanáticos de la marca quieran alabar), lo cierto es que Steve Jobs permite al menos disfrutar de unas interpretaciones intensas, con un gran Fassbender dotado (como no podía ser menos con Sorkin por ahí) de brillantes diálogos, al que se termina humanizando en el último tercio de película y por el que (sin que dejen de presentarlo como un déspota engreído) podamos llegar a sentir cierta simpatía.
Sin tener ni idea de lo cerca que esta película esté o no de la realidad de Jobs, y no pretendiendo en ningún momento elaborar una tesis sobre Apple, la película de Boyle consigue mantener el interés del público durante todo el metraje, terminando por convertirse sobre todo en un estudio sobre las relaciones personales. Al final, lo que importa aquí no son los avances informáticos ni los éxitos empresariales, sino ver como se resuelven (o no) los conflictos entre Jobs y sus antiguos colaboradores, entre Jobs y su mano derecha y, sobre todo, entre Jobs y su hija.
La austeridad mencionada al principio, que obliga a que la gran mayoría de la película transcurra en interiores (dotándola de un sentimiento de claustrofobia hasta llegar a la escena final, lo cual me hizo pensar también en el Birdman de González Iñárritu) no es excusa, sin embargo, para una cierta apatía que he notado en el trabajo del director, que no logra imprimir en ningún momento ninguna impronta personal, como si se tratase más de un trabajo de encargo.
Con todo, si alguien tan alejado de las virtudes de Apple ha sentido interés por la historia humana que esconde la película, algo han debido de hacer bien. O eso creo.

Puntuación: 7 sobre 10.