martes, 28 de octubre de 2014

MAGICAL GIRL (8d10)

Extraña e inquietante esta apuesta patria que parte de tres personajes complejos y muy diferentes entre sí cuyas vidas se terminan cruzando irremediablemente de forma fatídica.
Bárbara es una joven de turbio pasado casada con un adinerado y posesivo psicólogo que la trata de sus muchos traumas. Luis es un profesor en paro que mantiene sólo a Alicia, su hija de doce años enferma de leucemia. Damián es un hombre mayor, también antiguo docente, que acaba de cumplir condena en la cárcel. A partir de estos tres personajes Carlos Velmut constituye una trama magnética que desconcierta e intriga por igual, saltando ligeramente es el tiempo para ayudar a entrelazar mejor las historias hasta dar un sentido de coherencia brillante y adictivo. Partiendo de la sencilla premisa de una niña terminal que desea más que nada un vestido de un personaje manga llamado Magical Girl Yukiko, la película supone un paseo por el lado oscuro del ser humano, un confrontamiento entre deseo y razón que se visualiza metafóricamente entre el colorido y la musicalidad del mundo del manga y la sucia sencillez de los bares de extrarradio.
Con una pizquita del enmarañado salto temporal de Pulp Fiction y los afluentes narrativos de Vidas Cruzadas, Magical Girl es un amalgama de sentimientos, todos ellos inicialmente bondadosos, todos ellos definitivamente truculentos, que provocarán, tras un camino de sensaciones agradables, algo de humor negro y alguna carcajada totalmente inesperada, a una dureza perturbadora, adentrándonos en mundos oscuros que no desearíamos pisar pero de los que no podemos (ni queremos) escapar.
Con una inspiración originaria del cine coreano, tal y como reconoce el propio director, Magical Girl posee unos personajes con pasados oscuros que nunca llegaremos más que a intuir. Y ese es uno de los secretos del film, que en ocasiones lo que no se muestra logra interesar tanto o más que lo que se enseña. Fácil lo había tenido Velmut para realizar una película claramente retorcida y macabra con sólo enseñarnos que sucede dentro de la habitación del lagarto negro o con un flashback revelándonos qué llevó a prisión a Damián años atrás, pero dejar esos espacios en blanco (en negro sería más apropiado) para que los rellenemos nosotros mismos con nuestra propia imaginación es mucha más sutil y, a la vez, malévolo, haciéndonos sentir incluso sucios ante las perversidades que se nos pueden sugerir.
Elegantemente filmada y con un gran trabajo actoral, destacando la mirada tierna de la niña Lucía Pollán o la seductora derrota que refleja Bárbara Lennie, y sin dejar jamás de lado al siempre prodigioso José Sacristán, Magical Girl es una película de miradas y silencios, de sonidos y músicas, de efectos que apuntan directamente al corazón y desazonan el espíritu.
Inquietante, descorazonadora, triste, perturbadora… definitivamente genial, un sentimiento de vacío nos invade al permanecer pegados al asiento durante los títulos de crédito, mientras que el recuerdo del puzle (tanto literal como metafórico) de la pieza se nos quedará grabado en la memoria durante días, ganando, como el buen vino, con el paso del tiempo al dejarla madurar en nuestra mente.

RELATOS SALVAJES (8d10)

Resulta curioso (y probablemente errático por mi parte) que después de la paliza de películas que me pegué en Sitges, maratón de películas de «fragmentos» incluida, la mejor película de estas características cayese de mi lista, siendo recuperada ahora gracias a su estreno en cines.
Con producción española y avalada por los hermanos Almodóvar en persona, esta película argentina que recopila una serie de retratos de violencia todas ellas firmadas por Damián Szifrón, que recuerdan poderosamente aquella clásica y siniestra serie televisiva Alfred Hitchcock presenta. Con un reparto que recopila lo mejor del talento argentino, Relatos Salvajes en brutalmente divertida, con un macabro humor negro tan destructor como insano siendo su mejor virtud la cotidianeidad de sus situaciones. Pese a la violencia desmedida con la que concluye cada historia, cualquier espectador ha vivido alguna de las situaciones propuestas, permitiendo así una identificación perfecta con los protagonistas.
Naturalmente, conformar la película con historias tan parejas provoca que el ritmo pueda ser algo desigual, facilitando que cada espectador tenga su relato favorito y provocando así que el ritmo pueda llegar a resentirse, dependiendo que el fragmento con el que más se disfrute sea de los iniciales o hacia el final. Y más teniendo en cuenta la divertida y brutal primera historia, breve y concisa, que sirve en realidad como prólogo de lo que ha de llegar, aunque quizá nunca se llegue a remontar del todo.
Uno de los grandes aciertos de Szifrón es no sólo conseguir que cada historia tenga su espíritu propio, claramente diferenciadas entre ellas, sino que incluso la manera de filmar es diferente, alternando diversos estilos en función a las necesidades de cada historia.
Pueden adivinarse referencias cinematográficas en cada capítulo, desde El diablo sobre ruedas de Spielberg, Un día de furia de Schumacher, la tensión contenida propia de Tarantino (en este aspecto encuentro como único punto negativo algo floja la conclusión del fragmento Las Ratas, faltó de algún epílogo final que sí se encuentra en el resto de episodios) o incluso el ambiente festivo que termina desastrosamente de una boda que parece hermana de la que describe Plaza en [Rec]3.
Acción, violencia y humor muy, muy negro en una película fresca, original e intense, que puede llegar a hacernos sentir culpables por disfrutar tanto con ella.

EL AMOR ES UN CRIMEN PERFECTO (5d10)

Marc es un profesor de literatura (o lo que es lo mismo, un escritor fracasado) a la par que un mujeriego con un poder de seducción para sus jóvenes (y curiosamente atractivas) alumnas extremo. Pero su tranquila y apacible rutina se verá interrumpida con la desaparición de una chica (su última conquista secreta) y la aparición de su madre en escena, demasiado joven y hermosa como para que Marc pueda resistirse a sus encantos.
Disfrazada de thriller policial con la investigación de la desaparición como telón de fondo y con los impresionantes paisajes nevados de los Alpes franceses como protagonista indirecto, la película es en realidad un drama sobre las debilidades de un hombre y su falta de empatía con la sociedad en contraste con sus habilidades tanto como seductor como en su faceta de profesor.
Con demasiadas subtramas siempre alrededor de Marc, como la extraña y enfermiza relación con su propia hermana, que intentan ayudar a construir un personaje pero amenazan también con desviar demasiado la atención sobre la historia principal, El amor es un crimen perfecto muestra demasiado pronto sus cartas insinuando sin rubor el probable destino de la muchacha y destinando la intriga sólo en conocer la psique de Marc así como su resolución. Por ello, la falta de un giro argumental que nunca se produce (al menos en referencia a su argumento principal, giros sí hay pero en su mayoría tramposos e incluso muy forzados) la compenso sólo con el descubrimiento de que el gran seductor que parece Marc (personaje que de entrada podía ser la envidia de cualquier hombre) termina revelándose como una víctima constantemente dominado y manipulado por sus aparentes conquistas, convirtiendo al gran cazador en presa fácil para las depredadores que lo rodean.
Curiosamente, en el apartado interpretativo, Mathieu Amalric convence en el papel del arrebatado profesor pese a no tener un físico idóneo para creérnoslo mientras que en el caso femenino está claro que se ha priorizado el atractivo de las damas que sus dotes interpretativas, en especial Maïwenn que acusa de su mirada de melancolía perdida hasta resultar desesperante.
En conclusión, la película es interesante y entretenida, pero con demasiadas lagunas que invitan a pensar que los directores Jean-Marie y Arnaud Larrieu no terminan de tener claro hacia dónde quiere encaminar su nave.
Y eso termina pisando demasiado.

LA GRAN SEDUCCIÓN (6d10)

Ambientada en un tranquilo puerto de la costa canadiense, La gran seducción es una comedia rural, quizá excesivamente blanca e bienintencionada que refleja las consecuencias de la crisis en una población derrotada y desesperanzada y con una media de edad notablemente alta. 
El pueblo del que se diría cualquiera quiere escapar y, a juzgar por la escasa juventud, todo aquel que ha podido lo ha hecho. Por eso, resulta casi una utopía pensar que un médico joven que debe pasar un mes en la localidad como una especie de servicio social obligado pueda desear establecerse de manera definitiva. Sin embargo esa es la última esperanza de los lugareños para conseguir que una empresa de reciclaje de residuos construya una fábrica en el lugar devolviéndoles el orgullo y la posibilidad de trabajar.
Aunque el arranque es una brillante y ácida metáfora sobre la responsabilidad del propio individuo ante la falta de opciones laborales por su propio conformismo y holgazanería, pronto el tema deriva hacia una comedia de enredos capitaneada por un brillante Brendan Gleeson que se encargará de transformar el puerto en una especie de paraíso para el doctor que interpreta con carisma y simpatía Taylor Kitsch (que todavía anda tratando de quitarse el sambenito de haber estado a punto de arruinar la Disney con la exageradamente vapuleada John Carter de Marte), incluyendo la creación de un campo de cricket, escuchas telefónicas o impuestas sesiones de pesca con aroma paternal.
Sin llegar a ser nada del otro mundo la apuesta (en el fondo una vuelta de tuerca más al eterno contraste entre urbanitas y rústicos) es simpatía y agradable, con un trasfondo claramente optimista que nunca viene mal en estos tiempos y un puñado de personajes entrañables. La química entre los protagonistas es buena y eso ayuda a que les pediremos algunas situaciones demasiado tópicas o previsibles.
Dicen que el fin justifica los medios, y eso se demuestra en este título que no tiene más fin que aportar una hora y media de abstracción y aportar una sonrisa duradera al espectador. Y eso, sin duda, lo consigue.

domingo, 26 de octubre de 2014

EL JUEZ (7d10)

Pululan por Hollywood algunos grandes actores de increíble talento que se ven relegados a un solo personaje que parece impedirle hacer otro tipo de interpretación.
En ese sentido, el magnífico y reinventado Robert Downey Jr. Es un claro ejemplo, pues tras su redención tras una época oscura y olvidable su Tony Stark de Iron Man lo convirtió en todo un fenómeno de masas y uno de los actores mejor pagados de la industria (basta con ver lo que va a embolsarse por aparecer en la tercera parte de El Capitán América). Pero el carisma del propio Tony Stark es el precio a pagar, y hasta en su otra franquicia estrella, Sherlock Holmes, se adivina algo del descaro y la prepotencia del engreído millonario de Marvel.
Por eso aplaudo la aparición de una película como esta, un drama intenso aunque con ligeros alivios que invitan a la sonrisa, donde Downey Jr. tiene un papel a su medida (no es casualidad que él y su esposa sean productores) en el que pueda coger a Tony Stark y desnudarlo hasta lograr humanizarlo, lanzándolo al lodo y enseñarnos que también sabe sufrir.
El juez arranca con la presentación de un abogado, Hank Palmer, que podría ser un calco del mencionado Stark, descarado, excesivo y muy pagado de sí mismo, que al conocer la muerte de su madre debe regresar a su pueblo natal, Carlinville, donde, aparte de enfrentarse a un error de su pasado (y la presencia de su hermano es un recordatorio constante) y a una exnovia con un posible secreto sobre él, se encontrará con su padre, juez del condado, con el que no se ha dirigido la palabra en años.
Al ser el juez Palmer acusado inesperadamente de homicidio, Hank debe prolongar su estancia en la tierra de su infancia para encargarse de su defensa, hecho que provocará que la relación entre padre e hijo avance, quien sabe si hacia una posible reconciliación o hacia el abismo definitivo.
Con un plantel de secundarios de lujo (ahí están Vera Farmiga, Vicent D’Onofrio y Billy Bob Thornton), la película aborda diversos argumentos relacionados con el pasado de Hank para terminar decantándose por dos tramas vitales: el juicio y su relación con su padre. No cabe duda de que, por encima de todo, ese es el quid de la cuestión, cómo un padre e un hijo pueden llegar a convertirse en dos desconocidos llenos de odios y reproches y el camino que debe conducirlos, irremediablemente, bien a la redención, bien a la condenación.
Aunque podrían buscarse segundas lecturas a la trama (en esta época convulsa que vivimos de corrupción y desfalcos puede verse como un soplo de aire fresco saber que también un juez puede caer bajo el peso de la ley), es evidente que toda la película gira en torno al abogado y al juez, a sus disputas, gritos y lágrimas. Y por ello eran necesarios dos actores capaces de estar a la altura, dos monstruos interpretativos que, por encima de guiones y escenificaciones, supieran cargar con el peso de la trama en sus espaldas.
Y si Downey Jr. está genial en su papel de hijo, Robert Duvall está sublime en el de padre. Este veterano actor, al que creí ver algo perdido y agotado en la reciente Una noche en el viejo México, de Emilio Aragón), está aquí más en forma que nunca, posiblemente camino al Oscar (al menos en forma de nominación) y comiéndose a todos sus compañeros de escena sin aparente dificultad.
Con una duración algo excesiva (media hora menos habría sido de agradecer), la película es una lucha constante entre dos grandes actores cuya química traspasa la pantalla y  que consiguen que el juicio alrededor de lo que gira todo sea algo secundario y que la incertidumbre de si van a terminar abrazándose o abofeteándose sean más interesante que el veredicto de inocencia o culpabilidad.
Intensa y emotiva, El Juez invita a reflexionar sobre las cosas sencillas de la vida. Y sobre con quién debemos compartirla. Y pocos mensajes hay más importantes que estos…


DRÁCULA, LA LEYENDA JAMÁS CONTADA (5d10)

Desde hace algún tiempo los grandes estudios de Hollywood parecen empeñados a tomar grandes personajes literarios (y si son malvados, mejor) y convertirlos en una especia de superhéroes trágicos, supongo que acongojados por los grandes éxitos de películas basadas en personajes Marvel y DC y de los que la mayoría no tienen los derechos. Me vienen a la mente, por lo pronto, Yo, Frankenstein o Maléfica, que, aun tratándose de personajes de ficción, poseen un origen que merecería ser respetado.
No quiero ponerme en plan gafapastas (eso le pega más a los señores del CSI a los que llevaba tiempo sin nombrar por aquí) y exigir que se respeten textualmente los relatos originales o los hechos históricos, pues el cine debe ser por encima de todo un divertimento y todo vale con tal de hacer un buen entretenimiento, pero debería exigirse al menos un poco de criterio a la hora de versionar y retorcer algunos mitos, hacerlo con algún aporte, no solo como parte de una futura franquicia sin cuidar lo más mínimo los detalles. Y para que conste que no me obceco con el tema quiero recordaros que soy un gran defensor de títulos como Abraham Lincoln, cazador de vampiros, Hansel & Gretel, cazadores de brujas o el Van Helsing de Sommers. Al menos aquellas tenían ideas frescas en sus guiones y directores que sabían lo que pretendían ofrecer.
En esta ocasión, con la excusa de resucitar y homenajear a sus grandes clásicos de antaño, la Universal ha concebido el inicio de una franquicia monstruosa que, tras el estreno de obras basadas en Frankenstein, El Hombre Lobo, la Criatura de la Laguna Negra, la Momia o el Hombre Invisible, terminarán entremezclándose todos en un único film al más puro estilo Los Vengadores.
¿Y qué nos encontramos en la primera piedra de un mega proyecto que sólo las taquillas decidirán si llega a cuajar? Pues lo esperado, una versión nada fiel a la narrada por Stoker del señor de los vampiros, mucho CGI, no demasiada sangre (para no asustar al público más tierno) y algunas actuaciones lamentables.
No voy a negar que Drácula, la leyenda jamás contada (el título es bueno, nunca se ha contado esta versión de la leyenda, entre otras cosas porque no existía hasta ahora esta versión de la leyenda) sea bastante entretenida y no se haga para nada pesada, aun cuando carezca de la capacidad de sorprender y sólo la escena final (donde vemos al gran Charles Dance en todo su inquietante esplendor) nos deja con ganas de más.
Vlad (Drácula) es un príncipe (por decir algo, pues da la sensación de que sólo gobierna sobre su propio castillo amurallado) que ve como su pueblo va a ser subyugado por los turcos y hace un pacto con ente maléfico para convertirse en una criatura de la noche y así poder enfrentarse al malvado Mehmed (un ridículo y esperpéntico Dominic Cooper). 
Lo peor del invento, que tampoco aspira a nada más que a mostrar cuatro escenas de batallas demasiado digitales y a edulcorar la trama con la presencia algo cansina de Milena (Sarah Gordon), la esposa del príncipe, es la mala definición de sus personajes, a los que tampoco ayuda unas interpretaciones algo limitadas, empezando por el propio protagonista, Luke Evans, que se limita a repetir dos expresiones (tipo guapo e interesante y tipo enfadado) todo el rato.
Drácula no da miedo. Y no lo digo yo, se refleja en el film. A la postre, no es respetado ni por su pueblo ni por sus enemigos turcos. Y ni siquiera al final, desatado ya todo su poder, consigue ser respetado por otros vampiros. Esto quizá sea una buena treta para no atarlo a nadie y convertir su figura en la de un héroe caído, atormentado, que pueda dar mucho juego en futuras películas (ya el cartel es una especie de homenaje/copia al Batman de Nolan), pero que hace que realmente nos importe poco que logre o no su objetivo en la película. Eso y el nulo respeto histórico (hemos de recordar que Vlad fue un personaje real, no así Drácula) hace que el film flojee demasiado. Casi al comienzo de la acción, cuando Vlad va a ser transformado, su “mentor” le dice: “que empiece el juego”, y no podría estar más acertado.
Drácula, la leyenda jamás contada no es más que un juego. Un divertimento. Hay buenas historias inspiradas en la leyenda de Drácula creada por Brad Stoker. Hay también interesantes obras que recrean la realidad del príncipe Vlad, el Empalador. Y luego está esto…
No voy a cargarme del todo la película, ni siquiera la voy a suspender, pero es innegable que, bajo los ojos de un amante del género vampírico como me considero este amalgama de superhéroe y vampiro resulta, cuanto menos, decepcionante.
Y eso que tampoco es que esperara mucho.

THE PRINCE (4d10)

¿Recuerdan a Jason Patric, ese chico moreno de irada penetrante que en los noventa parecía que iba a comerse el mundo codeándose con estrellas como Brad Pitt, Dustin Hoffman, Robert De Niro o Kevin Bacon en Sleepers y sustituyendo a Keanu Reeves en la secuela de Speed? Pues bien, el chico se ha hecho mayor, ahora tiene la mirada cansada y se ha debido conformar con ir apareciendo en pantalla de forma vagamente regular en papeles secundarios y olvidables.
Empiezo así mi comentario porque quiero constatar que The Prince es una película protagonizada por Jason Patric y sólo por Jason Patric, por más que una tal Jessica Lowndes (una total desconocida para mí, aunque parece ser que apareció en ese absurdo remake de Sensación de Vivir) cope casi tantos planos como él.
The Prince es una historia previsible y tópica de padres con turbio pasado buscando a sus hijas desaparecidas dispuestos a llevarse por delante a todo aquel que le impida rescatar a su pequeña. Vamos, de esos papeles que hace unos años le venían que ni pintados a Mel Gibson y que ahora parecen reservados para Liam Neeson. El problema es que las películas a las que pueden evocar este argumento solían ser grandes divertimentos cargados de adrenalina, alguna dosis de humor y, en ocasiones, hasta con diálogos afortunados, mientras que esta cosa dirigida por un ineficaz Brian A. Miller, es un cúmulo exagerado de despropósitos, desde su inicio lento y cansino que nos hace pensar que estamos ante un telefilm de sobremesa hasta su final excesivo que, en su clímax, roza la estupidez con un enfrentamiento ridículo y hasta patético con el villano de turno.
La película podría definirse como una historia de perdedores. Tanto, que no es fácil empatizar con ninguno de los personajes, ni el padre atormentado con cara de pena que en ningún momento consigue ofrecer un atisbo de credibilidad a su personaje (desde aquí le recomendaría echar un ojo a The Equalizer a ver si aprende de su colega Washington cómo parecer perdido y duro a la vez), la chica que lo acompaña que duda entre ir de lolita salida o de vecinita guay y encantadora y, sobre todo, la hija dichosa, una heroinómana que no inspira en el público ninguna necesidad de proteccionismo paternal.
Pero ahí no acaba la cosa. Para culminar el grupito de losers nos encontramos con dos perdedores de altísimo nivel. Y no me estoy refiriendo a ningún personaje de la historia, sino a los actores que los interpretan, dos decadentes estrellas de Hollywood a los que llegué a admirar hasta el infinito y que en cada nueva película parecen empeñados en lanzar sus carreras por la taza del wáter. Y eso que sus aportaciones en este film son tan mínimas (y aun así espantosas) como destacables en el poster promocional (de ahí mi insistencia de resaltar que Patrick es el prota único y verdadero). Y es que estoy refiriéndome, ni más ni menos, que a Bruce Willis y John Cusack, que me revuelven el estómago además de partirme el alma cada vez que aparecen en escena.
Pese a todo, y una vez rebajadas al mínimo las exigencias, la película tiene un punto de acción que aspira a entretener mínimamente, lo cual no la convierte en una ruina total pese a lo desafortunado de su final. No consiguen ser una de esas pelis de justicieros memorables a los que antes me he referido pero sí habría servido para pasar el rato entremezclada con esas cutreces de serie B de finales de siglo cuando los videoclubs ofrecían una segunda oportunidad a esos títulos que no conseguían (ni merecían) su éxito en cines.





jueves, 23 de octubre de 2014

PERDIDA (8d10)

Tenían razón. Todos los que habían visto Perdida decían (el propio director incluido) que cuanto menos se supiera de esta película, mejor. Y eso hace complicado realizar una crítica acertada de la misma, ya que cualquier mínimo dato revelador sería un spoiler y podría fastidiar un primer visionado de la misma (luego, el film es tan bueno que puede volverse a disfrutar una y otra vez aun sabiendo lo que va a ocurrir, pero la primera vez conviene acudir al cine lo más virgen posible).
Basada con justa fidelidad en la novela de Gillian Flynn (la propia autora es la firmante del guion y ha concedido algunos cambios relativos al desenlace final), la película sale airosa de la difícil traslación a la pantalla grande del libro, pues la estructura narrativa del mismo lo hacía harto complicado. David Fincher, que  película tras película demuestra que es uno de los mejores directores de su generación, ha conseguido plasmar esa dualidad con brillantez, acostumbrado como está a jugar en diferentes franjas temporales como hiciera ya, por ejemplo, en La Red Social.
Además, para protagonizar la película ha elegido en dos actores que soportan con maestría todo el peso narrativo y consiguen que un ejemplo, a priori, de guion elaborado termine derivando en un ejercicio maestro de interpretación y buen hacer frente a las cámaras.
Rosamund Pike, gran actriz a la que Hollywood le debía un gran papel como este, condenada hasta ahora de ser una cara reconocible pero siempre a la estela de la estrella de turno (véase Jack Ryan o Bienvenidos al Fin del Mundo, por poner dos ejemplos recientes) encarna a Amy Dunne, una mujer en apariencia feliz y querida por todos que un día desaparece sin más. Su diario, del cual vamos conociendo pasajes en paralelo a la investigación policial, revela sin embargo que las cosas no son tan bonitas como parecía. La Pike consigue abanico de registros magníficos, consiguiendo llevar al espectador por donde ella quiere a su antojo.
Ben Affleck, por su parte, está impecable en el papel del sufrido esposo, no demasiado empático y con un aurea de oscuridad a su alrededor. Desde el primer momento las sospechas caen sobre él, y solo su talento le permite no revelar más (ni menos) de lo que debemos saber o intuir en cada momento. Cierto es que su interpretación se ha beneficiado de sus propias experiencias personales, pues sus diversos enfrentamientos como carnaza con la prensa sensacionalista bien pueden haberse inspirados en la locura en que se convirtió su vida privada durante su cacareada relación sentimental con Jennifer Lopez. Affleck, además, ya conoce de soslayo el tema, pues su debut como director fue la interesante Adiós, pequeña, adiós, en la que ya abordaba el tema de un posible secuestro.
Fincher, con su virtuosismo narrativo de siempre, se basa en la desestructuración de un matrimonio para crear una historia de intriga aprovechando la ocasión de llamar la atención sobre los medios de comunicación, manipuladores algunas veces, perturbadoramente influyentes en otros. ¿Todo vale, podíamos preguntarnos, por conseguir audiencia, siendo el efectivísimo más importante incluso que la verdad?
Y es que Perdida es mucho más que una simple historia de intriga, una intriga tan bien llevada, por otra parte, que no precisa de demasiados giros bruscos de guion, pues con un par de curvas peligrosas le basta para desorientarnos e incluso tiene la valentía de mostrarnos el pastel casi en el ecuador de la misma sin que por ello se pierda un ápice de interés.
Perturbadora y agotadora por momentos, Perdida no necesita ser tramposa para engancharnos, presentando a unos personajes tan especiales y estudiados como perfectamente identificables, sin olvidarnos de la aportación de Carrie Coon como la hermana del marido, Nick Dunne y con una única pieza que rechina, la presencia de Neil Patrick Harris, que aunque lo hace francamente bien su mera aparición provoca risitas entre el público independientemente de su función dramática. Y es que la sombra de Barnie es alargada…
Y hasta aquí puedo llegar. Sobresaliente y emotiva, todo lo que siga diciendo empezará a estar de más. Lo mejor es disfrutarla. Fincher es único, y lo vuelve a demostrar…
Por cierto, y solo a modo anecdótico: ¿alguien sabe porqué en el póster original aparece Ben Affleck de espaldas y en el español sale de frente? ¿Será que aquí el nuevo Batman cae mejor (o menos mal, según se mire) que al otro lado del charco?

martes, 21 de octubre de 2014

THE EQUALIZER (EL PROTECTOR) (7d10)

Inspirada muy ligeramente en una conocida serie televisiva que por estos lares se vio, por lo menos, por algún canal autonómico, The Equalizer supone el reencuentro entre el actor Denzel Washington y el director Antoine Fuqua después del buen resultado que tuvieron con Día de entrenamiento (Oscar al mejor actor para Washington).
La película cuenta (con muy pocos detalles) la historia de Robert McCall, un simple trabajador  en un almacén de bricolaje, muy amigo de sus amigos y con un aire de melancolía que se refleja en sus noches de insomnio al amparo de un buen libro en una cafetería. Sin embargo, no se tarda demasiado en descubrir que las cosas no son lo que parecen y que hay algo oscuro tras este hombre afable y de buen corazón.
Resulta harto complicado definir el film en una sola palabra, pues contiene demasiados elementos negativos como para poder definirla simplemente como una buena película. Empezando por los personajes, exageradamente arquetipos, con unos buenos muy buenos y unos malos muy malos, sin matices ni claroscuros.
Luego está el tema de la credibilidad. Nada de lo que sucede es factible, y el tal McCall se nos presenta como un héroe cuasi indestructible, una máquina de matar perfecta que dejaría en ridículo a machos como Chuck Norris o Charles Bronson. 
De hecho, no sería exagerado decir que la película recuerda mucho a esos títulos de justicieros implacables de los ochenta, de manera que si el protagonista llevase gafas de sol, una cerilla en la boca y un apodo surgido de su apellido italiano o si condujese un descapotable al ritmo de AC/DC y tratara de vengar la muerte de su primo segundo favorito, ustedes ya me entienden, no nos extrañaría en absoluto.
Sin embargo, y pese al punto de seriedad y dramatismo que trata de dotar a su personaje Denzel Washington (y mira que le salen bien las miradas perdidas llenas del más absoluto vacío), sobre todo en lo referente a su relación con el personaje de Chloë Grace Moretz (una prostituta rusa perteneciente a la mafia), esta nueva versión de El Ecualizador (aquí subtitulada como El Protector) podría ser la pareja de baile de la recientemente comentada The Guest, cinta inédita aún en España pero que se dejó ver por el festival de Sitges. Ambas son, en resumen, una soberana tontería, una colección de muertes a cual más burra que, analizadas fríamente, no se sostienen por ningún lado, pero ambas tienen, a su vez, algo que mola. Si The Equalizer se hubiese presentado en Sitges (o en algún festival de similares características) seguramente habría arrancado cientos de aplausos coreando sus escenas más sangrientas, ya que la falta de humor de The Equalizer se compensa con la bestialidad de la mayoría de las muertes de los malos, algunas rozando el gore.
No diré ningún spoiler importante si aseguro que nadie puede con McCall y eso, como en los buenos tiempos de Segal, mola. Absurdo e incoherente todo, de acuerdo, pero efectivo. Washington parte la pana, y no hay más que comentar.

lunes, 20 de octubre de 2014

NINJA TURTLES (3d10)

Podía ser que Ninja Turtles (no sé por qué demonios no han podido traducir el nombre) fuese una película exclusivamente pensada para los fans más acérrimos (que sin duda se podrán furiosos con algunos cambios sustanciales en el origen de los personajes), pero si es así no estaba indicado en la entrada del cine.
También podría ser que estuviese destinada única y exclusivamente a un público menor de doce años, pero tampoco vi ningún aviso al respecto.
El caso es que para la mayoría de los mortales la película de las tortuguitas es mala, muy mala, aunque al menos no se la puede acusar de falta de sinceridad. El horrible tráiler y los espantosos carteles ya lo auguraban.
Definitivamente, el nombre de Michael Bay en el poster sólo indica quién ha puesto la pasta, pues no hay en toda la película una sola escena de acción filmada con la espectacularidad propia del director de Transformers, y eso que hay varios momentos propicios, como la caída del camión por la montaña o la increíblemente mal filmada escena final, que demuestra que al inefable Jonathan Liebesman estos proyectos le vienen grandes.
Con un guion estúpido, diálogos absurdos y una acción que recae demasiado sobre el personaje que interpreta Megan Fox, que llevaba un tiempo alejada del cine pero lamentablemente no ha querido o podido aprovecharlo para tomar clases de interpretación, la película tiene momentos salvables, como los alivios cómicos que funcionan francamente bien, pero comete el error de querer tomarse demasiado en serio a sí misma, siendo entonces cuando resulta estúpida y casi hasta insultante, pues uno duda si los autores de esta patraña son unos ineptos o simplemente están tomando por tontos a los espectadores.
Con unos efectos digitales que no mejoran para nada el encanto de las marionetas y el látex de la versión de 1990, la trama parece haber sido confeccionada por sus guionistas en cuatro garabatos en una pausa para el café limitándose a rememorar las tres o cuatro películas que el tipo ha visto más recientemente (y eso que son nada menos que tres). Tomando como base las características básicas de los personajes de Peter Laird y Kevin Eastman (cuatro tortugas mutantes que viven en las alcantarillas y saben hablar y luchar gracias a las enseñanzas de una rata), resulta que la creación de los héroes es consecuencia directa de los experimentos en el pasado del padre de la prota y el malo malísimo, vamos algo así como pasaba con el padre de Peter y Osborn en The Amazing Spider-Man. Para colmo, en el momento del clímax final el villano pretende lanzar un veneno desde lo alto de un rascacielos, exactamente lo mismo que pretendía el lagarto en la citada película. Más cosas: la escena más divertida transcurre en un ascensor (¿alguien ha mencionado el Spider-man 2 de Sam Raimi o a El Capitán América: el Soldado de Invierno?), el malo viste una armadura que parece calcada de El Samuray de Plata de Lobezno: Inmortal y cuando aparecen una serie de puñales de sus muñecas imitando los gestos del propio mutante de Marvel y los saltos de las tortugas a cámara lenta esquivando dichos cuchillos son planos imitados (pero mal) de cualquier Resident Evil de Paul W.S. Anderson. 
Y puedo seguir: el personaje de William Fichtner recuerda mucho al de Christopher Walken en Batman vuelve y hay en general un aire que recuerda constantemente (chistes incluidos aparte) a los Batman de Burton/Schumacher.
Puedo aceptar que se trata de un producto muy fantasioso y no hay que pedirle una veracidad extrema (¡¡¡son tortugas ninjas, por Dios!!!), pero eso no implica que se trate con un mínimo de respeto a la historia. No hay ningún planteamiento moral en la trama, nada justifica las acciones del malo ni sabemos nada de su historia, no nos explica qué motiva a las tortugas para hacer lo que hacen… ¡Si hasta el elemento pizza está metido con calzador!
Sí hay, no obstante, una manera de disfrutar la película. Y es, llegados a un punto, olvidarse de cualquier criterio lógico y dejarse llevar por el surrealismo atroz de semejante despropósito, logrando así carcajearnos con la simpleza de las acciones tal y como podríamos hacer con películas de calidad equiparable como las famosillas Pirañaconda, Megatiburón contra crocosaurio y lindezas así.
En fin, que tiene que haber cine para todos los gustos. Y, en ocasiones, cine sin gusto alguno. Y este es un claro ejemplo de lo último. 
Más que cine es una sacacuartos. Lo malo es que la gente pica. Y en breve tendremos secuela.
¿O no?

domingo, 19 de octubre de 2014

SITGES 2014. CONCLUSIÓN FINAL.

Tenía pensado dar ya por finiquitado el tema Sitges, pero varios de vosotros me habéis preguntado por qué no he puntuado las películas comentadas. La razón es inicialmente lógica: dado que algunos de los títulos se estrenará en breve en cines pensaba incluir una entrada más extensa en el momento oportuno, siguiendo el esquema habitual del blog. Sin embargo, cierto es que algunos de los films no se llegarán a estrenar nunca, mientras que otros pueden que se estrenen pero me evite volverlas a ver, por lo que quizá no sea tan descabellado ofrecer una puntuación para aquellos que me lo han pedido y de paso realizar una conclusión final del Festival.
Así, sin más preámbulos, voy a enumerar con un breve comentario todo lo que vi (los cortos los dejo de lado).
REC 4: Apocalipsis. 7d10. Divertida y emocionante, aunque algo floja en comparación con sus predecesores. Puede llegar a decepcionar.
MÉXICO SALVAJE. 4d10. Irregular. Más interesante visual que narrativamente.
ABCS OF DEATH 2. 5d10. Divertida por momentos pero poco más.
V/H/S VIRAL. 6d10. La mejor de la saga, gracias en gran medida a Villalongo.
WHAT WE DO IN THE SADOWS. 8d10. Genial. Divertida e inteligente. De lo mejor del Festival.
THE ROVER. 7d10. Western postapocalíptico con excelentes interpretaciones.
MONSTERS 2, THE DARK CONTINENT. 3d10. Muy flojita, consigue aburrir más aún que la primera. Olvidable.
BURYING THE EX. 7d10. Joe Dante en estado puro. No es su mejor película, pero divierte como pocas.
WYRMWOOD. 6d10. No se la puede considerar como buena, pero tiene un cometido y lo cumple a la perfección. Risas y sangre no faltan.
GOAL OF THE DEAD. 5d10. Quizá fuera culpa de las expectativas, quizá del sueño, pero le faltaba algo. Puede que se merezca un segundo visionado.
LIVE AFTER BETH. 8d10. Una joyita. Cómo hacer una peli indie de zombies y salir bien parado...
MAPA DE LAS ESTRELLAS. 7d10. Siendo Cronenberg no podía ser mala. Hollywood pasado por su rasero. El tema no es original, pero siempre gusta.
THE GUEST. 7d10. O cómo una peli tan mala puede molar tanto. Para no dejar de aplaudir.
LA PRINCESA KAGUYA. 6d10. Tan bonita y tierna como excesivamente larga. Su metraje la torna soporífera, pero aun así...
COLD IN JULY. 6d10. Efectiva. Empieza sería y se va alocando sin control. Y con tres grandes actores.
UNDER THE SKIN. 2d10. Espantosa. La pretenciosidad de su director no se salva ni con la desnudez de la Johnansson. Lo peor del Festival.
Pues ya está. Tal y como habéis pedido. Mucho fue lo que faltó, y me quedé especialmente con las ganas de cosas como I, Origins, The Babadook, Musarañas, Dead know 2, Réalité, Magical girl, Annabelle, Relatos Salvajes, The Signal, Autómata, A girl walks home alone at Night, y alguna más, pero para ser sinceros no todo es culpa de la falta de tiempo. Algunas de ellas no las conocía para nada antes del Festival. Otras, mejor o peor, se estrenarán en breve. Y una pocas se perderán para siempre.
No se puede ver todo.
El año que viene, más y mejor. Pero más repartido...

martes, 14 de octubre de 2014

SITGES 2014. MARATÓN SORPRESA

Última entrada festivalera para comentarios la traca final, la última maratón (cinco películas del tirón cuyos títulos no se han sabido hasta un par de días antes) con la que me despediré ya de la localidad de Sitges y sus calles y escaparates emperifollados para la ocasión.
Antes de comenzar mi crónica, sin embargo, quiero detenerme unas líneas para pedir disculpas a los que habéis intentado entrar en el Bloc durante el domingo sin conseguirlo. En mi deseo de actualizar las entradas con los visionados correspondientes con la mayor rapidez posible he recorrido Sitges arriba y abajo con mi portátil a cuestas en busca de lugares confortables donde conseguir de un tirón wifi y cafeína. Pero lo que mi cuerpo ha conseguido aguantar sin desfallecer no lo ha conseguido la batería del ordenador, que ha ido a morir justo en medio de una actualización del Bloc, dejándolo bloqueado hasta que ya de madrugada he llegado a casa y lo he solventado. Lo dicho, disculpas a todos.
Entrando ya de lleno en la locura de la maratón sorpresa comienza bien la cosa con la última de Cronenberg: Mapa de las estrellas. En ella, el afamado realizador canadiense hace un retrato del Hollywood actual presentándonos a una serie de personajes variopintos del glamuroso pero autodestructivo mundillo: una joven recién llegada con cicatrices por todo el cuerpo, un chofer aspirante a actor, una actriz madura acosada por el peso de la fama de su fallecida madre, un exitoso actor adolescente o un entrenador de actores son solo una muestra de la fauna que pulula por esta comedia negra, extremadamente ácida y desgarradora, que demuestra el precio de la fama y ataca sin concesiones la sociedad hollywoodiense actual. 
El reparto, espectacular: Mia Wasikowska, Julianne Moore (premio a la mejor actriz), John Cusack, Olivia Williams, Robert Pattinson…
Tras una excelente película, divertida y mordaz, pero con un dramático trasfondo detrás, era necesaria una buena dosis de diversión, y esta llegaría con The Guest. Un joven aparece de improvisto en casa de una familia asegurando que es el mejor amigo del hijo fallecido en el ejército. Tras ganarse su confianza es invitado a pasar una  noche que se convertirá en semanas en las cuales seduce a la hija adolescente, se convierte en el héroe del pequeño de la casa, es el compañero de copas ideal del padre… Y es que, para que negarlo, el nuevo mola.
En la línea de títulos como Stoker, The Guest no esconde sus cartas, y desde el primer momento te muestran que el chaval molón tiene gato encerrado. Eso, y la forma bestial que tiene de arreglar los problemas de todos los que lo rodean, hace que la película no busque la angustia por el incierto final de la familia, sino que todo sea una fiesta del humor más bestia y molón que consigue que la absurda explicación de los acontecimientos finales importen un pepino. La película busca la complicidad del público y, a tenor de la multitud de aplausos que acompañan cada acción del prota, desde luego que lo consigue.
Sitges no sería Sitges sin una mínima ración de cine oriental, y en este caso la representante fue La Princesa Kaguya. Surgida de los estudios Ghibli, se trata de la adaptación de un cuento popular japonés que cuenta como un leñador de bambú encuentra un bebé dentro de un tronco y lo adopta como si fuese su hija, educándola hasta convertirla en princesa. Con un dibujo sencillo pero efectivo, la película cuenta con una primera hora magistral, donde el paso de la princesa de bebé a adolescente se cuenta con una ternura y emotividad maravillosas. Pero por desgracia la película pierde fuelle con la marcha de los protagonistas a la capital, donde el ritmo narrativo se vuelve más lento y las dos horas y cuarto de metraje terminan pesando como una losa. Simpática pero, en su totalidad, durilla de aguantar y con un final (diferente al cuento original) algo desconcertante.
Es necesario combatir el sopor (vamos ya a por la cuarta película seguida) y la elegida para ello fue Cold in july. Muchos aciertos tiene este animado film de Jim Mickle que comienza como una intriga policial y termina derivando en un film de pura acción. Pero desde el punto de vista más friki, ¿qué puede molar más que una peli que empieza con Dexter matando a un delincuente y continúa con la aparición de Sonny Crockett en un Cadillac rojo? 
Efectivamente, Michael C. Hall y Don Johnson protagonizan este film junto al veterano y siempre excelente Sam Shepard en una historia de conspiraciones policiales que comienza muy seria y se va transformando a medida que avanza su narrativa.
Estaba siendo una buena jornada y quedaba la guinda del pastel. Suele dejarse para el final el film más interesante, el colofón que hará que el público abandone el festival con un excelente sabor de boca. Y aquí debo decir que el señor Ángel Salas erró considerablemente (y cuando se está en una proyección donde se palpa el sentir general de la mayoría de aficionados mediante sus aplausos, risas o comentarios puedo constatar que no se trata de una aislada opinión personal, os lo aseguro). Y es que Under the skin es un título espantosamente malo, pedantemente pretencioso e insoportablemente aburrido. No alcanzo a comprender qué nos pretende decir Jonathan Glazer con su película (adivino que algo sobre lo autodestructiva que es la sociedad) pero está claro que si pretende aleccionarnos sobre algo no lo consigue. 
Con un argumento que podría recordar vagamente a Species (¡ay, que magistral es aquella peliculilla en comparación con esto!) Under the skin cuenta como una joven de origen extraterrestre recorre la ciudad hablando con transeúntes solitarios hasta localizar a uno que se ajuste a sus deseos y llevárselo (suponemos que para ser motivo de estudio de su raza, eso no queda muy claro). 
Con esta línea os he descrito con total exactitud todo lo que ocurre durante la primera mitad de película. Luego la cosa parece animarse un poco (no mucho) cuando ella empieza a descubrir su humanidad (muy original tampoco es, desde luego), pero ocurre todo con una parsimonia tal que no hay por dónde cogerla. Quizá es que no entendí por dónde va la cosa y en realidad tiene un trasfondo moral oculto, en plan de: “si vienes a ver esta peli sólo por ver a Scarlett Johansson en pelotas… trágate dos horas de absoluto vacío”. ¡Toma castigo!
En resumen, agotador pero en general gratificante fin de fiesta, con la espinilla de la bazofia de esta última peli y la ligera pesadez de la japonesa pero cuyos otros tres títulos compensan con creces. Y una reflexión curiosa: Tras dieciséis películas visionadas, solo REC 4: Apocalipsis podría definirse como peli de terror (y tampoco demasiado, casi es más de acción). Ha habido mucha sangre, muchos desmembramientos y, sobre todo, mucha diversión. Pero miedo, lo que se dice miedo, poco he pasado.
Con todo, el balance del festival, desde mi punto de vista, ha sido muy favorable. Y eso que me han quedado muchos títulos con los que me he quedado con las ganas. En fin, sólo me queda esperar que poco a poco vayan llegando a las carteleras (la mayoría no lo harán) para tratar de recuperarlos. Y si no, siempre nos quedará el DVD, ¿no?
Y esto ha sido todo. Ha resultado agotador pero ha merecido la pena. A partir del próximo viernes intentaré ir recuperando los estrenos de cine y el blog retomará su tónica habitual. 

lunes, 13 de octubre de 2014

SITGES 2014. LA NIT + ZOMBIE.

Llega por fin uno de los momentos más esperados, una de esas maratones donde la hipotética calidad de las proyecciones queda en segundo plano en pos de un buen puñado de horas de sangre y vísceras que consigan mantener a la audiencia despierta y con ganas de aplaudir cualquier chorro escarlata que empape la pantalla.
Seguimos de enhorabuena con las producciones australianas, ya que la velada comienza con el corto A base de agua, que nos presenta en persona su ilusionado director, con un punto de partida tan desquiciantemente sitgetano como la aparición de un canguro zombie.
Continúa la noche con otro corto, Zero, que pretende ofrecer una mirada sería y dramática al tema. Sinceramente, para aburrirnos viendo gente apenadas alrededor de un muerto viviente ya tenemos la segunda temporada de Walking Dead.
Y entre aplausos y vítores empieza la maratón en sí con la esperada Wyrmwood, otra vez desde Australia, que ha sido definida como una especie de Mad Max con zombies. Tras un brote de una epidemia que transforma a la gente en caníbales, Barry trata de atravesar el país junto a otros supervivientes en busca de su hermana sin saber que ella es prisionera del ejército para ser sometida a experimentos y análisis de clara inspiración nazi. No será un alarde de originalidad, pero responde a lo que el público espera de ella, con un héroe torturado que arrasa con todo para salvar a su hermana, golpes de humor muy salvajes, mucho cachondeo, cabezas reventada y algún que otro momento cumbre que provoca aplausos entusiastas en las gradas.
Muy esperada también era la francesa Goal of the death, de la mano de los productores de La Horda, una curiosa historia que mezcla la pasión a veces irracional de un partido de fútbol con una masacre zombie. Desquiciante y surrealista por momentos (con alardes imaginativos como cabezas explotando a cámara lenta al estilo Matrix), la película tiene en su contra el estar dividida en dos partes, como un partido en sí, con sus respectivos (e interminables) títulos de crédito, lo cual, añadido a las horas intempestivas, corta bastante el ritmo. Además, como sufriera con la también inicialmente original mini serie Dead set, al superar el ecuador del metraje el tema futbolístico pierde su fuerza y la cosa deriva en una epopeya zombie al uso, bien filmada y con toques de calidad, pero sin ofrecer nada nuevo. De más a menos, temo que termina decepcionando un poco con respecto a las perspectivas que ofrecía.
Y cuando las fuerzas comenzaban a desfallecer y temo estar a punto de perder la batalla contra mi fuerza de voluntad comienza la tercera protección y el contener nombres conocidos en su reparto me invita a resistir un poco más. 
Y a Dios gracias, pues Life after Beth ha resultado ser de lejos la mejor de la noche. Sin duda se trata de la menos cachonda, gore y friki de todas, aunque algo de las tres cosas tiene, pero posee además una sensibilidad y una emotividad poco dada a este género.
Concebida como un drama adolescente indie, Life after Beth podía ser el reverso serio y romántico de Burying the ex, pues ambas parten de la misma premisa: una chica muere y regresa de la tumba para poder continuar su vida junto a su enamorado. Aquí entran en juego los padres de ella, que empeñados en que se trata de una milagrosa resurrección (no quieren saber nada de la palabra zombie) piensan que retenerla encerrada en casa bastará para que la vida vuelva a ser normal para todos ellos.
Destacando el enfrentamiento entre los brillantes John C. Reilly y Dane DeHaan, la película alterna momentos dramáticos de extrema dureza con situaciones tan desquiciantes como divertidas, siempre con inteligencia, consiguiendo que la trasnochada haya valido la pena.
Y ahora sí, a dormir un poquito que son ya las siete y media de la mañana del domingo y llevo desde las diez del viernes en pie. Y en unas horas, la maratón sorpresa.
Mañana os cuento.

SITGES 2014. CEREMONIA DE CLAUSURA: BURYING THE EX

Todo lo bueno se tiene que terminar, y el Festival de Sitges no iba a ser una excepción. Tras apoyar mis últimos minutos libres visitando por fin la exposición sobre REC (mañana también la tengo libre, pero en algún momento tendré que dormir, digo yo), me dirijo a presenciar la ceremonia de clausura del Festival.
No voy a dar la lista completa de premiados porque la podéis encontrar fácilmente en la misma web del Festival y porque son tantos premios que ni yo mismo me aclaro. En resumen, que la que más ha gustado ha sido I, origins, que la de The Babadook también ha convencido y que el premio del público ha sido para mí candidata neozelandesa (al menos he acertado una).
La ceremonia, por más que han tratado de introducir algún gag, ha sido larga y aburrida, con Ángel Salas reciclando el discurso de la Inaugural y con mucho enchufado agradeciendo premios que ni eran para ellos. No podía faltar el toque catalanista reivindicativo.
Pero el momento cumbre de verdad ha sido con la subida al escenario del gran Joe Dante y el veterano Dick Miller, que horas antes habían sido homenajeados por toda su trayectoria celebrando la ocasión con la protección de la que son duda fue las obras cumbre de ambos, Gremlins. De nuevo sobre el escenario, Dante se mostró cercano y buen conocedor de la dicotomía del Festival en la presentación de su nueva película.
Burying the ex es una divertida comedia muy negra y que, como toda la trayectoria de Dante, rezuma espíritu ochentero por doquier, sobre una pareja joven que, enamorados, prometen estar siempre uno junto al otro. Pero el tiempo y las abismales diferencias de caracteres terminan haciendo mella hasta el punto de que él toma conciencia de que para poder ser felices deben separarse y el día que queda con ella en un parque para cortar la muchacha muere atropellada. Pero esto no supondrá el fin de la relación pues la difunta, decidida a cumplir su promesa, regresa de entre los muertos para seguir eternamente junto a su amor. Gamberra y cachonda, Dante ofrece a sus fans justo lo que se espera de él, una hora y media de risas y aplausos con chorros de hemoglobina y amputaciones aptas para todos los públicos y una frescura que ya quisieran para sí muchos realizadores jóvenes que en su afán por romper moldes terminan conjugando aburrimiento y pedantería. Dante no inventa nada, ni falta que le  hace...