lunes, 13 de mayo de 2013

OBJETIVO: LA CASA BLANCA (7d10)

Resulta curioso como en Hollywood, en ocasiones, coinciden en el tiempo dos proyectos de características similares, aparentemente de forma casual. Hace unos años tuvimos, por ejemplo, dos películas sobre meteoritos que caían a la Tierra, dos adaptaciones de Robin Hood, dos versiones del duelo en OK Corral y, este pasado año,  sin ir más lejos, tres Linconls (aunque la del cazador de vampiros bastante menos ortodoxa) y dos Blancanieves (sin contar la de Pablo Berges, que también es harina de otro costal). Pues buen, de nuevo nos encontramos con dos obras de idéntica temática que se estrenarán con apenas un par de meses de diferencia: Asalto al poder, de Ronald Emmerich, y la que nos ocupa, dos puntos de vista sobre un supuesto ataque terrorista en el edificio más protegido y emblemático del mundo.

Dicen sus responsables que para escribir el guion realizaron exhaustivas investigaciones que confirman que todo lo que se ve en pantalla podría producirse en la realidad y tan seguros están de ello que la escena del asalto está filmada en tiempo real. No sé hasta qué punto será eso cierto, pero quien acuda a ver esta película con esperanza de ver algo con tintes documentales o algún elemento de crítica al poder gubernamental,  que se vaya olvidando. Asalto a la Casa Blanca es una película de palomitas, con mucha acción,  mecha espectacularidad y cero reflexión. No hay tiempo para las metáforas sociales,  ni falta que le hace. Asalto a la Casa Blanca es una peli de tiros, violencia y explosiones,  y como tal no puede ser más sincera.
La película está dirigida por Antonie Fuqua, responsable entre otras de Training day, El rey Arturo o Los amos del Brooklyn, y cuenta la historia de Mike Banning (Gerard Butler), jefe de seguridad del Presidente (Aaron Eacklear) a  la par que amigo, hombre de confianza de su mujer y todo un ejemplo a seguir por el hijo adolescente de estos. Pero todo cambia cuando durante un accidente de coche no puede evitar la muerte de la primera dama. Reubicado desde entonces en un despacho será testigo en primera persona del asalto de los terroristas y no dudará en volver a la acción, mientras el presidente del parlamento (Morgan Freeman) se hace cargo de tomar el mando del país en tan crítica situación.
Dirigida con corrección y un buen control del ritmo, lo que más se puede echar en falta en la película es un protagonista con más carisma. Butlet nos tiene acostumbrados a alternar comedias románticas con papeles de duro (300, Un ciudadano ejemplar,...) y hay que reconocer que se esfuerza por hacer creíble su personaje, pero algo falla a la hora de conectar con el público. No puedo evitar imaginarme la misma película interpretada por Bruce Willis, por ejemplo, llevando a su John McClaine a salvar al Presidente en la que podría haber sido una secuela de Jungla de Cristal mucho más apetecible que esa chorrada de Un buen día para morir. Tanto es así que Freeman, sin apenas levantarse de un sillón en todo el metraje, hace suya la peli.

Pese a ello, entretenida cinta de evasión que atrapa durante sus 120 minutos de duración sin aburrir en ningún momento y que supone  una buena descarga de adrenalina al más puro estilo americano.

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