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lunes, 10 de diciembre de 2018

EL REY PROSCRITO

Comanchería, dirigida por David Makenzie, fue la película revelación de hace un par de años (yo mismo la catalogué entre lo mejor del año), llegando incluso, pese a ser una película independiente, a colarse en las quinielas de los Oscar. Por ello, mientras su guionista Taylor Sheridan conseguía debutar como director de Wind River y firmar el libreto de Sicario:el día del soldado (él mismo había debutado con la primera Sicario), todas las miradas estaban pendientes el siguiente trabajo de Makenzie, para el cual ha vuelto a confiar en el protagonista de Comanchería, Chis Pine, pero, curiosamente, no en el mismo medio.
Efectivamente, El rey proscrito no se ha podido ver en cines, siendo una producción Netflix y demostrando que la plataforma de streaming está empezando a apostar cada vez más fuete por los largometrajes. Atrás quedan los tiempos en que sus películas eran objeto de burla, y tras títulos tan estimulantes e importantes como Aniquilación, Okja o Mudbound, ahora llega un verdadero desembarco de películas imprescindibles, como Roma, MowgliLa balada de Buster Scruggs o Cam.
El rey proscrito podría definirse, de manera precipitada, como una especie de secuela de Braveheart. No es eso, ni mucho menos, pero por ahí andan los tiros. De hecho, es la “verdadera” historia de cómo Escocia logró independizarse de Inglaterra allá por 1314.
Dicen los historiadores que casi el ochenta por ciento de lo narrado en Braveheart es pura ficción. En El rey proscrito, cuyo arranque coincide casi con la muerte de William Wallace, lo que se cuenta de Eduard Bruce, que llegó a ser coronado como Eduard I de Escocia es más o menos fiel a la realidad, aunque ennobleciendo bastante al personaje para poderlo convertir, ¿cómo no?, en el héroe de la película. Así, Makenzie logra suavizar el carácter ambicioso y egoísta del rey, profundizando en la historia de amor que decora las escenas de batalla y volviendo a acercarse, de nuevo, más a la leyenda que a la cruda realidad.
Como sea, y aceptando las limitaciones presupuestarias que obligatoriamente deben diferenciar una producción (por lujosa que sea) de Netflix que una superproducción de Hollywood tradicional, la película resulta un entretenido pasatiempo, un buen film de aventuras que Makenzie filma con elegancia y en la que Pine vuelve a derrochar su carisma habitual. Puede que al final El rey proscrito termine siendo más una película de batallas medievales que un fidedigno retrato histórico, aunque no es menos cierto que la historia no puede ser poseedora de una verdad absoluta, ya que siempre dependerá de quién sea el que la cuente. Así, lo mejor es contentarse con el concepto de entretenimiento que se nos ofrece y disfrutar de unas secuencias de acción bien planificadas y de los entresijos inherentes a los temas relacionados con las coronas para, definitivamente, hacer un buen programa doble con el clásico que encumbrara a Mel Gibson hace ya veintitrés años.

Valoración: Siete sobre diez.

lunes, 12 de marzo de 2018

UN PLIEGUE EN EL TIEMPO

Hacía tiempo que Disney Studios necesitaba desesperadamente un gran éxito de taquilla, siendo posiblemente Zootrópolis el último. 
En el terreno de la imagen real, apuestas como El llanero solitario o Tomorrowland le habían acarreado grandes pérdidas y solo con secuelas insulsas como Piratas del Caribe: la maldición de Salazar o Alicia a través del espejo lograba maquillar los resultados. No es que eso fuese un gran problema para la casa madre, pues los otros estudios al amparo de Disney (Pixar, Marvel Studios y Lucasfilm) han arrasado con Coco, Black Panther y Los útimos Jedi, pero aún así la cosa empezaba a ser preocupante.
Disney necesitaba acertar en el pleno por una vez, y Un pliegue en el tiempo era una puesta arriesgada pero, a todas luces, a caballo ganador. Con unos impactantes efectos visuales, la película debía descubrir a los más pequeños un mundo nuevo lleno de fantasía e imaginación, en una peligrosa aventura por rescatar a un padre perdido y con un grupito de actores cuanto menoss carismático. ¿Qué podría salir mal?
No debería haber hecho esa pregunta, pues la respuesta es: prácticamente todo. Un pliegue en el tiempo, basada en una novela de Madeleine L'Engle, está dirigida por Ava DuVernay. Primer error. No voy a negarle a esta buena mujer sus dotes como realizadora en films de calado más serio como Selma, pero en Un pliegue en el tiempo pierde todo el control de la cámara, bien alejada de lo que debería ser un blockbuster de estas características. Con exagerados primeros planos, una cámara muy nerviosa y ángulos extraños, parece casi como si quisiera convertir este producto Disney en cine de autor, cosa que se pega de bruces con los momentos videocliperos al ritmo de cancioncillas que parecen salidas de cualquier serie de Disney Channel.
Pero lo peor de todo es la historia. No conozco el contenido del libro original, así que no puedo juzgarla como adaptación, pero lo que me aqueda claro es que el trabajo de los guionistas en esta película ha sido realmente esperpéntico. La película navega entre lo asombroso y lo ridículo, resultando cumplidora en su primera mitad pero naufragando hacia el desastre una vez supera el ecuador. Es cuando la película pierde sentido y no queda nada de la coherencia interna que uno debe exigirle a cualquier film que se precie, dando casi la sensación de que les han entrado las prisas por terminar la pelíucla y cualquier cosa sin sentido valiese. 
Cierto es que en estas historias juveniles de mundos paralelos y viajes interdimensionales (porque no esperéis aquí viajes en el tiempo) los deus ex machina deben estar a la orden del día, pero aquí toda la película completa es un deus ex machina gigantesco. Tanto es así que, pasada la primera hora de metraje, uno empieza a sospechar que se encuentra ante una película piloto cuya trama se desarrollará en supuestas continuaciones, como pasó con aquel fracaso que fue La bruja dorada, pero no, aquí todo se precipita para cerrar las tramas sin ningún orden ni concierto, dejando por el camino todo o que les molestaba y tomando directamente al espectador como idiota.
Más allá de los correctos efectos visuales, que una vez vista tampoco son la maravilla que parecía anunciar el tráiler, la película es aburrida y absurda, una tomadura de pelo que tiene todos los números para ser un nuevo fracaso para la compañía del ratón, que justifica así que siga exprimiendo al máximo a sus superhéroes y Jedi. 
Lo único que la hace mínimamente salvable es la simpatía que pueden producir los niños protagonistas, casi desconocidos (aunque Levi Miller ya protagonizó otro proyecto abocado al fracaso como fue el Pan de Joe Wright), con un trio de “señoras” a cuál más ridículas y un Chris Pine que, simplemente, pasaba por ahí. Cabe preguntarse como engañaron a Gugu Mbatha-Raw para subirse al carro de esto y si Zach Galifianakis o Michael peña habían perdido, quizá, una apuesta.
En fin, una suma tontería, sin ritmo, sin emoción y sin sentido, que provoca bostezos cuando se supone debería empezar la aventura y que funciona mejor en los diez minutos de drama estudiantil y familiar con que arranca que cuando empieza lo supuestamente divertido. O a lo mejor es que, siendo tan compleja como es y yo tan poco ducho en física cuántica, simplemente no la he entendido. Pero creo que no va a ser eso, no....
Simplemente, otro descalabro Disney.

Valoración: Tres sobre diez.

lunes, 26 de junio de 2017

WONDER WOMAN o como echar por tierra un trabajo bien hecho.

Se estrena con algo de retraso en nuestro país Wonder Woman, después de que nos haya llegado un aluvión de críticas maravillosas y que haya arrasado en taquilla. 
Decían de ella que era la mejor película del universo DC y eso estaba provocando un hype desproporcionado que empezaba a olerme a chamusquina. Cierto es que la heroína interpretada por Gal Gadot ya fue lo que más me gustó de Batman V. Superman: el amanecer de la justicia, pero tras los primeros trailers (de esta Wonder Woman y de La liga de la Justicia) me daba la impresión de que todo lo que tenían que decir sobre ella en Warner era repetir un par de posturitas y punto.
Una vez vista, lo mismo que nunca entendí las críticas atroces a las mediocres (pero no horribles) Batman V. Superman y Escuadrón Suicida, tampoco entiendo las alabanzas que ha recibido esta. Sí, es la mejor película del Universo CD, pero no es que el listón estuviera muy alto. Y sí es verdad que el trabajo de Patty Jenkins tras las cámaras es muy notable no todo son virtudes , ni mucho menos.
Si la analizamos como simple entretenimiento, la película funciona bastante bien, alejada de esas cargas de profundidad aparentemente trascendental de las películas de Nolan y Snyder. La trama tiene una ligereza que combina muy bien con puntos de humor y hay un colorido y una luz en su fotografía (sobre todo en la parte que acontece en Themyscira) que le sienta fenomenal. Ese extenso prólogo en Isla paraíso permite conectar muy bien con los personajes (por arquetípicas que sean las Amazonas que rodean a Diana) y la aparición de Steve Trevor ayuda a avanzar la historia sin que se aprecie ningún escollo en el cambio de ritmo, gracias en parte a la magnífica química que comparten Gal Gadot y Chris Pine.
En el segundo acto la película se vuelve algo más oscura, como corresponde al retrato realista que pretende dar de una guerra (La Primera Guerra Mundial) y una sociedad, permitiéndose algún detalle feminista que se agradece al mantener la identidad original del personaje, pero sin llegar a saturar. Es aquí donde se encuentran algunas de las mejores escenas de acción, demostrando que la elección de Jenkins ha sido un acierto (ya tuvo un brillante debut con Monster, aunque faltaba ver si un blockbuster como este le iba a venir grande). Hay enormes coreografías donde se desata todo el poder de Diana (algunas ligeramente confusas, pero igualmente disfrutables) y el uso de la cámara lenta le da cierta coherencia visual con el resto de películas del CDEU, sabiéndolas manejas mejor incluso que Zack Snyder, por más que esa fuese precisamente su marca de fábrica. Es de agradecer, además, que excepto un prólogo y un epílogo escasamente breve, toda la acción transcurra en la época de la Gran Guerra, signo de valentía, aunque no se puede evitar rememorar constantemente la película de El Capitán América: El primer Vengador, de la que tiene claras referencias. Además, excepto en esos mencionados minutos iniciales y finales en los que se nombra a Bruce Wayne, nada en la película parece indicar que pertenezca a ese universo compartido, lo que le permite tener hasta el momento su propia independencia e identidad.
¿Cuál es el problema de Wonder Woman, entonces? Pues precisamente que al final, pese a todo, se trata de una película de Warner/DC. Si esto tratara sobre una diosa griega tratando de comprender a los humanos y sus conflictos, la película sería maravillosa, pero la realidad es que esto de lo que va es de superhéroes. Y ese es el gran lastre de Wonder Woman. Si ya en esos dos bloques mencionados las breves apariciones de los villanos de turno (interpretados -es un decir- por Danny Huston y Elena Anaya) ya molestan, cuando se llega al acto final el despropósito es completo. Es en esa conclusión cuando todo el buen trabajo se tira por la borda con una batalla final que, de nuevo, resulta cargante, excesiva y ridícula. La resolución de los villanos es sumamente torpe y la escena más dramática (y supuestamente emotiva) del film resulta una copia descarada de cierta película (y comic) de la competencia (que no voy a nombrar por no rozar el spoiler, pero en cuanto al veáis sabréis a lo que me refiero).
Al final, Wonder Woman te deja con un sabor agridulce, como una oportunidad perdida para remontar el rumbo de DC. Que la mejor película de su saga sea la más parecida a un film Marvel, y que aun así no esté a la altura de la mayoría de ellos (porque no nos engañemos, comparar a Wonder Woman con, por ejemplo, Ant Man, sería hacer trampa), dice muy poco de este irregular CDEU.
Al menos, hay que reconocerle a Gal Gadot que, pese a las dudas iniciales, ha sabido hacerse con el personaje. A diferencia de su trabajo en Fast&Furious, aquí logra ser algo más que una cara bonita y refleja a la perfección esa mezcla entre ingenuidad, inocencia y poder absoluto que se le supone al personaje. También Pine está a muy buen nivel, aunque acostumbrado a películas de gran presupuesto tras encarnar por tres veces (hasta ahora) a James T. Kirk en Star Trek, tampoco es que sea ninguna sorpresa. Y no tengo queja de Robin Wright o Connie Nielsen, aunque sí me parece que David Thewlis está muy sobreactuado y Danny Huston y Elena Anaya (actores que generalmente me gustan mucho) simplemente ni están ni se les espera.
En fin, que sí, que esta Wonder Woman está a la altura de su personaje, que el traje mola y a Gal Gadot le sienta de maravilla, que las veces que se escuchan las notas de Junkie XL versionadas por Rupert Gregson-Williams emociona, y que a la postre uno se lo llega a pasar bien. No estupendamente bien, pero sí bien. Pero, al final, no es para tanto, estando incluso a punto de decepcionar ante tan magnas expectativas.
Pero ya se sabe lo que pasa con las pelis de Marvel y DC: parece que solo se pueden amar incondicionalmente u odiarlas a muerte. ¿Sera esto también cosa de Ares?

Valoración: Siete sobre diez.

sábado, 31 de diciembre de 2016

CdS: LA HORA DECISIVA: la película perdida de Disney

En ocasiones hay películas que cuesta creer que no lleguen a ser estrenadas en nuestro país. Títulos como La hora decisiva son quizá la respuesta a la pregunta de por qué Disney se gastó lo que se gastó en hacerse con las productoras LucasFilm y Marvel, y es que parece que últimamente, dejando de lado sus productos de animación, no son capaces de acertar en sus apuestas más independientes, como demuestra el descalabro (e insisten en ello) de Piratas del Caribe, las sagas fallecidas antes de tiempo de El llanero Solitario o John Carter y el fracaso de la secuela de Alicia en elpaís de las maravillas.
En el caso que nos ocupa, sorprende que siendo un film Disney y con un reparto tan interesante hayamos tenido que esperar a su estreno en plataformas digitales para poder disfrutarla, más cuando las películas sobre héroes anónimos reales están tan de moda.
Ciertamente, la película, que cuenta la historia del mayor rescate jamás realizado por la Guardia Costera, no es gran cosa, y alguno de los grandes nombres que aparecen en ella apenas tienen ocasión de lucirse, pero tampoco hay nada que justifique un hipotético descalabro en taquilla y su marginación en el baúl de los recuerdos.
Sin duda el mayor defecto del film está en el poco ritmo que el director Craig Gillespie, recordado básicamente por el remake de Noche de miedo (aunque se dio a conocer de manera prometedora con Lars y una chica de verdad), sabe imponerle, no sé si por carencias presupuestarias o porque simplemente el proyecto le venía grande. Dejándose llevar demasiado por una historia de amor algo cansina (como si pretendiese hacer una especie de Pearl Harbor a lo heroico), las acciones en altamar no resultan tan espectaculares como cabría suponer y no hay un crescendo emocional que culmine en un clímax apoteósico, lo cual desmerece mucho la función. Y más cuando el retraso ha provocado que la viese después de otro título de características relativamente similares como Marea negra, contra la que pierde en todas sus comparaciones.
Chris Pine no lo hace del todo mal, aunque no termina de convencer, dando la sensación de que él mismo no se cree muy bien el personaje, y tampoco Casey Affleck cuenta con un guion suficientemente definido como para poder lucirse, mientras que Ben Foster Y Eric Bana tampoco consiguen aportar nada de su talento (como muestra, baste ver esta misma semana el estreno de Comanchería, donde Pine y Foster coinciden de nuevo y ahí sí que lo dan todo).
Aún con esas, la película es suficientemente interesante y entretenida como para merecer un visionado, aunque está claro que no pretende competir en la misma liga de otros héroes que han poblado este 2016 como el de Sully, Hasta el último hombre o la mencionada Marea Negra.

Valoración: Cinco sobre diez.

martes, 18 de octubre de 2016

Sitges 2016: HELL OR HIGH WATER

Hell or high water, que en España parece que se va a titular Comanchería, es la nueva película de David McKenzie, un director británico que no ha tenido demasiada suerte con sus proyectos hasta la fecha pero que el buen reparto de Hell or high water puede hacer que esto cambie.
Ambientada en la América más profunda y rural, la película nos muestra como una sociedad marcada por la crisis económica trata de subsistir aunque sea a base de puñetazos contra su propio destino. Es en este panorama donde dos hermanos a punto de perder el rancho familiar en manos de una entidad financiera deciden atracar bancos hasta reunir el dinero necesario para saldar la deuda.
No es que sea esta una película que hable directamente de la crisis ni que centre toda su atención en las manipulaciones de los bancos para acrecentar el problema, pues en el fondo no deja de ser una versión actual y fraternal de Bonnie and Clay con dos tipos atracando bancos y una pareja de rangers persiguiéndolos, pero sí es evidente que está ahí como telón de fondo, creándose una divertida paradoja al decidir los chicos atracar solo a las sucursales del propio banco que los va a embargar, de manera que si consiguen evitar que se ejecute la hipoteca lo harán con dinero del propio banco.
Hell or high water es una historia sencilla que funciona a la perfección gracias a la magnífica química que hay entre sus protagonistas. Siendo esto un drama social los diálogos son suficientemente ágiles y divertidos para invitar a disfrutar de la historia y poder empatizar con los cuatro personajes, que cada uno diferente a su manera, no deben clasificarse simplemente entre buenos y malos. No hay villanos en esta historia, sólo tipos que cometen errores.
Chris Pine y Ben Foster están magníficos como los hermanos Howard mientras que Jeff Bridges está en su habitual nivel de grandiosidad interpretando a un ranger a las puertas de la jubilación con una ácida ironía cuya relación con su compañero, medio indio medio mejicano, al que da vida Gil Birmingham resulta de lo mejor del film.
En resumen, una película con acción, violenta por momentos, con su toque reflexivo, sus medidas dosis de humor y un destino que desde el inicio se intuye que será amargo y desangelado. Porque, si no hay buenos ni malos, ¿pueden haber vencedores y vencidos?

Valoración: Siete sobre diez.

viernes, 26 de agosto de 2016

STAR TREK: MÁS ALLÁ. Echando de menos a J.J.

Corría el año 2009 y la saga Star Trek (televisiva y cinematográficamente hablando) parecía totalmente agotada y defenestrada hasta que llegó el nuevo rey Midas de Hollywood J.J.Abrams y se sacó de la chistera una mezcla entre remake/secuela/reboot que funcionó estupendamente y ofreció una segunda juventud para las aventuras del Enterprise y su tripulación por más que los trekkies más radicales echaran pestes de ella. 
Tras una secuela igual de exitosa se puso por medio Star Wars y Abrams se bajó de la silla de director (que no de productor) dejando su puesto a Justin Lin, director taiwanes que ya había demostrado su buen hacer en las mejores piezas de la saga Fast & Furious.
No es este el único cambio importante que hay tras los créditos de Star Trek: Más allá, ya que los guionistas de las dos primeras entregas (Alex Kurtzman y Roberto Orci), fieles colaboradores de Abrams, dejaron los papeles en manos de Simon Pegg y Doug Jung. También Carol Marcus, el personaje de Alice Eve en Star Trek: En la oscuridad, desaparece sin comentario alguno.
Por el resto, todo sigue como siempre, con la tripulación de la Enterprise bien definida y la personalidad del capitán James T. Kirk evolucionando de película en película. Atrás han quedado los días de las chiquilladas, y tras los hechos de En la oscuridad el personaje al que da vida Chris Pine es ya un mando responsable y formal que incluso parece cansado ya de las aventuras espaciales y se plantea sentar la cabeza definitivamente.
Con la entrada de Pegg en el equipo de guionistas se podría pensar que la cosa iba a ser mucho más humorística, pero el protagonista de Zombies Party parece saberse muy bien las inquietudes de los trekkies recuperando a la Enterprise del espíritu aventurero de la que quizá carecía en las dos películas anteriores y recordando que se trata de una nave de exploración y no bélica, por más que la guerra termine persiguiéndola a ella.
De hecho, es la muerte uno de los temas centrales de la película, o al menos de las motivaciones de sus dos protagonistas principales. El fallecimiento de Leonard Nimoy, el Spock original que estaba presente en esta saga como versión futura y alternativa del Spock de Zachary Quinto, es usado como recurso para que el Spock joven se replantee su lugar en el mundo (además de servir para rendirle tributo), mientras que el cumpleaños del capitán Kirk le recuerda que ha conseguido vivir más de lo que lo hizo su propio padre (no os preocupéis por ello, Abrams ha anunciado que este, interpretado por Chris Hemsworth, volverá en la siguiente entrega, ya veremos cómo). Además, y como elemento externo, hay que recordar que el actor Anton Yelchin, que daba vida a Chekov, falleció poco después de terminar el rodaje; a él también va dedicada la película.
Star Trek: Más allá tiene momentos de mucha oscuridad, pero también de pura aventura, explorando nuevas razas y mundos desconocidos e incluso añadiendo nuevos personajes a la ecuación, como la Jaylah a la que interpreta Sofia Boutella, toda una declaración de intenciones que pretende diversificar la acción pero que termina pesando demasiado en el ritmo narrativo. Hay mucha acción, persecuciones y peleas, pero Lin no es Abrams y la dirección no es tan firme como en las dos películas anteriores. No trabaja Lin con la misma limpieza (reflejos luminosos aparte)y hay momentos de confusa precipitación que ensombrece el espectáculo, parte que el exceso de maquillaje reste presencia a un actor como Idris Elba en el papel de villano, en clara contraposición a lo que sucedía con el Khan de Benedict Cumberbatch.
En resumen, que estamos ante un nuevo gran espectáculo visual, una delicia de película, divertida, emocionante y adrenalítica, algo loca en algunos momentos (el capitán Kirk haciendo motocrós en un planeta extraño), pero que no consigue despegar del todo en busca de esta nueva identidad que la diferencia del trabajo de Abrams, colocándola un pasito por debajo de las dos anteriores estregas. Incluso el gran Michael Giacchino parece algo más acomodado que en otras ocasiones.
Película a la que se le pueden poner objeciones, y bastantes, pero que sigue siendo un magnifico entretenimiento.

Valoración: siete de diez.

domingo, 25 de enero de 2015

INTO THE WOODS (6d10)

Después de Chicago y Nine, Rob Marshall parece querer especializarse definitivamente en la adaptación al cine de exitosos musicales de Broadway, y este Into de Woods, con música y letra de Stephen Sondheim es la última prueba de ellos.
Sin embargo, hay una notable diferencia entre sus dos trabajos anteriores y este y es que mientras que en aquellos los números musicales tenían un intencionado toque de teatralidad, perteneciendo las canciones a momentos imaginarios o de marcado toque surrealista, aquí deben integrarse perfectamente en la narración, huyendo de vistosas coreografías e iluminaciones escénicas diferentes a las del resto del film, y aquí es donde Marshall muestra sus mayores carencias como director, consiguiendo que el ritmo narrativo se resienta por culpa de la incorporación de canciones que lastran la historia y que están repartidas de manera desigual, de forma que en algunos momentos climáticos casi hasta desaparezcan de la ecuación.
Además, una vez más nos encontramos con un buen ejemplo de lo complejo que es a veces realizar una adaptación cinematográfica de algo creado para cualquier otro medio (ya sea la novela, el comic o, como en este caso, el teatro) ya que los tempos cinematográficos tienen unas normas propias que no pueden obviarse a la ligera. Así, mientras en Broadway funcionaba correctamente la división de la historia en dos partes bien diferenciadas, con un intermedio por en medio que facilita incluso el cambio de estilo entre ambas, en cine se hace extraño que haya un clímax a todas luces definitivo a mitad del film para, a continuación, presentarnos una segunda mitad del metraje con un estilo muy diferente a los visto hasta ahora.
Into the Woods es una amalgama de los principales cuentos clásicos infantiles, tales como Caperucita Roja, Cenicienta, Jack y las habichuelas mágicas y, en menor medida, Rapunzel, aunque toma prestados elementos de otras historias. Un frondoso bosque es el nexo de unión entre todos ellos, con una pareja de panaderos que para poder tener hijos reciben el encargo de una bruja de conseguirle varios objetos de gran valor para ella como excusa argumental.
Una vez más debo reseñar las diferencias entre cine y teatro, pues mientras allí están sujetos a la dictadura del decorado aquí pueden permitirse regodearse en todos los escenarios posibles. Por ello resulta extraña la imposición de tener que conocer de antemano las historias originales (por mucho que se dé por hecho que todo el mundo las conoce) ya que el guion de James Lapine (demasiado empeñado en mantenerse milimétricamente fiel a su propio libreto escénico) y que provoca que la mayoría de las aventuras de los protagonistas sucedan fuera de plano, resultando forzado ver por tres veces a Cenicienta huir del Castillo del príncipe cuando no nos muestran en ningún momento el interior de la fiesta, la historia de Rapunzel no solo es contada con una leve pincelada sino que además ni siquiera se resuelve satisfactoriamente y la gran amenaza de los gigantes que alcanzan el reino no lo es tanto cuando no se nos permite ver a Jack en el mundo que hay a lo alto de la planta de habichuelas. ¿Acaso algún directivo de la Disney imaginó este Into the Woods como una versión de cuento de Los Vengadores, siendo recomendable para digerirla mejor haber visto antes la versión animada de Rapunzel, el Jack, el caza gigantes de Bryan Singer, y la inminente La Cenicienta de Kenneth Brannagh (para Caperucita casi me da miedo tener que quedarme con la versión de Catherine Hardwicke, ya que la magnífica obra de Neil Jordan se aleja demasiado al clasicismo del resto)?
No es la dirección de Marshall tan excesivamente teatral como lo fue Tom Hooper con Los Miserables, aunque se le acerca bastante, y su arranque tan disperso no nos prepara para el cambio de estilo que se avecina, pasando de un edulcorado musical al más puro estilo Disney (aunque afortunadamente se mantiene la mala leche y el humor negro de alguna de las canciones) a una historia oscura y dramática que hace pensar que la película habría resultado mucho más interesante de haber apostado desde el principio por esa línea tan macarra y turbia que la hace crecer como película aunque se intuye que algo pueda haberse suavizado al estar tras ella la productora de las orejas.
Al final, el resultado termina entreteniendo, consiguiendo incluso momentos muy divertidos (me quedo con la canción en la que se analiza quién tiene la culpa de todo lo sucedido) y un reparto bastante lujoso donde (vaya usted a saber por qué) se ha resaltado a una multinominada para todo (como siempre) Meryl Streep que aun haciéndolo bien me parece casi una imitación gestual y de miradas al excentricismo de Johnny Deep, mientras que el publicitado Deep hace apenas un papelito de esos de “pasaba por ahí”.
Debo terminar recomendándola, pues sentí en el cine como iba de menos a más y una vez aceptada la división de dos almas diferentes en el argumento pasé un rato francamente agradable, pero hay demasiadas objeciones para poder aplaudirla como me gustaría, advirtiendo también que quien más desconcertado se pueda sentir en la sala es un público potencialmente infantil que se van a encontrar con una historia final con mucho drama, muertes, infidelidades, abandonos familiares, asesinatos y secretos no desvelados que en ningún momento buscan una moraleja educativa, sino un análisis supuestamente corrosivo y cruel (aunque se queda algo corto) de la sociedad.
Me temo que, al final, los árboles no nos permiten ver el bosque. No tan bien como deberíamos, al menos.

sábado, 3 de enero de 2015

COMO ACABAR SIN TU JEFE 2 (6d10)

Hace ya cuatro años Seth Gordon, directos básicamente dedicado a las comedias de televisión, consiguió un razonable taquillazo con la gamberra comedia Como acabar con tu jefe, en la que tres empleados machacados continuamente por sus respectivos jefes tramaban un descabellado plan para liquidarlos.
Pese a lo divertida que pudiera ser, la clave del éxito habría que buscarla, sobre todo, en su atractivo reparto y claro, en Hollywood el refrán popular que reza: cuando una cosa funciona, ¿para qué cambiarla? suele llevarse a rajatabla. Así, con el director como único cambio de cromos, se estrena la secuela de aquel simpático éxito que repite casting y esquema con eficacia.
De esta manera, nos volvemos a encontrar con Jason Bateman, Jason Sudeikis y Charlie Day repitiendo como el patoso trío de amigos que se ven abocados a la vía delictiva para solucionar sus problemas laborales. Y eso que esta vez parecían haber dado con la solución perfecta: ser sus propios jefes. Pero la cosa, por descontado, no podía salir bien, y cuando son estafados y quedan en la ruina sólo se les ocurre secuestrar al hijo del empresario que los ha hundido en la miseria para resarcirse. Las cosas, claro está, no saldrán según lo previsto y los disparates se van a suceder uno detrás de otro.
Pese a la premisa argumental que parte del pretexto completamente antagónico de la primera entrega (de ahí que en el título en español se sustituya la palabra “con” por “sin”), la fórmula se copia de forma tan milimétrica que repiten los mismos secundarios: Jennifer Alliston, Kevin Spacey y Jamie Foxx, sustituyendo a los difuntos (en la ficción) Donald Sutherland y Colin Farrell por Christoph Waltz y Chris Pine, que para que nadie note mucha diferencia también interpretan a un padre y un hijo.
La silla de dirección, en esta ocasión, la ocupa  Sean Anders, prolífico guionista de comedias en los últimos años pero de escasa repercusión hasta ahora como director. Da lo mismo. Igual podían haber dejado el puesto vacante. La película es de esas que se filman con el piloto automático puesto, en el que los actores se han hecho ya a los personajes y los desarrollan con una sana sensación de colegueo, contando con la simpatía de un público que tiene que ser fan de la primera película para que esta les funcione y dejando la necesidad de arriesgar para otra ocasión.
Si uno es poco exigente y acepta la premisa la película funciona bien, siendo en algunos momentos incluso más divertida que la primera. Y de eso se trata, de pasárselo bien sin buscar segundas lecturas, moralejas complejas ni diálogos excesivamente brillantes. Es, ni más ni menos, un culto a la estupidez. Y como tal, provoca las suficientes risas como para merecer su aprobado.
No es una genialidad. Ni lo pretende ni la mayoría de sus participantes aspiraría nunca a nada semejante, pero consigue una complicidad que hace que nos sintamos como uno más del grupo, dejándonos incluso con ganas de ver qué tontería se les ocurre para la tercera entrega.
A veces es sano ir al cine a reírse un rato sin más. Y esa es una de esas veces.

lunes, 3 de febrero de 2014

JACK RYAN: OPERACIÓN SOMBRA (6d10)

Nueva adaptación al cine del célebre personaje de Tom Clancy, aunque con una importante salvedad: se trata de un guion escrito directamente para la gran pantalla por David Koepp y Adam Cozad, sin partir de ninguna novela concreta. Así, no hay que encuadrar esta película dentro de una hipotética saga de Jack Ryan, como pueda suceder con James Bond o Ethan Hunt, y la prueba más clara es que la película arranca con un Ryan universitario contemplando con estupor los atentados del 11 de septiembre, lo cual impide cualquier alineación cronológica con las otras versiones del personajes (todas ellas, esa vez sí, basadas directamente en novelas de Clancy), las interpretadas por Alec Baldwin en La caza del Octubre Rojo (John McTiernan, 1990), Harrinson Ford (Juego de Patriotas, 1992, y  Peligro Inminente, 1994, ambas de Phillip Noyce) y Ben Affleck (primer intento de renovar la supuesta saga con Pánico Nuclear, de Phil Alden Robinson, en 2002).
En esta ocasión es Chris Pine (quien ya consiguiera hacer olvidar a William Shatner reinventando al Kirk de Star Trek) quien pone rostro y carisma al popular analista de la CIA que empleando más el ingenio y la lógica que la fuerza y las armas (eso tampoco significa que la película carezca de escenas trepidantes y de gran acción), diferenciándolo de otros agentes secretos más al uso. Aun así, los guionistas no evitan hacer un guiño a los seguidores más exigentes del personaje respetando elementos icónicos como su relación con Cathy (descubrimos ahora como se conocieron y sus primeros años de convivencia antes de decidirse a pasar por el altar), interpretada en esta ocasión por Keira Knightley , así como las razones que lo llevaron a convertirse en analista (agradézcanselo a su mentor Thomas Harper, un Kevin Costner recuperado para el cine después de que su Jonathan Kent fuese de lo mejorcito de El hombre de acero, muerte estúpida aparte) y por qué un simple burócrata está tan preparado para la acción (el Ryan original fue veterano de la II Guerra Mundial, este estuvo en Afganistan, ¿ve lo que les decía de la cronología?).
Una característica de la obra de Clancy es ser muy respetuosa con el tiempo que le ha tocado vivir, y las películas no son una excepción. Si las intrigas de la Guerra Fría o el temor al terrorismo fueron temas importantes en los títulos anteriores, es este caso la amenaza que puede acabar con el estilo de vida americano se puede traducir en una demoledora crisis económica (no podía ser de otra manera).
El tercer eslabón de la cadena que garantiza el éxito de este film (tras los nombres de Pine y Clancy) es el de Kenneth Branagh, otrora brillante director reconvertido ahora en artesano eficaz que lejos de sus análisis de personajes reflexivos como corresponde a un fiel shakesperiano (aunque algo se mantuvo en su anterior película, Thor, al menos en la parte centrada en Asgard) se centra más en desarrollar correctamente una historia que en manos de un director menos diestro podría resultar confusa, demostrando que aun estando lejos de la maestría de sus mejores obras (como añoro al autor de Los amigos de Peter, Mucho ruido y pocas nueces y –sí, voy a atreverme a definirla como obra maestra- Frankenstein de Mary Shelley) sigue filmando extraordinariamente bien, midiendo bien el ritmo, dando el tiempo correcto a los diálogos (y es de agradecer encontrar buenos diálogos en un film de acción) y teniendo tiempo incluso para regalarnos la pasividad inquietante de su rostro en la confección del villano de la historia.
Pese a estar estrenada en este mes tan repleto de festivales y premios, Jack Ryan: Operación Sombra no es, ni pretende serlo, una película de Oscars, sino un simple entretenimiento, elegantemente filmado, con aroma clásico y buenas interpretaciones que no aburre en ningún momento aunque tampoco se atreve a arriesgar en su apuesta, por lo que pocas sorpresas se pueden hallar en ella.

Intriga, persecuciones, americanos heroicos y rusos malos. Y la sonrisa de chico travieso de Chris Pine. No pidan más y no serán decepcionados.

domingo, 7 de julio de 2013

STAR TREK, EN LA OSCURIDAD (9d10)

En 2006 un prometedor cineasta de 40 años que despuntaba como guionista (A propósito de Henry, Eternamente jovenArmageddon) y creador televisivo (Felicity, Alias), posiblemente gracias al éxito que estaba siendo su último proyecto, la serie Perdidos (Lost, que supondría un hito en la historia y cambió la manera de hacer televisión), debutó como director de cine con Misión Imposible 3, posiblemente el único traspiés en su todavía corta trayectoria. 
Para tratar de resarcirse prometió a la productora un gran éxito por cuatro duros y produjo (dejando los mandos de la dirección a su amigo Matt Reeves), con una espectacular campaña publicitaria viral sin precedentes, Monstruoso, que superó las expectativas más optimistas y le permitieron tomar las riendas de la renovación de una saga si no muerta, por lo menos agónica: Star Trek. Cuatro años después, tras emocionar con Super 8, recuperar el brillo perdido con la producción de Misión Imposible: protocolo fantasma y rizar el rizo en materia televisiva con Fringe (a lo que habría que añadir la confirmación de que se sentará en la silla de director de la nueva Star Wars), J.J.Abrams regresa al mundo de Star Trek de la mano de sus fieles compañeros de juerga y guionistas habituales: Roberto Orci, Alex Kurtzman y Damon Lindelof.
Cuando se planteó resucitar Star Trek hubo mucho debate sobre si hacer una nueva secuela, un remake o un reboot, pero Abrams, más listo que ninguno, consiguió zanjar el asunto haciendo las tres cosas a la vez, consiguiendo empezar de nuevo con los personajes clásicos pero más jóvenes y con nuevos rostros, aunque manteniendo la continuidad con las diez películas anteriores, usando algunos de sus recursos favoritos (que ya había practicado en sus series) como los viajes en el tiempo y la creación de líneas temporales alternativas, es decir, este Star Trek se desarrolla en un nuevo universo paralelo al ya conocido, y cono nexo de unión la presencia de un veterano Spock, con el insustituible rostro de Leonard Nimoy. El resultado fue una película magnífica, para muchos la mejor de la saga, con una sabia combinación de acción, espectacularidad y fantasía,  cuidando a los personajes y con medidas dosis de humor. Dicen los fans más radicales, los trekkies, que está más cerca del espíritu de Star Wars que del de Star Trek,  a lo que yo añado: ¿y eso es malo?
El caso es que por segunda (o doceava) vez aterriza en nuestras salas la nave Enterprise, repitiendo el elenco original completo con dos incorporaciones: Peter Weller (inolvidable Robocop) y Alice Eve (vista recientemente en Men in Black 3). Tras ver en la anterior película como Jim Kirk aprendía a asumir sus responsabilidades, en esta ocasión tendrá que dar un paso adelante y demostrar que es algo más que un temerario irresponsable y estar a la altura del cargo de capitán de la USS Enterprise, mientras que Spock descubrirá el valor de la amistad y de esos sentimientos humanos que su mitad vulcana se empeña en ocultar. Pero esto no es un drama sentimental, ni mucho menos. Star Trek,  en la oscuridad contiene mucha más acción, épica y espectacularidad que sus predecesoras, siendo una delicia visual, un torbellino de adrenalina que se disfruta del primer al último minuto y repleta de guiños que seguro los fans más clásicos sabrán reconocer y disfrutar (por fin vemos a los klingons, sin duda la gran amenaza que llegará para cerrar la trilogía de Abrams). Los actores protagonistas, por su parte, se sienten cómodos en sus personajes, totalmente identificados con ellos y haciéndonos olvidar a los William Shatner, Leonard Nimoy y compañía de las primeras películas. Para las nuevas generaciones la tripulación del Enterprise es y será la formada por Chris Pine (Kirk), Zachary Quinto (Spock), Zoe Saldana (Uthura), Karl Urban (Bones), Simon Pegg (Scotty), John Cho (Sulu) y Anton Yelchin (Chekov).
Todo en este film ronda la perfección, empezando por una historia que atrapa, una acción que apabulla y una dirección impecable, aunque la guinda que corona el pastel es la sublime banda sonora de Michael Giacchino, compositor fijo de Abrams que crece con cada nuevo proyecto.
Hay algo en esta película que demuestra la implicación de todos los componentes del equipo, el cariño con el que se ha trabajado, la pasión y la energía que hay puesta en cada escena y que termina atrapando y emocionando al espectador (aprended lo que es una película con alma, Nolan, Snyder, Zimmer y compañía).
De todas formas,  todo esto podría valer también para la anterior Star Trek, así que... ¿qué tiene esta de especial para ser mejor que la anterior (y para, de hecho, ser la puntuación más alta que he otorgado en esta web)? Su villano, no hay duda. Sin querer menospreciar al Nero de Eric Bana, le faltaba algo para ser esa gran amenaza que nos acongojara a todos (por más que destruya Vulcano y estuviera a punto de hacer lo mismo con la Tierra), pero la presencia enigmática y sobrecogedora de Benedict Cumberbath (el mejor Sherlock Holmes que ha habido nunca) como Khan es sencillamente impresionante. No he sido nunca un gran seguidor de esta saga (de hecho creo que he visto todas las películas del reparto original, pero que me aspen si las recuerdo), así que no entraré a valorar las posibles comparaciones entre este Khan y el que interpretara Ricardo Montalbán, pero la historia que rodea a esta versión del personaje convence como para otorgarle el papel de malvado del film (aunque no el único) mientras que Cumberbath llena la pantalla con su mirada penetrante y su aspecto amenazador.
Quizá sí que Abrams tenga más corazón de Jedi que de trekkie, y muchos momentos de la película pueden recordar a la saga de Lucas (el planeta primitivo, sin ir más lejos), pero eso, por mucho que ofenda a un puñado de frikkis obsesivos, es algo positivo. Por un lado, ha conseguido resucitar una saga agotada y caída en el olvido (todos esperamos ahora con impaciencia esa anunciada guerra entre la Alianza y los klingons) y por otro ha colmado de esperanzas y entusiasmo desbordado el inminente inicio de la nueva trilogía de Star Wars, tras los decepcionantes episodios uno a tres.
Así que... ¿Qué hacéis leyendo esto en lugar de ir corriendo a verla?

Que la fuerza os acompañe... Err... Esto... Perdón... Quería decir: Larga vida y prosperidad.