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domingo, 19 de noviembre de 2017

LIGA DE LA JUSTICIA: DC otra vez a paso cambiado

Antes de acudir a ver Liga de la Justicia tenía miedo de que al enfrentarme a su valoración cayese en el error de sufrir de cierto ventajismo al tratar de comparar (de manera inconsciente) el trabajo de Zack Snyder y el de Joss Whedon (que no aparece acreditado como director). Ciertamente, sus tics a la hora de dirigir son casi opuestos, evidenciado el primer gran error de Warner al optar por la solución de emergencia de Whedon para suplir la ausencia forzada de Snyder con la película casi terminada, pero esto no llega a repercutir en el resultado final del film, ni en un aspecto positivo ni negativo, ya que la irregularidad del mismo conviene atribuírsela a ambos por igual.
No quiero parecer un hater y empezar a dar palos desde el primer párrafo a una película que, como espectáculo de entretenimiento, funciona correctamente, pero si de lo que se trataba era de culminar el paso en la buena dirección que se suponía había dado el DCEU con Wonder Woman habría que considerarla un completo fracaso.
El gran pecado de Liga de la Justicia es que demuestra desde el arranque de su producción que está concebida sobre una capa de miedo ante los discretos resultados de sus dos primeras películas y los varapalos críticos recibidos. No es que la taquilla fuese desastrosa, ni mucho menos, pero ochocientos millones en una película que juntaba a los dos buques insignias de la compañía me resulta del todo insuficiente. Y ya veremos que pasa con esta Liga de la Justicia que, según estimaciones, necesita rozar los mil millones para no ser un fracaso comercial y cuyo arranque en Estados Unidos ha estado por debajo de, por ejemplo, Thor Ragnarok.
Decía que el gran problema de Liga de la Justicia es el miedo. Miedo a volver a patinar, a que Marvel vuelva a pasarle la mano por la cara (Wonder Woman parecía la panacea del éxito, pero a nivel mundial ha terminado siendo superada por Spiderman Homecoming y Guardianes de la Galaxia Vol. 2 y aún está por ver si Thor Ragnarok se la terminará por merendar también) y a decepcionar una vez más a muchos fans. Y para tratar de evitarlo, en Warner han hecho lo peor que podían hacer: traicionarse a sí mismos y tratar de copiar, demasiado a la desesperada, a las producciones Marvel que antes tanto criticaban, escena postcréditos de chiste incluida. Cierto es que soy el primero que ha criticado en múltiples ocasiones el exceso de transcendentalismo y amargura de personajes como Superman, pero transformarlo de golpe y renunciar a su pasado cinematográfico es tan doloroso como ver a Batman (este sí es un ser oscuro y amargado) soltando gracietas. Me irrita por momentos el descontrol bufonesco de Flash o la apariencia de chuloplaya de Aquaman, pero al menos estos eran lienzos en blanco a los que dibujarlos como les diese la gana.
Lo que más define a Liga de la Justicia es su simpleza. Es una película de acción de manual, que funciona porque hay gente con talento a los mandos, pero que no consigue emocionar en ningún momento. Nadie (excepto esos fans radicales a los que les cuesta tanto ser objetivos) puede decir que sea una mala película, pero tampoco nadie (excepto esos fans radicales del extremo opuesto) puede decir tampoco que sea una gran película. El hombre de Acero y Batman V. Superman: el amanecer de la Justicia tenía una gran colección de errores casi imperdonables, pero también momentos de absoluta maestría. Lo que más decepcionaba de ellas era que fracasaban a la vez que dejaban entrever lo maravillosas que hubieran podido llegar a ser solo con haber cuidado bastante más el apartado de guion, aunque dejan momentos realmente memorables, como el rescate de marta Kent por parte de Batman, pero esto no es algo que se repita en Liga de la Justicia. Quitando un prólogo musical que pretende demostrarnos que Superman era algo (un símbolo de luz y esperanza) que no se percibía en esas películas, nada más en las dos horas de metraje demuestran nada de personalidad. Liga de la Justicia es una película sin identidad, una colección de escenas de acción (solo algún momento con las Amazonas tiene algo de auténtica espectacularidad) empapada de chistes sin demasiada gracia y con unos retoques digitales (los famosos reshoots) verdaderamente horribles. Una vez más, los numerosos problemas de producciçon quedan relejados en pantalla, y los (de nuevo) rumores de que Ben Affleck no va a seguir ligado a la franquicia tampoco van a ayudar a la campaña de promoción.
Como siempre, es injusto comparar dos películas para valorar mejor o peor una, pero nadie duda que Liga de la Justicia supone la equivalencia de DC a Los Vengadores de Marvel, y en Warner han sido los primeros que han querido compararlas con ese cambio de rumbo hacia el humor que le habría ido muy bien a Escuadrón Suicida (que oportunidad perdida de hacer una gamberrada a la altura de Deadpool) y que ya era una verdadera declaración de intenciones en Wonder Woman.
La historia es lo de menos: un villano superpoderoso que pretende destruir el mundo porque él lo vale y el grupito que se debe unir para hacer frente a la amenaza. Podría parecer que cada uno tiene su momento de gloria, su minutito de protagonismo que tan bien logro medir Whedon en Los Vengadores (solo Ojo de Halcón quedaba algo desdibujado, cosa que trató de compensar en La era de Ultron), pero si nos atenemos a su condición de superhéroes, la cosa se queda demasiado coja. Porque al final, de la Liga de la Justicia que nos presentaban en los trailers, solo Wonder Woman está a la altura, aunque abusa demasiado de repetir posturitas y mostrar esa mirada y esa medio sonrisa que tan bien luce Gal Gadot (comentario aparte merecería la manera de encuadrarla de Snyder en comparación a la de Jenkins, mucho más generoso en carnes en esta ocasión). Como sucediera en el enfrentamiento climático contra Doomsday en Batman V Superman, el murciélago, verdadero motor de la historia, se ve en toda la película claramente superado, limitándose a pegar saltitos y hacer poses chulas. Parece un Batman borracho, dicen por ahí. Casi los recién llegados, de los que esperaba poco o nada, son los que más destacan, aunque tampoco mucho. La acción está siempre alejada del mar, con lo que la presencia de Aquaman es algo ridícula y nadie parece tener todavía muy claro de que van los poderes de Cyborg, aunque al menos tiene su papel importante en determinado momento. Flash, como ya he comentado, es el recurso cómico, y él mismo se define señalando que “lo único que hace es correr mucho y empujar a la gente”. Además, es ya el tercer velocista que vemos en el cine de superhéroes y no solo no está ni de lejos a la altura de las dos espectaculares escenas de Mercurio ideadas por Bryan Singer en X-Men: Días del Futuro Pasado y X-Men: Apocalipsis, sino que también se queda corto al lado del Pietro de Los Vengadores: La era de Ultron. Su principal handycap es que para lucir su gran velocidad es necesario que todo lo demás se ralentice, y con el abuso de la cámara lenta que tanto le gusta a Snyder en sus escenas de acción eso ya no queda para nada espectacular.
Y de nuevo, la gran lacra de las películas de superhéroes (y de acción en general) contemporáneas: el villano. Este Steppenwolf es un villano al uso, un superser rodeado de masillas que bien podría haber escapado de Asgard y que no aporta nada que no mostrara ya el propio Ares de Wonder Woman o el tal Incubus de Escuadrón Suicida. Un villano sin carisma que parece muy poderoso en unas ocasiones y termina siendo vencido con relativa facilidad. Además, para completar la cuadratura del círculo, su gran arma se basa en un cubo de poder que, si bien es cierto que en los cómics está presente desde los años setenta, en cine recuerda demasiado al Teseractor marvelita.
¿Donde está lo mejor de la película? Pues sin duda en el regreso de un personaje que nunca debió irse (tampoco es que estuviera mucho fuera) pero, por más que todo el mundo sepa de quién hablo y de por hecho su participación nen esta película, el momento de dicho retorno ha sido objeto de apuestas entre los aficionados, por lo que dejaré de lado comentar su participación en el film por aquello de evitar spoilers.
En el apartado musical, Danny Elfman está correcto, pero muy alejado de sus mejores tiempos. De hecho, la inclusión del tema que él mismo creara para el Batman de Tim Burton así como cierta conversación entre Alfred y Wayne sobre pingüinos explosivos hacen que nos preguntemos si, descartado el Batman interpretado por Christian Bale, el de Michael Keaton podría estar en continuidad con el actual. Lo más probable, conociendo la planificación de Warner, es que no, que ni siquiera podamos estar seguros de que la cercana película de The Batman de Matt Reeves esté en continuidad. A estas alturas, ni ellos mismos lo deben saber.
En fin, que para avanzar en su Universo propio, en DC reniegan de buena parte del trabajo hecho hasta la fecha y tratan de imitar a Marvel con la esperanza de aunar críticas y taquilla, pero aun consiguiendo una de las películas más divertidas de su franquicia, lo hace copiando más defectos que aciertos de la Casa de las Ideas. Como sucediese con Batman V. Superman, la que debería ser (por importancia de personajes) el gran evento de DC termina muy deslucido, siendo incluso inferior a esa Wonder Woman que, sin ser tan brillante como se podría suponer, al menos tenía algunas ideas frescas que daban pie a la esperanza.
Lo peor, me temo, es que viendo esta película no me ha entrado ninguna gana de ver las aventuras en solitario de Aquaman ni Flash, me deja muchas dudas sobre ese The Batman y quien sale más reforzado (Wonder Woman aparte) es ese Superman cuya secuela de El hombre de acero sigue sin estar en las agendas.
Valoración: Seis sobre diez.

lunes, 26 de junio de 2017

WONDER WOMAN o como echar por tierra un trabajo bien hecho.

Se estrena con algo de retraso en nuestro país Wonder Woman, después de que nos haya llegado un aluvión de críticas maravillosas y que haya arrasado en taquilla. 
Decían de ella que era la mejor película del universo DC y eso estaba provocando un hype desproporcionado que empezaba a olerme a chamusquina. Cierto es que la heroína interpretada por Gal Gadot ya fue lo que más me gustó de Batman V. Superman: el amanecer de la justicia, pero tras los primeros trailers (de esta Wonder Woman y de La liga de la Justicia) me daba la impresión de que todo lo que tenían que decir sobre ella en Warner era repetir un par de posturitas y punto.
Una vez vista, lo mismo que nunca entendí las críticas atroces a las mediocres (pero no horribles) Batman V. Superman y Escuadrón Suicida, tampoco entiendo las alabanzas que ha recibido esta. Sí, es la mejor película del Universo CD, pero no es que el listón estuviera muy alto. Y sí es verdad que el trabajo de Patty Jenkins tras las cámaras es muy notable no todo son virtudes , ni mucho menos.
Si la analizamos como simple entretenimiento, la película funciona bastante bien, alejada de esas cargas de profundidad aparentemente trascendental de las películas de Nolan y Snyder. La trama tiene una ligereza que combina muy bien con puntos de humor y hay un colorido y una luz en su fotografía (sobre todo en la parte que acontece en Themyscira) que le sienta fenomenal. Ese extenso prólogo en Isla paraíso permite conectar muy bien con los personajes (por arquetípicas que sean las Amazonas que rodean a Diana) y la aparición de Steve Trevor ayuda a avanzar la historia sin que se aprecie ningún escollo en el cambio de ritmo, gracias en parte a la magnífica química que comparten Gal Gadot y Chris Pine.
En el segundo acto la película se vuelve algo más oscura, como corresponde al retrato realista que pretende dar de una guerra (La Primera Guerra Mundial) y una sociedad, permitiéndose algún detalle feminista que se agradece al mantener la identidad original del personaje, pero sin llegar a saturar. Es aquí donde se encuentran algunas de las mejores escenas de acción, demostrando que la elección de Jenkins ha sido un acierto (ya tuvo un brillante debut con Monster, aunque faltaba ver si un blockbuster como este le iba a venir grande). Hay enormes coreografías donde se desata todo el poder de Diana (algunas ligeramente confusas, pero igualmente disfrutables) y el uso de la cámara lenta le da cierta coherencia visual con el resto de películas del CDEU, sabiéndolas manejas mejor incluso que Zack Snyder, por más que esa fuese precisamente su marca de fábrica. Es de agradecer, además, que excepto un prólogo y un epílogo escasamente breve, toda la acción transcurra en la época de la Gran Guerra, signo de valentía, aunque no se puede evitar rememorar constantemente la película de El Capitán América: El primer Vengador, de la que tiene claras referencias. Además, excepto en esos mencionados minutos iniciales y finales en los que se nombra a Bruce Wayne, nada en la película parece indicar que pertenezca a ese universo compartido, lo que le permite tener hasta el momento su propia independencia e identidad.
¿Cuál es el problema de Wonder Woman, entonces? Pues precisamente que al final, pese a todo, se trata de una película de Warner/DC. Si esto tratara sobre una diosa griega tratando de comprender a los humanos y sus conflictos, la película sería maravillosa, pero la realidad es que esto de lo que va es de superhéroes. Y ese es el gran lastre de Wonder Woman. Si ya en esos dos bloques mencionados las breves apariciones de los villanos de turno (interpretados -es un decir- por Danny Huston y Elena Anaya) ya molestan, cuando se llega al acto final el despropósito es completo. Es en esa conclusión cuando todo el buen trabajo se tira por la borda con una batalla final que, de nuevo, resulta cargante, excesiva y ridícula. La resolución de los villanos es sumamente torpe y la escena más dramática (y supuestamente emotiva) del film resulta una copia descarada de cierta película (y comic) de la competencia (que no voy a nombrar por no rozar el spoiler, pero en cuanto al veáis sabréis a lo que me refiero).
Al final, Wonder Woman te deja con un sabor agridulce, como una oportunidad perdida para remontar el rumbo de DC. Que la mejor película de su saga sea la más parecida a un film Marvel, y que aun así no esté a la altura de la mayoría de ellos (porque no nos engañemos, comparar a Wonder Woman con, por ejemplo, Ant Man, sería hacer trampa), dice muy poco de este irregular CDEU.
Al menos, hay que reconocerle a Gal Gadot que, pese a las dudas iniciales, ha sabido hacerse con el personaje. A diferencia de su trabajo en Fast&Furious, aquí logra ser algo más que una cara bonita y refleja a la perfección esa mezcla entre ingenuidad, inocencia y poder absoluto que se le supone al personaje. También Pine está a muy buen nivel, aunque acostumbrado a películas de gran presupuesto tras encarnar por tres veces (hasta ahora) a James T. Kirk en Star Trek, tampoco es que sea ninguna sorpresa. Y no tengo queja de Robin Wright o Connie Nielsen, aunque sí me parece que David Thewlis está muy sobreactuado y Danny Huston y Elena Anaya (actores que generalmente me gustan mucho) simplemente ni están ni se les espera.
En fin, que sí, que esta Wonder Woman está a la altura de su personaje, que el traje mola y a Gal Gadot le sienta de maravilla, que las veces que se escuchan las notas de Junkie XL versionadas por Rupert Gregson-Williams emociona, y que a la postre uno se lo llega a pasar bien. No estupendamente bien, pero sí bien. Pero, al final, no es para tanto, estando incluso a punto de decepcionar ante tan magnas expectativas.
Pero ya se sabe lo que pasa con las pelis de Marvel y DC: parece que solo se pueden amar incondicionalmente u odiarlas a muerte. ¿Sera esto también cosa de Ares?

Valoración: Siete sobre diez.

jueves, 15 de diciembre de 2016

LAS APARIENCIAS ENGAÑAN, lo justo para distraer.

En el título de Las apariencias engañan (frase hecha que no traduce para nada el original Keeping Up with the Joneses) se encuentra posiblemente la mayor mentira de la película. No, en este caso las apariencias no engañan para nada. La última película de Greg Mottola (que ha vivido tiempos mejores gracias a Supersalidos, Adventureland y Paul) ofrece exactamente lo que con su cartel y su propuesta argumental aparenta: una comedia simpática pero simplona que entretiene durante sus 105 minutos de duración pero que invita al olvido casi al momento. Incluso el giro argumental al que parece aludir el título se desvela en el propio poster de la película.
Quizá lo único verdaderamente decepcionante sea el desperdicio al que se somete a su interesante cuarteto protagonista, encabezado por un Zach Galifianakis irreconocible tras su notable adelgazamiento (y bastante menos gracioso de lo habitual quizá precisamente debido a ello), siguiendo con unas Isla Ficher y Gal Gador que pretenden rivalizar en belleza (cada una con su estilo: contundentes redondeces contra elegante delgadez) y un John Hamm que sigue buscando su lugar tras la conclusión de la serie Mad Men.
La premisa no puede ser más sencilla: un matrimonio aburridos de su vida en común, con sus hijos y su rutina, descubren que sus nuevos vecinos, una glamurosa y atractiva pareja, son en realidad una especie de súper espías, aunque en qué bando de la ley es algo que está por ver. Así, a bote pronto, es como mezclar a los soseras de Malditos Vecinos con El Sr. y la Sra. Smith.
Se supone que algo de mensaje se puede encontrar en la propuesta, como la frialdad de los barrios elegantes y exclusivos, la doble moral americana, la necesidad de echarle algo de sal al matrimonio o la aparición de la amistad en las situaciones más insospechadas, pero no nos engañemos. Esto va de echarse unas risas y poco más.
Al menos no aspira a ser una cachondada que se desinfla a las primeras de cambio, como Fiesta de empresa. Esta es mucho más humilde en sus intenciones y se limita a subirse al carro de las comedias de acción con espías que tanto has destacado en los últimos dos años, desde la magnífica Kingsman hasta la horrenda Agente contrainteligente pasando por Espías, Un espía y medio o la patria Anacleto,agente secreto.
Desde luego, tanto su base argumental como sus actores daban para mucho más de lo ofrecido, pero estamos en una época en la que no hay que pedirle peras al olmo de la comedia americana y hay que saber conformarse con productos de consumo rápido que no invitan más que a provocar la sonrisa y evadirse durante algo más de hora y media.

Valoración: Cinco sobre diez.

domingo, 4 de septiembre de 2016

CRIMINAL: entretenimiento puro y duro.

Ya he ha hablado mucho de la falta de originalidad que hay en el Hollywood actual. En algunos casos, como el que nos ocupa hoy, la cosa es mucho más curiosa, pues Criminal no solo tiene el mismo planteamiento que una película muy reciente como Eternal sino que es capaz de traerse aquí incluso a su actor protagonista para repetir la jugada aunque cambiando de bando.
En ambos casos el punto de partida es una tecnología capaz de traspasar los recuerdos del cerebro de un fallecido a los de un cuerpo nuevo aunque claro, la cosa no es tan sencilla y el receptor sufrirá la confrontación de sus dos identidades, luchando por sobrevivir una a la otra. Si en Eternal Ryan Reynols era el joven en cuyo cuerpo re iba a reubicar la conciencia de Ben Kingsley aquí es el marido de Blake Lively quien fallece y sus recuerdos deben trasplantarse a la mente del asesino y sociópata que interpreta Kevin Costner, que en los últimos años parece empeñado a recuperar todo el prestigio perdido.
Afortunadamente, en manos de Douglas Cook y David Weisberg, autores del guion de La Roca (posiblemente la mejor película hasta la fecha de Michael Bay), la película desemboca en un frenesí de acción y emociones que permite que lo absurdo de su planteamiento se diluya en más de dos horas de puro entretenimiento.
Con un reparto de auténtico lujo (acompañan a Costner y Reynols  Gary Oldman, Tommy Lee Jones, Jordi Mollà y Gal Gadot, aunque también aparecen en papeles menores Alice Eve, Michael Pitt, Antje Traue y los televisivos Amaury Nolasco y Colin Salmon), la película es un thriller de acción dirigido con eficacia por el israelí Ariel Vromen que con un estilo que recuerda a las producciones de Luc Besson consigue imponer un ritmo trepidante a la acción que disimula las absurdeces de un guion algo loco e irregular.
Pese a todo, quizá sea Costner el único que verdaderamente destaca interpretativamente, dando lo mejor de sí mismo consciente de que cada fracaso en taquilla es una oportunidad perdida para él. También es su personaje el que mejor evoluciona a lo largo del film lo que le permite mayor variedad de registros, cosa que el actor sabe agradecer sosteniendo por si solo la película.
Todo es muy enrevesado, muy cogido por los pelos, pero estamos ante una de esas películas que es conveniente no analizar mucho y dejarse llevar por su ritmo y sus persecuciones, tiroteos y sus momentitos de emotividad, que también los tiene. Y todo ello con una cámara muy limpia y luminosa. Es decir, todo de lo que carece una película a priori mucho más seria e interesante como se suponía que era la simplona Jason Bourne.
Criminal no inventa nada nuevo, ni tampoco lo pretende. Ni siquiera prueba a sacar partido a las decisiones médicas moralmente discutibles en las que se basa. Es un producto de lucimiento para la acción y poco más. Y con ello debería bastar.

Valoración: siete sobre diez.

domingo, 8 de mayo de 2016

TRIPLE 9: Cine policíaco sin alma.

Un gran reparto y un director reconocible no siempre son sinónimo de éxito, y en Triple 9 tenemos la mejor demostración.
Hace poco comentaba que películas españolas como Cien años de perdón, aún lejos  de no ser perfecta, no tenía nada que envidiar a los thrillers americanos más convencionales, y aquí tenemos un buen ejemplo de ello: una película de muchas pretensiones pero que no consigue atrapar al espectador en ningún momento. Y no es porque sea aburrida, que tampoco es eso, sino que no se consigue hacer un trabajo de desarrollo de personajes suficientemente interesante como para poder empatizar con ninguno de ellos, ya sea a un bando o al otro de la ley, y la mayoría o te caen mal o te producen indiferencia. Y eso es una de las peores cosas que le puede suceder a una peli de estas características.
Dirigida por John Hillcoat, autor de La Carretera o Sin ley, por ejemplo, la película está protagonizada por Cassey Affleck, Anthony Mackie y Chiwetel Ejiofor como personajes más destacados, pero también pasan por ahí Woody Harrelson, Aaron Paul, Clifton Collins Jr., Norman Reedus o Kate Winslet como la mala malísima, cerrando el casting de forma totalemnte desaprovechadas Gal Gadot y Teresa Palmer con sendos papeles floreros.
La cosa va de un grupito de delincuentes empleados por la mafia judía rusa, compuesto en parte por agentes de policía corruptos, que para realizar un atraco casi imposible deciden recurrir al asesinato de un policía (código 999 que da título al film) y así concentrar toda la fuerza de la ley al otro lado de la ciudad. Como no podía ser de otra manera, el “elegido” será un chico nuevo en la comisaría, casualmente el nuevo compañero de uno de ellos, casualmente un tipo decente y buen padre de familia, y casualmente también que salvará la vida de su compañero corrupto poco antes del día del golpe. Como se puede apreciar, todo muy previsible.
No hay nada original en esta peli, nada que no se adivine antes de que suceda. Y es imperdonable que un guion resulte tan previsible precisamente cuando se nota que sus intenciones son precisamente las de sorprender al espectador.
Al final, hay que conformarse con dejarse llevar por la historia y pasar un rato distraído con algo que sin ser malo, tampoco pasa de ser un capítulo alargado de cualquier procedimental televisivo. Lástima.

Valoración: Cinco sobre diez.

jueves, 24 de marzo de 2016

BATMAN V. SUPERMAN: justicia excesiva.

Aunque soy un reconocido Marvel Zombie y no voy a renegar ahora de ello, siempre trato de enfrentarme a una película con la mente lo más abierta posible y dejando en casa cualquier atisbo de prejuicio que pueda tener. 
Y aunque bien es cierto que he dicho muchas veces lo poco que me apetecía este Batman v. Superman: el amanecer de la Justicia (para compensar, confesaré que la de Suicide Squad, también de DC, me apetece mucho) no es menos cierto que a medida que se iba acercando el día del estreno me empezaba a emocionar con el mismo. Al fin y al cabo, es una peli más de superhéroes, Y me encantan los superhéroes.
Así pues, animado ante lo que prometía ser un buen espectáculo, me he entregado a la sinfonía de Zimmer (nada que ver con la gloriosa fanfarria de Williams) esperanzado con superar el nivel de El hombre de Acero.
Dentro de esta guerra entre Marvel y DC en el que unos (y los seguidores de unos) parecen denostar todo lo que hace el otro, resulta curioso cómo, tras las críticas sufridas por “la distinguida competencia” por el abuso destructivo del final de El hombre de acero, donde parecía que no moría nadie ni se preocupaban siquiera por los habitantes de la ciudad, Batman v. Superman comienza precisamente corrigiendo ese error, arrancando precisamente con la batalla final de El hombre de acero y dándonos el punto de vita del conflicto “a pie de calle”, consiguiendo las mejores escenas del film, donde el dolor y el miedo casi se puede oler personalizado, sobre todo, en la figura de Bruce Wayne, un Bruce Wayne –por cierto- del que vamos a volver a ver por enésima vez la muerte de sus padres y que andaba por ahí no está muy claro por qué.
Esa experiencia en primera persona de la destrucción de Metropolis es la que motiva su temor/odio hacia Superman, una sensación que parece extenderse entre la clase política que pone en tela de juicio la conveniencia o peligrosidad de tener a un alienígena del poder destructivo de Superman paseando por ahí. Y con este arranque (y tranquilos, que no voy a revelar más del argumento, aunque quien conozca los dos comics principales en los que se han basado para esta película no debe preocuparse mucho por los spoilers, sucede todo lo que se sabe que va a suceder) uno ya puede hacerse una idea de por dónde van a ir los tiros: acción muy espectacular y un guion muy confuso.
Y efectivamente, la mejor baza de este Batman v. Superman son sus escenas de lucha, por más que Zack Snyder no esté especialmente brillante en algunos momentos y abuse de un montaje precipitado con demasiados primeros planos que tiende a la confusión (con lo bien que lo hacía en 300 y Watchmen…). Sin embargo, toda la carga emocional que se le pretende dar con el conflicto de intereses entre los dos héroes se pierde en la nula profundidad de unos personajes de los que sabemos más por lo que se les supone (y es que al fin y al cabo los conocemos por otras películas y comics) que por lo que nos cuentan. Y eso teniendo en cuenta que este Batman (que a la postre es el que lleva el peso del film) no es el mismo de Nolan, aunque bien podría serlo (y esa decisión es algo que nunca entenderé).
El nivel interpretativo es bueno, sobre todo por la parte del murciélago, con un Ben Affleck convincente y un Jeremy Irons que, si bien no supera al Alfred de Michael Caine, sí es de lo mejor de la película. En el lado del kriptoniano, Henry Cavill cumple con su rol, pero sigue demasiado encorsetado con un guion empeñado en oscurecer a Superman y volverlo un amargado (eso funciona bien con el taciturno Batman, como bien sabe Nolan, pero no con él), pareciendo peor actor de lo que es (ya comenté en su momento que en Operación U.N.C.L.E. demuestra un gran carisma y magnetismo del que carece su Superman), mientras que Jesse Eisenberg hace lo que le pide su director con brillantez, pero componiendo un Lex Luthor que nada tiene de Lex Luthor, siendo más bien una copia barata del Jocker y su locura.
Eso sí, cuando entra en escena Gal Gadot la película nota un toque de aire fresco, hasta el punto que las escenas que mejor funcionan son las que carecen de tipos disfrazados.
Sin llegar a merecer la calificación R que han prometido para la edición en DVD, Batman v. Superman es violenta y, de nuevo, destructiva, con los dos héroes dándose de tortas a lo bestia en cada encuentro hasta llegar al último giro de guion, donde la aparición de un nuevo villano estropea totalmente la película. De nuevo se cae en los errores de El hombre de acero, demostrando que el prólogo no es una muestra de que han aprendido la lección, y la destrucción sin sentido coge protagonismo, con un derroche de CGI en ocasiones no demasiado convincente y un exceso de explosiones y llamaradas que ya hace rato que han dejado de sorprender.
Recuerdo la sensación con la que salí de ver El hombre de acero y algo similar me sucede con esta. Es muy disfrutable durante su visionado, aceptando todas las paranoias (esos sueños evocadores, esas apariciones fantasmales…) que nos han querido hacer tragar, pero apenas salir de la sala del cine y dejarla enfriar un poco en la memoria la decepción vuelve a florecer y las irregularidades de la historia y debilidad de sus personajes toman importancia sobre la acción y el espectáculo, que desde luego va de más a menos. Hay momentos, incluso, que hasta parece que el propio Snyder pierde el interés por lo que está contando y prefiere tomarse esto como una simple carta de presentación de La Liga de la Justicia (por cierto, para los que no hemos leído los comics… ¿de verdad piensan que pueden poner a Wonder Woman a entrechocar brazaletes y lanzar su lazo sin una mínima explicación de quién es o qué poderes tiene?).
En fin, una película de esas que apenas verla habría puntuado con un siete. Al terminar mi comentario decidí quedarme con el seis y, tras verla por segunda vez, la he bajado al cinco raspado. De nuevo Snyder demuestra que a la que debe versionar un comic en lugar de poderlo adaptar casi textualmente la cosa se le va de las manos y quizá en Warner deberían plantearse si él sigue siendo el director más adecuado para las dos partes que nos esperan de La Liga de la Justicia. Y si Nolan y Goyer siguen por medio, ya para qué hablar…

Valoración: cinco sobre diez.