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domingo, 4 de marzo de 2018

GORRIÓN ROJO


Tan exitosa ha sido la colaboración entre el director Francis Lawrence y la actriz Jennifer Lawrence tras coincidir en tres de las cuatro películas de Los Juegos del Hambre (En llamas, Sinsajo parte uno y Sinsajo parte dos) que la han ampliado más allá de la famosa franquicia, repitiendo la jugada en Gorrión rojo.
Dirigida a un público mucho más adulto, con escenas de sexo y violencia que escandalizarían a los fans de las pelis de Katniss Everdeen, y giros de guion presuntamente complicados de seguir, la película sigue la estética propia de los films de espías, reviviendo el conflicto entre americanos y soviéticos muchos años después del supuesto final de la Guerra Fría.
Lo que en apariencia parecía una especie de conjunción entre la estupenda y dinámica Atómica, interpretada por Charlize Theron el año pasado, y el personaje de la Viuda Negra a la que da vida Scarlett Johansson en los films de Marvel (de la que se ha anunciado ya su película en solitario), es en realidad un thriller de intriga con bastante menos acción de la esperada, lo que provoca que haya momentos en los que el metraje se pueda hacer un poco plomizo, aunque en los momentos en que se pone dura es de un salvajismo impropio de este director.
Por contra de lo que pueda parecer, el personaje al que da vida Jennifer Lawrence no es la típica súper espía al uso, lo que en un principio podría parecer una ventaja, ya que otorgaría a la historia un tono más realista que las que podrían inspirar los personajes antes mencionados, pero es tal el enrevesamiento de su trama que esa sensación se pierde enseguida. La protagonista es una espía entrenada más como instrumento sexual que táctico, por lo que se hace difícil creer que ella por sí sola sea capaz de orquestar todo lo que se ve en pantalla. Eso sí, una vez aceptada la premisa de falso realismo y si aceptamos jugar al correcalles que el libreto de Justin Haythe, basado en la novela de Jason Matthews, nos propone, el tramo final supone un interesante entretenimiento, repleto de sorpresas y piruetas argumentales.
Joel Edgerton es un excelente actor que siempre compone interpretaciones interesantes, resultando efectivo como comparsa de la Lawrence, y se agradece la participación de otros rostros ilustres para dar más empaque al asunto. Estas presencias ayudan a digerir mejor las partes más lentas de la trama, cuyo ritmo escapa de las manos del Lawrence director, pero se compensa gracias a la efectividad del jeroglífico final y de la violencia (física y sexual) con que golpea al público medio. Es bien cierto que el espectador avispado, que ya cuente de entrada con las trampas propias de las películas de agentes dobles (o incluso triples) pueda descubrir el truco antes de tiempo, pero ello no desmerece un final que, por lo menos, es coherente con la historia y que logra salvar el interés de la trama.
Al final, entretenimiento rocambolesco de esos que no digieren bien segundos visionados, cuando ya se conoce el truco, pero que para un rato de evasión funciona moderadamente bien.
Valoración: Seis sobre diez.

domingo, 19 de noviembre de 2017

LIGA DE LA JUSTICIA: DC otra vez a paso cambiado

Antes de acudir a ver Liga de la Justicia tenía miedo de que al enfrentarme a su valoración cayese en el error de sufrir de cierto ventajismo al tratar de comparar (de manera inconsciente) el trabajo de Zack Snyder y el de Joss Whedon (que no aparece acreditado como director). Ciertamente, sus tics a la hora de dirigir son casi opuestos, evidenciado el primer gran error de Warner al optar por la solución de emergencia de Whedon para suplir la ausencia forzada de Snyder con la película casi terminada, pero esto no llega a repercutir en el resultado final del film, ni en un aspecto positivo ni negativo, ya que la irregularidad del mismo conviene atribuírsela a ambos por igual.
No quiero parecer un hater y empezar a dar palos desde el primer párrafo a una película que, como espectáculo de entretenimiento, funciona correctamente, pero si de lo que se trataba era de culminar el paso en la buena dirección que se suponía había dado el DCEU con Wonder Woman habría que considerarla un completo fracaso.
El gran pecado de Liga de la Justicia es que demuestra desde el arranque de su producción que está concebida sobre una capa de miedo ante los discretos resultados de sus dos primeras películas y los varapalos críticos recibidos. No es que la taquilla fuese desastrosa, ni mucho menos, pero ochocientos millones en una película que juntaba a los dos buques insignias de la compañía me resulta del todo insuficiente. Y ya veremos que pasa con esta Liga de la Justicia que, según estimaciones, necesita rozar los mil millones para no ser un fracaso comercial y cuyo arranque en Estados Unidos ha estado por debajo de, por ejemplo, Thor Ragnarok.
Decía que el gran problema de Liga de la Justicia es el miedo. Miedo a volver a patinar, a que Marvel vuelva a pasarle la mano por la cara (Wonder Woman parecía la panacea del éxito, pero a nivel mundial ha terminado siendo superada por Spiderman Homecoming y Guardianes de la Galaxia Vol. 2 y aún está por ver si Thor Ragnarok se la terminará por merendar también) y a decepcionar una vez más a muchos fans. Y para tratar de evitarlo, en Warner han hecho lo peor que podían hacer: traicionarse a sí mismos y tratar de copiar, demasiado a la desesperada, a las producciones Marvel que antes tanto criticaban, escena postcréditos de chiste incluida. Cierto es que soy el primero que ha criticado en múltiples ocasiones el exceso de transcendentalismo y amargura de personajes como Superman, pero transformarlo de golpe y renunciar a su pasado cinematográfico es tan doloroso como ver a Batman (este sí es un ser oscuro y amargado) soltando gracietas. Me irrita por momentos el descontrol bufonesco de Flash o la apariencia de chuloplaya de Aquaman, pero al menos estos eran lienzos en blanco a los que dibujarlos como les diese la gana.
Lo que más define a Liga de la Justicia es su simpleza. Es una película de acción de manual, que funciona porque hay gente con talento a los mandos, pero que no consigue emocionar en ningún momento. Nadie (excepto esos fans radicales a los que les cuesta tanto ser objetivos) puede decir que sea una mala película, pero tampoco nadie (excepto esos fans radicales del extremo opuesto) puede decir tampoco que sea una gran película. El hombre de Acero y Batman V. Superman: el amanecer de la Justicia tenía una gran colección de errores casi imperdonables, pero también momentos de absoluta maestría. Lo que más decepcionaba de ellas era que fracasaban a la vez que dejaban entrever lo maravillosas que hubieran podido llegar a ser solo con haber cuidado bastante más el apartado de guion, aunque dejan momentos realmente memorables, como el rescate de marta Kent por parte de Batman, pero esto no es algo que se repita en Liga de la Justicia. Quitando un prólogo musical que pretende demostrarnos que Superman era algo (un símbolo de luz y esperanza) que no se percibía en esas películas, nada más en las dos horas de metraje demuestran nada de personalidad. Liga de la Justicia es una película sin identidad, una colección de escenas de acción (solo algún momento con las Amazonas tiene algo de auténtica espectacularidad) empapada de chistes sin demasiada gracia y con unos retoques digitales (los famosos reshoots) verdaderamente horribles. Una vez más, los numerosos problemas de producciçon quedan relejados en pantalla, y los (de nuevo) rumores de que Ben Affleck no va a seguir ligado a la franquicia tampoco van a ayudar a la campaña de promoción.
Como siempre, es injusto comparar dos películas para valorar mejor o peor una, pero nadie duda que Liga de la Justicia supone la equivalencia de DC a Los Vengadores de Marvel, y en Warner han sido los primeros que han querido compararlas con ese cambio de rumbo hacia el humor que le habría ido muy bien a Escuadrón Suicida (que oportunidad perdida de hacer una gamberrada a la altura de Deadpool) y que ya era una verdadera declaración de intenciones en Wonder Woman.
La historia es lo de menos: un villano superpoderoso que pretende destruir el mundo porque él lo vale y el grupito que se debe unir para hacer frente a la amenaza. Podría parecer que cada uno tiene su momento de gloria, su minutito de protagonismo que tan bien logro medir Whedon en Los Vengadores (solo Ojo de Halcón quedaba algo desdibujado, cosa que trató de compensar en La era de Ultron), pero si nos atenemos a su condición de superhéroes, la cosa se queda demasiado coja. Porque al final, de la Liga de la Justicia que nos presentaban en los trailers, solo Wonder Woman está a la altura, aunque abusa demasiado de repetir posturitas y mostrar esa mirada y esa medio sonrisa que tan bien luce Gal Gadot (comentario aparte merecería la manera de encuadrarla de Snyder en comparación a la de Jenkins, mucho más generoso en carnes en esta ocasión). Como sucediera en el enfrentamiento climático contra Doomsday en Batman V Superman, el murciélago, verdadero motor de la historia, se ve en toda la película claramente superado, limitándose a pegar saltitos y hacer poses chulas. Parece un Batman borracho, dicen por ahí. Casi los recién llegados, de los que esperaba poco o nada, son los que más destacan, aunque tampoco mucho. La acción está siempre alejada del mar, con lo que la presencia de Aquaman es algo ridícula y nadie parece tener todavía muy claro de que van los poderes de Cyborg, aunque al menos tiene su papel importante en determinado momento. Flash, como ya he comentado, es el recurso cómico, y él mismo se define señalando que “lo único que hace es correr mucho y empujar a la gente”. Además, es ya el tercer velocista que vemos en el cine de superhéroes y no solo no está ni de lejos a la altura de las dos espectaculares escenas de Mercurio ideadas por Bryan Singer en X-Men: Días del Futuro Pasado y X-Men: Apocalipsis, sino que también se queda corto al lado del Pietro de Los Vengadores: La era de Ultron. Su principal handycap es que para lucir su gran velocidad es necesario que todo lo demás se ralentice, y con el abuso de la cámara lenta que tanto le gusta a Snyder en sus escenas de acción eso ya no queda para nada espectacular.
Y de nuevo, la gran lacra de las películas de superhéroes (y de acción en general) contemporáneas: el villano. Este Steppenwolf es un villano al uso, un superser rodeado de masillas que bien podría haber escapado de Asgard y que no aporta nada que no mostrara ya el propio Ares de Wonder Woman o el tal Incubus de Escuadrón Suicida. Un villano sin carisma que parece muy poderoso en unas ocasiones y termina siendo vencido con relativa facilidad. Además, para completar la cuadratura del círculo, su gran arma se basa en un cubo de poder que, si bien es cierto que en los cómics está presente desde los años setenta, en cine recuerda demasiado al Teseractor marvelita.
¿Donde está lo mejor de la película? Pues sin duda en el regreso de un personaje que nunca debió irse (tampoco es que estuviera mucho fuera) pero, por más que todo el mundo sepa de quién hablo y de por hecho su participación nen esta película, el momento de dicho retorno ha sido objeto de apuestas entre los aficionados, por lo que dejaré de lado comentar su participación en el film por aquello de evitar spoilers.
En el apartado musical, Danny Elfman está correcto, pero muy alejado de sus mejores tiempos. De hecho, la inclusión del tema que él mismo creara para el Batman de Tim Burton así como cierta conversación entre Alfred y Wayne sobre pingüinos explosivos hacen que nos preguntemos si, descartado el Batman interpretado por Christian Bale, el de Michael Keaton podría estar en continuidad con el actual. Lo más probable, conociendo la planificación de Warner, es que no, que ni siquiera podamos estar seguros de que la cercana película de The Batman de Matt Reeves esté en continuidad. A estas alturas, ni ellos mismos lo deben saber.
En fin, que para avanzar en su Universo propio, en DC reniegan de buena parte del trabajo hecho hasta la fecha y tratan de imitar a Marvel con la esperanza de aunar críticas y taquilla, pero aun consiguiendo una de las películas más divertidas de su franquicia, lo hace copiando más defectos que aciertos de la Casa de las Ideas. Como sucediese con Batman V. Superman, la que debería ser (por importancia de personajes) el gran evento de DC termina muy deslucido, siendo incluso inferior a esa Wonder Woman que, sin ser tan brillante como se podría suponer, al menos tenía algunas ideas frescas que daban pie a la esperanza.
Lo peor, me temo, es que viendo esta película no me ha entrado ninguna gana de ver las aventuras en solitario de Aquaman ni Flash, me deja muchas dudas sobre ese The Batman y quien sale más reforzado (Wonder Woman aparte) es ese Superman cuya secuela de El hombre de acero sigue sin estar en las agendas.
Valoración: Seis sobre diez.

viernes, 4 de agosto de 2017

SU MEJOR HISTORIA, la versión cinéfila de Dunkerque.

Por algún motivo que no alcanzo a comprender, la II Guerra Mundial vuelve a estar de moda. No es que nunca haya dejado de estarlo por completo, pero sí parecía que había épocas en las que Vietnam, Afganistán, la carrera espacial… predominaban en las carteleras. Ahora, por más que se insista con las películas de Superhéroes, creo que hay una verdadera burbuja de cine bélico sobre esa maldita guerra. Su mejor historia es un buen ejemplo de ello, una película de corte casi independiente, con una distribución limitada a manos de Contracorriente films y que en el pase al que asistí venía precedida por dos tráilers sobre… la II Guerra Mundial.
Además, para ser más caprichosos, dos películas están coincidiendo en cartelera sobre el mismo episodio bélico: Dunkerque. Por cierto, de las dos, esta es la buena.
He escuchado de todo alrededor de esta película, desde que era un pastel demasiado simplista con una estructura dramática de manual hasta que es casi una obra maestra. Creo que la diferencia de criterio estriba en saber sobre qué va realmente la película y a quien va dirigida.
Su mejor historia, pese a lo dicho anteriormente, no es una película de guerra. Es una historia de cine. Es un retrato magnifico de cómo funcionaba la industria en la Gran Bretaña bombardeada por los nazis y es, por encima de todo (y esto es lo que merece mis mayores aplausos) es un retrato del trabajo del guionista. Cierto que quizá se ensalce su papel dándole un poder que seguramente nunca ha llegado a tener (aunque lo merezca), pero soñar tampoco es malo, ¿no?
Su mejor historia cuenta como una guionista ocasional de tiras cómicas es contratada para formar equipo con dos profesionales del guion para escribir una novela sobre lo acontecido en Dunkerque. La película debe servir como inspiración a las ropas y para levantar el ánimo a un país derrotado. Y así es como, sin entrar en el campo de batalla ni conceder a Dunkerque un protagonismo desmedido en la trama, se explica mucho mejor lo que allí sucedió y el mérito de los héroes anónimos que arriesgaron sus vidas por rescatar a los soldados aliados que en ese panfleto manipulador que nos ha vendido (muy bien, por cierto) Nolan. Aquí, como en su Dunkerque, también hay unos héroes que se cimientan sobre una mentira, pero al menos tienen la sinceridad de reconocerlo, señalando que, al fin y al cabo, el cine es fantasía.
Su mejor historia también podría compararse, aunque en otros sentidos, a otra película supertaquillera en cartelera: Wonder Woman. Y aunque a nivel visual y narrativo la película dirigida por Lone Scherfig (la directora, entre otras, de An Education) este film probablemente sea inferior al de Patty Jenkins, sí le da toda una lección en cuanto a lo de la reivindicación feminista se refiere.
Gemma Artenton, que parece decidida a dejar atrás su imagen de chica Bond con apuestas más intimistas e independientes (su último trabajo estrenado fue la interesante Melanie), está brillante como la protagonista Catrin Cole, consiguiendo que su trabajo sea creíble tanto como icono femenino de mujer trabajadora, esposa atrapada en un triángulo amoroso y cronista improvisada de una guerra y sus “otros protagonistas”. Ella encarna todo el espíritu de la película y logra salir airosa del resultado, sin dejarse intimidar por la otra gran figura del reparto, un Bill Nighy tan desatado como de costumbre pero que, aunque parezca hacer siempre el mismo personaje, resulta magistral dando vida a un antiguo galán que debe aceptar que sus mejores años como actor han quedado atrás.
Puede que las escenas de los bombardeos de Londres no tengan la contundencia necesaria, y que Scherfig se muestre más interesada en el drama de los personajes que en el de la sociedad, pero eso no le impide aunar diversas historias son que se entorpezcan entre ellas, resultando siempre triunfadora la trama sobre la elaboración de una película en tiempos de guerra y sus vicisitudes, consiguiendo que pueda tener momentos de alivio cómico muy refrescantes y bastantes diálogos de esos que merecen la pena apuntarse por su rotundidad.
Su mejor historia, que no se basa en ningún rodaje real pero sí se inspira en muchos personajes de la época, no es una película perfecta, pero sí retrata a la perfección la sociedad que describe y es una delicia para todos aquellos que amamos el cine.
Y, además, supone un hermoso y merecido homenaje a los héroes de Dunkerque. Esta sí.

Valoración: Siete sobre diez. 

martes, 27 de diciembre de 2016

ASSASSIN'S CREED: por fin un videojuego entretenido.

En un año donde Warcraft ha sido uno de los más sonados fracasos de taquilla (tan solo camuflado por el relativo éxito que ha tenido la película en China), Assassin'sCreed se erigía como la segunda oportunidad del mundo de los videojuegos de triunfar en Hollywood tras la mala fortuna que están teniendo en adaptaciones anteriores (la saga de Resident Evil y Prince of Persia es, quizá, de lo más potable del género), aunque las perspectivas no parecían muy halagüeñas.
Finalmente, si nos fiamos de los primeros resultados de taquilla, las previsiones se han cumplido y la película va camino a ser un nuevo fracaso comercial, pero lo cierto es que en esta ocasión no es tanto culpa de sus autores como de sus aspiraciones.
Lo primero que chirriaba en el proyecto era la elección de su director: Justin Kurzel no parecía el más indicado para una superproducción ambientada en el mundo de los videojuegos, más cuando lo único destacable de su filmografía anterior es Macbeth, donde contó ya con Michael Fassbender y Marion Cotillard. Sin embargo, una vez vista la película, es evidente el motivo de su elección, y es que las similitudes visuales entre Assassin's Creed y Macbeth son más que notables. De hecho, parece ser que fue el propio Fassbender, también productor, quien sugirió al director.
Así, con la adaptación de Shakespeare como referente, estaba claro que nos íbamos a encontrar ante una película bastante personal, donde la imagen y el estilismo predomina sobre las formas y que podría ser algo indigesta para el público más consumista. Además, su historia no adapta ningún juego en concreto, sino que se inspira libremente en la trama general sobre la eterna disputa entre Templarios y Assassins por hacerse con el fruto del Edén, un artefacto con el que poder dominar las mentes de toda la humanidad. Sin embargo, en los juegos estas luchas se han producido en Jerusalén, Florencia, Roma o Constantinopla, mientras que la película se centra en la España de 1492, lo que se traduce en una importante presencia de actores españoles en la película (con el gran Javier Gutiérrez y Carlos Bardem a la cabeza) y diversas panorámicas de la Sevilla del siglo XV o del Madrid actual (resulta curiosa la presencia del estadio Vicente Calderón).
Esta historia nueva más algunas notables diferencias son las que tampoco van a convencer a los grandes seguidores de la saga (que quizá no perdonen que la acción en el presente sea tan o más importante que la del pasado), lo que deja el target del film bastante reducido. Sin embargo, la realidad es que estamos ante una estupenda película de acción e intriga, cuya trama es bastante previsible aunque exigente con el espectador, y donde las escenas de acción están deliciosamente coreografiadas. El propio director ha querido rechazar los efectos digitales al máximo y se dice que Fassbender y la actriz Ariane Labed realizaron ellos mismos el 95% de sus escenas. Quizá aquí esté uno de los puntos débiles del film, que ante esta declaración de intenciones el director abusa de un montaje atropellado que en algunos momentos impide disfrutar completamente de lo que se está viendo.
Cierto es que la historia no soporta un análisis profundo en busca de verosimilitud, como tampoco lo haría el juego (en el fondo esto va de un tipo que se traslada al pasado gracias a la secuencia genética de su ADN, idéntica a la de un antepasado suyo), pero el ritmo narrativo, el buen hacer de los actores y sobretodo la impecable ejecución técnica (aunque tambiés se abusa un poco del "postureo" de algunos personajes) hacen de Assassin's Creed una película muy disfrutable y, probablemente, la mejor adaptación de un videojuego hasta la fecha.
Eso sí, en la 20th. Century Fox han apostado fuerte por un cine diferente y personal y la jugada puede haberles salido rana. Se pretendía hacer una trilogía. Habrá que ver si lo consigue.

Valoración: siete sobre diez.

viernes, 26 de agosto de 2016

EL HOMBRE QUE CONOCÍA EL INFINITO: un genio por mandato divino.

De nuevo tengo oportunidad de recuperar en cines una película de hace ya un par de meses a la que tenía bastantes ganas.
El hombre que conocía el infinito es un retrato de la historia real de Srinivasa Ramanujan, un joven indio que sin estudios ni formación previa logró crear fórmulas matemáticas que lo situaban a la altura de Einstein y cuyos trabajos se siguen utilizando en la actualidad para el estudio de los agujeros negros.
El principal handycap que tiene la película es su complejidad temática. Lo mismo que el profano en economía puede perderse ante algunas explicaciones de La gran apuesta o el que no esté interesado en tecnología no se entera nunca de lo que hablan en Steve Jobs, aquí podemos pasar mucho tiempo contemplando a Dev Patel o a Jeremy Irons (que da vida al mentor de Srinivasa y su máximo valedor ante los incrédulos y algo racistas académicos de Cambridge) escribiendo fórmulas en una pizarra que nos pueden sonar a chino. ¿La solución? Reconocer que nos importa un pepino y disfrutar del trasfondo de la historia. Porque esto, en realidad, no va de matemáticas, sino del joven que vive por y para ellas. Así, El hombre que conocía el infinito es un retrato de un chico que lo abandona todo en pos de un sueño pero es también una historia de amor y amistad, un fresco de una época donde la discriminación por el color de la piel no estaba mal vista y  una mirada episódica a una Europa que comenzaba a conocer los horrores de su primera gran guerra.
Interesante y emotiva, es esta una película exclusiva para entregados a tales ofrendas, que podría causar bostezos en el aficionado más comercial pero que nos devuelve al mejor Irons en mucho tiempo que con su mera presencia logra dar un empaque especial a la historia y que logra rociar de humor (fino y británico, pero humor al fin y al cabo) una historia muy dramática sin caer en el ridículo.
Proyecto muy personal de Matt Brown, que escribe, produce y dirige, al que se le nota la carencia de fondos que hace que en algunos momentos tenga un aspecto visual demasiado televisivo, un mal común en este tipo de producciones biográficas de recursos limitados. Apenas una ligera pega para una buena película que, cuanto menos, sirve para darnos a conocer a un hombre legendario del cual, lo confieso, no había oído hablar nunca.
Solo por eso ya vale la pena.

Valoración: Seis sobre diez.

domingo, 17 de abril de 2016

EL HÉROE DE BERLÍN: El poder del espíritu olímpico.

Aunque pueda ser de sobras conocida la historia de Jesse Owens, el atleta de color que batió varios record (robando, de paso, la gloria aria) en las Olimpiadas de Berlín de 1936 delante del mismísimo Hitler, su relato es tan cinematográfico que merecía sin duda una nueva versión fílmica.
Además, El héroe de Berlín (y vale que todos sepamos cómo va a terminar la cosa, pero tampoco hacía falta que nos lo contaran ya en el título en español, ¿no?) no va, en realidad, sobre un atleta que consigue triunfar, como tantas otras películas deportivas, sino que se hace eco de todo el ruido racial que había a su alrededor en una época que pudo estar marcada por el odio racial nazi hacia los negros y los judíos pero cuya discriminación podía sentir Owens en su propia casa.
Efectivamente, dejando en entredicho si es cierto o no que Hitler le negara el saludo después de conseguir los respectivos Oros olímpicos, lo que de verdad dolió a Owens fue que fuese su propio Presidente quien no lo invitara nunca a la Casa Blanca ni le mandara un simple telegrama de felicitación.
Estamos, pues, ante una película que describe el inicio de la carrera deportiva (relativamente fugaz, por otro lado) de este campeón olímpico pero recogiendo muy bien la sociedad que lo rodeaba, donde el aparente progresismo de los americanos no conseguían ocultar sus mentalidades discriminatorias según las cuales considerar a un negro como alguien inferior era terriblemente cotidiano.
El héroe de Berlín, protagonizada por el joven Stephan James, se centra bastante en la relación del deportista con su entrenador, un correcto Jason Sudeikis que si bien mantiene algunos de sus tics como comediante logra componer con suficiente eficacia un papel poco propicio, a priori, para sus cualidades interpretativas.
Es complicado asegurar hasta qué punto todo lo narrado en la película (dirigida por Stephen Hopkins, otro que parece fuera de su terreno habitual) es totalmente acorde con la realidad o ha sido edulcorado en pos de la historia. Si están confirmadas algunas anécdotas como la amistad de Owens con el alemán Carl 'Luz' Long, la obligación de entrar por la puerta de servicio al hotel Waldorf a una cena que se hacía en su honor o  la incertidumbre de si Estados Unidos participaría en los llamados “Juegos de Hitler” o si los boicotearía (subtrama protagonizada por William Hurt y un acartonado Jeremy Irons). Lo que sí se intuye es que algunos personajes han quedado bastante edulcorados, como el propio Avery Brundage al que pone rostro Irons, (más criticado por su dudosa moralidad de lo que refleja el film) o la directora de cine Leni Riefenstahl (Carice van Houten, Melisandre en Juego de Tronos), realizadora de la película propagandística Olympia, bastante más fiel al régimen de lo que se da a entender aquí (tampoco se insinúa, más allá de un leve episodio de infidelidad, los posibles defectos del propio Owens, demasiado idealizado).
Concesiones, no obstante, que se pueden aceptar sin que perjudiquen al mensaje final de la película, que aúna el espíritu de superación con la igualdad racial y que se atreve, por lo menos, a prolongar el racismo previo a la Segunda Guerra Mundial hasta los propios Estados Unidos.

Valoración: Siete sobre diez.

jueves, 24 de marzo de 2016

BATMAN V. SUPERMAN: justicia excesiva.

Aunque soy un reconocido Marvel Zombie y no voy a renegar ahora de ello, siempre trato de enfrentarme a una película con la mente lo más abierta posible y dejando en casa cualquier atisbo de prejuicio que pueda tener. 
Y aunque bien es cierto que he dicho muchas veces lo poco que me apetecía este Batman v. Superman: el amanecer de la Justicia (para compensar, confesaré que la de Suicide Squad, también de DC, me apetece mucho) no es menos cierto que a medida que se iba acercando el día del estreno me empezaba a emocionar con el mismo. Al fin y al cabo, es una peli más de superhéroes, Y me encantan los superhéroes.
Así pues, animado ante lo que prometía ser un buen espectáculo, me he entregado a la sinfonía de Zimmer (nada que ver con la gloriosa fanfarria de Williams) esperanzado con superar el nivel de El hombre de Acero.
Dentro de esta guerra entre Marvel y DC en el que unos (y los seguidores de unos) parecen denostar todo lo que hace el otro, resulta curioso cómo, tras las críticas sufridas por “la distinguida competencia” por el abuso destructivo del final de El hombre de acero, donde parecía que no moría nadie ni se preocupaban siquiera por los habitantes de la ciudad, Batman v. Superman comienza precisamente corrigiendo ese error, arrancando precisamente con la batalla final de El hombre de acero y dándonos el punto de vita del conflicto “a pie de calle”, consiguiendo las mejores escenas del film, donde el dolor y el miedo casi se puede oler personalizado, sobre todo, en la figura de Bruce Wayne, un Bruce Wayne –por cierto- del que vamos a volver a ver por enésima vez la muerte de sus padres y que andaba por ahí no está muy claro por qué.
Esa experiencia en primera persona de la destrucción de Metropolis es la que motiva su temor/odio hacia Superman, una sensación que parece extenderse entre la clase política que pone en tela de juicio la conveniencia o peligrosidad de tener a un alienígena del poder destructivo de Superman paseando por ahí. Y con este arranque (y tranquilos, que no voy a revelar más del argumento, aunque quien conozca los dos comics principales en los que se han basado para esta película no debe preocuparse mucho por los spoilers, sucede todo lo que se sabe que va a suceder) uno ya puede hacerse una idea de por dónde van a ir los tiros: acción muy espectacular y un guion muy confuso.
Y efectivamente, la mejor baza de este Batman v. Superman son sus escenas de lucha, por más que Zack Snyder no esté especialmente brillante en algunos momentos y abuse de un montaje precipitado con demasiados primeros planos que tiende a la confusión (con lo bien que lo hacía en 300 y Watchmen…). Sin embargo, toda la carga emocional que se le pretende dar con el conflicto de intereses entre los dos héroes se pierde en la nula profundidad de unos personajes de los que sabemos más por lo que se les supone (y es que al fin y al cabo los conocemos por otras películas y comics) que por lo que nos cuentan. Y eso teniendo en cuenta que este Batman (que a la postre es el que lleva el peso del film) no es el mismo de Nolan, aunque bien podría serlo (y esa decisión es algo que nunca entenderé).
El nivel interpretativo es bueno, sobre todo por la parte del murciélago, con un Ben Affleck convincente y un Jeremy Irons que, si bien no supera al Alfred de Michael Caine, sí es de lo mejor de la película. En el lado del kriptoniano, Henry Cavill cumple con su rol, pero sigue demasiado encorsetado con un guion empeñado en oscurecer a Superman y volverlo un amargado (eso funciona bien con el taciturno Batman, como bien sabe Nolan, pero no con él), pareciendo peor actor de lo que es (ya comenté en su momento que en Operación U.N.C.L.E. demuestra un gran carisma y magnetismo del que carece su Superman), mientras que Jesse Eisenberg hace lo que le pide su director con brillantez, pero componiendo un Lex Luthor que nada tiene de Lex Luthor, siendo más bien una copia barata del Jocker y su locura.
Eso sí, cuando entra en escena Gal Gadot la película nota un toque de aire fresco, hasta el punto que las escenas que mejor funcionan son las que carecen de tipos disfrazados.
Sin llegar a merecer la calificación R que han prometido para la edición en DVD, Batman v. Superman es violenta y, de nuevo, destructiva, con los dos héroes dándose de tortas a lo bestia en cada encuentro hasta llegar al último giro de guion, donde la aparición de un nuevo villano estropea totalmente la película. De nuevo se cae en los errores de El hombre de acero, demostrando que el prólogo no es una muestra de que han aprendido la lección, y la destrucción sin sentido coge protagonismo, con un derroche de CGI en ocasiones no demasiado convincente y un exceso de explosiones y llamaradas que ya hace rato que han dejado de sorprender.
Recuerdo la sensación con la que salí de ver El hombre de acero y algo similar me sucede con esta. Es muy disfrutable durante su visionado, aceptando todas las paranoias (esos sueños evocadores, esas apariciones fantasmales…) que nos han querido hacer tragar, pero apenas salir de la sala del cine y dejarla enfriar un poco en la memoria la decepción vuelve a florecer y las irregularidades de la historia y debilidad de sus personajes toman importancia sobre la acción y el espectáculo, que desde luego va de más a menos. Hay momentos, incluso, que hasta parece que el propio Snyder pierde el interés por lo que está contando y prefiere tomarse esto como una simple carta de presentación de La Liga de la Justicia (por cierto, para los que no hemos leído los comics… ¿de verdad piensan que pueden poner a Wonder Woman a entrechocar brazaletes y lanzar su lazo sin una mínima explicación de quién es o qué poderes tiene?).
En fin, una película de esas que apenas verla habría puntuado con un siete. Al terminar mi comentario decidí quedarme con el seis y, tras verla por segunda vez, la he bajado al cinco raspado. De nuevo Snyder demuestra que a la que debe versionar un comic en lugar de poderlo adaptar casi textualmente la cosa se le va de las manos y quizá en Warner deberían plantearse si él sigue siendo el director más adecuado para las dos partes que nos esperan de La Liga de la Justicia. Y si Nolan y Goyer siguen por medio, ya para qué hablar…

Valoración: cinco sobre diez.  

sábado, 8 de junio de 2013

HERMOSAS CRIATURAS * (3d10)

Nos encontramos de nuevo ante lo que yo suelo llamar el efecto crepúsculo,  es decir, la adaptación de una novela para adolescentes temática fantástica e historia de amor imposible por medio. Al igual que los otros dos ejemplos más evidentes de este año (y lo que nos espera): The Host y Memorias de un zombie adolescente, también en esta ocasión se recurre a secundarios de lujo y probada calidad para dar un poco más de empaque al asunto, mientras que los adolescentes elegidos para aguantar el peso de la trama intuyen, a priori, algo más de carisma que los sosonabos que componían el pasteloso triángulo amoroso de la aburrida saga parida por Stephanie Meyer. Esto puede ser una buena noticia de cara al visionado de la película que, no nos engañemos,  es lo que es y para quien es, así que si nos sentamos en la butaca del cine (errr..., ejem..., habéis visto que he colocado el asterisco junto al título,  no? No me culpéis por ello, el motivo es que esta obra maestra no sobrevivió a su primera semana en cartelera) y nos despojamos de toda pretensión y prejuicio podemos esperar pasar al menos un buen rato. Craso error. Tras un principio alentador con una correcta presentación de personajes,  una buena ambientación tanto con respecto al pueblo como al entorno escolar y una primera aparición interesante y prometedora de Jeremy Irons, lo cierto es que una vez asentadas las bases de la historia todo se diluye en aguas de borrajas. La trama pierde todo su sentido, mezclando diálogos románticos que provocan vergüenza ajena con escenas fantásticas con algunos de los efectos especiales más patéticos que recuerdo. Nos explican entonces que hay brujas buenas y malas marcadas por una maldición que data de la guerra de Secesión (aquí no se si fue culpa del aburrimiento o de unos malos guionistas pero confieso que no me enteré de nada, ), que uno se convierte en bueno o malo (esto tiene un nombre que tampoco me he molestado en memorizar) a cierta edad sin poder hacer nada por remediarlo (otra tontería: los malos son malos malisimos sin remedio, pero el personaje de Jeremy Irons parece que era de los malos y escapó del lado oscuro sin mayor problema) y cosas así. Por cierto, por ahí pulula también Emma Thompson, para la que está claro que sus años buenos pasaron hace mucho.

Me doy cuenta ahora de que no he explicado el argumento, pero si a los propios guionistas parece importarle un pepino vosotros no vais a ser menos, ¿no? Por otro lado, la dirección de Richard  LaGravenese (parece mentira que este hombre tenga en su haber diversas nominaciones al Oscar como guionistas, los años no perdonan a nadie) es totalmente plana, con algunas secuencias (como cuando van en coche) que llegan a hacer daño a la vista.

En resumen, película totalmente prescindible, una tontería singular que pretende unificar el drama de Crepúsculo con la magia de Harry Potter y cuya única virtud es la sensación final de que su paupérrima recaudación desaconsejará cualquier intento de secuela.