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lunes, 30 de diciembre de 2019

LAST CHRISTMAS

Según los últimos datos, tanto las comedias románticas como las películas navideñas se han convertido en el último gran éxito de Netflix, con lo que se hace difícil disfrutar de un producto de esos en cine. Las excepciones, además, no suelen ser muy halagüeñas, y quitando casos de cine más independiente o, directamente, de autor (sigo pensando que Día de lluvia en Nueva York es una de las comedias románticas más deliciosas del año), los últimos ejemplos de romances fílmicos tiran más hacia la dramedia de clínex que otra cosa (otra excepción que me viene a la mente es la incomprendida Casi imposible, que apenas la vio nadie). Y en el terreno estrictamente navideño, qué lejos quedan las obras de John Hugles de corte familiar o las payasadas del Tim Allen de turno…
Pero en toda crisis creativa hay un último reducto: el cine británico. Mientras al otro lado del charco se apuesta por la apatía más sensiblera, Richard Curtis logró sentar cátedra, permitiendo que Last Christmas, sin querer entrar en comparaciones, se pueda proponer como heredera de, por ejemplo, Love Actually.
En realidad, Last Christmas es coproducción americana, y quizá de ahí el recurrir a un director de Michigan, pero eso es algo meramente anecdótico. Tras los guiones está la inmensa Emma Thompson, la cara más reconocible de la historia es una muy meritoria Emilia Clarke, Londres es el escaparate imprescindible y todo sirve como tributo a la voz y las composiciones de George Michael.
No estoy dispuesto a entrar en spoilers, pero en honor a la verdad Last Christmas no es exactamente tanto una comedia romántica como un cuento de Navidad, muy inspirado, posiblemente, por clásicos como Qué bello es vivir, donde -aunque todo tenga una explicación más o menos lógica- el factor mágico debe aceptarse para poder entregarse por completo a la historia. Al fin y al cabo, de eso va la Navidad, ¿no?
Kate, la protagonista, es un completo desastre. Inmigrante serbia, es una aspirante a cantante que parece condenada a trabajar de por vida en una tienda de artículos navideños a cuál más horrible. No es lo que se dice una gran persona, egoísta, despreocupada y tan centrada a sus propios intereses (generalmente relacionados con el alcohol o el sexo) que representa una divertida reinvención del estereotipo masculino más cafre mucho más efectiva que en aquella insulsa Y de repente tú. Y cuando parece que ya ha tocado fondo es cuando conocerá a alguien que le haga cambiar su manera de ver la vida.
Paul Feig, habituado a un humor más desenfrenado pero buen director de actrices (en su filmografía destacan La boda de mi mejor amigaCuerpos especialesEspíasCazafantasmas Un pequeño favor, películas todas ellas protagonizadas por mujeres), hace un trabajo eficaz y bien medido, consiguiendo extraer el lado más cómico de Emilia Clarke (que lejos de Juego de Tronos va recolectando batacazos como los de Terminator Génesis o Han Solo). Confieso que una de las cosas que más me tiraba para atrás de la película era su protagonista, que tampoco me entusiasmó en Antes de ti, pero aquí está realmente inspirada, divertida y tierna. Tampoco le queda a la zaga Henry Golding, quien ya colaborara con Feig en Un pequeño favor, que cumple como galán romántico extrovertido y encantador.
Last Christmas es, pues, una película navideña perfecta, capaz de divertir y conmover por igual, con diálogos inteligentes, humor elegante y ese toque de ironía propio de los libretos de Thompson quien, cómo no, se reserva un pequeño pero impagable papel. Una película para disfrutar de estas fiestas y que hace pasar de la risa a las lágrimas en apenas un suspiro y que en el fondo habla sobre la superación personal y en el poder de hacer las cosas según tu propia conciencia.
Y si encima lo riegan todo con la voz de George Michael, mejor que mejor.

Valoración: Ocho sobre diez.

lunes, 17 de junio de 2019

MEN IN BLACK INTERNATIONAL

En 1997, de la mano de un Barry Sonnefeld en estado de gracia, Will Smith y Tommy Lee Jones dieron vida a una improbable pareja de agentes especiales cuyo origen databa de los comics Malibú en una época en la que aún no estaba tan de moda esto de adaptar todo lo que se ha publicado en un tebeo. Tras una buena (aunque algo inferior) secuela, la saga pareció condenada al olvido hasta que el propio Sonnefeld trató de revitalizarla en el 2012, incluyendo en el equipo a Josh Brolin quizá con la intención de dar un relevo generacional al equipo, pero la cosa pasó con más pena que gloria.
Con Sonnefeld relegado ya a tareas de producción, puesto donde también se mantiene Steven Spielberg, es F. Gary Gray, recién salido de Fast & Furious 8, quien se hace cargo de dar una nueva oportunidad a la franquicia, con un reparto renovado (solo repite de la última entrega Emma Thompson en un rol muy secundario) pero sin perder las señas de identidad.
Con unos efectos visuales muy llamativos e hilarantes, la clave de Men in Black residía, en realidad, en el contraste de caracteres entre Smith y Jones, convirtiéndose en una buddy movie con tintes galácticos. La química entre ellos era evidente, y es esa química la que se ha intentado repetir entre Chris Hemsworth y Tessa Thompson, química de la que ya hicieron gala en Thor Ragnarok (compartían pantalla también en Vengadores: Endgame, pero apenas tenían tiempo de demostrar esa conexión entre tanto drama). El acierto está en haber sabido encontrar las suficientes diferencias para que no sea una simple copia de los roles anteriores, ni convertir esto en una guerra de sexos que sonaría demasiado rancio ya.
Efectiva y muy dinámica, Men in Black International, que con la externización da a la franquicia adopta un aroma a James Bond muy saludable, no es una película memorable, digna de entrar en la historia del cine, pero es que tampoco las anteriores lo eran. Ni lo pretendían tampoco. Se trata de uno de esos pasatiempos veraniegos sin más intención que la de entretener, y hasta ese punto lo consigue sin problemas. Puede que alguno de los pretendidos giros sorpresa sean muy evidentes, o que el recurso cómico que supone la incorporación de un “compañero” de equipo pueda llegar a saturar un poco, pero en su con junto, la película funciona muy bien, tanto desde el punto de vista del humor como de la acción, y todas las piezas del amplio reparto (por ahí andan también Liam Neeson, Rebecca Ferguson y Rafe Spall), pero ninguno de ellos alcanza a hacer sombra a la pareja protagonista, los reyes de la función y sobre quien, a fin de cuentas se sustenta todo el peso del film.


Valoración: Siete sobre diez.

sábado, 24 de noviembre de 2018

EL VEREDICTO (LA LEY DEL MENOR)

Basada en una novela de Ian McEwan que el mismo guioniza y dirigida por Richard Eyre, El veredicto (la ley del menor) narra la historia de la jueza de la corte Fiona Maye, que debe implantar justicia sobre un delicado caso en el que un menor puede morir de leucemia por su negativa (y la de sus padres) de aceptar una transfusión de sangre por ser Testigo de Jehová mientras trata de lidiar con un complicado bache de su matrimonio.
Apoyada sobre todo en el trabajo interpretativo de Emma Thompson (bien arropada por nombres como Stanley Tucci o Ben Chaplin), la película plantea un dilema moral relacionado con la dificultad entre saber elegir entre la entrega a la Fe y la propia supervivencia, agravando el caso al tratarse de un menor, reflexionando además con el planteamiento alrededor de como la vida personal de un juez puede llegar a influir en sus decisiones. Sin embargo, más allá de este interesante planteamiento, la película amenaza en numerosos momentos en diluirse ante una pretenciosa carga de trascendencia de la que su director no logra salir bien parado.
Lo que a priori parece un ejercicio bien planificado y ejecutado con la precisión de un mecanismo de relojería cae en ciertas ínfulas de pretenciosidad que derivan su drama en algo gélido que se termina por apreciar desde la distancia.
Es todo tan señorial y formal en esos pasillos de la Corte Suprema, con sus togas y pelucas, que a la película termina por sucederle exactamente lo mismo que al matrimonio de la jueza, que le falta pasión para mantenerla con vida. Por eso, pese al esfuerzo de la Thompson, resulta todo demasiado artificial, desde la naturalidad con la que su marido le anuncia que va a serle infiel hasta la posibilidad de que ella misma se vea con la posibilidad de pagarle con la misma moneda, sin acabar de quedar claro si lo que Eyre y McEwan pretenden con esta historia es presentarnos la deconstrucción de un matrimonio, denunciar el fanatismo mortal de ciertos cultos o reflexionar sobre los límites del poder, comparando el poder superior de Dios con el poder superior de un Juez de la Corte. Y lo peor de todo es que todos estos planteamientos se hacen sin invitar al espectador a tomar partido en el debate, dando la sensación de que lo que se pretende no es invitar a la reflexión, sino mostrar unas posiciones preestablecidas.
Así, aunque no niego el atractivo de una historia que mantiene su interés hasta su resurrección final, permitiendo incluso obviar algún momento ligeramente ridículo, tampoco consigue dejar el poso que posiblemente pretendían sus autores, resultando ser finalmente un drama judicial del montón, solo mantenido por el talento de sus protagonistas, y sin la absorbente pasión que desprenden, por ejemplo, las adaptaciones de Grisham.

Valoración: Cinco sobre diez.

sábado, 6 de octubre de 2018

JOHNNY ENGLISH: DE NUEVO EN ACCIÓN

Ha pasado suficiente tiempo desde Johnny English returns como para poder pensar que se trataba de una franquicia agotada, pero hete aquí que Rowan Atkinson está de regreso con su personaje cinematográfico más memorable (Mr. Bean siempre será infinitamente superior en su tratamiento televisivo), quizá propiciado por la moda actual de combinar cine de espionaje con comedia.
Había muchos motivos para que la película fuese un estropicio, sobretodo si uno juega a las comparaciones, teniendo como referencia principal del género la magnífica Kingsman de Matthew Vaughn, de la que se prepara ya la tercera entrega, pero Johnny English juega a otra cosa, y pese a contar con una acción muy bien rodada, no aspira a competir con ella en cuanto a secuencias de acción, por lo que potencia, con acierto, su sentido del humor.
Pasando al otro lado, sería fácil caer en los estereotipos del humos chabacano y de sal gruesa, pero Atkinson siempre ha estado por encima de eso, y con un tono muy blanco y reforzado en el slapstic consigue protagonizar una película muy divertida, quizá la mejor de las tres, sin salirse demasiado del camino establecido.
Como parodia que es del cine de James Bond, cuenta en sus filas a una chica Bond de nivel como es Olga Kurylenko, en un papel que le permite derrochar química con el británico sin forzar las cosas como previsible (e inverosímil) interés romántico. Además, sin perder nunca de vista la amenaza contra la que se lucha, tampoco comete la película el error de olvidar que la comedia debe primar por encima de todo (error que cometió, por ejemplo, El espía que me plantó), consiguiendo que el tono se mantenga en todo momento, sin altibajos en su ritmo ni perder nunca de vista que Atkinson/English es el reclama de la película, por encima de explosiones, persecuciones y tiroteos.
Con algunos secundarios de lujo (magnífica Emma Thompson como Primera ministra y muy acertado el retorno de Ben Miller tras su ausencia en la segunda entrega de la saga), la película no solo parodia a James Bond y sus gadgets, sino que se burla un poco de todo el espionaje moderno con un aroma retro (música incluida) que, lejos de resultar rancio y caduco, da un toque de nostalgia a la película.
No se trata de la obra maestra del cine de espionaje, ni mucho menos, y, algo obligada por sus precedentes, la película no llega a arriesgar en ningún momento, moviéndose por un terreno de sobras conocido que suena a exceso de acomodo, pero siguiendo la máxima de que “cuando algo funciona, mejor no tocarlo”, este Johnny English, de nuevo en acción consigue mantener viva la esencia del personaje e invita a pasar un rato muy divertido, siempre que uno acepte la necesidad de rendir pleitesía al estilo actoral de Atkinson y sus muecas, peaje necesario a pagar para digerir el film.
Como siempre, el punto negativo cabe encontrarlo en el destripamiento que el tráiler hace de sus mejores chistes, pero eso es un tema aparte.
En resumen, que sin innovar demasiado ni ofrecer nada del otro mundo, English y sus meteduras de pata siguen nen forma y demuestran que continúa siendo el mejor peor espía al servicio de su Majestad.

Valoración: siete sobre diez.

lunes, 20 de marzo de 2017

LA BELLA Y LA BESTIA, cumplidora fotocopia del clásico

Me resulta especialmente complicado valorar objetivamente esta película, así que voy a tratar de hacer un esfuerzo por ser lo más objetivo y justo con la última producción de Disney que sigue empeñada en versionar sus grandes clásicos animados en acción real.
La bella y la bestia es posiblemente, de todas las revisiones hechas hasta la fecha, la más fiel al material original, resultando prácticamente un calco argumental de la versión de Gary Trousdale y Kirk Wise, recuperando incluso las canciones originales de Alan Menkel. Apenas unos detalles sobre la madre de Bella sirven como mínima diferencia entre ambas películas.
El principal problema de La bella y la bestia cabe encontrarlo en la falta de magia que desprende. Siéndole imposible sorprender en su argumento, es en la aportación de los actores donde debían poner toda la carne en el asador. Es por ello que se reúne un brillante reparto, mucho de ellos simples cameos en su versión doblada, resultando estimulante ver de nuevo a Kevin Kline en un papel tan relevante y con un Luke Evans bastante solvente. 
En el apartado protagonista, sin embargo, Dan Stevens se encuentra demasiado oculto bajo la algo artificial digitalización de la bestia como para desplegar todo el carisma del que es capaz (recuerden su trabajo en The guest), aunque algo de brillo tiene, mientras que su partenaire Emma Watson cumple lo justo, no por falta de belleza ni talento sino porque no consigue superar la comparativa con la Bella original, resultando algo menos maravillosa que su contrapartida animada.
Sin embargo, a quien más se puede responsabilizar de esa falta de magia que embarga al film es a su director, un Bill Condon solvente en historias intimistas, pero a la que el blockbuster todavía le viene algo grande (Dreamgirls no era realmente una superproducción y de sus dos contribuciones a la saga Crepúsculo mejor ni hablar). Sé que no es cuestión de comparar con alguien ajeno al proyecto, pero con la maravillosa versión de La Cenicienta de Keneth Branagh uno no puede evitar imaginar al director de Mucho ruido y pocas nueces con semejante libreto.
No me malinterpreten, que la película no tenga la magia suficiente para enamorar no significa que sea una mala película, Simplemente que desperdicia muchas de sus posibilidades. Con todo, esta nueva versión del cuento clásico es una delicia musical con suficiente lujo y emociones como para resultar sumamente entretenida y en ningún momento aburrida y con unos efectos especiales que cojean un poco en la caracterización de la bestia pero que son magníficos en el resto de secundarios sobradamente conocidos (el candelabro Lumiere, la tetera Sra. Potts, el reloj Din Don...).
No puedo, sin embargo, dejar de comentar la gran lacra de esta película: su versión en español. Los que me conocen saben que soy un gran defensor del cine doblado, pero (llámenlo bipolaridad si quieren), con los musicales ya es otra cosa. Vale que esto sea una película infantil, pero no estamos ya ante un producto de animación, sino uno de imagen real donde vemos a actores reales cantando y bailando, pero sin llegar a oírlos nunca. 
¿Se imaginan a La la land sin la voz rota de la oscarizada Emma Stone? Pues van a quedarse con las ganas de escuchar a otras Emmas como la Watson o la Thompson. Y si el doblaje en España es de muy buena calidad no puedo decir lo mismo de la mayoría de cantantes de por aquí. Siendo La bella y la bestia un musical puro con gran cantidad de canciones casi me sangran los oídos con los gorgojos insoportables de la versión española. Y eso me hace odiar un poquito a la película. 
Vayan a verla. Está realmente bien pese a las limitaciones comentadas. Y lleven a sus niños para que las disfruten. Pero, por favor, que sea en versión original. Sus oídos lo agradecerán. Y, al fin y al cabo, en la mayoría de las canciones dobladas tampoco se entiende lo que dicen…

Valoración: Seis sobre diez. 

lunes, 19 de septiembre de 2016

BRIDGET JONES' BABY, reconstruyendo el mito británico

Han pasado ya doce años desde que se estrenara Bridget Jones: Sobreviviré y quince desde que El diario de Bridget Jones diese inicio a la saga, y que se estrene ahora Bridget Jones´baby, coincidiendo con el regreso de su protagonista, Renée Zellweger, de su retiro temporal del mundo de la interpretación apesta a oportunismo barato y a intentar exprimir más la teta de una vaca que parecía ya fallecida. O quizá se deba solo a la falta de imaginación de los productores de Hollywood (y no de los guionistas, a los que siempre se acusa tan alegremente) que nos han obsequiado recientemente con secuelas como Independence day o remakes como Cazafantasmas.
Ya de entrada debo decir que El diario de Bridget Jones no me pareció una gran película, pese a ser muy heredera de su tiempo y sucesora de otras comedias románticas británicas como Cuatro bodas y un funeral, Notting Hill y similares (ahí está el guionista Richard Curtis como denominador común). Nunca encajé bien la dualidad entre la historia del patito feo (y mi problema con la Jones no era lo pasadita de kilos que pudiera estar, sino lo exageradamente torpe y zoqueta que podía llegar a ser) y la de los dos galanes que se peleaban por ella. Y tampoco soy fan de la Zellweger, que incomprensiblemente fue nominada al Oscar por las muecas sobreactuadas de esta película. Pero al menos debo reconocer que la manipulación sensorial que una efectiva banda sonora y un par de chistes graciosos, y el contrapunto entre Hugh Grant y Colin Firth, hacían del film una propuesta algo simpática que en su secuela cayó en picado con una repetición de esquemas descarada y anodina.
Con semejantes antecedentes iba algo predispuesto a que esto fuese más de lo mismo, estirar el chicle con un vehículo que permitiese a la protagonista de Cold Mountain y Chicago pagarse más operaciones de cirugía y otros caprichos varios, pero debo reconocer que salí gratamente sorprendido de ver la película y supe apreciar un esfuerzo por hacer las cosas mejor, no ya que en la secuela (lo cual era terriblemente fácil), sino que la original.
De entrada, Bridget Jones´baby (¿alguien me puede explicar por qué le ha parecido a la distribuidora española tan complicado de traducir el título?) no adapta ninguna novela de Helen Fielding, y aunque la escritora británica figura en los créditos como guionista, ahí debe sumarse a Dan Mazer (que procede de la escuela de Sacha Baron Cohen y, sobre todo, a Emma Thompson, que no solo aporta su toque de elegancia (recuerden que ganó el Oscar por la estupenda Sentido y sensibilidad) sino que se reserva un papel en el reparto tan secundario como brillante.
Aunque repita la directora de la película original, Sharon Maguire (que no ha dirigido más que una película en estos quince años), se nota un intento de modernizar la puesta en escena, rompiendo con la imagen desangelada de Bridget y buscando un enfoque musical alejado durante gran parte del metraje de las canciones edulcoradas propias de este tipo de películas. Esto tiene en su contra que puede llegar a confundir al espectador, con una extraña mezcla entre ejercicio de nostalgia y narrativa juvenil que impide saber a ciencia cierta a quién va enfocada la película, si a un público joven o más bien veterano (femenino siempre, en todo caso), pues por más que se esfuercen en incluir temas musicales como el famoso (y ya bastante caduco) Gangnam style, al final la cosa no deja de ir de una historia de amor entre cuarentones (aunque Zellweger tiene ya cuarenta y siete y Firth cincuenta y seis, y vaya si se les nota).
Sobre la trama, poco que decir. Se repite el esquema de dos hombres peleando por Bridget esta vez con un embarazo de por medio, aunque al menos han sabido darle la vuelta al conflicto y conseguir que el guaperas Patrick Dempsey se distancie lo suficiente del Hugh Grant como para que no suene a más de lo mismo. El humor está mejor conseguido que en las anteriores películas y el motor de la historia está en la confrontación de sentimientos más que en la penosidad que desprendía Bridget anteriormente. Por supuesto, continúa siendo igual de metepatas, pero con más gracia. Y el final contiene, esta vez sí, el broche de oro definitivo para cerrar la trama principal de la saga.
Bridget Jones´baby no es una gran película, pero sí lo suficientemente entretenida y simpática como para conseguir ser, posiblemente, la mejor de la trilogía (aunque me queda la duda de si la última escena es solo un chiste final o una invitación para una nueva secuela). Pese al acartonamiento de la Zellweger que limita mucho su trabajo interpretativo, el film tiene todos los ingredientes como para hacer pasar un buen rato, aunque también tiene todo lo necesario para asustar a una parte de los espectadores potenciales demasiado distanciados en el tiempo con la (¿heroína?) británica y en una época donde el público femenino parece más interesado otros temas más banales (el tráiler de la secuela de Cincuenta sombras de Grey ha batido records de visionado) que la maternidad (aunque no nos engañemos, el trasfondo moral y las apariencias de crónica social no son más que meras excusas de relleno).

Valoración: Seis sobre diez.

jueves, 24 de diciembre de 2015

La sugerencia del mes: LOVE ACTUALLY

Aunque tenía pensado terminar el año de comentarios con Fahrenheit 451, por aquello de cerrar el círculo y acabar con el mismo director con el que empezamos, preferí adelantarla al mes pasado para dar un toque navideño a la sección.
Esta no es exactamente una recomendación para el blog como tal, sino una insistencia constante por parte de mi amigo Sergio que no podía creer que no hubiese visto nunca esta comedia romántica de Richard Curtis que él mismo definía como el “Qué bello es vivir” de nuestra generación.
No creo que las comparativas con el clásico de Frank Capra sea válido ya que aquella era una película de claro espíritu navideño y revisionado obligatorio en estas fechas, mientras que, aunque la acción de Love Actually sea también en la previa de la Navidad, su mensaje está más centrado en el amor que en el sentimiento navideño y que, canciones aparte, podría haber funcionado igual de bien de haberse ambientado en cualquier otra época del año.
Escrita por el propio Curtis, Love Actually es una colección de historias, alguna más interesante que otra, que se entrecruzarán en ocasiones para ofrecernos diversas historias románticas con un toque humorístico muy británico. Curtis, que debutaba como director con esta película, tenía un amplio bagaje como guionista, principalmente en el terreno televisivo y para mayor gracia de Rowan Atkinson, habiendo elaborado también el libreto de Nothing Hill o El diario de Bridget Jones, lo cual hacía casi obligatorio que en su debut tras las cámaras contara con la presencia de Atkinson y de Hugh Grant, principales baluartes del humor absurdo y de la comedia romántica de Gran Bretaña, respectivamente.
Sin duda, lo que más destaca de Love Actually es su reparto, una colección de estrellas casi irrepetible que, además, ha ganado glamour con el paso de los años. Aparte de los ya mencionados el cartel destacaba la presencia de algunos clásicos del género como Alan Rickman, Colin Firth o Emma Thompson, además de a un Liam Neeson que todavía no era considerado un héroe de acción, Keira Knightley recién salida de Piratas del Caribe, Laura Linney o la menos conocida Martine McCutcheon. Hasta aquí los nombres que aparecían en el poster, pero mucha atención a los que nos podemos encontrar en papeles igual de destacados o más: Martin Freeman (uno de los actores de moda gracias a las series Sherlock y Fargo y a la trilogía de El Hobbit), Chiwetel Ejiofor (nominado al Oscar por 12 años de esclavitud y una de las nuevas caras para la Fase Tres de Marvel), Andrew Lincoln (protagonista principal de la exitosa The Walking Dead), Thomas Brodie-Sangster (uno de los protagonistas de la saga El corredor del laberinto aparte de haberse colado modo cameo en Star Wars: El despertar de la Fuerza), Rodrigo Santoro (mucho antes de convertirse en el Xerxes de 300 o de pasearse por Perdidos)… y eso centrándonos en personajes principales, que también están los simples cameos de gente como Billy Bob Thornton, January Jones o Elisha Cuthbert.
Estrellas aparte, la conjunción de historias funciona a la perfección, consiguiendo enternecer y emocionar sin abandonar nunca el toque cómico que impida que decaiga en la ñoñería. Cuenta con el típico inconveniente de que no todas las historias que se presentan funcionan igual de bien, pero al menos están suficientemente diversificadas para que ninguna llegue a desmerecer la obra.
Como comentario aparte, habría que destacar que esta película es, sin duda, la referencia más evidente para la reciente Barcelona, nit d´hivern, donde Dani de la Orden copia sin complejos el esquema y el espíritu (escena final en el aeropuerto incluida) aunque consiguiendo una obra final más divertida aún.
Con momentos impagables como los que protagoniza el rockero pasado de vueltas o el enfrentamiento entre los presidentes americano y británico hacen de esta película una joyita muy disfrutable que, aunque como ya he dicho, no sea obligatoria ver en navidad sí es muy recomendable revisionar en estas fechas.
Es una buena aportación a iluminar unos días donde apetece disfrutar de buenos sentimientos y finales felices, aunque algunos abusen del almíbar.


lunes, 3 de febrero de 2014

AL ENCUENTRO DE MR. BANKS (7d10)

Existen dos formas diferentes de analizar esta película.
La primera, y más importante, es analizándola como lo que es, un producto Disney, una historia entrañable, tierna y simpática basada en los esfuerzos de Walt Disney para conseguir que la escritora Pamela Travers le ceda los derechos de su obra más personal: Mary Poppins, de la que el mandatario de la multinacional de las orejas lleva veinte años enamorado. Así, la película discurre por un lado entre las negociaciones con la autora, la confección del guion a ocho manos (la propia Travers interviene de forma determinante en la escritura del mismo junto al guionista Don DaGradi y los autores musicales Robert y Richard Sherman) y el esperado estreno, mientras que por otro lado conoceremos los orígenes de la popular niñera mediante un recorrido por la infancia de Travers y su relación con su admirado padre, un hombre fantasioso y soñador pero con preocupantes problemas que arrastrarán a toda su familia).
Así, podríamos pensar que es una película en la línea de Mi semana con Marilyn o Hitchcock, que no eran realmente biopics de los dos artistas, sino crónicas del rodaje de El Príncipe y la Corista y Psicosis respectivamente, pero yo la acercaría más bien a la deliciosa (y finalmente trágica) Descubriendo nunca jamás, la historia de como James Barrie consigue estrenar la obra teatral basada en su célebre Peter Pan (otro personaje que, curiosamente, ha logrado pasar parte del imaginario infantil gracias a Disney). Como aquella, Al encuentro de Mr. Banks no es tanto un estudio del mundo de Hollywood (el célebre concepto de cine dentro de cine) como un análisis de lo que pasa por la cabeza de la excéntrica y gruñona escritora, por lo que aquí importa es más la parte literaria de Mary Poppins que no la parte cinematográfica.
Con esta base, la historia está repleta de toques de humor, sensibilidad y algo de dramatismo (este es el mundo real, aquí no hay magia que valga), que funciona perfectamente gracias a una brillante dirección a manos de John Lee Hancock, que filma de manera muy clásica y tradicional, y consiguiendo equilibrar a la perfección las dos historias paralelas. Pero de nada nos valdría todo esto si no fuese por el gran nivel de sus intérpretes, con un Tom Hanks muy convincentemente transformado en Walt Disney, con Colin Farrell demostrando una vez más que brilla mejor como secundario que cuando debe llevar el peso de la película (por cierto, un inciso: ¿por qué es tan ninguneado tanto en los títulos de crédito como en algunos de los carteles del film cuando su presencia en pantalla es tan grande –si no más- que la del propio Hanks y quizá más relevante), y secundarios brillantes como Bradley Whitford, Jason Schwartzman, B.J. Novak o Paul Giamatti.
Mención especial merece Emma Thompson, posiblemente la opción más lógica para interpretar este personaje si tenemos en cuenta sus dos recientes experiencias como guionista con La niñera mágica y La niñera mágica y el Big Bang, en las que interpreta a una niñera claramente inspirada en Mary Poppins. Thompson está brutalmente genial, recreando en las poco más de dos horas de metraje todos los registros posibles en un actor, mimetizándose perfectamente en la estirada escritora de portes británicos, consiguiendo traspasar su antipatía cuando es preciso pero provocando también nuestra simpatía a su antojo. Es incomprensible como puede haber quedado fuera de la terma de los Oscars, pues pocas interpretaciones pueden tener la fuerza de la Thompson a excepción, probablemente, de Cate Blanchett, cuyos respectivos personajes (recuerden la desequilibrada Blue Jasmine) guardan ciertas similitudes.
La segunda forma de analizar la película es confrontándola a la realidad que pretende trasladarnos. Y ahí es donde falla la cosa. Como es natural, no vamos a exigir una fidelidad fiel a un retrato de Walt Disney producido por los estudios Walt Disney Productions, ya que se prefiere apostar por las tiranteces entre Disney y Travers apostando por la comicidad que produce la diferencia de caracteres y el choque cultural entre la flema británica y el Hollywood más artificial, pero nada se dice del carácter tiránico del creador de Mickey Mouse ni de lo mucho que finalmente llegó a odiar Travers la película, cuya excesiva caracterización como mujer amargada y antipática (por momentos parece la mala de la peli, en contraposición con el amable y generoso Walt) y el desprecio que siente ante la pérdida de los valores y la venta de su propia integridad en favor del dinero americano se debe simplemente a un trauma infantil.

Si se tratase de una película de corte histórico o de la biografía de una personalidad clave sin duda me sentiría decepcionado, pero la fidelidad alcanzada en una historia casi anecdótica que sirve de paso para mostrarnos una vez más el Hollywood dorado y sus entresijos no me resulta fundamental a la hora de decantarme por disfrutar de una película entrañable y muy bien hecha que incita irremediablemente a revisar la Mary Poppins original apenas llegar a casa.

sábado, 8 de junio de 2013

HERMOSAS CRIATURAS * (3d10)

Nos encontramos de nuevo ante lo que yo suelo llamar el efecto crepúsculo,  es decir, la adaptación de una novela para adolescentes temática fantástica e historia de amor imposible por medio. Al igual que los otros dos ejemplos más evidentes de este año (y lo que nos espera): The Host y Memorias de un zombie adolescente, también en esta ocasión se recurre a secundarios de lujo y probada calidad para dar un poco más de empaque al asunto, mientras que los adolescentes elegidos para aguantar el peso de la trama intuyen, a priori, algo más de carisma que los sosonabos que componían el pasteloso triángulo amoroso de la aburrida saga parida por Stephanie Meyer. Esto puede ser una buena noticia de cara al visionado de la película que, no nos engañemos,  es lo que es y para quien es, así que si nos sentamos en la butaca del cine (errr..., ejem..., habéis visto que he colocado el asterisco junto al título,  no? No me culpéis por ello, el motivo es que esta obra maestra no sobrevivió a su primera semana en cartelera) y nos despojamos de toda pretensión y prejuicio podemos esperar pasar al menos un buen rato. Craso error. Tras un principio alentador con una correcta presentación de personajes,  una buena ambientación tanto con respecto al pueblo como al entorno escolar y una primera aparición interesante y prometedora de Jeremy Irons, lo cierto es que una vez asentadas las bases de la historia todo se diluye en aguas de borrajas. La trama pierde todo su sentido, mezclando diálogos románticos que provocan vergüenza ajena con escenas fantásticas con algunos de los efectos especiales más patéticos que recuerdo. Nos explican entonces que hay brujas buenas y malas marcadas por una maldición que data de la guerra de Secesión (aquí no se si fue culpa del aburrimiento o de unos malos guionistas pero confieso que no me enteré de nada, ), que uno se convierte en bueno o malo (esto tiene un nombre que tampoco me he molestado en memorizar) a cierta edad sin poder hacer nada por remediarlo (otra tontería: los malos son malos malisimos sin remedio, pero el personaje de Jeremy Irons parece que era de los malos y escapó del lado oscuro sin mayor problema) y cosas así. Por cierto, por ahí pulula también Emma Thompson, para la que está claro que sus años buenos pasaron hace mucho.

Me doy cuenta ahora de que no he explicado el argumento, pero si a los propios guionistas parece importarle un pepino vosotros no vais a ser menos, ¿no? Por otro lado, la dirección de Richard  LaGravenese (parece mentira que este hombre tenga en su haber diversas nominaciones al Oscar como guionistas, los años no perdonan a nadie) es totalmente plana, con algunas secuencias (como cuando van en coche) que llegan a hacer daño a la vista.

En resumen, película totalmente prescindible, una tontería singular que pretende unificar el drama de Crepúsculo con la magia de Harry Potter y cuya única virtud es la sensación final de que su paupérrima recaudación desaconsejará cualquier intento de secuela.