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lunes, 25 de noviembre de 2019

DOCTOR SUEÑO

Mike Flanagan es un realizador que se siente cómodo en el género del terror y que, además, va mejorando con cada nueva película. Ya con Ouija: el origen del mal conseguía una secuela mucho más interesante que la aburrida película inicial y, en los últimos años, se ha convertido en un fiel seguidor de Stephen King, primero con su adaptación para Netflix de El juego de Gerard y después tomando las riendas de La maldición de Hill House, serie también de Netflix en la que no adaptaba al maestro de Maine, pero cuya esencia se respiraba en casi todos los episodios.
Es por ello que seguramente fuese el más adecuado para escribir y dirigir la adaptación más difícil de una novela de King. Y no porque el doctor Sueño literario fuese muy complejo de adaptar, sino por la intrahistoria que hay tras la novela.
En 1980, Stanley Kubrick adaptó El resplandor, consiguiendo completar una película de terror considerada de culto, pero traicionando bastante el espíritu de la novela, lo que indignó a muchos fans y puso en pie de guerra al propio King. Treinta y seis años después, King decidió escribir una secuela de su obra, una secuela que, lógicamente, contradecía muchas de las invenciones del señor Kubrick para su película.
Así, el reto de Flanagan con Doctor Sueño es el de hacer una buena adaptación de la nueva novela de Stephen King y conseguir, además, que la película pueda funcionar como secuela del clásico que interpretó Jack Nicholson, debiendo aunar ambas versiones como si de una sola se tratase. Y solo por salir airoso del invento ya se merece todos los reconocimientos.
Efectivamente, Doctor Sueño es puro Stephen King. Pero es a la vez un regreso a ese hotel Overlook y a los fantasmas que allí nos aguardan.
Doctor Sueño no es en realidad un relato tanto de terror como de intriga. No hay sustos en la oscuridad ni jump scare gratuitos. Todo gira en torno a Danny Torrance, el niño protagonista de El Resplandor, ya en su edad adulta. Interpretado por un convincente Ewan McGregor, su uso del resplandor (un poder que Kubrick pasaba de puntillas) le lleva a trabajar en un hospital donde detecta y consuela a los pacientes a punto de morir, lo que le da el apodo de Dr. Sueño, mientras trata de superar sus problemas de alcoholismo. Es entonces cuando aparece en su vida una niña con un resplandor igual o más poderoso que el suyo propio que le advierte de una terrible amenaza: una secta formada por algo parecido a vampiros psíquicos que se dedica a matar niños con poderes para alimentarse de ellos.
Como es evidente, nada que ver con el relato claustrofóbico y fantasmagórico de el resplandor, pero que termina aceptando sus normas gracias, sobre todo, a un tercio final de película donde se cierra el círculo y que reconcilia, por fin, a King con Kubrick. Incluso se permite Flanagan alterar el final de la novela de Doctor Sueño para corregir, desde la humildad, alguno de los errores de la película de 1980.
Con todos estos condicionantes, Flanagan ha logrado una película excelente, una gran adaptación de la novela, que reinventa a la vez que homenajea el film de Kubrick. Debo confesar que me encuentro entre los detractores de la película El Resplandor, que ni me gustó en su momento ni creo que el tiempo haya sido caritativo con ella, pero esta secuela (que por argumento y formas no puede compararse a ella) me ha ayudado también a reconciliarme.
Mención especial merece el uso de los villanos de la función, que cuentan con suficiente tiempo en pantalla para poder conocerlos y no ser la simple amenaza en la sombra sin más identidad que el deseo de causar el mal. En este sentido, Rebeca Ferguson está magistral en su interpretación de Rose “la chistera”, consiguiendo ser dulce y despiadada en un abrir y cerrar de ojos, mientras que la debutante Kyliegh Curran sale muy bien parada ante el reto de componer un personaje que podría haber resultado tanto cargante como ridículo en las manos equivocadas.
En definitiva, Doctor Sueño es una gran película, una buena secuela y una excelente adaptación. Una triple corona que merece que Flanagan se consagre como un maestro de terror moderno si no fuera por algún que otro pero ajeno a su trabajo, como es la escasa promoción del film (en Warner prefirieron apostar más por otro King, el de It: Capítulo 2), su equivocada fecha de estreno (pasado ya Halloween) y su condición de secuela tardía, lo que le va a perjudicar en taquilla como ya sucediera con Zombieland: mata y remata y le esté sucediendo también a Terminator: destino oscuro.

Valoración: Ocho sobre diez.

domingo, 7 de octubre de 2018

CHRISTOPHER ROBIN

Si miramos los resultados en taquilla de las últimas películas de los Estudios Disney (es decir, dejando de lado las películas Disney que pertenecen a Marvel, Lucasfilm o Pixar), nos encontramos que todas sus producciones originales han sido sonoros fracasos, desde la infravalorada John Carter de Marte que abrió la veda hasta la desastrosa Un pliegue en el tiempo. Por eso quizá la idea de centrarse en actualizar sus clásicos animados en imagen real no sea tan descabellado, y ahí están Maléfica, Cenicienta o La Bella y la Bestia para demostrarlo.
Llega el turno ahora de Christopher Robin, película que recupera a los personajes de A.A.Milner y actualiza al mítico Winnie the Pooh, aunque el protagonismo esté centrado, en esta ocasión, en su amiguito humano, el Christopher Robin del título.
No soy nada conocedor de la mitología de Pooh y sus compañeros, por lo que no analizaré esta película desde el punto de vista de una adaptación, como sí haré con Venom, sino como una película más, dejando de lado la fidelidad con los personajes originales, aunque me consta que ese es uno de los aspectos positivos del film.
Argumentalmente, está claro que Disney no ha querido correr ningún riesgo, y ha repetido con descaro la fórmula que ya usó hace casi tres décadas Steven Spielberg en una jugada parecida al adaptar en imagen real a Peter Pan en Hook. Es decir, el personaje ha crecido, convirtiéndose en un padre de familia que está tan centrado en su trabajo que apenas tiene tiempo para ellos y que, por descontado, ha olvidado el mundo de fantasía de su niñez. Sin embargo, su pasado viene a por él para recordarle quién era y dónde se encuentra el secreto de la felicidad (en la familia, claro, siento haceros el spoiler...)
Christopher Robin es una película muy blanca, que funciona a nivel familiar y que, gracias al buen trabajo de Ewan McGregor y a la comicidad de los muñequetes, sin abusar demasiado con ellos, se hace digerible para adultos y entrañable para los niños. Esto es Christopher Robin y no hay más de dónde sacar. No es que uno se esperara algo de la mala leche de Ted, por descontado, pero siguiendo el ejemplo de otros peluches parlantes no puedo dejar de lamentarme que no siguieran el camino marcado por Paddington y su secuela, que emanaba amor por el cine y un esfuerzo por realizar una película inteligente a la par que infantil. Con Marc Forster a los mandos, en su primer trabajo tras el desastre que le supuso Guerra Mundial Z, la película es correcta y poco más, un producto prefabricado que resume lo mejor y lo peor que puede definir a una compañía como Disney.
Así que, sin pedir peras al olmo, lo mejor que se puede decir de este film es que no aburre, cumple con las expectativas y da, rozando unos mínimos, con lo que promete. Es cine infantil de evasión y ligero adoctrinamiento familiar y poco más.

Valoración: Cinco sobre diez.

miércoles, 21 de junio de 2017

AMERICAN PASTORAL, dolorosa radiografía americana.

American pastoral supone el debut en la dirección de Ewan McGregor, que se reserva además un apetitoso papel protagonista junto a la maravillosa Jennifer Connelly y a Dakota Fanning, la verdadera estrella de la función.
American pastoral es, además, una intensa novela de Philip Roth ganadora de un Pulitzer entre otros prestigiosos premios, una obra laureada y tremendamente difícil de adaptar, por lo que la simple valentía de McGregor de estrenarse en la silla de director con semejante propósito ya es por sí solo digno de elogio.
En una reunión de antiguos alumnos, un escritor de éxito recibe la noticia del fallecimiento de Levov, un amigo de la infancia. Levov, apodado como “el Sueco”, era la encarnación del sueño americano: joven, guapo y triunfador, el Sueco tenía un gran porvenir por delante. Hijo judío de un empresario bien aposentado, con una brillante carrera deportiva y enamorado de la chica más atractiva de la zona. Lo tenía todo para triunfar, y el nacimiento de su hija convertía a su familia en la perfección con la que cualquiera podría soñar. Pero en ocasiones, los sueños terminan truncándose…
American pastoral, con el Sueco y su familia como hilos conductores, hace un recorrido por la América de los años 60, vertiendo sus tintas contra algunas de las polémicas que acompañaron el mandato de Lyndon B. Johnson, como las protestas masivas por los derechos civiles de la población negra y la participación de Estados unidos en la guerra de Vietnam.
La América en la que se había criado el Sueco se está desmoronando, y su hija Merry (brillante también Hannah Nordberg en su encarnación de doce años) es quien va a pagar las consecuencias de ese descenso a los Infiernos ideológico y espiritual.
American pastoral es una película dura, que sacude las entrañas y hurga en las heridas de los valores familiares, haciendo que el matrimonio protagonista pierda el control de sus vidas sin que puedan hacer nada por retomar el rumbo.
Tiene McGregor algunas cosas a mejorar, como la excesivamente elíptica conclusión, que deja con ganas de saber más sobre los últimos días del Sueco y su esposa Dawn, o la sensación de que el actor da por supuestos muchos datos de la historia americana que pueden pasar desapercibidos para el espectador medio ajeno a ese país. Además, a medida que avanza el metraje, la crónica social comienza a perder peso para centrar los focos en el drama familiar, pero está este tan bien narrado que casi no importa demasiado.
American pastoral es una de esas películas que se disfruta (es un decir) durante su visionado, pero que una vez fuera de las salas de cine continúa removiendo las conciencias y los sentimientos, alargando la agonía y compartiendo el pesar del Sueco.
Convincente McGregor como actor y sobresalientes el elenco femenino, American pastoral es un prometedor debut que, si bien deja de lado algunas subtramas importantes de la novela, sabe resumir el espíritu y la esencia de la misma para ofrecer un relato que debía hablar de triunfadores y se debe conformar con el amargo regusto de la derrota y el dolor.

Valoración: Siete sobre diez.

lunes, 20 de marzo de 2017

LA BELLA Y LA BESTIA, cumplidora fotocopia del clásico

Me resulta especialmente complicado valorar objetivamente esta película, así que voy a tratar de hacer un esfuerzo por ser lo más objetivo y justo con la última producción de Disney que sigue empeñada en versionar sus grandes clásicos animados en acción real.
La bella y la bestia es posiblemente, de todas las revisiones hechas hasta la fecha, la más fiel al material original, resultando prácticamente un calco argumental de la versión de Gary Trousdale y Kirk Wise, recuperando incluso las canciones originales de Alan Menkel. Apenas unos detalles sobre la madre de Bella sirven como mínima diferencia entre ambas películas.
El principal problema de La bella y la bestia cabe encontrarlo en la falta de magia que desprende. Siéndole imposible sorprender en su argumento, es en la aportación de los actores donde debían poner toda la carne en el asador. Es por ello que se reúne un brillante reparto, mucho de ellos simples cameos en su versión doblada, resultando estimulante ver de nuevo a Kevin Kline en un papel tan relevante y con un Luke Evans bastante solvente. 
En el apartado protagonista, sin embargo, Dan Stevens se encuentra demasiado oculto bajo la algo artificial digitalización de la bestia como para desplegar todo el carisma del que es capaz (recuerden su trabajo en The guest), aunque algo de brillo tiene, mientras que su partenaire Emma Watson cumple lo justo, no por falta de belleza ni talento sino porque no consigue superar la comparativa con la Bella original, resultando algo menos maravillosa que su contrapartida animada.
Sin embargo, a quien más se puede responsabilizar de esa falta de magia que embarga al film es a su director, un Bill Condon solvente en historias intimistas, pero a la que el blockbuster todavía le viene algo grande (Dreamgirls no era realmente una superproducción y de sus dos contribuciones a la saga Crepúsculo mejor ni hablar). Sé que no es cuestión de comparar con alguien ajeno al proyecto, pero con la maravillosa versión de La Cenicienta de Keneth Branagh uno no puede evitar imaginar al director de Mucho ruido y pocas nueces con semejante libreto.
No me malinterpreten, que la película no tenga la magia suficiente para enamorar no significa que sea una mala película, Simplemente que desperdicia muchas de sus posibilidades. Con todo, esta nueva versión del cuento clásico es una delicia musical con suficiente lujo y emociones como para resultar sumamente entretenida y en ningún momento aburrida y con unos efectos especiales que cojean un poco en la caracterización de la bestia pero que son magníficos en el resto de secundarios sobradamente conocidos (el candelabro Lumiere, la tetera Sra. Potts, el reloj Din Don...).
No puedo, sin embargo, dejar de comentar la gran lacra de esta película: su versión en español. Los que me conocen saben que soy un gran defensor del cine doblado, pero (llámenlo bipolaridad si quieren), con los musicales ya es otra cosa. Vale que esto sea una película infantil, pero no estamos ya ante un producto de animación, sino uno de imagen real donde vemos a actores reales cantando y bailando, pero sin llegar a oírlos nunca. 
¿Se imaginan a La la land sin la voz rota de la oscarizada Emma Stone? Pues van a quedarse con las ganas de escuchar a otras Emmas como la Watson o la Thompson. Y si el doblaje en España es de muy buena calidad no puedo decir lo mismo de la mayoría de cantantes de por aquí. Siendo La bella y la bestia un musical puro con gran cantidad de canciones casi me sangran los oídos con los gorgojos insoportables de la versión española. Y eso me hace odiar un poquito a la película. 
Vayan a verla. Está realmente bien pese a las limitaciones comentadas. Y lleven a sus niños para que las disfruten. Pero, por favor, que sea en versión original. Sus oídos lo agradecerán. Y, al fin y al cabo, en la mayoría de las canciones dobladas tampoco se entiende lo que dicen…

Valoración: Seis sobre diez. 

domingo, 26 de febrero de 2017

T2 TRAINSPOTTING, buscando nuevas elecciones con añoranza.

Veinte años es mucho tiempo. Tiempo más que suficiente como para que la sociedad cambie, los niños se hagan grandes y el futuro que una vez alguien imagino se vuelva un amargo presente. En veinte años Ewan McGregor ha pasado de ser un desconocido actor escocés con fama de rebelde a una estrella de Hollywood con su participación en Star Wars como punto álgido, Danny Boyle, un autor con signos de independencia, ha ganado un Oscar y sus películas son presencia habitual en las galas de premios de todo el mundo y aquellos chavales de Edimburgo que tiraban sus vidas por el retrete por culpa de la heroína han sobrevivido a su pasado y deben enfrentarse a un mundo en el que quizá no tengan ya cabida.
Veinte años es lo que ha transcurrido entre Trainspotting y T2 Trainspotting, y ese salto temporal es en lo que más incide Danny Boyle a la hora de volver a enfrentarse de nuevo a los personajes que lo lanzaron a la fama.
Se trata, como digo, de otros tiempos, y el tono rebelde y sucio de Boyle de aquella pequeña pero arrebatadora obra se ha suavizado hasta el exceso. Esta secuela no tiene ni la fuerza ni el desagradable dolor que se ocultaba en la cruel comedia del 96, pero a cambio gana en calidad estética y elegancia. Boyle no está ya interesado en mostrar un Edimburgo sucio y maloliente y apuesta por mostrarnos la hermosura de la ciudad escocesa y sus alrededores, e incluso las escasas escenas de aparente escatología (los vómitos de Spud, el retrete de la discoteca) son nimiedades en comparación con lo que se nos mostraba en el film original. Un film que trataba sobre chavales que no tenían un futuro por delante, que se burlaban del eslogan “Elige vida”. Viendo lo que para ellos suponía la vida, mejor elegir la heroína, decían. Ahora, sin embargo, la cosa ha cambiado, y no estamos ante una película con jóvenes sin futuro, sino todo lo contrario, se trata de hombres perseguidos por su pasado. Ya lo dice el propio Renton es un discurso completamente nuevo: "Eres un adicto, así que vuélvete adicto. Sólo que vuélvete adicto de otras cosas, Elige a aquellos que amas. Elige tu futuro, Elige la vida".
A la hora de plantearse esta película, Boyle podría haber tirado por el camino fácil y limitarse a repetir una historia parecida basada en las nuevas generaciones, pero en lugar de eso apuesta por una continuación real, con el consiguiente problema de que es casi imprescindible conocer los precedentes para disfrutar de la película. Trainspotting terminaba con la separación de los cuatro amigos tras la traición de Renton y apenas ha habido contacto entre ellos en estos veinte años, así que la nueva película arranca casi empalmando con aquello final, con el regreso de Renton a Edimburgo dispuesto a afrontar las consecuencias de su huida.
T2 vuelve a ser una película que habla de la amistad y la traición, de la responsabilidad hacia los demás (ya sea la familia, la amante o los amigos) y de la posibilidad de redención. La búsqueda del perdón sobrevuela todo el rato a los personajes y la vida (aunque sea una vida artificial, definida por las redes sociales, los trabajos precarios y la comida basura) debe sustituir al fin a la heroína. Esta vez sí se trata de elegir vida.
La película funciona, además, como homenaje a aquella en la que sus integrantes saltaron a la fama, volviendo a ella en numerosas ocasiones, en una mirada nostálgica que invita a pensar que pese a la droga que destruyó familia y mató a más de un amigo, no todo era malo. Es por eso que repiten los mismos actores de entonces, incluso en los casos más secundarios, y pese a contar, como no podía ser de otra manera, con otra gran banda sonora, es a Lust for life de Iggy Pop a quien se vuelve a recurrir para cerrar el círculo. No obstante, es curioso (y nada casual) que sea un personaje nuevo, Veronika, la que realmente simbolice el nuevo camino a seguir y, aunque sea repitiendo la jugada ya vista en el primer Trainspotting, resuma con sus acciones todo lo que se puede esperar de esta nueva película.
En estos veinte años Doyle se ha domesticado, por lo que T2 es mucho menos salvaje y potente que Trainspotting, pero también es mejor película.

Valoración: Siete sobre diez.

sábado, 26 de noviembre de 2016

UN TRAIDOR COMO LOS NUESTROS. Tan efectiva como simple.

Dirigida por Susanna White, realizadora surgida de la televisión británica, aunque debutó en cine con La niñera mágica y el Big Bang, Un traidor como los nuestros es una nueva adaptación a una obra de John le Carré, que ejerce además de productor.
Con un argumento más sencillo y lineal de lo que nos tiene acostumbrado el autor de La Casa Rusia, El hombre más buscado o El Topo, entre otras, la película narra la epopeya de Perry y Gail Perkins, un matrimonio en crisis que en una escapada a Marruecos con el objetivo de avivar la chispa de su relación conocen a un magnate ruso, Dima, con quien entablan una gran amistad. Dima los introducirá en un mundo de lujo y derroche que se pinta muy feliz hasta el momento en que revela a Perry que es un contable de la mafia rusa al que han puesto precio por su cabeza y depende de la buena fe del turista para que contacte con el MI6 para negociar su protección a cambio de un listado de los implicados en turbios asuntos delictivos, entre los que se incluyen influyentes personalidades británicas.
Se inicia así un juego del gato y el ratón en el que el MI6 va a implicar irremediablemente a Perry y su esposa, que verán como su vida cambia drásticamente, pasando de ser un simple profesor de poesía y una abogada penal a dos agentes secretos dispuestos a dar su vida no por su país sino por proteger a Dima y su familia.
Un traidor como los nuestros es una entretenida película de acción e intriga, que no aporta nada nuevo al género pero cumple sus funciones a la perfección. Sin grandes alardes narrativos ni visuales presenta una trama sencilla con unos personajes que van del punto A al punto B y entre los que destacan un magnífico Stellan Skarsgård en el papel del “traidor” ruso.
Estamos en una sociedad confusa y de valores frágiles, y White tiene tiempo para realizar un cambio de papeles y conseguir que un asesino y blanqueador de dinero ruso sea visto con ternura mientras que personajes al servicio del gobierno británico puedan resultar odiosos, y esto funciona en parte con la representación del Perry que interpreta Ewan McGregor como el prototipo del héroe sin debilidades, que lucha por aquello en lo que cree y no duda en jugárselo todo por ayudar a alguien a quien no conoce apenas, como un James Stewart moderno, en un papel que recuerda por momentos al Robert Langdon interpretado por Tom Hanks de las novelas de Dan Brown. Un héroe, como no puede ser de otra manera, con pies de barro, aunque en su caso sus pecados son parte del pasado y simple excusa para situar al matrimonio en en lugar adecuado y en el momento oportuno.
Con un hermoso recorrido turístico por Marrakech, Londres, París y Berna, la película no es –ni lo pretende- una réplica a James Bond ni a Ethan Hunt, sino la humanización del espía en un ejercicio que aboga por la defensa de los valores familiares y la lealtad por encima de todo.
Y completando el reparto Naomie Harris, Damian Lewis, Mark Gatiss o Jeremy Northam ponen la guinda de un pastel tan efectivo como superfluo.

Valoración: Siete sobre diez.

jueves, 12 de mayo de 2016

LA VENGANZA DE JANE: un western demasiado lineal.

Curiosa propuesta producida por la propia Natalie Portman y que confirma que el género del western vuelve a estar muy de moda, aunque sea a través de películas pequeñas que deban aprovecharse de su paso por festivales o a eventos como La fiesta del cine para poder ser algo visibles.
Dirigida por Gavin O'Connor, La venganza de Jane narra la historia una mujer con un doloroso pasado que se verá atrapada en medio de una violenta confrontación con la antigua banda de maleantes a la que perteneció su marido y ante sólo podría tomar dos decisiones: huir o enfrentarse a ellos aunque eso le suponga abrir viejas heridas.
Si algo hay que reprocharle a la película es su trama demasiado lineal. 
Pese a estar contada en dos líneas temporales, de forma que conocemos lo que le pasó a Jane mediante flashbacks, la trama en sí es demasiado sencilla, carente de algún giro que aporte algo de emoción a la misma. Los malos rodean a Jane en su propia casa, nos explican la relación que tenían entre ellos en el pasado y hay un combate final. Sin espacio para las sorpresas.
Pese a todo, las buenas interpretaciones, el tono dramático con tintes de romance y la buena ambientación hacen que esta película, que además de la Portman cuenta con la participación de Joel Edgerton y un irreconocible Ewan McGregor, hacen que la película se deje ver con simpatía, resultando ser tan interesante como fácilmente olvidable.

Valoración: Cinco sobre diez.

lunes, 13 de abril de 2015

MORTDECAI (4d10)

David Koepp es un guionista con cierto renombre en el mundillo de Hollywood, autor de diversos títulos dirigidos por Spielberg como Parque Jurásico, El Mundo Perdido, La guerra de los Mundos o la última de Indiana Jones, además de Ángeles y demonios, Atrapado por su pasado o el primer Spider-man de Raimi, pero que como director no ha conseguido destacar todavía, siendo la inquietante El último escalón (con Kevin Bacon) su mejor trabajo hasta la fecha.
Mortdecai, su última película (en la que curiosamente no participa en el guion), parecía una piedra de toque para demostrar su calidad y, sobre todo, su efectividad, con una comedia de intriga que, a priori, parecía contener todos los elementos necesarios para ser un éxito de taquilla: adapta una saga literaria de cierto éxito, contiene un reparto atractivo, pertenece a un género de habitual aceptación por parte del público, con claras reminiscencias a Austin Powers, Johnny English o, sobre todo, la saga de La Pantera Rosa… Sin embargo, Koepp (pese a que como guionista es autor de la genial aunque incomprendida La muerte os sienta tan bien) no parece sentirse demasiado cómodo en la comedia, y la primera crítica que hay que hacer a la película es que no resulta en casi ningún momento divertida, estando plagada de gags absurdos y diálogos estúpidos y repetitivos.
Por otro lado, Johnny Deep es un actor antiguamente aplaudido por público y crítica que lleva un tiempo en horas bajas y que parecía jugarse el poco prestigio que le quedaba  con esta película. Pero al final, y perdón si molesto a los pocos fieles que le puedan quedar, Deep es lo peor del film, convertido definitivamente en una caricatura de sí mismo y sin ningún motivo para creer en su recuperación.
Mortdecai pretende conjugar una trama enrevesada con toques de comedia, intriga y sensualidad, pero el argumento planteado es tan desquiciante como confuso, con cuadros de Goya robados, restauradoras muertas, códigos ocultos… pero que al final todo parece girar en torno a si el protagonista debe mantener o no su bigote (¡sig!).
Desde hace algunos meses los carteles publicitarios de la película invitaban a pensar que se trataba de una comedia glamurosa y elegante, pero ya desde el primer tráiler se podía intuir el despropósito, siendo una justita Gwyneth Paltrow la única que, sin esforzarse demasiado, pone el toque de glamour, pues a su lado Ewan McGregor no parece tomarse en serio su papel en ningún momento, Paul Bettany está ridículo como pareja cómica de Depp, y Olivia Munn no cuela como el reclamo sexual que se le supone.
Con una pomposidad desmedida, Mortdecai puede resultar, con muy buena voluntad, una película simpática, pero poco más. Es totalmente irregular, confusa y fallida, y no contiene ningún personaje que produzca la más mínima empatía en el espectador, por lo que su visionado no pasa de ser un leve entretenimiento.
Muy leve, insisto.

sábado, 18 de enero de 2014

AGOSTO (6d10)

Basada en la obra de teatro del mismo nombre de Tracy Letts, Agosto cuenta la historia de una familia media compuesta por un matrimonio, sus tres hijas y la hermana de la matriarca, que se reúnen en casa de los padres en un exageradamente cálido mes de agosto tras la desaparición del cabeza de familia. Todos juntos de nuevo alrededor de la mesa, viejas trencillas y oscuros secretos saldrán de nuevo a flote amenazando con destruir los cimientos de esta familia y aquellos que se han atrevido a acercarse a ellas.
Vaya por delante que, pese a que las situaciones pueden hacernos sonreír en más de una ocasión, no es para nada una comedia, por más que los miembros de la Academia la hayan encajado en los Globos de Oro en la categoría de Comedia o Musical. Es una historia dura, amarga y autodestructiva que estremece al espectador y hace sufrir con la capacidad que sus intérpretes (sobre todo las femeninas) tienen para transmitir su angustia.
Con un reparto sencillamente inmejorable del que hablaré a continuación la película contiene dos errores de bulto: contar con el propio Letts como guionista, demostrándonos una vez más qué cierto es el dicho de “zapatero a tus zapatos” (¿alguien recuerda alguna ocasión en que un buen escritor haya mejorado su historia por adaptar él mismo el guion en lugar de confiárselo a un profesional del cine?) y tener a un director como John Wells, que pese a las buenas sensaciones que dejó con The company men demuestra no estar a la altura, pretendiendo (y fracasando) dejar su huella y tratando de evitar que la película se vea simplemente como una obra de teatro en cine, algo bastante frecuente en las adaptaciones. Sin embargo, para ello no basta con interponer de vez en cuando bonitos paisajes y espectaculares puestas de sol. Su filmación entorpece la narración cuando lo más sencillo es dejar interpretar libremente a sus actores y ceñirse a saber sacar brillo de los diálogos, verdadero motor de la historia.
Con un inicio algo titubeante (que hace presagiar que estamos ante la típica película “solo para mujeres”), la historia va in crescendo a medida que diversos y variopintos personajes entran en escena (nunca mejor dicho) y los trapos sucios comienzan a airearse. Es entonces cuando comprobamos que estamos, sobretodo, ante una película de conversaciones, donde los diálogos, como señalé antes, toman el protagonismo demostrando que esta familia con demasiadas heridas aún sin cicatrizar, puede herir más con las palabras que con cuchillos.
Con una duración correcta que quizá maltrate la historia original (dos horas contra las casi cuatro que dura en los escenarios, aunque parece ser que corre por ahí una versión extendida de la película que espero descubramos en su futura edición en DVD), la película termina por contagiarnos las emoción y drama sin necesidad de grandes alardes técnicos, dejándolo todo en manos de sus protagonistas. Y a ellos vamos:
Meryl Streep interpreta a Violet Weston, una histérica mujer con problemas de salud y adicta a las pastillas, en un trabajo correcto pero algo exagerado (he oído decir por ahí que parece salida de Las brujas de Zagarramurdi), mientras que el veterano Sam Shepard interpreta a su sufrido (y algo dado a la bebida) marido Beverly. Barbara es la primera hija que escapó de la prisión que le suponía esa familia, aunque su matrimonio con Bill (Ewan McGregor) que le ha dado una hija rebelde y caprichosa (Abigail Breslin) no es todo lo feliz que pretende aparentar. Julia Roberts le pone rostro y carácter, ofreciendo un duelo interpretativo entre dos grandes de Hollywood que podría repetirse en la próxima gala de los Oscars. Otra de las hijas, Karen, está interpretada por Juliette Lewis, una desvergonzada que huyó del nido para saltar de hombre en hombre hasta encontrar al adecuado para sentar la cabeza, Steve (Delmot Mulroney). La última hija es Ivy, quien no ha tenido más remedio (o quizá se trata simplemente de cobardía) que quedarse cerca de casa y encargarse de cuidar a su problemática madre. Julianne Nicholson, la más desconocida del reparto, es todo un descubrimiento y es ella, y no la Streep ni la Roberts, quien realmente merece todas las alabanzas.
Completan esta curiosa familia los tíos: Mattie (Margo Martindale) y Charlie (Chris Cooper), ella una (aparentemente) feliz y risueña mujer rechoncha y él el único con los pies en el suelo en ese manicomio de reproches y ofensas (Cooper es, junto a Nicholson, la otra gran perla del film). Ambos tienen un hijo, Little Charles (Benedict Cumberbatch), a quien su propia madre desprecia por ser un poco lelo, ignorante de que este está enamorado de Ivy. Y por cierto, si piensan que el gran problema de este amor es que son primos, están muy equivocados.
Finalmente, Misty Upham interpreta a Johnna, una sirvienta contratada por Beberly al arranque del film y que sirve de identificación con el espectador, siendo ella misma espectadora de lujo en ese terrible mes de agosto.
No será una obra de arte, desde luego, pero terminan tocando el corazón y ayuda a meditar sobre los propios problemas que podamos tener cada uno en nuestra vida personal.
Al final, va a resultar que nuestra familia no es tan mala, ¿no?



domingo, 17 de marzo de 2013

JACK, EL CAZAGIGANTES (5d10)

Seguimos explotando el mundo de los cuentos infantiles en pantalla grande (y lo que nos queda). En este caso le toca turno al cuento conocido en España como Las habichuelas mágicas, que en manos de Bryan Singer (curioso, el otro día hablaba de un cuento versionado por el director de Spider-man, ahora se trata del director de X-men) se transforma en una historia bélica con aroma al Señor de los Anillos (muy de andar por casa, eso sí) en la que Jack, un pastor huérfano, recibe unas semillas que, al ser plantadas, le abre las puertas a un reino misterioso oculto entre las nubes donde habitan los gigantes, una raza que años atrás estuvo en guerra con los humanos. Para que Jack pueda pasar de pastor a héroe es necesario una princesa secuestrada, claro está, y el muchacho (acompañado por un  escuadrón de soldados del rey) accederá a ese mundo temible en pos del rescate, aunque provocando con ello que la guerra se reanude después de tantos años de paz. Como veis, un enfoque algo diferente a la historia que leímos siendo niños, pero necesario para dotar a la película de la espectacularidad que precisa toda gran superproducción. Una superproducción, por cierto, que se dice va a ser un rotundo fracaso económico, en vista de los primeros resultados de taquilla, aunque ya sabemos que, después de la recaudación internacional, el DVD y la televisión la cosa no será para tanto.
Lo cierto es que no ha acabado de entusiasmar este cuento pese a contar con algunas figuras importantes dentro de su reparto, como es el caso de Ewan McGregor (al que este rodaje le habrá parecido unas vacaciones después de Lo imposible) como el general que encabeza el rescate de la princesa, una interpretación acomodada y muy alejada de sus mejores momentos. Tenemos también a Stanley Tucci, un gran actor que combina a su antojo películas de gran calidad con productos más comerciales, como es este caso.  Completando el póker de ases están Ian McShade  (que ya estuvo en Blancanieves y la leyenda del cazador) y a Bill Nighy (genial comediante británico, aunque siempre será recordado como el villano de Underworld). Supongo que ya habréis detectado el principal problema, y es que todavía no he nombrado a ninguno de los dos protagonistas. Y es que si al menos a Nicholas Hoult lo vimos en X-men: primera generación (aunque a media película desaparece bajo el maquillaje de la Bestia) y tiene un estreno en lista de espera interpretando a un zombi enamorado (??), a Eleanor Tomlinson, que interpreta a la princesa, no se le conoce ningún papel relevante hasta la fecha. Demasiada debilidad interpretativa en los papeles más importantes, me temo.

Pero no son solo sus protagonistas los que lacran esta película, sino que a la saturación de cuentos que sufren nuestras pantallas de cine hay que añadir además la saturación de efectos digitales que sufre este Jack, el cazagigantes. Hay un exceso tal de gigantes infográficos que en ningún momento te permite entrar en la historia ya que, reconozcámoslo, la calidad de estos seres distan mucho de los que aparecen en producciones mucho más cuidadas como las sagas del Señor de los Anillos o Harry Potter. Todo en Jack, el cazagigantes es artificial, desde las cascadas de agua hasta las llamaradas de fuego, y se nota demasiado como para poder disfrutar de una historia que, por otra parte, no es para echar cohetes. ¿Entretiene? Sí, para que lo vamos a negar, pero siempre rozando unos mínimos que la alejan mucho de las expectativas que se pudieron crear o del dinero invertido. Y además, la fecha elegida para su estreno va a hacer que sea constantemente comparada con Oz, un mundo de fantasía. Y en esa comparativa la cinta de Raimi es la que se lleva el gato al agua.