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lunes, 20 de marzo de 2017

LA BELLA Y LA BESTIA, cumplidora fotocopia del clásico

Me resulta especialmente complicado valorar objetivamente esta película, así que voy a tratar de hacer un esfuerzo por ser lo más objetivo y justo con la última producción de Disney que sigue empeñada en versionar sus grandes clásicos animados en acción real.
La bella y la bestia es posiblemente, de todas las revisiones hechas hasta la fecha, la más fiel al material original, resultando prácticamente un calco argumental de la versión de Gary Trousdale y Kirk Wise, recuperando incluso las canciones originales de Alan Menkel. Apenas unos detalles sobre la madre de Bella sirven como mínima diferencia entre ambas películas.
El principal problema de La bella y la bestia cabe encontrarlo en la falta de magia que desprende. Siéndole imposible sorprender en su argumento, es en la aportación de los actores donde debían poner toda la carne en el asador. Es por ello que se reúne un brillante reparto, mucho de ellos simples cameos en su versión doblada, resultando estimulante ver de nuevo a Kevin Kline en un papel tan relevante y con un Luke Evans bastante solvente. 
En el apartado protagonista, sin embargo, Dan Stevens se encuentra demasiado oculto bajo la algo artificial digitalización de la bestia como para desplegar todo el carisma del que es capaz (recuerden su trabajo en The guest), aunque algo de brillo tiene, mientras que su partenaire Emma Watson cumple lo justo, no por falta de belleza ni talento sino porque no consigue superar la comparativa con la Bella original, resultando algo menos maravillosa que su contrapartida animada.
Sin embargo, a quien más se puede responsabilizar de esa falta de magia que embarga al film es a su director, un Bill Condon solvente en historias intimistas, pero a la que el blockbuster todavía le viene algo grande (Dreamgirls no era realmente una superproducción y de sus dos contribuciones a la saga Crepúsculo mejor ni hablar). Sé que no es cuestión de comparar con alguien ajeno al proyecto, pero con la maravillosa versión de La Cenicienta de Keneth Branagh uno no puede evitar imaginar al director de Mucho ruido y pocas nueces con semejante libreto.
No me malinterpreten, que la película no tenga la magia suficiente para enamorar no significa que sea una mala película, Simplemente que desperdicia muchas de sus posibilidades. Con todo, esta nueva versión del cuento clásico es una delicia musical con suficiente lujo y emociones como para resultar sumamente entretenida y en ningún momento aburrida y con unos efectos especiales que cojean un poco en la caracterización de la bestia pero que son magníficos en el resto de secundarios sobradamente conocidos (el candelabro Lumiere, la tetera Sra. Potts, el reloj Din Don...).
No puedo, sin embargo, dejar de comentar la gran lacra de esta película: su versión en español. Los que me conocen saben que soy un gran defensor del cine doblado, pero (llámenlo bipolaridad si quieren), con los musicales ya es otra cosa. Vale que esto sea una película infantil, pero no estamos ya ante un producto de animación, sino uno de imagen real donde vemos a actores reales cantando y bailando, pero sin llegar a oírlos nunca. 
¿Se imaginan a La la land sin la voz rota de la oscarizada Emma Stone? Pues van a quedarse con las ganas de escuchar a otras Emmas como la Watson o la Thompson. Y si el doblaje en España es de muy buena calidad no puedo decir lo mismo de la mayoría de cantantes de por aquí. Siendo La bella y la bestia un musical puro con gran cantidad de canciones casi me sangran los oídos con los gorgojos insoportables de la versión española. Y eso me hace odiar un poquito a la película. 
Vayan a verla. Está realmente bien pese a las limitaciones comentadas. Y lleven a sus niños para que las disfruten. Pero, por favor, que sea en versión original. Sus oídos lo agradecerán. Y, al fin y al cabo, en la mayoría de las canciones dobladas tampoco se entiende lo que dicen…

Valoración: Seis sobre diez. 

domingo, 13 de septiembre de 2015

RICKI (5d10)

Tras cuatro películas y media españolas y una coproducción franco-china ya iba siendo hora de poder recurrir a un título cien por cien americano.  ¿Y qué puede haber más americano que una mujer de Chicago capaz de dejar atrás a su familia en pos de perseguir su sueño de ser estrella de rock y que termina cantando en un bar cutre en la costa californiana?
Ese es el arranque de Ricki, película hecha a mayor gloria de Meryl Streep que tras sorprender a todo el mundo con Mamma mia! y repetir  en Into the Woods, parece haberle cogido el gustillo a esto de cantar y se mete en la piel de una cantante bastante pasada de vueltas que, tras años de abandono, se reencuentra con su antigua prole (había tenido tiempo de tener tres hijos antes de decidir que su camino iba hacia otro lado) tras la dura ruptura matrimonial de la niña de la familia y la inminente boda de uno de los hijos (para redondear el circulo, el tercero ha salido gay, ¿cómo no?).
Jonathan Demme, aquel realizador que tras El silencio de los corderos y Philadelphia parecía que iba a comerse el mundo y que se diluyó entre la mediocridad y la televisión (lo único destacado desde aquella lejana época ha sido El mensajero del miedo, del 2004, donde ya contaba con la labor siempre efectiva de la Streep), se hace cargo de una película demasiado repleta de tópicos donde solo la buena labor interpretativa permite que se destaque en algo, con Kevin Kline interpretando al marido abandonado, Mamie Gummer (hija en la vida real de Meryl Streep y hermana de Grace, nombrada hace apenas un par de entradas por Aprendiendo a conducir), Sebastian Stan (El Soldado de Invierno de Marvel) y Nick Westrade como los sufridos hijos y Rick Springfield dando el cante en el buen sentido ela palabra (tiene un Grammy en sus estanterías).
Cuando la Ricki del título agarra su guitarra y se sube al escenario acompañada por The Flash, la película invita a pensar que vamos a emprender un viaje por el lado oscuro del rock, una epopeya sobre los sueños que terminan convertidos en fracasados cincuentones aferrados a unas esperanzas ya difuminadas y condenados a terminar sus días en un escenario indigno por un salario más indigno aún (la protagonista se gana la vida, en realidad, como cajera de supermercado). Sin embargo, todo se va al traste cuento la cosa deriva en un melodrama simplón y sin alma, un folletín culebronesco demasiado mascado con personajes apenas dibujados y sin que el director sepa implantar suficiente emoción y haciendo que uno se pregunte qué tendrá esta Diablo Cody para que le sigan comprando guiones cuando la revelación que le supuso Juno ha quedado ya tan lejos.
La única decisión inteligente de la película es la de abusar de Streep para que cope casi todos los planos, logrando gracias a su indudable talento mantener a flote una historia que deambula sin rumbo fijo hacia un único destino posible: el regreso de un rock mucho más light de lo que el aspecto de la protagonista augura pero rock al fin y al cabo.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

PLAN EN LAS VEGAS (7d10)

Después de visionar el tráiler de esta película quedaba claro que nos la querían vender bajo el estigma de Resacón en las Vegas versión jubilados (incluso se incluye la palabra “resacón” en dicho tráiler), pero afortunadamente, tras su visionado, puedo aseguraros que no hay demasiado de aquella saga en la nueva película del irregular director Jon Turteltaub, por más que se trate de una comedia ambientada en Las Vegas con la amistad como telón de fondo.
De hecho, tras un principio transportándonos a la infancia de los protagonistas, lo primero que viene a la mente es el aroma nostálgico de la magnífica Cuenta Conmigo, con la presentación de unos personajes en la edad en la que se labran las amistades verdaderas y en las que se viven acontecimientos que marcarán nuestras vidas de adultos, aquí representadas en forma de botella de whisky.
Naturalmente, la excusa de una despedida de soltero en Las Vegas provoca una serie de secuencias obligadas, como las impresionantes panorámicas de los casinos, las chicas espectaculares, las actuaciones musicales, borracheras, las chicas espectaculares, algún cameo famosete  y… ¿he nombrado ya las chicas espectaculares?
Sin embargo, la historia de cuatro amigos que se reencuentras para la boda de uno de ellos y las cicatrices que las decisiones que tomaron algunos de ellos en el pasado les ha provocado, no solo da para casi dos horas de chistes y situaciones absurdas sino que se permite también reflexionar sobre temas tan importantes como la vejez, la amistad como contraposición del amor, la pérdida y la soledad. Los protagonistas no son unos jóvenes alocados con toda la vida por delante, aunque en ocasiones se quieran comportar como tal (sirva de ejemplo cuando ejercen de jurado de un concurso de biquinis), sino que deben cargar con un pasado que invita, entre risa y risa, a reflexionar sobre la vida misma.
Repasemos un momento a los protagonistas: Archie (Morgan Freeman) ha tenido algún amago de infarto y vive temeroso por su delicada salud y la sobreprotección de su preocupado hijo, Sam (Kevin Kline) colecciona operaciones y prótesis aparte de un matrimonio feliz al que los años han hecho mella hasta hacerle perder toda pasión, Paddy (Robert De Niro) ha perdido al amor de su vida, Sophie ( la niña que fue nexo de unión entre los cuatro amigos en sus años mozos y que con su muerte provocó “diferencias irreconciliables” entre Paddy y Billy) y es huraño y amargado, y finalmente Billy (Michael Douglas), el triunfador que lo tiene todo: salud, dinero y el amor de una chica treinta años más joven que él pero que, cuando escarbamos solo un poco la superficie, quizá acabe siendo el más pobre de todos.
Y para cuadrar el círculo nos falta la “chica” de la película, Diana, una Mary Steenburgen que a sus sesenta años parece mucho más joven y esterilizada que en la ya lejana Regreso al Futuro III y que deberá reencarnar el espíritu de Sophia para curar heridas que seguían reacias a cerrarse.
Pero no se confundan, por encima de todo esto es una comedia, aunque con mensaje, y como tal los equívocos se sucederán uno tras otros, con mayor o menor brillantez, haciéndonos pasar un rato estupendo gracias, en gran medida, a cuatro actores monstruosos que están completamente desatados y dan lo mejor de sí mismos, destacando la buena química existente entre ellos (no en vano entre los cuatro suman seis Oscars y otras nueve nominaciones) y regalándonos algún gag de corte personal (el malentendido sexual de Kevin Kline puede referenciarnos a In&Out, Michael Douglas parece sacado de Wall Street y las referencias mafiosas siempre irán de la mano de De Niro).
El punto débil habría que buscarlo en la recta final, cuando puede encontrarse un cierto bajón y se echa en falta algo más de gamberrismo, pretendiendo Turteltaub ser demasiado amable y azucarado (no en vano uno de sus primeros éxitos fue Mientras dormías) pero que no es suficiente para enturbiar una buena película que sin carcajadas demasiado estridentes (además de que los mejores gags se destripan en el tráiler) sí mantiene la sonrisa perpetua durante todo el metraje.

Si además, invita a la reflexión, ¿qué más se puede pedir?