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domingo, 7 de octubre de 2018

CHRISTOPHER ROBIN

Si miramos los resultados en taquilla de las últimas películas de los Estudios Disney (es decir, dejando de lado las películas Disney que pertenecen a Marvel, Lucasfilm o Pixar), nos encontramos que todas sus producciones originales han sido sonoros fracasos, desde la infravalorada John Carter de Marte que abrió la veda hasta la desastrosa Un pliegue en el tiempo. Por eso quizá la idea de centrarse en actualizar sus clásicos animados en imagen real no sea tan descabellado, y ahí están Maléfica, Cenicienta o La Bella y la Bestia para demostrarlo.
Llega el turno ahora de Christopher Robin, película que recupera a los personajes de A.A.Milner y actualiza al mítico Winnie the Pooh, aunque el protagonismo esté centrado, en esta ocasión, en su amiguito humano, el Christopher Robin del título.
No soy nada conocedor de la mitología de Pooh y sus compañeros, por lo que no analizaré esta película desde el punto de vista de una adaptación, como sí haré con Venom, sino como una película más, dejando de lado la fidelidad con los personajes originales, aunque me consta que ese es uno de los aspectos positivos del film.
Argumentalmente, está claro que Disney no ha querido correr ningún riesgo, y ha repetido con descaro la fórmula que ya usó hace casi tres décadas Steven Spielberg en una jugada parecida al adaptar en imagen real a Peter Pan en Hook. Es decir, el personaje ha crecido, convirtiéndose en un padre de familia que está tan centrado en su trabajo que apenas tiene tiempo para ellos y que, por descontado, ha olvidado el mundo de fantasía de su niñez. Sin embargo, su pasado viene a por él para recordarle quién era y dónde se encuentra el secreto de la felicidad (en la familia, claro, siento haceros el spoiler...)
Christopher Robin es una película muy blanca, que funciona a nivel familiar y que, gracias al buen trabajo de Ewan McGregor y a la comicidad de los muñequetes, sin abusar demasiado con ellos, se hace digerible para adultos y entrañable para los niños. Esto es Christopher Robin y no hay más de dónde sacar. No es que uno se esperara algo de la mala leche de Ted, por descontado, pero siguiendo el ejemplo de otros peluches parlantes no puedo dejar de lamentarme que no siguieran el camino marcado por Paddington y su secuela, que emanaba amor por el cine y un esfuerzo por realizar una película inteligente a la par que infantil. Con Marc Forster a los mandos, en su primer trabajo tras el desastre que le supuso Guerra Mundial Z, la película es correcta y poco más, un producto prefabricado que resume lo mejor y lo peor que puede definir a una compañía como Disney.
Así que, sin pedir peras al olmo, lo mejor que se puede decir de este film es que no aburre, cumple con las expectativas y da, rozando unos mínimos, con lo que promete. Es cine infantil de evasión y ligero adoctrinamiento familiar y poco más.

Valoración: Cinco sobre diez.

sábado, 4 de abril de 2015

CENICIENTA (8d10)

Como no es mi intención mentir ni tratar de engañar a nadie, no voy a ocultar mi total devoción hacia el cine de Kenneth Branagh, siendo Los amigos de Peter una de mis películas preferidas y considerando su Frankenstein o su Mucho ruido y pocas nueces como verdaderas obras maestras.
Cierto es que de un tiempo a esta parte el señor Branagh ha perdido parte de su magia, con algún patinazo como La huella, películas carentes de su sello personal como en Jack Ryan: Operación Sombra o embarcándose en blockbusters aparentemente alejados de su narrativa intimista y británica como el Thor que filmó para Marvel (una muy buena película con excelentes momentos en Asgard y por la que apenas se le ha reconocido a Branagh el mérito de ser el “descubridor” de Tom Hiddleston). Y por eso, cuando supe que iba a ser el encargado de dirigir una nueva adaptación en imagen real de un cuento de Disney me llevé las manos a la cabeza. Otro más que se vende al dinero fácil, pensé, tal y como sucedió con mi otrora admirado Tim Burton y su alucinógena Alicia en el país de las Maravillas.
Nada más alejado de la realidad. Argumentalmente hablando, Branagh no inventa nada, limitándose a transcribir en imágenes la historia clásica, paso por paso, añadiendo si cabe alguna pincelada con la que rellenar los huecos elípticos que la historia original poseía. Sin embargo, desde el punto de vista visual, Cenicienta es sencillamente sublime.
Innegablemente hermanada a Mucho ruido y pocas nueces (como en aquella, el compositor Patrick Doyle está especialmente inspirado), Cenicienta posee la fuerza visual que tanto me apasiona de Branagh y que, excepto en momentos fugaces de Thor, no veía desde Frankenstein. Movimientos de cámara impecables, travelings maravillosos, grandes panorámicas… Momentos como los de la transformación (el reencuentro de Branagh con Helena Bonham Carter tras su flirteo en Frankenstein nos permite recordar que bajo el excesivo maquillaje gótico con la que la inundaba Burton se oculta una hermosa mujer) de Cenicienta, el baile (nadie sabe filmar escenas de baile como el norirlandés), la sutil pero asfixiante madrasta que compone Cate Blanchet, la dulce fragilidad de la Cenicienta Lily James (poco conocida actriz rescatada de Downton Abbey y a la que pronto veremos en Orgullo y Prejuicio y zombies), todo brilla con luz propia en una película que consigue la magnificencia sin necesidad de (como sucedió con Maléfica, Mirrow, Mirrow o Blancanieves y la leyenda del cazador) inventarse caminos alternativos. Para ello, Branagh ha sabido rodearse, además, de buenos amigos y actores de la casa para papeles secundarios, como su eternamente idolatrado Dereck Jacobi, Nonso Anozie (a quien dirigió en Jack Ryan: Operación Sombra), Stellan  Skarsgärd (Thor), Hayley Atwell (la Agente Carter del Universo Marvel), y un plantel de secundarios básicamente británico.
Clásica hasta la extenuación, Branagh sabe cómo conjugar los momentos más delirantes del film de animación (incluyendo el protagonismo de los ratoncillos o las insufribles hermanastras) para que no desentonen en un cuento de hadas destinado a seducir a una nueva generación sin tener porqué dejar de interesar a los que crecieron con la versión animada del zapato de cristal.
No voy a negar que en los últimos tiempos hemos sufrido un abuso de revisiones de los cuentos clásicos, ya sea como nuevas adaptaciones o como invenciones del estilo de Into the Woods, pero la aparición de títulos como este valen por sí solos para justificar la basurilla que nos están haciendo tragar con calzador.
Nadie podría imaginar que una versión de la Cenicienta sería el film más taquillero de Kenneth Branagh en toda su carrera, y el mejor de las dos últimas décadas, pero así ha sido, y espero que suponga un punto de inflexión para el genial realizador y que sirva esto para revitalizar una carrera que estaba tomando un extraño rumbo.