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jueves, 12 de julio de 2018

OCEAN'S 8

La maquinaria de Hollywood no para y cuando algo funciona (o se parece mínimamente a una moda) todos quieren subirse al carro. Tras los (por otra parte necesarios) movimientos reivindicativos feministas de los últimos años ha surgido una corriente por apostar por héroes femeninos dando el callo en pantalla, con resultados claramente desiguales. Wonder Woman funcionó francamente bien, Tomb Raider fue algo más discreta y la versión femenina de Cazafantasmas quedó claramente por debajo de las expectativas, pese a ser, posiblemente, la mejor de las tres (la más divertida, al menos).
En ese estilo se encuentra Ocean’s 8, una revisión (aunque continuista) de Ocean’s eleven y sus secuelas, de Steve Soderbergh, que a su vez era un remake de La cuadrilla de los once de Lewis Milestone, protagonizado por mujeres, con Sandra Bullock a la cabeza interpretando a Debbie Ocean (hermana del personaje que interpretara por tres veces George Clooney) aunque con Cate Blanchett robándole las escenas.
Ocean’s 8 no es más que lo que aparenta, una cara B del film de Clooney, Pitt, Dammon y compañía que no alcanza nunca la frescura de la original (Gary Ross es un director interesante, pero no a la altura del Soderbergh más inspirado) pero que sí puede competir sin sonrojarse con las dos secuelas. Ross, manteniéndose fiel a la marca, busca un estilo noventero para el film, con esas típicas cortinillas dividiendo la pantalla verticalmente y un uso casi desmedido de la banda sonora, logrando realmente la sensación de secuela directa, cosa a lo que también ayuda la presencia de Elliott Gould.
La trama es sencilla y funcional. Debbie, recién salida de prisión, reúne a una banda para perpetrar un gran atraco, en esta ocasión un valioso collar de Cartier. Quizá el mayor punto débil del film sea precisamente esa sencillez en su argumento. Es cierto que está repleto de los giros necesarios para tratar de desconcertar al personal, pero por un lado carece de un antagonista de peso que suponga una amenaza al equipo mientras que por el otro todo el plan parece ejecutarse con una sencillez tan pasmosa que le quita emoción al asunto, por más que sea lógico imaginar desde el arranque como va a terminar la cosa. Además, el propio título amenaza con destripar uno de los giros de guion que más pretenden sorprender.
Con todo, lo que no se le puede negar es que como entretenimiento funciona a la perfección. Es divertida y dinámica y las actrices, en un magnífico reparto y con espacio suficiente para que cada una tenga su momento de protagonismo, muestran una potente química entre ellas. Solo esto ya es justificación suficiente para acudir a los cines para disfrutar de un pasatiempo veraniego tan refrescante como olvidable.

Valoración: siete sobre diez.

lunes, 30 de mayo de 2016

ALICIA A TRAVÉS DEL ESPEJO: más de lo mismo, pero peor.

Cuando en 2010 Disney se alió con Tim Burton para seguir explotando sus clásicos animados y convertirlos en personajes de carne y hueso el resultado fue una obra bastante dispar, cargada de excesos visuales y con los delirios característicos del Burton de los últimos años (un Burton en horas bajas pero capaz de mantener alguna de sus señas de identidad), el público respondió con entusiasmo. Sin terminar de ver  Alicia en el país de las Maravillas como una mala película tampoco le encontraba tantos argumentos para que esta superara la frontera de los mil millones de taquilla mundial, pero se suele decir que el público es soberano, y si el público decidió que Alicia en el país de las maravillas era una gran película, ¿quién soy yo para condenarlo?
Eso sí, siguiendo el mismo argumento, parece que la continuación del film, ya sin Burton a los mandos, está pinchando en taquilla, lo cual debería bastar para demostrar que hay chicles que no pueden estirarse en exceso.
Alicia a través del espejo, dirigida en esta ocasión por James Bobin, especializado en películas de los Muppets, continúa la historia varios años después de donde la dejara la anterior película, con una Alicia ya convertida en mujer que, no obstante, sigue sin saber cómo arreglar su vida en el mundo real. Refugiada de nuevo en el País de las Maravillas comprobará que su amigo el Sombrerero está muy enfermo y sólo volver atrás en el tiempo para salvar a su familia puede salvarlo.
Ya de entrada la premisa es una verdadera estupidez, convirtiendo a la heroína de la historia en un personaje impulsivo que está a punto de destruir toda la Realidad por unas motivaciones algo egoístas. Es lo que pasa cuando se trata el tema del viaje en el tiempo y se hace de manera frívola y sin más pretensiones que el simple divertimento, que o bien pierde coherencia la historia o lo pierde el personaje. Y en esta ocasión se han decantado por la segunda opción.
Con un Sacha Baron Cohen más comedido (y desaprovechado) de lo que cabría esperar, la película recurre a todos los personajes de la película de Burton, estropeando la esencia de algunos (como es el caso de la Reina de Corazones) e incluso pretendiendo justificar cosas que no necesitan justificación. Además, la necesidad de recuperar a todos los personajes le resta originalidad a la cinta convirtiéndolos en meras apariciones, sin el protagonismo que, en ciertos momentos, podían tener en la película de 2010. A cambio, también el personaje que interpreta Johnny Deep, pese a ser quien copa todos los posters promocionales, tiene menos participación de la que cabría suponer, y ello se agradece mucho.
Alicia a través del espejo está cargada de buenas intenciones e ideas aprovechables, tratando de mantener el espíritu de la obra de Carroll pero con una historia nueva que evoluciones y amplíe el universo. Sin embargo, lo hace de una manera tan torpe y poco imaginativa que termina aburriendo, no conteniendo (más allá del prólogo inicial de la persecución por mar, tan espectacular como inverosímil) apenas escenas dignas de ser recordadas. Bobin se limita a copiar todos los delirios que Burton ideó para su película sin innovar para nada, pareciendo que todas las decisiones nuevas tomadas fuesen erróneas.
Alicia a través del espejo se parece mucho a Alicia en el País de las Maravillas, pero sin el factor sorpresa ni la original frescura de aquella se convierte en una simple repetición, un espectáculo visual descafeinado que interesa poco y provoca el tedio por momentos.

Valoración: Cuatro sobre diez.

lunes, 21 de diciembre de 2015

SUFRAGISTAS (5d10)

Sufragistas cuentan un episodio de nuestra historia relativamente actual que no ha sido muy frecuentado en el cine: la lucha de la Unión Nacional de Sociedades de Sufragio Femenino (NUWSS) por defender los derechos de las mujeres en la Gran Bretaña de principios del siglo XX, siendo el derecho al voto una de sus principales reivindicaciones. Solo por ello, la historia ya merece un cierto interés.
Fue Emmeline Pankhurst una de las principales cabezas visibles de las Sufragistas, principalmente como fuente inspiradora de las mujeres de clase obrera que se rebelaron contra la sociedad mediante actos cada vez más agresivos, aunque en la película, interpretada por Meryl Streep, apenas aparece en escena unos pocos minutos (y empiezo a cansarme ya de esas aportaciones de la Streep convertidas en simples cameos que el cartel promocional convierte en protagonista). Otra mujer clave en la resolución final (no creo que nadie me acuse de hacer un spoiler si digo que actualmente las mujeres pueden votar en Gran Bretaña) fue Emily Wilding Davison, a la que da vida Natalie Press, un personaje de gran relevancia en el tercer acto de la misma pero que permanecía como aparente secundario en gran parte del metraje. Y es que la directora Sarah Gavron y la guionista Abi Morgan han preferido inventarse a unos personajes (principalmente Maud Watts y Edith Ellyn, que si bien están ligeramente inspirados en personajes auténticos no son más que dramatizaciones imaginadas) para dar forma de drama a uno de los muchos grupos de lucha en favor a la igualdad que se produjeron en esa época. Y ese es el principal error de la película.
Con una narración anodina y carente de ritmo, con más semejanzas al melodrama televisivo que a la historia de pasión y superación cinematográfica a la que aspira, Sufragistas es un relato terriblemente plano, incapaz de emocionar pese a  que tiene multitud de secuencias que invitan a ello ni donde sus dos protagonistas femeninas (Carey Mulligan y Helena  Bonham Carter) consiguen transmitir lo necesario para creer en su lucha ni ideales.
Al menos el gran Brendan Gleeson (cuyo hijo está arrasando en taquilla –también como secundario, eso sí- con Star Wars, película que va a hacer que esta Sufragistas caigan en el olvido en cuestión de días) cumple con sus silencios cargados de significado y miradas turbadoras, mientras que cierra el casting un  Ben Whishaw que por más que desde El perfume no ha logrado un papel de relevancia por lo menos es capaz de colarse en todo tipo de producción, consiguiendo en la actualidad (gracias a Spectre y En el corazón del mar) tener tres películas en cartel.
Por cierto, y solo a modo anecdótico: el título original es Suffragette, ya que en la historia de la lucha por los derechos de la mujer hubo dos grupos ligeramente diferenciados por su manera de enfocar las cosas: las sufragistas, bastante más moderadas,  y las sufragetes, claramente contundentes y bastante más activas. Está claro que quien tradujo el título al español no conocía este dato.
Por consiguiente, película decepcionante y muy aburrida, para nada a la altura de la importancia de lo que relata, que probablemente no merecería siquiera el aprobado de no ser por la necesidad de conocer la realidad de esas mujeres consideradas inferiores a los hombres y el primer paso que dieron hacia la igualdad, por más que sea una realidad maquillada.

sábado, 4 de abril de 2015

CENICIENTA (8d10)

Como no es mi intención mentir ni tratar de engañar a nadie, no voy a ocultar mi total devoción hacia el cine de Kenneth Branagh, siendo Los amigos de Peter una de mis películas preferidas y considerando su Frankenstein o su Mucho ruido y pocas nueces como verdaderas obras maestras.
Cierto es que de un tiempo a esta parte el señor Branagh ha perdido parte de su magia, con algún patinazo como La huella, películas carentes de su sello personal como en Jack Ryan: Operación Sombra o embarcándose en blockbusters aparentemente alejados de su narrativa intimista y británica como el Thor que filmó para Marvel (una muy buena película con excelentes momentos en Asgard y por la que apenas se le ha reconocido a Branagh el mérito de ser el “descubridor” de Tom Hiddleston). Y por eso, cuando supe que iba a ser el encargado de dirigir una nueva adaptación en imagen real de un cuento de Disney me llevé las manos a la cabeza. Otro más que se vende al dinero fácil, pensé, tal y como sucedió con mi otrora admirado Tim Burton y su alucinógena Alicia en el país de las Maravillas.
Nada más alejado de la realidad. Argumentalmente hablando, Branagh no inventa nada, limitándose a transcribir en imágenes la historia clásica, paso por paso, añadiendo si cabe alguna pincelada con la que rellenar los huecos elípticos que la historia original poseía. Sin embargo, desde el punto de vista visual, Cenicienta es sencillamente sublime.
Innegablemente hermanada a Mucho ruido y pocas nueces (como en aquella, el compositor Patrick Doyle está especialmente inspirado), Cenicienta posee la fuerza visual que tanto me apasiona de Branagh y que, excepto en momentos fugaces de Thor, no veía desde Frankenstein. Movimientos de cámara impecables, travelings maravillosos, grandes panorámicas… Momentos como los de la transformación (el reencuentro de Branagh con Helena Bonham Carter tras su flirteo en Frankenstein nos permite recordar que bajo el excesivo maquillaje gótico con la que la inundaba Burton se oculta una hermosa mujer) de Cenicienta, el baile (nadie sabe filmar escenas de baile como el norirlandés), la sutil pero asfixiante madrasta que compone Cate Blanchet, la dulce fragilidad de la Cenicienta Lily James (poco conocida actriz rescatada de Downton Abbey y a la que pronto veremos en Orgullo y Prejuicio y zombies), todo brilla con luz propia en una película que consigue la magnificencia sin necesidad de (como sucedió con Maléfica, Mirrow, Mirrow o Blancanieves y la leyenda del cazador) inventarse caminos alternativos. Para ello, Branagh ha sabido rodearse, además, de buenos amigos y actores de la casa para papeles secundarios, como su eternamente idolatrado Dereck Jacobi, Nonso Anozie (a quien dirigió en Jack Ryan: Operación Sombra), Stellan  Skarsgärd (Thor), Hayley Atwell (la Agente Carter del Universo Marvel), y un plantel de secundarios básicamente británico.
Clásica hasta la extenuación, Branagh sabe cómo conjugar los momentos más delirantes del film de animación (incluyendo el protagonismo de los ratoncillos o las insufribles hermanastras) para que no desentonen en un cuento de hadas destinado a seducir a una nueva generación sin tener porqué dejar de interesar a los que crecieron con la versión animada del zapato de cristal.
No voy a negar que en los últimos tiempos hemos sufrido un abuso de revisiones de los cuentos clásicos, ya sea como nuevas adaptaciones o como invenciones del estilo de Into the Woods, pero la aparición de títulos como este valen por sí solos para justificar la basurilla que nos están haciendo tragar con calzador.
Nadie podría imaginar que una versión de la Cenicienta sería el film más taquillero de Kenneth Branagh en toda su carrera, y el mejor de las dos últimas décadas, pero así ha sido, y espero que suponga un punto de inflexión para el genial realizador y que sirva esto para revitalizar una carrera que estaba tomando un extraño rumbo.

lunes, 14 de julio de 2014

EL EXTRAORDINARIO VIAJE DE T.S. SPIVET * (7d10)

Existen directores que, pese a contar con una filmografía no demasiado extensa, han conseguido imprimir a sus obras de un sello personal, capaces de hacer que su autoría sirva como definición de un género en sí mismo.
Así, existen las películas de Allen, de Almodóvar y, en el país galo, de Jeunet.
Jean-Pierre Jeunet, cimentado en apuestas visuales impactantes aunque arriesgadas, como Delicatessen, La ciudad de los niños perdidos o, incluso, Alien Resurrección, será siempre recordado por ser el autor de Amelie, y el realizador, en lugar de renegar de ello, se siente orgulloso y repite esquemas en esta nueva película que no pocos han definido como un “Amelie con niño”.
Ambientada en un pueblecito de interior de Estados Unidos narra la alucinante historia de T.S.Spivet, un niño de diez años de una inteligencia sobrenatural que inventa una rueda de movimiento continuo con lo que es correspondido por un prestigioso premio de la organización Smithsorian. 
Atrapado en una familia que no lo comprende (su padre vive encerrado en una imagen del viejo oeste ya caduca, su madre está obsesionada con la investigación de los escarabajos y su hermana solo piensa en su admiración por los concursos de belleza) y con un tormentoso secreto relacionado con la trágica muerte de su hermano gemelo, T.S. decidirá ocultar su verdadera edad y aceptar el premio aunque ello le suponga atravesar medio continente sin más medios que su valor y su inteligencia.
Así arranca esta brillante comedia interpretada por Kyle Catlett y con la participación de Judi Davis (curiosamente una habitual de Allen), Helena Bonham Carter y Cullum Keith Rennie en la que Jeunet hace gala de todo su buen hacer con una historia cargada de ternura y humor sin renunciar a los derroches visuales que le son tan característicos.
Cargada de personajes tan absurdos como adorables, El extraordinario viaje de T.S.Spivet en una conmovedora fábula, casi un cuento, en forma de road movie sobre los valores verdaderamente importantes en la vida y la necesidad de superar los malos momentos haciendo fuerza con los seres queridos en lugar de encerrándonos en nuestra propia soledad interior. 
De esta manera, amparándose en un dramático suceso, Jeunet construye una metáfora sobre la familia y el amor consiguiendo no renunciar en ningún momento a la diversión y recordándonos el valor de la inocencia en la infancia, por más que sea un infante tan especial como este.

viernes, 30 de agosto de 2013

EL LLANERO SOLITARIO (5d10)

A priori, juntar en una misma película a un productor como Jerry Bruckheimer, un director como Gore Verbinski, un actor como Johnny Deep y un compositor como Hans Zimmer debería ser toda una garantía de éxito. El problema es que los cuatro se encuentran en el momento más bajo de sus carreras, lo que se traduce en que una película que no aspira a nada más que ser un blockbuster veraniego y un gran éxito de taquilla tiene demasiadas carencias y defectos como para merecer una buena nota.
El primer defecto radica en la obsesión del Hollywood actual de hacer sagas en lugar de películas. Ello significa que El Llanero Solitario ha sido concebida como la primera de muchas, por lo que se pierde mucho tiempo en explicar los personajes y sus motivaciones en lugar de pasar directamente al espectáculo. Si estuviésemos ante una película de hora y media seguramente sería bastante correcta y entretenida, pero las dos horas y media de duración se traducen en una multitud de paja y escenas innecesarias que, en lugar de aportar, ralentizan y entorpecen a la historia.
El Llanero Solitario nace como una versión en el Oeste de Piratas del Caribe, y nadie se esfuerza por disimularlo, siendo la primera y más evidente muestra el detalle de que el protagonismo recaiga en el indio Toro (una extraña traducción del nombre original: Tonto), haciendo que nos preguntemos de donde viene lo de Solitario del título. La historia se mantiene fiel a la clásica, con el ranger John Reid sobreviviendo a una emboscada del malvado Butch Cavendish en la que fallece su hermano Dan. Con la ayuda del indio, John se oculta tras la máscara del Llanero Solitario para vengar a su hermano y luchar por la justicia. Esta es la historia que conocíamos del personaje y así nos la empiezan a contar, pero en lugar de contentarse con una película de aventuras con toques de humor, como era Piratas del Caribe, el trío calavera (Jerry, Gore, Johnny) apuestan por dar un toque místico a la historia acentuando el humor de una manera que no logro comprender demasiado. Escenas como la del caballo subido a la rama de un árbol, los conejos caníbales o el bandido travestido me resultan ridículas y ensucian lo que podría haber sido una buena película. Y es que realmente hay momentos en los que el espíritu de Piratas está ahí, la química entre los protagonistas funciona (aunque el protagonista Armie Hammer sea más soso que un nabo hervido) y las escenas de acción son trepidantes y están bien filmadas, por más que el final recuerde demasiado al Spielberg de su mejor época (las referencias a Indiana Jones y el Templo Maldito son evidentes) y, por más que sea una película fantástica, se permiten algunas licencias demasiado escandalosas, como la escena final que aunque no pienso spoilear sí diré que se pasa de construir las vías del ferrocarril a que de repente hayan diversas vías paralelas que corren una al lado de la otra, entrecruzándose como si de railes de una montaña rusa se tratase.
Sobre el tema actoral ya he comentado la total falta de carisma del protagonista, estando el valor de la película en sus villanos, el siempre efectivo Tom Wilkinson y el notable William Fichtner, al que ya pudimos odiar en Prison Break y al que tenemos también en cartel en Elysium (no menciono a Helena Bonham Carter porque simplemente pulula por ahí sin aportar demasiado ni que se expliquen las motivaciones de su personaje). Sobre Johnny Deep solo me queda comentar que debería volver a leer los guiones antes de aceptar protagonizarlos y decidirse por proyectos interesantes en lugar de primar solo la cantidad de maquillaje que requiera su personaje, a riesgo de convertirse en una simple caricatura al servicio de Tim Burton o el propio Verbinski.  ¿Dónde queda el excelente actor de Ed Wood, Dead Man, Miedo y asco en Las Vegas o Descubriendo Nunca Jamás? No vemos aquí ni siquiera sus muecas más características, ni es Tonto (perdón, Toro), un personaje a su medida como Jack Sparrow, pues no hay demasiados esfuerzos interpretativos por parte del otrora genial Eduardo Manostijeras.
No le vendrían mal a la película unos cuantos tijeretazos que elimine una hora de bostezos y convierta la película en una aceptable comedia de acción que, visto lo visto, no tengo muy claro que tenga continuidad.
Y, puestos a pedir, que eliminen también ese prólogo y epílogo tan absurdo como innecesario con el niño enmascarado y Tonto (digo, Toro) viejo.

Por cierto, la gota que colma el vaso de la desesperación es el afamado Hans Zimmer, otro grande caído en desgracia que solo sabe poner la mano para cobrar su cheque y que sean sus negros quienes le compongan la música, una música que como ya se demostró en El hombre de Acero no tiene ni la garra ni la pomposidad que cabe esperar en una película de estas características y que ayuda a aumentar la sensación anodina del film.