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sábado, 15 de julio de 2017

EL HOMBRE DEL CORAZÓN DE HIERRO, insulsa biografía de Heydrich

El hombre del corazón de hierro es la decepcionante nueva película del francés Cédric Jimenez, rodada en inglés y con un (desaprovechado) reparto de auténtico lujo.
Basada en el libro HHhH, de Laurent Binet, la película se supone que debería relatar la vida y muerte del tristemente célebre Reinhard Heydrich, desde su ascenso al poder (llegó a ser el tercer hombre más importante del régimen nazi) hasta su intento de homicidio en Praga. No está claro quién es el culpable de que este biopic sea un despropósito bastante grande, pero parece ser que la coincidencia en el tiempo con Operación Anthropoid, que contaba más o menos lo mismo, obligó a hacer cambios de última hora en el guion y retrasar su estreno varios meses.
Así, la película tiene dos partes bien diferenciadas, lo cual es el primer error al no lograr nunca encontrar su propio ritmo narrativo.
En la primera, Heydrich, correctamente interpretado por Jason Clarke, es el protagonista absoluto, narrándose su expulsión del ejército y como influenció en él su esposa Lina (Rosamund Pike, sin duda lo mejor del film). No creo, sin embargo, que Jimenez acierte en la puesta en escena, y la película se ve casi como un documental, sin la pasión necesaria para alcanzar a conocer al hombre que había detrás de la leyenda y dando la sensación que se desaprovecha mucho la presencia de Pike. Dicen que detrás de todo gran hombre hay siempre una gran mujer y aquí se parece intuir que después de todo horrible hombre hay también una horrible mujer, pero, como digo, solo se intuye.
De repente, la película sufre un brusco corte y salta seis meses atrás en el tiempo para olvidarse de Jason Clarke y presentarnos a unos nuevos protagonistas, Jack O’Conell y Jack Reynor, que dan vida a Kubis y Gabcik, los dos paracaidistas enviados para acabar con la vida del Carnicero de Praga. Aquí es cuando la película es una mera fotocopia de Operación Anthropoid, y si bien aquella no era tampoco una maravilla, sí explica más a conciencia los hechos sucedidos. Es en esta segunda parte donde tiene acto de presencia Mia Wasikowska, otra gran actriz desaprovechada.
Aunque siempre he sido partidario de comentar la película que he visto y no la que me habría gustado ver, no me cabe la menor duda que quitar por una hora el foco de Heydrich es un tremendo error, cuando lo que tendría que haber hecho Jimenez, en lugar de pretender competir con la película que se estaba haciendo en paralelo, es tratar de complementarla. La historia de Heyndrich por sí sola se me antoja apasionante, y no creo que esta película me descubra nada nuevo sobre su figura, aparte de las muchas inexactitudes históricas que dicen que hay.
La película, en fin, es irregular y simplona, sin alma y por momentos incluso aburrida. Y eso, tratándose de un retrato tan apasionante como aterrador sobre uno de los hombres más crueles del Tercer Reich, es mucho decir. Al final, solo aporta algo de interés a aquellos que no hayan visto Operación Anthropoid y desconozcan la historia del asesinato del oficial nazi y sus devastadoras consecuencias.

Valoración: Cuatro sobre diez.

lunes, 30 de mayo de 2016

ALICIA A TRAVÉS DEL ESPEJO: más de lo mismo, pero peor.

Cuando en 2010 Disney se alió con Tim Burton para seguir explotando sus clásicos animados y convertirlos en personajes de carne y hueso el resultado fue una obra bastante dispar, cargada de excesos visuales y con los delirios característicos del Burton de los últimos años (un Burton en horas bajas pero capaz de mantener alguna de sus señas de identidad), el público respondió con entusiasmo. Sin terminar de ver  Alicia en el país de las Maravillas como una mala película tampoco le encontraba tantos argumentos para que esta superara la frontera de los mil millones de taquilla mundial, pero se suele decir que el público es soberano, y si el público decidió que Alicia en el país de las maravillas era una gran película, ¿quién soy yo para condenarlo?
Eso sí, siguiendo el mismo argumento, parece que la continuación del film, ya sin Burton a los mandos, está pinchando en taquilla, lo cual debería bastar para demostrar que hay chicles que no pueden estirarse en exceso.
Alicia a través del espejo, dirigida en esta ocasión por James Bobin, especializado en películas de los Muppets, continúa la historia varios años después de donde la dejara la anterior película, con una Alicia ya convertida en mujer que, no obstante, sigue sin saber cómo arreglar su vida en el mundo real. Refugiada de nuevo en el País de las Maravillas comprobará que su amigo el Sombrerero está muy enfermo y sólo volver atrás en el tiempo para salvar a su familia puede salvarlo.
Ya de entrada la premisa es una verdadera estupidez, convirtiendo a la heroína de la historia en un personaje impulsivo que está a punto de destruir toda la Realidad por unas motivaciones algo egoístas. Es lo que pasa cuando se trata el tema del viaje en el tiempo y se hace de manera frívola y sin más pretensiones que el simple divertimento, que o bien pierde coherencia la historia o lo pierde el personaje. Y en esta ocasión se han decantado por la segunda opción.
Con un Sacha Baron Cohen más comedido (y desaprovechado) de lo que cabría esperar, la película recurre a todos los personajes de la película de Burton, estropeando la esencia de algunos (como es el caso de la Reina de Corazones) e incluso pretendiendo justificar cosas que no necesitan justificación. Además, la necesidad de recuperar a todos los personajes le resta originalidad a la cinta convirtiéndolos en meras apariciones, sin el protagonismo que, en ciertos momentos, podían tener en la película de 2010. A cambio, también el personaje que interpreta Johnny Deep, pese a ser quien copa todos los posters promocionales, tiene menos participación de la que cabría suponer, y ello se agradece mucho.
Alicia a través del espejo está cargada de buenas intenciones e ideas aprovechables, tratando de mantener el espíritu de la obra de Carroll pero con una historia nueva que evoluciones y amplíe el universo. Sin embargo, lo hace de una manera tan torpe y poco imaginativa que termina aburriendo, no conteniendo (más allá del prólogo inicial de la persecución por mar, tan espectacular como inverosímil) apenas escenas dignas de ser recordadas. Bobin se limita a copiar todos los delirios que Burton ideó para su película sin innovar para nada, pareciendo que todas las decisiones nuevas tomadas fuesen erróneas.
Alicia a través del espejo se parece mucho a Alicia en el País de las Maravillas, pero sin el factor sorpresa ni la original frescura de aquella se convierte en una simple repetición, un espectáculo visual descafeinado que interesa poco y provoca el tedio por momentos.

Valoración: Cuatro sobre diez.

jueves, 29 de octubre de 2015

LA CUMBRE ESCARLATA (8d10)

Guillermo del toro siempre ha sido un director de gran personalidad, un visionario, como definen algunos. Alguien capaz de crear mundos imaginarios, de regusto gótico y aspecto fantasmagórico.
Sin embargo, hasta ahora el director mejicano siembre había funcionado mejor fuera de Hollywood que incorporado a la meca del cine. Mientras las coproducciones españolas El espinazo del Diablo o El laberinto del Fauno eran grandes películas, su cine se volvía algo más convencional cuando se debía a una industria poco dada a arriesgar, donde dirigió títulos como Blade II, Hellboy (su secuela sí era mucho más personal y posiblemente por ello no pudo completar su deseada trilogía) o la cansina y sobrevalorada Pacific Rim, quizá lo peor de su carrera.
Por eso, es una grata sorpresa que haya conseguido en La cumbre Escarlata aunar las directrices impuestas por los grandes estudios con la libertad creativa que Del Toro precisa para dar rienda suelta a su locura en una película que, como él mismo ha repetido hasta la saciedad, no es de miedo aunque sí se trate de una historia de fantasmas.
Tras la muerte de su madre, la pequeña Edith presencia aterrada como un espectro se le aparece para prevenirla sobre la Cumbre Escarlata. Este aislado suceso marcará para siempre a la muchacha que se empeñará en convertirse en escritora siempre con el tema fantasmagórico como telón de fondo de sus historias, más como metáforas del pasado que ya no volverá que como elemento sobrenatural.
Ya entrando en la madurez la vida de Edith cambiará cuando descubra las mieles del amor en Thomas Sharpe, un hombre seductor de oscuro pasado con quien contraerá matrimonio y junto al que se irá a vivir (en compañía de su no menos intrigante y perturbadora hermana) a una mansión en claro estado de deterioro a la que, debido al terreno arcilloso de color rojo sangre, se conoce popularmente como la Cumbre Escarlata.
Posiblemente el guion de la película sea lo que más flojea, no sorprendiendo tanto como la trama se merece y con un desenlace algo previsible, pero todo ello queda eclipsado ante la contundencia, primero, de una fotografía mágica, una combinación de colores donde prevalece siempre ese omnipresente rojo, y al amparo, segundo, de unas brillantes interpretaciones. Mia Wasikowska ya demostró en Stoker lo convincente que puede ser como alma torturada, atrapada entre dos mundos, víctima de la seducción de lo prohibido, pero quienes de verdad lo bordan son Tom Hiddleston y Jessica Chastain dando vida a la enfermiza pareja de hermanos que, ya desde su primera aparición, auguran algo oscuro sin que ello impida sentirse incómodo cada vez que lucen en pantalla.
No es cuestión ahora de descubrir a nadie, aunque quizá sorprenda menos el carácter de Hiddleston, más cuando su Thomas Sharpe rescata algo de la perturbadora seducción que ya luciera en sus diversas interpretaciones del Loki marveliano. Chastain, sin embargo, esa actriz que se dio a conocer en la olvidable La noche más oscura (y a la que llegué a aborrecer por esa insípida interpretación), ha ido demostrándome papel a papel lo gran actriz que llega a ser, superando sus propios límites en un fin de semana en el que encabeza dos estrenos con registros tan dispares como es esta Lucille Sharpe y su Melissa Lewis en el Marte de Ridley Scott.
La cumbre Escarlata es por encima de todo, como en las mejores historias de Del Toro, un cuento, una leyenda gótica de corte romántico, inspirada tanto en relatos de Poe, Lovecraft o Becker como en películas de mansiones encantadas y espíritus torturados. Y aunque se haya dicho por activa y por pasiva que no es una peli de terror, sustos y momentos de mal rollo también los hay, consiguiendo que esta sea una estupenda recomendación para una noche de Halloween muy por encima de las mediocridades de sustos fáciles y música chillona que acostumbran a pulular por estas fechas.
No es redonda (para ello se habría tenido que pulir algo más la trama) pero sí un ejercicio visual impecable, una ambientación que seduce al espectador tanto como a la propia protagonista y que invita a formar parte de nuestras propias pesadillas. Unas pesadillas que no se alimentan de nuestro temor a lo desconocido, sino de nuestras angustias del pasado.
Y es que en ocasiones es en el pasado donde se encuentran esos terrores que no dejan de acosarnos.

miércoles, 16 de julio de 2014

SÓLO LOS AMANTES SOBREVIVEN * (7d10)

El amor… Ese misterioso sentimiento que une dos almas durante… ¿días?, ¿meses?, ¿años? ¿Quizá toda la eternidad?
Ese es el punto de partida de la nueva obra de Jim Jarmusch, la posibilidad de que el amor pueda ser realmente eterno, superar el paso de los años (y de los siglos) y ser capaz de sobrevivir por encima de todo.
Adam y Eve son un matrimonio de vampiros que se aman por encima de todo. Sin embargo, esta no es una película de vampiros, y quien acuda a ella esperando ver sangre y violencia se llevará una gran decepción, aunque hay quien puede ver aquí el reverso retorcido y brillante de Crepúsculo. Pero Sólo los amantes sobreviven es, sobre todo, una película de Jim Jarmusch, con todo lo bueno y malo que ello conlleva. Aquí están todos sus tics, sus manías y sus fobias, y es evidente que no se trata de una producción adecuada para todos los gustos.
Semejante en cuanto a simbología a la Byzantium de Neil Jordan, aunque mucho más onírica y poética, Sólo los amantes sobreviven comienza con una primera mitad lenta, plagada de imágenes imposibles, de sonidos escrupulosamente calculados, con Tom Hiddleston y Tilda Swinton casi como únicos protagonistas, llevando todo el peso de la narración y mostrando unas interpretaciones tan brillantes como comedidas. Cierto es que la melancolía triste y lánguida que propone Jarmusch casi puede resultar insoportable y excesiva, pero la aparición de la hermana de Eve, Ava (Mia Wasikowska) introduce un elemento discordante que rompe la apacible vida de los no muertos y los precipita hacia una lucha por la supervivencia casi agónica.
Con Anton Yelchin y John Hurt como secundarios de lujo, Sólo los amantes sobreviven es hermosa, apasionada, visualmente hipnótica y necesariamente dolorosa.
Jarmusch en estado puro.

martes, 21 de mayo de 2013

STOKER (8d10)

Stocker es una película de Chan-Wook Park, director coreano reconocido internacionalmente por su trilogía de la venganza (Boksuneun naui geot, Oldboy y Chinjeolhan geumjassi). Comienzo así porque este es un caso de esos en los que conviene conocer al director y su obra antes de adentrarse en la oscuridad de la sala del cine y así estar más preparados para lo que nos espera. Y es que Park, como buen heredero del cine oriental, es un poeta filmando, importándole poco -o quizás nada- el abusar del ritmo lento de la narración en favor de un plano concreto o un sonido determinando. Y es que para redondear la cosa Park no se conforma con deslumbrar visualmente, sino que con el mero pretexto de que la protagonista tiene un oído por encima de lo normal consigue cautivar con un sentido habitualmente menospreciado en el cine.
Pero empecemos por el principio. La historia, aunque interesante, no es un homenaje a la originalidad, precisamente. Tras la muerte del cabeza de familia, la viuda y su hija adolescente acogen en su casa al desconocido e inquietante (a la par que cautivador) hermano de este. La incursión de un elemento extraño en el núcleo familiar (ya sea un vecino, un familiar o incluso una mascota) es un recurso recurrente en el cine, válido tanto para comedias, thrillers o incluso dramones televisivos ideales para la sobremesa, pero en el caso que nos ocupa Park no se centra solo en lo que cuenta, sino en cómo lo cuenta. Apoyándose en situaciones que se nos pueden antojar tópicas (el dolor por la pérdida de un padre, la falta de adaptación entre compañeros de clase, la atracción hacia un desconocido, el despertar sexual...) Park consigue seducirnos con su estilo único y reconocible, bailando entre el misterio y el drama pero recordándonos siempre que hay una amenaza latente que terminará irremediablemente en un estallido de violencia que el director muestra con hermosa maestría, como demuestran las escenas de la sangre empapando flores (y permitidme recordar que Stoker fue rodada con anterioridad a Django desencadenado). Sin duda el mayor triunfo de la película es, sin embargo, su capacidad para incomodar e incluso angustiar con las decisiones que toman sus protagonistas sin que ello nos impida identificarnos con ellos. A diferencia de otro film reciente (para mi muy sobrevalorada e infinitamente inferior a Stoker) como The Master, en esta ocasión la tortura interna de sus protagonistas no provoca un distanciamiento hacia los mismos, por más reprobables que podamos encontrar sus actos. Otra diferencia esencial entre Stoker y The Master cabe encontrarla en sus intérpretes. Mientras en aquella (y ahora es cuando los gafapastas y críticos sesudos intelectuales se me tirarán al cuello) sólo Philip Seymor Hoffman estaba correcto, Amy Adams solo pasa por ahí y la estrella (estrellada) de la función,  Joaquin Phoenix, está simplemente horrible (ahora es cuando llueven los puñales), en Stoker todos sus intérpretes están geniales,  incluyendo al sosainas de Dermot Mullroney. Nicole Kidman, aparentemente libre del botox que a punto estuvo de hundir su carrera, cumple a la perfección el papel de madre frívola y distante, más preocupada de su propio mundo que de intentar recordar que tiene una hija. Pero los que verdaderamente hacen magia son la pareja sobrina-tío. Mia Wasikowska, está inmensa, calculando pon precisión de cirujano la emoción necesaria en cada plano,  saltando de la apatía a la pasión en un parpadeo y demostrando, tras sobrevivir con acierto a la marabunta de efectos digitales sin sentido fue fue la Alicia de Burton, que tiene un gran futuro por delante, mientras que Matthew Goode, después de interpretar al Ozymandias de Watchmen, se ha convertido en un especialista en personajes seductores e inquietantes a la vez. Lo que es capaz de transmitir (y perturbar) con una mirada o una sonrisa lo sitúan, a mi parecer, a la altura de Anthony Hopkins en El Silencio de los Corderos, paseando con libertad por la fina línea que separa el bien y el mal que hace que el espectador dude entre amarlo u odiarlo, aunque lo más sensato sería,  sin duda, temerlo.


Tres interpretaciones brillantes, más si tenemos en cuenta lo tentador que podría ser con semejantes personajes caer en el histrionismo y la sobreactuación,  ofreciendo un regalo que Park aprovecha regando la película con planos brillantes y una inteligente composición de sonidos y silencios que subrayan a la perfección la tensión casi insoportable que se extiende durante el metraje insinuando un violento desenlace.