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jueves, 28 de mayo de 2015

POLTERGEIST (6d10)

Podría decirse que no hay nada más sencillo que valorar una película de terror: si sorprende y asusta es un buen producto y si se confirma con amontonar tópicos y los sustos se limitan a las típicas subidas de volumen pues no cabe más que suspenderlas. Si a esto le sumamos que nos encontramos ante un remake, y no de una peli de terror del montón sino de todo un clásico de los 80', pues la cosa parece más clara todavía.
¿O no?
El caso es que Poltergeist se sitúa a medio camino, en una especie de ni fu ni fa, y cuyas referencias a la anterior película no se sabe si pretenden ser homenajes o una burda repetición de esquemas.
La película original data de 1982 y fue dirigida por Tobe Hoope, autor de La Matanza de Texas, y da la que -más allá de su leyenda negra- existe también la rumorología de que fue el propio Spielberg, oficialmente sólo productor, quién se encontraba tras las cámaras.
Gil Kenan,  director de medio pelo que se encarga de revisionar la historia, tiene de base varios aciertos, como reunir un reparto de renombre que da cierto lustro al film, o utilizar planos diurnos muy luminosos o incluso coloridos, como distanciandose consistentemente de la clásica película de casas encantadas de ambientación lúgubre y oscura. Además, Kenan va al grano con su narración, de apenas noventa minutos, sin esperar demasiado a poner sus cartas sobre la mesa y descubriendo los secretos que ocultaba la película del 82, como la revelación del cementerio bajo la casa, a las primeras de cambio, dando por hecho que todo el mundo tiene como referencia la primera versión y que no vale la pena tratar de engañar en vano al espectador, aunque se habría agradecido algún cambio con respecto a la base existente, más allá de que la televisión como punto de conexión entre el mundo de los vivos y el de los muertos se extiende ahora también a tablets, móviles, etc.
Poltergeist cuenta la historia de un matrimonio y sus tres hijos que se trasladan a una nueva casa edificada sobre un antiguo cementerio cuyas almas allí atrapadas utilizarán a la pequeña de la familia para tratar de escapar de esa especie de purgatorio en el que se encuentran. Sin arriesgar lo más mínimo ni profundizar demasiado en los protagonistas (y eso que el matrimonio formado por Sam Rockwell y Rosemarie DeWitt podría dar bastante juego), la película es un producto de consumo rápido, tan entretenida como olvidable, que es tan breve que no llega a aburrir pero incapaz de dejar huella en el espectador.
Puede parecer injusto caer en la tentación de comparar la película con la apuesta de Hoope/Spielberg, pero es casi imposible valorar una sin recurrir a la otra, pues Kenan se retroalimenta constantemente de ella recurriendo a los elementos más icónicos (ahí están el payaso, el árbol de la ventana, el concepto de "ir hacia la luz"...), mutando ligeramente algunos (la mítica médium que interpretó  Zelda Rubinstein es ahora un Cazafantasmas de reality televisivo al que da vida Jared Harris) que sin duda provocará una sonrisa nostálgica a los espectadores veteranos pero que posiblemente sabrá a poco a los jóvenes que han crecido con las Paranormal Activity de turno y no sepan nada de la Carol Anne original, costándoles incluso conectar con los momentos de humor del film, mucho más escasos, eso sí, que en la obra original.
Película, en fin, que no molesta y se puede ver con agrado, muy lejos del Poltergeist de Hoope pero que no llega a insultar su recuerdo. Para pasar el rato, vamos.

lunes, 14 de julio de 2014

EL EXTRAORDINARIO VIAJE DE T.S. SPIVET * (7d10)

Existen directores que, pese a contar con una filmografía no demasiado extensa, han conseguido imprimir a sus obras de un sello personal, capaces de hacer que su autoría sirva como definición de un género en sí mismo.
Así, existen las películas de Allen, de Almodóvar y, en el país galo, de Jeunet.
Jean-Pierre Jeunet, cimentado en apuestas visuales impactantes aunque arriesgadas, como Delicatessen, La ciudad de los niños perdidos o, incluso, Alien Resurrección, será siempre recordado por ser el autor de Amelie, y el realizador, en lugar de renegar de ello, se siente orgulloso y repite esquemas en esta nueva película que no pocos han definido como un “Amelie con niño”.
Ambientada en un pueblecito de interior de Estados Unidos narra la alucinante historia de T.S.Spivet, un niño de diez años de una inteligencia sobrenatural que inventa una rueda de movimiento continuo con lo que es correspondido por un prestigioso premio de la organización Smithsorian. 
Atrapado en una familia que no lo comprende (su padre vive encerrado en una imagen del viejo oeste ya caduca, su madre está obsesionada con la investigación de los escarabajos y su hermana solo piensa en su admiración por los concursos de belleza) y con un tormentoso secreto relacionado con la trágica muerte de su hermano gemelo, T.S. decidirá ocultar su verdadera edad y aceptar el premio aunque ello le suponga atravesar medio continente sin más medios que su valor y su inteligencia.
Así arranca esta brillante comedia interpretada por Kyle Catlett y con la participación de Judi Davis (curiosamente una habitual de Allen), Helena Bonham Carter y Cullum Keith Rennie en la que Jeunet hace gala de todo su buen hacer con una historia cargada de ternura y humor sin renunciar a los derroches visuales que le son tan característicos.
Cargada de personajes tan absurdos como adorables, El extraordinario viaje de T.S.Spivet en una conmovedora fábula, casi un cuento, en forma de road movie sobre los valores verdaderamente importantes en la vida y la necesidad de superar los malos momentos haciendo fuerza con los seres queridos en lugar de encerrándonos en nuestra propia soledad interior. 
De esta manera, amparándose en un dramático suceso, Jeunet construye una metáfora sobre la familia y el amor consiguiendo no renunciar en ningún momento a la diversión y recordándonos el valor de la inocencia en la infancia, por más que sea un infante tan especial como este.