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jueves, 13 de abril de 2017

NEGACIÓN, enjuiciando la verdad.

Aunque parezca mentira, incluso hoy en día hay gente que se empeña en negar hechos tan evidentes de la historia como, por ejemplo, la existencia del Holocausto.
David Irving es uno de los negacionistas más populares. A medio camino entre el historiador y el showman, Irving demandó en 1996 a la editorial Penguin books y a la escritora Deborah Lipstadt, acosándolos de difamarlo en el libro Denying the Holocaust.
Negación, dirigida sin estridencias por Mick Jackson (director que arrasó hace décadas con El Guardaespaldas, tropezó con Volcano y ha estado refugiado en la televisión desde entonces), relata lo acontecido durante el juicio, que se plantea como una especie de David contra Goliat, aunque, en este caso, la verdad y la razón estaba del lado de Goliat.
El principal mérito de la película es que pese a saberse (si no se conoce el caso real se puede, como poco, intuir) el veredicto final de antemano, la película mantiene la tensión y no pierde interés en ningún momento, mostrando como un pleito irrelevante por difamación se convirtió en un juicio mundial sobre la existencia o no del Holocausto. Puede que en algún momento se eche en falta algún giro narrativo de esos tan efectivo en las películas de juicios y que los planteamientos secundarios (el sistema judicial de Estados unidos es el correcto, el británico el chapucero; los abogados son los buenos, los periodistas los torpes…) se solventen de manera que todo el mundo quede contento. Pero no importa, ya que no es de eso de lo que quiere hablar Jackson, más interesado (siendo él mismo judío) en desacreditar a los negacionistas y defensores de Hitler que en crear una película de suspense.
Cuenta para ello con la ayuda de un excelente reparto que raya a muy buen nivel. No es nada que deba sorprendernos de Rachel Weisz o Tom Wikilson, siempre excelentes, pero merece un aplauso Timothy Spall, habituado a personajes desagradables pero que otorga a Irving una despreciable humanidad que casi roza la repulsión compasiva, aunque no puedo dejar de nombrar a otros grandes actores como Andrew Scott o Mark Gatiss (ambos viejos conocidos de la magnífica serie Sherlock).
Hay muchas películas que se empeñan en desempolvar los horrores del Tercer Reich, y Negación lo hace, no recreándose en las víctimas, sino clamando por la verdad y la justicia histórica. Y eso siempre es un punto añadido.

Valoración: siete sobre diez.

lunes, 24 de octubre de 2016

SNOWDEN: un brillante (aunque discutible) Oliver Stone.

Existen dos maneras de adentrarse en esta película, y dependiendo de la manera elegida de puede aceptar mejor o peor a Snowden, el último título del director Oliver Stone que, como es habitual en él, viene precedido por la polémica.
Por un lado, siendo una biografía de un personaje real, podemos analizarla como un retrato supuestamente fiel a lo sucedido y a la realidad del personaje protagonista. Quizá ahí sea donde más se pueda poner en duda la parcialidad del director, que ha contado con la colaboración del propio Snowden para la realización del film así como del diario The guardian, que se hizo cargo de difundir los secretos de estado revelados por el agente de la CIA. Es bien sabido que Stone se inclina mucho a la izquierda y es posible que esas inclinaciones deformen parte de la personalidad y las acciones de un hombre considerado traidor en su país y que en la película queda dibujado no sólo como un héroe sino casi como un santo, sin una sola sombra que enturbie su figura.
Sin embargo, más allá de consideraciones políticas, esto de lo que se trata es de analizar una película. Y como película hay que reconocer que Snowden es impecable. Consiguiendo explicar de manera sencilla y clara los acontecimientos que llevaron a Ed Snowden a traicionar la confianza de su gobierno (de una manera que me recuerda a la inferior El quinto poder), la película usa como excusa argumental la grabación del reportaje que Laura Poitras y los periodistas de The guardian le hicieron en la habitación de un hotel de Hong Kong (y que se complementaría perfectamente con esta película para una sesión doble) para rememorar sus primeros pasos en la CIA, su historia de amor con Lindsay Mills y los motivos que transformaron a un idealista patriota en un liberar que termino por filtrar secretos de estado, relacionados sobre todo con el espionaje ilegal a millones de ciudadanos de todo el mundo.
Sí se echa en falta, posiblemente, la presencia de algún personaje bienintencionado capaz de defender la postura gubernamental, pudiendose haber convertido la película en un debate más que en una simple acusación.
Con el miedo a la impotencia ante el espionaje masivo de los Estado unidos como nota de relleno, la película cuenta con un reparto espectacular, encabezado por un Joseph Gordon-Levitt acostumbrado a mimetizarse para parecerse al personaje que interpreta (aunque aquí está mucho más convincente que en El desafío) y una gran Melisa Leo que da vida a Poitras. Ideologías políticas aparte, no cabe la menor duda de que Stone es un gran director, y aquí lo demuestra una vez más con una historia muy bien narrada, que mantiene la intriga en todo momento, pese a los tecnicismos utilizados y al hecho de conocer de antemano el desenlace, y que logra emocionar a la vez que indignar. Una película que puede invitar a la reflexión y que es un nuevo dardo envenenado a la política exterior (e interior) de los Estados Unidos.

Valoración: Ocho sobre diez. 

lunes, 15 de septiembre de 2014

BELLE * (7d10)

Exquisita recreación de la historia real de Dido Elizabeth Belle, la hija bastarda de un aristócrata en el Londres del siglo XVIII que pese a ser de raza negra recibe, tras la muerte de sus padres, la educación y consideraciones dignas de su clase social, aunque con ciertas restricciones.  
Educada tras la muerte de sus padres por sus tíos Lord y Lady Mansfield y considerada como una hermana por su prima Elizabeth Murray, Belle y Elizabeth crecen en la comodidad y el lujo de estar acogidas por Lord Mansfield, juez de las Cortes Supremas y, tal y como comenta alguien en la película, posiblemente la persona más poderosa de Inglaterra después del rey. Se da la ironía de que, llegadas a la edad de buscar marido, Dido es heredera de una gran fortuna, mientras que Elizabeth es repudiada por su propio padre, con lo que la chica negra, por más que sea considerada como alguien inferior en esa época, es la que consigue más pretendientes.
La historia de Dido fue impactante no solo por la aceptación que se ganó a pesar de su color de piel sino por la in fluencia que tuvo en su tío a la hora de dictar una sentencia en referencia a la esclavitud. Independiente y revolucionaria, la vida de Dido es como un caramelo para Hollywood que la británica Amma Asante ha aprovechado para construir una narración de época con toques de drama y romance pero cuyas verdaderas intenciones están en un alegato en contra de la discriminación racial (no en vano la propia directora es de color) aprovechando de paso para hacer una burla de la aristocracia que no duda en poner los intereses económicos por encima de cualquier sentimiento. Aun sin tener rasgos de comedia, resulta cruelmente divertida la secuencia en que las madres buscan desesperadas mujeres con buenas dotes para casar como sea con sus hijos.
Posiblemente, todo y la buena mano de Asante como realizadora, una de las bazas del film está en su reparto, encabezado por los siempre excelentes Tom Wilkinson y Emily Watson y que tiene en Gugu Mbatha-Raw y Sarah Gordon  en el papel de las jóvenes primas sus mejores armas, con una caracterización y química entre ellas impecable y que logra que sus actuaciones convenzan y emocionen.
En ocasiones el cine histórico o de época puede resultar anodino o incluso pedante, pero Belle nos descubre un pedacito de historia imprescindible y con una sencillez y elegancia muy de agradecer.
Y sin necesitar de tres interminables horas como hacen otras.

viernes, 30 de agosto de 2013

EL LLANERO SOLITARIO (5d10)

A priori, juntar en una misma película a un productor como Jerry Bruckheimer, un director como Gore Verbinski, un actor como Johnny Deep y un compositor como Hans Zimmer debería ser toda una garantía de éxito. El problema es que los cuatro se encuentran en el momento más bajo de sus carreras, lo que se traduce en que una película que no aspira a nada más que ser un blockbuster veraniego y un gran éxito de taquilla tiene demasiadas carencias y defectos como para merecer una buena nota.
El primer defecto radica en la obsesión del Hollywood actual de hacer sagas en lugar de películas. Ello significa que El Llanero Solitario ha sido concebida como la primera de muchas, por lo que se pierde mucho tiempo en explicar los personajes y sus motivaciones en lugar de pasar directamente al espectáculo. Si estuviésemos ante una película de hora y media seguramente sería bastante correcta y entretenida, pero las dos horas y media de duración se traducen en una multitud de paja y escenas innecesarias que, en lugar de aportar, ralentizan y entorpecen a la historia.
El Llanero Solitario nace como una versión en el Oeste de Piratas del Caribe, y nadie se esfuerza por disimularlo, siendo la primera y más evidente muestra el detalle de que el protagonismo recaiga en el indio Toro (una extraña traducción del nombre original: Tonto), haciendo que nos preguntemos de donde viene lo de Solitario del título. La historia se mantiene fiel a la clásica, con el ranger John Reid sobreviviendo a una emboscada del malvado Butch Cavendish en la que fallece su hermano Dan. Con la ayuda del indio, John se oculta tras la máscara del Llanero Solitario para vengar a su hermano y luchar por la justicia. Esta es la historia que conocíamos del personaje y así nos la empiezan a contar, pero en lugar de contentarse con una película de aventuras con toques de humor, como era Piratas del Caribe, el trío calavera (Jerry, Gore, Johnny) apuestan por dar un toque místico a la historia acentuando el humor de una manera que no logro comprender demasiado. Escenas como la del caballo subido a la rama de un árbol, los conejos caníbales o el bandido travestido me resultan ridículas y ensucian lo que podría haber sido una buena película. Y es que realmente hay momentos en los que el espíritu de Piratas está ahí, la química entre los protagonistas funciona (aunque el protagonista Armie Hammer sea más soso que un nabo hervido) y las escenas de acción son trepidantes y están bien filmadas, por más que el final recuerde demasiado al Spielberg de su mejor época (las referencias a Indiana Jones y el Templo Maldito son evidentes) y, por más que sea una película fantástica, se permiten algunas licencias demasiado escandalosas, como la escena final que aunque no pienso spoilear sí diré que se pasa de construir las vías del ferrocarril a que de repente hayan diversas vías paralelas que corren una al lado de la otra, entrecruzándose como si de railes de una montaña rusa se tratase.
Sobre el tema actoral ya he comentado la total falta de carisma del protagonista, estando el valor de la película en sus villanos, el siempre efectivo Tom Wilkinson y el notable William Fichtner, al que ya pudimos odiar en Prison Break y al que tenemos también en cartel en Elysium (no menciono a Helena Bonham Carter porque simplemente pulula por ahí sin aportar demasiado ni que se expliquen las motivaciones de su personaje). Sobre Johnny Deep solo me queda comentar que debería volver a leer los guiones antes de aceptar protagonizarlos y decidirse por proyectos interesantes en lugar de primar solo la cantidad de maquillaje que requiera su personaje, a riesgo de convertirse en una simple caricatura al servicio de Tim Burton o el propio Verbinski.  ¿Dónde queda el excelente actor de Ed Wood, Dead Man, Miedo y asco en Las Vegas o Descubriendo Nunca Jamás? No vemos aquí ni siquiera sus muecas más características, ni es Tonto (perdón, Toro), un personaje a su medida como Jack Sparrow, pues no hay demasiados esfuerzos interpretativos por parte del otrora genial Eduardo Manostijeras.
No le vendrían mal a la película unos cuantos tijeretazos que elimine una hora de bostezos y convierta la película en una aceptable comedia de acción que, visto lo visto, no tengo muy claro que tenga continuidad.
Y, puestos a pedir, que eliminen también ese prólogo y epílogo tan absurdo como innecesario con el niño enmascarado y Tonto (digo, Toro) viejo.

Por cierto, la gota que colma el vaso de la desesperación es el afamado Hans Zimmer, otro grande caído en desgracia que solo sabe poner la mano para cobrar su cheque y que sean sus negros quienes le compongan la música, una música que como ya se demostró en El hombre de Acero no tiene ni la garra ni la pomposidad que cabe esperar en una película de estas características y que ayuda a aumentar la sensación anodina del film.