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sábado, 6 de octubre de 2018

JOHNNY ENGLISH: DE NUEVO EN ACCIÓN

Ha pasado suficiente tiempo desde Johnny English returns como para poder pensar que se trataba de una franquicia agotada, pero hete aquí que Rowan Atkinson está de regreso con su personaje cinematográfico más memorable (Mr. Bean siempre será infinitamente superior en su tratamiento televisivo), quizá propiciado por la moda actual de combinar cine de espionaje con comedia.
Había muchos motivos para que la película fuese un estropicio, sobretodo si uno juega a las comparaciones, teniendo como referencia principal del género la magnífica Kingsman de Matthew Vaughn, de la que se prepara ya la tercera entrega, pero Johnny English juega a otra cosa, y pese a contar con una acción muy bien rodada, no aspira a competir con ella en cuanto a secuencias de acción, por lo que potencia, con acierto, su sentido del humor.
Pasando al otro lado, sería fácil caer en los estereotipos del humos chabacano y de sal gruesa, pero Atkinson siempre ha estado por encima de eso, y con un tono muy blanco y reforzado en el slapstic consigue protagonizar una película muy divertida, quizá la mejor de las tres, sin salirse demasiado del camino establecido.
Como parodia que es del cine de James Bond, cuenta en sus filas a una chica Bond de nivel como es Olga Kurylenko, en un papel que le permite derrochar química con el británico sin forzar las cosas como previsible (e inverosímil) interés romántico. Además, sin perder nunca de vista la amenaza contra la que se lucha, tampoco comete la película el error de olvidar que la comedia debe primar por encima de todo (error que cometió, por ejemplo, El espía que me plantó), consiguiendo que el tono se mantenga en todo momento, sin altibajos en su ritmo ni perder nunca de vista que Atkinson/English es el reclama de la película, por encima de explosiones, persecuciones y tiroteos.
Con algunos secundarios de lujo (magnífica Emma Thompson como Primera ministra y muy acertado el retorno de Ben Miller tras su ausencia en la segunda entrega de la saga), la película no solo parodia a James Bond y sus gadgets, sino que se burla un poco de todo el espionaje moderno con un aroma retro (música incluida) que, lejos de resultar rancio y caduco, da un toque de nostalgia a la película.
No se trata de la obra maestra del cine de espionaje, ni mucho menos, y, algo obligada por sus precedentes, la película no llega a arriesgar en ningún momento, moviéndose por un terreno de sobras conocido que suena a exceso de acomodo, pero siguiendo la máxima de que “cuando algo funciona, mejor no tocarlo”, este Johnny English, de nuevo en acción consigue mantener viva la esencia del personaje e invita a pasar un rato muy divertido, siempre que uno acepte la necesidad de rendir pleitesía al estilo actoral de Atkinson y sus muecas, peaje necesario a pagar para digerir el film.
Como siempre, el punto negativo cabe encontrarlo en el destripamiento que el tráiler hace de sus mejores chistes, pero eso es un tema aparte.
En resumen, que sin innovar demasiado ni ofrecer nada del otro mundo, English y sus meteduras de pata siguen nen forma y demuestran que continúa siendo el mejor peor espía al servicio de su Majestad.

Valoración: siete sobre diez.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

UN DÍA PERFECTO (6d10)

Tras la algo fallida Amador, Un día perfecto es la nueva película como director de Fernando León de Aranoa, célebre autor de títulos como Barrio, Princesas o, sobre todo, Los lunes al sol, después de sus interesantes incursiones en el mundo del documental.
Un día perfecto recupera el tono de concienciación social de su realizador pero convirtiendo el asunto en un tema internacional, para lo cual el madrileño ha optado por rodar en inglés con un reparto multicultural y ampliando sus historias habitualmente urbanas hasta el desesperanzador conflicto de los Balcanes.
Pese al final de la contienda, el lugar está devastado por la guerra y los peligros siguen a la orden del día, así que un asunto tan (aparentemente) trivial como un cadáver arrojado en un pozo de agua es la excusa perfecta para seguir el deambular de cinco cooperantes que se enfrentarán a la situación en perspectiva a sus propios conflictos emocionales.
El principal mérito de León de Aranoa es saber hacer un retrato de guerra desde un punto de vista pacifista y humanitario, dejando claro el horror de la situación sin necesidad de mostrar una sola escena de violencia, y permitiéndose incluso endulzar la trama con pinceladas de humor negro que dan el necesario toque de cotidianidad a la historia, humanizando de paso a sus personajes. Es este humor, sin embargo, un peligroso juego que se mantiene en equilibrio inestable durante todo el metraje, resultando a la postre tanto lo mejor como lo peor del film. Y es que, si bien hay momentos que las chanzas y los diálogos a veces absurdos entre sus protagonistas ayudan a digerir mejor la situación de un país condenado a miseria y hambre, hay otros momentos en que los chistes no terminan de funcionar, invitando a tomar demasiada distancia con el drama e incitando a verlo todo a demasiada distancia.
Claro que también puede ser que el doblaje al español no sea especialmente acertado, recordando por momentos a una comedia francesa de esas que se doblan con el piloto automático puesto más que a un film con un elenco notable de intérpretes, encabezado por Tim Robbins, Benicio del Toro y Olga Kurylenko a los que acompañan Mélanie Thierry y Fedja  Štukan, con Sergi López en una breve aparición dejando la semillita patria.
Como sea, Un día perfecto busca emocionar sin caer en el sentimentalismo fácil, y aunque no lo logre por completo sí consigue reflejar la crudeza de un conflicto desde un punto de vista algo inusual, el de los cooperantes, que sin ser militares ni llevar armas en su equipo son los verdaderos héroes de la historia.
O lo intentan, al menos.
Destaca también una cuidada banda sonora que, poniendo banda sonora a las impresionantes panorámicas en las escenas de carretera, cumple el mismo objetivo que el humor de los diálogos: aliviar la tensión dramática au8nque con el riesgo de trivializar demasiado.
Un día perfecto no es una película perfecta. Quizá ni siquiera sea la mejor película de un director tan personal como es Fernando León de Aranoa, pero sí es una buen oportunidad para conocer una realidad más allá de lo que muestran los telediarios sin que el hambre o los asesinatos tengan porqué tener más importancia, desde un punto de vista personal, que las aristas siempre delicadas de una relación sentimental a distancia o, más aún, que un simple balón de fútbol.

lunes, 27 de abril de 2015

EL MAESTRO DEL AGUA (7d10)

Parece curioso, pero cuando un actor decide embarcarse en la tarea de dirigir su propia obra es fácil dejarse tentar por una historia épica y de superación, como en el Bailando con lobos de Kevin Costner o la Invencible de Angelina Jolie (en el caso de la señora de Brad Pitt se trataba en realidad de su segunda película, aunque la primera con carácter plenamente comercial). 
De hecho, hay varios puntos en común entre El maestro del agua e Invencible, pues ambas son desgarradoras historias reales con un profundo sentido trágico que invita a la reflexión en contra de cualquier conflicto bélico (en los ejemplos expuestos datados en la I y II Guerra Mundial respectivamente) y planteando las diferencias e igualdades entre los diferentes bandos (aunque siendo realistas los japoneses de la película de la Jolie quedan bastante peor retratados que los turcos de El maestro del agua).
Parece ser que hace tiempo que el gusanillo de la dirección había picado a Rusell Crowe, pero no ha sido hasta ahora que ha podido hacer su sueño realidad, descubriendo que este nuevo oficio parece llenarle mucho más que el de actuar, por más que –en un nada disimulado ataque de ego- se reserva el casi omnipresente papel protagonista de su film.
El maestro del agua cuenta como un granjero australiano con un peculiar don para localizar brechas de agua bajo la superficie decide partir hacia Turquía, cuatro años después de la batalla de Galípolis para recuperar el cadáver de sus tres hijos, desaparecidos en combate. Bajo esta premisa, Crowe describe la proeza de un hombre desesperado, casi sin esperanza, dispuesto a enfrentarse a los restos de una guerra que aún colea sin importarle el bando al que deba recurrir para conseguir ayuda.
El maestro del agua pretende ser una epopeya de superación personal, emotiva y desgarradora, con un claro mensaje conciliador e incluso una demanda de perdón en nombre del ejército Australiano por ser ellos los agresores en la famosa batalla (que tan bien retrató, recordemos, Peter Weir en la película homónima que protagonizó Mel Gibson). En este sentido, y debiendo hacer algún salto de fe (no me queda claro si el protagonista tiene un “don” real que le permite incluso conocer la ubicación exacta del cadáver de sus hijos o si es fruto de la simple conexión paterno filial), aparte de perdonar alguna inexactitud histórica, la película funciona bastante bien, con una narración muy clásica y un evidente buen gusto por parte del actor/director a la hora de mover la cámara.
Hay que lamentar, sin embargo, que Crowe quiere aspirar a demasiadas cosas en su primera incursión tras las cámaras, y quizá su talento no dé para tanto. La historia de amor coprotagonizada por Olga Kurylenko, la relación entre británicos y turcos tras el final de la Guerra, la incursión de Grecia en territorio otomano… son quizá demasiadas subtramas que terminan alargando demasiado la historia y provocando que queden demasiadas cosas sin contar (el personaje del marido de la Kurylenko es totalmente olvidado) que, además, es exageradamente bienintencionada, resultando casi todos los militares (crueles asesinos durante la guerra) gente de honor y bello corazón cuando toca desvivirse por el granjero y sus pesquisas.
No es, desde luego, un mal debut para Crowe, que no consigue emocionar como debe pero configura una interesante aventura que tiene a la búsqueda del agua como una metáfora algo forzada pero visualmente efectiva.

sábado, 4 de abril de 2015

LA COSPIRACIÓN DE NOVIEMBRE (6d10)

Muy desapercibida ha pasado esta película por las carteleras españolas, a las que ya llegó, por cierto, con bastante retraso. Y no es porque su calidad sea mala, pues no es el caso.
La conspiración de noviembre es una buena película de espías, con buenas interpretaciones, escenas de acción y un argumento inteligente. El problema que tiene es que parece fuera de época, poseedora de un clasicismo pasado de moda que nos transporta a finales del siglo pasado y cuya elección del actor protagonista, Pierce Brosnan, no es que ayude demasiado.
Basada en una serie de novelas del género (con la evidente intención de convertirlas en saga cinematográfica, cosa que dudo mucho llegue a buen puerto) firmadas por Bill Granger, La conspiración de noviembre nos devuelve al Brosnan (también productor) más recordado, aquel al que le sentaba tan bien el traje de Remington Steel y que parecía haber nacido para ser James Bond, aunque probablemente no será el más recordado de ellos.
Brosnan brilla con luz propia, agradeciendo que su personaje se adecue a su edad actual. Pero ello arrastra un problema: interpretar a un héroe cansado y de vuelta de todo puede contagiar a la propia película, y así el mismo espectador termina por sentirse cansado y de vuelta de todo, comprobando que no nos están contando nada nuevo y que por mucho que se busque nada hay en el film que pueda dejar poso, aparte de una notable violencia algo más explícita que en las películas a las que homenajea (imita) de la década de los noventa.
Heredera directa de Tom Clacy, John LeCarré o el propio Ian Flemming, La conspiración de noviembre es un buen producto de entretenimiento, un deleite durante su degustación pero de la que apenas nos acordaremos pasados unos pocos meses, pese a contar con la siempre interesante participación de Olga Kurylenko, curiosamente una chica Bond de la etapa Craig.
No es un peliculón, pero personalmente siempre he sentido algo de debilidad por Brosnan, y verle de nuevo enfundado en un traje, pistola en mano, en situaciones adrenalíticas ya me bastan para disfrutar durante algo menos de dos horas de película.
Y cuando termina, a otra cosa, mariposa, y todos tan felices.

viernes, 8 de agosto de 2014

VAMPIRE ACADEMY * (4d10)

No voy a desvelar aquí los peligros que entrañan las modas. Ya sea en el vestir, en música, literatura o en cine, cuando algo se pone de moda se traduce irremediablemente en un sinfín de imitaciones y malas copias totalmente carentes de imaginación con el único propósito de beneficiarse del trabajo de otros. Y si encima, el origen de esa moda es ya algo de discutible calidad, pues apaga y vámonos.
Esto es lo que está ocurriendo con el género YA, que es como se conoce a esas peliculillas que han existido toda la vida pero que han proliferado como Gremlins en un Tsunami a raíz de Crepúsculo, títulos generalmente basados en novelas para adolescentes con toques fantasiosos, algunas (las menos) con una supuesta intención ideológica y, como no, un trasfondo romántico, si es con triangulo mejor.
Así aparece esta Vampire Academy, otro ejemplo más de película que pasará desapercibida por las carteleras ya que ni siquiera la totalidad de la colección de novelas en las que se basa se ha editado en nuestro país. Por descontado, como es obligatorio en el cine YA, llega con la pretensión de inaugurar una nueva y fructífera saga. Y como en la mayoría de los casos, en eso se va a quedar, en una pretensión, como muy bien sabrá la protagonista, Zoey Deutch, que ya pululaba en esa cosa llamada Hermosas criaturas.
Agotando un género que personalmente me interesa mucho pese a lo maltratado que está por el cine últimamente (y desde aquí doy gracias a Jarmusch y Jordan por sus pequeñas joyitas), el de los vampiros, Vampire Academy mezcla sin pudor elementos de Crepúsculo con Harry Potter, confinando a una raza de vampiros (porque otra característica del cine y la literatura YA es esta, que no pueden limitarse a hablar de brujas o vampiros, todo se divide en razas extrañas como si así nos creyésemos que el autor realmente está siendo capaz de inventarse algo) llamada Morois (una especie de vampiros monárquicos más o menos buenos) en una especie de Hogwarts donde son protegidos por los Dhampir de los malvados Strigoi (sin comentarios).
La historia parte de la huida de la academia de Lissa y su amiga y protectora Rose, simple acto de rebeldía adolescente que no lleva a nada más que a demostrar lo peligrosos que son los Strigoi esos. Ya en la academia, Lissa, casualmente la princesa heredera al trono vampiro, deberá aprender a aceptar su destino mientras lidia con coqueteos adolescentes, bromas de mal gusto y alguna que otra traición (se supone que en un giro de guion despatarrantemente sorprendente) mientras su amiga Rose entrena para llegar a ser mejor protectora (y si mientras se liga a su instructor, pues miel sobre hojuelas).
En fin, ya el argumento da una pista de por dónde van los tiros. Una tontería monumental para quinceañeras a la que tan solo se le puede premiar la intención de apostar por una o dos escenas de acción filmadas de manera más o menos correcta y un ritmo que, por lo menos, no aburre demasiado, aunque poco importe lo que esté sucediendo.
¿Cuándo volverán los vampiros sedientos de sangre y mortalmente seductores que hace tanto que desaparecieron de los cines?


domingo, 14 de abril de 2013

OBLIVION (8d10)

Una vez más quiero dedicar la crítica de una película a los señores del CSI, a los que, como dice la canción de Arjona, odio con todo el amor de mi vida, que la han puesto a caer de un burro. La han repudiado por recordarles en espíritu a 2002, odisea en el espacio, estando a años luz de esta, se han burlado de su final que recuerda al de Los últimos días (sí,  seguro que como productor Tom Cruise no tiene nada mejor que hacer que espiar a los hermanos Pastor para copiar sus guiones), que si es moralista, que si le falta mensaje, que si el ritmo es lento, que si Tom Cruise sale mucho, que si Morgan Freeman poco... ¡Basta ya! El problema se resume en un concepto simple: es una peli de Tom Cruise, y ya se sabe que a Tom Cruise hay que atizarle haga lo que haga, que es lo que se lleva, ya se implique en papeles arriesgados como el de Rock of ages o thrillers interesantes como Jack Reacher.
En Oblivion interpreta a Jack, una especie de técnico de mantenimiento que, con la única compañía de su mujer Victoria (Andrea Riseborough), se encarga de supervisar a unos droides destinados a extraer los recursos naturales de un planeta Tierra abandonado tras una guerra contra una raza extraterrestre. Sin embargo, aún permanece un grupo de supervivientes terrestres, encabezados por Beech (Morgan Freeman) y con Sykes (Nikolaj Coster-Waldau, popular por Juego de Tronos y visto también en Mamá) que tratarán de tocar las narices a los técnicos.
Ciertamente, muchas son las influencias que Joseph Kosinski (director y creador de la idea original) ha recibido para Oblivion, desde el concepto de una Tierra deshabitada mantenida por robots de Wall-e hasta la idea de los clones de Moon, pasando por el estilo intimista y reflexivo de la ya mencionada 2001. Así que acepto una falta de originalidad en este pastiche de clásicos, aunque al menos Kosinski no se ha limitado a copiar sin más, sino que ha extraído lo mejor de cada idea y hacerlas suyas,  dándole una entidad propia. ¿Acaso no es lo que siempre ha hecho Tarantino y por lo que todos le hemos aplaudido? Así, Oblivion propone una trama futurista reflexiva, cocinada a fuego lento, creándose en ese nuevo mundo en que se ha convertido la Tierra tras la guerra y deleitándonos en paisajes imposibles que apabullan visualmente y nos recuerdan que Kosinski fue arquitecto antes que cineasta. Es entonces cuando aparece el personaje de Julia (una Olga Kurylenko bastante mejor de lo habitual) y se plantea un misterio que cambiará todo en lo que creíamos hasta ahora y entraremos en una nueva película donde, ahora sí,  la acción primará por encima de todo. Hasta llegar a su desenlace final, tan terriblemente trágico como a la vez optimista que, sin entrar en spoilers, solo diré que encontré perfectamente lógico. Y a quien no le haya gustado es que, simplemente, no ha sabido entender la película.
Cruise es aquí más omnipresente que nunca, pero por una vez lo encuentro justificado, ya que solo así se entiende la soledad que siente en un mundo desaparecido, una soledad que ni siquiera Victoria puede mitigar.
En una época en la que prevalecen las explosiones y la ciencia ficción parece que tenga que ser sinónimo de oscuridad se agradecen películas como esta,  que invitan a disfrutar de la experiencia de la gran pantalla con una historia inteligente y un personaje bien definido. No estará, eso es cierto, a la altura de los films en los que se inspira, pero ese es el precio de codearse con los más grandes.

Oblivion no será una obra maestra,  pero si una magnífica película. Le pese a quien le pese.

SIETE PSICÓPATAS * (7d10)

Estamos ante lo que, a priori, debería ser una película pequeñita, una de esas joyas del cine independiente que posiblemente nunca hubiera visto la luz en España a no ser en los circuitos de V.O. Sin embargo, no sé si por avatares del destino,  por amiguismo o simplemente por el poder de seducción de su guion, ha conseguido reunir a un grupo extraordinario de intérpretes que nos invita a verla con otros ojos, por más que nos encontremos de nuevo ante uno de esos flagrantes maltratos por parte de la distribuidora que ha fechado su estreno en cines muchos meses después de su pase en Sitges y con una paupérrima publicidad, prácticamente limitada al poder de convocatoria que poseen los nombres que aparecen en el cartel, demostrando la poca confianza hacia un producto de demostrada calidad. Pero bueno, luego, cuando las cuentas no cuadren, siempre podrán culpar a la piratería. Es lo que se lleva.
Siete psicópatas narra las historias paralelas de un guionista del montón que piensa que va a cambiar el mundo con la trama sobre un grupo de psicópatas en el que está trabajando sin ser capaz de reconocer que copia más que crea, mientras por otro lado conoceremos a un pobre desgraciado con un "negocio" de secuestro de perros para cobrar una recompensa por su devolución cuya vida se complicará al robar una perrita que es la niña mimada de un peligroso (y psicópata, por supuesto) mafioso.

Esta es la historia concebida por Martin McDonagh (que ya destacó por Escondidos en Brujas), cargada con mucho humor negro, situaciones estrambóticas y diálogos brillantes que la hacen en conjunto delirante y divertida con el refuerzo de un magnífico reparto encabezado por Colin Farrell (que una vez más demuestra que luce mejor en películas pequeñas que en superproducciones como la mediocre Desafío Total), Sam Rockwell, Woody Harrelson (tan desquiciado como nos tiene acostumbrados), Tom Waits, Harry Dean Stanton o Olga Kurylenko (aunque su aportación es casi testimonial, como para dar un toque femenino al póster) entre otros, aunque quien realmente se lleva la palma es Christopher Walken, al que teníamos un poco perdido últimamente (pronto lo veremos en Tipos legales junto a Al Pacino y Alan Arkin) que está sencillamente inmenso, comiéndose a sus compañeros cada vez que aparece en pantalla y haciendo suya la película,  pese al rol de secundario que sobre el papel le corresponde.