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lunes, 12 de marzo de 2018

LOVING PABLO


La sombra de Scorsese es alargada. Tanto, que ha terminado por salpicar a nuestro propio cine y a un director con tanta personalidad propia como es Fernando León de Aranoa. El madrileño, posiblemente el mejor retratista de nuestra realidad con películas como Barrio, Los lunes al sol o Princesas, ya coqueteó con el humor dramático con aroma yanqui en Un día perfecto, pero en su última película, Loving Pablo, se entrega totalmente al estilo más definitorio de Martin Scorsese para narrar la historia, sobre todo la caída, de Pablo Escobar.
Con un reparto muy nuestro a la par que muy internacional, con el matrimonio Javier Bardem/Penélope Cruz encabezándolo, pero con apariciones de otros rostros conocidos como el de Oscar Jaenada, Loving Pablo sigue a pies juntillas las directrices de esas películas autobiográficas que tan de moda están a raíz de El lobo de Wall Street y que ha tenido en Yo, Tonya el último referente. Violenta y desagradable como la historia demanda, con voz en off narrativa, miradas a cámara de Penélope Cruz y un sinfín de canciones acompañando a los protagonistas, Loving Pablo podría ser la última pieza del puzle que el mundo audiovisual parece querer dedicar al narcotraficante más popular de la historia. Puesto de moda gracias a la serie de Netflix Narcos, últimamente hemos visto apariciones del personaje en títulos como la serie El Patrón del mal y la película Escobar: Paraíso perdido, aparte de tener importancia crucial de forma más o menos directa en Barry Seal o El infiltrado.
La “burbuja” de Pablo Escobar se culmina con este retrato que León de Aranoa hace sobre su etapa más poderosa y su decadencia, siempre visto a través de los ojos de su amante, la periodista Virginia Vallejo. Como el propio Javier Bardem ha explicado en los actos promocionales del film, lo que se pretendía es retratar al verdadero Escobar, el asesino cruel y déspota, lejos de las etiquetas de héroe del pueblo que en algún momento se le pudieran adjudicar. Y en ese aspecto, gracias al excelente trabajo del actor y a una convincente caracterización, la película cumple con creces. Recorriendo más de diez años en la vida de los dos personajes protagonistas, la película funciona como metáfora sobre el poder y la corrupción, no solo en manos del sanguinario narco, sino también de las altas esferas políticas a las que la llegada de dinero en generosas cantidades les invita a mirar hacia otro lado.
El principal problema de Loving Pablo radica en que, pese al conocimiento que se pueda tener o no sobre la figura de Virginia Vallejo, realmente quedaba poco por contar sobre el propio Escobar, de manera que todo lo que se ve en pantalla suena ya a algo visto con anterioridad, por más que tanto las escenas de acción como los momentos de comedia (sátira, más bien) funcionen a la perfección.
Así pues, Loving Pablo es una película que interesará a aquellos que se acerquen por primera vez a la figura de Pablo Escobar, pero que resultará algo repetitiva a quienes sean fans de las dos primeras temporadas de Narcos, donde había mucho más tiempo para indagar en las estrecheces de la figura del protagonista.
Obviando esto, la película cumple con creces su cometido y es un retrato de una época y un hombre de gran solvencia y poderoso empaque visual, que sin duda dejará con ganas de más ansia de conocimiento a aquellos que desconozcan la serie, permitiendo que ambos productos se retroalimenten mutuamente.

Valoración: Siete sobre diez.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

UN DÍA PERFECTO (6d10)

Tras la algo fallida Amador, Un día perfecto es la nueva película como director de Fernando León de Aranoa, célebre autor de títulos como Barrio, Princesas o, sobre todo, Los lunes al sol, después de sus interesantes incursiones en el mundo del documental.
Un día perfecto recupera el tono de concienciación social de su realizador pero convirtiendo el asunto en un tema internacional, para lo cual el madrileño ha optado por rodar en inglés con un reparto multicultural y ampliando sus historias habitualmente urbanas hasta el desesperanzador conflicto de los Balcanes.
Pese al final de la contienda, el lugar está devastado por la guerra y los peligros siguen a la orden del día, así que un asunto tan (aparentemente) trivial como un cadáver arrojado en un pozo de agua es la excusa perfecta para seguir el deambular de cinco cooperantes que se enfrentarán a la situación en perspectiva a sus propios conflictos emocionales.
El principal mérito de León de Aranoa es saber hacer un retrato de guerra desde un punto de vista pacifista y humanitario, dejando claro el horror de la situación sin necesidad de mostrar una sola escena de violencia, y permitiéndose incluso endulzar la trama con pinceladas de humor negro que dan el necesario toque de cotidianidad a la historia, humanizando de paso a sus personajes. Es este humor, sin embargo, un peligroso juego que se mantiene en equilibrio inestable durante todo el metraje, resultando a la postre tanto lo mejor como lo peor del film. Y es que, si bien hay momentos que las chanzas y los diálogos a veces absurdos entre sus protagonistas ayudan a digerir mejor la situación de un país condenado a miseria y hambre, hay otros momentos en que los chistes no terminan de funcionar, invitando a tomar demasiada distancia con el drama e incitando a verlo todo a demasiada distancia.
Claro que también puede ser que el doblaje al español no sea especialmente acertado, recordando por momentos a una comedia francesa de esas que se doblan con el piloto automático puesto más que a un film con un elenco notable de intérpretes, encabezado por Tim Robbins, Benicio del Toro y Olga Kurylenko a los que acompañan Mélanie Thierry y Fedja  Štukan, con Sergi López en una breve aparición dejando la semillita patria.
Como sea, Un día perfecto busca emocionar sin caer en el sentimentalismo fácil, y aunque no lo logre por completo sí consigue reflejar la crudeza de un conflicto desde un punto de vista algo inusual, el de los cooperantes, que sin ser militares ni llevar armas en su equipo son los verdaderos héroes de la historia.
O lo intentan, al menos.
Destaca también una cuidada banda sonora que, poniendo banda sonora a las impresionantes panorámicas en las escenas de carretera, cumple el mismo objetivo que el humor de los diálogos: aliviar la tensión dramática au8nque con el riesgo de trivializar demasiado.
Un día perfecto no es una película perfecta. Quizá ni siquiera sea la mejor película de un director tan personal como es Fernando León de Aranoa, pero sí es una buen oportunidad para conocer una realidad más allá de lo que muestran los telediarios sin que el hambre o los asesinatos tengan porqué tener más importancia, desde un punto de vista personal, que las aristas siempre delicadas de una relación sentimental a distancia o, más aún, que un simple balón de fútbol.