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miércoles, 2 de octubre de 2019

RAMBO: LAST BLOOD

En 1982, un joven Sylvester Stallone trataba de conquistar a su público con personajes que fuesen más allá del mítico Rocky (ese fue el año de estreno de Rocky III), y el camino para conseguirlo sería con la adaptación de la novela Primera sangre de David Morrell, con la que su protagonista, un veterano de Vietnam acosado por los fantasmas de la guerra, se convertiría en un icono del cine.
Tras Acorralado (que es como se tradujo aquí lo de First blood) llegaría una secuela con guion de James Cameron y con un Stallone en plan estrella que elevaría el personaje a la condición de mito, algo que ni la inferior Rambo III logró estropear. Tuvo que haber un salto de veinte años para que alguien (el propio Stallone, ¿quién si no?) se animase a resucitar la saga con John Rambo y, no contentos con ello, llega ahora la que debería ser el colofón definitivo a la saga.
Rambo: last blood es la demostración de cómo muchos actores se conforman con malvivir de sus éxitos del pasado, y si bien a Stallone la jugada de estirar el chicle de Rocky con Creed (al menos en su estimable primera película), con el mercenario no está teniendo tanta suerte. La nueva Rambo es, sencillamente, mala y muchos son los problemas que impiden que se la pueda ver con buenos ojos, aun esforzándose por recurrir al cariño de unos años de glorias hipermusculadas.
Por un lado, este no es Rambo. Sí, se le parece (aunque la edad le ha hecho estragos), hace alguna mínima referencia a la guerra y en un momento dado dispara con un arco. Fin. Por lo que a la historia respecta, bien podría ser una secuela más de la saga Venganza o cualquier subproducto derivado. No se reconoce al personaje ni hay conexiones con el pasado (ni siquiera unos créditos finales con imágenes de películas anteriores consiguen evocar ese recuerdo) como para que esto sea la despedida que el icono se merece. Los años no pasan en balde y, por más que este Rambo parezca recuperarse de brutales palizas como por arte de magia, la verdad es que da la sensación de que en ningún momento debería poder lidiar con sus enemigos, pareciendo un abuelete de asilo al lado de tipos como John Wick o el Bryan Mills de Liam Neeson.
Por otro lado, nos encontramos con los peores villanos de la saga. Después de haberse enfrentado con ejércitos enteros, Rambo se encara ahora con una pandilla de proxenetas mexicanos que, ni de lejos, dan la sensación de ser un peligroso cartel. Dos idiotas (muy malos, eso sí) y un puñado de matones que controlan una red de prostitución de estar por casa.
Y, por último, y esto lo pongo en un pack porque son ya cuestiones puramente cinematográficas, la dirección y el propio guion. Mientras que el tal Adrian Grunberg (que en Vacaciones en el Infierno no me pareció tan malo) parece carecer del más mínimo concepto del ritmo narrativo y tiene afición por emborronar las escenas de acción para conseguir que no se entienda nada de lo que sucede en pantalla, el guion es tan plano y carente de un simple giro argumental que sorprenda (y despierte) al espectador que no puede más que provocar indiferencia ante lo que sucede en pantalla.
La historia es terriblemente limitada: Un familiar de Rambo es secuestrado, este intenta rescatarla, pero sin éxito y prepara unas trampas en su granja para matarlos a todos. Fin. Sí, en contra lo habitual os acabo de soltar un spoiler, pero si a estas alturas a alguien le preocupa conocer un spoiler de una película de Rambo es que la cosa se nos está yendo de las manos. El caso es que es todo exageradamente lineal. Las cosas van pasando en una apática continuidad y la película se reduce a más de una hora de aburrido dramón televisivo para desembocar en un aparente festival de violencia desmedida que, a la postre, tampoco es para tanto. Parece como si Grunberg quisiera hacer una orgía de sangre e higadillos, pero entre su cámara nerviosa y la oscuridad de las escenas, tampoco da ni para eso.
Desde luego, hay una violencia insana y hasta desagradable atufando toda la película, pero dudo que eso esté en el lado de las cosas positivas de un film que, si realmente es el colofón de la saga, supone un triste final para la leyenda de John Rambo, ya que por momentos se me antoja ridícula y, a la vez, sumamente desagradable, pues ni siquiera como festival gore me llega a funcionar.
Sly, pensaba que sabías hacerlo mejor, pero viendo las reacciones a tus últimos trabajos (ahí están las dos secuelas de Plan de escape estrenadas directamente en VOD) parece que no es así. Si hasta el propio Morrell ha renegado de su creación…
Lo dicho, una lástima.


Valoración: Tres sobre diez.

lunes, 12 de marzo de 2018

LOVING PABLO


La sombra de Scorsese es alargada. Tanto, que ha terminado por salpicar a nuestro propio cine y a un director con tanta personalidad propia como es Fernando León de Aranoa. El madrileño, posiblemente el mejor retratista de nuestra realidad con películas como Barrio, Los lunes al sol o Princesas, ya coqueteó con el humor dramático con aroma yanqui en Un día perfecto, pero en su última película, Loving Pablo, se entrega totalmente al estilo más definitorio de Martin Scorsese para narrar la historia, sobre todo la caída, de Pablo Escobar.
Con un reparto muy nuestro a la par que muy internacional, con el matrimonio Javier Bardem/Penélope Cruz encabezándolo, pero con apariciones de otros rostros conocidos como el de Oscar Jaenada, Loving Pablo sigue a pies juntillas las directrices de esas películas autobiográficas que tan de moda están a raíz de El lobo de Wall Street y que ha tenido en Yo, Tonya el último referente. Violenta y desagradable como la historia demanda, con voz en off narrativa, miradas a cámara de Penélope Cruz y un sinfín de canciones acompañando a los protagonistas, Loving Pablo podría ser la última pieza del puzle que el mundo audiovisual parece querer dedicar al narcotraficante más popular de la historia. Puesto de moda gracias a la serie de Netflix Narcos, últimamente hemos visto apariciones del personaje en títulos como la serie El Patrón del mal y la película Escobar: Paraíso perdido, aparte de tener importancia crucial de forma más o menos directa en Barry Seal o El infiltrado.
La “burbuja” de Pablo Escobar se culmina con este retrato que León de Aranoa hace sobre su etapa más poderosa y su decadencia, siempre visto a través de los ojos de su amante, la periodista Virginia Vallejo. Como el propio Javier Bardem ha explicado en los actos promocionales del film, lo que se pretendía es retratar al verdadero Escobar, el asesino cruel y déspota, lejos de las etiquetas de héroe del pueblo que en algún momento se le pudieran adjudicar. Y en ese aspecto, gracias al excelente trabajo del actor y a una convincente caracterización, la película cumple con creces. Recorriendo más de diez años en la vida de los dos personajes protagonistas, la película funciona como metáfora sobre el poder y la corrupción, no solo en manos del sanguinario narco, sino también de las altas esferas políticas a las que la llegada de dinero en generosas cantidades les invita a mirar hacia otro lado.
El principal problema de Loving Pablo radica en que, pese al conocimiento que se pueda tener o no sobre la figura de Virginia Vallejo, realmente quedaba poco por contar sobre el propio Escobar, de manera que todo lo que se ve en pantalla suena ya a algo visto con anterioridad, por más que tanto las escenas de acción como los momentos de comedia (sátira, más bien) funcionen a la perfección.
Así pues, Loving Pablo es una película que interesará a aquellos que se acerquen por primera vez a la figura de Pablo Escobar, pero que resultará algo repetitiva a quienes sean fans de las dos primeras temporadas de Narcos, donde había mucho más tiempo para indagar en las estrecheces de la figura del protagonista.
Obviando esto, la película cumple con creces su cometido y es un retrato de una época y un hombre de gran solvencia y poderoso empaque visual, que sin duda dejará con ganas de más ansia de conocimiento a aquellos que desconozcan la serie, permitiendo que ambos productos se retroalimenten mutuamente.

Valoración: Siete sobre diez.

lunes, 13 de noviembre de 2017

ORO, en busca de El Dorado

Dejando de lado Solo quiero caminar, que pasó bastante desapercibida por las pantallas, Agustín Díaz Yanes es siempre recordado por la irregular Alatriste. Ahora, once años después, vuelve a contar con la colaboración de Arturo Pérez-Reverte en una extraña maniobra con la que se adapta una historia inédita para la que el propio escritor firma también el guion.
Con un despliegue algo menos ambicioso que Alatriste pero una mejor factura técnica, Oro es la epopeya de unos conquistadores españoles en busca de una ciudad de Las Indias que se supone estaba hecha toda de oro, desde las paredes de las casas hasta los propios tejados. Estamos, por tanto, ante una aventura con tintes bélicos, una historia de supervivencia en la selva amazónica que no es, en el fondo, más que una mera excusa para hablar sobre la crueldad y la mezquindad de la condición humana, de cómo la codicia y el temor puede llevar a alguien a cometer actos de villanía. Aún con restos de honor entre algunos de los protagonistas, la película está plagada de decisiones traicioneras, enfrentamientos por amor (o lujuria) y menosprecio a la vida humana, ya sea la propia, la del hombre blanco o la del indígena. Es, pues, Oro, una fábula sucia y cruel, donde, como si quisiera hacer paralelismos con la sociedad actual, incluso las disputas por os nacionalismos regionales tienen cabida en la trama.
Para ello, Agustín Díaz Yanes se ha rodeado de lo mejorcito en actores de nuestro país, con nombres de la talla de Raúl Arévalo, Óscar Jaenada, José Coronado, Juan José Ballesta, Luis Callejo, Antonio Dechent o Anna Castillo, además de la breve pero intensa aparición de Juan Diego. Es curioso, sin embargo, que en una historia tan masculina y viril quien consiga sobresalir la maravillosa Bárbara Lennie. Recuerdo como tras el estreno de El niño muchos protestaban por lo poco que se prodigaba esta estupenda actriz (ese mismo año deslumbró a todos con Magical Girl), y ahora que empieza a ser más frecuente verla nos encontramos con esos productos de vergüenza ajena como la ridícula serie de El Incidente. Con Oro, Lennie consigue regresar al buen camino.
No estamos ante una película redonda. Quizá Díaz Yanes y Pérez-Reverte, en su afán por ser fieles a la realidad histórica, olvidaron dar algo más de profundidad a sus protagonistas, mientras que la propia trama es demasiado lineal, excesivamente plana. Los soldados van de un punto A a un punto B, enfrentándose a los obstáculos del camino y punto. No hay ningún giro, ningún recoveco del camino que logre sorprender demasiado y ninguno de los protagonistas, más allá de las nobles u oscuras intenciones que puedan tener, tiene un pasado que nos perita simpatizar demasiado con ellos.
Con todo, el buen trabajo de los artistas, la firme dirección de Díaz Yanes y el empaque técnico que logra que todo se vea con un realismo impecable, hacen de la película una propuesta muy interesante y totalmente recomendable.

Valoración: siete sobre diez.

viernes, 18 de agosto de 2017

DESCONTROLADAS, tontorrón alegato familiar

Descontroladases la nueva película de Jonathan Levine, un joven realizador cuya mejor película hasta la fecha es la simpática Memorias de un zombie adolescente, configurada como vehículo de lucimiento de Amy Schumer. Schumer es una popular humorista de televisión que cuenta con serie propia de la que es creadora y guionista pero que en su paso por televisión su mayor referente hasta la fecha es Y de repente tú, esa comedia del montón que se limitaba a traspasar todos los tópicos masculinos de las relaciones sentimentales a su propia figura.
Schumer no se corresponde con el estereotipo de la Barbie hollywoodiense y basa en ello casi todos sus personajes, buscando ocupar un hueco a medio camino entre la guapa sexy y la gordita desastrosa (no llega, en este sentido, al nivel de Melissa McCarthy, Jillian Bell o Rebel Wilson). Es decir, juega a ser una chica del montón y fácilmente identificable que no suele frecuentar el cine americano, pero termina dando un giro cómico tan forzado que acaba echando por tierra esa supuesta normalidad. Al final, todo queda en una cara de perrito pachón que busca dar pena al espectador y que, al menos en mi caso, no funciona.
A su lado tenemos a Goldie Hawn, una de las reinas de la comedia allá por los ochenta y que andaba desaparecida de las carteleras desde Amigas a la fuerza, del 2002. Desconozco los motivos de ese retorno a la primera plana (quizá deslumbrada por la segunda juventud que está viviendo su pareja Kurt Russell), pero si este es el vehículo elegido tampoco es que vaya a suponerle un regreso por todo lo alto.
Descontroladas es una comedia simplona con dos mitades bien diferenciadas. Por un lado, plantea el clásico conflicto familiar entre madre e hija que aspira a solucionarse con unas vacaciones, recurriendo a todos los tópicos del cine sobre estancias en resorts y extranjeros atractivos ofreciendo las delicias desconocidas del país en cuestión. De repente, la cosa cambia a comedia de acción con secuestros, persecuciones y muertes de por medio. Ninguna de las dos cuajan completamente, siendo al final todo una excusa para hablar de forma bastante limitada del amor familiar y ser una proclama bastante pobre en la que todos los miembros de la familia terminan resultando unos héroes, incluyendo al hermano medio retrasado que interpreta Ike Barinholtz.
Al final, solo las contadas intervenciones de Joan Cusack provocan alguna sonrisa en una película que naufraga por su falta de ambición y apenas alcanza como entretenimiento justito y nada ambicioso.

Valoración: Cuatro sobre diez.

lunes, 25 de julio de 2016

INFIERNO AZUL: agónica supervivencia.

Jaume Collet-Serra es uno de esos directores españoles que no logró ser profeta en su tierra y se largó al otro lado del charco a hacer las américas. Y no le ha ido nada mal, la verdad.
Infierno azul es su última película, y una de las pocas en las que no ha contado con su amigo Liam Neesson como protagonista. Y es también la película que va a ser comparada hasta la saciedad con el Tiburón de Spielberg.  Pero lo cierto es que más allá de que ambas están protagonizadas por un enorme escualo, poco es lo que tienen en común.
Infierno azul es una película mucho más pequeña, más sencilla, que la mítica obra de Spielberg, pero no se entienda esto como que es una película menor. Lo que sucede es que aquí no hay un pueblo en peligro por el bicho marino, ni alcaldes desoyendo las evidencias de peligro ni grupos de protagonistas que se unen frente a la amenaza. Aquí se trata más bien de una película de supervivencia, de un combate mano a mano entre la protagonista, una Blake Lively que hace una intensa y convincente interpretación y que las pasa canutas casi todo el metraje.
Poco hueco para la sorpresa hay en una historia que tiene en su desenlace su principal carencia, por más que sea algo obligado en un film de estas características, pero ese es precisamente el inmenso mérito de Collet-Serra. Conseguir estremecer al espectador y meterle el corazón en un puño en situaciones en las que por pura coherencia narrativa sabes que la chica se va a salvar no es algo al alcance de todos, y él lo consigue desde el minuto uno. Sin perder el tiempo en prólogos innecesarios, la acción arranca con rapidez y, salvo los “aperitivos” necesarios para definir sin dejar lugar a dudas al tiburón como la gran amenaza que es, el enfrentamiento entre ambos, chica y monstruo, se prolongará hasta el final. No estamos para tonterías y eso se agradece.
Puede que si analizamos la película con una lupa encontremos mil exageraciones que la despojen de su aparente realismo, pero nada de eso importa al lado del terror, la angustia y el sufrimiento que provoca, tanto en la pobre Lively como en el propio espectador. La ejecución de la acción, los movimientos de cámara, la música de Marco Beltrami (emulando y tratando de distanciarse a la vez de John Williams), la hermosa fotografía y la calidad de los efectos especiales hacen de esta película, de apenas una hora y media, una deliciosa pesadilla, una obra magnífica, imposible de comparar con esas patochadas de amenazas marinas tan de moda últimamente ya sea con tiburones, pirañas o mezclas raras entre ambos.
Una pequeña joya, aterradora y claustrofóbica en la prisión sin paredes que puede suponer un simple pedazo de roca. Magnífica sin más.

Valoración: Ocho sobre diez.