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lunes, 5 de febrero de 2018

EL PASAJERO

El Pasajero es la cuarta colaboración entre el director catalán Jaume Collet-Serra y Liam Neeson tras Sin identidad, Non stop (sin escalas) y Una noche para sobrevivir.
Este realizador barcelonés afincado en Hollywood tiene unas señas de identidad tan claras y definidas que resulta difícil que ninguna de sus películas lleven a engaño. En El pasajero, heredera de films de suspense hitchconianos como Extraños en un tren o incluso con dejes de los sospechosos por eliminación propios de Agatha Christie, con Asesinato en el Orient Express como mejor referencia.
En El Pasajero no hay, aparentemente, ningún asesinato, pero sí un misterio por resolver. El protagonista, un hombre que lleva diez años tomando a diario el mismo tren de cercanías y que conoce de vista a casi todos los pasajeros habituales, recibe la oferta de localizar a una persona en concreto a cambio de una generosa suma de dinero. Todo, casualmente, el día que le comunican su despido.
Este es el punto de partida de una trama imposible, llena de giros absurdos y situaciones inverosímiles que, como no podía ser de otra manera, están brillantemente resueltos por Collet-Serra. Pese a lo bien que lo hizo en los espacios abiertos de su última película, Infierno azul, el director está habituado a los espacios cerrados y claustrofóbicos, y su cómplice Neeson se mueve como pez en el agua entre los estrechos vagones de un tren abarrotado que terminará, como dictan los cánones, con los principales sospechosos reunidos en un mismo vagón.
Peleas realistas, explosiones, descarrilamientos y otros tópicos del cine de acción decoran la trama permitiendo que el director se luzca como nunca, aunque esa dejadez en el argumento termina por aguarle un poco la fiesta. Además, no sé si por culpa de la producción o debido a las carencias en la exhibición, algunos momentos se me antojaron excesivamente digitales, dándome la sensación de que en demasiados momentos se le ve el truco, convirtiéndola en una pirotecnia demasiado artificial.
Con todo, el tándem Collet-Serra/Neeson vuelve a funcionar, más si además tenemos de regalo la presencia de Vera Farmiga y se dejan ver por ahí actores de la talla de Patrick Wilson, Sam Neill o nuestra Clara Lago.
Película imposible de analizar en profundidad, pero disfrutable como espectáculo, que cumple las expectativas y hará las delicias a los fans del género.

Valoración: Seis sobre diez.

lunes, 25 de julio de 2016

INFIERNO AZUL: agónica supervivencia.

Jaume Collet-Serra es uno de esos directores españoles que no logró ser profeta en su tierra y se largó al otro lado del charco a hacer las américas. Y no le ha ido nada mal, la verdad.
Infierno azul es su última película, y una de las pocas en las que no ha contado con su amigo Liam Neesson como protagonista. Y es también la película que va a ser comparada hasta la saciedad con el Tiburón de Spielberg.  Pero lo cierto es que más allá de que ambas están protagonizadas por un enorme escualo, poco es lo que tienen en común.
Infierno azul es una película mucho más pequeña, más sencilla, que la mítica obra de Spielberg, pero no se entienda esto como que es una película menor. Lo que sucede es que aquí no hay un pueblo en peligro por el bicho marino, ni alcaldes desoyendo las evidencias de peligro ni grupos de protagonistas que se unen frente a la amenaza. Aquí se trata más bien de una película de supervivencia, de un combate mano a mano entre la protagonista, una Blake Lively que hace una intensa y convincente interpretación y que las pasa canutas casi todo el metraje.
Poco hueco para la sorpresa hay en una historia que tiene en su desenlace su principal carencia, por más que sea algo obligado en un film de estas características, pero ese es precisamente el inmenso mérito de Collet-Serra. Conseguir estremecer al espectador y meterle el corazón en un puño en situaciones en las que por pura coherencia narrativa sabes que la chica se va a salvar no es algo al alcance de todos, y él lo consigue desde el minuto uno. Sin perder el tiempo en prólogos innecesarios, la acción arranca con rapidez y, salvo los “aperitivos” necesarios para definir sin dejar lugar a dudas al tiburón como la gran amenaza que es, el enfrentamiento entre ambos, chica y monstruo, se prolongará hasta el final. No estamos para tonterías y eso se agradece.
Puede que si analizamos la película con una lupa encontremos mil exageraciones que la despojen de su aparente realismo, pero nada de eso importa al lado del terror, la angustia y el sufrimiento que provoca, tanto en la pobre Lively como en el propio espectador. La ejecución de la acción, los movimientos de cámara, la música de Marco Beltrami (emulando y tratando de distanciarse a la vez de John Williams), la hermosa fotografía y la calidad de los efectos especiales hacen de esta película, de apenas una hora y media, una deliciosa pesadilla, una obra magnífica, imposible de comparar con esas patochadas de amenazas marinas tan de moda últimamente ya sea con tiburones, pirañas o mezclas raras entre ambos.
Una pequeña joya, aterradora y claustrofóbica en la prisión sin paredes que puede suponer un simple pedazo de roca. Magnífica sin más.

Valoración: Ocho sobre diez.

viernes, 17 de abril de 2015

UNA NOCHE PARA SOBREVIVIR (6d10)

Liam Neeson es un actor peculiar, capaz de reinventarse a sí mismo cada pocos años con tal de no encasillarse en un género o estilo que pueda lastrar su exitosa carrera.
Después de unos inicios difíciles y titubeantes, logró alternar papeles tan diferentes entre ellos como exitosos, tales como Darkman, La lista de Schindler, Rob Roy, Nell o Michael Collins. Una vez consagrado, y con una nominación al Oscar bajo el brazo, Neeson se aventuró en el cine más palomitero, dejándose ver por blockbusters de la talla de Star Wars: la amenaza fantasma, Batman Begins, Furia de Titanes o El Equipo A. En los últimos años, y sin abandonar algunos papeles más esforzados, Neeson parece haberse acomodado en el papel de tipo duro, tomando el relevo de actores como Bruce Willis o Mel Gibson, acostumbrados en sus films a tener que proteger o vengar a sus maltratadas familias. A esta última reconversión pertenecen títulos como la saga Venganza o Infierno Blanco, y también sus tres colaboraciones (por ahora) con el español Jaume Collet-Serra.
Tras la intrigante y tramposa Sin Identidad y la tópica pero emocionante Non Stop (Sin escalas), el intérprete irlandés y el director catalán vuelven a unir fuerzas en otro giro de tuerca en un cine al que ya se le empieza  a ver el plumero y que está encasillando (ahora sí) de forma peligrosa al bueno de Liam, por más que este asegure que le quedan apenas un par de años (y es que la edad no perdona) como héroe de acción. Me viene a la memoria un genial meme que me enviaron a raíz del estreno de V3nganza y que bien podría servir como frase publicitaria de la película: sobre imágenes de cuatro películas icónicas suyas se leía algo así como: “Ha entrenado a Batman, ha sido un maestro Jedi y es el padre de todos los dioses… ¿De verdad te parece buena idea amenazar a su familia?”. Pues en esta línea, sin salirse un ápice del camino marcado, se encuentra Una noche para sobrevivir.
Y es que el protagonista de la historia, Jimmy Conlon, sigue todos los patrones previstos: alcohólico, con un pasado de violencia y totalmente repudiado por su propia familia. Vive en un entorno decadente y violento, con un único amigo en quien confiar Shawn Maguire, y de quien, a la vez, aceptar su caridad, hasta que las cosas se tuercen y Jimmy deberá matar al hijo de Shawn para proteger a su propio vástago. A partir de ahí se terminaron las amistades y los caprichos alcohólicos y se abrirá una guerra cruenta y sanguinaria entre Jimmy y Shawn por proteger/vengar a la familia.
Con ligeras concesiones al drama familiar y huyendo totalmente de cualquier mínimo rasgo de humor o romanticismo, la película es dura, violenta y adrenalítica, tan apegada al estilo de Venganza que el protagonista bien podría llamarse Bryan Mills con sólo cambiar el género del retoño, un peligroso estigma que puede perseguir a Neeson tal y como persiguió durante un tiempo (y un leve vestigio seguirá ahí por siempre) John McCaine a Bruce Willis. Por faltar, no falta ni -como en V3nganza- lo que yo llamo el factor El fugitivo, es decir, ese policía (casualmente el único honrado de todo el departamento) se debe perseguirlo aunque al final se vea seducido por los amagos de redención del héroe torturado.
Sin embargo, dejando de lado que la película sea una sucesión de tópicos mil veces vistos, que el argumento no contenga nada con lo que sorprender y que sea fácil imaginar lo que va a suceder desde el primer minuto, hay que reconocer que Neeson le tiene bien tomado el pulso a lo de ser un tipo duro, mientras que Collet-Serra filma muy bien (otro tema es que a uno le guste más o menos ciertas virguerías con la cámara que hace en las transiciones, demasiado artificiales a mi parecer), manteniendo con corrección el ritmo trepidante de la narración y consiguiendo algunos momentos de atmosfera envolvente (la lucha durante el incendio, el final entre la niebla) muy meritorios, a lo que hay que añadir a dos grandes nombres de la interpretación secundando a Neeson como son Ed Harris y Vicent D’Onofrio, cerrando el reparto protagonista un Joel Kinnaman recién salido de la decepcionante RoboCop y que, dejando aparte la televisiva The Killing, aún debe encontrar su rumbo en Hollywood.
Una noche para sobrevivir es, en resumen, más de lo mismo. No inventa nada nuevo, ni tampoco lo pretende, pero hay que reconocerle, eso sí, que lo viejo le funciona muy bien y que, al final, a todos nos gustaría tener a Liam Neeson de vecino. Por lo que pueda pasar…


lunes, 31 de marzo de 2014

NON-STOP, SIN ESCALAS (7d10)

Cuando se menciona el tópico de “un español que triunfa en Hollywood” lo primero que a todos se nos viene a la mente es el nombre de un actor, ya sea Antonio Banderas, Penélope Cruz o Javier Bardem, aunque en realidad Hollywood está plagado de excelentes técnicos de sonido, iluminación, compositores musicales y especialistas en efectos visuales que están muy valorados y pasan totalmente desapercibidos en su país natal.
Ahora bien, si nos centramos en el tema de los directores, es difícil recordar uno que se esté ganando las habichuelas al otro lado del charco. Cierto, tenemos gente reconocida, como Almodóvar, Trueba o Amenábar, que han conseguido estrenar allí sus películas o incluso filmar producciones españolas en inglés con reconocidos actores yanquis. Sin embargo, lo que es triunfar, triunfar… poca cosa hay.
Jaume Collet-Serra, catalán más enamorado de su Barça que del propio mundo del cine, es uno de ellos. Se dio a conocer con una obra menor, La casa de cera (cuyo mayor mérito es tener como protagonista a Paris Hilton y cargársela apenas a los veinte minutos), pero que como la mayoría de producciones de terror americanas derivó en un rentable éxito para la productora encabezada por un Joel Silver que lo acogió bajo su tutela y lo ha continuado produciendo hasta la fecha. Desde entonces, sus películas han sido escalando en reconocimiento y calidad, desde el ya título de culto La huérfana, la hitchcockniana Sin identidad y, ahora, este Non-Stop que lo ha llevado a estar dos semanas seguidas en el número uno de la taquilla americana (curioso, tanto que se les llena la boca a algunos de criticar al público español por adorar el cine anglosajón y despreciar el patrio y cuando llega un éxito como este con un director de casa la película más taquillera resulta ser Ocho apellidos vascos).
Non-Stop, en la que Collet-Serra repite con Liam Neeson (nuevo y sorprendente héroe de acción) tras Sin identidad, no tiene nada de original. El esquema de un acto terrorista afincado en un espacio reducido recuerda a títulos como Jungla de Cristal, Alerta Máxima o Speed, y la sensación claustrofóbica de algunas escenas pueden evocarnos a la magnífica Buried o la fallida Grand Piano. Además, tenemos a un héroe traumatizado por su pasado, con problemas de disciplina y alcohol, que bien podría haber sido encarnado en otros tiempos por Mel Gibson o Bruce Willis, pudiendo reconocerse en el personaje de Bill Marks todos los tics de aquellos. Sin embargo, el acierto de Collet-Serra está en saber recoger todos esos elementos y mezclarlos en su coctelera particular para parir un producto que no por previsible sea poco entretenido. Al contrario, Non-Stop es tan trepidante como su propio nombre sugiere, y el director nos demuestra su habilidad con la cámara consiguiendo momentos tan impactantes como una pelea en el interior del baño ce un avión.
Bill Marks es un agente de seguridad que realiza un previsiblemente apacible vuelo de Nueva York a Londres cuando, como en la ya mencionada Grand Piano, comienza a recibir mensajes amenazando con matar inocentes si no hace lo que le piden. Comienza entonces una carrera contra reloj para descubrir al presunto terrorista que convierte el avión en una especie de juego de Cluedo en el que cualquier pasajero tiene posibilidades de ser el malo de la función, incluyendo a las azafatas (donde tiene un pequeño papel la recién oscarizada Lupita Nyong’o), su compañera de asiento (Julianne Moore) o incluso él mismo. Mientras se escenifica una versión claustrofóbica de los esquemas propios de Agatha Christie, las muertes comienzan a sucederse, como en una versión light de Saw, demostrando que la amenaza es muy real y que el destino de todos los integrantes del vuelo está en peligro, hasta un desenlace tan espectacular como previsible con un ligero aroma a Screen. Y es que no siempre es malo copiar a los demás cuando se hace bien.
Así, las casi dos horas de metraje pasan volando (chiste fácil) con un Liam Neeson que lleva unos años reconvertido en un tipo duro a quien todos desearíamos tener a nuestro lado en caso de amenaza y unas bien repartidas descargas de adrenalina que convierten esta película en un estupendo entretenimiento.
Como es natural, en ningún momento se pretende conseguir más que eso, entretener y hacernos vibrar, por lo que no es conveniente contemplar el film libreta en mano o arriesgarnos a un segundo visionado de forma inmediata, ya que es entonces cuando afloran sus carencias en forma de un guion con demasiadas trampas como para sostenerse por sí mismo y unas situaciones fuera de toda lógica ni sentido. Pero eso, sin duda, sería buscarle tres pies al gato, y esperar de Non-Stop más de lo que ofrece es simplemente absurdo. Es cine de acción con suspense, sencilla y llanamente, y como tal cumple a la perfección.

Y no, por si alguien se lo pregunta, no se mezcla mescalina con agua de valencia. Eso era en otro sitio…