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miércoles, 17 de julio de 2019

EL CUENTO DE LAS COMADREJAS

Hacía ya diez años, desde El secreto de sus ojos, que Juan José Campanella no nos ofrecía una película de acción real, tiempo durante el que se ha dedicado a la televisión, a la producción del remake americano de aquella película, El secreto de una obsesión, y a aquella curiosidad de animación que fue Futbolín.
Para su regreso, Campanella ha decidido adaptar la película Los muchachos de antes no usaban arsénico, de 1975, para, partiendo de la misma base, darle su toque personal y retorciendo el tono con unos diálogos brillantes y una mirada nostálgica al Hollywood dorado.
Mara Ordaz es una vieja gloria que vive recluida en un aislado caserón, rodeada de sus recuerdos, junto a su marido y dos viejos amigos. Juntos, conforman un núcleo familiar y profesional, pues no en vano se tratan del actor, director y guionista con quien más ha trabajado, conformando así un mundo propio, atrapado entre los recuerdos de lo que fueron y el temor a que el mundo exterior, que ha seguido avanzando sin ellos, los amenace con devorarlos. Es la vida por la que, para bien o para mal, han elegido establecerse, y toda esa ácida tranquilidad se verá truncada con la aparición de dos jóvenes desconocidos dispuestos a ponerlo todo patas arriba.
El cuento de las comadrejas está constituida como un thriller con muchos toques de humor negro, una película de giros que aspira a desconcertar al espectador y conducirlo por variantes imprevistas, pero lo cierto es que este es el punto más débil del film, ya que muchas de las acciones resultan previsibles y no logra sorprender tanto como pretende. Sin embargo, a diferencia de otras películas de intriga, esto no la desmerece en absoluto, pues no es lo importante de verdad. Lo importante es el retrato de unos personajes crepusculares, de un homenaje tierno y conmovedor al cine clásico y la fábula sobre la confrontación generacional, el respeto por las leyendas en pos al amor por el dinero y a la unión fraternal que hace que los límites entre el bien y el mal parezcan más frágiles que nunca.
Así pues, aparcado el tema de la intriga, lo que nos queda es una película deliciosa sobre unos personajes tan odiosos como adorables, con una cámara que Campanella maneja magistralmente y, sobre todo, dotada de unos diálogos brillantes, de esos que invitan a volver a ver la película libreta en mano para ir anotando citas retorcidas y divertidísimas que determinan por dar pie a una de las mejores películas estrenadas en lo que va de año.
Con un aroma a El crepúsculo de los dioses y con Willy Wilder en la memoria, la película es una delicia para cualquier espectador con ansias cinéfilas, rematada por unas interpretaciones magníficas, que puede llegar a agotar, eso sí, al espectador casual que solo busque una intriga negra que le desconcierte con su argumento.


Valoración: Ocho sobre diez.

sábado, 19 de enero de 2019

GENTE QUE VIENE Y BAH

Aunque debo confesar no haber leído nunca nada de la escritora Laura Norton, basta ver la película Gente que viene y bah para intuir por donde van los tiros de su obra. Y es que la segunda adaptación que Norton ha visto de su trabajo en poco tiempo tiene las mismas señas de identidad que No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas. Se trata de historias románticas con apuntes de comedia enfocabas a un público joven y, esto es importante, femenino. No es casualidad que ambas películas estén dirigidas por mujeres, María Ripoll la primera y Patricia Font la que ahora nos ocupa.
Quizá se deba a mi condición masculina, o a un guion demasiado complaciente con la comedia ligera propia de las producciones de Atresmedia, pero en ningún momento conecté con la desdichada protagonista, una arquitecta que tira su carrera por la borda tras protagonizar un bochornoso espectáculo en una importante presentación tras descubrir la infidelidad de su novio (una infidelidad, por cierto, propiciada por ella misma). Desde ese momento, todo lo que vamos a conocer de la protagonista a la que da vida Clara lago es que es autocomplaciente, alcohólica y cobarde y que prefiere ir siempre por el camino de lo fácil que tomar decisiones de adulto. No es esto lo que nos dice la película, ojo, es lo que yo entiendo al verla.
Además, para seguir con los típicos de estas comedias de gente que pasa más tiempo llorando que diciendo cosas graciosas (ahí está otro ejemplo con Señor, dame paciencia, curiosamente también de Atresmedia), la muchacha regresa al amparo de la protección familiar, escondiéndose de la gran ciudad en un pueblo rural muy pequeño y bucólico, donde deberá lidiar con los problemas del resto de la parentela y donde, mire usted que casualidad, el primer día se tropezará con el tipo más guapo y simpático de la zona que, además (más casualidades de la vida) está sin pareja.
Todo un despliegue de clichés donde destaca un personaje, si cabe, más odioso aún que el de Clara Lago, y es el de la madre, interpretado ni más ni menos que por Carmen Maura. Dotada de una (supuesta) sabiduría absoluta, la mujer es de esas que siempre tiene una sonrisa amable, la palabra adecuada o el consejo más sabio. No importa que en la vida real fuese considerada odiosa y que todos sus consejos o acciones llevaran al desastre más absoluto. Esto es una película happy y todo va a tener final feliz, poco importa lo creíble que pueda suceder.
Patricia Font no se complica la vida y, en lugar de tratar de dotar de personalidad propia a su película, se acomoda en las reglas no escritas del género forzando el empalague con canciones de esas que parecen sacadas de anuncios de compresas (ya saben, ¿a qué huelen las nubes? y cosas así) y con una banda sonora de Arnau Bataller que se empeña en querer resaltar las situaciones cómicas y poco más. 
Quizá lo peor es esa colección de problemas familiares (la inminente muerte de la madre, un hijo bastardo, una alcaldesa señalada…) que deberían hacer que los problemas de la protagonista fuesen secundarios. Pero no, esto no es Los amigos de Peter. Esto va de comedia romántica y punto. Y por eso todo debe girar alrededor del personaje de Clara Lago aunque sea la que menos tenga que aportar a la trama.
Al final, esto se limita a ser una de esas películas buenrolleras, que tratan de alegrar el alma sin importar el precio a pagar y que, si dejas de lado cota coherencia argumental es sacar se sacarte alguna sonrisa que otra. Una película alegre de final (o finales) tan imposibles de creer como felices que seguramente gustará precisamente por eso. Poco más tiene a ofrecer.

Valoración: Cinco sobre diez.

lunes, 5 de febrero de 2018

EL PASAJERO

El Pasajero es la cuarta colaboración entre el director catalán Jaume Collet-Serra y Liam Neeson tras Sin identidad, Non stop (sin escalas) y Una noche para sobrevivir.
Este realizador barcelonés afincado en Hollywood tiene unas señas de identidad tan claras y definidas que resulta difícil que ninguna de sus películas lleven a engaño. En El pasajero, heredera de films de suspense hitchconianos como Extraños en un tren o incluso con dejes de los sospechosos por eliminación propios de Agatha Christie, con Asesinato en el Orient Express como mejor referencia.
En El Pasajero no hay, aparentemente, ningún asesinato, pero sí un misterio por resolver. El protagonista, un hombre que lleva diez años tomando a diario el mismo tren de cercanías y que conoce de vista a casi todos los pasajeros habituales, recibe la oferta de localizar a una persona en concreto a cambio de una generosa suma de dinero. Todo, casualmente, el día que le comunican su despido.
Este es el punto de partida de una trama imposible, llena de giros absurdos y situaciones inverosímiles que, como no podía ser de otra manera, están brillantemente resueltos por Collet-Serra. Pese a lo bien que lo hizo en los espacios abiertos de su última película, Infierno azul, el director está habituado a los espacios cerrados y claustrofóbicos, y su cómplice Neeson se mueve como pez en el agua entre los estrechos vagones de un tren abarrotado que terminará, como dictan los cánones, con los principales sospechosos reunidos en un mismo vagón.
Peleas realistas, explosiones, descarrilamientos y otros tópicos del cine de acción decoran la trama permitiendo que el director se luzca como nunca, aunque esa dejadez en el argumento termina por aguarle un poco la fiesta. Además, no sé si por culpa de la producción o debido a las carencias en la exhibición, algunos momentos se me antojaron excesivamente digitales, dándome la sensación de que en demasiados momentos se le ve el truco, convirtiéndola en una pirotecnia demasiado artificial.
Con todo, el tándem Collet-Serra/Neeson vuelve a funcionar, más si además tenemos de regalo la presencia de Vera Farmiga y se dejan ver por ahí actores de la talla de Patrick Wilson, Sam Neill o nuestra Clara Lago.
Película imposible de analizar en profundidad, pero disfrutable como espectáculo, que cumple las expectativas y hará las delicias a los fans del género.

Valoración: Seis sobre diez.

domingo, 9 de abril de 2017

ÓRBITA 9: ciencia ficción elegante con guion de baratillo

Que una película de supuesta intriga y con varios giros de guion en su argumento desvele el primero de ellos en la propia sinopsis publicada en los medios de comunicación dice muy poco acerca de la confianza que su productora tiene en ella.
Trataré de no caer en ese error: Helena es una chica nacida en una nave espacial con destino a un planeta por colonizar. Cuando un problema con el oxígeno obliga a sus padres a abandonar la nave para que pueda sobrevivir, Clara tiene que crecer sin más compañía que la voz metálica de su ordenador de a bordo. Pero su vida cambiará cuando un operario intercepte la nave para solventar la avería.
Bajo esta premisa llega esta apuesta española por el cine de ciencia ficción más intimista y pausado. Disfrazado de thriller distópico, Órbita 9 es en el fondo una historia de amor imposible, unos Romeo y Julieta del futuro que deberán superar muchos desafíos para lograr que su amor prospere. Con ello, el director Hatem Khraiche renuncia casi por completo al siempre interesante debate sobre si es aceptable el sufrimiento de uno por el bien de muchos, en una sociedad al borde del colapso y en la que esa nueva colonia puede ser la última esperanza.
Más preocupado por la sensiblería romántica que por el verdadero trasfondo, Khraiche prefiere dibujar directamente al responsable de tomar semejante decisión como al villano de la película, liquidando cualquier debate de un plumazo y dejándonos con una película que aspira a mucho y queda en nada.
Con una Clara Lago que solventa con buen hacer su personaje, el film cojea más por la parte de Álex González, al que la banda sonora no ayuda mucho tapándole la mayoría de frases (ahora se entiende que en X-Men: Primera Generación no llegue a decir una sola frase). Con todo, ninguno de ellos (ni la efímera Belén Rueda, tramposo reclamo publicitario del poster) pueden hacer nada con una historia que de tan intimista que pretende ser llega a aburrir, pero que cuando intenta apretar un poco el acelerador es cuando más destacan los absurdos de un guion totalmente inverosímil y esperpéntico.
Órbita 9 tiene una factura impecable, y siempre es de agradecer que una película española asuma riesgos con la ciencia ficción, pero cuando la cosa no funciona, no funciona.

Valoración: Cuatro sobre diez.

viernes, 26 de agosto de 2016

AL FINAL DEL TÚNEL: entretenida y poco más

Pese a la presencia de algún actor español en el reparto, Al final del túnel es una película cien por cien argentina. Ello no implica que se englobe dentro de la moda actual en nuestra cinematografía de apostar por las películas de intriga policíacas, más concretamente en su vertiente de robos a bancos, y en esa línea se encuentra el título que ha dirigido Rodrigo Grande.
Leonardo Sbaraglia es Joaquín, un hombre condenado a una silla de ruedas tras un trágico accidente cuya única finalidad en la vida es espiar a sus vecinos de finca que planean un elaborado robo a una sucursal bancaria. Pero en el momento en que Berta (Clara Lago) y su hija alquilan una habitación en su casa toda su vida se verá trastocada.
Fábula de intriga sobre el honor, la lealtad y el amor que contiene grandes momentos de tensión (todo lo referente al túnel al que alude el título) y que está filmada con elocuencia y buen hacer pero que, a la hora de la verdad, poco o nada aporta al género. Todo lo que se ve es esperable y los giros de guion no resultan ni de lejos tan sorprendentes como se pretende, ni impacta lo suficiente ese clímax final tan inspirado en Tarantino.
Al final del túnel es una de esas películas que se ven con agrado, que te mantienen tenso y pegado a la butaca y que se pueden olvidar tras la salida de la sala. Cine de consumo puro y duro, tan correcto como innecesario y que, desde luego, no va a trascender para nada.
Y aun así, se puede recomendar sin problemas, porque hay veces en que la trascendencia es conveniente dejarla aparcada en la puerta y dejarse llevar por una historia sin implicarse demasiado en la misma.

Valoración: Cinco sobre diez.

lunes, 23 de noviembre de 2015

OCHO APELLIDOS CATALANES (6d10)

Apenas un par de años ha tardado en llegar la secuela de la más exitosa película de la historia de nuestro país. Y por ello las expectativas son tan altas como difíciles de cumplir.
No, definitivamente la continuación de Ocho apellidos vascos no va a tener el éxito de su predecesora (aunque dinero va a dar, de eso no hay duda) y ya se están escuchando las primeras (e injustificadas) críticas negativas.
Ocho apellidos catalanes no es una gran película, dejémoslo claro desde el principio, tal y como tampoco lo era Ocho apellidos vascos. Siempre consideré que era una buena comedia pero su éxito fue desmesurado y a todas luces inaudito, y por ello es imposible que su secuela esté a la altura de algo que, en la práctica, no tenía tal altura. Es como luchar contra el recuerdo de algo que nunca fue.
Además, la película nace ya de entrada con un terrible handycap. No puede innovar demasiado, pues los que disfrutaron de la primera película en el fondo quieren más de lo mismo, pero tampoco puede convertirse en una mera fotocopia a la que acusen de falta de originalidad. ¿Solución? No la hay. Y por eso muchos van a sentirse decepcionados ante esta continuación que, todo sea dicho, no es que tenga un gran guion.
La cosa es sencilla. Amaia va a casarse con un catalán y Rafa, advertido por Koldo, decide presentarse en la boda para tratar de reconquistar a su chica. Todo muy típico y previsible, demasiado convencional. La clásica comedia romántica vista mil veces y cuyo desenlace podemos adivinar desde la primera escena, no solo en lo referente a los protagonistas sino también en cuando a los secundarios.
El acierto de los guionistas Borja Cobeaga y Diego San José está en los diálogos, que como en la versión vasca es donde se muestran más mordaces y donde se pueden encontrar los mejores puntos de humor. No se han sustituido las bromas a costa de vascos y andaluces por las referidas a los catalanes, sino que estos se han añadido, dando más colorido a la función y permitiendo que no quede títere con cabeza en esta comedia con toques de vodevil (toda la escena situada en la masía propiedad del personaje de Rosa María Sardá) con una mala leche a base de tópicos e iconos geográficos perfectamente repartidos por gran parte del territorio nacional, aunque es innegable que el tema de la independencia centra todos los focos, como era de esperar.
En el apartado interpretativo, aparte del cuarteto original que repite con solvencia, tenemos la aportación de un Berto Romero que cada vez parece sentirse más cómodo en su faceta como actor (y todo parecía haber empezado como una broma a modo de cameo), de Rosa María Sarda que se come la pantalla con su presencia en cada aparición (y que ayuda a olvidar su espantosa interpretación en la más espantosa todavía Rey Gitano) y de Belén cuesta, la última punta de este cuadrado amoroso que Emilio Martínez de Lázaro nos propone y la que más sorprende por su versatibilidad lingüística.
Vista desde tierras catalanas, tengo la curiosidad de ver la reacción del público local ante los chistes más radicales. Con la primera película muchos se tomaban con buen humor la pantomima que se hacía de vascos y andaluces, pero cuando les toca a ellos… Habrá que ver si se toman las cosas con la  misma tolerancia.
Yo por mi parte me lo pasé relativamente bien, sabiendo lo que iba a ver y sin esperarme ninguna maravilla. Es una correcta continuación que, como sucede con la mayoría de secuelas de comedias, adolece el factor sorpresa que tuvo la primera parte y que repite un esquema ampliando sus horizontes y recuperando con calzador algunos personajes como Joaquín y Curro, aunque sí le puedo achacar algo de falta de valentía en situaciones más extremas como la insípida intervención en el pueblo de la Guardia Civil, una subtrama claramente desaprovechada.
Reírse es una costumbre muy sana, y reírse de uno mismo más todavía. Eso es lo que propone la película, y quererle pedir más que eso sería una seria equivocación. Hay lo que hay y no hay que pedirle peras al olmo. Aunque sea un olmo catalán.


Actualización: en su primer fin de semana ha arrasado en taquilla, batiendo todos los récords y rebasado sobradamente el estreno que tuvo Ocho apellidos vascos, y viendo las colas kilométricas que sufrí ayer noche en mi cine parece innegable que, pese a coincidir en su estreno con un Madrid-Barça de fútbol, el éxito está asegurado. Eso sí, cabe recordar que la recaudación de Ocho apellidos vascos fue de menos a más y estuvo mucho tiempo aferrada en el número uno y algo me dice que esta va a sufrir el efecto contrario y el boca a oreja le va a hacer mucho daño. Aunque claro, que le quiten lo bailado...

viernes, 28 de agosto de 2015

EXTINCIÓN (6d10)

No hay ninguna duda de que la novela de terror está en un momento muy fructífero en nuestro país. Y si hablamos del género apocalíptico (y más concretamente de la categoría zombie) la cosa es más que notable. Por ello, resultaba extraño que el cine hubiese tardado tanto en fijarse en alguno de estos autores que, educados bajo el manto del cine casposo de Romero y sus imitadores, beben los vientos por muertos vivientes que caminan por un planeta desolado sin más objetivo que hacerse una estupenda merienda a nuestra costa.
No ha sido Calos Sisi o Vicente García quienes han abierto la veda, sino el conocido aunque no tan mediático Juan de Dios Garduño, cuya novela  Y pese a todo… da pie a este film español que inicialmente iba a titularse Welcome to Harmony en referencia a la población donde tienen lugar los hechos, sustituyendo a la Bangor, Maine, de la obra literaria.
Dice Miguel Ángel Vivas, director y coguionista de la película, que el cambio de localidad es, precisamente, para evitar las influencias que el escritor haya podido tener de Stephen King, el autor por antonomasia de Maine, pero eso no evita que la película contenga un enorme guiño (me parecería lamentable que hubiese sido involuntario) con un “falso final” que parece calcado al de una de las películas que Frank Darabont ha adaptado basándose en un título del señor King.
Con algo de producción húngara, francesa y americana, la película –que viene apadrinada por Jaume Collet Serra- ha sido filmada en inglés con un breve pero interesante reparto internacional, encabezado por el “perdido” Matthew Fox, un secundario de lujo como Jeffrey Donovan, la niña Quinn McColgan y la aportación patria de Clara Lago.
Con un estilo intimista y pausado, Extinción quiere hablar más sobre las relaciones personales en momentos desesperados que de simple terror, por lo que la historia que nos presenta es la de un padre y una hija que malviven en un pueblo congelado sin tener contacto alguno (amistoso, al menos) con su vecino (y aparentemente único superviviente en todo el planeta) cuyos secretos del pasado han condenado a una enemistad eterna.
No voy a quejarme de que los zombies (que aparecen poco pero cuando lo hacen lucen muy bien) sean una mera excusa para hablar sobre la psique de nuestros dos protagonistas, del rencor y los fantasmas del pasado que los acechan y de la esperanza y única posibilidad de entendimiento que supone la niña (después de la segunda temporada de The Walking Dead uno ya está preparado para todo), el problema radica en que al final las diferencias entre los dos protagonistas no resultan tan interesantes para llevarse toda la atención de la película ni su pasado es tan grave como anteponer sus diferencias a la propia supervivencia. Y ahí, unto a alguna escena bastante irritante en la que algún personaje actúa de forma totalmente fuera de lugar, es donde la película más cojea.
A cambio, Vives consigue una atmosfera perturbadora, con escenas heladas bellamente filmadas y una caracterización zombie ciertamente interesante, logrando un producto que si bien no aporta nada novedoso al género si resulta un entretenimiento digno y sobrecogedor.
Extinción n o va a pasar a la historia de nuestro cine, como no lo hicieron otras historias postapocalípticas como Fin o Los últimos días, pero demuestran que hay vida (o mejor dicho, muerte) más allá de Balagueró y Plaza y que la epidemia zombie no ha hecho más que empezar.
Había historias zombies gore, historias zombies cómicas y ahora, también, historias zombies reflexivas.
Un buen aperitivo en espera de la aplaudida Maggie con Schwarzenegger.

domingo, 21 de junio de 2015

AHORA O NUNCA (6d10)

En un momento inmejorable para la comedia española, Ahora o nunca parece querer aprovecharse de la suma entre la moda de las películas de bodas (ahí están los éxitos de Tres bodas de más o La gran familia española) y el triunfo en taquilla de Ocho apellidos vascos, con la que comparte protagonista masculino y (no por casualidad) presencia femenina, aunque Clara lago en este caso sea muy secundaria.
Aunque sea injusto entrar en comparaciones con la obra de Martínez Lázaro, parece que son los propios artífices de Ahora o nunca, la directora Maria Ripoll y los guionista Jorge Lara y Francisco Roncal, quienes buscan el recuerdo de la anterior comedia de Dani Rovira, que resultaba algo más fresca en su concepción y diálogos que esta quizá en parte porque Rovira todavía no se creía actor y se limitaba a ser él mismo. Más alejado del genial monologista, Rovira encabeza un reparto interesante para una comedia romántica de libro. Casi se podía decir que sigue los esquemas establecidos paso por paso, y aunque los diversos episodios del camino puedan sorprender el final del trayecto podría ser anunciado desde el mismo momento en que se apagan las luces del cine.
Eva y Álex están enamorados y se quieren casar en el mismo lugar de la campiña inglesa donde se conocieron. Allí se dirige la emocionada novia y una parte de la familia para ir preparándolo todo mientras el resto debe esperar la entrega del vestido de novia. Pero una huelga de controladores aéreos parece destinada a boicotear la ceremonia.
Comedia blanca, facilona, algo televisiva y muy tópica, con los mejores gags maltratados por su tráiler, parece lastrada por un ritmo irregular que no termina de conseguir que arranque nunca, un defecto que en parte mostraba ya Ripoll en su anterior película, Rastres de Sàndal.
Dicho así, se podría pensar que se trata de una mala película. Y quizá lo sea. Mala como es mala cualquier comedia de Julia Roberts o Sandra Bullock. Tonta, embaucadora y superficial. Demasiado anclada en sus arquetipos. Demasiado dispuesta a dar lo poco que el público pueda esperar de ella.
Posiblemente, lo que estábamos esperando.
Así que sí, quizá sea una película mala, simple y previsible, pero los arranques de Rovira, la mala leche de Jordi Sánchez, el encanto de María Valverde, la presencia de Yolanda Ramos, el pastelosa complicidad del trío de amigas de la novia, la frescura de Melody… Todo ello, visto en su conjunto, consigue arrancar más de una carcajada al respetable que, cegados por las luces de neón que anuncian como definitivo algo tan etéreo como el amor, terminamos dejándonos seducir por una película que quizá no llegue a ser nunca como Ocho apellidos vascos pero por lo menos le da mil patadas a ese horror que fue Cómo sobrevivir a una despedida, con la que incluso parece compartir una subtrama, afortunadamente mucho mejor resuelta.

martes, 21 de abril de 2015

La recomendación del mes: LA CARA OCULTA

La recomendación de este mes proviene de Isa, una compañera de trabajo que se extrañó mucho de que no la hubiese visto y me instó a hacerlo, asegurando que no me iba a defraudar. Desde luego que conocía de antemano la película, aunque en su momento no me interesara demasiado (y no porque sea de los que recelan del cine español, bien lo sabéis). Así que en el comentario de hoy no solo hablaré sobre la película sino también sobre por qué no la vi en su momento, pese a que por ello deba incluir algún spoiler, un spoiler que, dicho sea de paso, viene propinado por la propia distribuidora.
El caso es que en el momento de su estreno recuerdo perfectamente haber visto varias veces el tráiler en el cine. Era un tráiler estupendo, interesante y angustioso, sobre una chica que se oculta en una especie de habitación del pánico para espiar a su pareja, de la que sospecha le es infiel, quedando allí encerrada por accidente. Al final del mismo, algo invitaba a pensar que iba a ser una historia de fantasmas, muy de moda gracias a títulos como El orfanato o Los otros. Eso me dejaba dos opciones: que la película pudiese haber sido un intenso thriller de dramático final muy al estilo de las historias episódicas de Alfred Hitchcock presenta…, lo cual estaría muy bien pero ya me lo habían contado todo en el tráiler (que gran cortometraje podría haber sido, recuerdo haber pensado) o que en el fondo fuese la típica historia de casas encantadas, siendo el tráiler una especie de prólogo, opción más lógica y menos interesante. En ambos casos concluí que la película no me podía ofrecer más de lo que ya me había dado el tráiler.
Ahora bien, una vez redescubierta gracias a Isa, resulta muy diferente la cosa. El film arranca con Belén (Clara Lago) grabando un mensaje de video a su novio Adrián (Quim Gutiérrez) en el cual le dice que lo abandona. Están muy lejos de casa, en Colombia, y el pobre muchacho (que es director de la orquesta filarmónica de Bogotá) queda destrozado con la desaparición de Belén sin tener siquiera posibilidad de réplica. Sólo el afecto de Fabiana (Martina García) una atractiva camarera, ayuda a consolar sus penas, cayendo rendido en sus brazos e iniciando una intensa relación con ella que lo lleva a compartir su casa. Es entonces cuando cosas extrañas parecen suceder en ese lujoso apartamento aislado en un hermoso pero solitario paisaje montañoso.
Aquí la película se frena y retrocedemos al momento en que Belén y Adrián, felices y enamorados, se despiden de Barcelona para embarcarse en su aventura colombiana. Se vuelve a contar de nuevo la misma historia, esta vez desde el punto de vista de la desaparecida, muy Fincher todo, logrando una sensación de incertidumbre y suspense muy efectivo que me podría haber apasionado. Si no hubiese visto primero el tráiler, claro.
Estamos, pues, ante una intrigante y terrorífica historia con un desconcertante triángulo amoroso pero cuyo giro radical y clave de guion es absurdamente revelado y detallado en su tráiler, arruinando toda posibilidad de sorpresa y dejándome sin el suspense necesario para disfrutar de la película tal y como sin duda le habría gustado a su director, Andrés Baiz , que apenas se ha prodigado después de esta película, cuya taquilla quizá se haya visto injustamente mermada por culpa de su mala promoción.
El reparto, casi limitado a los tres protagonistas, encaja perfectamente en la función, en plena escalada al estrellato de Clara Lago (por esta época ya era una cara conocida gracias a Los hombres de Paco) pero aún tendría que saborear las mieles del éxito de Tengo ganas de ti y, sobre todo, Ocho apellidos vascos) y una Martina García correcta, aunque (no nos engañemos) su presencia se debe más a ser una cara bonita que a una interpretación prodigiosa. Uno de los mayores aciertos del film es, sin duda, la participación de Quim Gutiérrez, un actor que no suele ser santo de mi devoción  tiene una mirada oscura que aquí va de perlas para invitar al espectador a dudar sobre si tiene algo que ver o no con la desaparición de Belén.
Lamento profundamente no haber podido ver la película sin el destripamiento argumental al que fui sometido, por lo que no avanzaré más revelando si hay finalmente presencia fantasmal o no, y reservándome el último (aunque algo forzado, me habría gustado más que la película hubiese terminado diez minutos antes) giro argumental.
Con todo, los realizadores no tienen ninguna culpa del desaguisado del tráiler, y la película, valorada de manera independiente, es interesante y atrapa al espectador desde su inicio, manejándolo a su antojo y sin permitirle tener claro conocimiento de si está ante una historia romántica, dramática o de terror, pero haciéndole disfrutar igualmente.


domingo, 30 de marzo de 2014

OCHO APELLIDOS VASCOS (7d10)

Se dice que el pasado 2013 no fue un año especialmente brillante para el cine español, más con el batacazo inesperado (pero merecido) del último Almodóvar.
Quizá sea cierto que no se han estrenado películas magníficas, pero sí algunos títulos muy interesantes sobre todo en el terreno del suspense y de la comedia. En este último apartado recuerdo ahora las divertidas La gran familia española, Tres bodas de más, ¿Quién mató a Bambi?... y en esa línea hemos empezado el 2014 con un estreno que esté reventando las taquillas y batiendo records, quizá algo exagerados.
Y es que Ocho apellidos vascos es una apuesta ciertamente desternillante, con un humor blanco y en ocasiones muy facilón pero sin duda efectivo que da una vuelta de tuerca a todos los tópicos posibles entre dos culturas tan opuestas como es el extremismo andaluz y el vasco. Sin querer entrar en polémicas ni mear fuera de tiesto (no es esta una plataforma para idealismos políticos ni se pretende hacer crítica social), los guionistas Borja Cobeaga y Diego San José (vascos, por si alguien se lo preguntaba) se burlas (u homenajean, que cada uno lo llame como quiera) de todo lo que se les pasa por delante, desde el beticismo más “loperiano”, la gomina y la “gracieta” del sur hasta el las manifestaciones independentistas o el desprecio ante todo lo foráneo a lo vasco.
La historia, en su comienzo, no tiene nada de original. Chico (sevillano) conoce chica (vasca). Chica vuelve a la otra punta del país dejando chico loquito por ella y chico va en busca de chica. Chica pasa del chico pero, un giro de los acontecimientos la obliga a suplicar su ayuda y fingir que son novios. Como veis, nada nuevo bajo el sol. Así, el enganche de la película no es su argumento, gastado y previsible y con un desenlace final que es lo peor de todo por su ñoñería y simpleza, sino sus gags, algunos visuales otros provenientes de diálogos brillantes y afilados.
Los protagonistas, un Dani Rovira sin experiencia en cine pero con un buen camino recorrido ya en televisión desde que comenzara haciendo monólogos y una brillante Clara Lago que crece con cada película que hace y es capaz de decirlo todo con la mirada, tienen una química perfecta, tanto para el humor como para el amor, y esto es fundamental para que la película funcione. La chispa del sur y la mala leche del norte. Dos personas antagónicas que, al final, buscan lo mismo en la vida. Como todos nosotros. Y es que si hay algún mensaje en la película es el de que despreciar a alguien por su origen o ideas es absurdo, aunque esto es tan solo un apunte, porque lo que realmente pretenden es provocar la carcajada fácil y enseñarnos a reírnos de nosotros mismos, seamos como los andaluces, como los vascos o como ninguno de ellos.
Y por detrás, dos veteranos que suben un poco más el nivel si cabe, Karra Elejalde (el padre y extremo más radical del espíritu vasco) y Carmen Machi (aliada del chico y visión imparcial del duelo por ser extremeña).  Y el elemento casi “friki” imprescindible, Alfonso Sánchez y Alberto López, el Cabeza y el Culebra de El mundo es nuestro.
Exagerada e increíble por momentos, no hay un momento de tregua en esta historia de amor fingido que termina, no sólo con el enamoramiento de los protagonistas, sino enamorando al gran público. Nace sin más pretensiones que hacer pasar un buen rato y llenar las salas de los cines. Y eso es lo que consigue.
Y como prueba, la luz verde que tiene ya su secuela.

martes, 19 de noviembre de 2013

¿QUIÉN MATÓ A BAMBI? (7d10)

Hace poco escuché un debate en un programa de radio sobre la mala pinta que tenía la película española Espérame en el infierno a juzgar por su trailer, afirmando que eso de los avances era un punto a mejorar de nuestro cine.
Algo así se podría decir de ¿Quién mató a Bambi?, film de Santi Amodeo, que al ver el trailer se puede intuir cierta gracia en su argumento pero que parece plagado de estrellas desganadas que recitan sus diálogos sin convencimiento alguno. Y, efectivamente, debo estar de acuerdo con los contertulios de la emisora: ¡qué mal se hacen los trailers en España!
Y es que pese al avance de situaciones sin sentido, diálogos mutilados y conversaciones sin gracia, lo cierto es que ¿Quién mató a Bambi? ha resultado ser una comedia tan absurda, desmedida y loca como divertida.
Partiendo de dos argumentos aparentemente separados vamos a conocer como Edu (Ernesto Alterio) y Gigi (Enrico Vecchi), compinchados con Mati (Clara Lago) planifican el secuestro del déspota jefe del padre de Edu (José Ángel Egido), interpretado por Pedro Mari Sánchez, para pedir un buen rescate por él. Por otro lado, David (Quim Gutiérrez) es novio de Paula (Úrsula Corberó), hija de la presunta víctima de los secuestradores, quien a su vez es el jefe de su futuro yerno. Durante una entrevista entre ambos el padre de Paula tiene un ataque y David busca la ayuda de su amigo Mudo (Julián Villagrán), pero cuando regresan al despacho de su jefe lo encuentran herido y en ropa interior. Asustados, deciden ocultar el cuerpo del hombre en el maletero del coche mientras deciden la mejor manera de llevarlo a un hospital sin ser acusados de nada. Mientras, el padre de Edu -que es quien ha robado el traje de su jefe, junto con otros objetos personales- se dispone a llevarse también su coche cuando, por error, es encapuchado y secuestrado por Edu y Gigi.
El lío está servido. Estos son solo los diez primeros minutos de esta comedia de enredo inspirada ligeramente en un film mexicano donde todo puede suceder y en la que las confusiones y equívocos irán en aumento hasta llegar a un hilarante final.
Nada tiene sentido en un guion pleno de ridiculeces e incoherencias donde cabe de todo, desde un abogado pastillero, un taxista bizco psicópata, un homenaje final a Resacón en Las Vegas y hasta la aparición especial de Andrés Iniesta. Pero da igual. Si aceptamos el dicho de que el fin justifica los medios,  el fin aquí es la sonrisa constante y la carcajada esporádica. Y eso lo consigue.
Sin más pretensiones que la de hacer pasar un buen rato, ¿Quién mató a Bambi? es por momentos tronchante, con un ritmo bien medido y un desarrollo paralelo de las dos historias bien configurado, con el único pero del montaje atropellado y con saltos en el tiempo de los primeros cinco minutos.
A partir de ahí, Santi Amodeo se luce pintándonos una sonrisa en el rostro.

Y eso siempre es de agradecer.