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lunes, 25 de noviembre de 2019

LA TRINCHERA INFINITA

Deslumbraron con Loreak y, aunque algo menos, lo volvieron a hacer con Handia, así que había mucha expectativa por la nueva película de Aitor Arregi, Jon Garaño y Jose Mari Goenaga.
A groso modo, La trinchera infinita podría definirse como “otra película más” de la Guerra Civil, lo que, englobándola en ese tópico despectivo del que tantas veces se acusa al cine español. Sin embargo, eso sería un grave error, por más que la temática parta con el conflicto y se extienda durante gran parte de la dictadura de Franco (en este sentido puede ser complementaria de la también excelente Mientras dure la guerra, otra película valiente y diferente sobre la Guerra Civil, diametralmente opuesta a esta en fondo y formas, pero hermandadas precisamente por eso mismo). Y es que es cierto que el arranque viene propiciado por la llegada de los nacionales a un pequeño pueblo de Andalucía donde arrestan o ejecutan a los militantes políticos del lugar, haciendo que un concejal, Higinio, intente huir primero y esconderse en un agujero en su propia casa después para tratar de sobrevivir. Eran los llamados “topos”, personajes reales de esa época que llegaron a pasar años, o incluso décadas, ocultos por temor a las represalias. Pero una vez sentadas las bases y planteado el conflicto, la cosa deriva hacia un relato intimista y muy claustrofóbico que va más allá de cualquier conflicto armado (al final la historia está ambientada en la guerra Civil española como podría estarlo en Bosnia, siria o cualquier lugar donde el miedo obligue a cometer actos desesperados) para centrarse en las relaciones personales.
Rosa es la esposa de Higinio, y ambos forman un matrimonio enamorados y unidos en la desgracia. Pero el paso del tiempo puede con todo y la situación comienza a desgastar hasta los corazones más fuertes. Los celos, los miedos y el deseo de libertad hacen mella en la pareja, convirtiendo así el relato en un análisis magistral de las relaciones humanas, permitiendo entonces que el conflicto pase a segundo plano.
Y mientras contemplamos con angustia como el paso del tiempo sigue su curso, un tercer personaje entra en escena planteando un nuevo debate. Higino ha desafiado al ejército y sigue oculto entre dos paredes, habituado a vivir como un ratón, pero, ¿lo hace eso ser un héroe o un cobarde? Esta es otra rama del drama que plantea La frontera infinita, que por momentos recuerda el sentido de claustrofobia de Buried pero que se extiende más allá del agujero inmundo que conforma toda la vida de Higinio, recordándonos que no es él la única víctima de la situación y que es quizá Rosa, condenada a toda una vida de mentiras y disimulos, quien lleva la carga más pesada.
Todo esto lo cuentan Aitor Arregi, Jon Garaño y Jose Mari Goenaga en los muchos momentos de asfixiante cotidianidad en los que, aparentemente, no está ocurriendo nada, pero de alguna manera consiguen que ese lento devenir de los acontecimientos se pegue a la piel del espectador, transmitiendo toda la angustia y la soledad de los protagonistas y no concediéndole ni un respiro. No hay espacio para el aburrimiento ni la desidia, y la sensación al salir del cine, a ver cielo abierto, es de total liberación.
Para ello, los directores apuestan por una puesta en escena opresiva, impidiendo que veamos con claridad lo que sucede en el mundo exterior, un mundo exterior muchas veces reducido a un agujero en la pared, tal y como lo está viviendo el propio Higinio, recurriendo a la cámara en mano en los escasos momentos de exteriores y a una fotografía muy detallada en manos de Javier Aguirre (también responsable de la no menos brillante pero visualmente opuesta Ventajas de viajar en tren).
Todo esto no sería posible, desde luego, sin dos grandes actores a los que aferrarse. Y aunque ya estemos acostumbrados a las portentosas interpretaciones de Antonio de la Torre (transformación física incluida) es Belén Cuesta (más dada a la comedia) quien se debería llevar todos los méritos, haciendo un trabajo encomiable y siendo ella quien logra la empatía total con el espectador. Eso sin desmerecer a ninguno de los secundarios, todos a gran nivel.
Es, pues, La trinchera infinita, la mejor película hasta la fecha de sus ya galardonados directores, una apuesta valiente y complicada que triunfa desde su simpleza y que se queda agarrada a la retina (y al corazón) del espectador hasta muchas horas después de su final.

Valoración: Nueve sobre diez.

viernes, 20 de septiembre de 2019

LITUS

Tenía la sensación de que con el salto a un cine más internacional y de mayor presupuesto, Dani de la Orden había perdido algo de gancho. Tanto El pregón como El mejor verano de mi vida tenía cosas interesantes y eran buenos divertimentos, pero ninguna se llegaba a acercar a sus dos primeros títulos: Barcelona, nit d’estiu y Barcelona: nit d’hivern, dos comedias hechas de corazón que me lograron emocionar en su momento.
Con Litus, De la Orden regresa a ese cine generacional que tan bien se le da, a medio camino entre la comedia y el drama, una película de personajes, de miradas y silencios, sin necesidad de grandes espacios ni acciones grandilocuentes. Con una base que bien podría servir como obra de teatro (solo seis personajes y un único escenario), De la Orden sabe insuflar a la película el tono y ritmo adecuado para que no resulte para nada teatral, haciendo un inteligente uso de la música y con los movimientos de cámara precisos para, en determinados momentos, dejar al espectador hundido en su asiento, incapaz de decidir si reír o llorar. Y eso se redondea con seis actores a los que sabe exprimir al máximo para que, sin grandes alardes de histrionismo, lo den todo para transmitir su dolor y rabia ante la pérdida de un ser querido.
La historia versa sobre la fiesta que seis amigos realizan como despedida de Litus, muerto seis meses atrás, aparentemente por suicidio.  Durante la reunión, en la que salen a relucir trapos sucios y heridas aún sin cicatrizar, el hermano del fallecido revela que fue el propio Litus quien propuso esa reunión mediante una serie de cartas que había dedicado, como si la protagonista de Por trece razones fuese, a cada uno de ellos. Pero, aunque se pueda llegar a coquetear con la intriga, De la Orden no quiere jugar a eso, y la excusa de seis personas bajo un mismo techo con un misterio en forma de cartas es lo único que puede relacionar a esta película con un misterio de Agatha Christie.
Eno de los personajes, de hecho, deja claras las intenciones del film desde el primer momento, comparando la situación -salvando las distancias- con la que se describía en la excelente Los amigos de Peter, de Kenneth Branagh. Y es que la sombra de ese film sobrevuela en todo momento sobre Litus, enlazando las historias individuales y colectivas de los personajes y planteando unos vínculos que pronto aceptamos como si fuésemos nosotros mismos parte de ese grupo de amigos.
Litus es, en el fondo, una historia de amor. El amor de la amistad, en ocasiones más fuerte que eso que se suele confundir con el sexo, que crea unos vínculos que ni la muerte es capaz de romper.
No creo que Litus sea una película perfecta, pero tiene unas pretensiones de agradar con sencillez y sin esa dosis de adoctrinamiento que suelen tener este tipo de películas que consigue enganchar desde el primer momento y que, aun con ese aroma a anuncio de cerveza veraniego que pueda llegar a desprender, lo cierto es que funciona perfectamente y consigue que, de alguna manera, todos sintamos la muerte de Litus como la del propio amigo del que nunca nos pudimos despedir.
Dani de la Orden me ha vuelto a emocionar. Y me ha reconciliado con ese joven que compuso el maravilloso díptico barcelonés que me temía se había perdido entre los obligados tópicos de la comedia patria al servicio del monologuista de turno. Y lo ha hecho, además, en la misma semana en que se estrenaba otra película sobre los sentimientos a flor de piel como es A dos metros de ti. Pero Litus, a diferencia de aquella, sí me la creí. Y esa es su gran mérito.

Valoración: Ocho sobre diez.

lunes, 15 de julio de 2019

A PESAR DE TODO

Cuarta película de Netflix de producción española tras 7 añosFe de etarras y ¿Qué te llevarías a una isla desierta? (esta última la tengo pendiente) y parece que la racha se ha truncado, ya que la propuesta que dirige la argentina Gabriela Tagliavini es la más floja hasta la fecha.
Lo que no se le puede negar a A pesar de todo es su espectacular reparto. Tras un cuarteto protagonista de auténtico lujo (Blanca Suárez, Macarena García, Amaia Salamanca y Belén Cuesta), el elenco de secundarios es casi interminable: Juan diego, Joaquín Climent, Maxi Iglesias, Carlos Bardem, Tito Valverde, Emilio Gutiérrez Caba, Marisa Paredes, Rossy de Palma y hasta un breve cameo de Teresa Rabal. Sin embargo, ello no oculta los muchos defectos de una comedia muy plana, simplona y sin la gracia necesaria en los momentos cómicos ni el sentimentalismo apropiado en los dramáticos, los que provoca que la unión entre estos, por supuesto, no case adecuadamente.
A pesar de todo cuenta la historia de cuatro hermanas muy diferentes entre sí que viven bastante distanciadas hasta que la muerte de su madre las reúne y las obliga a entenderse cuando, tras la lectura del testamente, descubren que la persona que creían que era su padre no lo era y deberán seguir una serie de pistas para descubrir quien o quienes son sus verdaderos padres.
La historia es muy sencillita, y aunque no aporta nada extremadamente original (hasta Mamma mía! tenía más trasfondo) el guion se puede llegar a aceptar con simpatía y un puntito de complicidad. Los actores están bien, en especial ellas cuatro, que se entregan a su trabajo lo mejor que pueden. ¿Dónde radica, pues, el problema? Claramente, en la dirección. Tagliavini fracasa por completo en su puesta en escena, no consiguiendo sacar todo el partido posible al sensacional reparto, equivocándose casi siempre a la hora de colocar la cámara, estando torpe con las cámaras lentas y los cambios de ritmo y hasta desaprovechando el Madrid que actúa como telón de fondo y que se nota que pretende emplear a modo postal sin saber hacerlo.
Es una lástima, porque reunir a semejantes actrices para algo tan superfluo es un desperdicio, aunque por lo menos la duración de la película es tan breve (apenas ochenta minutos) que al menos no hay tiempo de aburrirse y, aunque solo sea por ellas, se puede ver como mera distracción.


Valoración: Cinco sobre diez.

domingo, 25 de marzo de 2018

EL AVISO

Daniel Calparsoro es uno de los directores más interesantes del panorama cinematográfico patrio, y la reciente y exitosa (aunque a mi entender no suficientemente redonda) Cien años de perdón es una muestra de ello. Además, el thriller policiáco está de moda en nuestra filmografía, y aunque El aviso no entre directamente en el terreno policiáco, por ahí andan los tiros.
Todo parte de un suceso aparentemente inexplicable: un asalto a una tienda de gasolinera tiene un fatídico desenlace: un inocente es tiroteado y mientras su vida se debate entre la vida y la muerte su mejor amigo descubre una extraña secuencia matemática que demuestra que el incidente no fue casual y que se ha venido repitiendo a lo largo de los años. Diez años más tarde, un niño recibe un aviso advirtiéndole sobre su más que probable muerte.
Calparsoro construye una angustiante historia con tientes muy urbanos alrededor de la figura de Jon, un matemático en sus horas más bajas atrapado en un triángulo amoroso junto a su mejor amigo y el amor de su juventud. Con guion de Jorge Guerricaechevarria, Patxi Arnezcua y Chris Sparling a partir de una novela de Paul Pen, la historia se mueve a través de os marcos temporales, siendo posiblemente ese el mayor acierto de la puesta en escena de Calparsoro, capaz de mostrar cada una de las líneas temporales constantemente sin que ello resulte confuso, pero por contra está a punto de perder el control de su obra a medida que se aproxima a su final, cuando las preguntas se acumulan y uno ya intuye que no se va a encontrar con respuestas satisfactorias.
No es que sea imprescindible dar un sentido a todo lo que ocurre, permitiendo que el factor sobrenatural actúe libremente, pero posiblemente toda la parte central de la historia tiene unos visos demasiado realistas, con una subtrama de bulling con un peso específico en la misma, como para encajar fácilmente ese elemento de ciencia ficción que no se nos había llegado a anunciar en ningún momento.
Puede que sea conveniente para el interés de la historia no saber nada respecto a su argumento al entrar en la sala de cine, pero no es menos cierto que si uno va a la espera de un simple thriller de intriga y misterio y se encuentra de golpe especulando sobre la reencarnación, las paradojas temporales y los portales interdimensionales (y nada de esto se menciona en la película pero, como con las meigas, haberlos haylos), puede que quede impregnado por cierto regusto de insatisfacción.
Como sea, la presencia de grandes actores (en especial en su parte femenina) ayuda a simpatizar más con el misterio y Calparsoro tiene suficiente pericia visual como para conseguir que durante toda la proyección el misterio y el desasosiego nos invada, por más que al final pueda predominar más la confusión y el vacío que la sensación de un trabajo bien hecho.
Y es que ni estamos ante una película de ciencia ficción aunque sí lo sea ni tampoco se trata de un policíaco realista, aunque también. Demasiada indefinición y medias tintas para poder aplaudir como se merece a esta El aviso, cuyo resultado final sí es, al menos, mucho más correcto que el espantoso y nada apetecible tráiler que la precedía.

Valoración: Seis sobre diez.

lunes, 2 de octubre de 2017

LA LLAMADA: milagro musical

La llamada es una película extraña, casi una marcianada, que debe su origen a una obra de teatro extremadamente modesta y que solo su brillante elenco actoral permite que la película no sea igual de modesta.
Confieso que me daba un poco de miedo enfrentarme a la película: un musical español protagonizado por monjas. ¿Qué podría salir mal? Sin embargo, y siempre desde el punto de vista del que no conociese de antemano la pieza de teatro (para quien ya la hubiese disfrutado el elemento sorpresa se diluye), lo cierto es que estamos ante una interesante propuesta, una extrañeza que se puede ver tanto como una oda religiosa extrema como una irreverente burla. Y es que esta historia de dos jóvenes rebeldes y fiesteras con aspiraciones a cantantes que se encuentran en un campamento de verano religioso cuando una de ellas recibe la visita de Dios roza peligrosamente esa frontera, manteniéndose siempre en el hilo y terminando por seducir con un sentido del humor muy sano, unas conocidas canciones pop (aunque también hay alguna creada para la ocasión) y dos actrices entregadas como son Macarena García y Anna Castillo que demuestran que las buenas impresiones que dejaron en Blancanieves y en El Olivo, respectivamente, no fue cosa de un día. Tampoco están nada mal Gracia Olayo y Belén cuesta que junto a Richard Collins-Moore en el papel de Dios componen el reparto casi total de la película.
La llamada resulta fresca y estimulante, un canto al amor y a la amistad, una llamada a la Fe y un absurdo sinsentido que consigue, como poco, dotar de alegría al espectador y permitirle salir de la sala con una sonrisa y algo más animado que al entrar. Y con los tiempos que corren, eso no es cualquier cosa, la verdad.

Valoración: Siete sobre diez.

lunes, 5 de diciembre de 2016

VILLAVICIOSA DE AL LADO, humor añejo a granel.

Este viernes pasado, el mismo día de su estreno, Villaviciosa de al lado se aupó a lo más alto de la taquilla española, por encima de películas notabilísimas como 1898, los últimos de Filipinas o Vaiana (esta ha tenido que esperar al fin de semana para arrebatarle el puesto), lo que demuestran que aquellos que protestan porque el cine español se nutra sólo de películas sobre la Guerra Civil y comedias costumbristas rancias se equivocan por partida doble. Primero, porque hay mucho más que eso en nuestra producción (y no solo ahora, este es un tópico que nunca ha sido cierto) y segundo porque al parecer es lo que el público quiere ver, ya que Villaviciosa de al lado se engloba en el segundo grupo.
Efectivamente, la nueva película de Nacho G. Velilla es una comedia bastante desafortunada cuyo principal valor es la base de la historia: un pueblo de interior pasa por sus peores momentos económicos cuando se ve agraciado con el primer premio de la lotería de Navidad. El problema es que el número en cuestión es propiedad del puticlub del pueblo y, claro, ahora nadie se atreve a cobrar las participaciones. Una graciosa premisa de la que no se exploran todas sus posibilidades.
Para dar forma a todo esto se ha recurrido a un casting bastante carismático, encabezado por la siempre solvente Carmen Machi y donde destacan las presencias de Arturo Valls, Carmen Ruiz, Macarena García, Belén Cuesta, Yolanda Ramos, Jon Plazaola, Carlos Santos, Salva Reina, Gonzaide Nuñez, Antonio Pagudo, Bore Buika, Jorge Asín o Julieta Serrano, aunque quien se lleva la palma es el monologuista de Leo Harlem en su debut como actor, siguiendo los pasos de Dani Rovira, Andreu Buenafuente o David Guapo (este en menor medida, pues no ha sido aún protagonista, pero tiempo al tiempo). Un reparto tan impresionante como desaprovechado por culpa de unos diálogos pobres y cafres y un repertorio de chistes bastante casposo. Pese a las referencias a la situación política actual y las burlas nada sutiles hacia los dirigentes del Partido Popular y Podemos, la película tiene un humor infantil y torpe, siendo el personaje interpretado por Salva Reina, el tonto del pueblo, quien mejor define la chapuza. Tampoco es que el desarrollo argumental sea mucho mejor, con situaciones tan absurdas que impiden cualquier posibilidad de creerse lo que está pasando hasta el punto de que lo que mejor funciona sea, quizá, la parte de comedia romántica que protagonizan Macarena García y Jon Plazaola y el auto homenaje al mundo del cine que ello conlleva. También la breve pero aplaudida aportación de Tito Valverde y Miguel Rellán como espectadores de la función, al más puro estilo de Statler y Waldorf, los abuelitos de Los Teleñecos, ayuda a elevar un poco el nivel de esta mediocre comedia donde tanta tontada termina por lograr, aunque sea casi de casualidad, algún momento divertido pero que carece de la inteligencia narrativa necesaria para cumplir con las expectativas del reparto.
Una pena, pues la sátira política, un poco mejor tratada, podría haber dado mucho de sí. Claro que viendo los resultados en taquilla, parece que esto es lo que el público quiere…

Valoración: Cuatro sobre diez. 

domingo, 10 de abril de 2016

KIKI, EL AMOR SE HACE: Todo lo que usted siempre quiso saber sobre sexo...

Confieso que entré en la sala a ver Kiki, el amorse hace con ciertos reparos, sin saber exactamente con qué me iba a encontrar. Todavía no creo que Paco León haya demostrado ser un gran director con sus dos “experimentos” en homenaje a su madre  Carmina, por lo que verlo enfrentándose a una película “de verdad” se planteaba como un gran desafío, y más con una base argumental tan peliaguda como pretender hacer una comedia sobre sexo que, sobre el papel, podría ser más apropiada para alguien como Almodóvar que para un novato como León.
Sin embargo, una vez vista la película, Kiki, el amor se hace se ha convertido en un verdadero descubrimiento. Con un protagonismo coral repartido en diversas historias que más que entrecruzarse se rozan a duras penas, un elenco de actores muy interesante y las filias sexuales más extrañas que pueden existir (y existen, esa es la gracia), la película es una sucesión de gags desternillantes, capaces de arrancar la carcajada como pocas veces he presenciado en el cine en mucho tiempo, capaz de reflejar las relaciones sexuales con tanta naturalidad como buen gusto (aunque hay que reconocer que en los momentos más poéticos visualmente hablando abusa un poco del tópico con muy poca sutilidad).
Naturalmente, pasa lo que pasa siempre con las historias corales, que siempre hay alguna historia que funciona mejor que la otra y cada espectador tendrá su preferida mientras que le puede sobrar alguna otra, aunque personalmente considero que la media está muy bien equilibrada y que ninguna llega a desentonar con respecto a otra.
La dacrifilia (excitación mediante las lágrimas), elifilia (atracción sexual por ciertos tejidos), somnofilia (desear sexo con alguien dormido), harpaxofilia (excitación sexual en momentos de violencia, como un atraco), triolismo (el gusto por el sexo en grupo) son las cinco filias que abordan las cinco parejas protagonistas. Inspirada en la película australiana The Little death, de Josh Lawson, Fernando Pérez y el propio Paco León han configurado un guion casi perfecto, que eludiendo la vulgaridad y midiendo muy bien los escasos aunque necesarios desnudos del film se atreven a hurgar con humor en temas peliagudos (y no me refiero solo a los sexuales), sin pasarse en ningún momento de la raya ni resultar ofensivos pese al humor negro (muy negro) que riega constantemente la película.
El reparto está espléndido, algo habitual en Natalia de Molina, Belén Cuesta, Candela Peña o Alexandra Jiménez, pero con grandes trabajos también de Luis Callejo, Álex García, David Mora, Luis Bermejo, Ana Katz, Mari Paz Sayago, Maite Sandoval o, por supuesto, Paco León.
Mantiene León el tono naturalista que destacaba en las dos entregas de Carmina, incrementado por el detalle de que la mayoría de los personajes comparten nombre de pila con sus intérpretes, pero definitivamente el sevillano se corona como un gran director y compone una película brillante, divertidísima e imprescindible para aprender a acometer riesgos y salir triunfante de ellos. Y es que, como el mismo director dijo en la presentación, no hay que tener miedo de hablar de sexo. Al fin y al cabo, todos venimos de un kiki, ¿no?

Valoración: Ocho sobre diez.

domingo, 20 de marzo de 2016

EL PREGÓN. Diversión asegurada.

Por más que uno quiera evitarlo, en ocasiones resulta imposible no acudir a una sala de cine condicionado ya sea positiva o negativamente. En mi caso, el factor negativo era que la única crítica que había leído de El pregón, de Dani de la Orden, la ponía a la altura del betún, y el positivo era que fui a verla justo después de sufrir Agente Contrainteligente, y era imposible caer más bajo.
Sea por una cosa o por la otra, o simplemente por el trabajo de sus guionistas, lo cierto es que El pregón me permitió pasar un rato sumamente divertido y limpiar mi cerebro de toda la basura que el bodrio de Cohen me había aportado.
Aprovechándose muy bien de la química entre Andreu Buenafuente y Berto Romero, la gran excusa del film, Dani de la Orden presenta una película basada en los choques: el choque generacional entre la cultura tecnopop más pastelosa de los noventa y el mundo actual, el choque entre la vida urbanita y la rural, el choque entre la fama y vivir atrapado en el recuerdo de lo que fue y, finalmente, el choque entre dos hermanos enfrentados pero condenados a entenderse.
Todo ello con las fiestas de un pueblo como telón de fondo y los hermanos Juan y Richi, dos fracasados  dispuestos a todo (incluso a revivir la gloria del pasado cuando formaban un grupo musical con reflejos de OBK y un look muy a lo Miami Vice con un solo éxito) por conseguir algo de dinero, a merced de un alcalde macarra y desaprensivo (excelente Jorge Sanz) que lo único que pretende es recuperar a un antiguo amor (la omnipresente Belén Cuesta, que aunque parece que siempre haga el mismo personaje lo cierto es que lo hace siempre muy bien).
Sería muy fácil buscarle tres pies al gato y sacar defectos a una película que cuenta una historia muy simplista de escasa originalidad y cuyo reparto está encabezado por un Buenafuente que, pese a sus buenas intenciones, sigue siendo más presentador o monologuista que actor (este es su primer papel aparte de breves cameos de amiguismo) o un Romero que por primera vez debe enfrentarse a un personaje protagonista, aunque en sus roles como secundarios solía ser lo mejor de esas películas. Sin embargo, el resultado final es una película que consigue siempre lo que pretende: la carcajada continua, entretener durante su hora y media de metraje y, para los más carrozas, revivir esa cultura musical tan kitsch y pastelosa.
El pregón es un simple divertimento, y así es como debe valorarse, más allá de si la parte emotiva (basada sobre todo en la relación de los hermanos o en los problemas familiares del personaje de Buenafuente) funcionan mejor o peor. Secuencias como la disgregación sobre la religiosidad de Berto Romero, el lanzamiento de la cabra del campanario o la confusión sexual respecto al alcalde son simples ejemplos de que la película funciona magníficamente a modo de gags constantes que forman una cohesión muy acertada.
Y es que algunas veces, conseguir hacer reír y que el espectador lo pase bien, aunque sea con un tono convencional y poco arriesgado, es suficiente para lograr el éxito.

Valoración: siete sobre diez. 

domingo, 28 de febrero de 2016

TENEMOS QUE HABLAR: tan ligera como olvidable.

Es sabido por todos que en el género de las comedias románticas ya está todo inventado y resulta muy difícil innovar. De vez en cuando aparece algún autor que consigue un enfoque nuevo, pero por lo general se siguen unos esquemas tan predeterminados que terminan resultando insoportablemente previsibles. Pero funcionan bien en taquilla, y por eso se siguen y se seguirán haciendo.
Tenemosque hablar es un caso fragante de ello. Pese a un arranque fresco y original (si no fuese porque aparece casi por completo en el tráiler) que se burla bastante de la crisis en España y sus consecuencias, la cosa va desinflándose, con una historia plana e insulsa que solo se salva por algún que otro gag más inspirado y por la química de sus protagonistas, unos Hugo Silva y Michelle Jenner que ya se conocían de Los hombres de Paco, aunque si debo destacar algo me quedaría con las aportaciones de Belén Cuesta y Verónica Forqué, de lo más divertido de la función.
Quizá una de las cosas que más me hayan molestado de la película es su desenlace, en el que los guionistas se centran tanto en cerrar la historia romántica de la forma más convencional posible que olvidan todas las subtramas que han ido abriendo por el camino, dejándonos sin conocer lo que sucede con algunos de los personajes que aparecen, dejando temas inconclusos incluso con los propios protagonistas. Un ejercicio de dejadez imperdonable que demuestra que, pese a los chistes y situaciones absurdas, lo único que parece interesarles es la historia de amor, sin importar que su cierre sea coherente o incluso agradecido con respecto a lo que nos habían contado de sus protagonistas. Incluso ningunean todo lo relacionado al motor de arranque del film, esa crisis que va a terminar por condicionar toda la acción inicial y que es olvidada para mayor conveniencia de una conclusión necesariamente edulcorada a la par que falsa.
Con todo, la historia pasa por momentos simpáticos, los equívocos provocan más de una carcajada entre el público y consigue su objetivo de entretener sin más pretensiones, lo cual es motivo suficiente para justificar el aprobado justo, aunque estando en época de Oscars y con tanta gran película en cartel quizá desperdiciar el tiempo en esto sea algo de derroche.

Valoración: cinco sobre diez.

lunes, 23 de noviembre de 2015

OCHO APELLIDOS CATALANES (6d10)

Apenas un par de años ha tardado en llegar la secuela de la más exitosa película de la historia de nuestro país. Y por ello las expectativas son tan altas como difíciles de cumplir.
No, definitivamente la continuación de Ocho apellidos vascos no va a tener el éxito de su predecesora (aunque dinero va a dar, de eso no hay duda) y ya se están escuchando las primeras (e injustificadas) críticas negativas.
Ocho apellidos catalanes no es una gran película, dejémoslo claro desde el principio, tal y como tampoco lo era Ocho apellidos vascos. Siempre consideré que era una buena comedia pero su éxito fue desmesurado y a todas luces inaudito, y por ello es imposible que su secuela esté a la altura de algo que, en la práctica, no tenía tal altura. Es como luchar contra el recuerdo de algo que nunca fue.
Además, la película nace ya de entrada con un terrible handycap. No puede innovar demasiado, pues los que disfrutaron de la primera película en el fondo quieren más de lo mismo, pero tampoco puede convertirse en una mera fotocopia a la que acusen de falta de originalidad. ¿Solución? No la hay. Y por eso muchos van a sentirse decepcionados ante esta continuación que, todo sea dicho, no es que tenga un gran guion.
La cosa es sencilla. Amaia va a casarse con un catalán y Rafa, advertido por Koldo, decide presentarse en la boda para tratar de reconquistar a su chica. Todo muy típico y previsible, demasiado convencional. La clásica comedia romántica vista mil veces y cuyo desenlace podemos adivinar desde la primera escena, no solo en lo referente a los protagonistas sino también en cuando a los secundarios.
El acierto de los guionistas Borja Cobeaga y Diego San José está en los diálogos, que como en la versión vasca es donde se muestran más mordaces y donde se pueden encontrar los mejores puntos de humor. No se han sustituido las bromas a costa de vascos y andaluces por las referidas a los catalanes, sino que estos se han añadido, dando más colorido a la función y permitiendo que no quede títere con cabeza en esta comedia con toques de vodevil (toda la escena situada en la masía propiedad del personaje de Rosa María Sardá) con una mala leche a base de tópicos e iconos geográficos perfectamente repartidos por gran parte del territorio nacional, aunque es innegable que el tema de la independencia centra todos los focos, como era de esperar.
En el apartado interpretativo, aparte del cuarteto original que repite con solvencia, tenemos la aportación de un Berto Romero que cada vez parece sentirse más cómodo en su faceta como actor (y todo parecía haber empezado como una broma a modo de cameo), de Rosa María Sarda que se come la pantalla con su presencia en cada aparición (y que ayuda a olvidar su espantosa interpretación en la más espantosa todavía Rey Gitano) y de Belén cuesta, la última punta de este cuadrado amoroso que Emilio Martínez de Lázaro nos propone y la que más sorprende por su versatibilidad lingüística.
Vista desde tierras catalanas, tengo la curiosidad de ver la reacción del público local ante los chistes más radicales. Con la primera película muchos se tomaban con buen humor la pantomima que se hacía de vascos y andaluces, pero cuando les toca a ellos… Habrá que ver si se toman las cosas con la  misma tolerancia.
Yo por mi parte me lo pasé relativamente bien, sabiendo lo que iba a ver y sin esperarme ninguna maravilla. Es una correcta continuación que, como sucede con la mayoría de secuelas de comedias, adolece el factor sorpresa que tuvo la primera parte y que repite un esquema ampliando sus horizontes y recuperando con calzador algunos personajes como Joaquín y Curro, aunque sí le puedo achacar algo de falta de valentía en situaciones más extremas como la insípida intervención en el pueblo de la Guardia Civil, una subtrama claramente desaprovechada.
Reírse es una costumbre muy sana, y reírse de uno mismo más todavía. Eso es lo que propone la película, y quererle pedir más que eso sería una seria equivocación. Hay lo que hay y no hay que pedirle peras al olmo. Aunque sea un olmo catalán.


Actualización: en su primer fin de semana ha arrasado en taquilla, batiendo todos los récords y rebasado sobradamente el estreno que tuvo Ocho apellidos vascos, y viendo las colas kilométricas que sufrí ayer noche en mi cine parece innegable que, pese a coincidir en su estreno con un Madrid-Barça de fútbol, el éxito está asegurado. Eso sí, cabe recordar que la recaudación de Ocho apellidos vascos fue de menos a más y estuvo mucho tiempo aferrada en el número uno y algo me dice que esta va a sufrir el efecto contrario y el boca a oreja le va a hacer mucho daño. Aunque claro, que le quiten lo bailado...