Mostrando entradas con la etiqueta berto romero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta berto romero. Mostrar todas las entradas

lunes, 31 de diciembre de 2018

TIEMPO DESPUÉS

Hace ya la friolera de tres décadas que se estrenó Amanece que no es poco, una extraña película que, rozando el humor absurdo y surrealista, se ha convertido en ora de culto, contando con una legión de seguidores autodenominados los Amanecistas. En ese tiempo, su director, José Luis cuerda, ha intercalado la realización de otras películas de humor con algunas más serias, pero nunca había abrazado con tanta firmeza ese estilo tan personal que le dio la fama hasta esta Tiempo después, que, aunque argumentalmente no siga los pasos de su clásico, sí puede considerarse una secuela espiritual del mismo.
Ignorada en su momento, tampoco es que esta especie de recuperación lo haya tenido muy fácil para salir adelante, siendo necesaria la implicación de una generación de cómicos que aseguran haberse visto influenciados en sus carreras por Amanece… para impulsar la existencia de Tiempo después. Nombres como Arturo Valls o Andreu Buenafuente figuran entre los productores, mientras que en el reparto destacan también Berto Romero o Joaquín Reyes, mezclándose con veteranos como Miguel Rellán, Manolo Solo o Gabino Diego.
Tiempo después puede entenderse como una continuación apócrifa de Amanece…, como u homenaje melancólico hacia aquella o como una despedida artística de Cuerda. O quizá como las tres cosas en una. Es, quizá, esa mezcla de intenciones lo que debilita una película que tiene los mimbres para volver a ser divertidamente absurda pero que se queda muy por debajo de sus aspiraciones.
Con Roberto Álamo y Blanca Suarez como protagonistas principales, la película es una sátira política que banaliza el momento social actual de manera nada sutil e incluso machacona, y diálogos delirantes se entremezclan con chistes demasiado tontos, confundiéndose a veces el surrealismo con el sinsentido. Hay unas ideas muy brillantes de base, pero que no terminan de funcionar del todo al extenderse, haciendo en muchas ocasiones que el chiste sea cansino y repetitivo, de manera que es el tráiler mucho mas delirante y grandioso que la propia película. Sirva como ejemplo la jerga florida y petulante que usan la mayoría de los protagonistas, genial en boca de algún personaje concreto pero agotadora al extenderlo indiscriminadamente.
El abuso de los cameos tampoco ayuda demasiado, resultando un recurso fácil para buscar la conexión con el público (en mi sala, las mayores risas sonaron con la simple aparición de Andreu Buenafuente) más digno de las películas de Torrente que de lo que se espera de Cuerda.
Por ello, Tiempo después es una película divertida con momentos muy locos, pero demasiado irregular, a la que hay que agradecer la entrega de los actores por creerse sus papeles pero que carece de la frescura de amanece y que pierde en todas sus comparaciones, teniendo en cuenta que ya aquella no era una película fácil ni para todos los gustos.
¿Es Tiempo después una película recomendable? Posiblemente sí, aunque solo para aquellos que acepten entrar en el absurdo (aunque a vece inteligente) juego que nos propone Cuerda y con la conciencia de que, esta vez, más bien atardece, lo que quizá tampoco sea poca cosa.

Valoración: Seis sobre diez.

domingo, 20 de marzo de 2016

EL PREGÓN. Diversión asegurada.

Por más que uno quiera evitarlo, en ocasiones resulta imposible no acudir a una sala de cine condicionado ya sea positiva o negativamente. En mi caso, el factor negativo era que la única crítica que había leído de El pregón, de Dani de la Orden, la ponía a la altura del betún, y el positivo era que fui a verla justo después de sufrir Agente Contrainteligente, y era imposible caer más bajo.
Sea por una cosa o por la otra, o simplemente por el trabajo de sus guionistas, lo cierto es que El pregón me permitió pasar un rato sumamente divertido y limpiar mi cerebro de toda la basura que el bodrio de Cohen me había aportado.
Aprovechándose muy bien de la química entre Andreu Buenafuente y Berto Romero, la gran excusa del film, Dani de la Orden presenta una película basada en los choques: el choque generacional entre la cultura tecnopop más pastelosa de los noventa y el mundo actual, el choque entre la vida urbanita y la rural, el choque entre la fama y vivir atrapado en el recuerdo de lo que fue y, finalmente, el choque entre dos hermanos enfrentados pero condenados a entenderse.
Todo ello con las fiestas de un pueblo como telón de fondo y los hermanos Juan y Richi, dos fracasados  dispuestos a todo (incluso a revivir la gloria del pasado cuando formaban un grupo musical con reflejos de OBK y un look muy a lo Miami Vice con un solo éxito) por conseguir algo de dinero, a merced de un alcalde macarra y desaprensivo (excelente Jorge Sanz) que lo único que pretende es recuperar a un antiguo amor (la omnipresente Belén Cuesta, que aunque parece que siempre haga el mismo personaje lo cierto es que lo hace siempre muy bien).
Sería muy fácil buscarle tres pies al gato y sacar defectos a una película que cuenta una historia muy simplista de escasa originalidad y cuyo reparto está encabezado por un Buenafuente que, pese a sus buenas intenciones, sigue siendo más presentador o monologuista que actor (este es su primer papel aparte de breves cameos de amiguismo) o un Romero que por primera vez debe enfrentarse a un personaje protagonista, aunque en sus roles como secundarios solía ser lo mejor de esas películas. Sin embargo, el resultado final es una película que consigue siempre lo que pretende: la carcajada continua, entretener durante su hora y media de metraje y, para los más carrozas, revivir esa cultura musical tan kitsch y pastelosa.
El pregón es un simple divertimento, y así es como debe valorarse, más allá de si la parte emotiva (basada sobre todo en la relación de los hermanos o en los problemas familiares del personaje de Buenafuente) funcionan mejor o peor. Secuencias como la disgregación sobre la religiosidad de Berto Romero, el lanzamiento de la cabra del campanario o la confusión sexual respecto al alcalde son simples ejemplos de que la película funciona magníficamente a modo de gags constantes que forman una cohesión muy acertada.
Y es que algunas veces, conseguir hacer reír y que el espectador lo pase bien, aunque sea con un tono convencional y poco arriesgado, es suficiente para lograr el éxito.

Valoración: siete sobre diez. 

domingo, 13 de diciembre de 2015

BARCELONA, NIT D'HIVERN (8d10)

La primera consecuencia del inminente estreno de Star Wars: El poder de la fuerza es que todo el calendario de estrenos va a ser redefinido en función de la presumiblemente taquillera película de J.J.Abrams. Y ello provoca que algunos de los inevitables títulos con claras connotaciones navideñas se adelanten un poco.
La primera en llegar es la secuela de Barcelona, nit d´estiu (Barcelona, noche de verano), una película pequeñita y de muy bajo presupuesto que supuso el debut en el largometraje de Dani de la Orden y que con un planteamiento totalmente manido pero simpático llegó gozar de cierta popularidad. Ahora, con mucho más dinero y un reparto de más relumbrón llega su secuela, Barcelona, nit d´hivern (Barcelona, noche de invierno), que si no fuese por el juego con respecto a la primera parte (y que invita a pensar en dos posibles secuelas más) bien podría haberse llamado Barcelona, nit de Reis (Barcelona, noche de Reyes).
Efectivamente, toda la acción transcurre alrededor de la noche de Reyes, desde la cabalgata a última hora de la tarde al amanecer del día más esperado por los niños españoles. En este periodo de tiempo De la orden y sus guionistas crean una serie de historias románticas y emotivas que, de una manera u otra, terminarán entrecruzándose unas con otras tal y como ya sucedía en la primera película. Un estilo narrativo, este de las historias entrecruzadas, que bien podría recordarnos a clásicos como Vidas Cruzadas de Robert Altman o el Pulp Fiction de Tarantino, pero cuyo referente más vidente (por el tono de comedia romántica navideña) es Love Actually de Richard Curtis.
Y es que Barcelona, nit d´hivern es una gran oda a las comedias románticas, con mucho más humor que en la primera propuesta veraniega pero también con más emotividad, más sentimiento. Historias tan dispares como el “Rey Mago” que salta de su carroza para buscar a un antiguo amor entre la muchedumbre, la mujer que trata de conocer a un abuelo que ni siquiera sabía que tenía una hija, los dos amigos a los que les propinen participar en un trío, la anciana que aprovecha esa señalada noche para confesar a su familia que es lesbiana, los problemas sentimentales de un chico demasiado dado a enamorarse a primera vista o los problemas cotidianos de una pareja cualquiera ante la responsabilidad y el desafío que supone la paternidad. Argumentos muy tópicos en algunos casos y totalmente locos en otros que se contraponen a la perfección y permiten al espectador pasar de la lágrima a la carcajada como si de una montaña rusa emocional se tratase. Pueden apreciarse en el film influencias del humor británico de Mike Newell o el propio Curtis con gamberradas del estilo de los Farrelly e incluso la participación de un monologuísta como David Guapo puede entenderse como el deseo de De la Orden de emular el éxito (inalcanzable, por otro lado) de Dani Rovira en Ocho apellidos vascos/catalanes.
Es fácil (y de eso hablaré en unos días) que cuando se plantean varias historias dentro de una misma película alguna de ellas no termine de conectar con el espectador, haciendo que la película cojee por algún lado. Esto no ocurre, sin embargo, con Barcelona, nit d´hivern, en el que unas tramas podrán gustar más que otras, pero ninguna llega a molestar y forman un conjunto casi inseparable muy redondo.
Con un prólogo dibujado a modo de introducción igual que en Barcelona, nit d’estiu, la película cuenta con un reparto ciertamente notable, que aúna rostros jóvenes muy prometedores (Àlex Monner, Laura de la Isla, Vicky Luengo, Àlex Maruny, etc.) con estrellas ya consagradas (Montserrat Carulla, Asunción Balaguer, Abel Folk, Alberto San Juan, Miki Esparbé, Alexandra Jiménez…) y la presencia, cada vez más inevitable, del gran Berto Romero.
De la Orden compone su aventura fílmica como un gran periplo cíclico con un desenlace decididamente juguetón que sirve como metáfora del resultado final: una película redonda. Con una Barcelona como espectadora de lujo de todas estas historias de amor y desamor, algunas de ellas herederas directas de la primera película, la película logra calar en el espectador, emocionándolo cuando debe e invitándole a pasar un rato fenomenal y muy divertido. Y aunque no hay ningún mensaje político tras ella, el visionado en su versión original invita a reflexionar sobra la realidad que se vive hoy en día en Catalunya, con una dualidad lingüística mucho más en comunión de lo que muchos (los unos y los otros) quieren reconocer.
Habrá que seguir muy de cerca a Dani de la Orden. Sus dos películas (y esta más que nada) se lo merecen. Y eso que yo no soy muy de películas navideñas.

lunes, 23 de noviembre de 2015

OCHO APELLIDOS CATALANES (6d10)

Apenas un par de años ha tardado en llegar la secuela de la más exitosa película de la historia de nuestro país. Y por ello las expectativas son tan altas como difíciles de cumplir.
No, definitivamente la continuación de Ocho apellidos vascos no va a tener el éxito de su predecesora (aunque dinero va a dar, de eso no hay duda) y ya se están escuchando las primeras (e injustificadas) críticas negativas.
Ocho apellidos catalanes no es una gran película, dejémoslo claro desde el principio, tal y como tampoco lo era Ocho apellidos vascos. Siempre consideré que era una buena comedia pero su éxito fue desmesurado y a todas luces inaudito, y por ello es imposible que su secuela esté a la altura de algo que, en la práctica, no tenía tal altura. Es como luchar contra el recuerdo de algo que nunca fue.
Además, la película nace ya de entrada con un terrible handycap. No puede innovar demasiado, pues los que disfrutaron de la primera película en el fondo quieren más de lo mismo, pero tampoco puede convertirse en una mera fotocopia a la que acusen de falta de originalidad. ¿Solución? No la hay. Y por eso muchos van a sentirse decepcionados ante esta continuación que, todo sea dicho, no es que tenga un gran guion.
La cosa es sencilla. Amaia va a casarse con un catalán y Rafa, advertido por Koldo, decide presentarse en la boda para tratar de reconquistar a su chica. Todo muy típico y previsible, demasiado convencional. La clásica comedia romántica vista mil veces y cuyo desenlace podemos adivinar desde la primera escena, no solo en lo referente a los protagonistas sino también en cuando a los secundarios.
El acierto de los guionistas Borja Cobeaga y Diego San José está en los diálogos, que como en la versión vasca es donde se muestran más mordaces y donde se pueden encontrar los mejores puntos de humor. No se han sustituido las bromas a costa de vascos y andaluces por las referidas a los catalanes, sino que estos se han añadido, dando más colorido a la función y permitiendo que no quede títere con cabeza en esta comedia con toques de vodevil (toda la escena situada en la masía propiedad del personaje de Rosa María Sardá) con una mala leche a base de tópicos e iconos geográficos perfectamente repartidos por gran parte del territorio nacional, aunque es innegable que el tema de la independencia centra todos los focos, como era de esperar.
En el apartado interpretativo, aparte del cuarteto original que repite con solvencia, tenemos la aportación de un Berto Romero que cada vez parece sentirse más cómodo en su faceta como actor (y todo parecía haber empezado como una broma a modo de cameo), de Rosa María Sarda que se come la pantalla con su presencia en cada aparición (y que ayuda a olvidar su espantosa interpretación en la más espantosa todavía Rey Gitano) y de Belén cuesta, la última punta de este cuadrado amoroso que Emilio Martínez de Lázaro nos propone y la que más sorprende por su versatibilidad lingüística.
Vista desde tierras catalanas, tengo la curiosidad de ver la reacción del público local ante los chistes más radicales. Con la primera película muchos se tomaban con buen humor la pantomima que se hacía de vascos y andaluces, pero cuando les toca a ellos… Habrá que ver si se toman las cosas con la  misma tolerancia.
Yo por mi parte me lo pasé relativamente bien, sabiendo lo que iba a ver y sin esperarme ninguna maravilla. Es una correcta continuación que, como sucede con la mayoría de secuelas de comedias, adolece el factor sorpresa que tuvo la primera parte y que repite un esquema ampliando sus horizontes y recuperando con calzador algunos personajes como Joaquín y Curro, aunque sí le puedo achacar algo de falta de valentía en situaciones más extremas como la insípida intervención en el pueblo de la Guardia Civil, una subtrama claramente desaprovechada.
Reírse es una costumbre muy sana, y reírse de uno mismo más todavía. Eso es lo que propone la película, y quererle pedir más que eso sería una seria equivocación. Hay lo que hay y no hay que pedirle peras al olmo. Aunque sea un olmo catalán.


Actualización: en su primer fin de semana ha arrasado en taquilla, batiendo todos los récords y rebasado sobradamente el estreno que tuvo Ocho apellidos vascos, y viendo las colas kilométricas que sufrí ayer noche en mi cine parece innegable que, pese a coincidir en su estreno con un Madrid-Barça de fútbol, el éxito está asegurado. Eso sí, cabe recordar que la recaudación de Ocho apellidos vascos fue de menos a más y estuvo mucho tiempo aferrada en el número uno y algo me dice que esta va a sufrir el efecto contrario y el boca a oreja le va a hacer mucho daño. Aunque claro, que le quiten lo bailado...

viernes, 11 de septiembre de 2015

ANACLETO, AGENTE SECRETO (7d10)

Dicen los más alarmistas que estamos en una burbuja de cine de superhéroes que va a terminar explotándonos en la cara a los más fieles seguidores del comic. Independientemente de que pueda estar de acuerdo con ello o no (en breve, el comentario del mes sobre el tema) lo cierto es que con tantas películas inspiradas en héroes del comic nuestro cine no podía quedar fuera de la moda.
Dejando de lado esa cosa llamada Capitán Trueno, las incursiones recientes en adaptaciones del papel patrio (todas ellas de la mano de la extinga Editorial Bruguera) han cosechado éxitos de crítica y taquilla, tanto la tronchante versión animada de Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo como Zipi y Zape y el Club de la Canica de la que ya se prepara secuela. Por tanto, y en espera a que llegue alguna vez la eternamente anunciada Super López, no es de extrañar que Anacleto, agente secreto haya supuesto una fuerte inversión, casi una superproducción confiada a las manos de un director tan solvente como Javier Ruiz Caldera, realizador firmante de algunas de las más divertidas comedias de los últimos tiempos pero que ha sabido entremezclar diversos géneros con eficacia, desde la parodia pura de Spanish movie, la fantasía de Promoción Fantasma o el romanticismo de Tres bodas de más. Así que, ¿Por qué no iba a ser una comedia de acción su nueva película?
Basada en el célebre personaje creado por Vázquez (aprovecho para recomendar la biografía homónima del dibujante al que dio vida Santiago Segura), Anacleto, agente secreto cuenta las desventuras de un implacable espía al que los años comienzan a pesarle y que, tras la fuga de prisión de su más psicótico enemigo, deberá hacer todo lo posible para proteger la vida de su único hijo, un desastroso vigilante de una tienda de electrodomésticos que no tiene ni la más remota idea de a lo que se dedica su padre.
Ruiz Caldera sabe moverse como pez en el agua en los momentos más delirantes el film, consiguiendo sacar todo el talento interpretativo de un cómico como Berto Romero, el partenier perfecto para Anacleto (tanto padre como hijo) así como de Alexandra Jiménez, sus dos actores fetiches (ambos aparecen en tres de las cuatro películas del director), resultando también muy efectivo en los momentos más adrenalíticos, con peleas bien filmadas y perfectamente coreografiadas y sin que le tiemble el pulso ante el mayor presupuesto de su carrera.
Pero si algo hay que destacar de Anacleto, agente secreto, es el trabajo de los dos protagonistas: un Imanol Arias al que casi habíamos perdido la pista en cine (y no todo va a ser Cuéntame, ¿no?) y un Quim Gutierrez que poco a poco está convirtiéndose en un referente indispensable de la comedia nacional. Se suele decir que Carlos Areces (que interpreta al villano de turno) se suele comer con patatas a sus compañeros de plano, pero en este caso tanto Imanol como Quim logran sobrevivir a este robaescenas, consiguiendo el primero un interpretación tan estimulante que ya hay quien lo da como favorito para los Goyas de este año.
Anacleto, agente secreto es divertida, emocionante, surrealista, violenta, sarcástica y frenética, con efectos especiales de gran factura, no dando respiro al espectador y ofreciendo sus buenas cuotas de sangre como si advirtiesen de que, entre chiste y chiste, la cosa va en serio. Este James Bond crepuscular es fiel al icono visual del tebeo, con su traje con pajarita, su tupé (ahora blanqueado por las canas), su cigarrillo y su frase lapidaria: Anacleto nunca falla, pero pese a ello hay algo que debo reprocharle y es que no termino de ver reflejado al Anacleto de las historietas, mucho más torpe y desastroso. Este Anacleto es un tipo frío, calculador y despiadado y su violenta efectividad casa me hace pensar más en una adaptación española del Harry Tasker que protagonizó Schwarzenegger en Mentiras Arriesgadas de James Cameron que en el compañero de desventuras de Mortadelo y Filemón del papel, donde nuestro héroe no tenía, por descontado, hijo alguno. Claro que a lo mejor eso se debe a que no hemos visto aún al verdadero Anacleto, ¿no? Y cuando vean la película entenderán de lo que hablo.
En fin, en un año plagado de espías (Kingsman: servicio secreto, Espías, Misión Imposible: nación secreta, Operación U.N.C.L.E. y pronto Spectre, ¿y nadie habla de la burbuja del cine de espionaje?) nuestro agente más eficaz ha querido unirse a la fiesta. Y todos los invitados lo han disfrutado.
Y digo yo: ya que estamos con la moda esa (¡qué pesadito estoy hoy con eso de las burbujas!) de los Universos Compartidos, cuando se haga por fin Super López, ¿no podríamos ver juntos en pantalla a Anacleto, Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape y Super López? Sería la repanocha.
¡Generación Bruguera al poder!

sábado, 7 de diciembre de 2013

TRES BODAS DE MÁS (7d10)

No hay ninguna duda de que dentro del género de las comedias románticas la temática de las bodas luce mejor que ninguna otra. Y es que pocas cosas hay más cinematográfica que una boda, ya sea en su más pura tradición mediterránea, como en El Padrino, exótica, como la de Mi gran boda griega, multiplicada por cuatro, como en Cuatro bodas y un funeral, con final triste, como La boda de mi mejor amigo, o incluso terrorífica, como la de REC3.
De hecho, en lo que llevamos de año ha habido dos grandes estrenos con boda como leit motive: La gran boda y La gran familia española, más otras tantas que no he tenido oportunidad de ver y que, por lo tanto, no tienen comentario en este blog.
Hay para todos los gustos y colores (aunque hablando de bodas el blanco y el rosa son colores obligados), pero aunque aquí he nombrado algunos ejemplos británicos o españoles casi podríamos asegurar que esto de las películas de bodas es una especialidad americana (que parece que solo son capaces de reunir a la familia alrededor de un pastel nupcial o un pavo de acción de gracias), lo mismo que ese otro gran subgénero que son las despedidas de soltero.
Y eso es lo primero que uno aprecia al visualizar Tres bodas de más: su deseo de aproximarse a los convencionalismos americanos sin ningún tipo de disimulo, comenzando con esa hermosa panorámica aérea de una urbanización del Garraf  y continuando con un personaje, el de la desastrosa Ruth, que bien podría haber interpretado Sandra Bullock o, en sus buenos tiempos, Julia Robers, las reinas de las comedias sobre corazones rotos.
No es cosa extraña, si tenemos en cuenta que el director, Javier Ruiz Caldera, ya homenajeó al slastic americano con su debut Spanish  Movie, que vuelve aquí (tras el bajón que supuso Promoción Fantasma) al humor más descerebrado, cogiendo referencias de aquí y de allí y elaborando una receta que, aun teniendo poco de propia, es realmente efectiva.
Así, en Tres bodas de más, podemos encontrar el humor edulcorado del binomio que formaron Rob Reiner y Nora Ephron, la ternura de Richard Curtis o los toques escatológicos de los hermanos Farrelly.
Dice una frase popular que si no te gusta el arroz, toma dos tazas. En este caso, si uno es alérgico a las películas de bodas, ¿qué mejor con encontrarse con tres en la misma película? Y si encima corresponden a los respectivos ex de la protagonista, pues mucho mejor.
Ese es el planteamiento del film, que tras mostrarnos como Ruth es abandonada por su actual novio en medio de… ¿adivinan?... una boda (que será al final la cuarta de la película) se vuelca en su trabajo (es investigadora médica), dejando de lado cualquier tipo de vida social (de la que es totalmente incapaz de disfrutar si no es con mucho alcohol de por medio), hasta que el destino (simpático cabrón) hace que reciba el mismo día tres invitaciones para asistir a las bodas de los tres hombres de su vida que la abandonaron como a un juguete roto. Aunque el primer instinto de la chica es huir de ellas, finalmente decide acudir acompañada por su nuevo becario (y a la postre único amigo) con la esperanza de conocer en alguna de ellas a su gran y definitivo amor, representado en la figura (o no) del cirujano plástico Jonás.
Así, Ruth iniciará un camino de irremediable autodestrucción hasta conseguir un resurgimiento final, un renacer de sus propias cenizas, cual ave fénix, que como en (casi) toda comedia romántica no sorprenderá a nadie (el desenlace se puede imaginar a los diez minutos de película), pero que no importa, porque lo que interesa no es saber a dónde llega, sino lo que pasa por el camino.
Y lo que pasa por el camino son mil y una situaciones a cual más absurda y extravagante que provoca las constantes carcajadas del respetable gracias a un guion inspirado y unos buenos diálogos y, sobre todo, a la aportación de grandes intérpretes cómicos (algunos poco relacionados con el mundillo cinematográfico) como Paco León, Berto Romero o Joaquín Reyes, amén de la participación de otros actores ya consagrados como Quim Gutierrez (que ya estuvo invitado a la boda de La gran familia española y actualmente en cartel también con ¿Quién mató a Bambi?) o Rossy de Palma o la sangre fresca que aporta Martiño Rivas, que parece que lo único que le ha pedido el director que haga es poner cara de guapo y tiene suficiente con ello para componer su papel.
Y luego, claro está, se encuentra Inma Cuesta, Ruth, sobre quien recae todo el peso interpretativo y a la que la cámara persigue durante el 99% de la película. Ella es Tres bodas de más, y sin ella el invento este nunca podría funcionar. Inma Cuesta llora, ríe y ama, logrando hacernos llorar, reír y amar, convirtiéndose en la novia perfecta, tanto en el lado de las abandonadas (¡qué bien hace de perrito apaleado!) como en el lado de las enamoradas.
Tenemos también una pequeña reflexión sobre las relaciones y el amor, pero no queramos buscar donde no hay. Esto es una comedia y no tiene más pretensiones que la de hacer reír, en ocasiones de forma muy políticamente incorrecta. Momentos bestias (novias atropelladas, paralíticas con muy mala leche…) se alternan con otros más tiernos y, aunque no sea una película perfecta, funciona en la mayoría de las veces.

Javier Ruiz Caldera da un salto de calidad, y deberemos estar muy atentos a su próximo paso.