Mostrando entradas con la etiqueta alexandra jiménez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta alexandra jiménez. Mostrar todas las entradas

miércoles, 27 de noviembre de 2019

SI YO FUERA RICO

La maquinaria de Mediaset se ha vuelto a poner en marcha y están haciendo todo lo posible para que Si yo fuera rico arrase en las taquillas estas navidades. Siguiendo el mismo truco que ya les funcionó muy bien en Perfectos desconocidosSin rodeos o Padre no hay más que uno, es decir, versionar casi literalmente un éxito de alguna filmografía vecina.
Dirigida por Álvaro Fernández Armero, recién salido de la serie Vergüenza, la película parte de una premisa divertida que no termina de saber aprovechar del todo: un hombre, en el peor momento de su vida (sin trabajo ni casa y recién abandonado por su mujer) gana 25 millones de euros en la lotería. Cuando sospecha que su todavía esposa se la pega con otro decide guardar en secreto su nueva fortuna hasta después del divorcio, para ahorrarse así el reparto, pero claro, ya se sabe lo que pasa con los nuevos ricos… Así, sus estériles intentos por disimular esa nueva vida ante su mujer, su familia y sus propios amigos serán la base de toda esta comedia con momentos de humor de brocha gorda y tópicos a cascoporro.
No se deben pedir peras al olmo, y esta no es una película que vaya a cambiar nuestras vidas. Tampoco lo pretende. De hecho, cualquier intento de encontrar algo de profundidad en su guion sería un esfuerzo absurdo. Podría parecer que hay algo de crítica ante el consumismo, aunque luego los problemas se arreglan base de dinero. Podría parecer que hay algo de crítica hacia los intereses bancarios, aunque luego el director el banco se convierte en el mejor amigo del protagonista. Podría parecer que se quiere reflejar eso de que el dinero no da la felicidad, aunque al final…
Así pues, nada de reflexiones sesudas. Esto es una comedia simplona y simpaticona en la que, con gags más o menos inspirados, queda todo a la suerte de la inspiración de sus protagonistas. Y aunque Alexandra Jiménez esté algo menos inspirada de lo habitual (nunca parece tomarse demasiado en serio su papel), el resto cumple con creces, lo que consigue mantener la película a flote.
Al final, esto es una comedia y no aspira a nada más que a hacer reír, sin importar demasiado cuales sean las armas utilizadas. Yo, por mi parte, me reí bastante, aunque a estas alturas ya he olvidado la mayoría de las bromas.
Así pues, estamos ante un producto de consumo rápido, una película en la que no vale la pena profundizar demasiado en sus valores, sino que hay que dejarlo todo en manos del sentido del humor con que cada espectador se enfrente a ella. Divertida lo es, desde luego, pero quizá no todo lo tronchante que se le debería exigir, ya que el tema daba para más y un punto más de mala leche no le habría ido nada mal.


Valoración: Seis sobre diez.

sábado, 19 de enero de 2019

GENTE QUE VIENE Y BAH

Aunque debo confesar no haber leído nunca nada de la escritora Laura Norton, basta ver la película Gente que viene y bah para intuir por donde van los tiros de su obra. Y es que la segunda adaptación que Norton ha visto de su trabajo en poco tiempo tiene las mismas señas de identidad que No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas. Se trata de historias románticas con apuntes de comedia enfocabas a un público joven y, esto es importante, femenino. No es casualidad que ambas películas estén dirigidas por mujeres, María Ripoll la primera y Patricia Font la que ahora nos ocupa.
Quizá se deba a mi condición masculina, o a un guion demasiado complaciente con la comedia ligera propia de las producciones de Atresmedia, pero en ningún momento conecté con la desdichada protagonista, una arquitecta que tira su carrera por la borda tras protagonizar un bochornoso espectáculo en una importante presentación tras descubrir la infidelidad de su novio (una infidelidad, por cierto, propiciada por ella misma). Desde ese momento, todo lo que vamos a conocer de la protagonista a la que da vida Clara lago es que es autocomplaciente, alcohólica y cobarde y que prefiere ir siempre por el camino de lo fácil que tomar decisiones de adulto. No es esto lo que nos dice la película, ojo, es lo que yo entiendo al verla.
Además, para seguir con los típicos de estas comedias de gente que pasa más tiempo llorando que diciendo cosas graciosas (ahí está otro ejemplo con Señor, dame paciencia, curiosamente también de Atresmedia), la muchacha regresa al amparo de la protección familiar, escondiéndose de la gran ciudad en un pueblo rural muy pequeño y bucólico, donde deberá lidiar con los problemas del resto de la parentela y donde, mire usted que casualidad, el primer día se tropezará con el tipo más guapo y simpático de la zona que, además (más casualidades de la vida) está sin pareja.
Todo un despliegue de clichés donde destaca un personaje, si cabe, más odioso aún que el de Clara Lago, y es el de la madre, interpretado ni más ni menos que por Carmen Maura. Dotada de una (supuesta) sabiduría absoluta, la mujer es de esas que siempre tiene una sonrisa amable, la palabra adecuada o el consejo más sabio. No importa que en la vida real fuese considerada odiosa y que todos sus consejos o acciones llevaran al desastre más absoluto. Esto es una película happy y todo va a tener final feliz, poco importa lo creíble que pueda suceder.
Patricia Font no se complica la vida y, en lugar de tratar de dotar de personalidad propia a su película, se acomoda en las reglas no escritas del género forzando el empalague con canciones de esas que parecen sacadas de anuncios de compresas (ya saben, ¿a qué huelen las nubes? y cosas así) y con una banda sonora de Arnau Bataller que se empeña en querer resaltar las situaciones cómicas y poco más. 
Quizá lo peor es esa colección de problemas familiares (la inminente muerte de la madre, un hijo bastardo, una alcaldesa señalada…) que deberían hacer que los problemas de la protagonista fuesen secundarios. Pero no, esto no es Los amigos de Peter. Esto va de comedia romántica y punto. Y por eso todo debe girar alrededor del personaje de Clara Lago aunque sea la que menos tenga que aportar a la trama.
Al final, esto se limita a ser una de esas películas buenrolleras, que tratan de alegrar el alma sin importar el precio a pagar y que, si dejas de lado cota coherencia argumental es sacar se sacarte alguna sonrisa que otra. Una película alegre de final (o finales) tan imposibles de creer como felices que seguramente gustará precisamente por eso. Poco más tiene a ofrecer.

Valoración: Cinco sobre diez.

sábado, 24 de noviembre de 2018

SUPERLÓPEZ

Cuando se confirmó que el proyecto eternamente postergado de llevar las aventuras de SuperLópez a la gran pantalla se iba a hacer realidad, me llevé una gran alegría. Luego vinieron las primeras noticias sobre fichajes, el primer tráiler y alguna imagen promocional y de la ilusión pasé al espanto a pasos agigantados. Solo faltaba leer unas declaraciones del creador de SuperLópez, Jan, confirmando que este no era “su” SuperLópez.
Al final, lo único que me mantenía con un hilo de esperanza era el director, Javier Ruiz Caldera, quien estuvo tras las cámaras de Spanish moviePromoción FantasmaTres bodas de más y, sobre todo, otra apuesta comiquera de nuestro cine, Anacleto, agente secreto. Además, yo soy de los que disfruté mucho con su Anacleto, y aunque no se pareciera demasiado al personaje creado por Vázquez, lo podía justificar en el hecho de que este no tenía aventuras largas que poder adaptar, cosa que sí sucede con SuperLópez.
Al final, precedida por algunas críticas nefastas de los que ya la habían visto en algún festival, me acerqué a la película con el convencimiento de que estábamos ante uno de los estropicios del año, un despropósito que no haría más que traicionar a uno de mis personajes de cómic preferidos y que marcó mi infancia más incluso que otros más icónicos como Mortadelo y Filemón o Zipi y Zape.
Una vez vista, hay que decir que parte de mis temores se vieron confirmados y que la observación de Jan era muy acertada. Este no es SuperLópez. Se parece a él como un huevo a una castaña. Sí, tiene muchos guiños, como la escena del café con leche y cruasán, los bolsazos de Luisa y los petisos, pero no comparte el mismo espíritu que el antihéroe de Jan. Hay cosas que se pueden justificar como una modernización del personaje, pero otras que no hay por donde agarrarlas. Así que, definitivamente, esta no es una buena adaptación del comic. Casi podría decir, incluso, que es nefasta.
Pero luego está su vertiente como producto de entretenimiento. En este sentido, debo confesar que las críticas eran exageradas y que Ruiz Caldera sale bastante airoso del proyecto. Es cierto que se le pueden poner muchos peros (y no me vale la excusa del ajustado presupuesto: SuperLópez tiene un montón de historietas que podrían haber adaptado mucho más “callejeras” que esta epopeya que requiere de robots gigantescos y naves espaciales) y que quizá el villano no esté a la altura del talento de Maribel Verdú, pero lo cierto es que olvidando los orígenes del personaje y tomándose la película como una simple parodia de Superman, la cosa funciona bastante bien.
De hecho, hay homenajes bastante directos al Superman de Donner, aunque también al de Snyder, aunque este es solo uno de los muchos guiños que tiene el film, que se mira también en el espejo (paródico) del Spiderman de Raimi, en Star Wars o incluso en El gran héroe americano que popularizó a William Katt allá por los ochenta.
Sorprende que, con el material de base y el currículo del director (y de los guionistas, los autores de Ocho apellidos vascos y Ocho apellidos catalanes), el humor no esté mucho más presente, siendo el Jaime González al que da vida Julián López el elemento más humorístico del guion, aunque la relación (no demasiado fraternal) entre Juan López y su padre terrestre también dé bastante juego. Por lo demás, es una película con tintes románticos, con conflictos por la doble personalidad del héroe (algo muy de comic, por cierto), de villanos megalómanos que solo quieren destruir el mundo e incluso se permite analizar (muy a su manera) la necesidad de aprobación por parte de un hijo desde dos ángulos diferentes, pero, sobre todo, es una película sobre un tipo extraordinario que toda la vida ha querido ser corriente y que, ahora que o ha conseguido, se ve obligado a hacer algo extraordinario.
Sin inspirarse en ninguna aventura escrita, la historia de SuperLópez se encuentra maniatada por las exigencias de una película “de orígenes”, teniendo que perder su tiempo en explicar una infancia del protagonista y el descubrimiento de sus poderes (por lo menos descubre que puede volar en menos tiempo que el Clark Kent de Smallville), pero no por ello pierde su ritmo narrativo, que en este sentido es algo más dinámico que en el caso de Anacleto. Ruiz Caldera sabe lo que tiene entre manos y, aunque no sea todo lo fiel que a uno le habría gustado al espíritu del personaje, consigue que su lavado de cara sea muy efectivo. Para que me entiendan, lo que hace está más cerca de la interesante Zipi y Zape y el club de la canica (nada que vez con los tebeos) que de La gran aventura de Mortadelo y Filemón, que por buscar una identificación tan fiel al original termina cayendo en el ridículo.
Tampoco Dani Rovira, que es un tipo que me cae francamente bien, aunque todavía no llega a deslumbrarme en su faceta como actor, desentona dando vida al protagonista, mientras que la presencia de Alexandra Jiménez (que ya fuera pareja de Rovira en 100 metros) es siempre jugar con una carta ganadora.
Resumiendo, que este no es “mi” SuperLópez, pero ello no impide que sea una muy disfrutable película, un divertimento muy bien filmado con escenas muy emocionantes, alguna cámara lenta un poco cargante y un tono castizo muy propio de sus guionistas. Y con unos efectos especiales que solo rechinan en las escenas de vuelo (y eso que en España tenemos experiencia en ello, recuerden el clásico Supersonic man que fue imitado por los creadores del vuelo del Superman II de Lester) Y que, como todo buen film de superhéroes que se precie (aunque sea parodiándolos) tiene su correspondiente escena postcréditos (bastante irrelevante, eso sí), aunque el verdadero epílogo, el que va justo antes de la genial canción de Alejo Stivel, es uno de esos que los apócrifos necesitaran que les expliquen y que los verdaderos fans aplaudirán con la esperanza de que la hipotética secuela sí sea un fiel retrato a los guiones de Jan.

Valoración: Seis sobre diez.

viernes, 13 de octubre de 2017

TOC TOC: Diversión a medio gas

Toc toc (no confundir con la película Know know de Eli Roth que aquí se tradujo de igual manera) es una obra de teatro que se convirtió en uno de los fenómenos de la temporada por su alocado sentido del humor.
Era cuestión de tiempo que la historia diese el salto al cine y Vicente Villanueva, que hace no mucho estrenó Nacida para ganar, ha sido el responsable de darle forma al proyecto.
Con un reparto de grandes nombres que garantizan por sí mismo el interés de la película, Toc toc chirría un poco en la conversión del formato. Aunque Villanueva saca las cámaras en algún momento fuera de la estrafalaria consulta del psicólogo que era el escenario central en el teatro, se notan demasiado esos orígenes escénicos, resultando la acción demasiado acartonada. Hay quien se pueda quejar también de que la fidelidad es tal que, quien conociera la ora no va a poderse sorprender ante el desenlace, pero no se deben preocupar por ello. Es todo tan obvio que cualquiera puede adivinarlo de antemano. Tampoco es que importe demasiado. Aquí de lo que se trata es de reírse y pasarlo bien. Y eso, a cuenta gotas, lo consigue.
La cosa va de un grupito de disfuncionales que presenta cada uno una tipología de enfermedad mental diferente, casi un catálogo similar al que Paco León proponía en Kiki en referencia al sexo. Todos los protagonistas se encuentran en la sala de espera de un psicólogo que llega con mucho retraso y, como si de una obra de Agatha Christie se tratase, deberán interactuar entre ellos para conocerse unos a otros y sobrevivir a la experiencia.
Hay grandes cómicos en plantilla, y todos ellos hacen un buen papel, pero el guion no es suficientemente redondo para conseguir ser todo lo desternillantemente que se propone, y aunque en ningún momento aburre, la ansiada carcajada es sustituida, en demasiadas ocasiones, por una simple sonrisa.
Así pues, la película se deja ver con agrado, pero nunca alcanza ese nivel de genialidad que tenía, sin ir más lejos, el mencionado título de León (que aquí hace uno de los papeles principales) ni se aprovecha al máximo la vis cómica de Alexandra Jiménez. Una oportunidad perdida para hacer una gran comedia, que se queda a medias tintas y resulta, simplemente, entretenida.

Valoración: Seis sobre diez.

sábado, 5 de noviembre de 2016

100 METROS, manipuladora pero efectiva.

Nos estamos acostumbrando a que el cine español se abra poco a poco a temas más variados tomando como referente un Hollywood cada vez menos inalcanzable, pero quizá películas como esta son todavía una rara avis por aquí, más allá de algún drama intenso como Mar abierto.
100 metros es una película basada en un personaje real (Ramón Arroyo) con una enfermedad, pero más allá de eso es una historia de superación, una historia sobre que no hay nada imposible y que los únicos límites que tenemos son los que nosotros mismos nos imponemos.
100 metros cuenta como vida de un gran publicista cambia cuando descubre que tiene esclerosis múltiple, una enfermedad degenerativa que lo mengua física y anímicamente y lo hunde en una depresión de la que sólo puede aspirar a salir con el empeño de finalizar un Iron Man, una de las pruebas deportivas más duras y exigentes que hay.
Como no podia ser de otra manera, esto deriva en una aventura de gran calado sentimental y lágrima fácil, con momentos que rozan la pornografía sentimental que ríete tú de Un monstruo viene a verme, con un dramatismo épico que funciona aunque fuerza demasiado la maquinaria.
Afortunadamente, hay en la película una segunda historia que desconozco si es igual de real que la primera, que se centra en la vida triste y aislada de su suegro, aspirante a gran ciclista en su juventud y entrenador retirado ahora. Enfrentados a muerte desde siempre, es la enfermedad y la desesperación lo que les obligará a entenderse y a aprender el uno del otro. Y es en esta subtrama donde mejor funciona el elemento emocional, quizá debido a la empatía del personaje o puede que por la calidad de la interpretación de Karra Elejalde.
Y es que una vez más Dani Rovira se empeña en disfrazarse de actor dramático y la cosa le queda muy forzada, mientras que a Elejandre la pasión le sale de dentro, estando tan brillante como es habitual en él. Rovira se esfuerza, eso es notable, y logra superar su papel en aquella patochada de El futuro ya no es lo que era, pero su composición resulta algo artificial y exagerada. A medio camino se encuentra Alexandra Jiménez, otra habitual de la comedia que sale airosa del experimento pero por los pelos. Y eso me lleva a preguntarme en qué narices estaban pensando los responsables de casting, más allá de la pura comercialidad, para reunir a tres actores de un rango tan marcadamente cómico en semejante drama.
Marcel Barrena, el director, olvida definir un poco mejor al protagonista, Ramón, un friki en potencia (o eso imaginamos) al que relaciona al principio en exceso (en un intento de metáfora nada sutil) con el Iron Man de Marvel para olvidarse pronto de ese rasgo distintivo, mientras que reúne a una colección de marginales demasiado estereotipada para representar el drama de una enfermedad ya que no conviene demostrarle en exceso en el protagonista. Al menos, eso sí, el aprovechamiento de los paisajes es mucho más inteligente y vistoso que en la reciente La propera pell, convirtiendo a la ciudad de Barcelona y sus alrededores en parte de la historia.
100 metros no es una película perfecta y peca por momentos de manipuladora pero cumple en sus requisitos de mostrar una historia de superación casi imposible de creer si no fuese real, con un trasfondo sobre el amor, la amistad y la pérdida que sin duda empañará muchos ojos este fin de semana, aunque sea abusando de la sensiblería.

Valoración: Siete sobre diez.

jueves, 12 de mayo de 2016

NACIDA PARA GANAR: deshilachada comedia caduca.

Si hay dos actrices que pueden presumir de estar ante un magnífico momento profesional, estas son, sin duda Alexandra Jiménez y Belén Cuesta, prácticamente omnipresentes en las carteleras españolas en los dos últimos años.
En esta ocasión es turno de la primera, que vuelve a ser la protagonista de una comedia bastante simpática donde casi todo el peso recae sobre ella aunque son las aportaciones de los secundarios los que permiten que Nacida para ganar suba la nota.
Estamos ante el último trabajo de Vicente Villanueva, una burla de la sociedad de consumo en la que vivimos representada a través de Encarna, una chica de Móstoles encerrada en una vida anodina (casada en secreto con su antiguo profesor de literatura, muchos años mayor que ella, y condenada a trabajar de por vida en una tienda de colchones) y acomplejada por el famoso (aunque no sé yo si olvidado ya) gag de Martes y 13 sobre Encarna de Noche y las empanadillas de Móstoles, a la que se le presenta una oportunidad de enriquecerse fácilmente que la cegará y estará a punto de arrojarla por el abismo.
El principal problema que tengo con esta película, aparte de que no termina por ser tan disparatada como pretende, es que su historia está algo desfasada. Más allá del tema recurrente de Martes y 13, toda la trama gira en torno a los negocios piramidales, esas estafas tan populares hace un par de décadas que, si bien siguen existiendo hoy en día en otros formatos, han quedado desfasadas, al menos tal y como lo explica la historia. En la época de Internet y los negocios online, que se nos presente un mega negocio como el de la película basado en el boca a boca y la puerta fría parece poco creíble, no sólo desde el punto de vista del espectador sino también para los propios protagonistas. Que nadie busque, por ejemplo, opiniones sobre la empresa que pretende cambiar la vida de Encarna a través de Google se me antoja un poco, como menos, extraño. Y la presencia de Las Supremas de Móstoles triunfando or todo lo alto o tener a Antonio Hidalgo como maestro de ceremonias en una lujosa presentación sólo confirma mis palabras. Me llama la atención cuando en un momento dado el presentador dice algo como: “con el dinero que se gana aquí estoy planteándome dejar la tele”, y uno no puede evitar preguntarse: “pero, ¿todavía sale en la tele, este hombre?” Estamos ante una historia que llega quince años tarde.
Con todo, si dejamos la suspensión de la incredulidad de lado, la trama es simpática, sigue los esquemas clásicos con sus bajones dramáticos cuando todo se tuerce y el desenlace frenético y exagerado y cuenta, sobre todo, con una Victoria Abril interpretándose a sí misma que demuestra tener un gran sentido del humor y tiene, en esta auto parodia, la mejor baza de la película.
Algunos aciertos se entremezclan con decisiones argumentales dudosas que confieren a la película un empaque irregular, que permite que se pueda disfrutar durante su visionado pero que no deje demasiado poso tras el mismo.  Una lástima, pues aspiraba a mucho más, pero seguramente en unos meses ni recordaré haberla visto.

Valoración: Cinco sobre diez.

domingo, 10 de abril de 2016

KIKI, EL AMOR SE HACE: Todo lo que usted siempre quiso saber sobre sexo...

Confieso que entré en la sala a ver Kiki, el amorse hace con ciertos reparos, sin saber exactamente con qué me iba a encontrar. Todavía no creo que Paco León haya demostrado ser un gran director con sus dos “experimentos” en homenaje a su madre  Carmina, por lo que verlo enfrentándose a una película “de verdad” se planteaba como un gran desafío, y más con una base argumental tan peliaguda como pretender hacer una comedia sobre sexo que, sobre el papel, podría ser más apropiada para alguien como Almodóvar que para un novato como León.
Sin embargo, una vez vista la película, Kiki, el amor se hace se ha convertido en un verdadero descubrimiento. Con un protagonismo coral repartido en diversas historias que más que entrecruzarse se rozan a duras penas, un elenco de actores muy interesante y las filias sexuales más extrañas que pueden existir (y existen, esa es la gracia), la película es una sucesión de gags desternillantes, capaces de arrancar la carcajada como pocas veces he presenciado en el cine en mucho tiempo, capaz de reflejar las relaciones sexuales con tanta naturalidad como buen gusto (aunque hay que reconocer que en los momentos más poéticos visualmente hablando abusa un poco del tópico con muy poca sutilidad).
Naturalmente, pasa lo que pasa siempre con las historias corales, que siempre hay alguna historia que funciona mejor que la otra y cada espectador tendrá su preferida mientras que le puede sobrar alguna otra, aunque personalmente considero que la media está muy bien equilibrada y que ninguna llega a desentonar con respecto a otra.
La dacrifilia (excitación mediante las lágrimas), elifilia (atracción sexual por ciertos tejidos), somnofilia (desear sexo con alguien dormido), harpaxofilia (excitación sexual en momentos de violencia, como un atraco), triolismo (el gusto por el sexo en grupo) son las cinco filias que abordan las cinco parejas protagonistas. Inspirada en la película australiana The Little death, de Josh Lawson, Fernando Pérez y el propio Paco León han configurado un guion casi perfecto, que eludiendo la vulgaridad y midiendo muy bien los escasos aunque necesarios desnudos del film se atreven a hurgar con humor en temas peliagudos (y no me refiero solo a los sexuales), sin pasarse en ningún momento de la raya ni resultar ofensivos pese al humor negro (muy negro) que riega constantemente la película.
El reparto está espléndido, algo habitual en Natalia de Molina, Belén Cuesta, Candela Peña o Alexandra Jiménez, pero con grandes trabajos también de Luis Callejo, Álex García, David Mora, Luis Bermejo, Ana Katz, Mari Paz Sayago, Maite Sandoval o, por supuesto, Paco León.
Mantiene León el tono naturalista que destacaba en las dos entregas de Carmina, incrementado por el detalle de que la mayoría de los personajes comparten nombre de pila con sus intérpretes, pero definitivamente el sevillano se corona como un gran director y compone una película brillante, divertidísima e imprescindible para aprender a acometer riesgos y salir triunfante de ellos. Y es que, como el mismo director dijo en la presentación, no hay que tener miedo de hablar de sexo. Al fin y al cabo, todos venimos de un kiki, ¿no?

Valoración: Ocho sobre diez.

domingo, 7 de febrero de 2016

EMBARAZADOS: tediosa moralina maternal.

Embarazados es una película que parte con una premisa completamente falta de originalidad pero que bien desarrollada podía tener su interés. Cuenta la típica relación entre una pareja que, cercana a la cuarentena, se plantea la posibilidad de aventurarse en la paternidad. Y, como he hablado de típica relación, es previsible que ella sea la que ansía desesperadamente ser padre y él quien prefiere hacerse el loco antes de aceptar tan magna responsabilidad.
Dejando de lado lo manido del tema, el principal problema de Embarazados es que Juana Macías, su directora (que también participa en el guion) decide apostar por el género de la comedia romántica, debiendo acatar por ello ciertas premisas innegociables, algunas de ellas, como su final, que actúan de lastre para el resultado del film.
Es curioso como han hecho falta más de cinco años para que Macías consiguiese completar su película y hasta cinco personas diferentes son acreditadas en su argumento. Y ni toda esta gente ni todo este tiempo han servido para conseguir una historia sostenible y que tenga un mínimo sentido del humor. Casi parece como si Macías confiara que la mera presencia de Alexandra Jiménez y Pedro León  en el rol protagonista fuese suficiente para asegurar las carcajadas.
Sin embargo, por más que Jiménez sea de lo poco aprovechable de la película, no contar con un personaje interesante ni con unas buenas líneas de diálogo impide que la humorista esté a su nivel habitual, mientras que León no parece haberse beneficiado demasiado en su pretensión de componer a un protagonista más “formal” de lo habitual.
Embarazados en una película plana, que pierde la posibilidad de emocionar al renunciar a sus posibilidades más dolorosas que el conflicto sobre la paternidad puede causar en la pareja pero que tampoco contiene ningún chiste digno de ser recordado. Situaciones absurdas, personajes desaprovechados y reacciones poco creíbles de los protagonistas definen una película sosa, carente de chispa y que por más que pretende imitar la clásica comedia romántica americana en lo único que lo consigue (y tampoco demasiado bien) es en el uso de las canciones que refuerzan las escenas.
No voy a decir que esperase demasiado de este título, pero la participación de sus dos protagonistas y la presencia de Karra Elejalde invitaba a pensar en la posibilidad de pasar un rato divertido, pero el resultado final es aburrido y totalmente decepcionante. Posiblemente uno de los estrenos mediáticos más flojos del año en cuanto a producción española se refiere. Y eso que solo estamos a enero…

Valoración: 3 sobre 10.

viernes, 11 de septiembre de 2015

ANACLETO, AGENTE SECRETO (7d10)

Dicen los más alarmistas que estamos en una burbuja de cine de superhéroes que va a terminar explotándonos en la cara a los más fieles seguidores del comic. Independientemente de que pueda estar de acuerdo con ello o no (en breve, el comentario del mes sobre el tema) lo cierto es que con tantas películas inspiradas en héroes del comic nuestro cine no podía quedar fuera de la moda.
Dejando de lado esa cosa llamada Capitán Trueno, las incursiones recientes en adaptaciones del papel patrio (todas ellas de la mano de la extinga Editorial Bruguera) han cosechado éxitos de crítica y taquilla, tanto la tronchante versión animada de Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo como Zipi y Zape y el Club de la Canica de la que ya se prepara secuela. Por tanto, y en espera a que llegue alguna vez la eternamente anunciada Super López, no es de extrañar que Anacleto, agente secreto haya supuesto una fuerte inversión, casi una superproducción confiada a las manos de un director tan solvente como Javier Ruiz Caldera, realizador firmante de algunas de las más divertidas comedias de los últimos tiempos pero que ha sabido entremezclar diversos géneros con eficacia, desde la parodia pura de Spanish movie, la fantasía de Promoción Fantasma o el romanticismo de Tres bodas de más. Así que, ¿Por qué no iba a ser una comedia de acción su nueva película?
Basada en el célebre personaje creado por Vázquez (aprovecho para recomendar la biografía homónima del dibujante al que dio vida Santiago Segura), Anacleto, agente secreto cuenta las desventuras de un implacable espía al que los años comienzan a pesarle y que, tras la fuga de prisión de su más psicótico enemigo, deberá hacer todo lo posible para proteger la vida de su único hijo, un desastroso vigilante de una tienda de electrodomésticos que no tiene ni la más remota idea de a lo que se dedica su padre.
Ruiz Caldera sabe moverse como pez en el agua en los momentos más delirantes el film, consiguiendo sacar todo el talento interpretativo de un cómico como Berto Romero, el partenier perfecto para Anacleto (tanto padre como hijo) así como de Alexandra Jiménez, sus dos actores fetiches (ambos aparecen en tres de las cuatro películas del director), resultando también muy efectivo en los momentos más adrenalíticos, con peleas bien filmadas y perfectamente coreografiadas y sin que le tiemble el pulso ante el mayor presupuesto de su carrera.
Pero si algo hay que destacar de Anacleto, agente secreto, es el trabajo de los dos protagonistas: un Imanol Arias al que casi habíamos perdido la pista en cine (y no todo va a ser Cuéntame, ¿no?) y un Quim Gutierrez que poco a poco está convirtiéndose en un referente indispensable de la comedia nacional. Se suele decir que Carlos Areces (que interpreta al villano de turno) se suele comer con patatas a sus compañeros de plano, pero en este caso tanto Imanol como Quim logran sobrevivir a este robaescenas, consiguiendo el primero un interpretación tan estimulante que ya hay quien lo da como favorito para los Goyas de este año.
Anacleto, agente secreto es divertida, emocionante, surrealista, violenta, sarcástica y frenética, con efectos especiales de gran factura, no dando respiro al espectador y ofreciendo sus buenas cuotas de sangre como si advirtiesen de que, entre chiste y chiste, la cosa va en serio. Este James Bond crepuscular es fiel al icono visual del tebeo, con su traje con pajarita, su tupé (ahora blanqueado por las canas), su cigarrillo y su frase lapidaria: Anacleto nunca falla, pero pese a ello hay algo que debo reprocharle y es que no termino de ver reflejado al Anacleto de las historietas, mucho más torpe y desastroso. Este Anacleto es un tipo frío, calculador y despiadado y su violenta efectividad casa me hace pensar más en una adaptación española del Harry Tasker que protagonizó Schwarzenegger en Mentiras Arriesgadas de James Cameron que en el compañero de desventuras de Mortadelo y Filemón del papel, donde nuestro héroe no tenía, por descontado, hijo alguno. Claro que a lo mejor eso se debe a que no hemos visto aún al verdadero Anacleto, ¿no? Y cuando vean la película entenderán de lo que hablo.
En fin, en un año plagado de espías (Kingsman: servicio secreto, Espías, Misión Imposible: nación secreta, Operación U.N.C.L.E. y pronto Spectre, ¿y nadie habla de la burbuja del cine de espionaje?) nuestro agente más eficaz ha querido unirse a la fiesta. Y todos los invitados lo han disfrutado.
Y digo yo: ya que estamos con la moda esa (¡qué pesadito estoy hoy con eso de las burbujas!) de los Universos Compartidos, cuando se haga por fin Super López, ¿no podríamos ver juntos en pantalla a Anacleto, Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape y Super López? Sería la repanocha.
¡Generación Bruguera al poder!

domingo, 21 de junio de 2015

REQUISITOS PARA SER UNA PERSONA NORMAL (6d10)

Después de que hace poco más de un mes nos llegaré el debut como director de Daniel Gzmán es ahora otra actriz de origen televisivo quien se atreve a dar el salto a la realización, haciéndose cargo, como hiciera Guzmán en A cambio de nada, también del guión. Es Requisitos para ser una persona normal, por lo tanto, casi una peli de autor aunque, eso sí, relativamente convencional.
Con un estilo muy desenfadado y aprovechándose de la química que hay entre la todoterreno Leticia Dolera y el con el actor Manuel Burque, que ya coincidieron en la serie Bloguera en construcción, Requisitos para ser una persona normal parte de los intentos desesperados de María de las Montañas no en ser una persona normal (como ella misma cree), sino en ser feliz. Arrastrada por una serie de inevitables convencionalismos, como la familia, el trabajo, la casa propia, los amigos y, sobre todo, la pareja, María coincidirá con Borja, un dependiente de Ikea (y personen la publicidad, pero es que el almacén de muebles es casi un protagonista más de la historia) con  quien se aliará para conseguir los objetivos de ambos: ella “ser normal”, él adelgazar.
Simpática y efectiva comedia romántica con un tono edulcorado y un enfoque claramente femenino (algo en ella me recuerda a las novelas de Federico Moccia ) con un toque de libro de autoayuda y una nada sutil lección de vida, en la que podemos encontrar también a Miki Esparbé como el tercer vértice de un inevitable triángulo amoroso.
Con empalagosas cancioncillas vitalistas y sobreimpresiones narrativas en color pastel, algo hay en ella de anuncio de compresas (¿a qué huelen las nubes?) sin que ello tenga que entenderse necesariamente como algo negativo.
Requisitos para ser una persona normal no es más que, al fin y al cabo, una serie de falsas directrices para tomar las decisiones correctas en la vida, dejándose llevar por el corazón más que por la simple lógica, por lo que ese aspecto de pastel de algodón de azúcar que Solera le ha sabido imponer le queda que ni pintado.
Ni excesivamente arriesgada como para ser verdadero cine de autor pero suficientemente original como para ser una ópera prima, Requisitos para ser una persona normal es realmente muy agradable de ver, divertida en su mayoría y con momentos de melancólica tristeza muy bien orquestados por su autora y centrados, especialmente, en la figura de Silvia Munt.
No es una obra rompedora ni exenta de tópicos, pero tampoco creo que lo pretenda. Leticia Dolera busca, simplemente, la felicidad. Y se nota que esta película le ha hecho feliz.
Y haberlo sabido transmitir no es cosa fácil.