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martes, 2 de abril de 2019

¿QUÉ TE JUEGAS?

¿Qué te juegas? es el debut como directora de la cortometrajista Inés de León, que aspira a componer una comedia muy loca y algo extravagante pero que termina recayendo en una comedia romántica de manual, con un esquema argumental de lo más previsible y cuya resolución es fácil adivinar desde el minuto uno.
Esto no es necesariamente un problema, ya que los propios guionistas juegan a aceptar el hecho salpicando el film de múltiples referencias al cine prototípico de Julia Roberts o Hugh Grant, por lo que podríamos estar hablando más de una aceptación de sus limitaciones que de un error como tal (no buscan inventar, solo agradar), por lo que la cuestión está en si las formas son suficientes como para conformarse con el fondo.
Construida sobre un triángulo amoroso (¿cómo no?) compuesto por los personajes de Leticia Dolera, Amaia Salamanca y Javier Rey, bastan cinco minutos de metraje para reconocer cual va a ser el gran problema del film: las interpretaciones. Nada en la película resulta mínimamente creíble y hay momentos que parecen más propios de un programe televisivo de humor, tipo José Mota, que de una película para estrenarse en cine. Y no digo con ello que los actores sean malos o que no se entreguen a sus papeles, pues está claro el esfuerzo que realizan para cumplir con sus roles e incluso consiguen brillar las pocas veces que se les permite, pero hay un gran problema tanto en el apartado de dirección de actores como en el montaje que hace que todo parezca muy forzado, muy sobreactuado. Más que un problema de guion es un problema de frescura, reflejándose en una artificiosidad y una impostura que impiden que uno pueda llegar a disfrutar de la historia y, más allá de lo que pueda uno llegar a creerse o no (eso da igual), se produce un distanciamiento que resulta difícil corregir incluso cuando se les va cogiendo algo de cariño a los personajes. Un buen ejemplo de ello es la presentación del personaje de Javier Rey, su conversación con Daniel Pérez Prada o el absurdo cameo de Hugo Silva.
Con todo, la sencillez de su propuesta y la frescura de algunos diálogos (sobre todo en boca de Dolera) justifican medianamente su visionado, logrando que, de forma muy justita, la película pueda recibir un simple aprobado.


Valoración: Cinco sobre diez.

sábado, 2 de septiembre de 2017

VERÓNICA, cine de terror del bueno

No creo que haya nadie que dude que Paco Plaza es uno de los maestros del terror patrio más en forma de la actualidad. Si sus películas Romasanta o El Segundo nombre no sirven para avalarlo, ahí están sus colaboraciones con Jaume Balagueró para crear una de las mejores y más aterradoras películas de zombies amén de origen de una gran saga como es [REC] y de la que se despidió en solitario con la genial, a la par que divertidísima, [REC]³: Génesis.
Con Verónica, Plaza abandona el humor negro de esa última para indagar en un terror tan profundo como cotidiano. Verónica es una película inquietante, claustrofóbica y malrollera, tanto por la amenaza que presenta como por los propios terrores de la protagonista.
Inspirada ligeramente en un caso real, el conocido como “Expediente Vallecas”, Paco Plaza consigue algo muy meritorio: realizar una película plagada de influencias, desde clásicos de terror italiano hasta el estilo machacón de James Wan, pero sin dejar de hacer nunca una película muy personal. Sí, hay en Verónica muchas cosas reconocibles, todos los tópicos del subgénero de las posesiones están ahí, pero también hay un desarrollo de personajes, una creación ambiental y un juego exquisito con la cámara que merecen todos los aplausos.
No todo es mérito de Plaza, desde luego. El peso de la película recae sobre la actriz debutante Sandra Escacena, y la chica no es que salga airosa del invento, es que lo borda. Condenada a crecer antes de tiempo por la situación familiar, esta muchacha de la periferia de Madrid de unos reconocibles (y nostálgicos) principios de los noventa (justo antes de que España se diera a conocer al mundo con sus Olimpiadas, Expos y demás) consigue que el espectador que haya vivido esa época se identifique con ella, con sus problemas, sus angustias y sus miedos. No es, a priori, un fantasma a lo que debe temer. Esa juventud que le está siendo arrebatada, esa pérdida de comunicación con sus amigas, esa dolorosa ausencia paternal… son piezas que mueven la trama, cociendo a fuego lento su inestabilidad hasta que llega el momento de la sesión de ouija y todo se precipita.
Y junto a Escacena, Bruna González, Claudia Placer y, sobre todo, Iván Chavero, conforman un trío de hermanos que representan a la perfección esa inocencia vulnerabilidad que lo hace todo más terrible, más aterrador.
Hay mucho de Wan en esta película, pero Plaza se las apaña para no limitarse a los trucos de efectismo de siempre (que también) y juega con las luces y los reflejos creando inteligentes metáforas visuales que coronan la función.
Y cuando el terror se desata… Ni siquiera ahí la película se pierde en convencionalismos. Plaza sabe agarrar fuerte el timón para que no se le descontrole, y con esos momentos de humor como la canción de un anuncio televisivo (momentos que producen esa risa nerviosa que en realidad es miedo camuflado) o la ingenuidad el hermano pequeño al hacer un dibujo equivocado, la histeria va entrando en escena, precipitando al espectador hacia un final desasosegante y amargo, doloroso aun cuando se nos había anunciado previamente.
Verónica es una pequeña joya, una película que puede que no guste a los amantes del gore o del terror más banal, como puede que no les gustara La Bruja o Babadook, pero que hará las delicias de los que no se conformen simplemente con pasar un mal rato, sino que quieran hacerlo mediante una gran película.
Aunque, eso sí, ya nunca volveré a escuchar a Héroes del Silencio de la misma manera.

Valoración: Ocho sobre diez.

miércoles, 6 de enero de 2016

MACBETH + LA NOVIA: Las dos caras de una misma moneda.

Ha querido la casualidad que en mi propósito de aprovechar las escasas horas que me quedan de vacaciones navideñas para recuperar alguno de los títulos que me quedaron pendientes del año pasado, haya disfrutado de una sesión doble con dos películas que se me han antojado  tener muchas similitudes pese a lo diferente de sus argumentos. Y por eso, de forma totalmente excepcional, he decidido unir las dos opiniones en una sola entrada.
Macbeth y La novia supone dos revisiones extremadamente fieles a dos clásicos de la literatura europea: Shakespeare para los británicos y Lorca para los españoles. Casualmente han coincidido casi en cartelera (y también en diversos festivales, Sitges sin ir más lejos) dos producciones que han decidido respetar el texto original para componer a su alrededor dos películas hipnóticas y de gran poderío visual.
Apoyándose en sendas grandes interpretaciones protagonistas  (Michael Fassbender e Inma Cuesta), ambos directores han decidido centrar los relatos clásicos en mundos cargados de surrealismo onírico. La Escocia de principios del milenio pasado destaca en la película de Justin Kurzelm tiene un tono infernal que casa a la perfección con el descenso a los infiernos que sufre el protagonista, un Macbeth que tras asesinar a su rey movido por las manipulaciones de su propia esposa, termina enloquecido por sus propios remordimientos y las visiones de los muertos que ensucian sus manos de sangre.
De igual manera, aunque por causas diferentes, la locura de la novia (la adaptación de la obra Bodas de sangre de Federico García Lorca que ha dirigido Paula Ortíz) queda muy bien representada en los parajes desérticos y áridos que, en un toque irreal pero muy efectivo, están filmados en la Capadocia turca.
Macbeth es un poderoso guerrero cegado por el ansia de poder. Unas apariciones femeninas le advertirán de su destino, pero como suele suceder con los oráculos la interpretación de los mismos pueden devenir en la tragedia que se quería evitar.
La novia también es avisada de su funesto futuro por una aparición fantasmal  en forma de mendiga. Ella cae también en la locura, aunque en su caso lo que le mueve es el deseo y la falta de fortaleza para resistirse a sus propios instintos.
Como sea, ambas películas terminan siendo una reflexión sobre la obsesión y la venganza, agonizando sus historias en sangre y violencia desmedida, y aunque pueda resultar algo difícil entrar en ellas, una vez se acepta el juego que ambos directores proponen la experiencia resulta perturbadora y envolvente.
Dejando claro que las propuestas visuales son totalmente antagónicas (Macbeth es todo fuego y oscuridad, La Novia es luz y cielos infinitos), ambas propuestas parecen haberse puesto de acuerdo en el uso de planos ambientales, ralentización de imágenes y el uso de una omnipresente banda sonora que, aun radicalizando las diferencias culturales entre ambos países, suponen un buen complemento la una de la otra.
Una estupenda manera de empaparse de literatura fílmica clásica en una sesión doble muy interesante y alejada del clasicismo de otras épocas.

Puntuación: 8 sobre 10 (ambas).

domingo, 21 de junio de 2015

REQUISITOS PARA SER UNA PERSONA NORMAL (6d10)

Después de que hace poco más de un mes nos llegaré el debut como director de Daniel Gzmán es ahora otra actriz de origen televisivo quien se atreve a dar el salto a la realización, haciéndose cargo, como hiciera Guzmán en A cambio de nada, también del guión. Es Requisitos para ser una persona normal, por lo tanto, casi una peli de autor aunque, eso sí, relativamente convencional.
Con un estilo muy desenfadado y aprovechándose de la química que hay entre la todoterreno Leticia Dolera y el con el actor Manuel Burque, que ya coincidieron en la serie Bloguera en construcción, Requisitos para ser una persona normal parte de los intentos desesperados de María de las Montañas no en ser una persona normal (como ella misma cree), sino en ser feliz. Arrastrada por una serie de inevitables convencionalismos, como la familia, el trabajo, la casa propia, los amigos y, sobre todo, la pareja, María coincidirá con Borja, un dependiente de Ikea (y personen la publicidad, pero es que el almacén de muebles es casi un protagonista más de la historia) con  quien se aliará para conseguir los objetivos de ambos: ella “ser normal”, él adelgazar.
Simpática y efectiva comedia romántica con un tono edulcorado y un enfoque claramente femenino (algo en ella me recuerda a las novelas de Federico Moccia ) con un toque de libro de autoayuda y una nada sutil lección de vida, en la que podemos encontrar también a Miki Esparbé como el tercer vértice de un inevitable triángulo amoroso.
Con empalagosas cancioncillas vitalistas y sobreimpresiones narrativas en color pastel, algo hay en ella de anuncio de compresas (¿a qué huelen las nubes?) sin que ello tenga que entenderse necesariamente como algo negativo.
Requisitos para ser una persona normal no es más que, al fin y al cabo, una serie de falsas directrices para tomar las decisiones correctas en la vida, dejándose llevar por el corazón más que por la simple lógica, por lo que ese aspecto de pastel de algodón de azúcar que Solera le ha sabido imponer le queda que ni pintado.
Ni excesivamente arriesgada como para ser verdadero cine de autor pero suficientemente original como para ser una ópera prima, Requisitos para ser una persona normal es realmente muy agradable de ver, divertida en su mayoría y con momentos de melancólica tristeza muy bien orquestados por su autora y centrados, especialmente, en la figura de Silvia Munt.
No es una obra rompedora ni exenta de tópicos, pero tampoco creo que lo pretenda. Leticia Dolera busca, simplemente, la felicidad. Y se nota que esta película le ha hecho feliz.
Y haberlo sabido transmitir no es cosa fácil.

lunes, 7 de abril de 2014

KAMIKAZE (6d10)

Interesante reflexión sobre el ser humano y la capacidad para la amistad y el perdón en las condiciones más adversas. Así se resume esta comedia dramática (o drama cómico, no lo tengo muy claro) salida de la pluma de los televisivos Iván Escobar y Álex Pina (este segundo también director) y con un reparto coral encabezado por un sorprendente Álex García que da el pego en el papel de un oriundo de Karadjistán, una ficticia región rusa sometida por el gobierno comunista.
Slatan, un hombre torturado por su dramático pasado, sube a bordo de un avión que va de Moscú a Madrid con intención de estallar en  pleno vuelo para llamar la atención de la extrema situación de su país. Una fuerte tormenta, sin embargo, impedirá el despegue y Slatan y el resto de pasajeros (muchos de ellos españoles) deberán convivir varios días en un perdido hotel aislado del mundo esperando a que cambien las condiciones climatológicas.
Con esta intensa historia como eje central, Slatan –inicialmente reservado y callado- terminará interactuando con el resto de pasajeros, descubriéndose entonces pequeñas historias individuales: una mujer (Carmen Machi) que regresa a su casa con sus tres hijos después del funeral de su marido ruso maltratador, una pareja (Leticia Dolera y Iván Massagué) en luna de miel que no parece que se conozcan tanto como creían, un anciano (Héctor Alterio) superviviente de un campo de concentración, una joven (Verónica Echegui) con tendencias suicidas, un vendedor de zapatos argentino (Eduardo Blanco) con mala suerte en el amor…
Momentos de gran dureza se intercambian con un humor simpático y, a veces, absurdo con peligroso equilibrio, coqueteando en ocasiones entre dos aguas de forma algo confusa que restan algo de brillantez a una película de buenas intenciones con la moraleja de que por mal que uno esté siempre habrá alguien peor. La unión hace la fuerza, podría ser otra conclusión, de manera que todos unidos pueden hacer que un retraso por una tormenta se convierta en unas breves vacaciones que desnudarán los sentimientos de mucho de los protagonistas y con situaciones que incluso pueden cambiar sus vidas.
Emotiva, divertida, sensible y entretenida, la principal baza del film es la calidad interpretativa de sus actores, con una Carmen Machi en estado de gracia tras su aparición en Ocho apellidos vascos, y un Eduardo Blanco soberbio, aunque personalmente empiezo a estar algo cansado de ver a Alterio repitiendo constantemente el mismo personaje de anciano entrañable cargado de sabiduría que, ya que estamos hablando de Escobar y Pina, bien podría haber salido de su paso por El Barco.
Al final, abundan las situaciones inverosímiles y la mezcla entre comedia y drama no siempre está bien medido, como si los autores no terminaran por decidirse entre un género y otro, pero creo que todo se le puede perdonar a una película con mensaje optimista y cargada de buenas intenciones.

No están los tiempos que vivimos para despreciar estos actos de buena fe, ¿no?

sábado, 30 de marzo de 2013

LOS ÚLTIMOS DÍAS (7d10)


Desde que existe el cine son tantas las películas postapocalípticas que hay que casi se podría considerar como un género propio. Normalmente tienen una amenaza monstruosa, tales como zombies (George Romero sentó las bases en Zombie-El amanecer de los muertos, y a partir de ahí ha habido para todos los gustos y colores: Resident evil 3, Bienvenidos a Zombieland...) o vampiros mutantes (como en las diversas adaptaciones de la novela Soy Leyenda, de Richard Matheson), en otras la amenaza proviene de nosotros mismos,  los humanos (caso de The Road, El libro de Eli o la saga Mad Max), puede derivar de un cambio en la escala de mando (El planeta de los Simios y sus secuelas, Terminator Salvation) y en ocasiones nos han obligado incluso a abandonar el planeta (las inminentes Oblivion y After Earth). Los hermanos Pastor (David y Álex) ya se fueron en 2009 a hacer las américas y abordaron el tema en Infectados, donde el causante del diezmo de la humanidad es una enfermedad. Ahora, de regreso a casa (y más concretamente a Barcelona) reinciden en el tema, solo que en lugar de presentarnos un planeta devastado nos van a mostrar cómo empezó todo, como fueron, precisamente,  esos últimos días.
El detonante en este caso es una epidemia de agorafobia, es decir, pánico a los espacios abiertos. Esto, de entrada, podría no parecer muy dramático, pero imaginaos a todo el mundo encerrado en sus casas, en sus oficinas, sin poder ir a trabajar, a comprar... Sería, cuanto menos, el fin de la sociedad, y confinados en el interior de los edificios de la ciudad condal y sin más posibilidad de desplazarse que túneles de metro y alcantarillas va a ser inevitable que para sobrevivir acabe imperando la ley del más fuerte.
En esa situación se encuentran Enrique y Marc (excelente José Coronado y Quim Gutiérrez, quizá el eslabón más débil del film), dos personas muy diferentes entre ellas, que incluso se podría decir que se odian, pero que están obligados a entenderse y colaborar si es que quieren conseguir sus objetivos: Enrique encontrar a su padre, ingresado en el Hospital del Mar y Marc reunirse con su esposa Julia (Marta Etura) a la que espera encontrar en su piso o en su tienda en un centro comercial de L'Hospitalet. Comienza aquí un camino angustioso, dramático,  en el que aprenderán a enterrar el pasado (referencias a la crisis económica y a los recortes empresariales) y a llegar, incluso, a poder ser buenos amigos. Si es que existe un futuro que lo haga posible, claro.
Los hermanos Pastor escriben y dirigen con mano firme, manteniendo el ritmo y la tensión y transmitiendo al espectador la propia claustrofobia de los protagonistas. El cuarto actor de la película (no contaré a una desaprovechada Leticia Dolera) es sin lugar a dudas la propia Barcelona,  pues contemplar sus lugares más emblemáticos totalmente abandonados o directamente devastados (algo novedoso, estábamos acostumbrados a que lo primero que se destruía siempre en el cine era o bien la Casa Blanca o en su defecto la Estatua de la Libertad) es el plato fuerte de la película.

Pero no todo es perfecto es el film de los Pastor. En su presentación, dijeron los realizadores que pretendían hacer una película optimista, y ello es harto difícil cuando estamos hablando de la extinción de la humanidad. Así que para conseguir sus objetivos tuvieron que dar un giro final que perjudica seriamente a la película, actuando como lastre de una historia dramática muy bien construida hasta ese momento.
Sería injusto analizar Los últimos días y obviar ese final, así que aviso que lo que comento a continuación es claramente un SPOILER, así que quedáis avisados por si no queréis conocer el desenlace del film.

Tres son las partes de las que se compone la película, casi como si se quisiera hacer una trilogía con ella. La primera, la que compone realmente la película, termina con Marc encontrando viva a Julia y reuniéndose con ella. Si en este momento terminase la acción  nos encontraríamos con un final más o menos feliz, claramente abierto a la imaginación del espectador, ya que de él dependería suponer e iban a tener un futuro en esa nueva Barcelona o si bien su reencuentro solo les permitiría poder morir juntos. Comienza entonces una nueva película, breve pero concisa, en la que veremos cómo Marc y Julia se adaptan, logran cultivar su propio huerto y sobrevivir al paso del tiempo, viendo nacer a un hijo y creciendo este aparentemente sano. Sobra decir que tras las miserias soportadas por Marc y Enrique durante toda la película todas estas escenas de la feliz vida del matrimonio son poco menos que ridículas e increíbles, y denotan una búsqueda forzada y artificial del mensaje optimista con el que los Pastor arrojan piedras sobre su propia película. No contentos con ello, hay un tercer desenlace, en el que el niño, ya algo crecidito, demuestra no haber heredado de sus padres la fobia a los exteriores, terminando el metraje con un grupo de muchachos harapientos viniendo en su búsqueda y llevándoselo a crear una nueva sociedad al más puro estilo de El señor de las Moscas.  Un nuevo giro de guion que desprecia todo lo bueno visto hasta ahora y que hace que salgamos del cine con una sensación extraña, con un recuerdo final que no convence para nada, alargado y poco creíble. Una lástima, ya que, insisto, si nos quedamos con el primer y lógico final la película estaba siendo francamente interesante.