Mostrando entradas con la etiqueta asier etxeandia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta asier etxeandia. Mostrar todas las entradas

sábado, 6 de abril de 2019

DOLOR Y GLORIA

Aunque se recuerde con agrado las grandes comedias de Almodóvar de sus comienzos, en los últimos años el director manchego se ha movido con más comodidad en el drama. De hecho, entre sus últimos trabajos, es precisamente la comedia Los amantes pasajeros, la que considero su peor trabajo, mientras que títulos como La piel que habito o Julieta me llegaron a entusiasmar.
Como sea, Almodóvar es un artista de una personalidad tal que es difícil que deje indiferente a nadie, y su cine es tan personal que te obliga a conectar con él o resulta difícil dejarse atrapar por sus historias. Esto, síntoma referencial en su filmografía, se acentúa aun más si cabe en Dolor y Gloria al tratarse de su trabajo más personal, un cuento con claros tintes autobiográficos en que se adentra por su propia psique y se desnuda ante su público, tanto física como espiritualmente.
Antonio Banderas, el espejo en el que se refleja, interpreta a un director de cine en horas bajas, atormentado por unos problemas de salud que le impiden hacer aquello que más le gusta y que prácticamente le da la vida, como es dirigir, en analogía a las dificultades que el propio Almodóvar ha tenido en sus últimos rodajes (parece ser que el de Julieta fue especialmente duro por sus problemas de espalda), a la vez que se adentra en el pasado del artista para recrear una niñez marcada por la autoridad materna (esta vez en rol recae en Penélope Cruz), siendo precisamente la figura de la madre un elemento clave para su cine.
Dolor y Gloria es, por tanto, un viaje al interior del espíritu de Almodóvar, pero es también un ensayo sobre el artista, que puede llegar a extrapolarse a cualquier autor que sepa identificarse con el protagonista. Más allá de si sabemos reconocer el toque autobiográfico del personaje, Dolor y Gloria habla sobre el bloqueo del artista, la lucha desesperada por enfrentarse a sus miedos más profundos y las barreras que se crean (en ocasiones por uno mismo) para limitar ciertas libertades
Dolor y Gloria es, pues, una película dura y amarga, pero no carente de toques sutiles de comedia que ayudan a establecer esa conexión a la que me refería al principio, que termina siendo, a la postre, uno de los mejores trabajos del manchego, una especie de punto y aparte que sirve como colofón a una trayectoria llena de claroscuros, discutida y admirada por igual, que tiene en sus protagonistas una de sus mejores armas, siendo Banderas la gran estrella de la función. El malagueño está sencillamente espléndido y hace del dolor interno su mejor arma para culminar una composición magistral que nos reconcilia con ese gran actor que es y al que teníamos algo perdido en producciones de medio pelo de ese Hollywood ingrato con sus estrellas y de escasa memoria artística.
Dolor y Gloria seguirá sin gustar a los “odiadores gratuitos” de Almodóvar, pero enamorará a sus seguidores y a todo aquel espectador intermedio que simplemente se deje embriagar por una historia tan personal como universal que sepa enamorarse de esa España de postguerra en la que la ropa se lavaba a mano y la gente pobre convertía las cuevas en hogares.

Valoración: Ocho sobre diez.

miércoles, 6 de enero de 2016

MACBETH + LA NOVIA: Las dos caras de una misma moneda.

Ha querido la casualidad que en mi propósito de aprovechar las escasas horas que me quedan de vacaciones navideñas para recuperar alguno de los títulos que me quedaron pendientes del año pasado, haya disfrutado de una sesión doble con dos películas que se me han antojado  tener muchas similitudes pese a lo diferente de sus argumentos. Y por eso, de forma totalmente excepcional, he decidido unir las dos opiniones en una sola entrada.
Macbeth y La novia supone dos revisiones extremadamente fieles a dos clásicos de la literatura europea: Shakespeare para los británicos y Lorca para los españoles. Casualmente han coincidido casi en cartelera (y también en diversos festivales, Sitges sin ir más lejos) dos producciones que han decidido respetar el texto original para componer a su alrededor dos películas hipnóticas y de gran poderío visual.
Apoyándose en sendas grandes interpretaciones protagonistas  (Michael Fassbender e Inma Cuesta), ambos directores han decidido centrar los relatos clásicos en mundos cargados de surrealismo onírico. La Escocia de principios del milenio pasado destaca en la película de Justin Kurzelm tiene un tono infernal que casa a la perfección con el descenso a los infiernos que sufre el protagonista, un Macbeth que tras asesinar a su rey movido por las manipulaciones de su propia esposa, termina enloquecido por sus propios remordimientos y las visiones de los muertos que ensucian sus manos de sangre.
De igual manera, aunque por causas diferentes, la locura de la novia (la adaptación de la obra Bodas de sangre de Federico García Lorca que ha dirigido Paula Ortíz) queda muy bien representada en los parajes desérticos y áridos que, en un toque irreal pero muy efectivo, están filmados en la Capadocia turca.
Macbeth es un poderoso guerrero cegado por el ansia de poder. Unas apariciones femeninas le advertirán de su destino, pero como suele suceder con los oráculos la interpretación de los mismos pueden devenir en la tragedia que se quería evitar.
La novia también es avisada de su funesto futuro por una aparición fantasmal  en forma de mendiga. Ella cae también en la locura, aunque en su caso lo que le mueve es el deseo y la falta de fortaleza para resistirse a sus propios instintos.
Como sea, ambas películas terminan siendo una reflexión sobre la obsesión y la venganza, agonizando sus historias en sangre y violencia desmedida, y aunque pueda resultar algo difícil entrar en ellas, una vez se acepta el juego que ambos directores proponen la experiencia resulta perturbadora y envolvente.
Dejando claro que las propuestas visuales son totalmente antagónicas (Macbeth es todo fuego y oscuridad, La Novia es luz y cielos infinitos), ambas propuestas parecen haberse puesto de acuerdo en el uso de planos ambientales, ralentización de imágenes y el uso de una omnipresente banda sonora que, aun radicalizando las diferencias culturales entre ambos países, suponen un buen complemento la una de la otra.
Una estupenda manera de empaparse de literatura fílmica clásica en una sesión doble muy interesante y alejada del clasicismo de otras épocas.

Puntuación: 8 sobre 10 (ambas).

viernes, 18 de septiembre de 2015

MA MA (8d10)

El esperado regreso de Julio Medem a las pantallas después del tibio recibimiento que tuvo Habitación en Roma se ha saldado ahora con una disparidad crítica tan sólo comparable a los amores y odios que acostumbra a provocar Pedro Almodóvar, pese a que la propuesta de Medem sea a la postre (alucinaciones aparte) mucho más convencional que el cine del manchego.
Producida por Penélope Cruz, dueña y señora del film tanto a un lado como a otro de la pantalla, Ma ma cuenta la historia de Magda, madre recién separada y maestra en paro a la que detectan un cáncer de pecho. Con esta premisa es evidente que no estamos ante una comedia, pero el drama de Magda no está tratado tampoco bajo una tentadora sensiblería propia de un melodrama televisivo.
Quizá sea esta falta de recreo en el drama más descansado lo que ha indignado a sus detractores, pues Medem, tratando de distanciarse de forma consciente de la lágrima fácil dota a Magda de un sentido del humor muy negro que la ayuda tanto a ella como al espectador a superar el dolor.
Fácil de caer en comparaciones con Camino o la magnífica serie de televisión Pulseres Vermelles (Pulseras Rojas), Ma Ma trata sobre el cáncer, sí, pero no es una película sobre la muerte sino que, todo lo contrario, habla sobre el amor por la vida, las segundas oportunidades, la maternidad...
Ma ma es una dura y sobrecogedora historia de superación, pero también es un cuento de hadas, una fantasía bienintencionada y hermosa, un canto a la fe y a la esperanza.
Por motivos que no alcanzo a comprender, Pe puede pasar de ser desconsoladamente idolatra tanto como odiada sin causa aparente, y la aceptación de este film será un buen rasero para ello, pues pese a contar con el siempre perfecto Luis Tosar y la interesante aportación (tanto interpretativa como musical) de Asier Etxeandia (sin olvidarnos del joven Teo Planell, muy correcto también), ya he comentado que Ma Ma es Penélope Cruz, para bien y para mal. Ella es la que lleva la historia y copa casi todos los planos, es la esencia vital para todos los personajes que la rodean y el motor del estado de ánimo del espectador. Si ella funciona, la película funciona. Si no, no. Así de simple. Y a mi entender (que nunca he admirado especialmente a la actriz madrileña) la mujer está sublime.
La nota discordante la encuentro en Julián, ese ginecólogo al que no critico sus excentricidades musicales (yo mismo he conocido a alguno que dedicaba parte de la hora de visita en su consulta a contar chistes o enseñar fotos de sus vacaciones), pero si me rechina esa intromisión en la intimidad de Magda, esa facilidad para atravesar la barrera médico/paciente y convertirse sin saber bien cono en un miembro adoptivo de la familia, sin que se nos explique con claridad sus motivaciones personales (está enamorado, quizá, de Magda? Al menos, lo parece).
Detalles nimios como este aparte, la película consigue emocionar y estremecer, plagada de grandes hallazgos visuales propios de su director y recursos interesantes como el uso metafórico de la nieve o la natación de algunas secuencias desde el punto de vista del corazón de Magda.