El
esperado regreso de Julio Medem a las pantallas después del tibio recibimiento
que tuvo Habitación en Roma se ha
saldado ahora con una disparidad crítica tan sólo comparable a los amores y
odios que acostumbra a provocar Pedro Almodóvar, pese a que la propuesta de
Medem sea a la postre (alucinaciones aparte) mucho más convencional que el cine
del manchego.

Quizá
sea esta falta de recreo en el drama más descansado lo que ha indignado a sus
detractores, pues Medem, tratando de distanciarse de forma consciente de la
lágrima fácil dota a Magda de un sentido del humor muy negro que la ayuda tanto
a ella como al espectador a superar el dolor.
Fácil
de caer en comparaciones con Camino o
la magnífica serie de televisión Pulseres
Vermelles (Pulseras Rojas), Ma Ma trata sobre el cáncer, sí, pero no es una
película sobre la muerte sino que, todo lo contrario, habla sobre el amor por
la vida, las segundas oportunidades, la maternidad...
Ma ma es una dura y sobrecogedora historia de superación, pero también es un
cuento de hadas, una fantasía bienintencionada y hermosa, un canto a la fe y a
la esperanza.

La
nota discordante la encuentro en Julián, ese ginecólogo al que no critico sus
excentricidades musicales (yo mismo he conocido a alguno que dedicaba parte de
la hora de visita en su consulta a contar chistes o enseñar fotos de sus
vacaciones), pero si me rechina esa intromisión en la intimidad de Magda, esa facilidad
para atravesar la barrera médico/paciente y convertirse sin saber bien cono en
un miembro adoptivo de la familia, sin que se nos explique con claridad sus
motivaciones personales (está enamorado, quizá, de Magda? Al menos, lo parece).
Detalles
nimios como este aparte, la película consigue emocionar y estremecer, plagada
de grandes hallazgos visuales propios de su director y recursos interesantes
como el uso metafórico de la nieve o la natación de algunas secuencias desde el
punto de vista del corazón de Magda.
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